IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente historia es escrita sin fines de lucro.
ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:
Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.
…blablá… es la narración de Sango
"…blablá…" es la narración en tercera persona.
—…blablá…— son los diálogos.
/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.
"…blablá…" son los pensamientos.
/— Entonces, hijo, ¿aceptas el compromiso?
Miroku alzó la vista, saliendo de sus pensamientos. Ya habían pasado casi 3 años desde la última vez que vio a la castaña quien, junto con su partida, se había llevado su corazón y ya casi estaba perdiendo las esperanzas de encontrarla.
Miró nuevamente a la tímida chica heredera del gran patrimonio empresarial que le ofrecían a él – y a su familia, claro – por casarse con ella. Era atractiva, no podía negarlo, y parecía un buen partido, pero algo titubeaba en su corazón. Desvió la mirada hacia sus padres, quienes esperaban ansiosos e ilusionados su respuesta; reprimió el pedido de ayuda que quería gritar su corazón y dio la respuesta que todos esperaban:
— De acuerdo, acepto.
El resto de los presentes alzaron sus copas, brindando por la unión. Todos estaban felices con el trato, entonces ¿por qué su pecho se oprimió al sentir la mano de su "prometida" apretando la suya? En esos momentos, algo se perdió en su interior./
Grito Silencioso
Capítulo XIX
"Encuentros y Despedidas"
Cierro los ojos, tratando de escapar de la luz que da justo en mi rostro, demasiado intensa – o más de lo que estoy acostumbrada. Me remuevo entre las sábanas y las siento tan suaves. Demasiado suaves. De pronto, recuerdo todo lo que pasó anoche, y abro mis ojos aún sin poderlo creer…
/Sus labios eran tan suaves, tan cálidos, se acoplaban tan bien a los suyos, como si estuviesen hechos a la medida. ¿Hacía cuánto que no besaba a un hombre? Años, ni siquiera lo recordaba. Cerró sus ojos, entregándose a los labios de Miroku; él la acercó más a su cuerpo, abrazándola, la llevó hasta el interior del departamento y no se separó de su boca hasta que fue necesario buscar oxígeno.
La observó, esperando alguna reacción, pero ella simplemente se mantuvo de pie, con la cabeza gacha, mirando sus pies, sin decir una palabra.
— Sango…
— No te atrevas — lo interrumpió ella, no quería disculpas, excusas o explicaciones, mucho menos reproches —. No vine para que jugaras conmigo. Debo irme.
— Por favor, no te vayas — Miroku la detuvo tomándole la mano, y ante el simple contacto sintió como su corazón se aceleraba —. No quiero perderte de nuevo. No podría soportarlo.
— Ni siquiera sabes lo que dices — la castaña también sentía la fuerza con la que su corazón palpitaba, pero tenía miedo —. Yo no encajo en tu vida, en ninguna parte. Mejor olvídalo.
Intentó avanzar hacia la puerta, pero el oji azul no aflojaba el agarre de su mano. Sango lo miró, confundida.
— No sabes lo que dices. Tú eres lo único que quiero en mi vida. A la mierda el resto.
Las palabras de Miroku hicieron que su corazón se acelerara aún más. ¿Acaso estaba soñando? Si era así, no quería despertar. Pero la realidad la golpeaba fuertemente con demasiada frecuencia. Negó con la cabeza, recordando nuevamente las amenazas de Náraku.
— Piénsalo bien. Soy una prostituta, ¿lo recuerdas? — A pesar de todo, esa era su realidad y no la negaría sólo por aferrarse a una ilusión.
Él apretó los puños al escuchar la verdad tan de golpe, le dolía que fuese así.
— Lo sé, pero no me importa. Eso no borra el hecho de que te amo — la miró a los ojos, buscando su reacción, su corazón latiendo a mil por hora.
El de ella, en cambio, se detuvo al escuchar la declaración de Miroku. ¿La amaba? ¿Eso podía ser verdad, después de todo lo que había pasado? Torció la boca, haciendo una mueca de escepticismo.
— Eso es mentira, ni siquiera me conoces — le aclaró, le era difícil creer que todo era cierto —. Hace años me conocías mejor que nadie, pero ahora no. Soy una persona totalmente distinta, no soy la misma Sango que te regalaba discos de música y era una inocente niña llena de ilusiones y esperanza. No Miroku, esa Sango murió hace mucho tiempo.
Los ojos azules la miraron, confundidos. Él sentía desde lo profundo de su ser, que su Sanguito seguía ahí, pero que tenía miedo.
— Sango, por favor… sólo date la oportunidad de volver a creer — sus ojos se volvieron a encontrar y supo que la pequeña Sango estaba luchando por salir.
— No, no es necesario que hagas esto — ella comenzó a ver borroso, sus ojos querían llorar; los cerró para no ver a Miroku y dejar escapar una lágrima, y al instante los brazos de él la rodearon y sus labios volvieron a ser aprisionados por los suyos.
El tiempo se detuvo para los dos, ambos supieron que lo que sentían era real y, además, correspondido. Miroku pasó sus dedos por entre los sedosos cabellos de Sango, acariciándole la nuca con cariño; ella se aferró a su pecho como si de ello dependiera su vida. El beso comenzó a ser más profundo y apasionado, mientras ella intentaba controlar sus reacciones. Siempre fingía con sus clientes, pero esta vez era distinto: cada caricia de Miroku le erizaba la piel, todos sus nervios respondían al contacto con su cuerpo, y era maravilloso y a la vez atemorizante. Él la tomó en brazos en pose nupcial y se la llevó hasta el cuarto; la recostó suavemente sobre la cama y comenzó a recorrerla a besos, cálidos y apasionados que iban siendo depositados por su cuello, el inicio de su pecho, parte de su abdomen, mientras iba retirando su ropa… Pero se detuvo al poco rato, ella estaba tensa, demasiado. Acarició su rostro y buscó su mirada, pero cuando la encontró se dio cuenta que sería mejor dejarlo hasta ahí.
Ella tenía la mirada perdida, una lágrima resbalaba por su rostro y sus mejillas estaban pálidas.
— ¿Te sientes bien? — Miroku comenzó a preocuparse, jamás había visto a Sango así.
— No, yo… — Ella buscó su mirada para luego cerrar sus ojos con fuerza. — Lo siento, no puedo. No sé cómo, yo… no puedo amarte así, no después de tantos hombres… Ni siquiera sé cómo responder, no quiero decepcionarte…
Las lágrimas corrieron por su rostro. Miroku la abrazó, besándole la frente con cariño.
— Jamás me decepcionarás — le susurró al oído, sin dejar de abrazarla —. Eres la mujer más fuerte y valiente que conozco, también la más hermosa — logró que Sango sonriera, por lo menos para alivianar la tensión —. Comprendo que no puedas, es demasiado pronto. Y no me importa, puedo esperar lo que sea. No es esto lo que quiero de ti. Quiero que estés bien, que seas feliz. Eso es todo lo que quiero de ti.
Sango se acurrucó en su pecho, escuchando su corazón latir.
— Gracias — murmuró, tomándole la mano —, por todo. Es agradable el calor de tu cuerpo…
— Entonces, quedémonos así toda la noche — Miroku atrajo las mantas y se cubrieron con ellas —. Buenas noches, pequeñita.
Ella movió la cabeza como respuesta, quedándose dormida casi al instante…/
— ¿Tienes hambre? — Miroku me saca de mis recuerdos, sonriéndome desde el marco de la puerta donde está apoyado. — Preparé el desayuno, me he vuelto un tanto bueno en la cocina, después de mucho practicar.
— No, debo irme, lo siento… — Busco mi ropa con la mirada, aún me da vergüenza que me vea así, a pesar de lo que pasó anoche.
— ¿Buscas esto? — Me muestra mi ropa, la que tiene en sus manos, le devuelvo una mirada molesta. — No tienes que irte, llamé para decir que requiero tu compañía un poco más…
— Pero… mis clientes… no puedo dejarlos plantados…
— Deja de pensar en eso. Quiero que hoy sólo pienses en ti — me dice, regalándome una de esas sonrisas mágicas que borran todo lo demás de mi mente; asiento con la cabeza como respuesta —. Excelente. ¿Quieres comer?
— Sólo si me devuelves mi ropa — le contesto, cubriéndome con la sábana y estirando mi mano hacia él.
— Pero te ves hermosa así…
— Miroku…
— Está bien, toma — mi tono de amenaza surte efecto, recibo mis prendas de vuelta y me visto, mientras él vuelve a la cocina a terminar el desayuno.
De verdad, si esto es un sueño, espero seguir durmiendo toda la vida. Y si no lo es, ojalá la realidad no me vuelva a dar de patadas en el trasero.
"Miró al muchacho platinado con desconfianza. ¿Por qué de un día para otro, todos parecían interesados en ella? No negaba que era hermosa y encantadora, pero tanto nuevo cliente preguntando específicamente por la chica… Cambió lentamente la hoja de la agenda, un tanto molesto.
— Ella en estos momentos no se encuentra, y su agenda está muy copada como para hacerle un espacio, lo lamento — respondió sin siquiera dejar pausas para preguntas.
— No entiendes — el platinado se acercó un poco a él y, asegurándose que nadie los escuchara, le habló en un susurro —: quiero ayudarla a salir de aquí. Soy su amigo, no un cliente más.
Bankotsu entrecerró los ojos, aún con desconfianza. ¿Cómo saber si lo que decía era verdad? Además, si era así, la alejarían de él… la idea no le gustaba mucho, pero era preferible a seguir viéndola sufrir en ese lugar. Mucho mejor que temer perderla cada vez que ella era llamada por su padre. Volvió a abrir la agenda, simulando buscar un espacio libre mientras pensaba un poco más las posibilidades. Luego de unos segundos, decidió que lo mejor para su pequeña San era salir de ese lugar en el que nunca debería haber estado.
— Bien, ella debiese estar disponible hoy a eso de las 23:00 horas… — El ojiverde apuntó unos garabatos en una hoja blanca, como si anotara una cita. — Es tiempo muerto para que descanse, pero creo que podrá atenderte… ¿nombre?
— Inutaisho Higurashi — murmuró, sabía que si daba su nombre real, alguien sospecharía. Además, esperaba que su amiga reconociera el nombre. El chico anotó el nombre y cerró la libreta.
— Listo, espero que le vaya bien.
— Yo también.
Se despidieron con un gesto de sus manos, esperando que todo saliera a favor de la castaña. Al fin y al cabo, se lo merecía."
Vuelvo al prostíbulo con mucha energía, una distinta a cualquiera que haya sentido antes. Ban me espera sentado en el recibidor, al sentir mis pasos alza la vista y frunce las cejas al verme tan alegre; yo le devuelvo una sonrisa tranquila y le beso la mejilla, con cariño.
— ¿Y a qué se debe este cambio de ánimo tan repentino? — Me pregunta, sin dejar de tener esa exprensión confundida.
— Nada en especial… — sigo con la sonrisa en mis labios, feliz. — Sólo que la vida empieza a sonreírme.
— Eso es bueno — me regala una sonrisa, aunque veo en su mirada que se muere de curiosidad por conocer la razón de mi alegría —. Hablando de eso, hoy como a eso de las 23:00 horas vendrá un nuevo cliente a hablar contigo, Inutaisho Higurashi — un extraño brillo cruzas sus ojos mientras pronuncia el nombre.
— ¿Inu… taisho? — Murmuro, recordando que ése es el nombre del padre de InuYasha, pero es imposible que él venga a verme. ¿Acaso de tratará de InuYasha, intentando encubrirse? — Bien, lo estaré esperando.
Le doy suaves golpecitos en la espalda antes de irme a mi habitación, tarareando canciones y alistándome para una nueva noche de trabajo. Esta vez, sin embargo, es diferente: mis pensamientos son mucho menos oscuros que antes. Ha sido un día increíble, Miroku me llevó hasta un pequeño pueblo cercano en el que nos desconectamos de nuestros problemas, de nuestras vidas y fuimos felices, fue tan genial para mí que no sentí el antiguo peso de siempre al tener que volver. Luego de darme una ducha y prepararme, atiendo a un par de clientes que me reclaman la ausencia de la noche anterior. Pido las disculpas y los compenso como me han enseñado a hacerlo, de formas que inconscientemente borro de inmediato de mi memoria.
Luego de eso, espero a "Inutaisho" sentada en mi cama, con una grata corazonada. Unos golpes en mi puerta me indican que ha llegado, abro y sonrío de oreja a oreja al ver a mi amigo del otro lado, también con una sonrisa.
— ¿Puedo pasar? — Me pregunta, mirándome directamente a los ojos.
— Claro, adelante — contesto, dejándolo entrar. Él observa el lugar y suspira, mientras espera que yo entre y cierre la puerta. Tras eso, me abraza con cariño.
— Sango… — Murmura en mi oído, sin soltar el cálido abrazo. — De verdad pensé que no te encontraríamos jamás.
Correspondo el abrazo, es agradable saber que no me ha juzgado, a pesar de saber lo que hago ahora. Nos separamos después de un rato, el me mira con cariño y luego vuelve a hablar.
— Cuando Kikyō me contó todo, no podía creerlo — exhala, al parecer molesto —. Te debo una disculpa, el primer pensamiento que se me cruzó, fue juzgarte… pero de inmediato, recordé a tu padre, sus amenazas, su frialdad… y supuse que nada de esto era tu culpa.
— Gracias — le respondo, aunque sé que es imposible no juzgarme al principio, por lo menos él cambió de opinión —. Por no juzgarme y por tu sinceridad. Extrañaba eso.
Me sonríe nuevamente, luego saca unos papeles y me los pasa.
— No tenemos mucho tiempo, así que te resumiré la idea — me dice, sin quitar la sonrisa, aunque su mirada se ha vuelto seria —. Con Kikyō pensamos en ayudarte a reunir dinero para que, poco a poco, puedas ir planeando salir de aquí. Como sabemos que no aceptarás ayuda "gratuita" — me ataja antes de que pueda reclamar o refutar algo —, te ofrezco un empleo de medio tiempo, algo sencillo que puedas realizar desde acá. Kikyō me dijo que habías estudiado contabilidad, así que tiene que ver con eso.
Miro los papeles mientras lo escucho, pensando en la propuesta. Claro que quiero salir de acá, es lo que más deseo, y me agrada la idea de ganarme la oportunidad con trabajo… pero algo dentro de mí me recorre con un escalofrio, como un mal presentimiento. Ignorándolo por completo, le sonrió a InuYasha y asiento con un gesto.
— Está bien, Inu… — lo abrazo nuevamente, agradecida. — Muchas gracias.
El silencio se apodera de nosotros unos segundos, él me mira como esperando algo, pero no sé qué puede ser. Luego de un momento, parece decidir la vía directa.
— Ahm… — Se rasca la cabeza, buscando las palabras o decidiéndose, no sé. — ¿Miroku ha intentado hablar contigo…?
Me mira fijamente y sonríe, supongo que mi sonrojo y el brillo en mis ojos me delata. Asiento con la cabeza, alegre.
— Sí, anoche… con un nombre falso, pidió reservada una cita, fui al lugar y… bueno, digamos que las cosas se arreglaron.
InuYasha sonríe, aparentemente feliz e incluso se ve aliviado. Luego mira la hora, me besa la frente con cariño fraternal, se despide con un abrazo y se disculpa.
— Debo irme, me dijeron que sólo tenías unos minutos y no quiero que nadie pueda sospechar — sus palabras son sinceras, lo sé y me agrada que se preocupe por mí —. Te dejaré eso por mientras, cuando puedas los revisas y luego me llamas a este número para entregarlos. Empecemos de a poco.
— De acuerdo. Cuídate y nos vemos… espero que pronto.
Con una sonrisa se marcha, me apresuro a mirar por la ventana, esperando que nadie lo vea y vuelvo a alistarme luego de que su vehículo dobla por la esquina, alejándose. Ya nada volverá a ser lo mismo.
"Unas semanas más tarde…"
"Caminaba molesto por el pasillo del complejo de oficinas que era el lugar de trabajo temporal de su padre, apretando y abriendo los puños en un intento de controlar sus impulsos. Estaba decidido, no iba a permitir que ese estúpido compromiso le arruinara la vida, menos ahora que había vuelto a encontrar ese sentimiento tan cálido en su interior.
Se detuvo frente a una puerta con una placa dorada en la entrada, ni siquiera leyó la inscripción, simplemente entró.
— Tenemos que hablar — dijo sin siquiera saludar. Lo que había recibido esa mañana lo había molestado tanto, que no creyó necesario ser gentil ni atento.
— Buenas días, hijo — lo saludó el mayor, sin bajar la vista de los papeles que leía —. Un gusto verte, toma asiento y cuéntame qué tanto tenemos que hablar.
— No pienso celebrar la boda — soltó, tirando el sobre con el sello de su padre sobre el escritorio —. He decidido no casarme con Koharu.
— No puedes hacerlo — logró tener toda la atención del mayor, que por fin fijó sus ojos azules en su hijo —. Tenemos un acuerdo, una promesa. Un Vorobiov siempre cumple sus promesas.
— ¿Prefieres cumplir una maldita promesa, antes de la felicidad de tu hijo? — Ahora la mirada azul del más joven parecía dolida pero firme.
— Un compromiso es un compromiso — respondió, no tenía ganas de seguir con esa discusión —. Además, ¿de qué felicidad hablas? ¿Acaso… estás enamorado?
Apretó nuevamente los puños, sosteniéndole mirada. Sí, lo estaba, había recuperado hasta parte de su alma con ello, pero su padre jamás lo comprendería… menos en esas condiciones.
— Yo no he dicho eso — intentó ocultar la verdad, de todas formas su padre no lo conocía mucho —. Sólo he pensado mejor las cosas y prefiero… esperar un poco más.
— No mientas, sé que la encontraste — la dureza en las palabras de quien, se suponía, debía apoyarlo, le hirió el corazón —. Lo sé todo. No creas que me es desconocida la relación paralela que llevas con ella, pero escúchame, Miroku: Sango ya no existe. Ahora ella es una prostituta y, pase lo que pase, nunca dejará de serlo. Diviértete todo lo que quieras con ella, pero no intentes siquiera incluirla en tu vida. Eso es simplemente imposible.
Miroku tenía ganas de golpearlo, ¿cómo se atrevía? Sango era la víctima, no la culpable de todo. Se contuvo para no formar una escena, pero no iba a dejarlo pasar.
— No sabes lo que dices — aseguró, intentando vencer la tenaz mirada de su padre —. No sabes nada. Ella saldrá de ese mundo, rehará su vida y… yo la ayudaré. Hice una promesa y… los Vorobiov siempre cumplimos nuestras promesas.
Se marchó dando un portazo, sin siquiera esperar la reacción de su padre. Maldita la hora en la que aceptó ese comrpomiso. Malditas uniones económicas. Se subió a su auto y comenzó a conducir hasta su oficina. Odiaba todo eso… pero no iba a permitir que eso arruinara su vida, no ahora que las cosas iban tan bien. Su móvil lo sacó de sus pensamientos justo cuando estaba estacionándose. Contestó sin mirar siquiera la pantalla, no tenía ánimos de nada.
— ¿Diga?
— ¡Miroku! — La voz exaltada de Kikyō le respondió del otro lado. — ¡No puedo creer que hayas aceptado mantener la fecha de la boda! Creí que las cosas con Sango…
— Kikyō, ¿cómo…? — Pasó su mano por su frente, no recordaba haber confirmado con sus amigos la fecha de la boda.
— Salió en los diarios, hoy… — La respuesta de la chica fue suficiente, su padre o Koharu habían adelantado el anuncio.
— Vaya, ni siquiera yo lo sabía — suspiró, le dolía un poco el pecho —. No quiero casarme…
— Eso lo sé… — Kikyō parecía compartir el sentimiento. — ¿Hablaste con tu padre o con Koharu al respecto?
— Con mi padre, pero… — Cerró los ojos con fuerza, recordando las palabras de su progenitor. — Él lo sabe todo. Jamás nos permitirá estar juntos y… la verdad, no sé qué haré…
Tras unos segundos de silencio, Kikyō pareció meditar un momento y luego volvió a hablar:
— ¿Almorcemos juntos? Después, podrías intentar hablar con Sango… quizá, entre los dos, puedan hayar una solución.
Miroku asintió y le dio las gracias, se pusieron de acuerdo para almorzar y se cortó la comunicación. Esperaba, en lo más profundo de su ser, que todo saliese bien."
"Miró detenidamente el cuarto de su hija, esperando encontrar algo fuera de lugar, extraño, que le corroborara sus sospechas, pero al parecer no había nada. La chica seguía su rutina habitual, había vuelto a ser Nedez tal y como se lo habían ordenado.
Pero él sabía que había algo, su pequeña Sango estaba más feliz que de costumbre. Incluso, a veces, llegaba a verse radiante, como cuando los idiotas de sus amigos estaban junto a ella en su adolescencia. Volvió a sacar su móvil para ver los mensajes del detective que seguía a la chica cuando salía del lugar, sin poder creer que no hubiese encontrado nada raro. Su sexto sentido le indicaba que debía comenzar a actuar para que sus planes siguieran como estaban, nada debía interferir… El sonido de la puerta al abrirse lo sacó de su mundo.
— ¿Padre? ¿Qué haces aquí? — Preguntó la castaña, observándolo un poco temerosa. — ¿Acaso… hice algo malo?
Los ojos rojizos se posaron en ella, con una sonrisa perversa en sus labios.
— No, sólo… quería verte, hace tiempo que no tenemos tiempo para nosotros — respondió él, acercándose como depredador acechando a su presa.
— Eh… S-sí, he estado ocupada — la chica no se mueve, aunque baja la mirada: por muy bien que fuese su vida, eso era algo que nunca podría hacer de buena gana.
— Pongámonos al día, ¿sí? — Acaricia la mejilla de su hija, luego baja hasta el escote de su pecho y comienza a recorrer su piel.
Sango cerró los ojos, como siempre hacía, transportándose a otro lugar y dejando que su "padre" disfrutara de un buen rato con ella…
Al cabo de unos minutos eternos, Náraku se marchó dejando a Sango con sus pensamientos. Volvió a su casa y se dirige a su despacho, pensando detenidamente lo que haría a continuación. Sacó una vez más su móvil y, sentándose en su cómoda silla, marcó un número y esperó.
— ¿Sí?
— Quiero que, en lo posible, me muestres los rostros de los clientes de mi hija.
— Como ordene, señor.
La comunicación se cortó, mientras una perversa sonrisa volvía a formarse en sus labios. Si Sango estaba viéndose a escondidas con el idiota de Miroku o con alguno de sus otros amigos, lo averiguaría y tomaría cartas en el asunto."
En cuanto sale mi padre del cuarto, me meto bajo el agua fría. Siempre he sentido que de esta forma, mi cuerpo se limpia un poco más. Por lo menos siento que borra mejor las huellas que deja en mi cuerpo.
Salgo del baño y me visto sólo con una bata, pronto se acabará mi descanso y tendré que volver al "trabajo". Me siento en la cama y me doy cuenta que hay un periódico sobre mi mesita de noche, lo tomo y veo la fecha, es de hoy. Descuidadamente, paso las hojas, leyendo por encima sólo para pasar el rato hasta que llegó a la última, en donde aparecen los eventos sociales, y, entre líneas, leo su nombre. Busco con la mirada todo el texto, mientras mi corazón se detiene.
Se unen en sagrado matrimonio
Miroku Vorobiov & Koharu Kobayashi
Septiembre, sábado 13, 2014
Parpadeo un par de veces, releyendo el anuncio, un poco shockeada: es la próxima semana. Mis ilusiones y esperanzas vuelven a ser pateadas por la realidad. Sabía que Miroku estaba comprometido, y en este tiempo no había querido preguntarle sobre eso para no adelantar la caída de nuestro pequeño cielo, pero ya he golpeado duro la tierra. Claro, Kikyō me había dicho que sería dentro de poco, pero no me di cuenta de cómo el tiempo pasaba… una lágrima corre por mi mejilla, no la detengo, quiero que salgan mis lágrimas y dejar de sentir este nuevo vacío en mi pecho…
Otro golpe en mi puerta me anuncia que debo volver al trabajo, así que me limpio el rostro y guardo el periódico, preparándome para otra actuación más…
"Luego del almuerzo y de una reconfortante conversación con su amiga, decidido tomó su teléfono y marcó nuevamente el número de ese sitio que tanto daño había provocado. Esperó unos momentos en la línea, extrañado pues era raro que no atendieran de inmediato. Al cabo de unos cuantos tonos, por fin logró comunicarse.
— Servicios especiales Kotsu-Kotsu, habla Renkotsu.
— Buenas tardes, habla Hōshi Kouki, quisiera saber si podría tener una cita hoy con Nedez… — Miroku cruzaba los dedos, esperando que pudiese concertar algo lo antes posible.
— Déjeme ver… — Escuchó cómo Renkotsu hojeaba seguramente la agenda unos segundos, luego carraspeó y agregó: — Esta noche es de descanso de Nedez, así que…
— Usted sabe que pagaré lo que sea, sólo debe darme el valor — agregó, anticipándose a una negativa que no quería escuchar.
— Pero señor Hōshi, ella también debe descansar… — Escuchó el tono rebuscado de comprensión, sabiendo que no existía tal sentimiento en él.
— No le exigiré demasiado, se lo prometo — insistió, realmente quería verla.
— Bien, si tanto insiste… — Renkotsu le dio la suma y el número de cuenta para que depositara por adelantado, luego acordaron el horario y el lugar y se despidieron.
Miroku cortó la llamada y se dirigió al departamento que se había convertido en su refugio las últimas semanas. Se habían visto lo más que pudieron mientras Koharu estuvo fuera; una vez que la muchacha volvió de su viaje, los encuentros comenzaron a ser más lejanos, pero para ellos bastaba. Si se tenían el uno al otro, no les importaba esperar una semana o más para verse…
Pero ahora sería distinto. Habían especulado sobre su vida una vez que Sango saliera de eso, donde podría vivir, trabajar e incluso viajar. Miroku hasta había llegado más lejos, imaginándose una vida junto a ella, sin embargo ahora eso era una ilusión que se comenzaba a alejar y desvanecer. Esperaba poder volverla realidad, o por lo menos encontrar algo que le supiera a solución.
Preparó todo para la noche, haría esa velada tan especial o más que las demás. Ansioso, preparó mentalmente palabras para decirle a la castaña lo que ocurría, incluso lo ensayó frente a un espejo casi como un adolescente que se va a declarar…
Las horas pasaron hasta que el timbre le anunció la llegada de la chica. Se apresuró a abrir y dejarla pasar, cerrando la puerta inmediatamente y sonriéndole con cariño. Pese a ello, Sango no le devolvió una sonrisa, sino más bien un gesto de resignación y le mostró el periódico que llevaba en su bolso. Miroku lo observó unos segundos, sintiendo como una piedra en el estómago, luego se sentó en el sofá y la invitó a acompañarlo, con la mirada triste.
— Lo siento, yo… intenté cancelarla, no quiero casarme con Koharu, no la amo y con ella nada tiene sentido para mí… yo…
— Está bien, es lo que debes hacer — murmuró ella, interrumpiéndolo —. Es tu prometida, yo sabía que se acercaba este momento y nunca quise separarlos…
— Pero Sango, yo quiero estar contigo… — El oji azul tomó sus manos, mirándola con dulzura.
— Hubiese sido maravilloso, a mí también me encantaría estar contigo — Sango apretó sus manos, aferrándose a él —. Pero es imposible, lo sabes. Soy una prostituta, jamás podría entrar en tu vida. Como dije antes, no encajo. Y no es tu culpa — agregó al ver que él iba a replicarle —, las cosas simplemente son así. Aunque deje todo esto atrás, seguiré siendo alguien que vendía su cuerpo por dinero. El pasado no se puede borrar, lo sabes.
— Sí, aunque a mí no me importa…
— Pero hay muchas personas a las que sí — cerró los ojos, tenía ganas de llorar —. No quiero causarte problemas. Lo mejor será dejar las cosas hasta aquí, guardar todo esto como bellos recuerdos y seguir adelante, cada uno por su cuenta. Tienes muchas posibilidades por delante, serás alguien exitoso, tendrás una esposa digna de ti y, seguramente, una familia feliz algún día… y yo, seguiré luchando por salir de este mundo y también haré mi vida, quien sabe… quizá algún día también tenga un esposo…
Miroku apartó las manos, molesto. ¿Por qué se empeñaba tanto en alejarlo? ¿Acaso no quería siquiera intentarlo? Cerró los puños, reprimiendo un grito de rabia. Deseaba golpear todo lo que en esos momentos se interponía entre él y su felicidad: estereotipos sociales, normas, compromisos, a su padre, a Koharu, a Náraku… Sintió a Sango arrodillarse frente a él y abrió los ojos para verla: estaba llorando.
— Sango, por favor, no llores… detesto verte así — le secó una de las lágrimas con su pulgar, sintiendo como su corazón se destrozaba por dentro.
— Está bien, necesito llorar de vez en cuando… siempre me hago la fuerte, intento aparentar que nada me afecta ya, pero contigo no puedo fingir — sonríe tristemente, lo iba a extrañar —. Por favor, si de verdad me amas como dices, haz tu vida y aléjate de mí. No soy digna de ti, ni siquiera podría…
Sango colocó una de sus manos en su bajo vientre, presionándoselo con fuerza, enfrentando algo que hacía años sabía, quebrándose. Miroku se arrodilló a su lado y la abrazó, intentando confortarla, tomó su rostro entre sus manos e hizo que lo mirara.
— Nunca más digas eso. Eres digna de cualquier hombre que quiera amarte — le acarició el rostro con cariño y le besó la frente —. Incluso si te niegas a amarlo, sigues siendo digna.
La besó tiernamente, con cariño y calidez, para luego comenzar a profundizar el contacto, siendo correspondido por ella, mientras lenta y cuidadosamente iba acariciando las curvas de la muchacha. Se separó de sus labios para dirigirse a su cuello, bajando seductoramente por el pecho, hundiéndose en el valle de sus senos, mientras iba desabotonando la ropa de a poco.
Sango no quiso quedarse atrás y se deshizo de la camisa de Miroku, deleitándose con sus músculos trabajados, deslizando suavemente las yemas de sus dedos por su piel y besando aleatoriamente su torso. Él le quitó su blusa, dejando al descubierto la sensual lencería; pasó sus dedos por sobre la tela, sintiendo los pezones erguidos, hundió su rostro entre sus senos e inhaló el aroma de la muchacha, embriagándose con ello: era tan dulce. Sango lo abrazó con las piernas, haciendo chocar sus caderas, provocando al chico. Él le arrebató el brasier, dejando al descubierto la tersa piel de la castaña, luego la miró a los ojos y se supo el único que era capaz de disfrutar su sonrojo. Ella desvió su mirada al verse descubierta, era ilógico sentir vergüenza, pero era Miroku, no era otro hombre cualquiera.
— ¡… Ah…! Hum… ¿Qué…? — Sango comenzó a tartamudear y gemir cuando sintió a Miroku saborear sus pezones, jugueteando con su lengua.
— Trato de entrar en confianza — le respondió él, para luego volver a mordisquear ligeramente el pezón.
La muchacha arqueó la espalda, sintiendo como una corriente eléctrica la recorría entera, mientras su temperatura comenzaba a subir más y sentía un extraño calor en su vientre y entrepierna. ¿Así debía sentirse realmente hacer el amor con alguien? Era tan distinto a todo lo que había experimentado hasta ese momento… Volvió a soltar un gemido cuando Miroku pellizcó sus pezones, luego él bajó recorriendo con su mano el vientre plano de Sango hasta llegar al borde de la falda, la jaló hacia abajo y contempló las bragas finas que ella llevaba, pasó primero suave, luego más enérgicamente, sus dedos por sobre la tela de la lencería, incitándola. La joven hizo lo propio con la ropa de Miroku, dejándolo sólo con bóxer y masajeando tentadoramente la erección bajo la tela.
Tras unos minutos de intenso juego, Sango comenzó a sentirse húmeda. Miroku se percató de ello y aprovechó para eliminar el último obstáculo, apartando las bragas a un lado y deleitándose con toda su belleza al desnudo. También se quitó su última prenda, dejando al descubierto su miembro excitado. Entreabrió los labios mayores de Sango y comenzó a acariciar su clítoris, cuidadosamente, buscando la mirada de la castaña para saber si tenía permitido seguir. Ella asintió con la cabeza, mordiéndose el labio inferior, sintiendo como sus caderas vibraban con el contacto de Miroku. En un impulso, tomó la erección del oji azul con su mano y comenzó a masajearla, apretando de arriba hacia abajo con el mismo ritmo que él la acariciaba a ella, hasta que sintió sus dedos en su interior y arqueó nuevamente la espalda en respuesta, dejando escapar otro gemido.
Miroku se acercó a su boca y la besó tiernamente, recordándole que la amaba, que era él y no otro que estaba con ella… cuando sus miradas volvieron a encontrarse, separó las piernas de la castaña y espero la reacción de ella al posicionarse entre ellas. Sango levantó las caderas, rozándolas con las de él y, mordiéndose el labio, asintió con la cabeza. Sintió como él entraba en ella, rítmicamente, de forma lenta y tranquila al principio para luego intensificar el movimiento a la vez que sus caderas se sincronizaban. Eso se sentía tan distinto a todo lo demás…
Volvió a soltar otro gemido al sentir a Miroku juguetear de nuevo con sus pezones y masajear sus senos; agarró con sus manos los glúteos del chico, profundizando las embestidas, luego lo abrazó con las piernas, moviéndose al vaivén de él, mientras sus manos se aferraban a la espalda ancha de su amante.
— ¡Aaahhh…! Esto es… Mmm… — No podía ni siquiera describirlo, estaba llegando al cielo por primera vez.
— Te amo — murmuró Miroku, mordisqueando suavemente el lóbulo de su oreja.
El ritmo comenzó a ser más intenso, las sensaciones se intensificaron mientras cada uno llegaba al clímax junto con el otro. Por primera vez, había llegado al orgasmo y no lo fingía. Cayó rendida sobre la alfombra del living, con Miroku mirándola atentamente. Le besó la frente y la tomó en brazos, llevándola hasta el cuarto. Tiernamente, le acarició el rostro hasta que se quedó dormida, para luego descansar él también."
¡Habemus chap nuevo! Y a petición de una lectora, incluyo Lemon, espero les guste ;)
Ya saben, dejen reviews para saber qué les parece.
Agradecimientos muchos a Artemisa Neko-chan, SangoSarait y sango coral, quienes me animaron para continuar. Pido las disculpas pertinentes por el retraso, entre que estaba en el último mes de mi internado y que tenía que preparar mi examen de pretítulo, el tiempo me escaseó, pero espero actualizar más pronto de lo que imaginan.
Gracias por leer, mata-ne!
