Hola! Disculpen la tardanza pero como ya sabrán este es un tema bastante complicado de manejar, por lo tanto se vuelve tedioso hacerlo como es debido o al menos como yo considero que esta bien, además tenia que preparar muchas cosas para el regreso a clase y fue demasiado que hacer-no lo deje al ultimo, lo hice como con dos semanas de anticipación- en fin espero les guste.

Pd. Mi word empezó a fallar, así que, disculpen algunos dedazos que se me pudieron escapar... De echo tuve que revisar todo en power point por la dichosa falla.

Intervención:

Desde hacia semanas sango había notado en mi persona un aura depresiva y tenia el presentimiento de que algo no esta bien conmigo.

Sango se encontraba en casa en una de esas tardes ociosas de fin de semana. Recostada en el sofá y mirando el televisor como si este tuviera la cura del cáncer. En el ya mencionado aparato se estaba transmitiendo un programa con un dejo de amarillismo demasiado descarado… "intervención".

En dicho programa los familiares y amigos de ciertas personas con problemas de drogadicción les enfrentaban para intentar hacerlos recapacitar.

Con la mejor intención del mundo, sango se levanto del sofá como si el mismo estuviera echo de lava ardiente, tomo su celular y comenzó a hacer llamadas.

Al cabo de un tiempo solo había un invitado faltante… yo.

La persona por la cual harían esta patraña televisiva era por mi, y, aunque se que lo hacían con la mejor intención del mundo, resultaba una idea bastante ridícula a mi parecer.

Llegue a casa de sango y pude ver alrededor de la misma varios autos los cuales me eran demasiado familiares.

—Kagome, estamos aquí por ti—Comenzó diciendo sango en cuanto entre por aquella puerta. —

En aquella sala de estar se encontraban todos:

Mi madre, Hermano, Abuelo, Inuyasha, Miroku, el hermano y padre de Sango y la propia Sango.

—todos nos hemos percatado de que hay algo que esta mal contigo y queremos ayudar—continuo—

La tarde se convirtió en un remolino de charlas interminables de autoestima, amor y otras tantas cosas.

—yo se que tengo algo mal, no tienen que decirme, pero, aunque se que esta mal según la sociedad y esas cosas, a mi no me lo parece. Y la verdad no me interesa hablar del tema.

Con aquella frase cerré su fallido intento de seguir el formato de ese programa de malas intenciones disfrazado de buenas…

Regrese a casa y entre a mi habitación a meditar un poco esta situación.

Si en aquel momento hubiese podido tener música como la que ponen en las películas, puedo asegurar que seria la tonada mas depresiva jamás compuesta por nadie. En mi cabeza deambulaban libremente pensamientos absurdos que ya rozaban en lo suicida, estaba mal, muy, muy mal pero no quería aceptarlo completamente. El orgullo siempre a sido un punto característico en mi persona y el admitir mis errores y mas cuando tienen esta proporción me resulta complicado.

Un mareo agobiante me invadió de pies a cabeza. El peso que en estos momentos tenia casi podía comparase con el de una muñeca de trapo o una fina cinta de seda e incluso el delicado obi de un kimono antiguo.

Con gran esfuerzo me levante de la cama y me postre frente al espejo.

Tal vez fue el dolor de cabeza o el mareo en si… pero aquella visión de mi misma frente al espejo era aberrante, una abominación salida de la turbia imaginación de un escritor de horror.

¿Qué había echo? Solo me había destrozado en todos los sentidos ¿y para que? Para darle gusto a aquellas personas que nunca lo han merecido, jamás han merecido consideración alguna y les eh otorgado lo mas sagrado que tengo: mi cordura, el templo sagrado, único y de valor incalculable llamado cuerpo.

Lo ofrecía a un par de demonios externos que lo rechazaron y lo vendí a mis propios demonios internos.

De mi misma deje un cascajo inservible. Mísera y pálida piel pegada al hueso, un rostro demacrado digno de un concurso de catrinas. Mi sola visión era como mirar a los ojos a la mismísima muerte que me miraba ansiosa mientras se relamía los labios con excitación.

No lo soporte… me desvanecí.

Pude haber jurado escuchar un violín triste, supuse que ese sonido es con el que te reciben en las puertas del infierno, pero, no lo era.

Desperté en la cama de un hospital, en una habitación blanca de piso a techo y con un aire rancio a desinfectante y una intravenosa en mis muñecas.

Intentaban alimentarme vía intravenosa… —¡pues no! —pensé— aun con el dolor que me representaba, saque la mugrienta intravenosa, pero una enfermera se percato de ello e intento ponerla de nuevo en mi muñeca.

Me negué, incluso la pobre mujer se llevo un golpe en la cara. Mis gritos negatorios podrían ensordecer a un sordo.

Me sedaron, ataron mis manos con unas correas a la cama para que no me quitara la intravenosa nuevamente.

Con forme los días pasaban y las enfermeras me visitaban, por fin divise mi realidad, yo no estaba en un hospital cualquiera, estaba en una clínica de recuperación, una PUTRIDA clínica de ayuda para personas con trastornos alimenticios.

Una clínica llena de personas que toman las decisiones por mi. Atada a una cama en una habitación escueta como un animal enjaulado.

Y sin siquiera una palabra, una frase o una simple caricia de aquellos a los que se les ocurrió "la brillante idea" de meterme en este circo de uniformes blancos y sedantes.

Los días aquí eran asfixiantes, de una habitación blanca a otra, todos los internos pasábamos horas sentados frente a platos repletos de comida, con nauseas de tan solo verlos, visitas guiadas a los inodoros, revisiones diarias en las habitaciones y caminatas interminables en pasillos color azul cielo adornados con médicos, enfermeras, pacientes y uno que otro conserje ocasional.

Si alguna vez me hubieran dicho que terminaría en este lugar no habría echo lo que hice… ¡me habría suicidado!

Cada mísera hora en este lugar era una hora mas cercana a la locura.

El tiempo pasaba y mi salida de este manicomio no se veía cercana.

—kagome, si no nos ayudas, no podemos ayudarte, necesitamos que cooperes.

—¿cooperar? Cuantas veces les tengo que decir que no tengo nada, estoy bien.

—esta bien, —suspiro mi psicólogo— esperaremos a que quieras ayudarte… no depende de nosotros, depende de ti, de que tu te quieras ayudar, que tu decidas salir de esto… nosotros solo somos una herramienta de ayuda.

—lo que diga.

El psicólogo que me trataba se retiro de la oficina dejándome sola.

Me acerque al ventanal que había en esa horrorosa oficina solo para para observar atreves del mismo a mi madre, Sango e Inuyasha sentados en la acera. Cuando estos me divisaron se pusieron de pie y en la pared frontal colocaron unas pancartas con mensajes de apoyo y fe en mi persona.

-que esto no te domine, tu domínalo a el-

-eres mas fuerte que esto-

-¡Kagome tu puedes!-

El programa de ayuda incluía reclusión absoluta y ninguno de ellos podía entrar a verme obviamente y lo mejor que pudieron hacer para darme algo de su apoyo, ya que tampoco tengo acceso al internet ni a un teléfono celular, fue darme un pequeño apoyo escrito que colocaron en aquel muro, mensajes que cambiaban cada cierto tiempo haciéndome ver que no, no estoy tan sola como llegue a pensarlo alguna vez.

Con forme el tiempo paso el recuperarme y salir de este lugar completamente reestablecida y feliz empezó a tener sentido. De repente ese se convirtió en mi objetivo primordial.