Tan sólo recordar esas fuertes piernas presionadas en ella, hizo que la temperatura de su cuerpo subiera unos cuantos grados. Unos segundos más y tendría una fiebre que requeriría atención médica, o su atención. Preferiblemente su atención, ya que un médico probablemente no podría ayudarla con lo que tenía: un severo ataque de lujuria.

Se detuvo justo en frente de ella, sus miradas se encontraron. Kagome se dio cuenta de que había estado mirándolo todo el tiempo que le había tomado bajar por las escaleras. Estaba segura de que él había visto como lo examinaba. Incapaz de quitarle los ojos de encima, inhaló su aroma puramente masculino.

Él le entregó la ropa. Su mano accidentalmente tocó la de ella, y cuando lo hizo creó una chispa de electricidad.

—Hay un baño de visitas al final del pasillo. Las toallas limpias están en el armario de la ropa—, le dijo con voz suave y gentil.

—Gracias—. Kagome sintió su voz temblar. Probablemente haciéndola sonar como una adolescente enamorada.

Mientras caminaba por el pasillo hasta encontrar el cuarto de baño, escuchó a los hombres susurrar, pero no podía entender lo que decían. Miró hacia atrás antes de entrar en el cuarto de baño y vio a Sesshomaru mirándola. Esos ojos color miel habían seguido cada uno de sus movimientos.

Sesshomaru se volvió hacia sus hermanos cuando la vio cerrar la puerta.

—Ustedes son idiotas a veces, no sé por qué sigo saliendo con ustedes—, Sesshomaru los acusó. Luego tomó su teléfono celular de la mesa y usó el marcado rápido.

—Es porque no tienes otros hermanos—. Como siempre mencionando lo obvio.

Su llamada fue respondida de inmediato.

—Souten, por favor traiga el coche en quince minutos.

—Por supuesto, señor.

—Gracias—. Terminó la llamada y regresó al grupo.

—Así que parece que las cosas están mejorando—, comentó Akago deliberadamente, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Ella es humana, idiotas!— Maldijo Sesshomaru entre dientes, pero suficientemente fuerte para que el grupo escuchara.

Lo más caliente que he tocado.

—Bueno, nosotros no la mandamos aquí—. Kouga alzó sus brazos en defensa. —Así que, ¿quién es ella?

—¿Cómo diablos voy a saberlo? Ella casi rompió mi puerta, pidiendo ayuda.

—Puedo jugar a eso, si eso es lo que te enciende—, dijo la stripper.

Sesshomaru dudó su afirmación y la ignoró.

—Bueno, todo el mundo a la cocina, y déjenme a solas con ella unos minutos.

—¿Conmigo?— ronroneó la stripper.

De ninguna manera. Sesshomaru frunció el ceño.

—No, con la mujer humana, maldita sea.

—Ok, ok—, dijeron los demás.

Los miró mientras desaparecían a través del comedor hacia la cocina en la parte trasera de la casa. La mano de Inuyasha ya se encontraba sobre el trasero de la stripper. Sesshomaru negó con la cabeza. Su hermano no había conocido a una mujer que a él no le gustara.

Si dejaba a los chicos solos por mucho tiempo, probablemente se beberían todo lo que había en la casa. Podía ver sus reservas de sangre disminuyendo por minuto.

Sesshomaru fue a la barra del bar y sirvió dos copas de brandy. Se había acostumbrado al sabor del brandy y le gustaba la sensación de calidez que causaba en su pecho cuando se tomaba uno. Aparte de eso, pasaría a través de su sistema sin efecto alguno. Ser capaz de tomar las bebidas humanas era muy útil cuando él se reunía con humanos en fiestas sociales.

Los vampiros se mezclaban libremente con sus homólogos humanos, que no sabían que ellos eran diferentes. Algunas personas eran consideradas simplemente más excéntricos que otras. Prácticamente todo el mundo era un poco raro, y a nadie le importaba un carajo.

La clase alta de los vampiros funcionaba de igual manera como la sociedad de clase alta de los humanos en la ciudad. Había bailes, temporadas de ópera, la sinfónica, inauguraciones de galerías, espectáculos de ballet, recitales y estrenos de obras de teatro. Todo el que decía ser alguien, quería ser visto.

Esta noche Sesshomaru tenía algo que celebrar. Su sistema hidráulico estaba trabajando de nuevo, de hecho, incluso mejor que antes. Su pene había estado tan duro como el granito cuando había presionado su cuerpo contra el de ella y la había besado. ¿Cómo había sucedido? Él no lo sabía y no le importaba, pero al menos sabía que estaba de vuelta. ¡Maldita sea, se sentía bien!

Sesshomaru se dio vuelta hacia la puerta, cuando oyó sus pasos. Ella vestía una de sus sudaderas y pantalones deportivos. Ambos eran demasiado grandes para ella, pero ella se había doblado varias veces las mangas para que le quedasen. Demonios, se veía linda. Había secado su pelo largo y oscuro con una toalla.

—Por favor, pasa, siéntate aquí. Caliéntate—, invitó Sesshomaru.

Ella entró a la habitación, sus movimientos eran vacilantes, sus ojos claramente observándolo, para determinar si era seguro acercarse.

—Gracias.

—¿Brandy?—, le preguntó él.

Le entregó una de las copas que había servido anteriormente. Ella estiró su mano. Sesshomaru rozó sus dedos con los suyos cuando tomó la copa. Con frío, ella se sentó en el sillón más cercano al fuego y tomó un sorbo.

—Le pido disculpas, yo no me he presentado aún. Soy Sesshomaru Taisho.

Ella lo miró y se dio cuenta de que estaba todavía en pie. Tomó asiento frente a ella para estar a la altura de sus ojos.

—Kagome, Kagome Higurashi.

¿Kagome? Un nombre bonito para una mujer hermosa. Una hermosa mujer humana.

Fuera de límite.

—Debo pedirte disculpas. He sido grosero, y es inexcusable.

Inexcusable, sí, pero sin embargo, excitante. Quería volver a sentir: el calor, la excitación, su cuerpo. Incluso ahora, vestida con ropas sin forma, varias tallas más grandes para ella, parecía más tentadora que cualquier mujer vampiro en la cual hubiese puesto sus ojos. Su olor tentó sus sentidos, amenazando con dominar sus buenos modales, una vez más.

—Fue un malentendido. Tus amigos ya me lo explicaron.

Parecía que estaba entrando en calor. Sus mejillas parecían sonrojarse, probablemente por el calor del fuego y el brandy que estaba bebiendo. Si él solo pudiera lamer las gotas de brandy de sus labios, tal vez su cuerpo se apaciguaría.

—¿Cómo está tu pie? Lo siento mucho—, preguntó ella.

—Estará bien. No te preocupes.

Si lo besas estaría mejor.

—Gracias por ayudarme.

—No hay de qué. Una vez más, estoy verdaderamente arrepentido por haber actuado como un completo idiota.

Sesshomaru se pasó la mano por su pelo. Él reconoció su ademán como lo que era: indicaba su nerviosismo, cuando no tendría razón para sentir una emoción tan extraña.

—¿Dónde están tus amigos?— preguntó ella.

¿Tenía miedo de estar sola con él? Él obviamente, la había asustado. No podía culparla. Estar a solas con el hombre que la había atacado, besándola apasionadamente y habiéndole frotado su erección, no podía ser una situación que le inspirase confianza. ¿Podía ver que su pene se movía nuevamente alistándose para ella? Sesshomaru se movió en la silla y cruzó las piernas.

—Les he enviado a la cocina para empezar la fiesta. Yo te aseguro que te escucharán si sientes la necesidad de pedir ayuda. No hay ninguno entre ellos que no vendría corriendo a ayudar a una mujer que necesite protección.

—Oh.

Su cara de sorpresa le dio que pensar a él, al igual que el rubor repentino en sus mejillas. Tal vez ella no se sentía amenazada después de todo.

—Lo siento, por interrumpir tu fiesta de cumpleaños. Mejor me voy.

Haciendo un movimiento para levantarse, él la detuvo.

—He llamado a mi chofer. Estará aquí en unos minutos para llevarte a casa.

Kagome hizo un débil intento de rechazar su oferta. —Eso no es necesario. Yo puedo tomar un taxi.

—Por favor, permíteme. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que te he hecho pasar.

—Gracias—, dijo ella, dándole una bella sonrisa. —Eso es muy generoso de tu parte.

—Dime lo que pasó ahí afuera—. Girando su cabeza hacia la ventana, mirando la oscuridad.

Tragó saliva, y le contestó:

—Un tipo me siguió en un callejón. Corrí, me resbalé y él me agarró. Después corrí nuevamente y me volvió a seguir. Ya estaba muy cerca de mí cuando abriste la puerta.

Dio un suspiro, y volvió a vivir su calvario mientras hablaba.

—¿Estas segura de que no estaba ayudándote cuando te caíste?

Ella lo negó con la cabeza.

—Estoy segura. Vi su cara, él no era amigable. Estaba persiguiéndome.

¿Había reaccionado exageradamente? Tal vez todo el incidente fue totalmente inocente. Las mujeres a veces ven las cosas como no son.

—¿Puedes describírmelo?—, él preguntó.

—Sólo lo vi por un instante, pero era grande, blanco, tal vez de unos cuarenta años. Tenía una cicatriz en su mejilla.

—¿Crees que lo reconocerías si lo vieras nuevamente?

Ella asintió con confianza: —Definitivamente.

Un mechón de cabello húmedo quedó atrapado en su mejilla, y él tuvo que usar toda su voluntad para no acercársele y quitárselo de la cara. No permitiría cualquier otro avance físico de parte de él, ni siquiera la tierna caricia que ansiaba hacerle en ese momento.

La ternura no era algo por lo que los vampiros eran conocidos, mucho menos Sesshomaru. La lujuria, la pasión, sí, ¿pero ternura? Era mejor que saboreara este raro sentimiento.

Oyó que la puerta se abría. Souten tenía la llave de la casa, al igual que sus hermanos, a excepción de Bankotsu. Unos segundos más tarde Souten se dio a conocer en la puerta de la sala de estar.

—Señor, disculpe la interrupción, el coche está listo cuando lo necesite.

Se levantaron de sus sillas y Sesshomaru lamentó no haberle dicho a Souten que se tomara su tiempo. Había disfrutado de la compañía de la mujer y le hubiera encantado disfrutarla por un poco más de tiempo. ¿Disfrutar de ella? ¿Qué demonios estaba pensando? Era mejor si se iba ahora, antes de que hiciera algo realmente estúpido. Tenía que terminar aquí y ahora.

—Voy a traer mi ropa. La dejé en el baño.

—No te preocupes, yo haré que te la entreguen mañana después de haber sido lavada y planchada.

Mantener su ropa por un poco más de tiempo le permitiría aspirar una vez más su aroma.

—Pero, eso no es….

—¿Necesario?— la interrumpió y sonrió. —Por favor, permíteme.

Sin duda no era necesario, pero su sonrisa era tan encantadora que Kagome no podía rechazarla. Parecía que él absolutamente quería recompensarla.

—Souten, por favor, lleve a la señorita Higurashi a su casa—, le indicó Sesshomaru a su conductor. —Ella le dará su dirección. Y asegúrese de escoltarla hasta la entrada y esperar hasta que ella este segura adentro. No quiero que le pase nada.

—Sí, señor—, le dijo su chofer.

Ella se sintió halagada. Él quería asegurarse de que estuviese a salvo.

—Muchísimas gracias—. Extendió su mano. —Y feliz cumpleaños.

Sesshomaru le sonrió y le tomó la mano, pero en vez de estrechársela, poco a poco la guió hasta sus labios y la besó suavemente sin romper el contacto visual. —Gracias.

Ella sintió una ola de calor desde su mano hasta su torso. Dios, era guapo y un perfecto caballero, cuando no estaba asumiendo que era una stripper. Eso era algo que tal vez ella podría olvidar fácilmente.

Kagome vaciló al dar media vuelta y siguió al conductor que la llevó fuera, protegiéndola bajo un gran paraguas mientras la acompañaba a una limusina oscura. Dejándose caer en los cómodos asientos de cuero, suspiró, diciendo: ¡Qué noche! La idea del matón que había intentado atacarla todavía la hizo estremecerse, pero como resultado de eso, había conocido al hombre más sexy y atractivo de su vida, así que, ¿quién se preocuparía por la primera parte de la historia?

—¿A dónde, señorita Higurashi?— preguntó el chofer.

Ella le dio la dirección del apartamento corporativo. Por un segundo se preguntó si debía pedirle que la llevara a una estación de policía en su lugar, pero descartó la idea. No quería pasar la mitad de la noche en una comisaría de policía reportando el asalto, cuando lo más probable es que nunca atraparían al tipo.

—Ah, eso queda a tan sólo unas pocas cuadras de aquí. Estaremos allí en dos minutos, Señorita.

Kagome se acomodó en los asientos de cuero y cerró los ojos. Sesshomaru Taisho. Alto, rubio y apuesto. La estrella en el sueño húmedo de cualquier mujer. Ella tocó sus labios, los mismos labios que él había presionado contra los suyos. El brandy había borrado su gusto en la lengua, pero todavía podía sentir su cuerpo apretado contra el suyo y su erección instigándola a rendirse a él.

Entregarse. Cederle el control. La idea la asustó y la excitó al mismo tiempo. Por supuesto, nunca sucedería. Ella nunca lo volvería a ver.

La stripper no era tan sexy como Kagome, pero con ella tendría que bastar. Sesshomaru no había tenido sexo en meses, y no iba a esperar un minuto más. Oyó sus hermanos riéndose en la cocina. ¿Había ya empezado el espectáculo sin él?

Caminó a través de la puerta de la cocina y vio a Inuyasha lamer líquido rojo de los senos de la mujer. Sangre. Su uniforme de enfermera estaba abierto por el frente. Eran como niños pequeños, jugando con su comida. Los vampiros por lo general no se alimentan de otros vampiros, pero eso no significaba que no les gustase aparentar. Su hermano obviamente había derramado un poco de los suministros de sangre de Sesshomaru a la mujer y ahora estaba disfrutando lamerlo de ella.

—Deja de monopolizarla, que ahora es mi turno—, se quejó Kouga y empujó Inuyasha hacia un lado. Inuyasha sonrió diabólicamente, pero hizo un espacio para Kouga, concentrándose en sólo uno de sus pechos en lugar de los dos.

—¿Compartimos?— preguntó Inuyasha y su sugerencia fue aceptada.

Con un gruñido, Kouga deslizó la lengua sobre el pecho de la stripper que su hermano acababa de abandonar. Lamió las gotas restantes de la sangre, antes de cerrar los labios sobre el pezón. La mujer echó la cabeza hacia atrás y mientras los dos hombres la chupaban, gimió en voz alta:

—Sí, cariño.

No es que los dos chicos necesitaran el estímulo de la stripper.

Bankotsu y Akago observaban con poco interés.

—La última vez que lo comprobé, fue en mi cumpleaños—, interrumpió Sesshomaru.

Tanto Kouga como Inuyasha dejaron los pechos de la stripper. Todos los ojos estaban puestos en Sesshomaru.

—¿Y?— preguntó Kouga.

—¿Qué?

—Bueno, ¿todo vuelve a funcionar?

Kouga hizo hincapié en su pregunta con un movimiento inconfundible en sus caderas.

—Supongo que tendré que hacer una prueba—, dijo Sesshomaru señalando a la stripper.

—Aquí, cariño, lame un poco—, ofreció ella y se volvió hacia Sesshomaru.

Él negó con la cabeza. —Arriba, para una función privada.

Para su primer acto sexual después de nueve meses de abstinencia él preferiría un poco de privacidad. No le importaba normalmente que sus hermanos vampiros lo vieran cogerla.

Sesshomaru miró a los chicos con severidad. —Ustedes se me quedan aquí y déjenme alguna de mis bebidas buenas, ¡por amor de Dios! Tengo una celebración.

Sesshomaru siguió a la stripper por las escaleras. Ni siquiera preguntó su nombre. No importaba. Todo lo que necesitaba era un cuerpo dispuesto en el cual sumergirse. Demonios, había extrañado el sexo. Por fin, podría satisfacer su deseo carnal y ser normal otra vez. Este fue el mejor regalo de cumpleaños que podía imaginar. Tal vez los cumpleaños no necesitaban ser deprimentes, después de todo. Esto podría ser muy divertido.

Maldita sea, la mujer humana lo había encendido. Ella podía resucitar a los muertos y así lo había hecho. Para todos los intentos y propósitos, su pene había estado muerto en los últimos nueve meses. Se había convertido en un cascarrabias total y absoluto, siempre irritado, siempre tenso. Ya no más. Después de esta noche, las cosas volverían a la normalidad. El sexo no podría controlar sus estados de ánimo nunca más. Se volvería a convertir en una parte normal en su vida.

La stripper era un vampiro, lo que significaba que no había necesidad de ser amable con ella. No tendría que contenerse. Mejor aún, dado a que estaba extremadamente deseoso. Cuando cerró la puerta del dormitorio, ella se volvió hacia él y comenzó su seductor strip-tease. Nada que no hubiese visto antes. Sus hermanos lo habían arrastrado a clubes de nudistas con la suficiente frecuencia, y muy poco podría realmente sorprenderlo. En sus más de 200 años como vampiro, ya lo había visto todo.

Pieza por pieza se quitó su uniforme de enfermera. Primero la blusa cayó al suelo, luego la falda corta. Con movimientos elegantes soltó sus medias de las ligas y las enrolló hacia abajo, una por una.

Se llevó las manos a sus pechos, apretándolos para enfatizar su tamaño. Melones. A Sesshomaru realmente no le gustaban las mujeres con grandes pechos. Prefería un lindo trasero en su lugar, pero esta noche no le importaba. Uno por uno desnudó sus grandes atributos con tamaños de melones, fuera de las pequeñas medias copas de su sostén diminuto. El las noto colgar, sin el soporte.

Él le dijo que girara para darle un vistazo a su trasero. Su tanga de hilo no escondía nada. Ella no le interesaba, más que como una mujer que le proveería del desahogo que tanto necesitaba. Quería acabar de una vez.

Sesshomaru echó un vistazo a su cama de cuatro pilares, una antigüedad que había adquirido en la época en que se consideraba mobiliario contemporáneo. No, no iba a hacérselo en su cama. Hacerlo sobre el sofá reclinable bastaría. La voltearía, para tomarla por atrás y follarla hasta el cansancio. Por lo menos no tendría que mirar su cara y pretender que era otra persona.

Un bello rostro brilló en su mente. Kagome. Podía pretender que era Kagome.

Bien, ese era el plan.

El plan perfecto.

La stripper no se opondría. Después de todo, era por lo que se le estaba pagando. Haría lo que él quisiera.

Excelente.

Sólo había un problema con su brillante plan.

Su miembro se había vuelto completamente flácido.

Muerto.

¡Malditamente muerto!

Ni una sola célula de sangre corriendo por él para despertarlo, ni una.

Arrugado como una ciruela pasa.

¿Qué demonios estaba pasando? Había estado funcionando muy bien unos minutos antes, y ahora, con una mujer desnuda a la espera de ser cogida, ¡no podía hacer que se levantase!

Ni una pulgada, ni siquiera la mitad de una pulgada.

No hay movimiento alguno.

—¿Qué estás esperando, muchachote?— se burló de él, mirándolo con sus pestañas llenas de rímel.

Sesshomaru la fulminó con la mirada. ¿Estaba ella burlándose de él?

Dio dos pasos hacia él y puso su mano sobre la cremallera de sus pantalones.

—Oh—. Ella dejó escapar un suspiro de decepción.

Con la velocidad del rayo, le agarró la muñeca y apartó su mano. La apartó de él con su próximo aliento.

—¡Demonios!

Los muchachos de abajo brindaron entre ellos cuando escucharon la voz de Sesshomaru proveniente del piso de arriba.

En las viejas casas tradicionales de japon, las voces hacían mucho eco.

—Ahora, eso ha sido un gran orgasmo o…—, comenzó a decir Kouga.

—¡Maldita sea!— dijo Sesshomaru desde arriba.

Una selección de palabrotas le siguieron. Los chicos se miraron entre sí.

—¿O ninguno en absoluto?— reflexionó Inuyasha.

Levantaron la cabeza hacia el techo para escuchar más, cuando oyeron fuertes pisadas en las escaleras.

—Ninguno en absoluto—, confirmó Akago.

—¡Caramba!— dijo Bankotsu. —¡Pobre cabrón!

Sesshomaru ya había irrumpido en la cocina y escuchó el comentario de Bankotsu. Estaba furioso y dispuesto a matar a alguien. Akago de modo protector se paró delante de Bankotsu.

—¡Mierda!— Con el poder de una bola demoledora, Sesshomaru dio un puñetazo en el mostrador, quebrando el tope de granito. Se dividió en varios pedazos.

Sus ojos brillaban de color rojo, y sus colmillos se extendieron. Apenas pudo controlar su ira.

—Inuyasha, tráele algo de sangre, ahora—, ordenó Kouga con calma, aunque no le quitaba los ojos de encima a Sesshomaru.

—Ya estoy en eso—. Inuyasha entregó a Sesshomaru un vaso con el tibio líquido rojo.

—Aquí tienes, Sesshomaru, toma un trago. Lo necesitas.

Sesshomaru le arrebató la copa de la mano a Inuyasha y se lo bebió de una sola vez. Luego miró a Kouga.

—Mejor le aclaras a esa stripper que si susurra una palabra de esto a alguien, le voy a partir el cuello en dos. ¿Queda entendido?

La mirada salvaje en sus ojos, confirmaron que lo decía en serio.

Kouga asintió con la cabeza. —Será mejor que nos vayamos. ¡Muchachos!— Les hizo una seña para que salieran de la cocina.

Sesshomaru podía escucharlos en el pasillo, mientras la stripper bajaba las escaleras.

Akago murmuro suficientemente alto como para que los sensibles oídos de Sesshomaru lo escucharan: —Pero él tenía una erección cuando la mujer estaba aquí. Yo lo vi. De hecho, era difícil pasarlo por alto.

—Supongo que hubiera funcionado con ella, lastimosamente es una mortal—, susurró Inuyasha.

Luego su tono cambió. —Cariño, ya que te hemos contratado durante toda la noche, ¿qué tal si vienes conmigo? Tengo algo que podrías apretar entre tus grandes ...

La stripper sonrió.

Segundos después ya no estaban. El lugar estaba nuevamente tranquilo. Demasiado tranquilo. Inuyasha estaba en lo cierto. Habría funcionado con ella. Sesshomaru también lo sabía. Así que ¿por qué no pudo hacer que se le levantara con la stripper? Ella tenía un buen cuerpo, estaba dispuesta.

Pero ella no era Kagome. No tenía su aroma o su belleza. Maldita sea, sus labios habían sido tan deliciosos, y esa tímida lengua que finalmente había hecho que le respondiera. Cielos. Qué beso, y ese flexible cuerpo pequeño con las curvas adecuadas. Él sabía que había sido recíproco. Había sentido su excitación. Y luego, cuando bajó las escaleras llevándole ropa seca, sus ojos lo habían examinado por cada centímetro de su cuerpo, y a ella le gustaba lo que había visto. De hecho, ella había humedecido sus labios a pesar de que él estaba seguro que no lo había hecho con intención. En sus ojos había visto el calor.

Diablos, la deseaba. Él tenía que poseerla, no importando qué.

Sesshomaru marcó un número. La llamada fue contestada de inmediato.

—Oficina del Dr. Jaken. ¿En qué puedo ayudarle?— La muñeca Barbie ronroneó como un gatito.

—Habla Sesshomaru Taisho. Tengo que ver al Dr. Jaken.

—No tenemos espacio esta noche. ¿Qué tal mañana a la 1:00 am?— ofreció ella, con una voz más calmada.

Él nunca le había mostrado ningún interés, las veces que había visitado el consultorio, y ella finalmente se había dado por vencida; había dejado de gastar sus encantos en él. Igualmente Sesshomaru no podía soportarla, ni a su sonrisa melosa.

—Creo que puede hacer algo mejor. Teniendo en cuenta la exorbitante cuota que las consultas me cuestan, no me importa a quién tenga que cancelar—. Esto era una verdadera emergencia.

—Permítame un momento— Se oyó un chasquido en la línea y un breve silencio antes de que respondiera nuevamente: —Él puede verlo en media hora.

—Ya me parecía.

Sesshomaru colgó, cogió su abrigo del perchero y se dirigió a la puerta. Podía ir caminando. El aire de la noche aclararía su cabeza. Seguramente lo necesitaba.

Él acechó a través de la noche, con su cuello levantado y con las manos enterradas en los bolsillos del abrigo. La lluvia había parado. Las calles aún estaban transitadas por humanos. Él los ignoraba. Después de la medianoche por lo general las calles se volvían más desérticas y más vampiros estaban fuera. Pero aún era demasiado pronto para eso.

Sesshomaru no entendía por qué esta mujer humana lo había afectado de esa manera. Es cierto que tenía un buen cuerpo y era bonita, pero él ya estaba acostumbrado a las mujeres hermosas. Como uno de los solteros más codiciados de la ciudad, siempre escogió de la crema y nata de la sociedad.

Él había tenido citas con muchas mujeres hermosas. Tal vez, "citas" no era la palabra adecuada. Había tenido sexo con muchas mujeres hermosas cuando le daba la gana. Siempre había un suministro de mujeres deseosas, todas ellas vampiros, por supuesto, para satisfacer sus deseos carnales con la esperanza de que tal vez elegiría a una de ellas como su compañera.

Pero cuando él escogió una, todos sus problemas comenzaron.

Sesshomaru siempre apoyó a algunas de las organizaciones benéficas locales y asistía a dos o tres bailes de caridad al año. En uno de esos bailes él había visto a una mujer nueva en la ciudad. Había escuchado mencionar su nombre antes, pero aún no la había visto o sido presentado a ella. En el momento en el que vio a la alta morena entre la multitud, cayó preso de la lujuria.

Había rumores de que Kagura Onigumo había venido de un antiguo linaje en Hokkaido y estaba muy bien conectada en el mundo de los vampiros. Ella era por excelencia, de la alta sociedad y había decidido hacer de Tokio su hogar.

Ella jugó a hacerse la difícil, y los instintos de cazador de Sesshomaru se apoderaron de él inmediatamente. Le tomó más de un mes llevarla a la cama. Durante ese tiempo, él continuó haciéndolo con cada mujer vampiro disponible, para superar su frustración. Pero finalmente obtuvo su trofeo y no era tímido al mostrarla en cada evento social. Ella podía ser vista de su brazo cada vez que él salía a algún lugar.

Las páginas de sociedad se llenaban con fotografías, mostrándolos de evento tras evento. Contrariamente a la creencia común, los vampiros sí aparecían en las imágenes. De hecho, muchos eran bastante fotogénicos.

A pesar de su necesidad de privacidad, Sesshomaru disfrutaba de la atención y admiración de sus compañeros vampiros por haber atrapado a una belleza como ella. Mientras que ella era lo que él llamaría una mujer de alto mantenimiento, tenía sus encantos. Ella esperaba exclusividad y él no se oponía.

Durante los siguientes meses se enamoró de ella, y de alguna manera se convirtió en parte de su vida. Él había estado solo durante demasiado tiempo, y la idea de tener compañía constante en la que podría confiar, le gustaba. Todos sus hermanos le afirmaban lo bien que se veían juntos, todos, excepto Inuyasha que mantuvo sus sentimientos para sí mismo.

Su vida sexual era excelente, tenían el mismo círculo de hermanos vampiros, la misma posición en la sociedad. Eran la pareja perfecta.

Era sólo cuestión de tiempo hasta que los rumores de una inminente unión, empezaran a circular, y la idea de formar un vínculo permanente entre ellos, lo excitaba. Algo faltaba en su vida, y ella podría llenar ese vacío, por lo que había tomado una decisión.

Sesshomaru apartó los pensamientos de aquella fatídica noche cuando su mundo se había derrumbado de golpe. El pasado no tenía lugar en su nueva vida. Sólo el presente.

Se preguntó si el hecho de que Kagome era un ser humano, tenía algo que ver con la forma en que reaccionó a ella. Mientras que ciertamente había tenido relaciones sexuales con mujeres humanas, en aquellos días, cuando era un poco más salvaje e indomable, nada de eso le había interesado realmente, tanto así, que dejó de tener sexo con seres humanos.

El sexo con los humanos siempre le presentó más peligros que ganancia. Inuyasha no compartía su opinión sobre este tema. Pero Sesshomaru sentía que siempre tenía que contenerse, y nunca había sido capaz de dar rienda suelta a su verdadero poder y fuerza sobre ellas, sin que las lastimara. Al final, lo había sentido más como una carga, para continuar haciéndolo. Era más fácil hacerlo con las mujeres vampiro, cuando se trata de sexo. Ellas podían aguantar la fuerza y la ferocidad de sus parejas sexuales y no se lastimaban con facilidad.

Sesshomaru sabía que era una locura seguir a la mujer humana, pero estaba desesperado. Necesitaba el sexo, y lo necesitaba pronto, de lo contrario se convertiría en una bestia peligrosa cuyos estados de ánimo no podrían ser controlados. Se convertiría en una amenaza no sólo para sí mismo, sino también para los que le rodeaban. Había trabajado muy duro en los últimos dos siglos, para que todos sus logros se fueran a la basura por una frustración sexual.

Menos de media hora después de que él salió de su casa, llegó a la oficina de su psiquiatra y entró con apuro. El tiempo era esencial. Nunca había sentido este tipo de urgencia antes.

—Gracias por recibirme en tan poco tiempo.

El Dr. Jaken levantó una ceja:

—¿Qué es tan importante que no podía esperar hasta mañana?

—Algo sucedió—, le respondió Sesshomaru.

Él lo miró y los ojos del psiquiatra parpadearon.

—Oh. Dime quién es ella y lo que hizo.

—De eso se trata—dijo Sesshomaru, dejándose caer en el ataúd y extendiendo su cuerpo sobre el suave cojín—. No tengo idea.

Su médico le miró con incredulidad. Sesshomaru, en ninguna de sus sesiones había usado el ataúd. Siempre insistió en sentarse en la silla, o se paseaba impaciente por la habitación.

Mientras Sesshomaru recordaba el incidente con Kagome, segundo a segundo, Jaken escuchaba con atención, teniendo en cuenta cada palabra. Al mismo tiempo observaba la conducta, respiración y los movimientos de su paciente.

—¿Qué significa?— preguntó Sesshomaru con impaciencia.

—Interesante. ¿Y dices que con la stripper te quedaste frío después de que la otra mujer te había excitado?

—Como dije. Fue como si hubiera entrado en un congelador.

—Interesante—, volvió a decir Jaken, y juntó los dedos delante de la cara con los codos apoyados en los brazos del sillón.

—En nuestra sesión de la semana pasada, mencionó que algo faltaba. ¿Puede explicarme eso?

—¿Ahora?— le preguntó Sesshomaru con una mirada exasperada.

—Creo que es importante en relación con este acontecimiento—, le contestó el médico.

—Está bien—, resopló Sesshomaru. —Yo sólo... no puedo realmente explicarlo. Había un vacío, no importando lo que hiciera, lo mucho que hubiese logrado. Siempre sentí como si no estaba completo, como si una parte importante de mí estaba perdida.

—¿En qué sentido?— preguntó el psiquiatra intrigado.

—Emocionalmente—, suspiró Sesshomaru. —Había un anhelo por algo que finalmente me completaría. Yo creí que esa unión habría llenado ese vacío. Tenía que ser eso.

—¿La unión con Kagura? Yo lo dudo.

—¿Qué le hace decir eso doctor?

—Una unión de sangre no es más que la culminación formal de lo que ya existe—explicó Jaken a su paciente. —El vínculo ya está ahí. El ritual solo lo formaliza. No puede completarte si todavía no has encontrado éste complemento en tu pareja.

—No lo entiendo. El ritual crea el vínculo. Eso es lo que me han enseñado.

Jaken negó con la cabeza. —Un error común entre nuestra especie.

—No sentía el vínculo con Kagura, no como usted lo describe. Pensé que sería evidente más tarde, después del ritual.

—Confía en mí, no eres el único que lo cree. Si no sentiste la conexión con ella antes, entonces no estaban destinados a unirse. No es algo que se puede forzar. En cualquier caso, ahora entiendo mejor por qué reaccionó de la manera que lo hizo cuando las cosas se vinieron abajo. Ahora todo tiene sentido.

Jaken se levantó y caminó hacia el ataúd.

—¿Cómodo?

Sesshomaru sacudió su cabeza, y de repente se dio cuenta en dónde estaba. Al instante se levantó, poniendo distancia entre él y el ataúd.

—¿Qué mier...?

Estaba perdiendo la cabeza, sin duda que la estaba perdiendo. No sólo no entendía la confusa explicación de Jaken, sino que, nada en su vida tenía sentido en ese momento.

—Ajá.

—¿Qué? Maldita sea, ¿qué?— Sesshomaru necesitaba una respuesta. ¿Para qué estaba pagándole al curandero?

—Creo que sé qué pudo haberte sucedido. Al verte enfrentado a un ser humano vulnerable, te permitiste ser nuevamente vulnerable y quitaste tu muro de protección. Y tan pronto como estuviste con la mujer vampiro, la pared se volvió a subir y tu pene se volvió a bajar.

—Gracias por la ilustración tan colorida. ¿Supongo que me estás cobrando por esta idea?— Como si necesitara una imagen mental de su pene flácido.

—Mm, un mortal. Quiero decir, tal vez podría funcionar. Es muy posible. Muchos de los nuestros, tienen relaciones sexuales con seres humanos. Por supuesto, sería peligroso para ella, pero si tuviera cuidado... Bueno, sí, podría funcionar.

Sesshomaru le miró atónito. ¿Sobre qué estaba hablando el curandero? ¿Estaba hablándose a sí mismo?

—¡Maldita sea, doctor, ¿qué diablos hago ahora?

—Escucha, y haz por una vez lo que te sugiero. Sólo una vez. Encuentra a esa mujer y ten sexo con ella. Sácalo de tu sistema. Te prometo que una vez que la hayas tenido, tu cuerpo recordará como era y volverás a la normalidad. Confía en lo que te digo.

—Pero ella es una mortal. ¿No lo entiende?— El buen doctor no podía haber olvidado este pequeño detalle tan fácilmente.

—Comprendo perfectamente las implicaciones, créeme. Entiendo el peligro que ella correrá.

—No estoy tan seguro que lo entienda. Si pierdo el control, en serio podría mutilarla seriamente, posiblemente hasta matarla. En el calor de la pasión, la cautela es mi menor preocupación. No se sabe lo que haré. ¿Morderla? ¿Chuparle toda la sangre? ¿Matarla? La sola idea era repugnante. Sesshomaru continuó:

—Después de tan larga abstinencia, ¿cómo puedo estar seguro de que puedo controlar mi cuerpo?

—¿Qué es ella para ti? Nada, sólo un mortal, un ser humano. Toma lo que necesitas de ella, y sigue adelante con tu vida. Es necesario que tengas sexo con ella tan pronto como sea posible, de lo contrario, esta oportunidad podría escaparse. ¿No ves? Es como si fuera enviada a ayudarte. Hazlo, y deja de preocuparte por las consecuencias. Quién sabe, incluso ella podría disfrutarlo, teniendo en cuenta tu reputación...

Jaken tuvo la audacia de reírse.

Sesshomaru asintió con la cabeza. Tal vez podría hacerlo. Sabía lo que era capaz de hacer en la cama. Siempre había mantenido su reputación. Sería cuidadoso, trataría de ser amable para que ella pudiera disfrutarlo. Tendría que asegurarse de eso. Era lo menos que podía hacer, darle una noche de placer por excelencia, un bonito recuerdo. Y si su médico pensó que era así de sencillo, tal vez lo era. Por una vez estaba de acuerdo con su psiquiatra. Maldita sea, él solo quería tenerla sin remordimientos, y ahora tenía el permiso de su médico para hacerlo.