IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son re Rumiko Takahashi. La siguiente historia es escrita sin fines de lucro.

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


Grito Silencioso
Capítulo XVII

"Al descubierto"

Espero junto a la puerta, aguantando la respiración. La habitación está en penumbras, iluminada por algunas velas que se encuentran más concentradas alrededor de la cama. Decidí prepararlo así para que fuese más difícil reconocerme, con poca luz. Escucho los pasos acercarse por el pasillo e inhalo, tragando un poco de saliva para humedecer mi garganta.

La puerta se abre e ingresa Miroku, entrecerrando los ojos para ver mejor con la poca luz. Cierro la puerta tras de él y delicadamente cubro sus ojos con mis manos.

— ¿Nedez…? — Su voz ronca llega a mis oídos de forma lejana.

— Así es. — Contesto, percibo una sonrisa torcida y también sonrío.

Lo empujo para que quede sentado en una silla a los pies de la cama, mirándome directamente con curiosidad, pasando sus ojos por mis curvas cubiertas y pronunciadas gracias al traje de látex. Comienzo a caminar alrededor de él, acariciándole suavemente de vez en cuando, mientras aflojo su ropa poco a poco.

Intento alejar recuerdos que tratan de llegar a mi mente cuando nuestras miradas se cruzan, en tanto voy deshaciéndome de algunas prendas. Cuando su torso queda desnudo y puedo apreciar su trabajada musculatura, me siento en sus piernas, de frente a él con mis propias piernas rodeándolo y, lo más traviesa que puedo en esos momentos, le dedico una sonrisa y comienzo a jugar con su hebilla.

— ¿Le gusta la silla o prefiere seguir en la cama…? — Pregunto, pasando suavemente mi lengua por su lóbulo derecho.

Siento sus cálidas manos en mi cintura, presionando con fuerza mis caderas contra las suyas, sus dientes mordisqueando mi lóbulo. De pronto, me toma con demasiada facilidad, llevándome hasta la cama; me arroja en el colchón y se posiciona sobre mí, comenzando a tantear la cremallera de mi ropa y, con suavidad, la desliza lentamente.

— Y bien… ¿qué puedes contarme de ti, Nedez? — Pregunta, mientras juguetea con sus dedos apartando la prenda perezosamente.

— Pues… prefiero ser un misterio, señor Vorobiov — respondo, sintiendo su tacto.

— No quiero que lo seas. — Una de sus ágiles manos se dirige a mi antifaz; logro reaccionar, haciéndonos rodar en la cama y quedando sobre él, afirmando sus manos.

— No sea tan impaciente, todo a su tiempo — murmuro, mordiendo suavemente su labio inferior.

Veo como sonríe maliciosamente, disfrutando el vaivén oscilante de la prenda libre del seguro agarre de la cremallera, dejando al descubierto la piel de mi tórax. Una de sus manos se libera de mi agarre y toca mi anatomía, arrastrando consigo el obstáculo de látex hasta eliminarlo; con deseo, pasa las yemas de sus dedos por mi espalda, la que arqueo como respuesta al contacto; aprovecha la reacción para acariciar mis senos desnudos y pellizcar los pezones con determinación. Suelto un gemido ante el acto, cerrando mis ojos y estremeciéndome. Aunque he estado con demasiados hombres para contarlos, jamás había sentido que mi piel se erizara de esta manera…

De pronto siento su respiración en mi cuello y adivino una sonrisa; una de sus manos masajea enérgicamente uno de mis pechos, y la otra, sin haberme dado cuenta, arranca mi antifaz con rapidez. Cierro los ojos, inspiro profundo y ruego que la penumbra y mi maquillaje me hagan irreconocible a sus ojos. Percibo como sus dedos dibujan el contorno de mi rostro con lentitud, y luego sus manos dejan de moverse y siento su mirada fija en mí.

— ¿Sango? — Su voz se escucha confundida, incrédula y temblorosa.

Abro los ojos, mirando los suyos fijamente por un par de segundos que parecen eternos: me ha reconocido y mi mirada acaba de comprobarle la realidad. Me aparta a un lado, saliendo de la cama y cerrando los puños con fuerza; yo busco mi prenda y me cubro, por primera vez en mucho tiempo, siento vergüenza.

Lo veo caminar de un lado a otro, sin decir nada, simplemente mirándome de vez en cuando y negando con la cabeza. No sé qué pasa por su mente, y tampoco estoy segura de querer saberlo, tengo miedo.

— ¿Miroku? — Murmuro después de un rato, la incertidumbre me está matando y sólo quiero que esto termine. Él me mira detenidamente y puedo distinguir decepción y rabia en sus orbes azules.

— No puedo creerlo — dice después de un rato, sin apartar la vista de mí —. No puedes ser tú. Simplemente, tú no eres la Sango a la que yo busco, ella jamás… — con un pesado suspiro, se acerca a mí y toma violentamente mi rostro con su mano diestra, clavando su mirada en la mía. — Jamás caería tan bajo.

Aparto su mano con un movimiento brusco de mi brazo, molesta. ¿Quién se cree que es para juzgarme así? Lo miro con odio contenido, mientras siento como algo se rompe en mi interior.

— Largo, no quiero volver a verte — le exijo, señalándole la puerta y dándole la espalda.

Después de unos minutos que parecen horas, escucho sus pasos alejarse y desaparecer por el pasillo junto con un portazo. Apago las velas y me dirijo a mi habitación, cierro con llave y me meto bajo las sábanas de mi cama, abrazándome las rodillas y llorando como no lo hacía desde que mi hijo muriera. Definitivamente he perdido algo grande e importante, tal como aquella vez…


"Salió apresuradamente, sin siquiera escuchar que alguien le hablaba mientras abandonaba el edificio; subió a su automóvil y golpeó con fuerza y rabia el volante. ¿Cómo era posible que su pequeña Sango, su delicada y tierna Sanguito, fuese una prostituta cualquiera? No importaba quiénes fuesen sus clientes, ni cuánto le pagaban, ni siquiera sí sus servicios eran especiales y exclusivos: de todas formas, vendía su cuerpo por dinero. Le dio asco pensar en cuantos hombres habría atendido la muchacha; quizá cuántas veces habría sido tocada, recorrida, besada y poseída por hombres que ni siquiera la merecían…

Negó bruscamente con la cabeza, apartando esas imágenes de su mente. Odiaba admitirlo, pero la chica ya no era la que él una vez conoció. Volvió a desquitarse con el volante, sin terminar de creerlo. Seguramente Kikyō lo sabía, por eso su reacción al saber que iría por los servicios de Nedez…

Arrancó el motor, conduciendo por caminos que ni siquiera notó, sin rumbo, sólo pensando en Sango, sus recuerdos y lo que acababa de pasar. Sencillamente, no quería admitir que el hecho le dolía en lo profundo de su ser: ansiaba encontrar a la muchacha e imaginaba historias de experiencias diversas, tal vez ella hubiese sido una profesional exitosa pues era muy inteligente, incluso podría ser alguien importante… Pero no, eso no iba a suceder, ella era una prostituta y nada más importaba. Ya nada más le importaba…"


"Al otro día…"

Sango, por favor, abre la puerta…

La voz de Bankotsu me llega lejana, como si yo no estuviera aquí. Abro los ojos y siento como arden, luego recuerdo haber llorado hasta cansarme, hasta quedar sin lágrimas, y noto nuevamente un nudo en la garganta y el vacío en mi pecho se hace más pesado. Me incorporo en la cama y me doy cuenta que aún estoy con las ropas de la noche pasada. Me las quito de un tirón y me pongo mi camisola junto con la bata de seda, para dirigirme a la puerta y abrirla lentamente.

— ¿Qué ocurre?

— Eso dímelo tú — responde Bankotsu, mirándome con cariño —. Vi a Vorobiov salir molesto anoche… ¿acaso él…?

Asiento con la cabeza, sabiendo a qué se refiere y recordando la decepción y rabia en los ojos de Miroku. Bankotsu me abraza con cariño y entra en la habitación cerrando la puerta tras de sí. Me observa unos segundos con ternura y descubro en su mirada que siempre estará para mí. Lo abrazo con desesperación, tratando de desaparecer y transportarme a otro lugar, otro momento, otra vida…

— San, si quieres hablar… — susurra suavemente, niego con la cabeza, simplemente quiero sentir que no estoy sola, que alguien me valora… — Está bien, pero Kikyō está aquí. Está preocupada, dice que ha intentado llamarte y no contestas…

Claro, apagué mi móvil antes de comenzar a prepararme para la noche anterior y ni siquiera me había acordado de su existencia. Asiento con la cabeza como por inercia y le pido a Bankotsu que lleve a Kikyō hasta mi habitación, mientras yo espero en la cama mirando unas cuantas fotos que tengo guardadas en una caja de zapatos bajo la cama. Ensimismada, me comienzo a perder entre recuerdos de cuando Miroku me miraba tiernamente, me cuidaba, me protegía, me animaba, me sonreía, me quería

— No te hagas eso — la voz de Kikyō me trae de vuelta al presente, reprendiéndome por mi actitud —. Tal vez Miroku, en el fondo, sigue siendo el mismo; pero por fuera ha cambiado, juzgando demasiado a la gente. No compares lo que sea que haya sucedido anoche con tus recuerdos de nuestra adolescencia. No creo que tengan mucho en común.

Guardo las fotografías nuevamente bajo la cama y la miro con tristeza. Ella se acerca y me abraza con afecto, entregándome con sólo ese gesto toda su comprensión y apoyo. Nos quedamos así un rato, luego le pido que se siente a mi lado y, con unas lágrimas rebeldes que escapan de mis ojos, le cuento lo que pasó la noche anterior. Me escucha atenta, no me interrumpe aunque en su rostro se forman expresiones de desacuerdo, molestia y una que adivino que es "¡Voy a matar a ese estúpido de Miroku!". Luego me toma las manos con aprecio y sus ojos me transmiten tanto amor.

— Ay, Kikyō, no sé que hacer… — murmuro luego de un rato. — No quería que esto pasara, no quería que él me encontrara de esta forma… Sí, anhelo volver a tener una vida normal, sin tener miedo de perder a alguien, o de ser lastimada, pero lo de anoche…

— Lo de anoche sólo fue una reacción equívoca de Miroku — replica Kikyō, apretando mis manos —. No puedes preferir seguir en esta vida sólo por eso… menos si fuiste obligada.

— No sé cómo podría salir, es decir… tendría que empezar de cero, en otro lugar, muy lejos de Náraku y de Renkotsu… y no puedo hacerlo. No tengo cómo.

Ella me mira detenidamente un momento, puedo adivinar cómo trabaja su cerebro ideando algún plan. Luego de unos segundos, sonríe sacando una agenda de su bolso.

— ¿No me habías mencionado que estudiaste contabilidad? — Me pregunta, mientras busca algo más dentro del accesorio.

— Eh… sí, pero sólo terminé la carrera, no he hecho práctica… — Le recuerdo, ladeando la cabeza con duda.

— Eso no importa, eres brillante y estoy segura que podrías obtener un buen empleo — me asegura, mientras saca una lapicera y comienza a anotar unos datos en una hoja de su agenda.

— Kikyō…

— No quiero oír ni un pero, ¿me escuchaste? Yo arreglaré todo, te aseguro que te irá bien. Sólo confía en mí, por favor — me mira con una brillante mirada astuta y suplicante a la vez —. Por favor, quiero que dejes de tener miedo.

Asiento con la cabeza, aún un poco dudosa con su desconocido plan, pero con un sentimiento renovado de esperanza. Luego de anotar algunos datos míos en su agenda, mira la hora y se disculpa, debe marcharse. La acompaño hasta la puerta y nos despedimos con un cálido abrazo.

La verdad, sin ella y Bankotsu, no sé que haría.


"Miró su reflejo y comenzó a probar distintos vestidos frente a su imagen. Se decidió al final por uno azul, de mangas largas y hasta las rodillas, que combinaría con un abrigo blanco marfil largo. Tiró la ropa en la cama y se sentó frente a su tocador y comenzó a peinarse delicadamente con el cepillo.

Oh, ese tipo con el que la habían comprometido era tan… altanero, egocéntrico y necio. No hacía más que hablar de sus amigos Miroku y Kikyō, de su trabajo - que no incluía los negocios entre su padre y su futuro cuñado, porque eso sí sabía, él odiaba los negocios - y sólo eso. Apenas si sabía qué le gustaba, con qué se entretenía. Muchas veces, había llegado tarde a sus citas por estar con sus amigos o en reuniones de trabajo, no parecía tener mucho interés en cultivar una buena relación con ella. Suspiró, apesadumbrada con la situación: lo peor era que a ella le gustaba, lo encontraba atractivo e interesante y sentía que el chico necesitaba cariño… pero ponía una barrera y así, no le gustaba para nada, menos si pensaba que iba a casarse con él algún día…

— Si tan sólo fueses un poco más atento…

Su móvil comenzó a vibrar, ella miró la pantalla del aparato, y extrañada, contestó.

— ¿InuYasha? ¿Sucede algo? — Preguntó, confundida. — ¿Acaso cancelarás lo de hoy?

No, claro que no… es sólo que… — la voz pareció titubear al otro lado de la línea. — ¿Puedes venir a mi casa? Es que recibiré una visita después del almuerzo…

— ¿Y por qué me citaste en un restorán entonces? — La situación la exasperaba.

Es algo de última hora… me acaban de llamar — respondió él, sin darle importancia —. Si no quieres, podemos cancelar para mañana…

— No, está bien, iré — respondió, con una sonrisa —. Así aprovecho de saludar a Kaede.

Sí, lo que digas… te espero.

Y la comunicación se cortó de repente. Ese muchacho la volvería loca algún día. Sólo esperaba que no fuese tan pronto como para arrepentirse de su precoz compromiso. Terminó de alistarse, trenzándose el cabello y vistiendo la prenda antes escogida. Se pintó suavemente los labios con un rosa claro y sus ojos los resaltó con un poco de rímel y delineador, sencillo. Luego se miró una última vez en e espejo de cuerpo completo que tenía en la habitación y salió rumbo a la casa de su prometido."


"La modelo salió un poco incómoda de la sala de reuniones. Había pensado que la primera reunión con los "inversionistas" del proyecto sería una demostración de lo que había aprendido esos días con Sango, pero pensó que sólo sería algo suave por ser la primera vez. Se sentía mal, la forma en que Higurashi, Sesshōmaru y otros nuevos interesados en el proyecto la habían observado le provocaba repugnancia. De pronto pensó que seguramente así se sentía su hermana al tener que trabajar de esa forma. Suspiró de forma molesta, luego sacó su móvil y vio en la pantalla que la habían estado llamando. Con una exhalación de pesadez, marcó de vuelta al número.

— ¿Kikyō, ya terminó la reunión? — Le preguntó la voz al otro lado, sin siquiera saludar.

— Sí, estoy bien, gracias por preguntar — respondió ella, un poco molesta.

— Perdón, es que… — la voz titubeó un poco antes de continuar. — No me siento bien. ¿Podemos almorzar juntos?

— Hum… — La peli negra lo pensó un momento, había quedado de ir a ver a InuYasha después de almorzar, pero si su amigo la necesitaba, podía atenderlo antes. — Está bien, pero sólo almorzar. Tengo que hacer después.

— Está bien… — Un segundo de silencio antes de que él se atreviera a preguntar: — ¿Te juntarás con ella?

Kikyō dio un respingo, sabiendo a que se refería su interlocutor. Suspiró, sin ocultar su ligero enfado con el muchacho.

— Eso no es de tu incumbencia, Miroku — respondió, cortante —. No hablaré de ella contigo. Ahora dime, ¿dónde almorzamos?

— En mi casa… — contestó desganado y sintiéndose culpable con las palabras de la chica. — No tengo ganas de salir.

— De acuerdo. Nos vemos en un rato — y cortó la comunicación.

Salió veloz del edificio, se subió a su automóvil y condujo hasta la casa del muchacho, pensativa. Estaba segura de que él le hablaría de lo ocurrido la noche anterior, de lo decepcionado que estaba de Sango y de lo molesto que estaba con ella por haberle ocultado la verdad. Frunció el entrecejo, un poco fastidiada: si su amigo fuera un poco más sensato a la hora de enfrentar situaciones así… Recordaba que él no solía juzgar a las personas por su profesión, pero si se trataba de alguien cercano, era muy cerrado. Sólo quería que cambiara de parecer y ayudara a Sango a salir de todo esto…

Se detuvo frente al portón de la casa y le indicó al portero su nombre para que la dejara ingresar. Hacía tiempo que no iba a la casa del oji azul, casi había olvidado los resguardos en seguridad que insistían los padres de Miroku en que él tuviera, dada la fortuna que recaía sobre su herencia. Suspiró levemente y avanzó con el automóvil hasta la residencia Vorobiov para luego ingresar a la mansión y encontrarse con su amigo.

— Kikyō, me alegro de verte — la saludó el oji azul, con un cálido abrazo.

— No sé si decir lo mismo — la muchacha correspondió el abrazo para luego separarse y observarlo meticulosamente —. ¿Qué pasó?

— Yo… — Miroku agachó la mirada, un poco ofuscado sin saber por dónde empezar. — No sé si sabes lo que pasó anoche…

— Sí lo sé — respondió secamente —. Hablé con ella hoy…

— ¿Estaba… bien? — La mirada azul se entristeció repentinamente.

— No creo que te importe saberlo, después de cómo la trataste… — Kikyō no ablandó su mirada, realmente estaba molesta por el actuar del muchacho la noche pasada. — Tal vez haya sido lo mejor, si así vas a pensar siempre de ella…

— No, Kikyō, yo… — Miroku se dejó caer en un sofá, abatido. — Yo no sé qué pensar. No… jamás… es que ella…

No supo qué decir. Realmente se sentía mal por lo que había pasado la noche anterior, pero no podía sacarse de la cabeza esas imágenes de su Sango con otros tipos, asquerosos, aprovechándose de la chica… no sabía si en esa fría e impenetrable muchacha que se hacía llamar Nedez quedaba algo de Sango. Kikyō pareció adivinar sus pensamientos: se sentó a su lado, abrazándolo con ternura y, después de escucharlo suspirar un par de veces, decidió intervenir.

— Ella es Sango — afirmó la muchacha con convicción —. Sé que es difícil de aceptar que se dedique a la prostitución — Miroku carraspeó ante la fuerte palabra, Kikyō lo miró seria —. Y no hay que adornar la realidad, por muy cruel o fuerte que sea. Ella es una prostituta, pero no por elección propia. Sin embargo, sigue siendo la misma en su interior. Sus vivencias han hecho que forme una coraza para protegerse, pero ahí sigue estando mi hermana.

Miroku permaneció con la mirada fija en su amiga, pensativo. ¿Realmente aún existía Sango? ¿Su Sango? ¿De la que había confesado estar enamorado hacía algunos años? Si era cierto, quería encontrarse con esa Sango, y no con Nedez ofreciéndole su cuerpo de forma grotesca. Cerró los ojos, apoyándose en el hombro de Kikyō.

— No sé qué hacer, Kikyō — soltó al fin después de unos minutos —. No puedo aceptar que ella siga viviendo así. Simplemente, no puedo.

— Bueno, si sigues con esa actitud y te niegas a aceptar la realidad, dudo que puedas volver a tener a Sango contigo — afirmó ella, un poco fastidiada con la postura de su amigo —. Ahora, si ya terminaste de negarte la situación, necesito almorzar. Recuerda que debo salir.

Miroku asintió, dirigiéndose junto con Kikyō al comedor, en donde les sirvieron la comida. Comieron en silencio, él soltando suspiros cansados y abatidos de vez en cuando, ella simplemente mirándolo con molestia ante la negativa de su amigo.

— Y dime, Kikyō… ¿A dónde irás? Si se puede saber, claro…

— Pues… — La muchacha lo miró un segundo, preguntándose si debía decirle lo que planeaba, pero luego desistió de la idea, si su amigo quería ser parte del asunto, debía cambiar su forma de pensar. — Tengo algo que atender lo antes posible. Iré a ver a InuYasha.

La mirada del peli castaño se quedó fija en la de la muchacha, tratando de descifrar qué era eso tan importante que debía atender, pero no logró más detalles. Luego de haber terminado de almorzar, la muchacha se disculpó pues ya se le había hecho tarde.

— Piensa bien las cosas, Miroku — dijo antes de despedirse —. No te dejes llevar por esa banalidades, ese no es el Miroku que nosotros conocemos. Adiós.

Y con un caluroso abrazo, se marchó hasta su destino, dejando a Miroku con ese pensamiento en su cabeza. Tal vez debería replantearse las cosas, tal vez…"


"Inspiró profundo, mientras seguía escuchando los reclamos de la muchacha, un poco abatido. Él no había pedido el compromiso, tampoco estaba de acuerdo con ese tipo de arreglos, no iba a cambiar su forma de ser para agradarle más a esa chica.

— Es eso, me molesta que seas tan áspero, por decirlo de alguna forma — la azabache lo miró, con resentimiento —. Soy tu prometida, deberías darme regalos, invitarme a salir y tomarme del brazo, besarme, hacerme parte de tus planes…

— Por si no lo recuerdas — la interrumpió InuYasha, fastidiado —, no fue mi decisión comprometerme contigo. Mi querido hermanastro me obligó. Además, si fuese por eso, tú deberías hacer lo mismo conmigo, ¿no? Creo que tampoco has intentado conquistarme, sólo buscas tu propia satisfacción.

Bufó, mientras observaba su comida fría después de tanto blablá. Él sólo quería un almuerzo tranquilo, llevarse un poco mejor con ella y, tal vez, hacerla entrar en razón para no apresurar las cosas. Pero al parecer, ella quería todo lo contrario. Kagome lo miró con el ceño fruncido, un poco molesta, pero sin ganas de discutir con semejante necio. Si hablaba con Sesshōmaru sobre el carácter de su prometido, seguramente él tomaría cartas en el asunto. El timbre interrumpió sus pensamientos, mientras veía a InuYasha levantarse para abrir. "¿Y la servidumbre?" Pensó, más molesta al haber quedado sola en la mesa. El chico platinado volvió con la modelo que había estado dispuesta a aprender trucos de prostituta sofisticada, por lo que Kagome torció la boca y frunció aún más las cejas, mirándola con cierto desdén.

— Hola — saludó amablemente Kikyō, sin inmutarse ante la mirada.

— Hola — respondió secamente Kagome, luego desvió la mirada hasta su "prometido" —. ¿Por ella es que no salimos hoy?

— Sí, Kikyō dijo que necesitaba hablar conmigo, y pues como buen amigo, siempre estoy disponible para ella — respondió InuYasha, mientras le indicaba una silla a su amiga para que se sentara.

— Bien, entonces supongo que debo irme — dijo Kagome, levantándose de la silla.

— ¡Pero ni siquiera has probado la comida! — Exclamó él, señalando su plato. — Kaede estará triste por eso…

— Kaede cocina exquisito, pero perdí el apetito. Me disculparé con ella, no te preocupes — la muchacha se alejó en dirección a la cocina con paso firme.

InuYasha la observaba un poco confundido, no entendía porqué a ella le molestaba tanto que él fuera amigo de Kikyō, y eso que ni siquiera sabía su historia juntos, porque si no… hizo ademán de seguirla, pero no se decidió a dejar a su amiga sola.

— Tranquilo, ve tras ella — le animó Kikyō, con una sonrisa —. No tengo apuro, te espero.

InuYasha se apresuró a alcanzarla y la escuchó hablando con Kaede sobre él. Se ocultó tras la puerta y puso atención.

— ¡Es que es tan desconsiderado! — Exclamó la azabache, soltando un par de lágrimas. — Me arreglo para él, acepto sus invitaciones, trato de saber sobre sus gustos e intereses y ¡nada! Él prefiere seguir teniendo una amiga como ella… — soltó un sollozo, mientras limpiaba su rostro. — ¿¡Cómo la prefiere, si ella aceptó tener como maestra a una prostituta!?

— Tranquila, pequeña… — La anciana de gris cabellera le palmoteó los hombros, con cariño. — No deberías juzgar a las personas por su profesión… además, sólo son amigos. Y desde mucho tiempo. Desde que se alejó de ellos hace algunos años, InuYasha no había vuelto a tener amigos y se volvió huraño… en cambio, ahora con ellos de vuelta en su vida, está mostrando ser un poco más cariñoso… Créeme, menos grato sería si él fuese como antes: de seguro ni siquiera se molestaría en intentar acercarse a ti.

La muchacha se secó las lágrimas y guardó silencio un momento, mientras Kaede le servía un té de hierbas con unas tostadas con mantequilla para calmar su apetito y reconfortarla un poco.

InuYasha nunca pensó que su prometida guardara esos sentimientos hacia él. Es decir, sabía que ella se empeñaba por verse linda y aceptaba salir con él, pero no había considera el hecho de que ella de verdad quería formar parte de su vida. Tal vez la estaba juzgando mal desde un principio. Claro, no le agradaba que ella pensara mal de las personas sólo por su oficio o profesión, menos si era de su querida Kikyō, pero era un detalle que podrían discutir… Tras unos segundos de silencio, InuYasha pensó que podría entrar sin que ellas sospecharan que las había escuchado, viendo a Kagome un poco más tranquila.

— Kaede, ¿has visto a…? ¡Ah, acá estás! Creí que te habías ido — ingresó descuidadamente a la cocina, para evitar levantar sospechas —. ¿Podemos hablar?

— ¿No tenías que tratar algo con tu amiga? — Kagome le desvió la mirada, resentida.

— Hey, si vine buscándote, es por algo — respondió InuYasha, tratando de no exasperarse —. No quiero que te vayas molesta y creyendo que todo lo que me dijiste entró por un oído y salió por el otro. Sí me interesa llevarme bien contigo, es sólo que siento que, no sé… como que no congeniamos, creo que no me entiendes.

Ella lo observó unos segundos, casi sin creer que él estuviese tratando de arreglar las cosas. Suspiró, sorbiendo un poco de té, sin quitarle la vista de encima.

— ¿Entonces, no quieres que me vaya enojada? — Preguntó, sorprendida.

— Exacto. Por favor, tratemos de entendernos mejor, ¿si? — Pidió él, regañándose mentalmente por caer tan bajo ante una mujer. Ella asintió con la cabeza, sin replicar nada. — Así que, debo volver. ¿Nos juntamos otro día a charlar mejor?

— De acuerdo — Kagome le sonrió, se despidieron con un beso en la mejilla e InuYasha volvió hasta donde su amiga, un poco más tranquilo."


"Dejó el móvil sobre su escritorio, cruzando las manos bajo su barbilla, con la mirada fría y calculadora.

— ¿Así que no te lo había dicho? — Preguntó, mientras observaba cómo la pantalla del aparato se apagaba.

— No, jamás me comenta nada sobre su vida privada, pero comencé a sospechar — la mujer de rojizos ojos lo miró directamente —. Desde que me pediste que me mantuviera cerca, nunca la había visto actuar así. Un día decidí seguirla, y las vi… pude escuchar un poco de su conversación y ahí lo descubrí. Ella le había dicho la verdad.

— ¡Vaya, vaya! Así que la pequeña Sango le reveló su secreto a su hermanita… pero no permitiré que las cosas se salgan de control. Le dije a Renkotsu que debía tener cuidado con ese negocio. — Tomó un trago de whiskey y sonrió, perverso —. Bien hecho, Kagura. Pensé que habías olvidado tu trabajo…

— Claro que no, Náraku, sólo quiero que no sospechen — respondió la mujer, un poco asqueada —. Si te descubren y llegas a caer, no quiero que me asocien contigo.

— Eso no pasará, sólo espero que Kikyō sea más inteligente de lo que se ve — sentenció Náraku, sonriendo perversamente. Tomó nuevamente su móvil y tecleo un mensaje, luego marcó la tecla "send" y soltó una carcajada. Esperaba que ese mensaje tuviese un efecto atemorizante en su receptora.

Kagura sólo lo observó, un poco perturbada por lo maligno que podía ser a veces."


"Se quedó sola, simplemente esperando mientras pensaba en lo que planeaba hacer. Su mayor anhelo, en esos momentos, era ayudar a su hermana, pero no estaba segura de cómo reaccionaría InuYasha frente a la situación. Miró una y otra vez el papel en donde tenía anotados los datos de Sango, indecisa. ¿Y si InuYasha la juzgase mal, tal como lo había hecho Miroku? ¿Y si, aún peor, decidiera ir a encarar a la chica y la metiera en más problemas, por no mencionar lo mal que la haría sentir? Negó bruscamente con la cabeza, rogando que nada de eso pasara. Sentía que InuYasha podía ser más sensato y escuchar mejor todo lo ocurrido, incluso entenderlo.

Aunque habían evitado hablar de la castaña desde aquel día que se reencontraron en casa de los Higurashi, ella sabía que sus amigos la recordaban y anhelaban volver a tenerla cerca. Y, sólo entre ellos dos, una vez InuYasha le confesó que lo que más dolor le producía era que Sango los hubiese alejado de esa forma, fuera o no verdad todo lo que les había dicho. Él la quería y su herido corazón había tratado de ser fuerte, enojándose con ella y asegurando, de la boca hacia fuera, que jamás deseaba volverla a ver. Pero ambos sabían que eso era mentira, él sí deseaba encontrarse con Sango, que ella le dijera que todo eso había sido mentira y le explicara mejor porqué lo hizo. Eso Kikyō lo sabía demasiado bien.

Dejó escapar un suspiro, sacando su móvil para leer un mensaje que recién había recibido de parte de un número desconocido. Se extrañó, mientras lo abría para leerlo.

"Sé quién eres y lo que tramas. No creas que te dejaré sacarla de aquí."

Un escalofrío recorrió su espalda, mientras su corazón suponía que el mensaje hacía referencia a su hermana. Dio un salto cuando sintió a alguien detrás de ella.

— ¿Ocurre algo, Kikyō? — InuYasha se mostró preocupado con la reacción de su amiga.

— La verdad, sí… pero tengo miedo de confiártelo — murmuró, sintiendo que algo malo se acercaba.

— Vamos, sabes que puedes confiar en mí, siempre te ayudaré — la animó él, sentándose frente a ella.

— Es que no se trata sólo de mí — Kikyō miró directamente a los dorados ojos de InuYasha, buscando seguridad —. Quiero que me prometas que, pase lo que pase, nos ayudarás y no la juzgarás por nada de lo que haya hecho o pasado.

InuYasha se mostró extrañado. Él no era de los que juzgaba mucho, a decir verdad, sólo en ciertas situaciones. Además, la preocupación y cierto temor que veía reflejados en los ojos de su amiga lo preocupó.

— ¡Vamos, Kikyō! Sólo dime que pasa, para ayudarte.

— Primero, prométemelo — volvió a pedir Kikyō.

— Está bien, lo prometo — dijo al fin el peli plateado, un poco harto —. ¿De qué se trata?

— De Sango. Ella… — Kikyō dudó un momento, buscando las palabras adecuadas. — Ella es Nedez, la chica que me "entrena".

InuYasha se quedó atónito, mirándola con los ojos abiertos de par en par. No podía estar hablando en serio.


Uhhhh! ¿Qué pasará ahora? ¿Qué tendrá planeado Kikyō? ¿Cambiará de parecer Miroku? ¿InuYasha juzgará a Sango? ¿Y cómo seguirá su relación con Kagome? Bueno, eso y mucho más en la próxima entrega, que espero sea pronto.

Nuevamente, agradecer a:

Artemisa Neko-chan: Gracias por ser tan fiel lectora, espero que este cap sea de tu agrado, sino siempre puedes decírmelo ;)

SangoSarait: ¡Gracias por unirte a la lectura! De verdad, los ánimos nunca están de más. Espero que este cap te guste tanto como los anteriores :D

Y a los demás lectores fantasmas, un review no estaría mal de vez en cuando... de todas formas, espero que les guste.

Saludines!