¿2 fics actualizadas en un día? Bien eso es un nuevo record jajaja, como sea, aquí un nuevo capítulo, no esperen lemmon, pero no se angustien, el que sigue si lo contendrá, ok sólo tendrá lime, pero aún así.


Esperar

Sakura POV

Miro el ejercicio adelante y gruño mientras muerdo con fuerza la goma de mi lápiz, no logro entender más de la mitad y eso me pone de malas, hoy es precisamente el día que necesito salir antes y esta tutoría me está atrasando en todo lo que tengo que hacer.

Me rasco la cabeza con furia y volteo la mirada a mi profesor que me observa atentamente con esos ojos tan fríos como el hielo, su color me recuerda al helado de chocolate y me pregunto si lamerlo todo hará que se derrita o si su sabor será tan exquisito como aparenta, me restriego los ojos tratando de despejar mi mente, lo único en lo que debo de pensar hoy es terminar rápido.

—No logro entender, no me sale—chillo golpeado el lápiz en la mesa.

—Está bien, en general tu procedimiento va bien, pero tienes que prestar atención a los signos—gimo con frustración, odio las matemáticas, aunque el maestro Li las haga tan fáciles.

Me toma un buen rato resolver el problema, antes de que mi torpe profesor me ponga 5 ejercicios más y yo lo miro furiosa.

—¿Puedo hacerlo en casa?—rezongo como una niña chiquita.

El sonríe y casi puedo jurar que sus ojos me miran con un brillo especial, una parte de mi sabe que es venganza por provocarlo constantemente, como cuando me talle "accidentalmente" contra él la semana pasada.

—No—ante su negativa aprieto los diente y frunzo el entrecejo.

—¿Por qué no?—protesto.

—Si te dejo que los resuelvas en tu casa, no tendrá sentido hacerlos, puedes pedir que alguien los resuelva por ti, además de igual forma te voy a dejar tarea—resoplo, eso es tan injusto.

—Por favor, sólo será hoy, prometo no volver a pedir esto—trato de sonar lo más dulce posible, el mira frio, pero un leve sonrojo me indica que algo ha cambiado.

—Si son tus amigos te esperaran, la gente que te quiere lo hace—murmura y yo no entiendo de lo que habla.

—No entiendo—digo, él mira por la ventana.

—¿Quieres irte con tus amigos no?—yo lo miro, pero me quedo callada, no digo nada.—Si ellos realmente quieren salir contigo, te van a esperar, si no eso significa que no son tus amigos—el profesor parece melancólico mientras observa por la ventana.

—¿Usted espera a alguien?—la pregunta se formula más rápido afuera de mis labios que antes de pensarla. Un murmullo que me es imposible distinguir sale de la boca del maestro.

Lo medito unos momentos, en realidad yo quiero salir temprano porque Touya regresa de la universidad y yo le prepararé la cena, lo más seguro es que mi padre también estará, por lo que tengo que apurarme, pero hoy es el único día del que podría presumir de que probablemente alguien me espere en casa, ya que eso nunca suele ser así.

—Vete—alzo la vista y me doy cuenta de que me quede un buen rato perdida en mis pensamientos—tendrás mucha tarea, pero puedes irte temprano hoy—asiento, sin entender mucho, hace un rato él no parecía ceder, pero finalmente tomo mis cosas y salgo rápido antes de que se arrepienta de su decisión.

Corro hasta llegar a mi casa, apuradamente preparo la cena, por primera vez en casi 2 meses me esfuerzo por cocinar algo y pongo la mesa, toda la noche anterior me la pase limpiando, así que ahora ya no hay mucho por hacer.

Como acabo antes de lo imprevisto, prendo la televisión, pero no dejo de pensar en las palabras del profesor, ese odioso hombre que se resiste a mis encantos, no deja de ser misterioso y extraño, pero por alguna razón desconocida me obsesiona, una película vieja, de no sé cuando comienza en la televisión, pero apenas y presto atención.

—¿A quién espera usted?—murmuro a la nada—¿y quién lo espera?—la soledad no me responde, después de todo ella no es buena conversando, es por eso que la detesto—¿Estaría dispuesto a esperarme?—me recargo en el sillón.

Antes de que me sumerja más en mis pensamientos la puerta suena, y sé que han llegado, me levanto de un salto y corro a recibir a mi familia, porque a fin de cuentas soy siempre la única que espera, soy la que llora a escondidas cuando nadie llega, soy la que conversa con la soledad que no sabe darme respuestas, soy la que duerme en brazos de quién sea sólo para olvidarme de todo, soy la muñeca rota que han dejado en el olvido, porque ¿quién quiere un juguete roto?

—Bienvenidos—digo, mientras la pregunta se repite nuevamente cómo un eco en mi mente.

¿Estaría dispuesto a esperarme, profesor?