A primera vista
No importa cuántas veces lo haga, no importa cuánto trate desesperadamente de buscar una respuesta, lo que ha sucedido no puede cambiarse, como dicen "lo hecho está hecho"…
Escucho a Sakura suspirar tranquilamente y sonrió mientras le quito un par de mechones que han caído sobre su rostro, sus facciones son hermosas, ella es hermosa. Su pecho sube y baja con su respiración, su blanquecina piel con peñas manchas rojizas en donde mis besos la llenaron.
Su rostro tranquilo como nunca lo está me hace desearla aun más, su apariencia es la de un ángel, lo único que le faltan son unas grandes alas para volar, ese perfecto ser que parece que pronto se desmoronará si lo toco.
Por un momento mi voluntad flaquea y mis más bajos instintos se despiertan como siempre que estoy con ella, las ganas de perturbar ese rostro tranquilo para verla retorcerse bajo de mi me hace sonreír.
—¿Qué me has hecho?—le susurro y la veo removerse inquieta.
Las palabras "Te amo" no existen para personas como nosotros, ni siquiera puedo decir que haya algún tipo de sentimiento, somos como animales buscando satisfacer necesidades primitivas y cometiendo los pecados más bajos en los que puede caer un ser humano.
—Desearía estar muerta…—sus palabras resuenan en mis oídos.
—Yo también…
Aún lo recuerdo, el primer día de clases, él día en que nos conocimos…
La mañana era fresca, estaba vestido con mi traje y en mi maletín había varios libros que leería en mis tiempos libres, todo estaba planeado, no habría nada fuera de lo común.
Llegue a la escuela, en donde fui recibido amablemente por otros colegas, se me dieron las instrucciones que seguir las normas de la escuela y me explicaron cómo llegar al salón en donde impartiría clase y entonces ocurrió, una maestra en particular me miro y me susurro algo que no pude entender.
—Cuidado con Kinomoto…
Aquel día pensé se trataba del típico alumno problema incomprendido, por lo que no tome importancia, grave error de mi parte.
Entre al salón correspondiente donde ya estaban todos los alumnos esperándome, me presente como el maestro suplente de literatura y matemáticas, por los que algunos tendrían doble clase conmigo y explique los lineamientos del salón, yo suelo ser una persona muy estricta en cuanto a comportamiento, por lo que pude ver como los jóvenes se tensaban e incomodaban ante las reglas.
Entonces ocurrió, ella llego, bastante tarde he decir, entro al salón como si no le importara nada, yo ni si quiera la mire, no me importo.
—Llega tarde—dije.
—¿Y…?—ella contesto yo sonreí.
—solo espero que no vuelva a suceder porque de lo contrario terminará reprobando mi materia, señorita…—alce una ceja y levante mi vista.
Hice ademan de que continuar, ella rodo los ojos—Kinomoto.
Sonreí de forma arrogante y continúe con mi clase, mirando discretamente a la chica que había llegado tarde, a primera vista parecía ser cualquier alumna, tenía el cabello negro y largo, portaba el uniforme de una manera un tanto única, si bien llevaba el uniforme como casi cualquier otro alumno la única diferencia las botas negras y un pircing en su nariz, casi imperceptible, pero lo que más me llamo la atención eran sus ojos verdes, que parecían carecer de vida, me hizo pensar que hay más vida en los lugares áridos del mundo que en ella.
Al finalizar mi clase, ella salió como si nada, nadie dijo nada, si tenían dudas nadie quiso preguntar, excepto una chica que se me acerco con cautela, su piel era blanca, como la porcelana, unos grandes lentes estaban en sus ojos, su cabello estaba atado en 2 trenzas y su uniforme parecía demasiado grande para ella.
—¿Pasa algo?—le pregunte, ella me mostro su libreta.
—Tengo una duda sobre la tarea…—y asentí y respondí sus preguntas.
—¿Algo más?—ella negó nuevamente.
—Maestro…no se deje fiar por los rumores—fue todo lo que dijo antes de salir apresurada del salón.
Eso me hizo pensar, a primera vista la señorita Kinomoto parecía ser de esas alumnas rebeldes, a las que los maestros repentinamente catalogan como "mala", tal vez esa chica era su amiga o se conocían, por eso me dijo eso, pero si realmente alguien me conociera en esta escuela, sabría que no soy de los maestros que encasillan a los alumnos por su apariencia o su actitud, no suelo clasificar a las personas como "malas" o "buenas", tal vez por el poco contacto humano que suelo tener.
—Eres realmente ingenuo…
Su voz me taladro los oídos como un eco, inmediatamente comencé a caminar fuera del lugar, solamente quería olvidarme de todo mi pasado, yo no tengo familia, ni amigos ni a nadie, estoy solo, siempre lo he estado.
El tiempo después de esa clase transcurrió sin percances, hasta que fue la hora del almuerzo, mientras caminaba por los pasillos en un salón pude ver a la señorita Kinomoto con un grupo de chicos y una que otra chica, todos reían, ella también, pero había algo más, como si no riera de verdad, parecía que solo actuaba, si prestabas suficiente atención podías notar como su risa era hueca, sus ojos se abrieron y voltearon hacia mí, ambos nos vimos, aparte la vista y seguí caminando.
No soy de las personas que se involucran con otras personas en ninguna forma. Mi mente divago nuevamente a aquella extraña chica que a primer a vista parecía una muñeca, era hermosa, pero si la observabas bien, era como si estuviera vacía por dentro, rota y sus ojos no reflejaban nada.
A primera vista parecía que nosotros nunca cruzaríamos más de las palabras necesarias, nunca tendríamos una relación más allá de la formal entre una alumna y un profesor, pero aquí estamos, nuestros ojos se encuentran nuevamente.
—Despertaste—le digo y ella asiente adormilada, se talla los ojos y se levanta—puedes dormir otro rato, voy a preparar la cena.
Ella me detiene y me mira con deseo, me toma de la mano y me jala hacia ella, yo frunzo el ceño.
—Pensé que tendrías hambre, señorita Kinomoto—ella se acerca a mi rostro y coloca su mano en mi mejilla.
—La tengo—susurra mientras se besa delicadamente—¿Por qué nunca me llamas por mi nombre?
Ella me laza prácticamente a la cama, gatea para quedar sobre mí y yo le sonrió quitándole mechones de su cabello de su cara.
—Porque entre nosotros no hay nada—ella hace un adorable puchero.
Pronto su cara cambia completamente mientras comienza a besarme, sus besos apasionados logran sacarme uno que otro suspiro.
— Deberíamos parar, esto no es correcto…—ella rueda los ojos.
—Creí que ya habíamos hablado de eso, además…—ella retoma nuevamente su camino de besos por mi cuello, para luego mirarme fijamente—hacer lo correcto no es divertido—me sonrojo y ella se ríe.
—siempre te burlas de mi—le digo mientas le sonrió.
—A primer a vista pareces un gruñón idiota—frunzo el ceño—pero conforme te he conocido me doy cuenta de que era muy tímido—bufo.
Ella ríe y a diferencia de aquel día sus ojos si muestran un poco de brillo y pronto terminamos riendo juntos, al parecer la primera vista siempre falla.
Bueno hasta el 3° capitulo, se que esperaban lemmon, pero no sé sentí que ha esta escena en especial no debía de tenerla.
El final en lo personal no me gusto como quedo, pero ando corta de inspiración, además ando ocupada, acabo de regresar a clases y estoy en la universidad con eso les digo todo.
Recuerden pórtense mal y coman mucha Nutella y si eso no les gusta pues coman otra cosa xD. No se olviden de dejar su comentario.
