Me miré al espejo, no tenía ningún parecido en ella salvo en los ojos y el cabello, mi pelo es castaño oscuro y ligeramente ondulado como ella. No sé de qué color tenía sus ojos porque la foto estaba hecha en blanco y negro, pero papá dice que son los mismos, verde intenso y como las verdes hojas de un Abedul de las Canoas.
El frío del amanecer me despertó. La tormenta ya se ha calmado. Puedo oír piar a los pájaros. Debe de ser muy pronto aún porque el cielo aún está oscuro.
Me levanté y miré la hora, son las seis y media. Es muy pronto para empezar el día, mi padre debe de estar durmiendo aún. No le quiero despertar porque por las noches se acuesta bastante tarde.
Saldré a dar un paseo. Me puse los pantalones, un jersey y cogí la chaqueta de mi padre porque aguanta bien el frío.
Me encanta sentir el aire fresco que deja las tormentas, su olor a limpio y puro me dejan ganas de más. Todo está más vivo y colorido, es como si pasaras un trapo sobre tu viejo espejo. Este sentimiento hace que tenga ganas de comerme el mundo.
Me acerqué al pequeño río, y me agaché para echarme un poco de esa agua cristalina sobre mi cara; estaba helada, pero me gusta. Seguí echándome más, aquello me agradaba, sentir el frío en mi cara… Me quedé mirando fijamente mi rostro reflejado sobre el agua y vi una sombra de un chico, giré rápidamente la cabeza hacía atrás para ver quién era, pero detrás de mí no había nadie. Me froté los ojos. Debe de ser mis imaginaciones.
Estos últimos días me he sentido vigilada, es como si alguien o algo me estuviera persiguiendo todo el momento.
Intentaré no pensar en ello porque me volverá lunática. Ya está saliendo el sol, debe de ser casi las ocho, me iré a darme una ducha y luego iré al instituto.
-Mimi,¡ baja a desayunar cariño que llegarás tarde!
-¡Voy!
Me puse lo primero que pillé de mi armario, cogí la mochila y bajé al comedor. Olía a tortitas con chocolate negro fundido por encima, debo de aceptar que me gusta mucho los dulces. Tengo suerte de tener un padre que sepa cocinar tan bien.
Comí lo más rápido posible mis tortitas y me fui a lavarme los dientes. No tengo que llegar tarde hoy porque me toca Historia a primera hora y el profesor quita nota si alguno de nosotros entra después de él a la clase y yo no estoy para que me baje la nota después del último desastroso examen.
Legué justo a tiempo, el profesor Charles cerró la puerta detrás de mí. Ya estaban todos sentados en sus sitios correspondientes, yo procuré hacer lo mismo lo antes posible, me siento en la última fila de la clase junto a la ventana, es el mejor sitio para mí.
-Zzshhh, hey guapa, ¿Es verdad que vas a ir con Mark al baile?-Me susurró Dereck cuando me estaba dirigiendo a mi sitio, le miré pero no le contesté. Lo detesto, nunca me ha hablado antes y ahora me viene como si nos conociéramos de toda la vida.
-¡Silencio!
Levanté la cabeza y … Había un chico nuevo en mi sitio, pero qué…
-Mmmm hola, creo que te has equivocado, este es mi sitio.- Ni se inmutó, nadie nos ha avisado de que iba a venir un alumno nuevo a nuestra clase y encime me quita el sitio. A lo mejor es sordo, lo intentaré otra vez.
-ejem…-Esta vez sí que me escuchó, giró su cabeza y se me quedó mirando fijamente con una rara expresión que no lograba entender. Era bastante atractivo, moreno, un metro y ochenta llevaba una manga corta con el frío que hacía supongo que para impresionar a las chicas.
Cuando me di cuenta toda la clase tenía los ojos puestos en nosotros. Él no decía nada y yo tampoco pero no me quitaba la vista de encima. Hasta que el profesor decidió romper el silencio.
-Que haces ahí parada Mimi, no tengo toda la clase para ti.
-Es que…
-Cógete una silla y siéntate.
Le hice caso aunque estaba media atontada, no sabía ni lo que estaba haciendo. Me quedé en medio de la clase con la mochila y la silla, pero a dónde quiere que me vaya a sentar.
-Siéntate al lado de Allan.-Supongo que Allan es el nuevo.
-Pero solo hay una mesa y allí no cabemos los dos.
-Cabéis de sobra, no quedan mesas.
Vaya siempre me tiene que tocar a mí las cosas embarazosas. Contuve la respiración y me dispuse a caminar hacia él. Puse la silla a su lado. Colgué mi mochila detrás y le miré de reojo, ya no me estaba mirando, suspiré. ¿Qué le he hecho yo para que me mire así?
-Buenos días, como ya veis tenemos un nuevo compañero, se llama Allan James Lowell y viene de Europa para más detalles en el recreo, por favor. Y ahora abrid por la página cincuenta y seis.
Vaya descripción más detallada, no es de extrañar venir de mi profesor Charles, en sus clases solo quiere oír hablar de Historia.
Giré ligeramente la cabeza, era realmente interesante. Sus ojos color miel intensos parecidos a los de Mark eran realmente intimidantes. Me pregunto con qué clase de grupo se juntará, con los populares, los pringados o los que pasan desapercibidos como yo.
No me dirigió ni una palabra en toda la clase y yo tampoco le dije nada, no soy de las que comienzan una conversación, así que…
Sonó el timbre, es la hora del almuerzo. Durante el recreo todas las chicas estaban hablando del nuevo, de lo guapo y atractivo que era, se ve que ha causado sensación. Es bueno porque así no hablarán de mí y Mark.
Me fui con mi almuerzo a la mesa donde estaban sentadas Sophie con Rose, Nicole y Deen. Tenía un sándwich de jamón york y queso que me había preparado mi padre.
-Habéis visto al nuevo de la clase, es guapísimo.- Para Sophie todos los chicos son guapos, pero esta vez creo que ha acertado de verdad.
-Interesante-Dijo rose, sacando de su mochila una manzana.
-Frío, su mirada es escalofriante- dijo Nicole.
-Realmente atractivo, es fuerte y aparenta ser un malote. ¿Será capaz de salvarme si me desmayo delante de él? Es mi príncipe azul…-Dijo Deen con una cara de enamorada.
-Vamos Deen no será para tanto…- Le despertó de su sueño Jack, sentándose al lado de ella. Deen dió un brinco del susto.
Jack está perdido por Deen y eso lo sabemos todos después de que en la Navidad pasada intentara darle un beso y Deen le devolvió con una bofetada que le dejó en el suelo, pero aun así no se da por vencido.
-¿Tu no dices nada Mimi? Me preguntó Sophie con una sonrisa pícara.
Estaba paranoica pensando en el momento que Allan se me quedó mirando en la clase de historia, me miraba como si me conociera y haya ocurrido algo entre nosotros. Que yo recuerde no le he visto nunca.
-Miel-
-¿Miel?-
-Sí, me…refiero a sus ojos color miel, son preciosos.- No supe decir nada más.
-Aaah! Sí, sus ojos…con solo mirarlo te quedas eclipsada por su encanto…-
-Tú qué vas a saber si estás al otro lado de la clase- Le atajó molesto Pierre con su bocadillo de metro y medio de largo; no sé cómo le puede caber esa cosa en la barriga, normal que esté tan gordo.
Miré de un lado a otro, no veía a Allan por ninguna parte. ¿Dónde se habrá metido?
