LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.

Capitulo 18. Nunca dijimos adiós.
Música:

-Be Still – The Fray.
- Between–Courrier.
-I was broken- Sleeperstars.

-¿Por qué no despierta? – Casi grite frustrada. Jasper hizo una mueca sentándose a mi lado, escondí mi cabeza entre mis manos tratando de calmarme. – Han pasado 2 semanas.

Hace dos semanas Carlisle nos había anunciado con una sonrisa que Edward estaba fuera de peligro y que en cualquier momento despertaría. Hace 4 días nos dijo que le habían quitado todos los medicamentos y que esperaba que al fin despertara.

No había sido así.

-El está a salvo, Jasper. Le quitaron los medicamentos, ¡él está bien! – Dude un instante -
¿Cómo se ve, Jasper?

Tomo mi mano sin contestar, tuve el impulso de quitarla, no quería compasión, quería que Edward despertara. Rosalie se había encargado de prohibirme entrar a verlo. En cada horario de visita ella estaba aquí puntual para impedirme el paso, dadas las circunstancias le pedí a Jasper que el entrara. Rosalie discutió pero finalmente cedió todo gracias a la intervención de Emmet.

-El luce… golpeado, no te mentiré, pero él está bien Bella. Confía en eso.

-Entonces, ¿Por qué no despierta? – La desesperación en mi voz era evidente y no podía hacer nada para ocultarla.

-Escucha, he estado investigando -Lo mire interrogante -. Ya sabes, internet. El punto es que encontré una razón por la cual tal vez Edward no despierta. – Se quedo en silencio.

-Y bien, ¿Cuál es? – Titubeo antes de contestar.

-Él no quiere hacerlo - …

-¿Qué?

-No es que no pueda despertar, es que no quiere hacerlo. – El aire se fue de mis pulmones.

Él no quería despertar.

-¿De que estás hablando? Estoy perdida.

-Hay casos, como Edward, en que no quieren despertar porque antes de caer en el estado en el que se encuentran sufrieron mucho dolor. Ese es el ultimo recuerdo que tienen y huyen de él. Lo siento, cariño. Pero creí que querrías saberlo.

Mi mente era un caos y no hubo una sola célula de mi cuerpo que no se sintiera culpable.

Y tenía que llagar la maldad en persona, Rosalie, a empeorar todo.

-¡No me cansare de decir que esto es tu culpa!, el que no despierte es por ti. ¡Maldita la hora en que te conoció y se enamoro de ti!

Nunca había visto tanto odio en la mirada de alguien, ni siquiera en la de Alice. Logre encontrar mi voz para responderle.

-No importa cuánto me odies, jamás vas a odiarme tanto como yo lo hago – Soltó una carcajada sarcástica.

-Tus melodramas no funcionan conmigo -. Sentencio firmemente.

Esa fue la gota que derramo el vaso. Y me di cuenta que tal vez, la Bella de antes no se había ido del todo. Me puse de pie e inmediatamente Jasper se metió entre nosotras.

-Muévete, Jasper –. Pedí con voz fuerte sin dejar de mirar a la rubia. El vacilo, clave mis ojos en el – Ahora.

Se movió lentamente mirándola a ella y después a mí. Sentía la ira bullir en mi interior y quería golpear algo, la cara de Rosalie hubiera sido perfecta, pero no quería que me sacaran del hospital. Reuní todo el coraje y valor que tenia porque lo necesitaba.

-Has dejado claro tu maldito punto. Una y otra vez. No me quieres aquí, crees que es mi culpa, dices que no lo merezco. Bien, todo eso a mí me importa una mierda. No estoy aquí por ti y no me iré por ti tampoco. No tienes el derecho de correrme.

-Soy su mejor amiga. Tú no eres más que la estúpida que rompió su corazón.- Sonreí sin ganas mientras la razón se daba paso en mi mente.

-De eso se trata, el te cambio por ¨la estúpida que rompió su corazón¨, todo es por eso.

-No sabes lo que dices, tú y yo nunca seremos iguales. Edward no siente lo mismo por las dos.

-De eso estoy segura, el me quiere mí. – Me fulmino con la mirada y cerro sus manos en puños. –El odio que sientes por mi te provoca problemas con Emmett. ¿No te das cuenta que todo este odio y coraje te esta nublando el juicio? ¿Estás dispuesta a perder lo que más quieres solo por odiarme?

Su mirada no se aparto de la mía, sonrió inocentemente antes de contestar, y con eso estuve segura de que nadie podía ser peor que yo pero si alguien se acercaba esa era Rosalie Platt.

-¿Crees que tu sermón funciona conmigo? ¿Qué me daré cuenta que tú tienes razón y yo no? No me subestimes. Estaría dispuesta a perder lo que más amo, que es Emmett, y mucho más si con eso consigo mantenerte alejada de Edward -. Mire por encima de su hombro y mi corazón se partió un poco.

-Entonces, espero que disfrutes de la decepción. – Su cara mostro confusión antes de seguir mi mirada. Su expresión desapareció rápidamente al ver a Emmett. Sentí una perversa satisfacción ante su dolor.

-Emmett –Susurro- déjame explicarte…

-Estas equivocada, Rosalie. Porque acabas de perder lo que más amas y aun así no vas a conseguir que Bella se aleje de Edward.

Dio media vuelta y salió rápidamente de ahí. Yo no tenía buenos reflejos, afortunadamente mi mejor amigo sí. Por eso se puso frente a mí justo antes de que la mano de Rosalie se estrellara en mi mejilla golpeando a Jasper en el pecho en vez de a mí.

-Vete, Rose – Dijo con voz contenida – Y no vuelvas a intentar lastimarla jamás.

Nos miro con odio a ambos antes de salir de ahí. Jasper se puso frente a mí y tomo mi cara entre sus manos.

-Cambiaste – afirmo – Eres más fuerte.

-Todos cambiamos – Dije tomando sus manos y alejándolas de mí – Fue necesario. Necesito hacer algo.

Gire en el pasillo en busca de Emmett, pero encontré algo más. No supe que sentir al ver a Alice que me sonreía desde la otra esquina, me saludo con la mano antes de meterse en los baños. Y la seguí, porque era estúpida. Y porque el rubio tenía razón, me había hecho más fuerte.

-Ella es una perra – Fue lo primero que escuche al entrar al baño.

-Sí, lo es – Le concedí. – ¿Qué haces aquí?

-Vine a darte mi más sincero apoyo en estos momentos, que quede claro que dije el más sincero lo cual no es mucho siendo honesta.

-No me interesa tu apoyo, ni nada de ti, Alice. No te quiero cerca de mí y definitivamente no te quiero cerca de Edward. Vete. – Puso una mano en su pecho fingiendo sentirse herida.

-¿Me estas echando del hospital?

-No – Anuncie – Te estoy echando de mi vida.

Salí del baño sin dejar que contestara, si es que lo haría. Con valor renovado me dirigí a la oficina de Carlisle. Su secretaria estaba justo afuera en recepción, intento detenerme pero no lo permití. Abrí la puerta.

-Quiero ver a Edward – Anuncie fuerte y claro entrando en la oficina de Carlisle. Su recepcionista que venía detrás de mí, se disculpo rápidamente.

-Lo siento, Doctor Cullen. Intente detenerla. – Carlisle asintió levantándose de su silla.

-No te preocupes, yo me encargo – Respondió cerrando la puerta, me miro con diversión en sus ojos y fruncí el ceño. Hizo un ademan con la mano invitando a sentarme, lo hice lentamente mientras él hacía lo mismo frente a mí. Entrelazo sus manos frente al escritorio regalándome una sonrisa.

-Estaba esperando esto.

-¿Sabía que vendría? –Pregunte confundida.

-Bueno, Bella. Como doctor solo puedo creer en la ciencia. En lo que puedo ver y tocar. No se vería muy bien de mi parte rogarte que vieras a mi hijo y lo hicieras despertar – Un nudo se formo en mi garganta y lo pase rápidamente.

-¿Usted cree…? ¿Cree que si yo…?

-Soy un hombre también, Bella. Y creo en el amor, y creo en lo que hay entre ustedes.

Mi corazón se encogió al pensar en toda la esperanza que tenía en mí.

-Sé lo que paso entre ustedes – Comento, mi respiración se atasco, ¿me correría de su oficina? ¿Me sacaría de la vida de su hijo aunque lograra despertarlo? –No pongas esa cara, niña, no voy a regañarte. – Asentí lentamente componiendo mi expresión – Solo te daré un consejo, si me lo permites. Cuando creas en algo más fuerte que tú mismo, si alguna vez sientes algo tan grande y tan dentro de ti que te da la más grande alegría de tu vida pero al mismo el miedo más intenso al pensar en perderlo, lucha por el. Contra todo y todos. Incluida tú misma. No pases toda tu vida tratando de entenderlo, solo no lo dejes ir. – Termino paternalmente.

Limpie mis lagrimas sutilmente y le sonreí agradecida. Tomo mi mano por el escritorio y le dio un apretón, se lo devolví sonriéndole y limpiando mis lagrimas.

-No lo hare – Conteste – Gracias por tener fe en mi.

-Te llevare a su habitación, es hora de que mi hijo despierte.

Carlisle me dejo frente a la habitación diciéndome que estaría cerca por cualquier cosa, lo agradecí enormemente. Al abrir la puerta el olor a desinfectante y medicamento inundo mis sentidos.

Pero todo eso perdió importancia al centrar mi atención en el ángel dormido frente a mí. Era hermoso.

Incluso en este momento, con la cara pálida a excepción del ojo morado y el labio inferior partido, su nariz estaba un poco inflamada todavía y algo torcida, no había notado el corte en la ceja hasta que estuve lo suficientemente cerca.

Solté un suspiro tembloroso tratando de contener las lágrimas que se agolparon en mis ojos. Tome suavemente su mano acariciándola entre las mías, pase mis dedos suavemente por sus nudillos raspados y rojos, los lleve a mis labios depositando un beso en cada uno.

Se me escaparon un par de lágrimas y en algún lugar de mi mente me pregunte como aun tenia lágrimas que derramar.

Los latidos de su corazón, suaves y pausados, inundaban la habitación gracias a la maquina que tenia conectada. Pase el dorso de mi mano por su mejilla hasta su barbilla sintiéndola áspera al tacto, después subí hasta su cabello quitando los mechones de su frente, trate de peinar su cabello recordando como él lo hacía aunque dudaba que realmente lo peinara. Más bien sospechaba que no le gustaba tener el cabello en su frente.

Baje lentamente mi mano por su cuello y sus hombros hasta llegar a su brazo donde, al igual que el resto de su cuerpo, tenia círculos morados y amarillentos, recorrí cada uno de ellos con la punta de mi dedo.

A pesar del olor intoxicante del hospital podía distinguir el aroma de Edward. Algo entre menta y su propio olor particular.

Quería tocarlo lo más que podía, grabarme su aroma y el tacto bajo mis manos. Quería grabarme su cara. Sus cejas broncíneas perfectamente delineadas, sus pestañas largas y negras descansando contra sus mejillas, su nariz algo torcida pero que solo lograba mejorarlo, sus labios rellenos y rojos, la línea cuadrada de su mandíbula.

Al verlo así era más sencillo pensar que simplemente estaba dormido. Que despertaría en cualquier momento mostrándome sus hermosos ojos verdes y sus dientes blancos al regalarme una sonrisa torcida.

Acune su mejilla con mi mano y acaricie el dorso de su mano con el pulgar.

-Edward – Susurre, sonó áspero y bajo, aclare mi garganta –No hagas esto, se que la oscuridad atrae y es tranquila, que tienes miedo de despertar y enfrentar todo lo que viene, pero no estás solo, amor. Escucha mi voz, Edward. Si olvidas la manera de regresar solo recuerda lo mucho que te quiero. No solo yo te quiero de vuelta, también tu familia. – No había ni un solo cambio en el, no estaba segura de si podía escucharme, pero necesitaba creer que si y aferrarme a ello.

– Aquí estoy yo. Aquí estoy, y te necesito. No puedes dejarme, ¿me escuchas? No puedes. Regresa a mí, Edward. No puedo manejar las sombras sin ti, eres la única luz que he conocido. –Solloce apretando su mano contra mi pecho, rogando mentalmente para no perderlo.

Un suave gemido escapo de sus labios, tan suave que dude si en verdad lo había escuchado. Sus latidos comenzaron a acelerarse y abrí mis ojos asustada, sentí un ligero apretón en mi mano y jadee audiblemente. Una temblorosa sonrisa se abrió paso a través de mí.

Me acerque a él acariciando su mejilla esperando que abriera sus ojos y ver la vida en ellos. Controle el temblor de mis manos apretando fuertemente la suya.

Podía notar el esfuerzo que le costaba abrir sus ojos, sus parpados se movían ligeramente, aun pesados, y la cabeza de Edward cayó hacia un costado. Contuve la respiración.

Sabía que debía llamar a Carlisle pero la idea de alejarme de él en este momento resultaba dolorosa.

Sentí un apretón en mi mano de nuevo y entonces abrió sus ojos que conectaron con los míos al instante.

Café y verde.

Chocolate y menta.

Mi Edward.

-Bella – Susurro débilmente y todas mis terminaciones nerviosas cobraron vida al escuchar su voz.

Entonces, solo fui consciente de cómo su mano soltó la mía, sus ojos verdes se cerraron y ya no hubo más latidos inundando la habitación.

¿RIP Edward?

Por favor, no me maten. Aun no se termina la historia, es todo lo que puedo decirles.

Muchas gracias por leer y por tenerme paciencia.

Dudas, comentarios o quejas ya saben dónde. Todo se acepta.

Misery.