85. No me dejes caer

No estoy nerviosa, no estoy nerviosa ¡No estoy nerviosa? No sé ni como estoy. Sí, sí lo sé. ¡Estoy sudando como un pollo! ¿Quién me manda a ponerme un vestido con volumen en verano? ¿¡Por qué nadie me lo impidió?!

-¡Quiero unas toallitas! No aguanto mi sudor y quiero agua ¡Mucha agua! ¡¿Por qué nadie me trae nada?!

Estaba muy impaciente. Había cinco mujeres conmigo y ninguna hacía algo para tranquilizarme. ¿Qué clase de madre, suegra, amiga-diseñadora de mi vestido y damas de honor son?

-Hija, tú solo respira. No estás sudando-Mamá pasó su mano por mi brazo- ¿Lo ves? Solo que estás un poco caliente.

Um, esas fueron las palabras parecidas de Jake ayer, justo antes de hacerlo salvajemente contra el armario. Sí, somos como conejos, todo el día y a todas horas. Fue por eso que a Bree se le ocurrió la maravillosa idea de pasar al menos la última noche separados para "reservar" algo para la noche de bodas.

¿Entonces no quieres tener ese momento especial? Ese momento de querer estar con él y tener sexo hasta que os duela todo el cuerpo porque llevabais una eternidad sin hacerlo

Bree lo único que hacía era vivir una parte de la boda que nunca tuvo a través de mí. Y por eso convenció a nuestras madres de hacer una ceremonia previa a la boda solo con los amigos y familiares más cercanos. La odié, pero no se salió con la suya porque después de la visita nocturna de Jake dormí como un ángel acabado de ser poseído locamente. Igualmente tendríamos nuestro momento especial. Teníamos planeado ir de luna de miel a un lugar donde hubiera mucha nieve pero apartado. Nos la pasaríamos todo el día desnudos, las numerosas maletas solo sería un engaña tontos.

-¿Por qué crees que he pedido agua entonces mamá? Tengo mucha sed.

Mamá me pasó agua en un pequeño vaso pero yo cogí la jarra y bebí de ahí. Después me quité el agua de los labios con la mano. Por suerte era maquillaje de larga duración.

-Sigo con calor, sé que estoy sudando.

Me encontraba en una inmensa habitación de una inmensa casa en los pijos Hamptons, dudaba encontrar toallitas húmedas. Al parecer los ricos no sudan, están programados genéticamente para lucir perfectos siempre. Pero hice un esfuerzo y busqué por los armarios toallas pequeñas y cuando las encontré me las puse en las axilas para que denegaran el paso al sudor.

-¡Que alguien conecte el aire acondicionado! ¡Novia nerviosa y en apuros! ¿Qué nadie comprende eso?

Me hubiera puesto a llorar sino fuera porque se me correría el rímel.

-Renesmee, el aire acondicionado ya está puesto. Solo relájate-Sarah y mamá hicieron conmigo ejercicios de respiración.

-¡Hay 1000 invitados! ¿A nadie se le ocurrió decirme que me pasé con los ceros? 80 invitados está bien, también tiene 3 ceros.

-¿Tú querías dar la nota recuerdas? Yo te lo intenté impedir. ¿Y se puede saber donde ves los 3 ceros en el 80?

-El 80 tiene un ocho el cual tiene dos ceros uno sobre el otro.

Rosalie tenía razón, ella me lo intentó impedir cuando Rosalie, Cathy, Bree y yo estábamos haciendo la lista de invitados. Se cansaron de escribir tantos nombres y después de los dos cientos comenzamos a mezclar datos. Si Cathy estuviera aquí ella me podría tranquilizar pero le dio por ponerse a vomitar, ella realmente le tiene pánico a las masas de gente y decirle que habría cámaras y que saldría en internet y tal vez la televisión lo empeoró. Aproximadamente hace 10 meses anuncié en las redes sociales que Renesmee se casaba y algunos medios quisieron hacerse con las fotos de la boda. No vi por qué querían fotos ni tampoco el por qué no, así que los dejé.

¡Renesmee se casa! Y esta vez sí que es con el amor de su vida, será el 23 de agosto en Los Hamptons.

Me llegaron muchos mensajes preguntando quien era. Claramente nadie mostró interés nunca por averiguar quién era realmente Stella así que a las diez primeras personas que supieron que era yo los invité a la boda ¿Loco verdad? Quería que esa fuera mi última locura como Stella, la modelo.

Bueno, he recibido muchas preguntas sobre quien es Renesmee y bien os la responderé. Soy yo, es mi verdadero nombre. Stella solo era mi nombre artístico. Y con esto me despido. Voy a dejar el mundo de las pasarelas y voy a volver a mi verdadero mundo. Me gradué en medicina hace dos años y mi vida ha cambiado bastante en estos dos meses gracias a mi futuro esposo Jacob Black. Sí, mi primero prometido y el último. Si queréis hacer apuesta de que no me casaré o de cuanto duraré realmente no me importa. Pero tened en cuenta que no todos podemos ser tan perfectos como las personas que critican aunque de estas personas sepas secretos innombrables. A los que me seguís os digo que no cerraré esta cuenta en Instagram y que seguiré diciendo vuestro gurú de la moda, tal y como me llamabais algunas.

Se despide, Stella (Renesmee)

-Mi cuello está sudando, odio este peinado.

-Bien pues no te puedes quejar a la que te lo hizo porque se está dejando las tripas en el baño. Nunca había visto a una persona con tanto pánico escénico. Creo que ni una embarazada vomita tanto. Por suerte yo con Romeo no vomité.

-Pero tenías una cara de muerta absoluta durante el primer trimestre.

Cathy salió con una toalla mojada pasándosela por la cara.

-Veamos, ¿Que problema tiene la preciosa novia con el peinado que le he hecho?

-Está todo hacia atrás y me hace dar calor en el cuello.

Cathy me giró intentando tener cuidado con mi vestido. Elevó la zona del cabello y sopló ahí.

-Ya está. Si tienes más calor te aguantas.

Me senté en la cama refunfuñando. Cathy se dirigió a la ventana y luego me miró a mí sonriendo.

-El novio ya se fue.

Me puse más nerviosa. De aquí diez minutos tenía que marcharme para empezar con la gran ceremonia. Me dirigí al espejo para echarme una última mirada.

Mi vestido era todo lo que quería, era como si Alice hubiera entrado en mi mente y hubiera sacado mi vestido ideal de ahí. Era todo lo que yo deseaba.

Empezaba por un escote en palabra de honor y con bordados plateados en esa zona. Era ceñido y un poco arrugado elegantemente luego se iba arrugando un poco hasta crear un bonito vuelo con algunas flores y como si me lo estuviera subiendo, se veía un bordado blanco brillante. El vuelo también tenía arrastre y eso me gustaba. No era un vestido blanco, era más bien beige cortado. Contenía volumen, estrechez, un buen escote, bordados… Era perfecto.

Mi peinado era un dos por uno. Era un recogido hecho rizos hacia atrás, sujeto con una pinza de pequeñas flores blancas. Luego, después del sí quiero, para estar más cómoda me lo podía soltar y reemplazar la pinza de flores por una rosa rosa a un lado.

-¡Me muero de ansias! En quince minutos mil personas podrán ver mi maravilloso diseño. Eres mi musa perfecta, no como otras, que no querían un vestido tan voluminoso-Se quejó Alice de Rosalie- ¿Qué clase de novia no quiere eso?

-Yo-Respondió Rosalie.

Yo me moría de nervios.

Salí de la casa y caminé con paso rápido hasta la zona donde estaba el helicóptero. Sí, un helicóptero. Quería hacer una presentación muy notoria y ahora lo único que quería era esconderme. Lo peor es que iba a ir sola ahí subida acompañada por dos desconocidos: el piloto y el copiloto.

-Nos vemos en unos minutos cariño. Todo saldrá bien.

Asentí y suspiré. Mamá me dio un beso en la frente y me despedí de ella. No las volvería a ver hasta dentro de media hora o más. En cuanto se alzó el vuelo yo no hice otra cosa que pensar en estos meses, comenzando con mi vuelta a Seattle.

-Adivina dónde estoy-Le dije a Bree a través del teléfono.

-No lo sé, yo estoy limpiando cacas.

-Pues yo estoy en Seattle con Jacob y nos vamos a casar.

-¿Has escuchado eso Romeo? ¡Se han reconciliado! Vaya eres extraña, te han tenido que secuestrar para que recapacitaras. ¡Pero que más da! Romeo, hoy tendremos que pasar de la ducha por unas horas ¿Dónde estás?

-Cerca de Matt.

-¿Estáis en su hotel hospedados? Voy ahora mismo. Llamaré a Cathy, ya habrá salido.

Mientras ellas venían yo continué dándome un relajante baño con mi futuro marido y observando mi nuevo anillo del tamaño de Júpiter. Espera no, del Sol.

Cuando ellas llegaron yo ya estaba completamente arreglada. Al abrir la puerta una avalancha de abrazos vinieron hacia mí, también hubo piernas. Bree se había enrollado a mí como una serpiente. Enseguida echaron de la habitación a Jake para tener una noche de chicas y un bebé. Quería pasar tiempo con Romeo, se me hacía irresistible no estirarle los mofletes. Al día siguiente nos reunimos con los amigos de Jake y lo primero que hice fue acariciar suavemente la nariz de Embry con mi puño. Eso le pasaba por criticarme e insultarme, lo soportaba de desconocidos porque eran famosos y no quería dar más escándalos. Bueno, le había dado un puñetazo a cierta famosa pero era por tener la boca muy sucia.

-¡¿Estás loca?!

-Tarde o temprano alguna mujer te iba a romper la nariz ¿Quién mejor que ella?

Quil se lo tomó con humor y me dio un abrazo de bienvenida. Jake ya le había informado de todo y quería que preparara a Embry y Paul. Jared no era problema.

-Bien, así que Jacob y tú… otra vez ¿Seguirás con tu vida de diversión?-Me dijo Paul. Era tan parecido a su novia, la prima de Jake, Rachel. Al principio fastidioso como un mosquito pero luego… solían ser amables.

-Así que… ¿Quieres una operación en la nariz?

-Bromeaba.

-Yo no. Bueno sí lo hacía.

Un cosquilleo debido al descenso me trajo nuevamente al presente.

-Señora Black, ya estamos llegando.

Asentí agitadamente. Saqué aire repetidas veces al ver el paisaje que se me presentaba desde abajo. Había demasiada gente, había demasiado colores, había demasiados flashes ¡¿Cómo era posible que los viera desde aquí?! Espera, no los estaba viendo. Me los estaba imaginando pero seguro que ya habrían tomado un centenar de fotos.

El copiloto me ayudo a quitarme el cinturón mientras papá me esperaba en la puerta.

-Hay demasiada gente, hay demasiada gente ¡Hay demasiada gente!

-Princesa, fuiste tú quien elegiste el número de invitados.

-Porqué estaba loca y estado post-diva acapara atenciones.

-Yo siempre te he dicho que te veía mejor con un doctor ¿Nunca pensaste en tu amigo? Dylan.

-Dylan y Cathy están en un vaivén.

Cogí tanto aire como para llenar un tanque de buceo.

-Me voy a casar, me voy a casar ¡Me voy a casar! ¿Dónde están mis damas de honor?

-Esperando a que les de la señal.

Solo sería media hora, después… después seguirían todas las miradas puestas en mí. Pero lo importante es Jake, él y nadie más.

-Dales la señal.

Papá me sonrió y me ayudó a salir del helicóptero.

-Estás preciosa, me alegro poder llevarte al altar.

Papá a pesar de quejarse, le encantaba la idea que me fuera a casar con Jake. Él sabía que no había nadie mejor para mí. Aun así, me sentía un poco avergonzada por mi comportamiento anterior cuando estaba cerca de papá.

La música nupcial comenzó a sonar y algo me decía que tardaría mucho tiempo hasta llegar a mi objetivo. Veía a mis damas de honor vestidas de lila, del brazo de los ¿Caballero de honor? No sé cómo se llaman los chicos que las acompañan. Yo solo centraba mi mirada en dirección recta pero desde mi punto de vista podía ver a los fotógrafos desplazarse para captarme mejor. Yo apreté fuertemente la mano de papá.

-Tranquila, todo está bien.

-No me dejes caer.

-Nunca.

Avancé con más seguridad y cuando mis damas de honor se hicieron a un lado, yo sonreí ante la visión de mi guapo esposo esperándome.

Esposo…

Era una palabra muy imponente a la cual yo se la iba supuestamente a dar a cinco desconocidos. Cuanto me alegraba que mi locura no hubiera llegado a más. Cuanto me alegraba del rechazo de Fray… y me volvía alegrar de nuevo su rechazo de la invitación de mi boda. Otra vez la Super Bowl se interponía entre nosotros pero esta vez sí me alegraba.

Jake estaba tan guapo, era como si millones de cupidos nos estuvieran lanzando millones de flechas y me estuviera enamorando un millón de veces aún más. Me iba a casar con el hombre de mi vida. Me sentí en el cielo cuando papá me entregó a Jake. Una gran sonrisa lució en nuestros rostros y ahí, nos quedamos nosotros dos solos.

El padre habló y habló yo solo asentía y repetía lo que me decía. Incluso cuando llegó la hora de decir los votos estaba absorta en sus oscuros ojos. Sabía que estaba hablando pero yo apenas lo escuchaba por estar perdida en su mirada.

-…Sé que somos una pareja de locos y si algún día te tengo que secuestrar no lo dudes que lo haré.

Escuché unas breves risas de fondo.

-Pero tenlo por seguro, siempre te amaré seas una diva egocéntrica, una mujer demasiado imaginativa hasta límites insospechables o una tímida niña. Siempre serás mi Nessie.

Miraba a Jake con adoración, no existía nada más en esos momentos. Ni los mil invitados, ni los flashes que ahora sí notaba… nada.

-Renesmee, los votos-Oí al padre decir.

Miré por un segundo al padre y luego volví a mirar a mi novio. Abrí levemente los labios pero no me acordaba. Me había olvidado de mis votos. Pero no me hacía falta un trozo de papel para declararle mis sentimientos. Comencé a hablar y hablar hasta que acabé concluyendo

-…Sé que no soy la persona más normal del mundo, ni tengo una mentalidad muy estable, sé que soy paranoica e insegura. Pero por eso te amo con locura. No hay nada mejor que un loco amor que nos durará para los próximos cincuenta o sesenta años.

Cuando llegó la hora del beso, no hubo tos o aplausos que nos pararan. Y después, a la hora del vals, no hacía más que bailar y bailar con mi esposo. Sí, al fin Jake y yo éramos marido y mujer.

-Sabes que ya no te podrás librar de mí nunca de los jamases-Le dije al oído.

-Sabes que tú tampoco te podrás librar de mí, ¿Verdad? Eres el contrato al que nunca le quiero poner fin.

-Eso fue muy romántico.

-Lo fue, sí.

Descansé mi cabeza en su hombro y me quedé mirando a las demás parejas bailar. No muy lejos de nosotros estaban Embry y Cathy bailando o más bien hablando muy juntos. Justo a su izquierda estaban Dylan y Dana bailando, me alegró mucho que pudiera venir a mi boda.

A la hora de tirar el ramo… la afortunada fue Cathy. Realmente era la afortunada porque entre las trescientas mujeres solteras que había, la probabilidad que la cogiera estando ella entre las cincuenta primera, era poca.

Pero a pesar de todo. Mi boda fue la mejor que pude desear, vale, tal vez me pasara con los invitados pero quería que todos pudieran verme después de tanto tiempo feliz.

-Señora Black, es la hora de irnos-Me dijo mi esposo.

-Señor Black, será un gusto.

Lo mejor de después de la boda, era la luna de miel. La íbamos a pasar en un paraíso blanco solos y a solas. El destino, Islandia, la isla de hielo. Lo más normal era que hubiéramos elegido un destino playero pero a ninguno de los dos nos apetecía eso.

Y elegir Islandia fue lo mejor, los paisajes me dejaron deslumbrada, sus extrañezas geográficas eran maravillosas. El tiempo que estuvimos ahí, hubo una semana entera de sol, cosa extraña por ahí. Pero era fantástico estar en piscinas termales naturales, junto a montañas nevadas y un radiante sol. El único momento en el que no estuvimos a solas fue cuando fuimos al Blue Lagoon.

¿Lo más espectacular? Estar casada con el hombre de mi vida.

Las auroras boreales, aunque fascinantes, no tenían comparación con la felicidad que me invadía cuando estaba con Jake.

EPÍLOGO

-Vamos, pequeña valiente. Tú puedes, no pienses en la inyección.

La rutina diaria, una cita con pequeños, adorables, a veces chillones pero encantadores pacientes. Hoy me tocó sacar sangre pero cuando vi el líquido rojo llenar el frasquito, me mareé. Me concentré en alguien que tocaba la puerta y luego en sus pasos.

-Renesmee, hoy los turnos se han modificado. Esta tarde no trabajas pero mañana por la noche sí.

Asentí dejando el contenido de la aguja en un frasco, mis manos temblaban, se me hizo algo difícil el trabajo.

-Muy bien, valiente. Ten tu caramelo.

Las despedí y respiré para intentar quitarme las arcadas pero no lo lograba.

-¿Estás bien? Te noto pálida.

-Sí Dylan, estoy…

Pero otra ronda de nauseas me entraron. Salí corriendo hacia el baño, abrí la taza, me arrodillé y vomité.

Me quejé por el dolor de barriga que me entró al parar de vomitar.

-Pues yo creo que no estás bien. ¿No te habrás pasado comiendo los pasteles de la cafetería?

-No, fue ver sangre…Oh.

Volví a vomitar dejando todo mi desayuno, cena, comida, otra vez desayuno y otra vez la cena.

-Eso no parece normal. ¿Es la primera vez?

-¿Vomitar lo que he comido durante una semana? Claro que sí, lo hago siempre ¡Es la nueva moda!

-Vale, no te alteres. Seguro que solo es una pasa. Oí que por Noruega estaba pasando una pasa. Tal vez te hayas contagiado.

-Estuve ahí para las vacaciones de primavera. Eso fue hace dos meses. Dudo mucho que fuera eso. Estuvimos los dos aislados y sin nadie, todo nieve. Solos. Oh Dios ¡Oh Dios!

Me levanté tan rápido que me mareé, por suerte Dylan me cogió.

-¿Qué pasa?

-Dos meses… un mes…yo vi…

Me tapé la boca con las manos y me reí.

-No, prefiero no adelantar acontecimientos.

-Nunca he entendido eso de las mujeres de hablar solas. Cathy hace lo mismo y luego espera que haga cosas que nunca ha dicho pero que según ella sí.

-Así somos. Tengo sed ¿Vamos a la cafetería? Quiero mucha agua.

-¿Estás segura? Hace poco estabas dejando tu vida ahí abajo.

-Sí, vamos que seguro que Bree nos espera.

Fuimos a la cafetería a pesar de la cara rara de Dylan. Cuando nos sentamos Bree estaba comiéndose un buen bol de ensalada de frutas.

-¿Y el pastel? ¿Dónde lo has dejado?

-Me resigno a engordar durante este embarazo. Lo único bueno es que mi talla de sujetador ha aumentado.

Bree iba a principios del segundo trimestre, era el segundo y se llevaría unos tres años de diferencia con Romeo.

-Hablando de sujetadores ¿Qué le piensas comprar a Cathy por vuestro aniversario de boda? Ya se acerca.

-Quedan dos meses.

-Un mes tres semanas y cinco días-Repuso Bree.

Dylan y Cathy, a pesar de sus idas y venidas establecieron una relación seria y madura. Ya, claro. Son como dos adolescentes ese par, desde que están casados Dylan acapara toda la atención de Cathy pero le comprendo, le costó lo suyo conseguirla. Dentro de poco harán dos años de casados.

-Ya vuelvo-Les dije.

Me levanté y pedí dos vasos de zumo de naranja, dos vasos de batido de fresa y una botella de medio litro de agua.

-¿Te vas a tomar todo eso?

-Tengo sed. Además si quiero saber con certeza mi estado es mejor que haga diversas pruebas y eso implica mucha orina.

-¡Enserio!-Bree pegó a la mesa emocionada- ¡Sí! Mi Romeo tendrá compañía aparte de la de su nuevo hermano.

-Repito que aún no sé leer la mente.

-Lo sabrás en la cena de esta noche, si no me equivoco hoy toca cena a lo grande.

Cada semana nos reuníamos con nuestros amigos, los míos y los de Jake, aunque era lo mismo. Éramos todos amigos. Todo empezó cuando por casualidad nos encontramos todos en un mismo restaurante y desde entonces iniciamos el rito.

Llegué a casa con tranquilidad intentando ser disimulada. Lo logré, Jake no notó nada. Lo único poco usual que hice fue pasearme por todas las habitaciones. Vivíamos en una gran y bonita casa cerca de la bahía.

Por la noche nos reunimos todos. Paul y Rachel, Quil y su esposa Claire, Jared y su novia Kim, Embry y… Dana, sí increíble fueron como una versión aún más apresurada de Matt y Bree, los cuales también estaban. Dylan y Cathy, Emmet y Rosalie y Jasper y Alice.

-Renesmee no ignores nuestras copas, es de mala educación-Me dijo Dana

-No quiero, gracias.

-Siempre eres la que más bebe. Eres la borracha del grupo-Continuó Embry.

-Me alegra el concepto en el que me tienes. Y no sigas que no voy beber. Ten Jake, toda tuya.

-¿Y después quien conduce?

-Tú, por supuesto.

Todos comenzaron a cantar un sonoro: bebe, bebe, bebe.

-Y yo que lo quería decir al final de la cena. Bien-Me giré hacia Jake y le besé en la mejilla- Felicidades, vas a ser papi.

Y así fue como nuestra felicidad aumentó aún más. Al menos durante las tardes porque por las mañanas me las pasaba vomitando. Siete meses después nació una preciosa niña, una maravillosa mezcla de Jake y mía. Cinco años después llegó un pequeño y revoltoso compañero para mi muy inquieta niña.

Tal vez alguien se preguntara … ¿Y qué pasó con Leah? Pues no sé gran cosa solo que no aceptó mi invitación a mi boda a pesar de que se la di en mano. Que gran satisfacción fue esa, ver su cara de odio, esa inmensa rabia…

Y finalmente la mejor parte. Yo era absolutamente feliz, tenía un trabajo que me encantaba, un estupendo esposo y mis dos maravillosos hijos que llenaban mi vida.

FIN


Bad people me siento triste, hoy despido finalmente este fic al cual le dediqué más de un año. Os agradezco a todas por vuestra paciencia y comentarios.

Infinitos besos, ladyvani.

Hasta otra.

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El vestido y peinado de Nessie (lo que me inspiró a escribir este capítulo)