LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.

Dolor, dolor, dolor…

¿Cómo algunas personas pueden ser masoquistas? ¿Cómo pueden vivir así? Tal vez el dolor era diferente para todos y a mí me tocó el dolor que mata.

Por más que me repetía que todo lo que paso era producto del alcohol no podía ignorar que era Jasper quien lo había hecho.

Los sollozos eran incontrolables provocando que mi pecho temblara y mi respiración se volviera errática.

¿Cuánto dolor puedes soportar antes de decidir que es suficiente?

Tome aire profundamente, reteniéndolo en mí pecho hasta que mis pulmones comenzaron a arder, aun entonces, continúe soportando. Cuando mis ojos se llenaron de lágrimas solté el aire lentamente. Pude sobrevivir antes lo hare ahora.

Limpiando mis lágrimas me puse de pie, tome las llaves del carro de la mesita y salí de la casa sin mirar atrás. Sabia donde vivía Ben, los folletos por toda la escuela tenían la dirección y un croquis sobre cómo llegar, tendrías que estar ciego para no haberlos visto.

Un poco más y llegaría, no quedaba muy lejos y caminar no suponía un problema, me abrace a mí misma en un intento por conservar el calor. Pude escuchar el sonido incluso antes de ver la casa. Miles de luces parpadeaban continuamente en el exterior, una casa de dos pisos con varios carros estacionados en el patio, había unas cuantas personas afuera platicando y tomando. Parecía una gran fiesta para un pueblo tan pequeño. Nadie noto que había entrado, todos estaban demasiado ocupados bebiendo y bailando como para notarme.

Encuentra a Edward y lárgate de aquí, me dijo mi conciencia.

Recorrí la casa en busca de él, pero no pude encontrarlo. Sabía que iba a derrumbarme, podía sentirlo, como un agujero en el pecho con los bordes adoloridos amenazando con consumirme por completo.

Un poco más, un poco más.

Chicos bebiendo, drogándose, fumando, bailando…

¿Dónde estás Edward?

¿Se habría ido ya? Pude haberlo visto en el camino, marque a su celular pero no me contesto de todos modos no esperaba que lo hiciera, no con todo este ruido.

Cuando iba a darme por vencida y esperarlo en casa, lo vi.

Y desee con todas mis fuerzas haberme ido antes.

Edward, mi novio, el amor de mi vida, estaba sentado en un sillón con una sonrisa idiota en su cara y los ojos cerrados.

Jessica, la capitana de porristas, ex novia de mi novio, estaba sentada a horcajadas sobre el besando su cuello y con la mano dentro de su camisa. Ambos sonreían y parecían estar disfrutando la fiesta. Sentí asco.

Sin poder decir nada, camine lentamente hacia atrás sin quitar mis ojos de la escena, me sentía enferma de una forma física. Puse una mano en mi estómago apretando fuertemente y cerré los ojos, era insoportable.

Finalmente los abrí y me di media vuelta para desaparecer de ahí, apenas había dado un paso cuando un fuerte brazo me detuvo.

-¡Espera, Bella! – grito Emmett por sobre la música al tiempo que sujetaba mi muñeca más fuerte, sisee un poco de dolor.

-Déjame en paz. ¡Y dile a ese bastardo que se mantenga alejado de mí!

-Él puede explicarlo. –Su miraba suplicante me decía que le diera una oportunidad, pero la imagen de Edward con Jessica apareció en mi mente llenándome de resolución.

-Por mi puede irse a la mierda. –Dije girándome. El no me siguió así que busque el carro con la mirada hasta que di con él. Subí al auto sin mirar atrás, dolía, dolía como el maldito infierno.

Conduje durante lo que pareció por mucho tiempo, mi mente estaba nublada y no podía pensar claramente incluso podría estar conduciendo en círculos y no lo notaria. Me detuve en la escuela y corrí hasta la azotea, no había nadie como suponía así que nada me detuvo.

El aire fresco de la azotea me golpeo en la cara al abrir la puerta, temblé no sabía si era de frio o de dolor, pero los temblores no se detuvieron. El nudo en mi garganta me impedía respirar correctamente, me abrace a mi misma en un intento por asegurarme que aun estaba completa… por lo menos por fuera. Unos gritos agónicos y llenos de dolor llegaron a mis oídos, los gritos no se detenían pero no podía moverme lo suficiente para ver de donde provenían, cubrí mis oídos con las manos para callarlos.

Una figura se paro frente a mí, levante la vista al tiempo que los gritos cesaban, baje mis manos dejándolas caer a mis costados.

-¿Quién estaba gritando? –Mi voz salió en un susurro entrecortado. Mi garganta ardía.

- – respondió Alice arrodillándose frente a mí.

-¿Por qué a mí?

-¿Y por qué no? – Volvía a ser la Alice fría y sin sentimientos. Su sonrisa burlona lo comprobaba.

-Pero ellos, ¿Por qué ellos?

- Te lo mereces. Tú me mataste, así que todo el dolor que sientes justo ahora te lo mereces.

-Yo no te mate, fue un accidente –aclare- Jamás quise eso.

-Y sin embargo paso, ¿Cómo puedes vivir con eso? – Pregunto caminando de un lado a otro frente a mí - ¿Cómo puedes vivir con todo el dolor que causaste? Te di una alternativa, te di una opción para reponer todo el dolor que hiciste pero no quisiste. Claro que no, ¿Cómo podrías haberlo querido cuando tenías al perfecto y dulce Edward?

La mención de su nombre trajo nuevos temblores a mi cuerpo, mi tierno y dulce Edward, ¿Por qué?

-Al final, resulta que fue un hipócrita que te engaño y jugo contigo, ¿no es gracioso? La persona que creías podía sacarte del hoyo en el que estas, término hundiéndote más.

-Ya basta, Alice.

-¿Qué se siente?, ¿te gusta?, el dolor lacerante en tu pecho, tu garganta seca de tantos sollozos, tu cuerpo adolorido por los temblores. Mi dulce Bella, ¿Qué hicimos contigo? Edward te engaño, Jasper ya no te necesita más, y con eso me refiero a ambas. Porque es más que claro que todo lo que sentía por mí ya no está.

-Jasper…- susurre al viento que alborotaba mi cabello. A pesar de todo, el se moriría el día de mañana cuando se diera cuenta de lo que me hizo.

-¿Por qué no te matas? –Pregunto de la nada, sorprendiéndome.

-¿Qué? – se acerco hasta arrodillarse frente a mí con sus pasos de bailarina y el vestido ondulando al viento.

-Tu vida es tan miserable que da pena.

-No, no puedo… Jasper me necesita y Edward…

-No. Ya no es así, Jasper acaba de encontrar a María y Edward regreso con Jessica. Deja de usarlos como excusa, tú ya no tienes nada. ¿Sabes que es lo peor? – Negué lentamente – Que jamás podrás dejar de amarnos.

Todo el dolor que sentía se fue convirtiendo en ira ante sus palabras, sentía la sangre hervir en mi cuerpo y mis uñas se encajaban en las palmas de mi mano, tense mi mandíbula con fuerza, me puse de pie y ella hizo lo mismo quedando de frente.

Habían terminado conmigo, les di todo lo que podía y no fue suficiente. Bien, a la mierda. Estaba harta de ver por ellos.

-Tienes razón. Pero yo se que ese no era Jasper. Era el monstruo del dolor y la depresión que vive en el. Y el día de mañana, junto con la resaca, vendrá también el arrepentimiento justo como antes.- Mi voz sonó fuerte esta vez a pesar del ardor en mi garganta- Pero esta vez ya no estaré ahí, me canse de mantenerle a flote mientras yo me hundo cada vez más. Y es verdad, amo a Jasper siempre lo hare, amo a Edward aun después de lo que me hizo, el amor que siento por él no se terminara. Y te amo a ti, siempre lo he hecho. Yo vivía y respiraba por ustedes, y cuando amas a alguien lo mejor que puedes hacer es dejar que te mate. Ustedes tres terminaron conmigo. Ya no hay dolor, ni felicidad, ni sentimientos. Ya no hay nada.

Alice me miraba impasible, de pie frente a mí. Supongo que no esperaba que le contestara, tal vez pensaba que ya no había nada en mí. No se equivocaba del todo, todo lo que sentía estaba enterrado en lo más profundo de mí, donde debía estar y ahí se quedaría.

-Puedes echarme toda la culpa de lo que paso, anda hazlo. Eso no cambia nada – me acerque hacia ella con pasos lentos – Tu estas muerta, estas enterrada bajo tierra y ahí debes quedarte. ¡Desaparece de una maldita vez! Querías destruirme, ¿no? Bien, lo hiciste ¡ahora lárgate! –Su mirada cambio se volvió más suave más dulce, pero no tenía tiempo para eso. Seguí gritando fuertemente - Estas muerta, Alice. Ahora lo entiendo y se siente tan liberador deshacerme de ti. Tu no me mereces, ninguno de ustedes malditas personas egoístas lo hacen. Tu estas muerta, pero yo no. Así que déjame vivir en paz. ¡Desaparece de una maldita vez!

Y se fue. Con el soplo del viento, como una ilusión, desapareció.

Una lenta sonrisa apareció en mi cara, era hora de volver a casa.

Estacione el auto en la acera de la casa, baje tranquilamente, estaba amaneciendo pero parecía que no había nadie despierto en la cuadra. Abrí la puerta para encontrarme a Jasper tirado en el piso profundamente dormido, tenía el teléfono en la mano. Tal vez intentaba localizar a Alice como antes. Que estúpido. Seria agradable recordarle que estaba muerta cuando despierte.

Me encerré en mi cuarto, disfrute del silencio y la tranquilidad de no sentir absolutamente nada. No sentía sueño a pesar de que no había dormido nada, era como estar anestesiada. Me tire en mi cama boca arriba mirando con gran interés el techo. Memorice cada grieta que tenia, cada pequeño hoyo que se le hacía con el tiempo.

Sentía un ligero malestar en la espalda y en las muñecas, cortesía del idiota borracho que estaba tirado afuera. Seria reconfortante verlo rogar por mi perdón. Estudie mis muñecas atentamente, las marcas moradas y rojas de dedos en ella, probablemente mi espalda estaría igual.

Me puse de pie frente al espejo, el cabello castaño despeinado, la ropa desgastada y los mismos converse de siempre, labios agrietados y secos, ojos cafés vacios. ¿En qué momento llegue a esto?

Poniéndome a trabajar saque toda mi ropa del armario, pantalones, blusas y camisetas mayormente. Tres pares de tenis que jamás había usado. Había una caja hasta el fondo alargue la mano y la saque, collares, cinturones, anillos, maquillaje todo lo que podría necesitar.

Fue un regalo de el fantasma que arruinaba mi vida.

Comencé rasgando algunos pantalones, use unas tijeras para cortar otros, tenía una nueva visión del mundo. Necesitaba una nueva imagen. Dos horas después tenía todo listo, sonreí orgullosa.

Escuche ruidos en la sala, así que supuse que Jasper acababa de revivir. Arregle mi cabello poniéndolo en una coleta y Salí de mi habitación. Tenía hambre, me dirigí a la cocina a preparar algo, decidí que con un sándwich bastaría. Me senté en la barra mirando a Jasper.

Algo desorientado se puso de pie, soltó el teléfono que tenía en la mano y se dejo caer en el sillón, puso sus codos en las rodillas y entro el rostro en sus manos. Era la viva imagen de la miseria. Froto sus ojos y bostezo.

-Buenos días o debería decir tardes – dije haciéndolo saltar un poco y luego poner una mueca por el esfuerzo. Me miro fijamente queriendo decir algo, probablemente comenzaría a disculparse y, aunque lo estaba esperando, no tenía ánimos para su arrepentimiento. –Me iré a duchar.

Di media vuelta y Salí de ahí, me tome mi tiempo disfrutando del agua caliente en mi cuerpo. Mi espalda ardió un poco con el agua, no podía mirarme pero aseguraba que no lucia bien. Cepille mi cabello dejándolo suelto, me puse mi nueva ropa.

Unos jeans rotos de las rodillas con una camisa negra a la cual le había puesto unos parches que tenía guardados y unas costuras en el frente. Termine de arreglarme colocándome delineador negro en mis ojos y labial rojo en mis labios.

Era fascinante la forma en que podía cambiar, como ahora la muchacha frente a mi me devolvió la mirada vacía pero penetrante, profunda, misteriosa, una sonrisa complacida se formo en mis labios. Ya no había nada en mí.

Me dispuse a hacer mi tarea, pero antes de formar completamente esa idea decidí que me divertiría un poco. Salí a la sala encontrándome con un Jasper bañado y cambiado aunque aun lucia como la mierda, tenía una taza de café frente a él en la barra y su rostro enterrado en las manos.

-Te ves como mierda – expuse mis pensamientos. El alzo su cabeza confundido pero sus ojos inmediatamente pasaron por la culpa y el arrepentimiento. Que empiece la función.

-Bella, yo lamento mucho lo que paso – comenzó - Yo solo me cegué completamente por el alcohol, no quise escucharte. Hice muy mal, lo sé, nunca debí traerla, nada de lo que hice o dije fue verdad. Tienes que creerme, Bells. – Sus ojos se volvieron llorosos, enarque una ceja. – No puedo con esto, es demasiado para mi…

-¿Tu manera de superarlo es golpeándome? – Lagrimas se deslizaron de sus ojos, sonreí internamente – Claro, ya entiendo. Me culpas por no haber ido al entierro y por eso me lastimas. Que estúpida como no lo entendí – dije con mi voz llena de sarcasmo.

-Jamás quise dañarte y mucho menos físicamente… - rodeo la barra intentando acercarse a mí pero me aleje inmediatamente.

-Pero lo hiciste, ¿quieres ver? – subí las mangas de mi blusa dejando ver las marcas rojas y moradas de sus dedos, sus expresión horrorizada me hizo darme cuenta que realmente no tenía ni idea de cuánto daño me había hecho - Y no has visto las de mi espalda, Jasper.

Se quedo sin habla completamente estático mirando fijamente las marcas que le mostraba, su respiración se acelero y mas lagrimas cayeron de sus ojos, ladee mi cabeza estudiándolo. Si antes creía que era la viva imagen de la miseria tenía que verlo ahora.

¿Cuánto dolor sería suficiente causarle por todo lo que me hizo pasar a mí?

-Perdóname, Bella, por favor. – Su voz quebrada sonó desesperada. Pero ya no sentía nada al escucharlo o verlo así, ya no estaba ese sentimiento de compasión y tristeza que me daba el verlo más.

-Tú quieres que te entienda y te perdone pero tú nunca has podido hacerlo conmigo. Me culpas de no haber estado contigo en el entierro y me culpas de haberla matado y puede que haya sido mi culpa. ¿Pero tú quién diablos crees que eres para juzgarme? - Cayó de rodillas abrazándose a si mismo pero no me detuve, ¿Por qué tendría que hacerlo?

-Basta.

-¿Recuerdas cuantas veces te pedí eso mismo ayer? Que te detuvieras, que dejaras de atormentarme, pero no lo hiciste. Estoy cansada Jasper. ¿Quieres odiarme? Hazlo. ¿Quieres culparme? Adelante. Ya no me importa. Ya no voy a estar ahí para cuidar de ti y ponerte de pie cada vez que caigas. Averigua la manera de hacerlo sin mí, Hale.

Me di media vuelta dejando al que fue mi mejor amigo sollozando en el piso de la sala, una extraña y sádica sensación de satisfacción me recorrió al escucharlo llorar de esa manera. Ya era hora de que alguien sufriera aparte de mí.

Ya era hora de que alguien se hundiera conmigo.

PERDON, PERDON, PERDON DE VERDAD POR HABER TARDADO TANTO EN ACTUALIZAR PERO HE TENIDO MUCHAS COSAS QUE HACER. TRATARE DE YA NO TARDAR TANTO Y MUCHAS GRACIAS POR SOPORTAR LA ESPERA.

DEJEN SUS OPINIONES TODAS SON ACEPTADAS, MUCHAS GRACIAS POR LEER.

MISERY.