¡Jelou!

Mil gracias a las personas que siguen comentando y agregan a favoritos; también por los follows.

Ésta Viñeta va con dedicatoria a mi Alexx Jackson por su cumpleaños~

Advertencias: Ligero Limme.

Disclaimer: Los personajes de Sekaiichi Hatsukoi no me pertenecen, son propiedad de Nakamura y compañía.


Tus palabras exactas en el momento exacto

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La oscuridad reinaba en aquella habitación. La vista se nubló, pero el resto de los sentidos se intensificaron al grado de poder sentir sobre la cara el cálido aliento que soltaba el otro. Sabía que su cara estaba roja, debía de estarlo si sentía que su cara ardía.

Kirishima no podía verlo, y aun así podía distinguir como la silueta de su petulante sonrisa abarcaba por completo su cara. Se enojó por completo al verse tan expuesto y deseoso por las manos del castaño.

Los dedos de Zen recorrían y exploraban por completo su cavidad, dilatándola, tentándola, presionándola… cada vez que sus dedos salían podía percibir un vacío en su estómago y cuando volvía a tenerlos dentro la dicha de sentirse completo gobernaba todo su ser.

La boca del Jefe de Japun se apoderaba de su mandíbula y descendía lentamente hasta llegar a su clavícula dónde repartió una serie de besos y chupetones, que conocía por experiencia, dejarían unas marcas bastante llamativas; tendría que apañárselas por la mañana para evitar despertar rumores sobre él.

Estúpida manía del castaño.

Estúpido él por sentirse tan querido con aquello.

La mano libre de Zen masajeaba su miembro en círculos, tocando con el pulgar la punta, presionando y apretando para evitar que se corriese. Vaya que lo conocía bien, él bien podría terminar satisfecho con eso, él le conocía demasiado… pero no quería ser tan sumiso como cualquier otro.

Él quería caminar a su lado. Ser respetado por él.

Y todos esos deseos, sólo podía provocarlo el Jefe de Japun.

—¿Podrías dejar de tocarme como si fuera una mujer? — Reclamó enojado y avergonzado de que el otro le viese tan vulnerable —. No soy delicado como crees…

—¿Eres tonto? — Susurró Kirishima sobre el pecho mordido por él —. Yo te tocó así porque eres lo más valioso para mí… jamás te he considerado delicado.

Ante esa confesión, Yokozawa terminó enmudecido y bastante confundido. Un nudo se formó en su garganta y las luces de la ciudad se colaron por la ventana en cuanto una ráfaga de viento levantó la cortina que los dividía de esa realidad externa.

Y por un instante vio como aquella iluminación encendió algo en aquellos ojos cafés que le miraban. La sonrisa petulante que se formaba en el rostro del otro le arrancó un severo jadeo.

—I-idiota — insultó sin mucho sentido volteando su mirar hacia otro lado.

Ante esto, el otro simplemente sonrió enternecido. Zen tomó la mano del azabache y le besó los nudillos para brindarle en caricias algo que no podía ser expresado con palabras.

No había dicho algo cursi, ni mucho menos le dijo aquellas palabras que le provocaban una avalancha de mariposas directas a su estómago… pero Yokozawa no pudo evitar que aquello le provocara el más tierno de los sonrojos que había sentido hasta ese día desde que le conoció.

Después de aquel momento romántico, las yemas de los dedos de Kirishima recorrieron sus costados hasta afianzar las manos en sus caderas y levantarle para incrustarse directamente en su parte más íntima.

Podía golpearlo y reclamarle sobre ello, pero no lo hizo… quería ser fuerte por él. Una lágrima recorrió su rostro por el dolor, pero el castaño sabía que todo lo suyo le pertenecía a él.

Y bebió dulcemente aquella gota que salió de sus ojos.

Después de todo, siempre sucumbía ante él.


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Besitos de agua de piña~

Cadiie Mustang.