LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.
Capitulo 14. El sacerdote que Dios pago con corazones rotos.
Música.
-Runaway – Linkin Park
-The Small Print – Muse
-Read My Mind – The Killers
Sus ojos mostraron el dolor que provoque pero no pude encontrar el remordimiento en mí, me soltó lentamente dando pasos titubeantes hacia atrás, clavo sus ojos en los míos.
-¿Quién eres tú? – cuestiono completamente incrédulo, con una ultima mirada decepcionada dio media vuelta encerrándose en su habitación.
¿Quién soy yo? No tenía respuesta para eso.
Con un grito frustrado me encerré en mi habitación, comencé a aventar todo sin importarme que era, tire mis libros lejos viendo como se deshojaban y caían, la lámpara a lado de mi cama cayo haciendo haciéndose pedazos, abrí mi closet jalando la ropa y tirándola al piso, patee la silla frente al tocador y con un brazos quite todo de encima.
Respire profundo, rodé los ojos y me tire de espaldas en mi cama con los brazos extendidos.
Después de descargar todo podía pensar fríamente, Jasper y los recuerdos de Edward me hacían tener sensaciones extrañas dentro de mí. Cuestionarme el cómo estaba actuando, el porqué de las cosas, me hacían querer detenerlo y no podía permitirlo.
Porque permitirlo significaba sentir, y sentir significaba dolor y odio, y eso era capaz de regresarme al comienzo de todo. A la estúpida persona llena de compasión y tristeza de antes, no quería serlo de nuevo.
Porque si lo era entonces los perdonaría. Y al perdonarlos no tendría odio en que concentrarme para mantenerme fuerte y solo podría pensar en cuanto daño les hice.
Pude escuchar el rechinar de la puerta al ser abierta, no abrí los ojos, era la tercera noche que hacia esto.
Y la tercera noche que fingía dormir.
Se posiciono a mi lado arrodillándose, lo sentí suspirar y después el temblor de la cama con sus sollozos. Seguí fingiendo. Después de unos minutos, se tranquilizo, su respiración se volvió acompasada y supe que las lágrimas habían terminado. Acaricio mi mejilla suavemente tratando de no despertarme, quise moverme incomoda pero no lo hice.
-No sé cómo se supone que haga esto sin ti, pero tú puedes hacerlo sin mí. Probablemente lo que dijiste sea verdad, nunca podre superarla. Merezco todas las cosas que me dijiste, Bells. Porque yo te hice esto, fue por mí que todo esto comenzó. Y me siento tan culpable de no poder decírtelo cuando estas consciente pero tú no quieres escuchar y no te forzare a nada de nuevo, lo siento tanto.
Había tanta sinceridad y arrepentimiento en su voz, había algo que me hacia querer detener eso, pero no encontraba el incentivo suficiente. Seguí escuchando su monologo.
-Eres mi mejor amiga, eres mi puerto seguro… o lo eras. Ya no estoy seguro de nada, ¿Cómo puedo estarlo? Arruine lo único bueno que me quedaba. No puedo culparte del todo por como estas actuando respecto a mí. Sé que no quieres escuchar esto, en realidad no lo estás haciendo, pero Edward no es culpable. Aunque yo no soy quien para explicarte las cosas, y aunque lo hiciera tu no me creerías. Solo espero que recapacites y no sea demasiado tarde. – Dejo un suave beso en mi frente. –Aun puedes arreglar las cosas – Susurro en mi oído.
Escuche el movimiento que hizo al levantarse, abrí mis ojos en la oscuridad y parpadee para enfocarlo. Levanto la silla que estaba en el suelo y se sentó en ella frente al tocador.
Saco un frasco de pastillas de su pantalón y lo sostuvo entre sus manos un largo tiempo, observándolo siempre observándolo. Lo abría y cerraba. Una y otra vez. Puso unas cuantas pastillas en su mano, respiro profundo y metió todas en su boca.
Hizo muecas extrañas al pasárselas, recargo su cara en sus manos y sus codos en sus rodillas. Comenzó a toser fuertemente y corrió al bote de basura de a un lado, escuche como dio arcadas mientras vomitaba todas las pastillas que había ingerido, seguido de sollozos profundos.
Seguí fingiendo.
Era la tercera vez que hacía lo mismo.
Estaba buscando a Jacob para irme del instituto, no tenía ganas de estar aquí realmente y el era una buena distracción… para un rato solamente. El muy idiota no aparecía por ningún lado, busque en el gimnasio, el comedor, los casilleros y nada.
Parecía que tendría que quedarme por lo menos el primer periodo antes de toparme con él y arrastrarlo lejos de aquí, era gracioso como se indignaba cada vez que el me buscaba y yo lo mandaba al diablo pero si yo quería el estaba ahí todo el tiempo.
Era como una mascota, pero definitivamente no una que llevaría a mi casa. Si por él fuera no saldría de mi cama, pero no tenía ni la más mínima intención de acostarme con él. Ni siquiera de llevar las cosas más lejos de solo besarnos y saltarnos algunas clases.
Eso debía tenerlo muy claro por su propio bien. Ya me había encargado de recordárselo cada vez que salíamos, lo haría de nuevo si fuera necesario… en cuanto logre encontrarlo.
Habían pasado dos semanas desde la desaparición de Edward, no había pensado en eso hasta que la zorra de Jessica me lo recordó.
-¿Qué haces aquí? Creí que estarías llorándole a Edward. – Su voz nasal y su tono altanero me pusieron los pelos de punta.
-Eso a ti no te importa – Seguí caminando dispuesta a ignorarla pero no me dejo.
-Me contaron que nos viste en la fiesta de Ben – Siguió insistiendo – No quiero decir que te lo dije, pero lo hice. El fue mío, lo es de nuevo y si yo decido dejarlo otra vez, te aseguro que volverá a mí. – Me gire quedando frente a ella, le sacaba media cabeza de altura así que sería más sencillo intimidarla.
-Puedes hacer lo que te venga en gana, Jessica. A mi déjame en paz, anda, ve de zorra con cualquiera al fin y al cabo solo para eso sirves. – Abrió su boca indignada y sus ojos brillaron de furia, yo me estaba divirtiendo finalmente.
-Mira, maldita perra… -Comenzó, le di la espalda y levante mi dedo del medio. Dio un gritito bastante agudo y yo reí alejándome de ahí. Pero mi risa se detuvo en cuanto llegue a mi casillero, aun estaba aburrida. Comencé a sacar mis libros cuando una voz a mis espaldas me llamo.
-Bella. – Me tense y mi respiración se corto. Pero nada más paso, el corazón no se me acelero, no hubo enojo, ni indignación, ni tristeza, nada.
Me gire lentamente, vestía unos pantalones ajustados de las caderas, una camiseta azul marino, sobre un suéter negro con gorro y su cabello despeinado, lucia ojeroso, un poco más delgado y demasiado pálido para ser normal. Sus ojos verdes brillaban con algo que no supe descifrar. A pesar de todo era jodidamente hermoso.
-Edward – Salude con un asentimiento de cabeza, cerré mi casillero y me encamine a mi siguiente clase.
-Espera – Dijo sosteniendo mi mano, tire de ella bruscamente lo herí con mi acción pero aunque no sentía nada, tampoco quería nada que ver con él. –Necesitamos hablar.
-¿Sobre qué?, ¿tu infidelidad? – Una sombra cruzo su rostro. –No te preocupes, ya lo supere.
-No es así, déjame explicarte lo que paso… - Intento sostenerme la mano de nuevo pero retrocedí.
-No me toques. Escucha Cullen, está bien. Lo comprendo, la zorra de tu ex novia te busco y no pudiste resistirte, para ser justos ella me advirtió que caerías. Esta completamente claro, Edward. – Paso una mano por su rostro claramente frustrado, fruncí el ceño.
-¡No fue así!, ¡Yo no quise hacerlo! – Grito - ¡Eso no fue lo que paso!
- ¡Eso fue lo que vi! – Fue mi turno de gritar – Además, eso suena a algo que dirías si las cosas hubieran pasado exactamente de esa manera.
-Amor, por favor, no hagas esto. Necesitamos hablar y aclarar todo, hay una perfecta explicación para esto. No destruyas esto. – Sostuvo mi rostro entre sus manos a pesar de mi esfuerzo por qué no me tocara. –Tienes que creerme, te quiero. - Sus ojos verdes conectados a los míos me recordaron todas las palabras que él me había dicho, cada uno de los gestos, cada abrazo, pero – de nuevo – el recuerdo suyo con Jessica lleno mi mente de fuerza y resolución.
-Edward – Suspire, poniendo mi mano en su mejilla, recostó su cabeza contra mi mano – Yo no nos destruí. Tu lo hiciste – Dije separándome completamente de él, sus brazos cayeron a sus costados. -Te creo, pero ya tengo suficiente drama en mi vida como para agregarle novias neuróticas.
Lo deje ahí, inmóvil en medio del pasillo y camine dándole la espalda.
-Por cierto, terminamos – Grite, eso lo saco un poco de su ensoñación y me dio una mirada perturbada.
El resto de la mañana hasta el almuerzo fue aburrido, clases que no me interesaban, profesores a quienes no les importábamos, personas que no soportábamos y aun así todos los soportamos con sonrisas hipócritas en nuestras caras. El instituto apesta.
Entre clases, le mande un mensaje de texto a Renee, debía darle señales de vida para que no estuviera molestando por teléfono como tenía por costumbre. Charlie era un poco más serio y menos atolondrado, con un mensaje de texto se calmaría.
Durante el almuerzo Jasper se sentó junto a mi sin decir una palabra, lucia deprimido, grandes ojeras cubrían sus ojos, el cabello despeinado y revuelto, la ropa arrugada y sus ojos sin vida. No es que antes se preocupara mucho por su apariencia pero por lo menos intentaba verse presentable.
Lucia como los primeros días después de la muerte de Alice.
Patético, pero sincero.
Edward se presento tiempo después sentándose junto a Rosalie y su hermano, había cierta ansiedad en como actuaban ellos dos respecto a Edward. Cinco minutos después entro Jessica con el pelo un poco despeinado, las mejillas ruborizadas y una sonrisa idiota en su cara. Reí sorprendida, vaya que Edward podía ser patán y sínico.
Edward giro su mirada hacia mí y vi como se levantaba rápidamente, tome a Jasper de la mano en cuanto note sus intenciones.
-Salgamos de aquí – Dije. Sin esperar respuesta tire de su mano arrastrándolo hacia la salida aunque él no parecía notarlo, lo conduje hacia el bosque un poco profundo, ya averiguaríamos la manera de regresar.
Me coloque contra un árbol cuando note que aun sostenía su mano, solté mi agarre rápidamente pero Jasper volvió a tomarla más firme esta vez. Alce mi mirada dispuesta a reclamar pero los ojos torturados de él me detuvieron.
Algo incomodo se instalo en mi pecho pero no me detuve a analizarlo, deje que se extendiera un poco, provocando una calidez nostálgica y una tranquilidad abrumadora.
-Estoy aquí – las palabras salieron de mi boca sin pensarlas siquiera. Asintió despacio cayendo de rodillas en el suelo, me arrodille junto a él.
Podía haber dejado de sentir pero aun recordaba, y Jasper era un depresivo crónico, se deprimía rápida y profundamente. No conocía a ninguna otra persona que sintiera más las cosas que él. Así que la muerte de el amor de su vida había sido un duro golpe para él, no podía culparlo yo había sido mas zombi que humano durante algún tiempo también.
Pude notar cuanto había querido que alguna de las tres noches anteriores las pastillas hubieran hecho efecto, pero no lo hicieron y no entendía por qué. Lo poco que pude ver eran las pastillas suficientes para dormir para siempre.
¿Por qué no funcionaron?, ¿Por qué no acabar con su miserable vida?, ¿debería ayudarle?
Pero, ¿a qué?
¿A morir o a seguir?
Era indiferente e insensible pero no una asesina.
-Volvamos a casa, Jazz – no dijo nada y –como si fuera un robot programado- me siguió al estacionamiento. Subió al asiento del copiloto y me dio las llaves en cuanto estuve a su lado sin dirigirme la mirada.
Conduje en silencio, mirándolo de reojo de vez en cuando, no hacía nada más que estar ahí, era incomodo. Tenía la mirada perdida en un punto lejano, y su mente aun mas allá, podía asegurar que estaba llena de recuerdos que lo querían atormentar y el luchaba por evitarlos.
Al llegar apague el carro pero ninguno se movió, mire a todas partes pensando en que decir pero no se me ocurrió nada.
Baje del auto y lo rodee para abrirle la puerta, tome su mano de nuevo sacándolo de su letargo, miro alrededor desorientado y después se enfoco en mi. Entramos a la casa y nos dirigimos a su habitación.
-Necesitas dormir.
Abrió la puerta y se dejo caer en la cama mecánicamente sin hacer absolutamente nada, suspire profundo y salí de ahí dirigiéndome a mi propia habitación. Ya había hecho mi acción del día.
Conecte mi Mp3 a la bocina subiendo el volumen, tome un libro que estaba tirado de camino a mi cama y me recosté en ella escuchando Invincible de Muse.
Cinco canciones después, la puerta de mi habitación se abrió haciendo que despegara mi vista del libro, Jasper apareció tras ella con los ojos llorosos.
Oh no, por favor. Se supone que debería estar en el quinto sueño. Sus ojeras, la debilidad y las visitas a mi habitación demostraban claramente lo poco que había estado durmiendo. Sobre todo el hecho de que había estado ingiriendo demasiadas pastillas y devolviéndolas todas en un rato. Eso debe cansar. No sabía que podía querer, ¿no lo había ayudado lo suficiente?
-¿Sabes porque siempre decía que The Beatles eran mejor que Muse? – pregunto, deteniéndose frente a mi cama. Lo mire fijamente, intentando averiguar porque me decía eso.
-¿Por qué lo decías?
-Por que admiro la manera en que defiendes lo que amas, supongo – contesto encogiéndose de hombros. – Bella, algo ha cambiado contigo, y no solo conmigo. Estas distinta, indiferente, parece que nada te importa… ya no eres tú. –Dejo caer unas lágrimas que resbalaron por sus mejillas y cerro sus ojos, volviéndolos a abrir después de unos segundos – Se perfectamente que lo que hice fue lo que te llevo a esto. Así que a partir de ahora te dejare en paz, como me pediste. Tu lo estas superando mientras yo estoy estancado aquí… Te quiero, Bella. Eres mi mejor amiga y el motor que me hace seguir. Estoy dispuesto a dejarte ir si eso es lo que quieres, ¿eso te haría feliz?
No supe que decir ante eso, ¿deja de ser tan dramático?, ¿si, eso me hace feliz?, ¿no me dejes?
Ninguna de esas opciones eran totalmente verdad ni totalmente mentira. Y, sinceramente, no esperaba este monologo cuando lo deje en su habitación hace rato.
Verlo ahí de pie, con los ojos abnegados en lágrimas, el corazón roto y a punto de hundirse hizo que el sentimiento que se había instalado en mi pecho creciera un poco más, expandiéndose a mis extremidades amenazando con consumirlo todo, pero no lo permití. Mantuve eso controlado, la cabeza fría y mi corazón intacto.
Aunque ahora importara menos, Jasper había estado ahí para mi antes de perder la cabeza, no podía dejar que se suicidara. Lo conocía y la idea había estad rondando en su cabeza los últimos días. Siendo objetivas viendo lo bueno y lo malo de hacerlo, no tenía nada que perder.
Sus padres viajaban lo suficiente como para no verlo, tenía amigos, cierto, pero parece que se olvidaron de él en cuanto se fue de Phoenix, su novia había muerto y yo, su mejor amiga, había terminado de romperlo.
Aun así, no quería que Jasper muriera. Simplemente había algo dentro de mí que impedía que la idea de dejarlo morir se abriera paso en mi mente.
Fije mi vista en el libro y lo cerré con un golpe sordo haciéndolo a un lado, me moví en la cama haciendo espacio.
-Ven aquí, Jazz. – dije, se quedo parado unos segundos mirándome solamente procesando el hecho de que no lo había sacado de mi vida como había ofrecido. Subió a mi cama acostándose en el acto, dándome la espalda, lo abrace y el enredo su mano con la mía. Recargue mi barbilla en su cabeza acariciando el dorso de su mano con mi pulgar.
-Estoy cansado – susurro.
-Lo sé - conteste. Parece que después de todo, mi buena acción del día no había terminado.
¡Hola!
Espero que les haya gustado, ya saben se aceptan opiniones de todo tipo. Los reviews, alertas, favoritos y todo lo demás son geniales chicas, me alegra que les este gustando la historia.
Muchas gracias por leer.
Misery.
