Mientras hablábamos empezamos a caminar, no sé a dónde pero al parecer Mark conocía muy bien el sitio.
-Cuéntame háblame sobre ti, ¿Cómo es que te gusta tanto estar sola? ¿Sabes qué? Te hace interesante.
-Pues no creas, soy una chica muy simple, no me complico mucho la vida, Cuando estoy aquí tumbada sobre este bosque siento que el mundo es perfecto. Si mi madre estuviera aquí conmigo le habría encantado.
-¿Qué le pasó?
-Murió en un accidente de coche.-suspiré, un silencio incómodo y una lágrima cayó sobre mi rostro, creo que no se dio cuenta-
-¿En un accidente de coche y ya está?
-Sí, eso es lo único que sé.- No puedo decir nada más porque estaría mintiendo.
-¿Y nunca has investigado?¿Es decir nunca te has pregunta..?
-No quiero hablar de eso ahora ¿vale? Cambiemos de asunto.
-Sí claro, lo siento, he sido un imbécil. Ven sígueme quiero enseñarte algo.
Le seguí, nos adentramos más en el bosque, cada vez la vegetación era mas espesa y impedía que la luz pasara, cada vez se hacía más oscuro. Aquello era tan bonito, no sé a dónde me quiere llevar Mark pero espero que valga la pena después de un camino tan largo.
Poco a poco se iba aclarando el bosque se iba aclarando otra vez, esta zona del bosque nunca he llegado a conocerla porque está muy lejos de mi casa y me da miedo llegar y no poder volver del cansancio.
Cada vez la vegetación era menos espesa, y desde lejos estaba viendo el reflejo del agua sobre las enormes rocas.
-¡Wow!, Mark esto es, es … precioso.
Enfrente de mí había un lago enorme con aguas cristalinas, desde el medio se levantaba una especie de casa flotante y a la orilla había una barca con el que supongo utiliza Mark para llegar hasta ella. La casa era enorme, hasta tenía su propio jardín, en el que había varias especies de orquídeas.
-¿Te gusta? Lo he mandado que lo construyan para mí, aquí es dónde vengo cuando no me apetece ver a nadie.
-Sí, me encanta, no sabía que tenías estos gustos. Últimamente pareces otra persona, no eres el Mark que yo conozco. Es como si otra alma estuviera en tu cuerpo. ¿Qué te ocurre Mark? En tu mirada veo tristeza.
-Mis padres se han separado, mi madre se fue de viaje a México y cuando volvió descubrió que mi padre le estaba engañando con otra chica, no es la primera vez que lo hace pero esta vez ha sido la gota que ha colmado el vaso.
-Desde pequeño crecí al lado mi madre, ella es la que se ha precupado por mí, por mis estudios, por mi futuro, ella me ha dado el cariño que mi padre nunca me dió. Él se pasaba todo el tiempo fuera, para una vez que venía discutía. El dinero le ha cegado los ojos, le odio. No puedo soportar el dolor que le ha hecho a mi madre, por eso intento cambiar para no ser como mi padre.
-No tienes que cambiar nada, solo tienes que ser tú mismo.
Me miró con esos ojos anaranjados y me pareció ver una ligera sonrisa dibujada en su rostro, este Mark es totalmente diferente al que creía conocer, puede que me haya equivocado al juzgarle porque hoy me ha demostrado que detrás de su egoísmo hay un gran corazón. Puede que actuaba tal para escapar de los problemas de su vida. Yo le devolví otra sonrisa. El cielo se había nublado rápidamente.
-Parece que va a llover, será mejor que vuelva a casa.
Un relámpago seguido de un trueno nos avisó de las primeras gotas de lluvia que cada vez caía con más fuerza.
-Está lloviendo mucho, será mejor que te lleve, tengo el coche debajo de ese árbol.
-No te preocupes, puedo ir sola.
-Hay mucho camino de aquí a tu casa y el cielo cada vez está más oscuro, no podrás ver bien, te mojarás y te refriarás.
Tenía razón, estaba demasiada cansada para volver a casa a pie, el camino era demasiado largo, y con esta lluvia no sé si llegaré. Si me quedo aquí de pie un segundo más me mojaré entera. Acepté.
-Vale.
Le seguí hasta el todoterreno que tenía aparcado debajo del árbol, una vez dentro me sentí refugiada.
-Esto es mucho mejor que volver caminando.
Sonó mi móvil, debe de ser mi padre.
-¿Si?
-Hija, dónde estás con la lluvia que hace allí fuera.
-Estoy…estoy en … enseguida vuelvo papá no te preocupes, estoy en el camino.
-Dónde estás, no puedes venir andando con la lluvia que hace, estás en el bosque, voy a recogerte.
-Papá llego en un cuarto de hora, confía en mí.
-Vale, un cuarto de hora.
Mark arrancó el todoterreno y fue bordeando el bosque hasta salir a la carretera. Legamos a mi casa un poco más del cuarto de hora, menos mal que Mark me llevó en su todoterreno si no, no habría podido llegar por la tormenta que hacía. En Dawson West las tormentas podían durar días, incluso semanas.
Mark me acompañó hasta el portal de mi casa.
-Gracias.
-No hay de qué.
-¿Quieres entrar a tomar algo mientras se amaina un poco la tormenta?
-No gracias, tengo que volver, mi madre me estará esperando con la cena y no la quiero hacer esperar…Bueno pues…
No sabía que más decir, me daba miedo que me pidiera otra vez que vaya con él al baile por lo que intenté adentrar en mi casa lo más antes posible.
-Bueno gracias otra vez y si no tienes nada que decir voy a…
-¿Qué tal si mañana te invito a mi casa?
-¿A tu casa?
-Sí, a mi casa del lago.
No podía decirle que no después de que me llevara a casa en su todoterreno.
-Vale, claro. ¿A qué hora?
-A las seis te va bien.
-Genial.
-Pues pasaré a recogerte, no te olvides.
-Vale, hasta luego.
Cuando ví que se alejó con el todoterreno, entre a casa. Qué bien se está aquí, al otro lado de la puerta.
Mi padre me estaba esperando en el comedor con la cena en la mesa preparada, había dos platos de sopa sin tocar, que supongo estarán fríos.
-Ya he vuelto.
-Creía que no ibas a volver, ¿Dónde has estado hija? Me has tenido preocupada.
-Lo siento papá, pero de dejé una nota.
-Lo sé pero tú nunca vuelves tan tarde, ¿Es ese tal Mark con quién has estado?
-No, he ido al bosque a tomar el aire y nos hemos cruzado.
-Bueno, cenemos algo antes, supongo que tendrás mucha hambre. La sopa se ha enfriado, lo calentaré un poco.
Entre tantas cosas ya me había olvidado del hambre. Subí las escaleras para dirigirme a mi habitación para secarme el pelo y cambiarme la ropa.
Mi habitación es grande e iluminada, al principio eran dos habitaciones pequeñas y oscuras, mi padre decidió dormir en la planta baja y unimos estas dos habitaciones en una para mí. Es la parte que más me gusta de la casa porque sus enormes ventanas dejan penetrar suficiente luz. De noche puedo ver la luna desde mi cama y todas las mañanas me despierta la luz del amanecer.
Me dirigí hacia el armario, cogí una toalla seca y me fui al tocador. Mientras me secaba el pelo no pude evitar mirar la foto de mi madre.
La foto en blanco mostraba a una chica joven de unos veinte años sentada sobre una rama de un árbol bastante alto, llevaba una corona de flores sobre su largo cabello largo y ondulado, era realmente bella. Su sonrisa mostraba la felicidad que sentía. Llevaba un vestido con un lazo enorme en el pecho, el vestido parecía de los años ochenta, es como si mi madre estuviera en esa época. Sobre la esquina derecha ponía el nombre, Celina Dankworth. Me gustaría saber quién tomó esa foto; papá dijo que no fue él porque esa foto se hizo antes de que se conocieran.
