IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente historia es escrita sin fines de lucro.

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


Sonrió al ver las imágenes en su móvil. Aunque difuso y en ángulos poco adecuados, reconocía ese rostro, esos ojos azules, donde fuese. Por fin, después de varias semanas intentando descubrir la identidad de ese misterioso cliente, había confirmado sus sospechas. Sin embargo, esperaría unos días para intervenir, dado que seguramente con la boda, se separarían para siempre.

— Siempre te he dicho, Sango, que lejos de mí no encontrarás nada más que dolor y sufrimiento — murmuró, soltando una corta carcajada —. Espero que esta vez entiendas que no permitiré que te alejes de mí. Nunca.

Grito Silencioso
Capítulo XX
"Sorpresas al cuadrado"

"Lo observaba, un poco confundida. Hacía un mes, quizá, a él parecía no importarle si se casaban al día siguiente o en un año. Ahora, en cambio, le rogaba que retrasaran la boda. Ella no quería más demora, estaba todo listo y no iba a caer en la vergüenza de tener que reprogramar la ceremonia, avisar a los invitados y dar un nuevo anuncio. Iba a responderle, cuando fueron interrumpidos.

— No es necesario que le digas nada, Koharu — la voz grave hizo que su prometido se sobresaltara.

— ¿Qué estás haciendo aquí, padre? — Preguntó, sin ocultar su molestia. — Esto no es asunto tuyo.

— Claro que lo es — el mayor se dirigió a la muchacha —. La boda debe celebrarse el día planteado.

— Pero si Miroku quiere…

— ¿Sabes por qué quiere retrasarla, e incluso ha pensado en cancelarla? — El padre de Miroku la interrumpió.

— Por favor, no empieces — Miroku sabía perfectamente lo que diría su padre a continuación.

— Pero Miroku, será tu esposa, debe saber tus mañas… ¿no, querida? — Sonrió maliciosamente.

— Si hay algo que deba saber, entonces quiero que me lo digan — Koharu los miró a ambos, con ese semblante duro y exigente que había adquirido hacía un tiempo.

— Pero Koharu, tú ya me conoces… — Su prometido la miró con cierta picardía.

— ¿Hay algo que yo no sepa, señor Vorobiov? — Preguntó la chica, ignorando a Miroku.

— Está saliendo con una prostituta — reveló el mayor con un brillo extraño en sus ojos —. Incluso quiere ayudarla a salir de ese mundo para poder hacer una vida juntos — su voz fue melodramática, burlándose de los sentimientos de su hijo —. ¡Imagínate! ¿Qué pensarán si llegase a pasar algo así? Tu reputación, Koharu… no quiero ni pensarlo.

La chica se quedó helada mirando fijamente a su prometido, cuestionándolo con sus ojos.

— ¿Es eso cierto?

— Obvio que te lo negará — el Vorobiov más viejo se adelantó a su sucesor —. No es lo más digno que pudiese hacer un hombre, pero a fin de cuentas… las prostitutas saben como engatuzar a sus clientes y sacar el mayor provecho. Seguramente, pronto lo abandonaría, cuando ya tuviese lo que quiere, y…

— ¡Cállate! ¡No permitiré que hables así de ella, no es verdad! — Exclamó enardecido Miroku, no iba a permitir que hablara de esa forma de Sango.

— Entonces, ¿es cierto lo que dice tu padre? — Ella lo miró ofendida. — Esto no seguirá así, tenemos un acuerdo y lo vamos a cumplir. La boda no se retrasará. — Koharu resopló, hizo una reverencia al padre de Miroku y luego se dirigió a la puerta, y al pasar junto a su futuro esposo, le susurró al oído: — Caíste muy bajo, te vas a arrepentir.

Sin más, se marchó. Miroku golpeó con furia la mesa, esto no podía estar más mal.

— Te lo advertí. Mejor te empiezas a comportar como un Vorobiov y cumples tus deberes.

Con estas palabras, su padre también abandonó la sala, dejándolo solo. Esto era un asco."


"Días más tarde…"

"Revisó los papeles, sonriente. Era un trabajo impecable, ningún error, todo en orden. Su amiga siempre había sido brillante, detallista y excelente con los números.

— Te dije que sería de mucha ayuda — Kikyō le tocó dulcemente el hombro.

— Lo sé, jamás lo dudé — InuYasha posó su mano sobre la de ella, apretándola suavemente.

Sus ojos se cruzaron, con esa calidez que recordaban de adolescentes, cuando la vida les sonreía siempre, todo tenía solución y se tenían el uno al otro. Sin siquiera pensarlo, InuYasha se puso de pie y besó a Kikyō en los labios. Ella correspondió, pero el contacto sólo duró unos cortos segundos.

— No, InuYasha. No debemos, yo… no quiero tener más problemas. Te quiero mucho, pero creo que debes seguir adelante con tu vida, cumpliendo tus respnsabilidades — Kikyō le sonrió, con sinceridad —. Además, Kagome es una excelente chica, diferente a nosotros, pero buena y te tiene cariño, creo que hasta le gustas. Deberías darle una oportunidad.

— Pero Kikyō… — El oji dorado la miró a los ojos sólo para darse cuenta que era cierto. — Ah, lo sé, tienes razón. Lo he intentado, pero aún no lo logro del todo.

— Dale tiempo, de seguro se llevarán bien — asintió con la cabeza, segura —. Además, debes admitir que su apoyo en esto ha sido de mucha ayuda.

— Sí, me sorprendió, pero… — Él se rascó la cabeza, estaba un poco confundido. — ¿No podemos intentarlo nosotros?

— Creo que sólo sería por el recuerdo, intentando volver a esos días. No quiero tener una relación que podría dañarnos más — Kikyō besó tiernamente la frente de InuYasha y le dedicó una sonrisa tranquila —. Siempre seremos amigos y podremos contar con nosotros, pero en estos momentos no siento por ti más que eso, amistad.

El oji dorado agachó la mirada, lo comprendía y agradecía la sinceridad de la azabache, pero de todas formas le hubiese gustado intentarlo. Sin embargo, sabía que ella era más madura que él y que seguramente era lo mejor.

— Está bien, entiendo — le devolvió la sonrisa, por lo menos podrían seguir siendo amigos —. Concentrémonos ahora en ayudar a los muchachos.

Ella asintió con la cabeza. Después de todo, ni siquiera estaba segura de lo que sentía por InuYasha y prefería no complicar más las cosas."


"Después de unas semanas…"

Me vuelvo a encerrar en el baño, un poco mareada y con náuseas. Tras vomitar, me enjuago y mojo mi rostro, intentando despejarme. Ya va casi una semana que estoy así, Ban insiste en que vaya al médico, pero yo no quiero ir. Debe ser algo que me cayó mal o incluso el estrés. Nada más que eso, porque la otra posibilidad es prácticamente… imposible.

Vuelvo a mi habitación y me tiro en la cama, me han dado el resto del día libre pues no he atendido bien a mis clientes, así que han asignado mi agenda a otra muchacha. Miro mi mesita de noche y veo el periódico del día de hoy, lo tomó y al abrirlo, encuentro el ya acostumbrado sobre café con trabajo que deja InuYasha cuando no puede venir en persona. Hojeo el noticiario y me detengo en la parte de los eventos sociales, en donde veo, en una esquina, su foto. Viste formal, un traje oscuro que le queda perfecto; está acompañado de su, ahora, esposa Koharu, vestida con un vestido de fiesta un tanto descotado y tomando firmemente del brazo a Miroku. Fijo mi mirada en su rostro y logro percibir el hastío y una sombra de tristeza en esas facciones que son tan fáciles de leer para mí. El pie de foto reza "El matrimonio Vorobiov-Kobayashi hace su primera aparición en un evento social luego de su boda, en la celebración anual del día internacional de la moda".

Dejo el diario nuevamente en la mesita de noche y abro el sobre, encontrándome con algo más que los típicos papeles de contabilidad de manda InuYasha: un sobre blanco más pequeño. Rasgo uno de los bordes y saco el contenido, reconociendo la caligrafía de Miroku sobre el papel.

"Mi pequeña Sango:

Espero que te encuentres bien. No he querido volver a reunirme contigo, me es imposible soportar estar a tu lado sabiendo que será momentáneo y que luego volveré a esta absurda actuación de recién casado. Las cosas ya no tienen sentido para mí, por lo menos no el mismo de antes. Procuro gastar la mayor parte de mi tiempo en la oficina, con los muchachos o incluso solo, pero lejos de la casa, evitando la burda realidad del matrimonio que ni siquiera termino de aceptar. Ah, nada es lo mismo lejos de ti.

Te extraño, más de lo que hubiese podido imaginar alguna vez. Sueño todos los días contigo, en un desesperado intento por escapar. Koharu se ha vuelto peor que antes. Siempre fue celosa y de a poco intentó controlar cada cosa que yo hacía; sin embargo, ahora apenas si me deja respirar: cambió todo en la casa, tuve que esconder varias de mis cosas para que no terminaran en la basura; llama todo el día e incluso a veces se escabulle en mi oficina sin avisar, revisando mis negocios, cuentas, llamadas, compromisos… me asfixia. Y eso no es todo, ni siquiera respeta mis sentimientos ni mis recuerdos. Cada día la detesto más.

Te necesito tanto. El recuerdo de tu sonrisa sincera, desinteresada; de tu dulce voz susurrándome al oído, de tus ojos tan profundos y expresivos, de tus suaves manos y tus cálidos labios sobre los míos… de ahí saco fuerzas para seguir de alguna forma, aunque saber que cada día están más lejanos, tal vez termine siendo mi perdición.

Sé que estás bien, por lo menos eso es lo que me dicen los muchachos. Aunque imagino que quizás no quieras (o ellos no quieran) que sepa si estás triste o mal. De cualquier forma, mis pensamientos no dejan de viajar para estar contigo. InuYasha me ha dicho que haces un trabajo excelente con su contabilidad, y que pretende darte un empleo de tiempo completo cuando logres salir de ahí. Espero que eso sea pronto, para que puedas rehacer tu vida y cumplir tus sueños. Prométeme que serás feliz, y con eso yo estaré más tranquilo y también seré feliz.

¿Nos volveremos a ver alguna vez? No lo sé, pero cada día que paso sin ti, siento que nos alejamos más. De cualquier forma, seguiré amándote y seguirás siendo la mujer más fuerte, valiente y hermosa que conozco. Por favor, no me olvides, pues yo jamás lo haré.

Con amor, siempre tuyo,

Miroku."

Termino de leer la carta con lágrimas en mis ojos. Dios, Miroku, si supieras cuanto te extraño, te necesito y te amo… Limpio mis lágrimas y vuelvo a sentir náuseas, rápidamente voy al baño y vomito. Ya estoy empezando a preocuparme. Comienzo a sudar frío, mientras siento que las paredes y el suelo se desvanecen a mi alrededor hasta que todo se vuelve negro…


"Observó a las muchachas ir al comedor en grupo, como todos los días cuando se turnaban para almorzar. Era la segunda turnada, la última, y ella no había aparecido. Miró la hora y resopló, ya era tarde y si ella estaba descansando ya debería haber bajado a comer; si se sentía muy mal, hubiese avisado que no comería. Le avisó a su compañero que iría a ver que la castaña estuviese bien y se dirigió a su habitación.

Golpeó la puerta, sin recibir respuesta.

"Qué extraño, siempre responde al primer llamado" pensó, volviendo a golpear sin obtener señales de la chica. Abrió la puerta y entró, viendo el sobre abierto con los papeles sobre la cama, echo una hojeada, posando la mirada unos segundos en la carta, luego miró el resto de la habitación.

— ¿Sango? ¿Dónde estás, pequeña? — Se estaba asustando al no ver rastros de ella. — ¡Sango!

Se dio cuenta de que la puerta del baño estaba entreabierta, rápidamente fue hasta allí y entró, encontrando a la castaña desmayada en el suelo.

— ¡Sango! No, pequeña… Ahora no podrás impedirme que te vea un médico — murmuró, mientras la tomaba en brazos y la sacaba del lugar.

Se la llevó rápidamente hasta el servicio de urgencia, en donde un médico los recibió y la examinó en seguida, mientras le preguntaba cosas al oji verde. Él le contó que hacía días la muchacha se sentía mal, con vómitos, náuseas, que había estado decaída e incluso un par de veces se había desvanecido por unos segundos. El médico la examinó, tomó sus signos vitales y luego decidió que debía hacer un estudio más profundo.

— Bien, aparentemente todo está bien, por lo menos al examen físico y los signos vitales… pero le realizaremos unos exámenes de sangre para descartar algún proceso infeccioso, anemía o alguna enfermedad venérea… también quiero hacer una ecografía — le explicó el profesional, anotando los datos de la chica en la orden de exámenes.

— ¿Ecografía? — Preguntó Bankotsu, extrañado. — ¿Para qué?

— Bueno, es la forma más rápida para saber si está embarazada o no — dijo el médico —. Los síntomas concuerdan con muchos cuadros, pero como es una trabajadora sexual, siempre existe la posibilidad…

— No, eso es imposible — la voz de la castaña los interrumpió, un tanto adormilada todavía —. Yo no puedo tener hijos.

— ¡Vaya, despertaste! — Bankotsu la miró con alivio. — Me preocupaste.

— Te dije que no era necesario ver a un médico, estoy bien… sólo es el estrés o… bueno, tú sabes — Sango cerró los ojos, como intentando no pensar en eso.

— Bien, señorita Sango, de cualquier forma ya está aquí, le ralizaré todos los exámenes que mencioné, incluyendo la ecografía. Así descartamos todo de una vez — sentenció el médico, con una sonrisa de suficiencia.

La castaña resopló, resignada. Eso era simplemente perder el tiempo."


"Un par de horas más tarde…"

Volvemos al burdel, ante la atenta y curiosa mirada de quienes nos ven llegar. Ignorándolos por completo, me encierro nuevamente en mi habitación, lanzándome a la cama y desordenando los papeles que había olvidado encima de ella. Busco con mi mano a tientas la carta de Miroku y, al encontrarla, la presiono contra mi pecho. Luego saco la carpeta en donde está el informe de la ecografía que me hicieron y, sin prestar atención a las especificaciones detalladas antes, vuelvo a leer la conclusión al final de la hoja:

Conclusión diagnóstica: Gestación doble, bicorial – monoamniótica, ambos fetos vivos, con actividad cardiaca presente. Edad gestacional por biometría, 8 semanas + 3 días. Sin FUM aportada por la usuaria.

Traducción: estoy embarazada. Y no sólo eso, espero gemelos. Cambio la hoja de la ecografía, encontrando las imágenes en blanco y negro, difusas y poco claras, pero en las que logro distinguir a ambos bebés. También abrazo la imagen de mis hijos, decidida a no permitir que esta vez me los arrebaten, luego cubro mi bajo vientre con ambas manos, como acunándolos.

De pronto, unos golpes a mi puerta me traen de vuelta al mundo real, un escalofrío me recorre junto con el miedo, oculto la carpeta mientras escucho la odiosa voz tras la puerta.

— ¿Ya te sientes bien, Nedez? — Es Renkotsu, seguramente quiere que atienda a alguien.

— Sí…

Sin siquiera esperar invitación, llega y entra a mi cuarto, cerrando la puerta tras de sí y me observa, analítico.

— ¿Cómo les fue? ¿Estás lista para volver al trabajo? — Me pregunta, con su habitual tono exigente. — Hay un cliente que insiste en verte, un domicilio… Y por lo que ofrece, me es imposible decirle que no.

— ¿Acaso es…?

— No, no lo has atendido antes a domicilio, por lo menos — me extiende un papel con la dirección y el nombre, InuTaisho Higurashi…

— Bien, iré.

Comienzo a alistar mis cosas, mientras Renkotsu me observa con una malévola sonrisa en sus labios.

— Espero que todo esto no se vuelva a repetir, no quiero seguir perdiendo dinero por culpa de tus enfermedades pasajeras — me advierte —. Y espero que atiendas muy bien al señor Higurashi.

— Claro, Renkotsu, como digas…

Me coloco el abrigo y me dirijo a la puerta, esperando a que él también salga de mi cuarto, no quiero arriesgarme a que intrusee en mis cosas. Se acerca a mí, sale del cuearto y antes de dirigirse a su oficina, me inquiere:

— ¿Y al final, que tenías? ¿Por qué tanto alboroto? — Levanta una ceja, esperando mi respuesta.

— Eh… nada, sólo un virus de estos que andan por ahí, ya sabes… — le respondo, con una sonrisa un tanto nerviosa. Pero al parecer me cree, porque se marcha haciéndome un gesto con su mano.

Voy hasta el recibidor y me despido de Ban con un gesto de mi mano, pues está atendiendo a un cliente que acaba de llegar. Supongo que me hará bien hablar con InuYasha en estos momentos…


"Colgó el teléfono y suspiró. Todo estaba listo, luego de haber recibido la llamada del oji verde anunciándole que Sango necesitaba su ayuda, llamó inmediatamente al dueño del lugar para pedir un "domicilio", tras lo cual se comunicó con Kikyō para que fuese a su casa, ella podría comprender mucho mejor a la castaña.

Unos minutos más tarde, llegó su azabache amiga, bastante rápido y un poco preocupada.

— ¿Llegó Sango? — Preguntó luego de saludar al platinado.

— Aún no, pero debe venir en camino — le contestó, mirando la hora.

— ¿Sabes qué podría haberle ocurrido?

— La verdad, Bankotsu no me lo dijo, pero sí recalcó que iba a necesitar mucho apoyo. Aunque algo me dice que tiene que ver con Miroku — agregó InuYasha, sentándose en el sofá.

Al poco rato, el timbre nuevamente anunció la llegada de alguien más, el dueño de casa abrió la puerta y recibió con un cálido abrazo a su amiga castaña.

— ¡Sango! Me alegra verte — dijo, mientras llegaban a la sala de estar.

— A mí también — respondió ella, luego saludó con otro abrazo a Kikyō, feliz —. ¡Kikyō! Te he extrañado tanto.

— Yo también a ti — ella correspondió el abrazo.

— Bankotsu me llamó, diciendo que seguramente querrías hablar con nosotros — explicó el oji dorado, invitándola a sentarse —. ¿Ocurrió algo?

— Bueno, la verdad sí — Sango se sentó y suspiró, mirándolos con cariño —. Hace como una semana que me he sentido mal, mareada, con náuseas y vómitos, y a veces como que me iba… sin embargo, hoy fue peor, luego de haber vomitado, me desmayé. Bankotsu me encontró y me llevó al médico, yo no había querido ir antes, pensé que sólo era algo que me había caído mal, o incluso una respuesta de mi cuerpo a la situación… el médico me hizo muchos exámenes, incluyendo una ecografía y… en resumen, estoy embarazada.

Los muchachos la quedaron mirando, sorprendidos. La misma situación de hacia años, sólo que ahora…

— ¿Y sabes quién es el padre? — Se aventuró a preguntar InuYasha.

— Las únicas personas de las que no me cuidé de ninguna forma han sido Náraku y… Miroku — respondió, presionando sus puños —. Y las semanas de embarazo no me dicen mucho, con ambos estuve el mismo día…

Kikyō la abrazó con cariño, mientras InuYasha iba a buscarle una taza de té para reconfortarla. Sango aceptó la bebida caliente y luego de beber un sorbo, volvió a hablar.

— Eso no es todo — murmuró, bajando la vista hacia la taza —. Estoy esperando gemelos.

InuYasha y Kikyō la quedaron observando boquiabiertos. ¿Gemelos? Eso sí que era un poco más complicado.

— Pero, ¿cómo? — Reaccionó Kikyō después de unos segundos. — Es decir, pensé que no podías tener hijos, ¿y ahora esperas gemelos?

— Lo sé… el médico me explicó que será complicado, tendré que cuidarme mucho, incluso me recomendó no trabajar por este tiempo, pero… no puedo, no sin levantar sospechas…

— Sango, eso es peligroso para ustedes 3… los bebés… — InuYasha se mostró asustado.

— Sí, no puedes arriesgarte a perderlos de nuevo… — Kikyō apoyó a su compañero.

— No volveré a permitir que algo les suceda a mis hijos, nunca más — aseguró con firmeza Sango, con ese semblante decidido —. Estaba pensando que es el momento de salir de esa casa, para siempre.

Ambos se miraron entre sí y luego le devolvieron la mirada a ella. Si esa era su decisión, era hora de comenzar a actuar ya."


Yap! Hace días lo tenía listo, pero no me había podido sentar a subirlo. Lo prometido es deuda, espero que les guste, esto cada vez se pondrá mejor (o eso espero xd)

Aclaraciones: la ecografía, en traducción, dice que Sango espera gemelos idénticos (más específico, los dos en una sola bolsa, pero con placentas distintas). La FUM es la Fecha de Última Menstruación (en algunas partes le dicen FUR, Fecha de Última Regla), y es la que se usa para calcular las semanas de un embarazo.

Agradecimientos, cariños y abrazos a Sango Sarait y Artemisa Neko-chan, sin su apoyo y paciencia, no sé qué haría! (Escribirle a los aliens o los fantasmas, tal vez xd) Muchas gracias, nos estamos leyendo!

Mata-ne!