IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


Grito Silencioso

Capítulo XIII
"Bankotsu: un amigo en la desesperación"

Observo la ropa que ha traído Bankotsu hasta mi habitación y suspiro. Son las 5:45 p. m. y estoy preparándome para la velada. Me siento en la cama un poco desanimada cuando escucho la voz de Bankotsu desde el otro lado de la puerta.

— Mi pequeña, yo te acompañaré, así que no te preocupes — me informa, luego sigue tarareando una canción romántica de esas que escucha siempre en la radio.

Sonrío, recordando cómo ha sido todo desde que lo conocí…

/… 2 años atrás…

Frías y gruesas gotas de lluvia caían sobre la ventana del automóvil, mientras la muchacha tenía su castaña mirada perdida en la nada. La puerta del vehículo se abrió bruscamente, y la mano de un hombre la tomó por el brazo, sacándola del auto.

Ingresaron a una casa enorme, de construcción antigua pero en excelentes condiciones, con un elegante diseño moderno en la recepción del lugar. La muchacha miraba todo con curiosidad.

Sango, no te preocupes, que después de un tiempo te acostumbrarás… — murmuró maliciosamente el hombre que la llevaba del brazo a través de la casa.

Sango asintió, con miedo de llevarle la contra a su padre nuevamente. Ya había pasado por suficientes problemas como para buscar otro innecesariamente.

Entraron a una oficina amplia, ricamente amueblada con un estilo postmoderno bastante llamativo. Tras el escritorio, un joven no mucho mayor que ella, de tez morena, ojos verdes y una larga trenza oscura se encontraba de pie junto a un hombre calvo, aparentemente mayor, de ojos oscuros y piel pálida, que se encontraba sentado.

Ella es — anunció Náraku, mostrando a Sango como si fuese un trofeo.

Se ve encantadoramente atractiva — murmuró el hombre calvo, mirando a la muchacha de pies a cabeza.

Ren, ¿qué diablos estás diciendo? — El muchacho ojiverde la observó sólo un instante y luego miró al recién aludido Ren. — ¡Es apenas una niña!

¿Qué edad tienes, muchacha? — Preguntó Ren, sonriendo con malicia.

Sango tragó saliva, con miedo. Náraku le dio un codazo y le masculló un "¡Responde!" casi inaudible para los otros dos.

Yo… 17 años, señor — murmuró la joven, agachando la mirada.

¿Ves, Bankotsu? — Ren parecía divertido con la situación. — No es tan niña.

Es menor de edad, no vamos a arriesgarnos, ¿o sí? — Respondió Bankotsu, desafiando con la mirada a su compañero.

No tenemos nada que perder — dijo Ren, cruzando sus manos bajo su barbilla —. Su padre y tutor legal nos la está entregando para comenzar a generar mayores ingresos con ella, además… sabes que las jovencitas son más codiciadas, y si la podemos moldear adecuadamente… será una gran ganancia.

Bankotsu negó con la cabeza, resignado. Naraku y Ren soltaron una breve carcajada y luego le ordenaron al muchacho llevar a Sango a una de las habitaciones. El joven le hizo un gesto a la chica para que lo siguiera hasta un cuarto al final de un pasillo, la hizo pasar y cerró la puerta tras de sí.

Lo siento mucho — murmuró él, mirando con pesar a Sango —. Yo… no estoy de acuerdo con esto.

Sango no entendía mucho, pero sospechaba que eso no era algo bueno. Apretó sus puños y cerró los ojos, tratando de no estar ahí.

Mi nombre es Bankotsu, pero si quieres puedes llamarme Ban — la voz del moreno atrajo nuevamente la atención de la muchacha —. Y quiero que sepas que trataré de que tu estancia en este lugar, sea lo más grata posible…

Esto es… — Sango nuevamente tragó saliva, con temor. — ¿Esto es un prostíbulo?

Bankotsu asintió con la cabeza y Sango volvió a cerrar los ojos, dejando escapar algunas lágrimas. El joven se acercó a ella y la abrazó, tratando de contenerla. Ella simplemente se dejó caer en sus brazos, sintiendo que ya no le quedaba nada… /

La voz de Bankotsu me trae de vuelta al presente, pidiéndome que me dé prisa en arreglarme. Tomo las ropas que estaban sobre la cama y comienzo a vestirme y maquillarme, un poco nerviosa por la noche que se acerca.


"Miroku conducía pensativo, con la carpeta del proyecto en el asiento del copiloto. Esa chica, Nedez, tenía algo que le resultaba sumamente familiar, pero no podría decir qué era. Estaba seguro de haber cruzado su mirada con ella, y algo en ese gesto intentó despertar un atisbo, pero no sabía de qué.

Estacionó fuera del edificio donde trabajaba su prometida y guardó la carpeta en su portafolio, sacó su Smartphone, miró la hora y luego marcó el número de Koharu.

— Hola cariño, ¿cómo estás? Bien, estoy estacionado fuera, esperándote. ¿Eh, una de las modelos? Claro, ¿por qué no? Nos vemos.

Cortó la llamada y suspiró, pensando en que tendría que controlarse para no coquetear con la modelo que Koharu había invitado a la velada; si iba a participar del proyecto, debía tener un encanto especial. Miró por la ventana esperando ver a su prometida salir del edificio. Pasado un rato salió la muchacha, acompañada de una chica alta, delgada, con buena figura, cabellos lisos largos y azabaches y mirada castaña. Ambas muchachas subieron al automóvil y Koharu, sonriente, le presentó a su acompañante.

— Cariño, te presento a la modelo que quiero que haga el debut con este proyecto — Koharu sonrió, mientras miraba a la chica —: Kikyou Russeau; Kikyou, él es el principal accionista de la agencia y mi prometido, Miroku Vorobiov.

Ambos se miraron, con los ojos abiertos de par en par, casi sin poder creerlo.

— ¡Kikyou!

— ¡Miroku!

Si hubiesen podido, se abrazaban. Koharu los observaba, sin entender qué pasaba, mientras ellos intentaban ponerse al día.

— No puedo creer que hayas elegido ser modelo, siempre pensé que serías una gran concertista o bailarina — Miroku sonrió con cariño —. Tenías talento.

— Y yo pensé que tú serías una estrella de rock — contestó Kikyou con una risa.

— Bueno, mis padres no estuvieron de acuerdo con la idea, aunque no niego que de vez en cuando sacó mi vieja guitarra y compongo algo — Miroku rió con alegría.

— Y yo preferí el modelaje, después de que participé en algunos concursos — Kikyou sonrió con cariño.

— Disculpen, pero ¿ustedes se conocen? — Koharu seguía perdida ante la reacción de sus acompañantes.

— Sí, éramos amigos en la adolescencia — dijo Kikyou, un poco sonrojada.

— La verdad, fuimos novios por un tiempo — dijo Miroku, con una leve picardía en su voz que provocó que su prometida se molestara —. Creo que debes tener talento, eres muy hermosa.

— Miroku, ¿podemos irnos ya? — Dijo Koharu, con un tono de disgusto en su voz.

— Está bien, está bien — Miroku suspiró —. Espero que no te vayas a molestar por esto, ni con ella ni conmigo. Digo, eso fue hace años, además sabes que nos casaremos más pronto que tarde.

— Eso no quita que deba preocuparme, tienes una reputación un poco… dudosa — respondió Koharu, notablemente enojada.

Miroku volvió a suspirar, apesadumbrado. No fue muy grata la reacción de Koharu, pero en realidad todas sus palabras habían sido sin mala intención. Se alegraba de ver nuevamente a Kikyou, aunque eso también le traía dolorosos recuerdos…

/… 4 años atrás…

El día estaba coronado con un radiante sol, mientras una fresca brisa primaveral movía las copas de los árboles. El trinar de las aves acompañaba el compás del viento creando una rica melodía.

Lamentablemente, para él no era un buen día para nada. Acababa de ser arruinado por esa noticia.

¡¿Cómo que te irás de la ciudad?! — Exclamó Miroku, golpeando el tronco del árbol que les brindaba sombra.

Lo siento… — La muchacha de cabellos azabaches agachó la mirada, triste. — Mi madre decidió que era mejor que me alejara de todo esto… dijo que así olvidaría a Sango…

Tu madre no sabe nada… ni siquiera le importa — Miroku cerró los ojos, dolido —. Apuesto que ese mal nacido de Náraku le pidió que lo hiciera.

Tal vez, pero nunca estaremos seguros de ello…

Y… ¿cuándo partes? — Miroku la observó con tristeza. — ¿Ya lo sabe InuYasha?

No… no he querido contarle. Después de lo de Sango, no quisiera irme así, pero…

Kikyou — Miroku puso sus manos sobre los hombros de la chica, para que lo mirara —. No es tu culpa. Debes dejar de culparte, simplemente son cosas que pasan.

Kikyou sonrió con cariño y tristeza. Miroku, a pesar de sus apariencias y mala fama, era un excelente chico y agradecía poder contar con su apoyo. Lo extrañaría… /

Llegaron a la dirección que Koharu les había indicado y descendieron del vehículo. Les esperaba una extensa velada."


Salimos de la casa, Bankotsu me toma del brazo tiernamente, como si fuese mi novio, y sonríe, como si fuésemos de paseo. Le devuelvo la sonrisa, pensando en lo mal que lo hubiera pasado durante todo ese tiempo, si no fuera por él…

/ En algún momento tiempo atrás…

Los rayos del sol luchaban por atravesar las gruesas cortinas que cubrían las ventanas, para brindar un poco más de oscuridad al lugar y así, permitir el descanso de su ocupante.

Sango suspiró, mirando su desnudo cuerpo tirado en la cama. Se dio una ducha y luego se puso su mini camisola, para volverse a tirar en la cama. Era uno de sus días "libres" y lo único que deseaba era…

Tostadas francesas, jugo de naranja y un tazón con cereales y miel — anunció una voz tras la puerta.

Sango se dio impulso para ponerse de pie y alegre, abrió la puerta.

¡Ban, eres un adivino! — Exclamó, dejándolo pasar.

No, sólo te conozco — dijo él, sonriéndole —. ¿Podemos desayunar juntos?

Claro.

Se sentaron en la cama, con la bandeja del desayuno frente a ellos en una mesita. Ambos comenzaron a comer, riéndose de vez en cuando con algún comentario o broma de Bankotsu. De pronto ambos quedaron en silencio. Bankotsu miró a Sango y ella bajó su mirada para que no se cruzaran, con las mejillas sonrosadas.

Hacía tiempo que Bankotsu era para ella más que un amigo, pero ¿qué, exactamente? ¿Un hermano? Y él, siempre preocupado por ella, mimándola con cariño, siendo su escape a todo lo que vivía, incluso coqueteándole…

Sango.

Ella levantó la mirada y se encontró con esos ojos verdes. Sólo se quedó ahí, mirándolos, como respuesta a su llamado.

Yo… — Bankotsu tragó saliva, un poco nervioso. — Hace tiempo que quiero decirte algo — la muchacha siguió mirándolo, así que Bankotsu prosiguió —. Yo… sé que para ti debe ser difícil pensar en el futuro, pero es algo real y bueno… no estarás toda tu vida aquí, o eso espero — el muchacho suspiró —. El punto es que… me gustaría proponerte algo… si quieres, claro.

Sango ladeó la cabeza, un poco intrigada. Luego, con una sonrisa asintió, animando al joven a seguir con su idea.

Bien, yo… a mí me gustaría que te casaras conmigo y viviéramos juntos.

Sango se sorprendió: sabía que Bankotsu sentía algo más por ella, pero ¿casarse y vivir juntos después? Ella lo quería mucho, pero no sabía si podría ser su esposa. Además, después de todo lo que estaba viviendo, y de lo que seguramente viviría durante los siguientes años, nos sabía si querría casarse con alguien, no se sentía digna de entregarse a alguien así…

Bankotsu vio las dudas en la mente de Sango, vio su expresión de temor y entendió que eso era algo difícil para ella, complicado.

Ban… no es que no te quiera, yo te adoro, pero — Sango suspiró, cabizbaja —. No sé si seré la adecuada para ti cuando llegue ese momento. Hoy no me siento digna de nadie y supongo que lo comprendes… y además, puede que hayas encontrado a alguien más apropiada en ese entonces…

Está bien, lo comprendo — Bankotsu sonrió, tomándole sus manos —. Pero, si ninguno de los dos tiene algo cuando llegue ese momento, y si tú estás de acuerdo, podríamos intentarlo, ¿no?

Sango asintió, un poco abrumada por el inmenso cariño de su amigo. Bankotsu se puso de pie y tomó la bandeja, dirigiéndose a la puerta.

Sólo te diré algo — dijo, antes de salir de la habitación —. Te protegeré, te cuidaré y haré que te sientas lo mejor posible en este lugar. Me encargaré de que nada malo te suceda. Ahora, descansa.

Y salió de la habitación. Sango lo observó, sonriendo. Por lo menos había conocido a una buena persona en ese apestoso lugar… /

Llegamos a la casa y un hombre de azabaches cabellos y ojos marrones nos recibe y nos conduce a una habitación, mientras le explica a Bankotsu que pronto nos dirá en que consiste todo y que esperemos en ese lugar hasta que él nos avise. Suspiro, sintiendo que los nervios me van a ganar.


"InuYasha miraba con curiosidad la fotografía familiar, fijándose especialmente en la hija mayor del matrimonio. Cabellos azabaches un poco alborotados, ojos expresivos de color marrón y tez rosada. Le parecía atractiva, aunque no sabía aún cómo era su carácter. Tomó asiento nuevamente en el sofá y esperó.

Sesshoumaru carraspeó para llamar su atención e InuYasha lo miró un poco molesto, arreglándose la corbata. Odiaba vestir de traje, pero su hermanastro había insistido en que esa era la mejor forma de presentarse ante la familia Higurashi.

De pronto se abrieron las puertas de la sala e ingresaron una pareja de aproximadamente 50 años y su hija, una muchacha de cabellos azabaches que llevaba un sencillo vestido azul. Le sonrió a InuYasha, mientras él se sonrojaba levemente, devolviéndole el gesto.

— Muy bien, supongo que tú debes ser el joven InuYasha, yo soy Higurashi Yamato y ella es mi esposa, Kaori; y nuestra amada hija, Kagome — el hombre hizo las presentaciones, con una fría sonrisa que incomodó al joven aludido.

— Un placer, señor Higurashi — respondió, aún un poco perturbado por esa sonrisa.

Comenzaron a charlar sobre negocios y otras cosas sobre las que InuYasha poco sabía, así que él se acercó a la joven Kagome e intentó entablar conversación con ella, aunque se dio cuenta al poco tiempo que la muchacha no le agradaba: lo exasperaba porque era demasiado acelerada, gritona y, al parecer, inmadura. Suspiró suavemente, deseando estar en su casa en esos momentos.

Luego de unos minutos, el timbre de la residencia sonó y posterior a eso, ingresaron 2 muchachas y un joven a la sala, los tres vestidos elegantemente. InuYasha los observó, casi sin poder creerlo…

Y por parte de los recién llegados también pudo notarse la sorpresa: el muchacho y una de las chicas quedaron mirando fijamente al chico de plateada cabellera, casi con la boca abierta.

— Bien, nuevamente me toca hacer las presentaciones — anunció el señor Higurashi, mientras se acercaba a los recién llegados —. Ellos son Sesshoumaru Mahler y su hermanastro, InuYasha; esta bella señorita es Murakami Koharu, su prometido Miroku Vorobiov y ella es…

— Kikyou… — Murmuró InuYasha, mirando a la aprendiz de modelo como anonadado.

— InuYasha… — Kikyou le sonrió, un poco sonrojada.

Los presentes ajenos al gran rencuentro no entendían porque Miroku, Kikyou e InuYasha se miraban de esa forma, como si no diesen crédito a lo que estaba pasando.

— Creo que han sido unos cuantos años desde que estuvimos los 3 juntos — dijo Miroku, rompiendo el silencio que se había generado en la sala.

— Exacto, pensé que…

— No nos volveríamos a ver.

Los tres sonrieron de pronto, al parecer alegres, y se abrazaron con cariño. Como la familia Higurashi no parecía entender aun lo que había pasado, Sesshoumaru y Koharu les explicaron que eran viejos amigos – o algo más – que hacía tiempo no se veían.

Luego de unos minutos, el señor Higurashi se aclaró la garganta y los invitó a la mesa, interrumpiendo el reencuentro y dirigiéndolos al comedor. Se sentaron y comenzaron a servirse la cena, mientras Koharu, Sesshoumaru y Yamato hablaban de negocios, Miroku, InuYasha y Kikyou se ponían un poco al día en sus vidas. Un poco molesta con ese "imprevisto", la prometida de Miroku volvió a interrumpirlos para que hablaran sobre el proyecto que los había convocado. Miroku regresó a su semblante serio de empresario y comenzaron y discutir el proyecto, con el señor Yamato y Sesshoumaru explicando la idea principal y respondiendo dudas.

InuYasha refunfuñó en su asiento, rodando los ojos. Odiaba las reuniones de negocios y se aburría de sobre manera, y para colmo debía guardar silencio y fingir que le interesaba por respeto a su hermano y, a la que estaba seguro, sería su futura prometida. Chasqueó la lengua, probando un poco más de vino."

- 0 –

Siento bullicio al otro lado de la puerta, en la sala que es el comedor de la residencia. Paseo nerviosa por el lugar, tratando de recordar las cosas que he "aprendido" en estos años y esperando poder satisfacer a los clientes con su proyecto.

De pronto escucho algo que se me hace familiar, pero es imposible…

— Deben estarla pasando muy bien allí afuera, por esa forma de reír — murmura Bankotsu, acercándose a mí —. ¿Sucede algo? Es como si hubieses sentido a un fantasma.

— No, es que me pareció escuchar la risa de alguien conocido… — le respondo, aunque en realidad más que de alguien, es de un par de personas.

Intento escuchar mejor, pero no puedo, hasta que de pronto escucho una peculiar expresión de aburrimiento: "¡Few!" y un suspiro… InuYasha

Me acerco a la puerta que nos separa de la sala y observo por la mirilla, tratando de ver algo. Al principio no puedo distinguir a nadie conocido, pero de pronto veo unos cabellos plateados casi indomables que no pueden ser de nadie más. Sigo mirando, segura de haber escuchado a otra persona conocida, y veo una muchacha de tez blanca, ojos marrones y largo cabello azabache que se me hace familiar. Los observo detenidamente, mientras se comienza a formar un nudo en mi estómago hasta que distingo una profunda y seria mirada azul que jamás podría dejar de reconocer.

De pronto me encuentro arrodillada tras la puerta, muerta de miedo. No puedo salir con ellos ahí.

— ¿San, te encuentras bien?

Bankotsu se arrodilla a mi lado, preocupado. Lo observo con terror en los ojos.

— No puedo salir, Ban.

— ¿Qué dices? — Ban echa un vistazo por la mirilla y luego de un par de segundos, vuelve a mirarme. — ¿Es por ese tipo de ojos azules, el que fue a la casa hace unos días?

Asiento con mi cabeza y luego intento pensar en cómo explicarle algo tan grande si ni siquiera he sido capaz de contarle toda mi historia… pero con lo que sabe es suficiente. Suspiro, derrotada.

— No es sólo él, es… — trago saliva y lo miro a los ojos, con miedo. — Es que ahí afuera están InuYasha, Kikyou y Miroku…

Se queda observándome con la boca abierta, cuando de pronto del otro lado golpean y la voz del señor Higurashi da la orden de que debo salir. Cierro los ojos, sin saber qué hacer.


Bien, hasta acá dejo este chap, espero les guste y ya saben, dejen review para saber qué les parece la historia! Saludines a todos y espero que estén bien, ahora vuelvo a mis labores de madre y universitaria... mata-ne!