IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

—…blablá…— son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.


"De pronto, la puerta principal se abrió de golpe, desconcertando a todos los presentes, especialmente cuando vieron a quienes habían ingresado.

— Déjalos ir, Náraku, ya fue suficiente — Miroku apuntaba con un revólver directo a la frente del aludido.

— ¡Jajajajá! ¿En serio crees que voy a detenerme por eso? — Preguntó el amenazado, con un gesto de burla. — Pero me alegra que estén aquí, así acabamos con todo esto de una buena vez.

Sango observó a cada uno de sus amigos y sintió un extraño sentimiento recorrerle todo el cuerpo. No podía permitir que nadie saliera herido, y si alguien debía pagar, ésos no serían sus amigos."

Grito Silencioso
Capítulo XXII
"Juntos"

El ambiente está tenso, incluso se podría palpar. Todos parecen sorprendidos por la llegada de los muchachos, excepto – claro – mi padre, quien no quita ese gesto burlón de su rostro mientras recorre a todos con la mirada. Incluso Kyokotsu ha aflojado su agarre, aunque prefiero no moverme para que no se dé cuenta.

— Es un hermoso reencuentro… — Náraku rompe el silencio, mirándolos con atención. — ¡Kikyō, hija! Cuánto tiempo… ¿Qué ha sido de tu vida? ¿No quieres hacer negocios conmigo, en lugar de ponerte en mi contra? Te convendría mucho más, de todas formas serías mi heredera… ¡Y Miroku, por supuesto! ¿Quieres ser el héroe de la historia, rescatando a la "princesa" de la torre? — Se ríe burlesco, sin siquiera inmutarse con el arma que apunta a su cabeza. — Pensé que eras más inteligente, que sabrías que una puta siempre es una puta y que no te convendría meterte en nuestros asuntos… pero creo que me equivoqué… ¿De verdad creen que ustedes dos podrán salvarlos? Son unos ilusos.

Mientras habla, se va acercando a los muchachos, dándonos la espalda para encararlos más de cerca. Repentinamente, los brazos de Kyokotsu, que seguían afirmándome, aflojan su abrazo, soltándome. Extrañada, miro hacia atrás y veo a InuYasha y a Kagome; ella me hace un gesto de silencio mientras él me sonríe, deja suavemente al inconsciente Kyokotsu en el suelo y se dirige hacia Musō, quien presta demasiada atención al discurso de Náraku y no se ha dado cuenta de lo que ocurre, al igual que Renkotsu. InuYasha le propina un fuerte y seco golpe en la nuca, dejándolo inconsciente también. Nunca lo había pensado, pero debe tener mucha fuerza para lograr eso sólo con sus puños.

Ante el movimiento de Musō al caer al suelo, Renkotsu se da vuelta para ver lo que sucede, sin embargo InuYasha está preparado para eso y lo golpea con fuerza en el rostro. El alboroto atrae la atención de Náraku, quien por fin se da cuenta que lo estaban distrayendo para ganar ventaja.

— Oh, ya veo… — Mira a InuYasha y a Kagome, con una mueca de desagrado. — Son más listos de lo que pensé. Me preguntaba qué era de ti, InuYasha, sabía que andabas rondando, pero creí que te estabas arrepintiendo de meter las narices donde no debes… y señorita Higurashi, ¿su padre sabe en qué líos anda enredada? No creo que le guste que se mezcle con esta porquería — me observa con desprecio, escupiendo a mis pies.

— Ya cállate, Náraku — InuYasha se coloca frente de Kagome y de mí, molesto —. La única porquería en este departamento, son ustedes.

— Será mejor que no hagas más difíciles las cosas — Miroku se acerca a mi padre, sin bajar el arma ni titubear.

— Já, no me hagas reír — Náraku me mira de reojo, aunque no se mueve de su sitio, con un gesto de autosuficiencia y arrogancia —. Ninguno de ustedes es capaz de apretar el gatillo. Ahora, los felicito por la espectacular escena de rescate, pero si no les molesta, sigo teniendo asuntos pendientes con mi hija.

Tiemblo al escuchar eso, Kagome se percata y me abraza con seguridad, mientras InuYasha y Miroku no muestran señales de duda ni cavilaciones. Náraku hace un gesto de desagrado y acerca su mano hasta el interior de su abrigo, ante ese movimiento Miroku e InuYasha se lanzan sobre él, para evitar que saque algún arma o algo. Mi padre es muy hábil luchando, eso lo he escuchado, y tiene bastante fuerza, así que a los muchachos les cuesta controlarlo. Comienza un combate que se alarga más de lo que deseamos, en el cuál InuYasha y Miroku parecen estar en desventaja.

Kikyō aprovecha el momento para acercarse a nosotras, abrazándome con cariño y alivio de ver que estoy bien. Nos acercamos a Bankotsu, quien se encuentra un tanto confundido, pero sin lesiones graves.

— Deberíamos irnos cuanto antes — murmura Kikyō, mirando la pelea —. Para ganar ventaja.

— Sí, es lo mejor — la apoya Kagome, ayudando a Ban a ponerse de pie.

— Pero… los muchachos… — Observo la escena, con miedo.

— Estarán bien, y si no… — Kagome aprieta los puños, algo me dice que esto lo habían discutido antes. — Si les llega a pasar algo, quieren que estén a salvo. Que esto no sea en vano.

Miro la ecografía que se encuentra a unos metros de la pelea y me percato de que una de las armas se encuentra ahí, tirada en el suelo, sin portador. Alzo la vista hasta los muchachos y mi padre, un escalofrío recorre mi cuerpo y me decido. No puedo dejarlos ahí, ellos no deben pagar las consecuencias…

Agarro el arma, le quito el seguro y me acerco a la pelea, identificando el momento exacto en el que mi padre se encuentra desprevenido y un tanto alejado de los muchachos. Siento el peso de las miradas de los muchachos sobre mí cuando coloco el frío cañón en el cráneo de Náraku. Él se voltea a verme y sonríe con soberbia.

— ¿Me vas a disparar, hija?

— No voy a permitir que le sigas haciendo daño a mis seres queridos — le respondo, sin bajar el arma.

— No eres capaz de hacerlo — se ríe, burlonamente —. Nunca has sido capaz de nada en tu puta vida, menos ahora… deja el show y vámonos a casa.

— Sango, no lo hagas… — Miroku me mira suplicante. — No vale la pena, irías a la cárcel…

— Sí, Sango, escucha a tu novio — se mofa Náraku —. ¿Irías a la cárcel por mí? ¿Y que pasaría contigo, con los bebés…?

Noto el impacto que producen las palabras en Miroku, pero sigo firme frente a mi padre, esta vez decidida. No volverá a arruinar nuestra vida otra vez.

— No pasará nada… esto es defensa personal — digo mientras apunto el arma y aprieto el gatillo.


"La blancura de la habitación le molestaba los ojos, odiaba ese color, también el lugar. Mejor si hubiese muerto, ahora tendría que enfrentar a la justicia y odiaba ese proceso tedioso con sus abogados. Resopló, ¿por qué no simplemente le había disparado en la cabeza, en lugar de hacerlo en la pierna?

"No seré yo quien te haga pagar tus crímenes, sé que será mejor castigo que te enfrentes a la justicia."

Claro, claro, la estúpida justicia… Cómo odiaba a su hija, maldita la hora en la que tuvo el valor de tomar esa arma pero no de matarlo…

— ¿Náraku Russeau?

Levantó la mirada hacia quien acababa de entrar en la habitación.

— ¿Sí?

— Soy del departamento de crímenes sexuales, mi nombre es Christine Marlow, y vengo a informarle las denuncias que se han levantado en su contra.

— No se moleste, mejor hable con mis abogados y...

— No tiene que molestarse, su abogado está al tanto de las denuncias — fue interrumpido por la figura de un hombre alto, moreno y de ojos pardos que ingresó a la habitación —. Señor Náraku, lamento informarle que sólo tiene un abogado, yo, y que ha sido delatado por Renkotsu y otros sirvientes que estaban al tanto de sus "negocios".

— ¿Así que los malnacidos decidieron traicionarme? Ya verán cuando salga de todo esto... — Amenazó el acusado, con fastidio.

— Bien, como su abogado está al tanto de todo, los dejo para que puedan conversar los detalles de su defensa. Nos veremos pronto — la señorita Marlow abandonó la habitación, dejándolos solos.

— ¿Y bien? ¿Cuándo podré salir de todo esto? Tengo cosas que hacer... — Murmuró Náraku, claramente fastidiado.

— Me temo que no es tan sencillo — el abogado sacó una carpeta llena de documentos y se sentó junto a su cliente —. Dadas las pruebas, testimonios y acusaciones en su contra, es probable que vaya a la cárcel. Y no, no tiene dinero suficiente para sobornar a nadie. Una cláusula que usted mismo dejó en los documentos de su patrimonio, indica que si usted no se encuentra en condiciones para hacerse cargo de sus negocios, la responsabilidad, y por tanto, control total de sus bienes, pasa a ser de su hija y, según su propio testamento, única heredera, Sango Russeau.

Náraku bufó, molesto. Nunca había pensado que esa simple estrategia de resguardar todo bajo el nombre de Sango, quien jamás debería enterarse, le jugaría en contra.

— ¿Y ella lo sabe? Porque si no está al tanto, podemos modificarlo y...

— Su abogado revisó todos los papeles, usted ya no tiene poder sobre sus posesiones.

Maldijo por lo bajo, si ahora ella manejada todo, las cosas eran más complicadas... por lo menos para él."


"... Tres días más tarde..."

Me levanto rápidamente, miro la hora y me apresuro. El cansancio me gana, no escucho las alarmas y, el hecho de quedarme hasta tarde hablando con Miroku por teléfono, tampoco ayuda mucho. Mi teléfono parpadea y veo un mensaje de Kikyō. Lo abro, esperando que no sea algún inconveniente.

"Kagura decidió hablar, Miroku no podrá venir, pero nos acompañará Nobunaga. Te paso a buscar."

Suspiro, prefiriendo que Miroku no esté. Sigue siendo incómoda la situación para mí, porque no sé si su mujer esté al tanto de todo esto, en especial después de esa noche...

"/— ¡AAAAGGHHH!

El grito de Náraku cortó el aire luego del disparo, mientras se cubría la herida con las manos, tratando de contener el dolor y la sangre.

¡¿Por qué no me matas de una buena vez, maldita perra?! — Gritó, con los dientes apretados por el dolor.

No seré yo quien te haga pagar tus crímenes, sé que será mejor castigo que te enfrentes a la justicia — respondió ella, bajando el arma y mirándolo con rencor.

¡Me las pagarás! — El herido intentó abalanzarse sobre ella, pero se lo impidieron el dolor e InuYasha, que lo inmovilizó y sujetó firmemente.

Ni creas que te dejaremos acercarte a ella, imbécil.

Náraku seguía mirando con odio a su hija, pero ella ya no lo veía a él: se había arrodillado a recoger los papeles que estaban esparcidos en el suelo, mirando con cariño la ecografía.

¿Te encuentras bien?

Levantó la vista para encontrarse con esos ojos azules que tanto la hipnotizaban, se sonrojó por la cercanía e intentó actuar normal.

Sí, gracias...

¿Y...? — Él pareció titubear, como sin saber qué o cómo preguntar. — ¿Los bebés...?

Creo que están bien, aunque puede ser pronto para saberlo... — La castaña cubrió su vientre con sus manos, refugiándolos.

Quiero hacerme cargo — anunció, sin dudar, con una seguridad abrumante en sus ojos azules.

No es necesario, ni siquiera sé si son tu...

Eso no importa, los reconoceré de todas formas.

Sango abrió la boca para alegar, pero sus amigos le indicaron con gestos que mejor lo aceptara. Suspiró, en realidad sabía que necesitaría ayuda, más con dos pequeños, y no se había planteado cómo sería su vida después del parto. Asintió con la cabeza, dejando que él la abrazara por la espalda.

A los pocos segundos ingresó la policía al lugar, seguramente llamados por algún vecino o alguno de los muchachos. Les explicaron la situación y lo ocurrido, y se llevaron a Náraku y sus cómplices presos, incluyendo a Bankotsu por colaborar con el negocio. A pesar de la petición de los muchachos, el oji verde dijo que estaba bien, quería colaborar pero sabía que también era culpable de haber mantenido la situación hasta ese punto. Prometieron ayudarlo, y en el fondo sabían que todo saldría bien. Las cosas comenzaban a ser como debían.../"

Me sonrojo al recordarlo, mientras me dirijo hasta la entrada y espero un par de minutos por Kikyō. No charlamos mucho durante el camino, hasta que llegamos a la casa que ahora está bajo mi nombre, junto a otras propiedades de mi padre. Afuera nos esperan mi abogado, Nobunaga, y Kagura, quien me observa con un gesto rencoroso.

— Por fin nos conocemos en persona... Náraku hablaba mucho de ti — me inquiere, mirándome de pies a cabeza.

Entramos hasta el despacho y allí, Nobunaga saca unos papeles y le pide a Kagura que diga lo que tiene que decir. Ella nos observa, analizando la situación con detenimiento.

— Bueno, sé que ya no cuento con la protección ni el respaldo de Náraku, por lo que debo ser más lista — indica, con un brillo astuto en sus ojos rojizos —. Hace unos años que trabajo para su padre, vigilando de cerca a Kikyō para que no se acercara más de la cuenta y para mantenerla controlada, de todas formas seguía siendo su hija... me confió sus planes para ella, quería que se alejara del rubro de sus negocios para así no tener la posibilidad de cruzarse. Además, me confesó que pretendía algún día moldear a Sango para que siguiese sus pasos, dado que ya no tendría descendencia masculina... También me ordenó averiguar si ustedes estaban en contacto, si pretendían sacar a Sango del burdel y... el castigo que les esperaba por hacerlo — hizo una pausa, mirándonos fijamente, luego se dirigió a nuestro abogado y, con una perspicaz sonrisa, continuó —. Puedo declarar todo esto, si me ofrecen beneficios por colaborar... y si me aseguran que jamás volveré a verlo.

Miro a Kikyō, comprendo que no quiera acercarse a Náraku, él sería capaz de matarla por el hecho de haberlo delatado, pero no sé si es algo que podamos ofrecerle. Ambas miramos a Nobunaga, esperando alguna respuesta de su parte.

— Creo que podremos ver eso con la fiscalía — indica él, con la mirada seria —. Por lo menos podemos intentar alejarla de él, dado lo peligroso que es...

— ¡Por favor! Eso es lo más importante... ¿Cuándo podremos saberlo? — Pregunta ella, puedo notar un poco de miedo en su voz.

— Ahora mismo... si nos acompaña, podremos averiguar todo y dejar esto listo lo antes posible — responde él, con una sonrisa de satisfacción.

Nos dirigimos a la Fiscalía, y mientras Kagura y Nobunaga hacen la declaración y los acuerdos, Kikyō y yo esperamos fuera.

— ¿Sabes qué tenía que hacer Miroku? — Le pregunto, sin poder ocultar mi curiosidad.

— No me lo dijo, pero mencionó que era muy importante — me responde, encogiéndose de hombros —. Tal vez tenga que ver con Koharu...

— Oh... — Suspiro, su mujer sigue existiendo, aunque a veces quisiera olvidarla.

— Oye, Miroku te ama y hará todo por estar con ustedes — me anima Kikyō, abrazándome con cariño.

— No quiero que esté conmigo por lástima ni obligación... tampoco es mi intención destruir su matrimonio, yo sólo... no quiero que tenga más problemas — menciono, con la cabeza gacha.

— Lo sé, y no los tendrán — me asegura, con una sonrisa —. Ya verás que estarán bien. Sólo espera.

Asiento con la cabeza, sin poder imaginarme qué viene en el futuro. Sea lo que sea, sé que será mejor que lo que se fue.

Tras un rato, Kagura y Nobunaga salen del cuarto de la Fiscalía y recuerdo algo que mencionó ella anteriormente, algo que me hizo dudar.

— Kagura... ¿a qué te refieres con eso de que Náraku no puede tener descendencia masculina?

Ella me observa con una sonrisa torcida, un tanto divertida.

— Buscaba tener un heredero hombre... no contigo, claro, eso no estaba dentro de sus planes, sino con alguna nueva pareja... pero hace un par de años, tuvo un accidente y quedó estéril... — Se voltea para seguir caminando junto al oficial que la lleva detenida, mientras se acomoda su peinado. — ¿No te lo había mencionado?

Se pierde tras las gruesas puertas de cristal, en tanto yo miro a Kikyō sorprendida: si mi padre ya no puede tener hijos, eso significa que mis bebés...


"Caminaba rápido por el pasillo, mirando su reloj con apremio. Se le había hecho tarde, el sueño le ganaba esos días y no escuchó la alarma que intentó avisarle que tenía cosas importantes que hacer. Se detuvo frente a la oficina que rezaba su nombre afuera y abrió la puerta.

— Permiso...

En el interior se encontraba su abogado, su molesta esposa y su suegro, todos sentados esperándolo. Suspiró, no deseaba ver esa odiosa cara, pero tenía que terminar ese asunto pronto.

— Disculpen el atraso, el tráfico está de los mil demonios — se disculpó, ocupando su lugar tras el escritorio.

— De seguro te quedaste dormido, como has estado trasnochando... — Le reprochó la chica, con el ceño fruncido.

— Eso no es asunto tuyo — replicó él, sin darle importancia —. Ahora, a lo que nos reúne: como le mencione ayer, señor Kobayashi, su hija a faltado a algunas cláusulas en nuestro acuerdo previo, y dado que aún no se ha consumado el matrimonio, y como no la quiero, deseo anular el matrimonio. Mi abogado les envió a ambos los documentos pertinentes, así que...

— Yo no voy a firmar nada, eres tú quien ha roto los acuerdos — alegó la muchacha, manteniendo su fastidio —. Tú te involucraste con una puta y ahora quieres hacer una vida con ella... ¿dime en qué fallé yo?

— De partida, no he estado con nadie desde que nos casamos — aclaró Miroku, sin inmutarse —. Y, si revisamos el acuerdo, se especificaba que cada uno mantendría independencia y podría tomar decisiones de su vida, sin interferir en la del otro; además, se aclara que no es obligación de ninguno de los dos dar explicaciones ni detalles de agendas ni compromisos, ya sea laborales o personales, y que por consiguiente, el otro tampoco deberá husmear en ellos, a menos que se le autorice. En todas estas cláusulas, faltaste en más de una ocasión.

El abogado les entregó el documento con las faltas resaltadas, mientras la chica resoplaba en su lugar y su padre revisaba las anotaciones.

— Comprendo los puntos, y dada las explicaciones y hechos que me expusiste ayer, creo que no hay problema en anular esta unión — indicó el señor Kobayashi, devolviendo los papeles a la carpeta.

— ¡No voy a firmar ningún papel! — Exclamó la chica, con las mejillas rojas por el enfado. — ¡Él es mi esposo y no voy a permitir que se escape con una prostituta!

— Lo único que vas a hacer será aprender a comportarte — le indicó su padre —. Ya has faltando a suficientes aspectos de este compromiso como para que ahora te niegues a este acuerdo. Ahora, firmarás aquí y esto se acaba.

— ¡Pero, papá! ¡Él está engañándome con una prostituta!

— No lo ha hecho, tengo pruebas de ello — el hombre se acercó a su hija y le entregó el papel —. Y si así fuera, deberías tener un poco de decencia y aceptar que no te quiere y que lo mejor es dejarlo hasta aquí.

De mala gana, la muchacha firmó el documento, refunfuñando entre dientes, para luego tomar sus cosas e irse, molesta. El abogado revisó los papeles y les dió el visto bueno.

— Muchas gracias, señor Kobayashi.

— No me agradezcas, Miroku. Yo te agradezco por ser sincero y terminar con esto de los matrimonios arreglados... si no fuese por mi esposa... — contestó el hombre, encogiéndose de hombros.

— Uno hace lo que cree mejor para los hijos, pero no siempre acierta — agregó el oji azul, con una sonrisa agradecida.

— Así es.

Se despidieron en la puerta de la oficina y luego Miroku se quedó a solas con su abogado, para terminar los detalles de la anulación. Pronto, volvería a ser un hombre libre de su destino. Era tiempo de dedicarse a su felicidad."


"... 3 años más tarde..."

— Ahora, puede besar a la novia.

Los aplausos aturden un poco mis oídos, pero comprendo que haya tanta alegría por esto. No es que hubiésemos esperado una eternidad, pero costó que InuYasha sentará cabeza y admitiera que se había enamorado de Kagome. Además, siendo ella una chica tan especial, sabíamos que era lo mejor para nuestro necio amigo. Y, por si fuera poco, hasta Sessh está feliz con el matrimonio.

— ¡San, controla a tus hijas!

La voz de Ban me llega un tanto ahogada; me volteo y puedo ver a mis pequeñas saltando sobre él, mientras le jalan la trenza y el traje, tratando de hacerlo caer.

— ¡Mei, Mia! ¡Dejen a su tío en paz, pequeñas traviesas! — Miroku aparece de no sé donde, correteando a las pequeñas y alejándolas de Ban, quien agradece con un gesto de su mano.

— ¿Estás bien? — Le pregunto, extendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de píe.

— Sí, gracias — acepta mi ayuda, mientras Kikyō llega junto a nosotros un tanto agitada.

— ¿No irás a agarrar el ramo? — Me pregunta, tomando mi mano y comenzando a llevarme hasta donde todas las muchachas solteras esperan ansiosas el dichoso arreglo.

— ¡Ni siquiera tengo novio! — Le recuerdo, sabiendo que no me hará mucho caso.

— La única, y sólo porque no quieres... — Me mira de reojo con reprobación. — Sabes que se muere porque le digas que sí.

— No quiero más problemas, si estamos juntos todos creerán que se separó para estar conmigo... — le respondo, volviéndome a sentir culpable.

— ¡Oh, vamos! — Kikyō voltea a verme de frente, sé qué discurso vendrá ahora. — ¡Ya han pasado 3 años! Han criado a las niñas juntos, ¡se aman, por el amor de Dios! ¿Y sigues pensando en esa estúpida de Koharu?

— No hables así, es tu jefa — le recuerdo, sigue siendo modelo para su agencia, aunque ya no trabaja en la misma sucursal y nunca la ve.

— Y los mil demonios que lo sea, es la persona más odiosa y caprichosa que he conocido — InuYasha llega a nuestro lado, al parecer a unirse al bando de Kikyō —. Pero es sólo su jefa, ya no es nada más en sus vidas.

— Sé que te llamó, te amenazó, te persiguió por un tiempo pero... ya fue. Ella lo sabe, ahora va a comprometerse nuevamente, encontró a alguien de su misma calaña y...

— Y es hora, ya deja de pensar en los demás, sólo escucha tu corazón. Es suficiente.

Escucho como mis hijas ríen y veo a lo lejos a Miroku jugando con ellas, los tres felices, sin preocupaciones. Niego con la cabeza, en el fondo tienen razón y...

— Si no te decides pronto, dejaré a Kikyō y cobraré mi promesa de casamiento — ahora Bankotsu se ha unido a su bando, sorprendiéndome.

— ¡Está bien! — Les indico, para que dejen de verme con esa cara desaprobatoria. — Veré que pasa...

Me encamino hacia donde se encuentra mi familia, pensando en lo que ha pasado ese tiempo. Náraku está preso y dudo que lo vuelva a ver en mi vida; Renkotsu y los otros tipos del prostíbulo también cumplen condena por todo el comercio sexual ilegal que tenían y de otras actividades de las que eran cómplices; a Ban y Kagura les dieron una sentencia menor y ahora gozan de libertad condicional dado su buen comportamiento. Bankotsu y Kikyō comenzaron una relación hace ya casi un año, hacen una hermosa pareja y me alegra saber que por fin ha encontrado el amor de verdad. Y, como mencioné anteriormente, InuYasha y Kagome se acaban de casar, también enamorados. Todo va de maravilla...

En cuanto a mí, bueno... Luego de que se separaran, Koharu me amenazó un par de veces e inclusive mandó a la prensa tras mío para desprestigiarnos a Miroku y a mí... por lo mismo, preferí no estar junto a Miroku, tratando de evitar problemas. En estos tres años, sé que ha tenido sus amoríos, de los que me he puesto bastante celosa, pero él siempre me reprocha lo mismo: "Mi corazón es sólo tuyo, pero tú no has dejado que vuelva a donde pertenece... por eso sigo vagando. Si quieres que lo deje, ya sabes lo que debes hacer."

¡Claro, dejarlo entrar en mi corazón! Creo que, una vez que superamos todos esos obstáculos que nos impedían estar juntos, no pude hacerme a la idea de realmente estar con él y lo evité... por miedo, por vergüenza, por respeto...

— ¡Hey, Sango!

Me detengo al reconocer la voz, ¡Kuranosuke! Ahora que oficialmente formo parte de este círculo social, no ha dejado de cortejarme. Intento evitarlo pero a veces me siento mal por ello. Puedo sentir como Miroku nos mira a lo lejos, siempre se mantiene atento a sus intentos de conquistarme, tal vez temiendo que alguna vez diga que sí...

— Te vez especialmente hermosa hoy... ¿una rosa para otra rosa? — Kuranosuke me extiende una hermosa rosa del mismo tono que mi vestido rojo.

— Gracias... pero...

Soy interrumpida por un enérgico abrazo de Mei, mientras Mia salta a mi lado, levantando sus brazos para que la tome.

— ¡Mama, mama! Papá dice que tenemos que descatadte — murmura Mei, Mia asiente a su lado.

— Dice que ogos y mostos te van a llevad.

— ¿Descatadte... ogos, mostos? — Kuranosuke parece confundido, mis pequeñas aún no hablan del todo bien y, bueno, no ha compartido con ellas así que no las comprende.

— Rescatarme de ogros y monstruos. Aún no pronuncian bien algunas palabras — indico, mirando en dirección a Miroku.

— Papá dijo que idia en busca de... ¿qué cosa?

— Nueva novia.

Ambas me miran desde el suelo con sus ojitos azules brillantes, sus manitos tras su espalda, luciendo tan inocentes...

— Será mejor que vayas a detenerlo, entonces — menciona Kuranosuke, recordándome que aún está aquí —. Comprendo y espero que seas feliz.

Se aleja con una sonrisa, mientras las niñas me llevan de la mano hasta donde Miroku se encuentra cortejando a una de las damas de honor de Kagome.

— ¿No estabas cuidando a unas hermosas niñas hace un momento? — Logro escuchar que ella le pregunta, buscándolas con la mirada.

— Sí, pero... es momento de que tome un descanso — responde él, puedo distinguir un poco de tristeza en su mirada —. Debo buscar otras cosas ahora, darme cuenta de que...

Le toco el brazo antes de que termine la frase, sé lo que quiere decir y no quiero escucharlo. Me mira un poco sorprendido, un poco confundido, luego sonríe y se encoje de hombros, volteándose otra vez hacia su nueva amiga.

— ... De que no soy apreciado en algunas partes, no como quisiera...

— Miroku...

— Pensé que estabas con Kuranosuke, ocupada.

— Enviaste a las niñas a "salvarme"...

— No es cierto, ellas te vieron y salieron corriendo...

— Miroku...

— No lo volveré a hacer, la última vez me dijiste que era molesto, así que debo resignarme a esto...

— Miroku.

— Dejaré que tu corazón sea libre, igual que el mío para que puedas encontrar...

No soporto más sus palabras y lo beso para callarlo. Se sorprende al principio, aunque corresponde el beso en poco tiempo, acercándome más a él. ¡Cuánto extrañaba y anhelaba esos labios! Nos separamos porque Mei y Mia han comenzado a jalarnos la ropa, saltando a nuestro lado, con sonrisas radiantes. Luego de que tienen nuestra atención, nos abrazan y salen corriendo en dirección a Kikyō, quien las llama con gestos para que nos dejen solos.

— Eso fue repentino y... atrevido.

Vuelvo a dirigir mi mirada hacia Miroku, él sonríe pícaramente, sin dejar de abrazarme por la cintura.

— Yo... sólo quería que te callaras — le respondo, sabiendo que mis mejillas comienzan a hacer juego con el vestido.

— ¿Había otra forma? — Me pregunta, niego con la cabeza. — ¿Segura que era sólo por eso?

Toma mi mentón para que lo mire directamente a los ojos, vuelvo a negar, mientras siento que mis piernas se vuelven de gelatina y mi corazón late más rápido.

— No lo sé, yo... — Titubeo, no sé qué decir.

— ¿Tú qué? — Me pregunta, al parecer está disfrutando esto. — Si no lo sabes, iré a buscar alguna compañera de baile, hay damas muy hermosas y disponibles por aquí...

— ¡Miroku, no! — Le reclamó, ¿acaso no ve lo difícil que es para mí?

— ¿No... qué? — Toma mis manos y las besa, luego vuelve a mirarme fijamente a los ojos. — ¿Acaso... quieres que... yo no esté disponible? — Asiento con la cabeza, quiero que sólo sea mío. — Entonces, pídemelo.

Seguramente se está vengando por todo este tiempo, todas las veces que él me lo pidió y yo me negué... Son 4 simples palabras, pero me cuesta tanto articularlas. Abro y cierro la boca, no sé cómo empezar. Siento como él suelta mis manos y sonríe, me acaricia la cabeza y se da media vuelta para alejarse. Le tomo la mano para evitarlo, él me mira con sus ojos azules brillando.

— Por favor, Miroku...

— Pídemelo, y lo haré.

Trago saliva y tomo aire. ¿Cómo puedo tener nervios por esto, después de todo? Decido simplemente dejar salir las palabras, no importa si son coherentes o las indicadas, al final es lo que siento...

— No busques a nadie más, no quiero que estés con otra chica — murmuro, él escucha atentamente —. Quiero que seas mi pareja, sólo mío, y... que nuestros corazones estén como deben estar: juntos.

Él sonríe, me levanta por la cintura y luego vuelve a besarme, siento su felicidad y, después de tanto tiempo, también la mía corriendo libre por mi cuerpo.

— Ahora no te podrás librar de mí...

— Tampoco quiero hacerlo.

— Te costó admitirlo.

— Lo siento, tenía miedo...

— Lo sé... no importa, te amo igual.

— Yo también te amo, Miroku.

Aprieta suave y cariñosamente mi mano y me da un beso en la frente, para luego salir en busca de las pequeñas. Ahora sí, siento que todo el peso que tenía encima, se ha ido. Porque, a pesar de todo lo que pasó, ese grito silencioso que luchaba por salir, fue escuchado y la vida sigue adelante. Ahora, tenemos todo una nueva aventura por enfrentar, juntos.

F I N


¡Por fin! Lo lamento, he tenido miles de problemas, personales principalmente, y además se echó a perder el teclado de mi MacBook, por lo que me costó un mundo poder terminar... ¡pero aquí está! Espero que les haya gustado, espero sus comentarios y ojala nos estemos leyendo pronto nuevamente ;)

Agradecimientos a Artemisa Neko-chan y a Sango Sarait, con cariño para ustedes, ojala les guste.

Saludines!