IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente historia es escrita sin fines de lucro.

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


/ Miraba el fuego de la chimenea, escuchando como su padre intentaba hacerlos entrar en razón.

Por favor, deben estar imaginando cosas — declaró el hombre maduro, paseándose entre ellos —. Un padre sería incapaz de hacerle daño a su hija. Sólo porque haya sido estricto y poco permisivo con ellas, no quiere decir…

¡Yo los escuchaba! Además… su mirada daba miedo — murmuró la única chica del grupo, deslizando nerviosamente sus dedos por su azabache y lisa cabellera.

Eso es normal, muchos adultos dan miedo sin necesidad de ser malos — señaló nuevamente el hombre, fijando sus azules ojos sobre ella.

Sí, pero, ¡yo vi algunos golpes cuando ella era más pequeña, maldita sea! — El muchacho que era la versión más joven del adulto gritó, molesto.

Cuida tu vocabulario, Miroku — le recordó su padre.

Él tiene razón, y lo del bebé… — recordó el último chico, platinado y de extraños ojos dorados, enfrentando al único adulto.

Fue un trágico accidente. Esa muchacha es una causa perdida, seguramente no sabrán de ella en mucho tiempo… y si la encuentran, ¿creen que hallarán algo que les guste? Mejor dejen las cosas como están.

Dejó zanjado el asunto, saliendo de la sala. InuYasha bufó, Kikyō se cruzó de brazos molesta y Miroku suspiró, resentido con el poco apoyo de su padre.

La encontraremos, eso es seguro — dijo InuYasha, mirando a sus amigos.

Claro que sí, y pase lo que pase, seguirá siendo nuestra amiga, nuestra Sango — sentenció Miroku, con determinación.

Es una promesa — terminó Kikyō, estrechando su meñique con el de sus amigos./

Grito Silencioso
Capítulo XVIII

"Promesas... ¿rotas?"

Camino nerviosa por el pasillo, un poco extrañada. Hace mucho tiempo que no estaba en "casa", más aún que Náraku no me llamaba a su despacho. ¿Qué habrá ocurrido? ¿Acaso habrá sabido de Kikyō, o de Miroku…? Paso saliva y me doy cuenta que estoy temblando.

"¡Vamos, Sango, contrólate! Sigues estando a su lado y sirviendo fielmente a Renkotsu, no has hecho nada malo…" Me regaño mentalmente, mientras veo la puerta de caoba demasiado cerca. Me detengo frente a la barrera que me separa de la persona que más detesto en el mundo, inhalo profundo y me decido a golpear.

— Pasa.

La fría voz me indica que ya sabe que soy yo y que se aproxima un regaño. Giro la perilla y entro, con la mirada en alto y tratando de aparentar tranquilidad y seguridad. Él lee unos papeles, pero alza su mirada hasta la mía, penetrante.

— ¿Qué deseas, padre? — Pregunto, ansiando salir pronto de ese lugar.

— Siéntate — me ordena, obedezco sin chistar —. Supe que Vorobiov… Miroku, fue por tus servicios anoche y te reconoció…

Intento no inmutarme, aunque percibo como espera ver el efecto que causan sus palabras en mí. Sostengo su mirada con tenacidad, sin dejarme debilitar.

— Sí, pero no fue mi culpa — argumento, y es verdad —. Le dije a Renkotsu que no podía atenderlo, el riesgo era demasiado grande, pero no quiso escuchar. Y, a pesar de mis intentos con maquillaje y peinados distintos, y de que traté que la penumbra me ayudara, fue inútil. Yo no quería ser reconocida.

— Supongo que no, digo… ¿cómo podrías querer volver a sus vidas siendo una prostituta? Ellos no merecen eso, ninguno de ellos… — Recalcó la última palabra, mirándome detenidamente. ¿Acaso sabría también de Kikyō…?

— Claro que no, no volveré a sus vidas… es imposible hacerlo ya — murmuro, sintiendo en mi interior que en parte es la verdad. De pronto, las pocas esperanzas que tenía gracias a mi hermana, se han desvanecido.

— Me alegra escuchar eso. No queremos volver a tener problemas por ellos, ¿verdad?

Niego con la cabeza, pensando en lo mejor para todos. Para todos menos para mí. Porque lo mejor para mí sería escapar de esta pesadilla, pero eso es demasiado egoísta…

Náraku se levanta de su asiento y me toma suavemente entre sus brazos, como un recién casado tomaría a su esposa, y me lleva a mi viejo cuarto, uno que aún está adornado con cosas de adolescente inocente. Me deja sobre la cama y busca entre mi vieja ropa, luego saca mi antiguo uniforme de escuela y me lo tira, con una perversa sonrisa.

— Quiero que me hagas recordar viejos tiempos, Sanguito…

Tomo la ropa y me transporto a otro lugar, para tratar de no recordar lo que pasará a continuación.


"Aún la miraba, con los ojos abiertos, esperando cualquier gesto que le indicara que eso no era cierto. Pero la muchacha seguía frente a él, con el semblante inmutable, la mirada firme sosteniendo la suya, esperando una reacción.

— ¿No…? — Las primeras palabras eran las obvias, él no lo creía… pero ella esperaba que no la juzgara. — ¿No es una broma? No sé si creerlo, Sango jamás…

— ¿Caería tan bajo? — Terminó la frase con las mismas palabras que usó su otro amigo, un tanto decepcionada.

El peli plateado la observó, por un momento iba a decir eso o algo similar, pero luego lo pensó mejor. No, él no encontraba que la prostitución fuera algo bajo – de hecho, siempre creyó que era algo sacrificado y una decisión difícil de tomar – y estaba casi seguro que su amiga no lo hubiese hecho de tener otra opción. Tras unos segundos, cerró los ojos y comenzó a hablar:

— No, ella no cayó bajo. Te prometí que no la juzgaría, y no lo haré; además, si me lo estás diciendo debe ser por algo y si puedo ayudarlas…

Kikyō sonrió y lo abrazó con tanta alegría y fuerza, que InuYasha soltó el aire que tenía en sus pulmones. Si él la ayudaba en su plan, sabía que las cosas podían cambiar.

— Muchas gracias, InuYasha… Gracias por no ser tan cerrado como Miroku…

— ¿Miroku ya lo sabe? — Se extrañó el aludido, era raro que no le hubiese comentado nada.

— Se enteró anoche, pidió una reserva con Nedez y la reconoció… — Kikyō no pudo evitar soltar un suspiro. — Pero, en lugar de intentar averiguar qué circunstancias la llevaron a eso, o de siquiera agradecer el haberla encontrado, él simplemente le dijo que ella no era Sango, que ella jamás caería tan bajo…

— Lo mismo que pensé en un principio… — Se reprochó InuYasha, sintiendo que no era un buen amigo.

— Sí, pero tú te diste cuenta del error al instante. Miroku ni siquiera reconoce que está equivocado.

El platinado bufó, ¿cómo su amigo podía ser tan necio a veces? Negó con la cabeza y luego volvió a fijar la mirada en su amiga.

— Bien, creo que tienes un plan… ¿de qué se trata?

— Quiero sacar a Sango de ahí — Kikyō sonrió, sacando su agenda —. Pero no puede escapar, no tiene nada aparte de eso… por lo menos así lo cree ella. Estudió contabilidad y creo que tú y tus negocios independientes podrían darle un empleo, algo poco para que empiece a juntar dinero y así luego pueda escapar…

— ¿Y por qué no escapa ahora? — InuYasha levantó una ceja, confundido. — Puedo darle un empleo de tiempo completo, algo en lo que gane lo suficiente como para que se olvide para siempre de eso…

— No puede escapar así como así — Kikyō negó con la cabeza —. Ni Náraku ni Renkotsu se lo permitirán, en estos momentos la tienen muy bien vigilada. Por lo menos eso fue lo que me dijo Bankotsu…

— ¿Y quién es ese tal Bankotsu? — Preguntó un tanto perdido el muchacho.

— El tipo que hace de "mayordomo" en el prostíbulo, ha sido amigo de Sango desde que ella llegó ahí y la ayudado mucho… — contestó ella, con una sonrisa.

— Pero, ¿cómo permitió que la metieran ahí, en primer lugar? — A él no le parecía tan buena persona si trabajaba con esos dos.

— Sigue órdenes, por lo que sé, nunca estuvo de acuerdo con que Sango se quedara ahí, pero Renkotsu lleva las riendas del negocio y no pudo hacer nada.

— Bien, en ese caso, él también nos podría ayudar, ¿no? — InuYasha sonrió, luego se dirigió hasta un mueble y sacó unos papeles. — Puede cubrir a Sango si alguna vez necesita salir, aunque le daré algo que pueda hacer allá, para que nadie vaya a sospechar.

Se miraron por unos segundos, Kikyō supo que ya no estaría sola en ese intento por sacar a Sango de esa apestosa vida, e InuYasha se dio cuenta que tal vez las cosas podrían empezar a dar un giro distinto al que hubiese esperado."


"Paseaba de un lado a otro por el corredor, esperando. Sabía que cuando ella se marchaba a ese lugar al que escuetamente llamaba "casa", era porque Náraku la regañaría. No, ella había seguido todas las órdenes que se le habían encomendado, aún para sorpresa de él. Pero, ¿entonces por qué la habían mandado a buscar? Un sonoro carraspeo llamó su atención: era cierto, el lugar seguía funcionando y un cliente esperaba ser atendido. Se acercó al mesón y le mostró el catálogo, preocupado más de la puerta por si llegaba el personaje de sus preocupaciones. Luego de que el tipo se fuese a un cuarto con una de las muchachas, y tras unos minutos en los que él ya comenzaba a preocuparse de más, la castaña apareció por la puerta con la mirada triste y sin su tan radiante sonrisa. Él la observó detenidamente, queriendo abrazarla, apoyarla, consolarla si era posible, pero se quedó en su sitio al ver a Renkotsu aparecer por el pasillo, dirigiéndose a ella.

— Distinguida Nedez, Náraku me informó de tu regreso. Espero que estés lista, tienes una ardua jornada esta noche: reemplazarás a Lirio, pues se encuentra enferma. Sus clientes están conformes con el cambio, muchos de ellos te pedían hace tiempo — informó el calvo, con la mirada brillando con maldad.

— Renkotsu, San está… — El oji verde intentó rescatar a su amiga, pero no le permitieron continuar.

— San no está: al cruzar esa puerta, ella es Nedez, y hará lo que le ordene — sentenció nuevamente el hombre, dándose la vuelta para volver a su despacho.

— ¡Pero no puedes…!

— Está bien, Ban — murmuró la muchacha, interrumpiendo su legítimo reclamo —. No quiero más problemas… sólo quiero que todo esté bien…

Dichas estas palabras, la castaña se dirigió a su cuarto, dejando a un satisfecho Renkotsu y a un confundido Bankotsu. Diablos, si ella no se dejaba ayudar, ¿qué más podía hacer él? Gruñó un poco molesto, volviendo a su labor como "mayordomo". A veces, odiaba ese trabajo."


"Un par de días después…"

"Se detuvo nuevamente fuera del edificio, aún dudando. Por suerte, su prometida alargaría su viaje y así no tendría que soportar sus sermones, regaños y órdenes. Detestaba dar explicaciones, más en esos momentos en los que ni siquiera él mismo se entendía. Su móvil volvió a sonar, miró la pantalla y bufó, dejando el aparato a un lado. Otra vez su secretaria, seguramente estaba preocupada porque no había ido a la oficina en esos últimos dos días, había preferido quedarse en casa junto al whiskey como único compañero, tratando de reflexionar. Inevitablemente, había recordado todos esos momentos de su infancia y adolescencia junto a ella, y eso provocaba aún más dolor en su corazón. Sin embargo, se sentía peor al recordar cómo la había tratado, especialmente cuando esa mirada dolida y de decepción se había clavado en sus ojos, y lo atormentaba en sus sueños.

Echó a andar el motor para dar otra vuelta más por la manzana y pensar así qué quería decirle. Iba a pedirle disculpas, pero aún no encontraba las palabras adecuadas, sabía que ella no quería volver a verlo, y no la culpaba. Pero, ¿cómo más se suponía que iba a reaccionar? Jamás pensó que su Sanguito sería una prostituta, y seguía siendo algo doloroso de aceptar. Pero si escuchaba a su corazón – y a su amiga Kikyō – lo correcto era acercarse a la muchacha, pedirle perdón y tratar de ayudarla. Porque, además de dolor y decepción, pudo notar tristeza en esa mirada castaña…

Sin darse cuenta, volvió a estar fuera del burdel, con un dolor de cabeza que comenzaba a hacerse más notorio. Bajó del vehículo y se dirigió con paso un poco tambaleante hasta la entrada, gracias al alcohol de más que había en sus venas. Ingresó y se encontró con la mirada penetrante del mayordomo.

— ¿¡Qué demonios hace aquí!? ¿Acaso no le bastó con lo que causó la vez pasada? — El trenzado ni siquiera esperó que llegara al mesón para recriminarle su presencia en el lugar.

— Lo siento, yo… — Miroku ni siquiera sabía por donde comenzar, porque de partida no tenía ánimos para hablar con ese tipo. — Yo no vengo a hablar contigo, ¿está Nedez?

— En tus sueños, ni creas que podrás verla de nuevo — respondió altanero, desafiándolo con la mirada.

— ¡Por favor! Necesito hablar con ella — pidió, aunque parecía más una orden.

— Mejor te largas, San no está disponible para tipos como tú — el oji verde se acercó a él, dispuesto a sacarlo del lugar —. Ni hoy ni nunca, ya está decidido.

— ¡Si no me permites verla, hablaré con Renkotsu…!

— ¡Já! Hazlo, y verás. Él mismo decidió que no podías verla — lo llevó hasta la puerta, sin mucha dificultad —. Ahora, vete.

Lo empujó hacia fuera, cerrando la puerta tras de él. Miroku se dio la vuelta y pateó la madera, molesto.

— ¡MALDITO HIJO DE PERRA, DÉJAME VERLA!

— ¿Miroku?

Se volteó al escuchar su nombre, encontrándose con el rostro confundido de su mejor amigo.

— ¿I… InuYasha? ¿Qué haces aquí? — Preguntó, frunciendo las cejas.

— Vengo a… ¡Few, eso qué te importa! — El oji dorado bufó, molesto. — Lo mismo quisiera saber yo… además, ¡apestas a alcohol! ¿Has estado bebiendo? Dios, Miroku… — InuYasha lo tomó del brazo, para alejarlo del edificio.

— ¡Hey! ¡No pienso darte explicaciones a ti! ¡No sabes lo que pasa! — Miroku movió bruscamente el brazo para soltarse. — No tienes ni idea…

— Tal vez sí. Ahora, súbete a mi auto, nos vamos — no fue una petición, lo empujó levemente pero con la fuerza suficiente para moverlo en dirección a su vehículo.

— No, gracias, tengo mi propio auto — respondió Miroku, señalándolo.

— Lo sé, pero no creas que te dejaremos conducir en ese estado, ahora vamos. Yo llevaré tu auto hasta la casa, dame las llaves.

— ¿Dejaremos? — Miroku levantó una ceja, dudando. — ¿Con quién estás?

— ¿Se puede saber por qué arman tanto alboroto? — Kikyō se acercó a ellos, con su lisa cabellera ondeando al viento que comenzaba a correr. — ¿Qué estás haciendo aquí, Miroku?

— Vengo a verla — murmuró entre dientes el oji azul —. Necesito hablar con ella.

— Pues, dudo que ella quiera hablar contigo, menos si estás ebrio — respondió la azabache, frunciendo la nariz al sentir el olor a whiskey.

— ¡No estoy ebrio! Y… ella tiene que hablar conmigo…

Kikyō negó con la cabeza, tomando por el brazo a su amigo y llevándolo hasta el auto, luego le pidió amablemente las llaves del otro vehículo y se las lanzó a InuYasha para que lo condujera hasta su casa, mientras ella manejaba llevando a Miroku a la residencia Mahler. En el camino, él iba cruzado de brazos, refunfuñando como un niño al que le han negado un capricho; su amiga lo miraba de reojo, aguantando la risa, se notaban demasiado las copas extras, siempre se ponía así cuando bebía más de la cuenta.

Llegaron a su destino y descendieron del vehículo para reunirse con InuYasha al interior de la casa. Comenzaba a hacer frío y las nubes amenazaban con dejar caer rebeldes gotas.

— Que cambiante está el clima… — mencionó InuYasha al verlos llegar.

— ¡¿De verdad te preocupas por el clima?! Hay cosas mucho más importantes… — Miroku se tiró de mala gana en uno de los sofás de un cuerpo, aún cruzado de brazos.

— Pues, bebiendo y llorando no solucionarás nada, menos ese asunto — le respondió el aludido, también de brazos cruzados y levantando una ceja.

— ¿Acaso… tú… ella…? — Miroku estaba confundido, miraba a InuYasha y luego a Kikyō, buscando respuestas. — ¿Él lo sabe?

— Así es, se lo conté el otro día — respondió Kikyō, sentándose frente a Miroku —. Buscaba su ayuda para poder sacar a Sango de ahí.

— ¿Y por qué no me buscaste a mí…?

— ¿Es una broma? ¿Después de cómo reaccionaste? — Exclamó el platinado, molesto.

— ¡No te metas! ¡No sabes lo que pasó! — Gritó el oji azul, desviando la mirada de su amigo.

— No pensé que quisieras ayudarme, después de cómo reaccionaste al saber la verdad — mencionó la muchacha, interrumpiendo la discusión de sus amigos —. Además, creo que tampoco ella dejaría que tú la ayudaras.

— Pero…

Pero se quedó sin palabras para rebatir lo que argumentaba la modelo. Era cierto, después de todo lo que había pasado, de lo mal que había respondido ante el descubrimiento, era ilógico que buscara su ayuda, incluso que Sango quisiera hablar con él. Bajó la mirada y suspiró, comprendiendo su enorme error y dejando escapar unas lágrimas. InuYasha ablandó el semblante molesto, comprendiendo lo difícil que era para su amigo lo que estaba pasando, y junto con Kikyō, se acercaron al moreno para brindarle apoyo. Luego de dejar escapar muchas lágrimas en silencio, se limpió bruscamente la cara, miró con determinación a sus amigos y lo decidió.

— Entonces, ¿qué haremos para sacarla de ahí?

InuYasha y Kikyō sonrieron, agradecidos de tener de vuelta a su Miroku. Tras pedirle al muchacho que se diera una ducha para espantar el alcohol extra en su sangre, le explicaron sus planes, con los que estuvo de acuerdo. Sólo faltaba un detalle: hablar con la castaña."


Observo por la ventana como el cielo amenaza con romper en llanto en cualquier momento, sintiéndome identificada con esa sensación, a veces creo que yo también me romperé de un instante al otro. De pronto, un portazo atrae mi atención y bajo la mirada hasta la entrada del edificio, viendo a un molesto Miroku patear la puerta, enojado.

— ¡MALDITO HIJO DE PERRA, DÉJAME VERLA!

Logro escuchar el grito molesto y adivino que seguramente venía por mí. Luego, veo a InuYasha llegar y hablarle, aunque no puedo escuchar su conversación, Miroku parece molesto y negándose a lo que InuYasha le pide; de pronto los interrumpe mi hermana y ambos se calman, aunque Miroku parece un poco confundido. Tras unos segundos, él se sube al auto de InuYasha junto con Kikyō, mientras que InuYasha conduce el vehículo de Miroku, y se alejan por la calle.

¿A qué habrán venido? Me alejo de la ventana y cierro las cortinas, alejando las gruesas gotas que comienzan a golpear el cristal, y me tiro en mi cama. Náraku y Renkotsu me han prohibido estrictamente volver a salir, excepto si es por asuntos laborales. Así que, con esa nueva restricción, no podré volver a juntarme con Kikyō… aunque tal vez es lo mejor, no quiero volver a meterlos en problemas, a ninguno de los tres. Ellos ya tienen sus vidas hechas, carreras exitosas, prometidas que cualquiera envidiaría y son parte de un círculo bastante privilegiado. Si yo apareciera o siquiera intentara acercarme a ellos, simplemente destruiría todo lo que han logrado estos años y eso es lo que menos deseo.

Suspiro, tratando de tranquilizar mi alma con la ingenua creencia de que quizá Miroku haya querido disculparse, de que quizá InuYasha y Kikyō venían a buscarme para conversar, tal vez retomar contacto como antes, cuando éramos adolescentes y soñábamos con el día en que creciéramos y pudiésemos ser dueños de nuestra libertad…

Un par de lágrimas escapan rebeldes de mis ojos, sacudo la cabeza alejando esas imágenes e ideas y me mentalizo en el panorama actual: nada de eso ocurrirá, seguiré siendo una prostituta y ellos seguirán sus vidas lejos de la mía. Es lo mejor para ellos.

Unos golpes en la puerta me recuerdan que estoy en horario de trabajo, limpio rápidamente mi rostro de las lágrimas y abro la puerta con una sonrisa radiante: un nuevo cliente ha llegado y debo hacerlo feliz


"Pensaba en las palabras de su prometido. Realmente, odiaba que se juntara con ese tipo de mujeres, pero su explicación tenía demasiada validez, más si la historia era como él decía.

"Lo más probable es que su padre la haya obligado a hacer todo esto, yo sólo quiero sacarla de ese lugar para que pueda rehacer su vida como ella quiera, que sus sueños no se queden en simples ilusiones… no sería justo."

No, no lo sería, pero ella ni siquiera la conocía, ¿cómo quería que intentara ayudarla? Era cierto que podía darle trabajo en ese negocio que le propuso emprender juntos su futuro esposo, pero ¿y si ella realmente no era alguien de fiar? Él estaba confiando ciegamente, pero ella era más realista. Si las cosas eran como se las habían planteado, pues la ayudaría en todo lo que pudiera, pero algo en su interior le decía que mejor se mantuviera lejos del asunto. Un pequeño escalofrío recorrió su espalda, como una advertencia.

Tratando de ignorar el potente sentimiento de que estaba jugando con algo que no podría controlar y de que algo no estaba bien con eso, tomó su móvil y marcó a su prometido.

"Quiero que comencemos a tener una mejor relación. Te haré parte de mi vida, pero también hazme parte de la tuya, enséñame a quererte y yo trataré de hacer lo mismo. Ayúdame, confía en mí y emprendamos algo juntos, para construir nuestra relación de una mejor manera…"

— ¿Kagome?

La voz confundida de su prometido la sacó de sus pensamientos, contestándole la llamada. Se sobresaltó un poco, regañándose mentalmente por eso.

— Sí, ¿cómo estás? — Respondió, tratando de sonar tranquila a pesar de ese remolino en su interior.

— Se podría decir que bien, pero un poco ocupado ahora… ¿necesitas algo? Podríamos cenar juntos hoy…

— No me molestaría, quisiera hablar contigo — por alguna extraña razón, se sonrojó al pensar nuevamente en estar junto a él —. Creo que podríamos intentar lo que me pediste.

— ¿En serio? — Pudo imaginar la sonrisa de alegría al otro lado de la línea. — Entonces, te pasaré a recoger esta noche, como a las 19:00…

— Te espero… — Sonrió, jugando con el cable del teléfono. — E InuYasha… no llegues tarde.

— No lo haré.

La comunicación se cortó. Tan impulsivo que era a veces. Nuevamente exhaló, pero esta vez más tranquila y hasta con la sensación de que algo bueno comenzaría desde ese momento. Sólo esperaba que así fuera en verdad…"


"Al día siguiente, por la noche…"

"Luego de haber escuchado el plan de sus amigos, le parecía que lo mejor era hablar con ella antes, por lo menos para disculparse y tratar de encontrar a su Sanguito de vuelta. Tal vez no iba a ser algo fácil, incluso tenía el presentimiento de que se acercaba una misión imposible, pero debía intentarlo. Había prometido no rendirse, y al haber actuado tan impulsiva y tontamente la primera vez, era como haber olvidado todo. Volvió a golpearse la frente con el dedo pulgar, regañándose otra vez por lo estúpido que era. Luego volvió a mirar la hora, ya quedaba poco.

Recordando que no dejarían que Sango volviese a atenderlo o verlo, había decidido pedir una cita especial utilizando el nombre de un empresario falso, solicitando la presencia de la muchacha esa noche en un departamento que había arrendado por un par de días, lo cual fue una buena estrategia, ya que ofreciendo la cantidad adecuada de dinero, Renkotsu no se negó. Y ahora la esperaba sentado en el pequeño sofá de dos cuerpos que era parte de la mobiliaria del inmueble.

En unos minutos, el timbre del departamento anunció la llegada de la muchacha; él se apresuró a abrir la puerta, muriendo de nervios por dentro; ella estaba con la mirada gacha, en una actitud un tanto diferente a como la había visto antes. Tomó aire – y valor – para hablarle.

— Por favor, Sango, pasa.

La castaña dio un respingo al escuchar su voz, mirándolo sorprendida para luego cambiar su expresión casi de inmediato a enfado, se dio la vuelta y comenzó a caminar a paso firme.

— Por favor, Sango… — Miroku la siguió, no quería perder esa oportunidad. — Déjame por lo menos disculparme…

— No necesito sus disculpas, señor Hōshi — replicó, haciendo especial énfasis en el falso nombre —. Creí haberle dicho que no quería volver a verlo.

El oji azul la alcanzó, la tomó del brazo y la hizo voltearse para quedar frente a ella, pero suavemente, y la acorraló contra una pared.

— Pero yo sí — murmuró, mirándola a los ojos —, sí quiero volver a verte y sí necesito disculparme… por favor, no podré seguir de otra forma.

Sango le sostuvo la mirada, tratando de mostrarse seria e impenetrable, pero al descubrir dolor y arrepentimiento en los ojos ajenos, no pudo seguir inquebrantable. Hasta su coraza tenía puntos débiles y ahora se estaba rompiendo. Una lágrima rodó por su mejilla, Miroku se apresuró a limpiarla con su pulgar para después pasar el dedo rozando los labios de ella, esos que tanto anhelaba besar y ya no pudo contenerse más. Se acercó a su boca y la besó, sintiendo una calidez que jamás había experimentado. Una que quizá nunca volviese a sentir.


Bueno, bueno, espero que les guste. No sé cuando pueda volver a actualizar, pero prometo que esto no se quedará así. Todo comentario es bienvenido :D

Especiales agradecimientos a Artemisa Neko-chan, gracias por el apoyo incondicional. Y a todos los que se dan el tiempo de pasar por acá :)

Saludos y espero estarnos leyendo pronto!