IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente historia es escrita sin fines de lucro.
ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:
Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.
…blablá… es la narración de Sango
"…blablá…" es la narración en tercera persona.
—…blablá…— son los diálogos.
/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.
"…blablá…" son los pensamientos.
"— Y bien, ¿harás algo al respecto? — Preguntó, con sus rojos ojos fijos en el respaldo de la silla en la que estaba sentado su "jefe".
— No lo sé, no han vuelto a acercarse a ella, pero… — La fría voz pareció meditar las diferentes ideas que pasaban por su cabeza. — No sé, algo me da mala espina, ella ha estado muy rara últimamente…
— Sí, y esos clientes que ha tenido… — El hombre calvo de pañoleta se pasó los dedos por la barbilla, pensativo. — Hōshi no es el único sospechoso.
— Así es — la silla se giró, revelando la malvada mirada de su ocupante —. Quiero saber qué es exactamente lo que está pasando, y que sea lo antes posible. Esa es tu tarea, Renkotsu — el de pañoleta asintió, con un extraño brillo en sus ojos —. Y el tuyo, Kagura, será averiguar qué trama Kikyō, estoy seguro que algo se trae entre manos, y si tiene que ver con mi pequeña, no permitiré que lo lleve a cabo.
— Como ordenes, Náraku — respondió la oji roja, resoplando su flequillo —. Pero si esto se sale de tus manos, ten por seguro que no sabrás de mí.
— Sé lo traicionera que eres, lo tengo presente — respondió Náraku, con una sonrisa —. Puedes esperar lo mismo de mí, no te preocupes.
Los tres alzaron sus vasos, bebiendo un poco más del whiskey que el dueño de casa les había proporcionado. Era momento de poner orden y dejar claro quién llevaba las riendas del asunto."
Grito Silencioso
Capítulo XXI
"Descubiertos"
Abro lentamente los párpados, aún con sueño, y me encuentro con unos ojos marrones mirándome fijamente. Me sorprendo un poco, no es quien yo hubiese esperado, pero ella sonríe con calma y me extiende una taza con chocolate caliente.
— Buenos días.
La observo, aún confundida. ¿Por qué Kagome Higurashi está a esta hora en la casa de InuYasha…?
— Ah… buenos días…
No sé que cara debo tener, pero ella me vuelve a sonreír con calidez, mientras yo recibo la bebida caliente en mis manos. No sé qué decir, en verdad ni siquiera comprendo su actitud, la única vez que la vi, ella…
— Lo siento, sé que te debo una disculpa — interrumpe mis pensamientos, logrando que la mire —. La primera vez que te vi, no tuve una buena impresión y lo que dije, bueno, sé que debe haberte herido. Pero InuYasha me ha explicado que tu vida no es como yo la pensaba. Lamento mucho todo lo que has pasado.
Su rostro se ve afligido, yo aún no comprendo nada. ¿Acaso de verdad se siente mal por mi situación…?
— No debes disculparte, sé que mi vida no es de lo más digna — le respondo, aún confundida —. No es necesario que comprendas ni lamentes lo que me pasa.
— No, no lo estás entendiendo — ella coloca sus manos sobre las mías, con delicadeza —. Quiero que sepas que te ayudaré a cumplir tus sueños. InuYasha me ha dicho que debemos actuar lo antes posible, y pues… quería hablar contigo y aclarar las cosas.
Sigo sin comprender, creo que incluso estoy más perdida que antes. Bebo un poco de chocolate caliente, tratando de no parecer tan confundida.
— Sé que debe ser difícil de comprender, pero con InuYasha hemos estado hablando sobre negocios, y, bueno… — Me mira unos segundos, seguramente buscando las palabras para explicarse ante mi cara de duda. — Has hecho un excelente trabajo con la contabilidad este tiempo, quisiéramos que…
— ¡Ya déjate de rodeos, Kagome, la estás mareando! — La inconfundible voz de InuYasha nos toma desprevenidas, volteó hacia su origen y lo veo caminando junto conp Kikyō hacia nosotras. — Es tan simple como preguntarle si quiere un puesto permanente, con nosotros.
— ¿Un puesto… permanente? — Pregunto, un tanto sorprendida. Sí, InuYasha me lo había mencionado en su momento, pero pensé que para eso aún faltaba mucho tiempo…
— Así es, creemos que mientras antes, mejor — corroboró Kikyō —. Más con todo lo que está pasando.
— Y no aceptaremos un "no" por respuesta — agregó Kagome, sin dejar de mirarme de esa forma dulce.
— Supongo que no tengo otra opción… Acepto — respondo, aunque sigo confundida.
Los tres sonríen ante mi respuesta, mientras Kagome se acerca a la mesa para traer unos papeles, InuYasha y Kikyō se sientan a mi lado.
— Debemos sacarte de ahí cuanto antes — indica él, con decisión.
— No queremos que corras riesgos, y seguir allí ya es demasiado — lo apoya mi hermana, observando como Kagome se acerca con los documentos.
— Podrías mudarte a otra ciudad, el negocio que hemos empezado con InuYasha tiene un par de sucursales lejos de aquí y…
De pronto, el sonido de mi móvil los interrumpe. Saco el aparato de mi bolso y mi corazón de congela al ver quien llama. Contesto, tratando de que mis nervios no se noten.
— ¡Papá! ¿Qué sucede? — Pregunto, mientras los muchachos me observan con cara preocupada.
— Llamé a Renkotsu y me dijo que habías estado un poco enferma, pero que luego de que Bankotsu te llevara al médico, saliste a hacer un domicilio…
Su voz es fría y al parecer, se encuentra molesto. ¿Acaso nunca podré dejar contentos a todos?
— Sí, había estado fallando un poco, por eso pensé que lo mejor era…
— ¡Calla! — Me regaña entre dientes. — ¿Por qué no sabía que estabas enferma? ¿Qué es lo que tienes?
— Só-sólo un virus estomacal, nada del otro mundo… — Instintivamente cubro mi vientre con mi mano, tengo miedo de lo que pueda pasar.
— Bien, espero no tener más percances como ese — murmura, puedo adivinar una mueca de fastidio en su rostro —. ¿Y cuándo vuelves?
— Ehh… ya estoy por irme, llegaré pronto.
— Perfecto, quiero que tengamos una charla. Los domicilios se están haciendo algo tediosos, y como sigo teniendo el control, seguiré tomando yo las decisiones. Recuerda que eres mía y de nadie más.
La comunicación se corta, mientras un par de lágrimas se escapan de mis ojos. Lo odio con todo mi ser, pero aún le temo demasiado. Como siempre…
— ¿Sango?
Miró a los muchachos, supongo que se han dado cuenta de lo sucedido. Guardo mis cosas y me pongo de pie, no quiero meterlos en problemas.
— Muchas gracias, muchachos, pero… no quisiera que sufrieran las consecuencias de ayudarme — les sonrío, aunque ellos no me devuelven el gesto.
— ¿Vas a permitir que siga controlando tu vida? — Me inquiere InuYasha, evidentemente molesto. — ¿Sabes lo que eso significa, para ustedes tres?
— No lo malinterpretes, no permitiré que le haga daño a mis pequeños. Pero tampoco quiero que les pase algo a ustedes sólo por intentar ayudarme. Debo salir sola de esto. Lo siento.
No espero respuesta, simplemente me voy. El temor es demasiado grande y el dolor sería aún peor. Conozco a Náraku y sé que sería capaz de cualquier cosa para mantener las cosas como quiere. Cualquier cosa, y no quiero pensar en perderlos… para siempre…
Me dirijo hasta el prostíbulo y en mi cuarto encuentro a mi padre, hojeando uno de los diarios que había en mi mesita de noche. Dejo mis cosas a un lado y lo observo, esperando.
— Llegaste rápido — no levanta la mirada, parece haber encontrado algo de su interés en la sección que estaba mirando —. Me alegra, porque tengo muchas dudas sobre cierto cliente que últimamente has atendido, y que precisamente aparece aquí.
Señala el periódico, y aunque podría tratarse de cualquiera – ya que atiendo a varios personajes importantes de la ciudad –, mi sexto sentido me dice que es sobre Miroku. Paso saliva e intento tranquilizarme, tomamos todas las precauciones, Náraku no debería…
— Toma asiento a mi lado, para que charlemos — su fría voz hace que se me erice la piel. Obedezco, aunque por dentro quiero correr lejos.
— ¿De qué se trata, padre? — Pregunto, intentando mantener la calma, que el miedo y los nervios no me delaten.
— De esto.
Me muestra el anuncio en la página de eventos sociales y mi corazón se detiene.
"Salió de su casa, como todos los días, antes de que todos se levantaran. Escapar, eso era lo que hacía todos los días, para no enfrentarse a su esposa, a la tediosa realidad que estaba jugando con su vida. Arrancó su vehículo y se dirigió hasta el departamento que había sido cómplice de su efímera felicidad, para buscar entre esas paredes silenciosas y frías, los rastros de los sueños que habían dado brillo y sentido a su existencia, aunque hubiese sido pasajero.
Como todos los días, subió las escaleras de forma lenta, repasando en su mente cada momento en que las había subido con Sango, o que las había espiado pacientemente sólo para verla aparecer… pero hoy algo fue distinto. Llegó al último peldaño y, al levantar la vista, observó a alguien saliendo del lugar.
— ¡Hey, detente!
Corrió lo más rápido que pudo, pero ante la sorpresa, el intruso ágilmente saltó por la baranda y desapareció unos pisos más abajo, por la calle. No alcanzó ni siquiera a mirarle el rostro. Maldijo entre dientes, mientras observaba el desastre que era ahora su refugio. Comenzó a recoger papeles y fotografías, recuerdos rescatados de las garras de su esposa y otros tantos, creados ahí mismo. Ordenó lentamente, colocando todo en su lugar, intentando descubrir qué diablos podría querer alguien ahí. Revisó cada cosa, buscando si faltaba algo, hasta que lo notó. Un retrato vacío en una de las repisas. Faltaba la fotografía más especial para él, una en la que aparecía con Sango, ambos abrazados, en un momento en el que pensaban que la vida podría sonreírles…
— ¿Pero quién, por qué y para qué…?
Sólo bastó con pronunciar las interrogantes para saberlo. Náraku. Era el único que podía estar interesado en descubrir algo así, para torturar a la muchacha, lastimarla, intimidarla, alejarla… Sacó su móvil para llamarla, pero una llamada entrante le impidió su cometido.
— ¿Qué pasa? — Contestó, un tanto ansioso.
— Anoche estuvimos con Sango — la dulce voz de su amiga parecía preocupada —. Ella… ella debe salir de ahí, lo antes posible. No puedo explicártelo, pero debemos sacarla de allí.
— Lo sé, pero… ¿y el trabajo de InuYasha? Pensé que podría irse a otra ciudad y empezar…
— Nosotros también, pero… Náraku. Él la llamó y, bueno… ella no quiere ponernos en peligro.
— Igual que aquella vez — murmuró él, apretando los puños con impotencia —. Y las consecuencias son…
— Lo sabemos, pero no pudimos detenerla — la voz femenina titubeó un momento antes de continuar —. Creo que Náraku sabe algo, Miroku. Temo que les pueda hacer algo…
— Eso jamás. Ya me aburrí de esto — respondió Miroku decidido. Ya era hora de actuar."
Sigo paralizada ante la mirada acusadora de mi padre, mirando fijamente el anuncio. ¿Realmente se habrá enterado? ¿O es una de sus estrategias para sacarme información?
— ¿Y bien? — Me inquiere, con ese tono tosco que suele usar cuando me regaña. — ¿Me vas a dar una explicación?
— Yo… — Miro el anuncio y apreto mis puños, ya no hay nada por hacer. — Yo lo leí por accidente hace unos días. No quise… pensé que él…
Las lágrimas se arremolinan en mis ojos, la realidad sigue abrumándome, aunque mi padre no lo sepa.
— ¿Que al reconocerte, recordaría los viejos tiempos, te rescataría de la torre y se casaría contigo, para que fuesen felices para siempre? — Su voz burlona sólo logra que más lágrimas recorran mis mejillas, pero no se detiene. — ¿No has aprendido nada, Sango? ¡Eres una prostituta! Incluso si ha tenido sexo contigo, es sólo eso, S – E – X – O. El cuento del príncipe azul que te vendrá a rescatar, no existe. Nadie amará a una mujer como tú, lo sabes. Olvida todo eso, tu lugar es con nosotros. En ningún lado te valorarán como aquí. De hecho, en ningún lado te aceptarían.
Se pone de pie y arroja el diario en la cama, a mi lado, mientras me observa con reprobación.
— Olvidaré este percance con Vorobiov, si prometes portarte bien de ahora en adelante y te metes en esa cabecita tuya, que nadie te va a querer jamás. No quiero volver a tener esta conversación contigo.
Asiento con la cabeza, aguantando las ganas de golpearlo y correr. Sé que tiene razón, pero ahora tengo algo más por lo que luchar. Al parecer, está satisfecho con mi respuesta, pues se marcha sin decir nada más. Yo me recuesto en la cama y abrazo un cojín, quisiera desaparecer…
"Observó la fotografía, prueba irrefutable de que sus sospechas eran ciertas. Aunque la conversación que había tenido esa mañana con su hija fue un tanto satisfactoria, algo no encajaba. Esa sonrisa, ese brillo… debían desaparecer para siempre.
Dejó la fotografía en su escritorio y marcó el número de su socio y cómplice.
— Quiero que descubras todo lo que oculta. Sin peros ni justificaciones.
— Entendido señor — le contestó el aludido, luego la comunicación se cortó.
Si debía escarbar en lo más hondo para mantener a su pequeña a su lado, lo haría. Nada la iban a alejar de él."
— ¡San, déjame entrar!
Escucho a lo lejos la voz de Ban, mientras los golpes en la puerta se hacen más fuertes y desesperados. Abro los ojos, aún media adormilada, buscando mi bata para abrirle.
— ¡Por favor, no puedes…!
La puerta se abre de golpe, arrancándome bruscamente la somnoliencia que me quedaba. Ingresa Renkotsu, seguido de Kyokotsu y Musō, un tanto divertidos, y Ban pisándoles los talones, molesto. Sin darme tiempo a reaccionar, Kyokotsu me saca de la cama y me afirma entre sus brazos con fuerza, mientras Renkotu y Musō comienzan a fisgonear entre mis cosas, desordenando mi habitación.
— ¡Kyokotsu, suéltame, me haces daño! — Le reclamo, intentando librarme, aunque sin éxito. — ¿Qué es todo esto?
— ¿Que no es obvio? — Renkotsu me mira perverso, hojeando una revista que estaba bajo mi cama. — Una inspección de rutina — deja el artículo a un lado y luego intenta abrir uno de los cajones de mi cómoda, donde guardo mis cosas personales bajo llave —. ¿Qué guardas aquí, algún secreto importante? Vamos a averiguarlo.
Trago saliva, buscando la mirada de Ban con miedo. Si revisa ese cajón, encontrará las carpetas de InuYasha y también la ecografía…
— ¿No puedes permitirle un poco de privacidad? — Ban se adelanta hasta donde está su hermano, deteniéndolo. — ¿No te basta con todo lo que ha tenido que pasar en este sitio?
— Querido hermano, aquí nadie me guarda secretos, menos mis trabajadoras — responde Renkotsu, mientras le hace un gesto a Musō para que fuerce la chapa del cajón —. Nadie debería intentar ocultarme cosas.
Ante el inminente descubrimiento de mis secretos, Ban golpea fuertemente a Kyokotsu, dejándolo confundido, luego se dirige a Musō y le propina un codazo en el abdomen que le arrebata el aire de los pulmones. Renkotsu no sabe cómo reaccionar, mientras instintivamente me dirijo a mi cómoda y saco mis cosas, sabiendo que debo escapar antes de correr más riesgos, ya no hay vuelta atrás. Renkotsu reacciona e intenta alcanzarme, pero Ban se interpone, dándome tiempo para irme.
Corro por el pasillo, ante miradas extrañadas y curiosas de mis compañeras, quienes no intentan detenerme. Un par de clientes parecen preocupados, aunque no me detengo por ellos, sigo hasta la entrada y salgo, para encontrarme con el bullicio de una calle transitada a esas horas de la noche. Me mareo un poco con el ruido, e intento buscar con la mirada dónde ir, pero no encuentro opción, alguien está esperándome afuera.
— ¿Vas a algún lado, hija?
"Observó a la muchacha que se negaba a abandonar su habitación y bufó, ya estaba comenzando a hartarse.
— Koharu, fuera de mi cuarto, quiero dormir — le espetó, dándole la espalda.
— No, ya te lo he dicho — la chica dejó caer su bata, decubriendo su cuerpo cubierto por una fina lencería bastante sensual —. Es hora de que consumemos nuestro matrimonio.
— No lo haré y no me obligarás — la miró de reojo, sin siquiera inmutarse con la imagen —. Mejor deja de gastar energías en eso, sabes que no resultará.
— ¡Agh, Miroku! — Koharu estaba enfadada, con los puños apretados y las mejillas rojas. — ¡Ya es suficiente de caprichos de niño mimado! ¡Es hora de que olvides tu pasado y comiences a hacerte cargo de nuestro presente y futuro juntos!
La joven se acercó a él, con el ceño fruncido por el enojo, los brazos cruzados resaltando su busto inflado por los resoplos de indignación. Miroku la miró fijo un instante y torció la boca en una mueca de escepticismo y burla.
— ¿Crees que soy un niño mimado y todo esto es un capricho? — La encaró, sin quitar esa mueca de su rostro, mientras caminaba hacia la muchacha, haciendo que ella retrocediera. — ¿Crees que todo lo que me sucede es algo banal y que lo olvidaré y dejaré atrás así de simple? ¿Piensas que insinuándote tan grotescamente, consumando nuestro matrimonio e intentando controlar cada paso que doy, tendrás todo seguro? Estás muy equivocada, seguiré evitándote todo lo que pueda, porque ni siquiera siento la calidez de tu persona. Para mí, eres como un maniquí. Aunque en algo tienes razón — Miroku tomó su mentón, acercando sus rostros hasta que sólo milímetros los separaran, mirándola fijamente a los ojos con decisión —: me haré cargo de nuestro presente y futuro, juntos.
Dicho esto, abrió la puerta que se encontraba justo detrás de su esposa y le empujó hasta el otro lado, cerrando con fuerza y tirándose en la cama. Sí, no iba a permitir que Koharu arruinara su vida. No en esos momentos."
"Tenía una velada normal, una cena tranquila con su prometida, cuando su móvil decidió comenzar a sonar. Miró la pantalla del aparato y contestó rápidamente.
— ¿Bankotsu?
— ¡Deben ayudarla! Acaban de… ¡maldita sea, Náraku! ¡Sango!
Ruido de alboroto, golpes y luego sólo el bullicio de muchos pasos alrededor del aparato.
— ¡¿Bankotsu?! ¿Qué pasó? ¡¿Bankotsu?!
InuYasha cortó la comunicación, molesto y con miedo. ¿Y si la habían descubierto? ¿Y si nunca la volvían a ver? ¿Y si le hacían daño a los bebés, a ella? Tiró su teléfono lejos, no sabía qué hacer. No la encontrarían en el prostíbulo y no tenía idea de dónde ni cómo buscarla.
— ¿InuYasha, qué sucede? — Kagome lo observaba, confundida. ¿Qué clase de llamada podría producir esa reacción en su prometido?
— Es Sango… creo que está en peligro, pero… — Apretó sus puños con más fuerza de lo habitual, ¿era posible que no pudiese hacer nada? — ¡Pero no sé dónde está, maldita sea! — Golpeó con fuerza la mesa, furioso. ¿Quién podría ayudarlo? Ahora lamentaba no haberse hecho de más amistades "poderosas".
— Deberíamos avisarle a los muchachos, Miroku y Kikyō deben saber lo que está pasando… — Murmuró la azabache, pasándose los dedos nerviosamente por su cabellera.
— No creo que puedan hacer algo, pero de todas formas… — De mala gana, tomó su móvil y marcó a Miroku primero, quien respondió casi de inmediato. — Miroku, debes venir a mi casa, pasa a buscar a Kikyō… Sango está en problemas — cortó para marcar a su amiga, quien también lo hizo esperar poco —. Kikyō, Miroku pasará por ti dentro de poco, Sango está en problemas, nos vemos…
El silencio invadió el comedor después de eso. Esperaban poder ayudar a Sango, aún si no sabían cómo."
"Abrió torpemente los ojos, aún aturdido por el fuerte golpe que había recibido en la nuca. Lo último que recordaba era intentar evitar que Náraku se llevara a Sango, mientras trataba de explicarle a InuYasha qué era lo que pasaba, y luego todo se fue a negro….
Intentó incorporarse, pero fue inútil: sus manos y pies estaban atados. La habitación se encontraba en penumbras, apenas un rayo de luz de luna ingresaba por una ventana. Pese a la poca luz, podía distinguir que se trataba de un cuarto bien amoblado, con decoración sencilla pero atractiva, una cama de 2 plazas con colchas sedosas que invitaban a descansar…
Volvió a forcejear, sin obtener mejores resultados, quedando con las muñecas un tanto resentidas. Escuchó una súplica, pasos firmes fuera de la habitación y luego las manos fuertes y toscas de Musō lo arrastraron hacia la sala y lo arrojaron frente a Renkotsu y Náraku, mientras Sango era sostenida firmemente por Kyokotsu a su lado. Náraku se incorporó y se acercó a la muchacha, sujetándole el rostro con fuerza par que mirara al recién llegado.
— ¿Seguirás sin decir nada al respecto, Sango? — Preguntó, mientras le hacía un gesto a Renkotsu para que sacara su navaja y la pusiera en el cuello de su amigo.
— Por favor, padre, no le hagas daño a Ban, él no tiene nada que ver — la castaña lo miraba fijamente, reflejando miedo en sus ojos.
— Aún así, no ha colaborado como se espera — indicó, levantando su mano, a lo que Renkotsu pasó el filo de su arma por la mejilla derecha del oji verde, quien aguantó el dolor mientras su piel era cortada.
— ¡NO! — Sango intentó soltarse, mas no tenía tanta fuerza. Las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, no quería que nadie fuese lastimado por su culpa. — ¡Por favor, ya basta!
— ¿Me explicarás entonces, como un virus estomacal se tranformó en esto? — Le arrojó la ecografía a los pies, con los ojos encendidos en furia. — ¿Sabes siquiera de quienes son? Ah, ¿y esto? ¿Me puedes decir qué significa? — Junto a la ecografía, también arrojó el sobre con los últimos trabajos que le había encargado InuYasha, mientras se paseaba frente a ella.
— Yo… por favor, papá…
— ¡Ya me harté de esto! — Náraku abofeteó con fuerza a la castaña. — He sido demasiado comprensivo y te he dado muchas oportunidades, hija. Pero esta será la última vez, no volverás a intentar traicionarnos, ni siquiera se te volverá a cruzar por la mente… y Bankotsu servirá de ejemplo para que nadie vuelva a apoyar los estúpidos sueños de libertad que tienen a veces. Su vida nos pertenece."
"Miroku y Kikyō llegaron en poco tiempo, sabía que cada segundo que pasaba, era un segundo menos que tenían para actuar. Una vez dentro de la residencia, InuYasha explicó en pocas palabras la extraña llamada de Bankotsu y el temor que tenía después de lo que había pasado. Ninguno de los 3 sabía cómo encontrarla, pero Kagome había pensado ya en algo.
— Conozco a alguien que puede ubicarla, sólo déjenme llamarlo — murmuró, buscando el número en su móvil y marcando rápidamente —. ¿Aló, Hōjō?
— ¡Kagome! Tanto tiempo, ¿a qué debo el gusto? — Una alegre voz masculina se escuchó desde el otro lado del teléfono.
— Necesito que me hagas un favor — Kagome se mordió el labio, un poco nerviosa —. ¿Puedes encontrar a una persona?
— ¡Claro! Si tienes su número de móvil y éste tiene GPS, no será problema — respondió el chico.
— Bien, gracias — Kagome le dictó el número de la castaña y luego preguntó: —. ¿Tardará mucho?
— Sólo un minuto, espera mientras busca las coordenadas…
Tras unos segundos que parecieron eternos, una suave alarma y el grito de "Find it!" les indicaron que había dado con la ubicación.
— ¿Y bien?
— Hum… te mando el mapa por un mensaje, ahora debo cortar. Un gusto hablar contigo, espero esa salida al cine.
La comunicación se cortó y un par de segundos después recibieron la imagen del mapa con la ubicación del móvil, con un error de 20 metros a la redonda.
— ¿Qué hay en ese lugar? — Preguntó Kikyō, mirando la imagen.
— Es… nuestro refugio.
Todos quedaron mirando al oji azul. Si la habían llevado hasta allí, seguramente era porque ya habían descubierto todo. Debían actuar rápido."
"Observó impotente cómo el filo de la navaja de Renkotsu volvía a cortar la piel del moreno, cruzando la herida anterior, dejando una cruz sangrante en su mejilla. Las lágrimas corrían por su rostro, temiendo lo que sabía que seguía: un cruel castigo para su amigo y la muerte de sus bebés junto con su propio escarmiento. Pero no le importaba su dolor, sólo quería proteger a sus seres queridos.
— Bien, pequeña, para que veas que no puedes contar con nadie, acabaremos con Bankotsu, y luego solucionaremos ese problema que ahora llevas dentro.
La fría declaración fue acompañada por una risa aún más fría, mientras Musō levantaba la cabeza del oji verde para exponer su cuello y Renkotsu acercaba el filo de su arma a la yugular.
— Mira bien, Sango, para que sepas y recuerdes lo que pasa cuando te acercas demasiado a alguien.
Kyokotsu la sujetó aún más firme, mientras Náraku mantenía su cara mirando en dirección a Bankotsu, al parecer divertido con la situación.
Ambos se prepararon para enfrentar ese momento, sabiendo que nada iba a salvarlos…
— Perdóname, Ban… yo… — Sango volvió a derramar más lágrimas, esto no era justo.
— No es tu culpa — respondió él, dificultosamente debido a la posición en la que se encontraba —. Además, no me arrepiento de nada…
De pronto, la puerta principal se abrió de golpe, desconcertando a todos los presentes, especialmente cuando vieron a quienes habían ingresado.
— Déjalos ir, Náraku, ya fue suficiente — Miroku apuntaba con un revólver directo a la frente del aludido.
— ¡Jajajajá! ¿En serio crees que voy a detenerme por eso? — Preguntó el amenazado, con un gesto de burla. — Pero me alegra que estén aquí, así acabamos con todo esto de una buena vez.
Sango observó a cada uno de sus amigos y sintió un extraño sentimiento recorrerle todo el cuerpo. No podía permitir que nadie saliera herido, y si alguien debía pagar, ésos no serían sus amigos."
¡OK, lo sé! Es horrible el tiempo que me he tardado en actualizar pero de verdad, he tenido muchas cosas (entre problemas personales, final de año en la Universidad, el internado, mi hijo...) ¡En fin! Lo prometido es deuda, así que por fin les dejo una actualización. El final se va acercando, así que prepárense. Prometo que esta vez habrá pronto una nueva actualización.
Agradecimientos especiales y muy grandes a Artemisa Neko-chan y Sango Sarait, quienes me dan ánimos para seguir. Espero les guste este chap también!
Saludos a todos, nos estamos leyendo pronto!
