LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.

-Por favor, vamos. Solo un rato. – Dijo Edward viéndome con un lindo puchero.

-No, ya ríndete. Haz estado toda la semana intentándolo, ¿Qué te hace creer que cambiare de opinión ahora? – Se acercó a mí abrazándome por la cintura y pegándome a su pecho.

-Lo harías por mí. Puedo ser muy convincente cuando quiero – Afirmo, recorriendo con su nariz mi cuello, me estremecí y lo sentí sonreír.

-Pero no lo harás- Aclare, alejándolo. Suspiro derrotado. – Ve a la fiesta y diviértete con Emmett, se lo prometiste.

-No me interesa ir sin ti – Cerré mi casillero y rodeo su cuello con mis brazos, sus manos automáticamente rodearon mi cintura. Hable con mis labios sobre los suyos.

-Escucha esto, amor. Vas a ir a la dichosa fiesta, te divertirás, pasaras tiempo con tu hermano y amigos, después iras a mi casa y escalaras el árbol frente a mi ventana. Te estaré esperando- Capture sus labios suavemente y reconocí su derrota.

-Si me divierto, será tu culpa.- Acuso frunciendo el ceño. Reí alegremente y tome su mano para ir al comedor.

Ben Cheney, novio de Ángela, daba una fiesta en su casa ese día. Todos estaban invitados, por supuesto, incluso Ángela me lo había dicho. Pero las fiestas no eran lo mío así que me negué inventando una excusa tonta, mi novio no tuvo tanta suerte ya que Emmett le hizo prometer que iría.

Había estado intentando toda la semana convencerme sin éxito alguno. Sabía que todos en el instituto planeaban ir, incluso Jasper. Las multitudes me incomodaban así que me negaba a dejarme convencer por mi novio o mi mejor amigo.

Mi siguiente clase era educación física, me dirigí a los vestuarios para cambiarme pero una voz nasal me detuvo. Rodee los ojos girándome para enfrentarla.

-¿Ya se cansó Eddie de ti? Debe de ser muy aburrido estar con alguien tan poca cosa como tú. – Jessica y su perrito faldero, Lauren, me miraban como si fuera un insecto con sus minifaldas y sus blusas escotadas.

-No tanto como estar con alguien sin cerebro y con quien no puedes tener una conversación inteligente. Pero eso tú ya lo sabes, ¿no? – Sus manos se volvieron puños, no sabía que tanto daño podía hacerme si planeaba golpearme, pero estaba segura de que no me dejaría.

- Mira perra, tú, yo y todos sabemos que no eres nada para él. No lo mereces, eres aburrida, torpe y simple. El debería estar con alguien mejor. Es mejor que te vayas haciendo la idea, Bellita. –Se fue acercando hacia mí, su voz elevándose varias octavas, su perfume floral me mareo completamente. – Si él me amo una vez, puede hacerlo de nuevo. Va a hacerlo de nuevo.

Y con eso se giró dejándome sola en los vestidores con sus palabras repitiéndose en mi mente. Ella estaba jugando con mi mente, estaba tan harta de que jugaran con mi mente. No debía creerle, pero no podía evitarlo, tenía razón.

Yo no era nada, él era todo.

Debía estar con alguien como él, no con Jessica, claro que no, si no con alguien que supiera valorarlo, que lo amara como se lo merecía y le entregara toda su confianza sin dudarlo.

Salí de ahí, sin importarme la clase que se estaba dando. Una falta no le haría daño a nadie, corrí afuera adentrándome en el bosque.

Necesitaba estar sola, necesitaba alejarme, necesitaba dejar de sentir el maldito dolor que oprimía mi pecho y me impedía respirar libremente. Como fuego expandiéndose por todo mi cuerpo, quemando todo a su paso y dejándolo inservible. Pase mis manos por mi cabello, desesperada. Tome respiraciones temblorosas pero nada parecía servir.

Un contacto cálido y tierno detuvo mi andar, Edward tomo mis brazos forzándome a detenerme y mirarlo. Golpee su pecho intentando soltarme de su agarre, me pego más a él abrazándome impidiendo que me moviera. Mis movimientos eran desesperados como si su contacto me quemara.

-¡Suéltame! Déjame ir, Cullen. –Grite desesperada, me faltaba el aire y mi vista se estaba nublando.

-No, no hasta que te tranquilices – Su voz sonó dura. -¡Contrólate! –grito y me detuve de inmediato, la razón se empezó abrir camino en mi mente.

Estaba en el bosque, los brazos de Edward me rodeaban fuertemente lastimándome un poco, mi respiración era errática y todo me daba vueltas. Me aleje de él tomando mi cabeza en mis manos, solo entonces note la humedad en mis mejillas.

-¿Qué es lo que paso? – La voz siempre tranquila de Edward sonaba dura y afilada. Me dio un escalofrió al recordar cómo me grito. Considere mentirle, pero estaba cansada de hacerlo.

-Jessica, me saco de mis casillas.

-¿Quieres ser más específica? – lo mire enarcando una ceja. Me acerque hasta estar frente a él y golpee su pecho con mis puños.

-¿Especifica? Bueno, ella dijo que yo no era nada, que no te merecía y que deberías estar con alguien mejor. ¿Sabes que es lo peor? ¡Que ella está en lo cierto! ¡Yo soy absolutamente nada en comparación! Así que discúlpame por mi reacción pero no sabía qué mierda hacer.

Su cara se descompuso en una mueca de dolor e intento acercarse a mí para abrazarme pero me aleje de él.

-¿Por qué demonios me haces esto? – Continúe gritando - ¡Sabes que mereces algo mejor y sin embargo estas aquí ilusionándome! –Acuse. Eso pareció romperlo.

-¡¿Ilusionándote!? ¿Crees que estoy jugando contigo? Todo lo que te he dicho, la confianza que te he dado, ¿no demuestra nada? ¿Fueron solo palabras vacías para ti? ¿Qué clase de jodida persona crees que soy? ¡No soy un maldito hijo de puta para jugar contigo así!

Sus palabras penetraron mi mente haciéndome sentir miserable y culpable, toda la furia y confusión se disipo de mi mente, mis rodillas cedieron y hubiera caído al piso de no ser porque Edward me detuvo antes.

Me aferre a su camisa respirando entrecortadamente, podía sentir su corazón latir desbocadamente contra mi mejilla y su respiración alterada. Toda la energía que parecía tener de un momento a otro desapareció dejando solo un gran vacío.

-¿Por qué les creíste? ¿Por qué dejaste que jugaran contigo así? – Su voz se dulcifico y su agarre fue cálido y tierno.

-Tú puedas estar con cualquier chica que escojas.

-Tienes razón, yo puedo estar con cualquiera que quiera, pero la chica con la que quiero estar no quiere aceptarlo.

Alce mi rostro hacia el suyo, una mirada torturada y dolida me devolvió la mirada, me odie por ello. Subí mi mano vacilante hacia su mejilla y el gimió al contacto como si le causara dolor.

-Necesitas confiar en mí. No puedo… no soporto… - negó con la cabeza cansadamente – tu desconfianza duele, me está matando. Todo lo que necesites estoy dispuesto a dártelo, tiempo, paciencia, amor… pero tú no puedes.

-Lo siento tanto, es solo que hay muchas cosas en mi cabeza y están volviéndome loca.

-Dímelas, desahógate conmigo, saca todo lo que te lastima. Estoy aquí. – Las palabras murieron en mi garganta.

"No tienes opción, Bella. Si tú dices algo…ya no podrás verme"

-Algún día.

Las clases, después de eso, pasaron como un borrón por mi mente. No podía prestar atención a nada, sentía mi cuerpo entumecido y como todo dolía.

Cada extremidad, cada órgano, cada respiración, cada sentimiento.

Todo en mi mente daba vueltas. Estaba agotada. De mentir, de engañar, de no confiar, de creer en una alucinación más que en las personas reales.

De amar a Edward con cada terminación de mi cuerpo y no poder decirlo.

Me encontré con él a la salida de la escuela, estaba ida y mis pensamientos en otro mundo pero me sorprendió preguntándome si los planes aún estaban en pie. Sonreí y le dije que sí.

Jasper se pasó todo el camino intentando hacerme hablar, sabía que algo estaba mal y me lo pregunto pero me negué a contestarle. No siguió insistiendo después cosa que le agradecí enormemente.

Intento quedarse conmigo y no ir a la fiesta, prácticamente lo saque a empujones de la casa, estaba segura de que quería ir pero quería jugar su papel de mejor amigo poniéndome primero.

Después de que estuve segura que no regresaría con cualquier excusa, me encerré en mi habitación. Tome una hoja y pluma para escribir.

#218

Alice:

Estoy tan enferma de todo, el tiempo pasa y siento que me consume la vida más que a los demás, es como estar ahogándose pero todo a tu alrededor sigue en pie mostrándote a su vez que tú también sigues con él.

No había tenido necesidad de escribirte ya que apareces de la nada pero esta vez no quiero verte. Quiero escribirte, justo como lo hacía antes.

Porque tu estas muerta, y el hecho de que te aparezcas por aquí me hace sentir que no, no te estoy superando me estoy arrastrando hacia a ti.

No sé si eres real, un fantasma, un milagro.

No sé si eres mi imaginación, una alucinación, una enfermedad mental.

Tal vez todo lo que hay alrededor de mí no es real, puede que incluso aun este en mi habitación en Phoenix tocando tu nana sin parar, una y otra vez. Hasta que mis dedos comienzan a sangrar manchando de sangre las finas teclas e ilustrando como esta mi interior.

Tal vez Jasper nunca pudo detenerme.

Pero sé que no es una imaginación. Sé que estas muerta, no sé si tú eres real o no, pero todo lo demás lo es, porque mi imaginación no bastaría para crear algo tan perfecto como lo es Edward.

Un contacto tan cálido y reconfortante como el de él, unos labios suaves y tersos sobre los míos, una voz aterciopelada y melodiosa capaz de apagar el mismo infierno, unos ojos verdes como las esmeraldas que pueden iluminar la oscuridad que hay en mí.

Le estoy haciendo daño, lo estoy arrastrando al mismo infierno del que quiero escapar tan desesperadamente.

Quiero alejarlo, pero lo quiero junto a mí.

Quiero que no me necesite, pero a la vez, y más profundamente, quiero que no pueda vivir sin mí.

Soy tan egoísta.

Tan rota.

Quiero encontrar la luz al final de túnel, aunque empiezo a pensar que necesito morir para eso.

¿Tú lo entiendes? ¿Tú nos necesitas?

Hace un tiempo dijiste que había una manera de estar juntas, ¿era eso verdad? Si lo es… ahora mismo, no sé si quiero saberlo.

Porque por más que me duela y te duela a ti, ambas sabemos que hay una razón por la cual yo no haría lo que necesitas.

Porque necesitas que muera.

No soy estúpida, los intentos de suicidio, las frases aparentemente sin sentido, la manera fría en que me hablas…

Tan fría y tan dulce.

Vive y deja morir. ¿Soy capaz de hacerlo?

Bella.

Mire la hora en el reloj 10:30 pm. Guardando la carta en mi baúl me puse de pie, necesitaba aire. Caminar era una rutina para mí en Phoenix, cuando llegue aquí deje de hacerlo, me perdía en el camino la mayoría del tiempo no estaba consciente de a donde llegaba por estar metida en mis pensamientos.

En algún lugar de mi mente me preguntaba que estaría haciendo Edward. ¿Estaría divirtiéndose? ¿Extrañándome? Esperaba que no tardará mucho en regresar.

Y Jasper, ¿Qué estaría haciendo? El ahora salía más, lo cual era bueno, pero más amaba que al regresar a casa me contaba todo su día y cada cosa que hizo. El seguía siendo mi persona. El tema de María no volvió a salir a colación, pero de vez en cuando la mencionaba y había cierto matiz especial en ella, no podía reclamarle nada, no quería parecer su novia celosa pero de cierta manera me sentía traicionada.

¿Jasper se sentiría así respecto a Edward? ¿Por eso no puso objeción en no conocerlo aun?

Ellos eran mis personas. Vivas.

Yo vivía y respiraba por ellos, gracias a ellos.

Sin darme cuenta ya casi era medianoche, di media vuelta regresando a mi casa. Pude ver las luces prendidas y fruncí el ceño. Era muy pronto para que Jasper volviera. Saque mis llaves pero al girar la perilla estaba abierta. Mi respiración se aceleró, había un carro en la entrada pero no era el de mi mejor amigo.

Respirando profundo para tomar valor, entre a la casa. Todo se miraba normal, unas risas en el piso de arriba llamaron mi atención y dispararon mi corazón. Subí las escaleras tratando de hacer el menor ruido posible, conforme subía las risas se hacían más fuertes. La puerta de la habitación de Jasper estaba entreabierta, empuje suavemente la puerta.

Mi corazón se detuvo un segundo antes de latir completamente desenfrenado, mis manos comenzaron a temblar y mis ojos se aguaron.

¡No!

Jasper estaba recostado sobre una chica que jamás había visto y se estaban besando como si se les fuera la vida en ello.

Jadee audiblemente lo que los alerto de mi presencia, rápidamente se separó de ella y me miro con los ojos como platos.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí?- Grite.

No es verdad, estoy soñando. Es una pesadilla. Estas mal, no es lo que crees. Mi mente repetía una y otra vez.

-María te presento a mi mejor amiga Bella, Bella ella es María – Hablo Jasper arrastrando las palabras. Empezó a reír estúpidamente.

Oh, no por favor. Jasper borracho, no.

-Jazz, yo creo que mejor me voy- dijo María con voz aburrida, me dio un arranque de odio y rabia por cómo le nombro.

-¡Oh, vamos! Nos estábamos divirtiendo - le contesto Jasper sin apartar la mirada de mí. Tenía la camisa desabrochada y el cinturón, su cabello completamente revuelto, sus labios hinchados y rojos, lágrimas no deseadas escaparon de mis ojos.

-¿Jazz? No le vuelvas a decir así, ¿me escuchaste?- le grite a la tal María, nadie le decía así a Jasper, solo una persona tenía derecho a hacerlo. María me rodo los ojos y murmuro un llámame mientras salía de la casa.

Mire a Jasper con todo el odio que sentía, me devolvió la mirada impenetrable, conocía esa mirada. Odiaba esa mirada.

-¿Por qué lo hiciste? –Pregunte. Se puso de pie quedando frente a mí.

-Porque quería. Porque nadie me puede decir que hacer. ¡Porque estoy harto de estar en depresión!

-¡¿Y por qué me lo hiciste a mí!? – grite empujándolo con todas mis fuerzas - ¡¿Qué te daba el derecho de hacerme sufrir así!? - Estrelle mi mano contra su mejilla. Sabía que después me arrepentiría de eso, pero enojada y dolida como estaba en ese momento no me importaba.

Su cara giro por la fuerza del impacto, me miro y tomo mis muñecas golpeando mi espalda contra la pared, gemí de dolor pero no le importo.

-Tú no eres nada para mí. No tengo porque darte explicaciones. – Su aliento tenia olor a alcohol y su voz mortífera me recordó a hace dos años. Una pelea. Gritos, discusiones, culpas. No de nuevo por favor, pedí.

-Simplemente no entiendo como fuiste capaz de hacerle eso, ella nunca te fallo y tu si, prometiste nunca olvidarla pero llego y te encuentro besándote con otra. ¿Cómo pudiste hacerle eso?- dije.

-¿Como pude hacérselo a quien Isabella, a quién?- grito ejerciendo más fuerza sobre mis muñecas.- ¿A ti?, ¿a Alice?, Alice no está, entiéndelo, ¡no está desde hace dos años! Prometí nunca olvidarla y créeme nunca lo he hecho siempre he tenido su recuerdo conmigo, ¡su maldito recuerdo!, pero tengo que seguir adelante y tu deberías hacer lo mismo, déjala ir, está muerta, Bella. ¡Alice está muerta!- quería taparme los oídos. No quería escucharlo.

-¡Cállate! Tú no sabes nada, no sabes nada. ¡Y suéltame! ¡Me estas lastimando! – No me soltó y se acercó hasta quedar a centímetros de mí, de la nada sonrió burlonamente.

-Ya sé cuál es el problema – dijo, y me soltó provocando que cayera de rodillas en el suelo. – Tienes celos, Bella. Es eso, ¿verdad? – lo mire confundida.

-Estás loco. Sabes que no es así, Jasper. –conteste, sobándome las muñecas que tenían sus dedos marcados.

-¿Lo sé? ¿Tú lo sabes? – Camino hasta arrodillarse frente a mí - ¿Qué sientes por mí, Isabella? ¿Te gusto? ¿Por eso te pones así?

Es el alcohol, es el alcohol, repetía en mi mente. Pero eso no evitaba que sus palabras se clavaran como puñales en mi pecho.

Me pego a su pecho pasando sus brazos por mi cintura, trate de alejarme pero me retuvo impidiendo que me moviera con una mano y con la otra me tomo de la barbilla pegando mis labios a los suyos. Sabia a alcohol, sus labios eran duros y demandantes. Mordían y chupaban lastimándome. Sollocé fuertemente poniendo las manos en su pecho.

Forcejee aún más tratando de separarme de él, lagrimas corrían por mis mejillas de la impotencia. Él no era Jasper, él era un monstruo. Metió su lengua en mi boca apretando más fuerte su agarre en un intento por que le respondiera, cuando se dio cuenta que no lo haría me soltó aventándome. Me aleje de él rápidamente asustada.

-¿Por qué me haces esto? – pregunte débilmente, deseando con todas mis fuerzas que nada de esto fuera real. –Siempre he estado ahí cuando lo necesitas, todo el tiempo… ¿Por qué me haces esto?

Me miro fuera de sí, me tomo fuertemente de los brazos levantándome.

-¿¡Siempre has estado ahí!? – me grito zarandeándome, grite de dolor y gire mi cara por si trataba de besarme de nuevo. -¡Es la mentira más grande que he escuchado! ¡Eres una jodida mentirosa, Swan!

Volvió a aventarme provocando que golpeara mi brazo contra la mesa del centro, jadee por el dolor y cerré mis ojos fuertemente.

-¡Siempre he estado ahí! – grite con todas mis fuerzas, los ojos aun fuertemente cerrados.

- ¡Mentira! – Clave mis ojos en el - ¡Tú no estuviste ahí! Tú no viste como enterraban al amor de tu vida, tú no viste a la razón de tu existencia ser sepultada bajo tierra. –Su voz fue bajando pero el odio impregnado en ella era notable - No viste a su familia llorar, ni como tiraban flores, ¡No viste como desaparecía de este mundo!

Mi pecho se contrajo. Su entierro. Yo no estuve ahí, no encontré las fuerzas suficientes para ver cómo era sepultaba.

-Yo si lo hice – continuo - Yo vi todo… y te necesite tanto ahí… pero nunca llegaste. Fuiste cobarde. Me dejaste soportarlo a mi todo, sin importarte nada más que tu asqueroso dolor. No estuviste siempre, Isabella. No fuiste la mejor amiga que debiste haber sido, me dejaste ahí rogándole a lo que fuera que se llevara el dolor, que me matara ahí mismo.

-Ya basta –pedí sin poder soportar más la culpa – Ya basta.

-¡No, basta tú! No importa lo que haya pasado, ¡porque ella murió! Así que ya basta de seguir de luto, ya basta de esperar a que vuelva ¡Simplemente detente! - me grito, limpie mis mejillas húmedas –Ella no va a volver, nunca lo hará… - término de decir y se fue a su habitación.

Abrace mis piernas contra mi pecho ahogando mis sollozos mientras sentía el dolor más tomar poder de mi cuerpo, preguntándome ¿Cómo alguien podía sentir tanto dolor y aun así seguir viviendo?

Hola, espero que les haya gustado. Pudimos ver que Bella no tiene nada de confianza y que Jasper es bastante rencoroso.

Gracias por leer.

Misery.