LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.

Capítulo 27. Incondicional.

Música.
-Unconditionally – Katy Perry.

Miraba el techo recostada en mi cama, lo mire atentamente como si fuera la respuesta a todas mis preguntas. Como si eso hiciera que Edward entrara en razón. Como si eso arreglara todo.

Me gire suspirando, aun no regresaba Jasper por lo tanto no sabía nada de Edward. Pensé en llamarlo pero estaba segura que no contestaría. Suspire una vez más girándome hacia la ventana, cerré ojos intentando dormir.

Una hora después aun no lo lograba, no me moví de mi lugar, estaba cansada solo que el sueño se alejaba de mí. O tal vez era la preocupación que no me dejaba dormir. Escuche un ruido en la ventana, cerré mis ojos de nuevo sin moverme.

Era silencioso, si no lo hubiera visto no me habría dado cuenta. Preste más atención, se escuchaba un poco el sonido de su ropa al moverse. Sentí su respiración cerca de mí y después su mano acariciar mi mejilla. Mantuve mis ojos cerrados disfrutando del toque el cual alejo toda la preocupación de mí.

Era increíble el poder que él tenía sobre mí.

Lo escuche suspirar sin dejar de tocarme. La mejilla, el cabello, mis labios, tiernamente sin querer molestarme. Abrí mis ojos topándome con sus ojos de inmediato. Su mano se congelo unos segundos. Ninguno dijo nada y volvió a seguir.

Hice espacio en mi cama y él se acostó junto a mí rápidamente. Nos quedamos mirándonos, disfrutando la tranquilidad de la oscuridad, apenas si podía distinguirlo.

-No quería despertarte –Susurro. Negué, tomando su mano –Lo siento, no debí reaccionar de manera tan violenta.

-No puedes ir por ahí pateando traseros cada vez que surge un problema –El rio recordando.

-Realmente le patee el trasero, ¿no es así? –Fruncí el ceño pero después reí con él.

-La historia de Jacob y yo no es la mejor. Y tu pasaste la noche con él, en ese momento la ira y los celos nublaron mi juicio –Aun susurrábamos, ninguno quería romper la atmosfera.

-Tienes que confiar en mí. Él y yo entablamos una especie de amistad cuando no tenía a nadie, el me pidió hablar, se lo debía. –Asintió. Me acerque a él y me abrazo recargando su barbilla en mi cabeza. –Te amo incondicionalmente. A ti.

-Lo sé. Lo siento –Sentía la pesadez en mis ojos, el sueño finalmente venía a mí. Me pegue más a él embriagándome en su aroma. –Tú siempre serás mi Bella.

Fue lo último que escuche antes de caer dormida.

Cepille mi cabello mojado, tome mis cosas y abrí la puerta cuidando de no hacer ningún ruido. No quería despertarlo aun. Puede sonar acosador pero, cuando desperté esta mañana y lo encontré dormido en mi cama junto a mi descubrí el placer que me produce verlo dormir.

Lo observe atentamente, la manera en que sus pestañas caían sobre sus mejillas, sus facciones relajadas, su respiración profunda y acompasada. Era extraño el contraste que tenía su cara justo ahora tan relajado a la reacción de ayer completamente fuera de sí.

Me arrodille junto a él, acaricie su cabello y frunció la nariz. Reí un poco, baje mi mano hasta su cuello y frunció el ceño. Era adorable.

-Despierta –Susurre –Despierta, Edward.

Abrió sus ojos lentamente, me miro directamente a los ojos y sonrió, frunció el ceño. Después se sentó en un segundo y miro confundido a su alrededor.

-Nos quedamos dormidos –Avise. Se giró a verme y sonrío traviesamente, me tomo en brazos y me tiro en la cama, reí alegremente y me agarre a su cuello. El sonrió y se acercó a mí, de pronto su sonrisa se borró. Me alejo y enterró su cara en la almohada.

Fruncí el ceño y lo moví del hombro.

-¿Qué pasa, Edward? – Negó con la cabeza sin despegar su cara –Venga ya, ¿Qué es?

-No puedo besarte –Escuche su voz amortiguada por la almohada. Sonreí.

-Podrías si sacaras tu cabeza de mi almohada –Negó -¿Por qué no puedes?

-Acabo de despertar no he lavado mis dientes –Me quede congelada un segundo y después comencé a reír, giro un poco su cabeza para que viera mi ceño fruncido y luego la regreso a su lugar. No se me había ocurrido pensar en eso, pero un Edward preocupado por su higiene en las mañanas era adorable.

-Hay un cepillo de dientes nuevo en la repisa de mi baño, y dúchate vamos a salir –En cuanto termine de hablar se paró de golpe, me guiño un ojo antes de cerrar la puerta del baño.

Fui a la cocina y puse a preparar café, después al cuarto de Jasper lo encontré medio dormido-despierto tirado en la cama mirando al techo. Me tire sobre él y puse mi barbilla sobre mis brazos cruzados.

-¿Qué es? –Sonrió revolviendo mi cabello mojado.

-Nada malo, es solo que pienso en todo lo que hemos pasado y me parece increíble que después de tanto sigamos aquí, juntos, unidos…

-Vivos –Termine por él, asintió.

-La extraño.

Asentí, conocía la sensación. La habíamos dejado ir, pero una parte de nosotros se fue con ella y a pesar de que seguiríamos adelante, Alice había marcado nuestras vidas.

-No creo que nunca dejemos de extrañarla, Jazz.

-Lo sé –Suspiro –Incluso extraño sus tardes locas de compras. Daría todo por ir de nuevo tras de ella cargando todas sus bolsas, porque cada vez que me miraba me sonreía como si hubiera ganado la lotería. Como si fuera lo más valioso del mundo.

-Siempre tenía consejos y sonrisas para todo. Era un respiro de aire fresco, como un arcoíris después de la tormenta –Pude ver las lágrimas acumularse en sus ojos y me habría preocupado de no ver la sonrisa en sus labios –Seguir adelante no significa olvidar, nunca olvidaremos y nunca dejaremos de amar.

-Nunca –Me sonrió. Bese su nariz y salí de la cama -¿Todo bien con Edward?

-Todo bien con Edward –Contesto una voz desde la puerta. Mi novio lucia limpio y mojado desde el umbral de la puerta de Jazz.

-Bueno, que el este aquí quiere decir que nunca se fue. Así que todo está arreglado –Nos sonrió.

-¿Interrumpí un momento sentimental? –Le guiñe un ojo – ¿El pequeño Jazz se siente solito de nuevo? –Edward hizo un puchero y Jasper le tiro un cojín. Se lanzó a la cama contra él y yo me aleje de ellos antes de salir lastimada.

-¡Les hablare cuando este el desayuno! –Fue lo último que les dije antes de cerrar la puerta, me contestaron con gruñidos y risas.

-¿Aquí es donde querías venir? ¿A mi casa? –Asentí y baje del auto.

-¿Hay alguien? –Negó.

-No están los carros –Me dio la mano y entramos –Y bien, ¿Qué quieres hacer?

Lo guie hacia el piano, su mano se tensó sobre la mía.

-Bella –Susurro.

-Te demostrare que puedes confiar en mí, eres con quien quiero estar. Nunca me había sentido de esta manera por nadie.

-No, no necesitas hacer esto. Fue una estupidez lo que paso, no debí reaccionar así. Por supuesto que confió en ti, amor.

-Lo sé –Acaricie su mejilla, pero quiero hacerlo. Me beso suavemente. Nos guio hacia el banco que estaba frente al hermoso piano de cola y se sentó junto a mí.

-Tomate tu tiempo, estaré aquí –Asentí y le sonreí un poco. Acaricie las finas teclas y note el temblor en mis dedos. Cerré los ojos concentrándome en el recuerdo de mi mejor amiga.

La manera en que reía, su brillante sonrisa, la melodía en su voz. Todo.

Mis dedos se movieron por si solos después de tanto tiempo. La melodía que le compuse a Alice salió libremente, sin esfuerzo. Abrí mis ojos disfrutando el placer de poder tocar de nuevo sin restricciones, toque una y otra vez. No note que Edward intentaba hablarme.

-Bella, basta. Amor está bien, deja de tocar. Es suficiente, Bella – Me detuve abruptamente, clavé mis ojos en los suyos pero el solo sonrió.

-Lo siento –Guardo silencio esperando a que hablara –Es la nana de Alice –Explique –Después del funeral al que me negué a ir, me encerré en m cuarto. No quería a nadie ni nada, solo estaba yo ahí tocando la nana una y otra vez. No deje de tocarla por dos días enteros, trabe mi puerta. Recuerdo a mi madre llorar y suplicarme que parara pero no podía. Era demasiado.

Edward todo mi mano entrelazando nuestros dedos y limpiando mis lágrimas.

-Tiraron abajo mi puerta y Jasper me obligo a enfrentarme a la realidad y a parar de tocar. Nunca volví a tocar el piano de nuevo.

-Tocas hermoso –Le sonreí y me la devolvió –Sé que es difícil, y no puedo imaginarme el dolor. Estuviste con ella en sus últimos momentos, la hiciste feliz, murió en tus brazos, murió siendo amada. Pero sobreviviste a ese accidente, Bella y no es suficiente sobrevivir, tienes que vivir. No importa el tiempo, el lugar o las condiciones, siempre estaré contigo. Cada paso, cada caída que des, estaré ahí junto a ti sosteniéndote.

-Porque me amas –Susurre. Asintió y beso mis lágrimas.

-Porque te amo.

Coloque mis manos en las teclas de nuevo, y le sonreí.

-Está la inspiraste tu –Susurre. Y toque la nana de Edward, nunca había sido capaz de escribirla pero estaba en mi cabeza todo el tiempo. Edward solo miraba mis manos bailar sobre el piano como si fuera lo más fascinante del mundo.

Y de alguna manera lo era.

Porque era mi manera de agradecerle todo lo que había hecho por mí, todo lo que sabía que haría y la manera de decirle que estaba irrevocablemente enamorada de él.

Yo había sido suya desde que nuestros ojos conectaron por primera vez en aquella azotea, no lo sabía hasta ahora, sin saber su nombre o si lo volvería a ver de nuevo. Lo único de lo que era consiente era que yo era suya y él era mío. Cualquier otra cosa distinta simplemente no encajaba aquí.

Y no podía desear que fuera de otra manera.

-Jasper, sabes que taparle los ojos a alguien torpe no es la mejor idea, ¿cierto? –Dije mientras trastabillaba con mis propios pies, la venda en mis ojos no ayudaba en nada y Jasper no era un buen guía.

-Sí, sí. ya cierra la boca, no puedes darle a alguien una sorpresa sin antes taparle los ojos.

-Eso es pura mierda, y no necesito una sorpresa.

-Deja de renegar amor, ya casi llegamos –Escuche a Edward.

-Cuando ustedes dos se juntan nunca sale nada bueno –Escuche sus risas amortiguadas.

-¡Listo! Estamos aquí –Sentí el aroma de Edward detrás de mí y sus dedos en el nudo de la venda –A la cuenta de tres –Siguió Jasper -¡Una, dos, tres!

La venda cayo y mis ojos escanearon lo que aba frente a mí. No era muy difícil de procesar pero mi cerebro parecía haberse apagado.

-¿Bella?, ¿no te gusta? –No podía decir nada.

-¿Bells? Tierra llamando a Swan, tierra llamando a Swan.

-Te dije que era fea, decimos comprarle el Audi que vimos.

-No te metas con mi camioneta –Mire amenazadoramente a Edward.

-¡Ja! –Brinco Jasper -¡Te dije que la amaría!

-Bien –Renegó Edward sacando un par de billetes de bolsillo y dándoselos. No podía creer como habían apostado sobre esto.

-¿Puedes decir algo más para estar seguros de que te gusto? –Dijo Edward.

-¿Estas de broma? Es perfecta –En realidad estaba oxidada, y probablemente la tuvieron 10 personas antes que yo y había pasada generación tras generación pero no me importaba, era hermosa.

Una pick-up que fácilmente podría aplastar el carro de Jasper estaba frente a mí. Era de un anaranjado chillón o debió serlo, la pintura estaba desgastada y tenía raspones por todos lados, pero no podía imaginar algo mejor para mí.

-Sube –Me animo Jasper sonriéndome –Creímos que necesitarías algo para moverte tu sola.

No me lo dijo dos veces, reí alegremente y subí a mi nuevo auto. Por dentro olía a menta y viejo, y me encantaba. Le moví a todo, los cambios, la calefacción, la radio (que sorprendentemente funcionaba), los espejos, todo. No podía dejar de sonreír, y más al ver la cara de satisfacción de mi novio y mi mejor amigo desde afuera.

Revise el techo y baje el pequeño rectángulo que había frente a mí. Me congele. Había fotos en él, pegadas unas con otras como un collage.

Estaban todos, mis padres, una foto que nos tomamos la noche del karaoke los cinco, podía ver el cambio en mi expresión y la de Jasper. Nuestras sonrisas genuinas. Una foto mía y de Edward. Yo miraba hacia la cámara sonriendo y el me miraba a mi tomándome por la cintura. Una de Jasper y yo haciendo caras en el sillón, esa la tomo Edward hace unos días. En una estábamos Edward, Jasper y yo tirados en el piso en pijamas viendo películas. Y también estaba Alice, una de nosotras, una con Jasper y luego los tres.

Nuestro tiempo antes de la gran depresión, desee hablar con ella en ese momento. Decirle que todo había terminado, que finalmente había comprendido todo. Que Jasper estaba bien y yo también, que podía estar tranquila porque lo superaríamos juntos.

Era perfecto.

Lagrimas se agolparon en mis ojos y las limpie con la manga de mi suéter, salí de la camioneta y me pare frente a mis chicos que me miraban esperando mi respuesta.

-Es hermosa, chicos. En verdad, no sé cómo agradecerles, no solo por la camioneta sino por todo. No sé cómo habría podido salir adelante ni que hubiera hecho sin ustedes, y definitivamente no sé qué hacer para que ¡dejen de verme como tontos y vengan a abrazarme! –Solloce riendo y ellos se unieron a mi aplastándome e impidiéndome respirar pero no me importaba.

Porque estaba con ellos y me amaban, y era todo lo que necesitaba.

Bueno, aquí tienen. El penúltimo capítulo de la historia, creo que hemos superado demasiadas cosas en todo este tiempo. Queda un capítulo más y el epilogo.

Mas aparte dos o tres Outakkes, ¿pueden adivinar de qué tratan?

Gracias por leer.

Misery.