IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U
ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:
Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.
…blablá… es la narración de Sango
"…blablá…" es la narración en tercera persona.
—…blablá…— son los diálogos.
/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.
"…blablá…" son los pensamientos.
»… blablá…« es la narración de Miroku.
—O— cambio de escena.
Grito Silencioso
Capítulo XI
"Esto se acabó..."
"Miroku no comprendía lo que veía, pero presentía que no era nada bueno. Náraku acariciaba tiernamente las mejillas de Sango, mientras ella sonreía, al parecer con resignación.
InuYasha hizo a un lado a Miroku para observar también por la ventana y se molestó con la escena.
— No voy a permitir que ese sujeto vuelva a hacerle daño a Sango, lo prometí —dijo y, decidido, abrió la puerta y entró en la habitación, sorprendiendo a Sango y a Náraku.
— Veo que no tienes modales — murmuró Náraku, volteando su cara para ver a InuYasha —. Y al parecer, ustedes dos tampoco — añadió, al ver a Miroku y a Kikyou, que seguían a InuYasha.
— ¿Sango, estás bien? — Preguntó InuYasha, sin prestar atención a Náraku.
— Sí, no te preocupes — respondió ella, sin mirarlo a la cara.
— ¿Quieres que deje que hables con ellos? Iré por un café — dijo Náraku, poniéndose de pie.
Sango le dio las gracias, mientras él le sonreía con malicia y se marchaba, dejando a los jóvenes solos en la habitación.
— ¿Qué sucede, Sango? ¿Por qué de repente estás tan cercana al odioso de Náraku? — Preguntó Miroku, observando con preocupación a la muchacha.
— Sucede que se acabó la mentira — dijo Sango, mirando el techo, nerviosa pero decidida —. Todo este tiempo les hice creer que era la víctima de todo esto, atraje su atención y su cariño porque me sentía sola y necesitaba convencerme a mí misma que podía volver a ser tan feliz como era antes…
— Espera, ¿qué estás diciendo? — Miroku no podía dar crédito a sus oídos, Sango debía estar jugando. — ¿Qué quieres decir con que nos hiciste creer que eras la víctima?
— Yo… no es cierto lo que les conté sobre Náraku — Sango soltó la frase de golpe —. Él no ha abusado de mí como ustedes creen, como les hice creer… Si nos llevamos mal es porque soy una chica complicada que no es como aparenta… Náraku sabía que yo tenía un amorío, desde antes de estar con InuYasha…
En este punto, InuYasha la interrumpió, sin creer ni una palabra.
— No sigas, no tienes que inventar una historia para justificar los errores de tu padre.
— Pero es que no la estoy inventando, es la verdad… — Sango miró desafiante a InuYasha. — Él me dejó en cuanto supo que estaba embarazada. Me sentía sola, abandonada, sin saber qué hacer… no quería reconocer ante ustedes que había tenido algo a escondidas, que no era quien ustedes creían que era… por eso preferí inculpar a Náraku, no nos llevamos nada bien y sería una forma de hacerle la vida imposible… pero ya es suficiente. Los he engañado demasiado. No les pediré que me perdonen, pues es tonto que lo hagan… no es la primera vez que defraudo a uno de ustedes, así que no deberían sorprenderse…
— Basta Sango — murmuró Miroku, visiblemente abatido y afectado por las palabras de ella —. No quiero escuchar más, es suficiente. No es necesario que encubras todo lo que ha pasado, ya es demasiado obvio… no voy a creerte. No puede ser cierto…
— Miroku, deja de estar ciego, por favor… — Sango suspiró, detestando en ese momento la lealtad de sus amigos. — Por favor, muchachos, abran los ojos… No soy la niña tierna e inocente que ustedes creyeron que era. Hay muchas cosas de mí que en estos momentos no quisiera revelarles, pero que son muy contrarias a sus ideas sobre mí. Náraku tenía razones para pensar que ustedes eran la mala influencia para mí y para Kikyou, pero le he dejado claro que no es así… que la única mala influencia soy yo. He tratado en vano de volver a ser la chica que ustedes creían que era, pero ya no puedo seguir mintiendo, menos al ver que ustedes son sinceros conmigo. Todo este tiempo, estuve utilizándolos para no sentirme como realmente soy, una basura…
En este punto, la volvieron a interrumpir, pero esta vez no fue uno de los muchachos.
— No es cierto nada de lo que dices… — Kikyou se adelantó, acercándose a Sango. — Las discusiones que tenías por la noche con papá y ese extraño comportamiento suyo son pruebas más que suficientes para mí de que la historia es tal como nos la diste a conocer al principio.
— Kikyou, pensé que lo comprenderías primero que nadie… esas discusiones no eran más que por lo que les cuento ahora… — Sango suspiró, intentando recordar alguna discusión para sustentar su historia. — Yo… Náraku sólo intentaba persuadirme para que dejara de ser como era…
— ¿Segura que es eso? — Kikyou la miró a los ojos, decidida a no cometer otro error más. — Nosotros te conocemos, Sango, y te queremos mucho… sólo queremos lo mejor para ti, no debes desconfiar de nosotros ni tener miedo…
— ¡No tengo miedo! Tampoco desconfío de ustedes, simplemente les estoy tratando de decir la verdad. Todo el mundo sabe que soy una niña rara, pero nadie sabe porqué. Ahora se los estoy diciendo: no soy lo que aparento. ¿Cómo pueden ser tan ciegos? Apenas me conocen de algunos meses, ni siquiera alcanza a ser un año. ¿Acaso son tan ingenuos? No soy una niña buena. Miroku… ¿qué fue lo primero que pensaste cuando viste mi test de embarazo? ¿No es eso lo más normal? Por algo no quería contarlo, sabía que tendría que dar muchas explicaciones… fue más fácil mentir, engañarlos…
Sango se detuvo para dejar escapar unas lágrimas. Miró a sus amigos y vio como lentamente iban sacando conclusiones por su cuenta. Cerró los ojos, buscando algo que los hiriera, algo que hiciera que ellos jamás pudiesen perdonarla ni volverla a ver, pero no tuvo que hacerlo.
— Bien, entonces es suficiente — dijo Miroku, derrotado —. Si nos estás diciendo la verdad, no quiero escuchar más… y si has inventado todo esto por alguna razón, tampoco quiero saberlo. Sea cual sea el motivo por el que nos dices esto, supongo que es más fuerte que tu cariño por nosotros, y si es así, entonces de verdad estábamos equivocados sobre ti… por lo menos yo. De todas formas, prefiero quedarme con la idea que tenía de ti y darte las gracias por los buenos momentos… tanto los de ahora como los de nuestra infancia. Espero que seas feliz con la decisión que has tomado.
Miroku no espero respuesta, simplemente se marchó. Sango derramó un par de lágrimas más, segura de haber herido el corazón de Miroku. InuYasha y Kikyou observaban la puerta por donde había salido Miroku, confundidos.
— Deberían seguir su ejemplo — les dijo Sango, atrayendo su atención —. Si esperan que les diga que esto es una broma, pierden su tiempo. Miroku es más listo que ustedes, al parecer, pues comprendió más rápido que esto se acabó.
— ¿A qué te refieres con que se acabó? — Preguntó InuYasha, asustado.
— Todo entre nosotros ha terminado… amistad y noviazgo. Lo siento muchachos, de verdad se portaron muy bien conmigo, pero no lo merezco y llegó el momento de que ustedes se den cuenta. Si sigo cerca de ustedes, simplemente seguiré decepcionándolos y haciéndoles más daño del que les he hecho ahora. Por eso, quiero que les quede claro que nada volverá a ser como antes. Yo ya no tengo nada que ver con ustedes.
InuYasha apretó sus puños, molesto con las palabras de Sango, pero comprendió que ella ya no quería verlos ni tenerlos cerca. Salió de la habitación, sin decir nada, dejando a Kikyou más confundida que antes.
— Deberías irte con ellos, estoy segura de que te necesitan más que yo — murmuró Sango, al ver que Kikyou no se movía de su sitio.
— No voy a dejarte sola, no cometeré otro error más, además sigues siendo mi hermana — respondió ella, observando a Sango con decisión.
— Kikyou… lo siento, pero el único error que has cometido ha sido confiar en mí. ¿Recuerdas todas esas cosas que dijo Náraku sobre mis sentimientos por Miroku? Pues, eran bastante ciertas… añoraba mucho tener lo que tú tenías, deseaba poder estar en tu lugar o, mejor aún, quitarte lo que era tuyo… pero no pude hacerlo, sólo por el hecho de que Miroku te quiere demasiado. Siempre me vio como una amiga y nada más…
Kikyou abrió la boca para decirle algo, pero sintió como las palabras de Sango inundaban su corazón. Miroku le había dicho que él y Sango sólo eran amigos, y seguramente por parte de él era verdad, pero si Sango ahora le confesaba todo eso… La miró a los ojos y vio como se reflejaba en ellos el deseo de estar con Miroku. Estaba confundida, eso le dolía mucho más que cualquier otra cosa que pudiese haberle confesado su hermana… iba a decirle algo cuando sintió como se abría la puerta; dirigió su mirada hacía quien había entrado y, molesta, se marchó con los puños apretados y los ojos húmedos por las lágrimas que querían salir.
— ¿Ya han terminado de charlar? — Preguntó Náraku luego de que Kikyou se marchó, con una malévola sonrisa en su rostro.
— Sí, creo que ya no querrán acercarse a mí…
— Excelente… ahora, déjame informarte que te darán de alta mañana, así que nos iremos lo más lejos posible cuanto antes.
Ambos sonrieron, pero no de la misma forma: Náraku lo hizo maliciosamente, anhelando aquel momento con ansias; Sango, en cambio, lo hizo con resignación, pensando en sus antiguos amigos y deseando lo mejor para ellos."
—O—
"Miroku había salido del hospital para ir a su casa. Necesitaba estar solo, pensar en lo que había dicho Sango e intentar comprender esa extraña decisión.
Tomó su guitarra y comenzó a tocar, molesto, dolido, triste, decepcionado. Sabía, o por lo menos quería creer, que Sango no era como había declarado ser y que detrás de todo eso había algo más. Le dolía que la muchacha no hubiese seguido confiando en ellos, en él especialmente, que le creería ciegamente y la ayudaría sin importar el costo.
Algo estaba pasando, lo sabía, y era culpa de Náraku. Pero no entendía cómo Sango podía seguirle el juego después de todo lo que había pasado, después de que por culpa de él, ella había perdido a su bebé…
Lo más fácil era creer en la historia de Sango, y eso explicaría muchas cosas, incluyendo el actuar de la muchacha hoy, pero también creer eso era lo más doloroso. No aguantaba pensar que Sango, su pequeña Sanguito, los hubiese utilizado. No soportaría tener que decepcionarse nuevamente de ella, tener que borrarla otra vez de su vida, tener que alejarse de ella, tener que resignarse a olvidarla…
No, no lo haría de nuevo. Seguiría insistiendo hasta que descubriese la verdad… pero, ¿y si salía más dañado al indagar en la verdad? Sango debía tener una muy buena razón para querer alejarlos… ¿y si esa razón era simplemente protegerlos de algo?
Miroku movió bruscamente la cabeza, dejando la guitarra a un lado. Necesitaba, aunque fuera por última vez, conversar seria y sinceramente con Sango."
—O—
"Kikyou encontró a InuYasha afuera del hospital, sentado en la acera, pensativo. Se sentó a su lado, tomándole dulcemente la mano.
— Kikyou… ¿crees que ella nos haya dicho la verdad? — Preguntó el ojidorado con la mirada triste.
— No lo sé, pero creo que hay cosas que dijo que eran ciertas… — murmuró la chica, apoyando su cabeza en el hombro de él.
— ¿Cosas como qué? — InuYasha la miró, preguntándose qué habría pasado luego de que él dejara la habitación.
— No es nada… será mejor que le hagamos caso: sea cual sea la verdad, lo único cierto es que nos quiere lejos.
— Supongo que sí…
Ambos se quedaron ahí, pensativos, pero decididos a alejarse de Sango. Después de todo, ella quería que fuera así por alguna razón, y si no quería estar con ellos tampoco la podían obligar. Además, había herido el orgullo y los sentimientos de ambos, y eso les dolía tanto que preferían alejarse de ella que averiguar cuál era la verdad tras su actuar."
—O—
Por fin puedo estar sola. Náraku ha ido a hablar con el doctor por lo de mi alta y dudo que los muchachos sigan en el hospital.
Tengo los ojos cerrados, intentando guardar en mi memoria los momentos felices que viví con ellos.
Primero, tengo a Kikyou en mis pensamientos… lamento haberle dicho todo eso, aun si era verdad o no… quiero mucho a Miroku, pero jamás hubiese pensado en él de esa forma si ella era su novia. Kikyou es una chica muy buena, es alegre, cariñosa y cálida. Es ese tipo de persona a la que quieres tener cerca porque te hace sentir bien. La quiero mucho, es una muy buena hermana, aunque vayamos a separarnos ahora… prefiero seguir soportando yo los abusos de mi padre que arriesgarla y que ella tenga que sufrirlos también. Tenía mucho miedo, pues veía como a veces Náraku la miraba con el mismo deseo con el que me mira a mí. Ése fue uno de los principales motivos que me hizo tomar esta decisión. Sé que pronto Kikyou se repondrá de todo y seguirá siendo la chica de siempre. Además, tiene a los muchachos, y entre todos se apoyarán para que lo mío simplemente haya sido un oscuro capítulo en sus vidas.
También está InuYasha, con su tierna y cariñosa mirada dorada entregándome confianza. Ojala no hubiese tenido que terminar así con él, pero no puedo hacer nada más. La idea es que ninguno quiera volver a saber de mí, y aunque sé que les dolerá, con el tiempo se olvidarán de mí. InuYasha es un gran chico, estoy segura que pronto encontrará alguien que realmente lo merezca y será feliz. Ay, si sólo supiera cuánto agradezco todo el apoyo que me dio… él era quien por lo general me sacaba una sonrisa y me mostraba las cosas simples pero bellas de la vida. Sabía cómo hacerme sentir bien. Lo voy a extrañar, es de verdad alguien muy especial y que hacía que mi vida fuese diferente… espero que, luego de un tiempo, se olvide de mí. Estoy segura que así podrá ser feliz, sin mí y mis problemas mortificándolo.
Y por último, está Miroku… ah, la persona más especial en mi vida, quien me enseñó a querer cuando era pequeña y quien me conoce más que nadie. Sus hermosos ojos azules me entregaban confianza y cariño en cada mirada, mientras sus palabras sinceras llenaban mi corazón de alegría. Lo adoro, mucho más de lo que podría expresar. Pero tengo miedo de mi padre. Él es capaz de cualquier cosa para mantener las cosas bajo su control, y si los muchachos seguían cerca de mí, lo más probable era que Náraku hiciera algo para mantenerlos lejos… incluso hacerles daño…
— ¿Sango?
La voz de Miroku interrumpe mis pensamientos. Lo miro, extrañada por su visita. Pensé que no quería verme más.
— ¿Sucede algo? — Le preguntó, intentando parecer indiferente con su presencia.
— Bueno… — él se pasa la mano por la nuca, como buscando las palabras. — Quería hablar contigo. Sé que nos dijiste muchas cosas feas y desagradables hace un rato, pero aún no me resigno a creerlas.
— Qué ingenuo y tonto eres — murmuro, lo más fríamente que puedo.
— Por favor… sé que no eres así — se sienta en la cama, observándome con detenimiento —. No intentes parecer indiferente y fría con esto, sé que no lo eres. Esto te afecta incluso mucho más que a nosotros. Por algo llorabas.
Mientras dice estas palabras, con su pulgar limpia una lágrima de mi mejilla, con cariño.
— ¡No intentes aparentar que me conoces! — Alejo su mano, molesta.
¿Por qué no podía mantenerse lejos y simplemente resignarse con que ya no quiero estar cerca de ellos? Él me observa, al parecer sorprendido con mi reacción, pero sin intención de marcharse.
— Sango, no intento aparentar nada… te conozco desde que eras pequeña — me sonríe con cariño —. Sé que debes tener una razón muy fuerte para intentar alejarnos de ti, y prefiero que me la digas antes de que me mientas de esa forma, como lo hiciste con los muchachos…
— Qué difícil de convencer eres — murmuro, luchando contra mi deseo de decirle toda la verdad —. ¿Sabes cuál es la razón por la que quiero alejarme de ustedes? ¿De ti, especialmente?
Él me observa, negando lentamente con la cabeza y esperando una respuesta. Suspiro, escogiendo con determinación mis palabras.
— Miroku, es muy lindo de tu parte que hayas confiado tanto en mí, pero quiero que sepas que todo no es más que un engaño, una mentira. Todo esto fue una forma de vengarme… aún estoy dolida por cómo me trataste cuando éramos pequeños, cuando quisiste alejarme de ti… usé a Kikyou y a InuYasha para hacerte creer que era una chica buena, pero algunas cosas se salieron de mis manos, como fue lo de mi embarazo… pese a eso, estaba dispuesta a aprovecharme lo más que pudiese de ustedes, pero ya fue suficiente. Ahora ya ha llegado el momento de que te alejes de mí porque no eres lo suficientemente bueno como para ser mi amigo.
Miroku entreabre su boca, como intentando decir algo, pero sin encontrar las palabras. Cierro mis ojos y le pido que me deje sola. Siento como se pone de pie y escucho sus pasos…
— Eres muy mala para mentir, Sango.
Siento su respiración cerca de mi oído, su murmullo me hace cosquillas. Abro los ojos y observo los suyos, a poca distancia. Sonríe tiernamente, acariciando mi mejilla. Me pongo nerviosa, jamás había estado tan cerca de él. Entreabro la boca para decirle algo, pero no puedo articular palabra alguna. No deja de mirarme, mientras su nariz topa la mía. Intento alejarlo suavemente con mis manos, pero el esfuerzo es en vano, sigue frente a mi rostro, sin quitarme los ojos de encima.
— Ah… Miroku, no creo que debas…
Me interrumpe colocando su dedo índice sobre mis labios, con cariño. Luego, me besa suavemente la frente. Vuelvo a abrir la boca para reprocharle su actitud, cuando sus labios se encuentran con los míos…
—O—
»Escucho sus palabras, sin poder creerlo. Cierra los ojos y me pide que me marche. Por un momento, pienso en hacerle caso y me pongo de pie, sin embargo en sus ojos logré ver un brillo de desesperación y resignación.
Me acerco a la cabecera de la cama y murmuro en su oído:
— Eres muy mala para mentir, Sango.
Ella abre los ojos, mirándome fijamente. Su mirada refleja que no se esperaba esa reacción mía.
Miro fijamente sus ojos, perdiéndome en ellos, mientras acaricio tiernamente su mejilla. Siempre me pierdo en sus ojos, pero nunca había sentido tantos deseos de quedarme así. Mi corazón se acelera, como anticipándose a mis actos.
Sango intenta decir algo, pero al parecer no encuentra las palabras. Acorto un poco más la distancia entre nuestros rostros, topando mi nariz con la suya. Ella intenta alejarme con sus manos, pero lo hace tan débilmente que no creo que de verdad sea eso lo que quiere.
— Ah… Miroku, no creo que debas… — murmura ella, pero coloco mi dedo índice sobre sus labios, pidiéndole que no siga.
Parece confundida, pero no quiero detenerme. Siento que será la última vez que la veré, y no quiero que se aleje de mí, por lo menos no sin que sepa que la quiero más que como una muy buena amiga…
Beso primero su frente, ella vuelve a entreabrir la boca para decirme algo, pero no quiero escuchar excusas ni sermones de su parte, tampoco otra más de sus historias para alejarme; beso sus labios, suavemente.
Sango está atónita con mi actuar, pero no intenta alejarme. Tampoco corresponde el beso. Tal vez es por la impresión por lo que no actúa de ninguna de las dos formas. Sus labios son suaves, dulces, y el hecho de que estuviesen entreabiertos hace que el beso sea más cálido y cómodo. Luego me separo de ella, esperando alguna reacción. Por unos segundos, me observa mientras pasa sus dedos por sus labios, como analizando lo que acaba de pasar.
— Si quieres que me disculpe por lo que hice, no lo haré, porque no me arrepiento de haberlo hecho — murmuro, mientras sigo esperando que me diga algo.
— No te iba a pedir eso… ¿por qué? ¿Por qué lo hiciste? — Sango me observa, confundida. — ¿No se supone que estás con Kikyou?
— ¿Ésa es tu única objeción contra mi actuar? — Le pregunto, sorprendido con esa simple respuesta.
— No, no… no entiendo. Lo siento, me confundes, yo…
— Si quieres saber por qué lo hice, te lo diré: si realmente estás tan decidida a alejarte de nosotros, supongo que no te puedo detener, pero antes de dejar de verte para siempre, quería despedirme… no había planeado cómo iba a ser, y me sorprendí mucho yo mismo de mi actuar, pero… no me arrepiento, te quiero mucho más de lo que imaginas y quería besarte.
— Eres un atrevido — Sango me observa, al parecer ahora molesta por algo —. Si eso es todo lo que vas a decirme, por favor vete y no vuelvas. No quiero saber de ti.
— Está bien, pero antes de hacerlo… — vuelvo a acercarme a ella y tomo una de sus manos con cariño. — ¿Puedo saber por qué estás tan molesta como para no querer saber más de mí?
— Claro que puedes — Sango me mira con enojo —. Me acabas de demostrar que no has cambiado y sigues siendo el mismo chico fanfarrón y tonto que me pidió que me alejara de él hace unos años.
Suspiro, resignado. Voy a responderle, pero la puerta de la habitación se abre, interrumpiéndonos…«
—O—
"El corazón de ambos late rápido por lo que acaba de pasar. Ante la respuesta de Sango, Miroku va a responderle algo pero se queda con las palabras en la boca al sentir abrirse la puerta.
Ambos miran hacia el umbral, sorprendiendo a Náraku ahí, observándolos con una divertida sonrisa.
— ¿Y ahora me explican qué significa esto? Pensé que ellos ya no te molestarían, pequeñita.
Sango pasa saliva, mientras Miroku los observa sin comprender."
Bueno chics acá les subo por fin el siguiente capítulo. No sabía cómo terminarlo, por eso me demoré tanto, pero hace tiempo que lo había avanzado.
Saludos y muchas gracias por sus reviews y por la paciencia, trataré de actualizar pronto!
Jane~
