Los labios de Sesshomaru volvieron a besarla, y si Kagome había tenido dudas sobre él, las borró a fuerza de besos.Sólo había un lugar donde lo quería en estos momentos, y era dentro de ella, cautivo entre sus muslos. Por el tiempo que pudiera mantenerlo allí.
Su beso fue más tierno de lo que había sido nunca. Podía sentir su hambre y la necesidad debajo de él, apenas los mantenía bajo control, a punto de salir a la superficie. Pero aún así, la abrumaba con su ternura, con la caricia íntima que su lengua desataba en su le respondió con su propia marca de pasión y necesidad. Su cabeza llena de imágenes de felicidad, ambos bailando en el sol, en un mar de flores.
Sesshomaru se hizo hacia atrás y de repente le dio un breve descanso para respirar.
—No puedo tener suficiente de ti. No te vayas el miércoles.
—Pero, tengo que volver cuando la auditoría haya acabado.
Su protesta fue débil. Ella no quería irse, pero no podía quedarse tampoco.
—No tengo ninguna razón para...
—Te puedo dar mil razones para quedarte.
Él tomó su labio superior entre los suyos y lo succionó despacio.
—Esa es una—. Barrió su lengua por los labios. —Aquí hay otra. Vamos a hablar de ello esta noche. Pero en este momento...
La volcó con maestría y la llevó por debajo de él, mirándola a los ojos durante un largo rato.
Sesshomaru tomó lo que era suyo, y Kagome se rindió a su boca, su lengua, sus manos, y su cuerpo. Su forma de hacer el amor era más tierna, de lo que él había pensado que fuese capaz de hacer. No había prisa para unir su cuerpo con el suyo. Tendrían un montón de tiempo para explorarse el uno al otro.
Esta vez lo único que quería era sentirla, experimentar el calor de su cuerpo, sentir latir su corazón contra sus labios, con un ritmo emocionado. Bajo sus manos y su boca, la sintió cobrar vida y abrirse.
Kagome se arqueaba hacia él cada vez que sus manos la acariciaban desde el cuello, hasta su ombligo. Al igual que Magallanes, rodeó sus pechos y navegó hacia el sur, sólo para desviarse antes de llegar al Polo Sur. Navegó el pequeño canal entre sus pechos, como el Bósforo, sin poder decidir si concentrar su atención primero en Europa o en Asia. Ambos se veían igualmente atractivos.
Qué montañas tan perfectas con picos de roca dura. Su lengua lamía las carnosas puntas tentando un ahogado gemido de su garganta.
—Dulzura, ni siquiera he empezado todavía.
Se quedó sin aliento. —Oh, piedad.
Piedad no era algo que tenía en mente. No, él se dirigía hacia la copa frondosa más hacia el Sur, que albergaba un tesoro debajo de ella. Uno con el cual estaba decidido a volver a familiarizarse.
Sus dedos encontraron la protuberancia protegida y la rozaron. La pelvis de Kagome se alzó hacia él instantáneamente, empujando su mano sobre sus pétalos húmedos. Incapaz de resistirse, deslizó un dedo hacia su vagina acogedora.
—Te quiero ahora.
Sesshomaru nunca había oído su voz con un matiz tan profundo.
—Me tienes. Hizo hincapié en su declaración hundiendo el dedo hacia lo profundo. Ella no tenía idea de cuánto le pertenecía – en cuerpo y alma. Él se lo diría muy pronto.
La urgencia de su cuerpo se hizo más intensa, sus caderas se movían en sincronía con su mano, montándolo, como él sabía que quería hacerlo con su pene. Y podía montarlo cada vez que ella quisiera: él nunca sería capaz de negárselo.
Con movimientos lentos, Sesshomaru se acomodó encima de ella,y centímetro a centímetro descendió, hasta que se encontró profundamente dentro de ella. Cada empuje hacía su unión más profunda, conectaba sus cuerpos más, hasta que se movían como uno solo.
Ellos no estaban conectados sólo por su erección atravesándola, sino también por sus piernas enredadas, con los brazos entrelazados, sus labios fusionados. Su cuerpo se adaptaba perfectamente al suyo, como si alguien en el cielo la hubiera moldeado para él.
Sesshomaru nunca se había sentido más cercano a una mujer que con Kagome en ese momento. Podía sentir como su excitación crecía, mientras su pelvis empezaba a golpear contra él con más urgencia. Él respondió de la misma manera, moviéndose al ritmo que exigía. Se dio cuenta de cómo él se llenaba de alegría, sabiendo que podía complacerla.
Sesshomaru se mantuvo a sí mismo justo en el borde, negando su liberación hasta que pudiera estar seguro de que ella estuviera cerca. La urgencia de ella se apoderó, exigiendo que empujara más fuerte y más profundo, y cumplió con muy buena gana a pesar de la fuerza que le costaba contener su propio clímax.
—No pares—. Su deseo fue una orden.
—Ni pensarlo.
Sus talones alrededor de su espalda excavaban en lo más profundo, y sus uñas en la espalda le hubieran sacado sangre, si hubiera tenido la piel frágil de un ser humano. A continuación, su orgasmo lo golpeó, como si el cuerpo de ella estuviera a punto de romperse en mil pedazos. Y como una hilera de fichas de dominó, lo alcanzó llevándoselo con ella, encendiendo su orgasmo, haciéndolo venirse dentro de ella.
Pero no había terminado. No dejaba de moverse dentro de ella, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, besándole los labios, sosteniéndola hasta que sintiera el último de sus espasmos.
Mientras fijaba su mirada con la de ella, no podía hablar. Y no quería romper el momento mágico de la felicidad total y absoluta. Se dio la vuelta hacia un lado, llevándosela con él, incapaz de soltarla de su abrazo, indispuesto a salir de su cuerpo.
Cuando por fin habló, su voz resonó en sus oídos: ronco, coloreado por la pasión y el deseo, y algo más que no había sentido en mucho tiempo, cariño.
—Puedo darte un millón de razones para que no te vayas.
Y él usaría cada una de ellas, para convencerla de quedarse.
Sucedía con frecuencia que Inuyasha pasaba tiempo en una cama que no era la suya, pero en general por otras razones que las de ésta ocasión. Para el momento en que él y Sesshomaru dejaron de trabajar ayudando a Kagome, estaba demasiado cerca la salida del sol para que se arriesgara a irse a su casa. Por mucho que odiara entrometerse entre los dos amantes, no tenía más remedio que permanecer en la habitación de invitados. La cual, por desgracia, compartía una pared con el dormitorio principal.
Su sensibilidad auditiva escuchó más de lo que quería saber o ser parte, por lo que él hizo unos tapones improvisados de bolas de algodón, que encontró en el cuarto de baño. Ayudó un poco. Por lo menos no podría oír más sus voces. Era un solo asunto, entre el bombardeo que escuchaba de esas emociones, el que lo golpeó. Ellos habían hecho virtualmente imposible que Inuyasha pudiera desconectarse y dormir. Al parecer, el sexo de reconciliación iba bien.
En todos sus años como un vampiro, nunca había conocido a una mujer que lo hubiese movido tanto como Kagome había afectado a Sesshomaru. ¿Cómo había sobrevivido tanto tiempo?, él realmente no estaba muy seguro, sobre todo porque había hecho suficientes enemigos entre los humanos y los vampiros.
La habitación de huéspedes era bastante cómoda, pero sus pesadillas personales lo despertaron muy temprano, una hora antes del atardecer. Las pesadillas eran familiares y no habían cambiado mucho en los últimos cientos de años. A pesar de trabajar con el Dr. Jaken en la culpa que lo atormentaba, no podía librarse de las imágenes que atormentaban su sueño cada noche.
Él no se encontraba en una relación con alguna mujer en particular. En su lugar, tomaba todo lo que podía obtener de cualquier mujer dispuesta. Gracias a su buena apariencia, siempre había mujeres suficientemente interesadas en un revolcón sobre el heno. Bueno, en estos días, ya no era sobre el heno, ya que en realidad prefería un suave colchón con sábanas de algodón egipcio de alta calidad. Integrarse tenía sus lujos.
Él se adentró en el periódico que Miroku había llevado al principio del día. No había señales de él en la casa ahora, en cambio, Souten se estaría reportando pronto, poco después del atardecer.
Minutos después de profundizar en el periódico, oyó pasos en las escaleras. No eran los pasos pesados de Sesshomaru, sino los pasos mucho más ligeros de Kagome, que se acercaban. Ella apareció en la cocina segundos más tarde, tenía un cálido resplandor.
—Buenos Días—, Kagome le saludó con una sonrisa.
—Buenas tardes, Kagome. ¿Sesshomaru se ha levantado ya?
—No. Lo dejé dormir. Parecía agotado.
—No me sorprende—. Él sonrió.
La casa prácticamente se había sacudido como un terremoto, justo con el epicentro en el dormitorio principal. O tal vez era sólo la sensibilidad de Inuyasha a las emociones, su don especial -y doloroso como el infierno-
El sonrojo de Kagome, avergonzaría a un tomate maduro. Ella tendría que acostumbrarse. Si él había leído sus emociones correctamente la noche anterior, ella se convertiría en un elemento permanente en ese hogar.
—Me muero de hambre. ¿Quisieras que te hiciera un sándwich mientras estoy en eso? Kagome abrió la nevera y empezó a tomar un poco de pan, jamón y otros ingredientes.
—No, gracias; alimentos sólidos después de haberme levantado no van conmigo.
No era una mentira. Los alimentos sólidos no iban bien con él, pero no sólo para el desayuno.
Kagome comenzó a lavar unos tomates.
—Sabes, encontré algo en las transacciones de anoche.
—Adelante.
Inuyasha tenía más que un conocimiento básico de contabilidad y era un buen compañero con quien intercambiar ideas.
—Entonces, imagina que quieres pasar los controles internos para mover activos valiosos fuera de la empresa, ¿qué harías?
Se encogió de hombros.
—No estoy seguro de lo que quieres decir. No puedes mover los activos de la empresa, sin una firma habilitante de puestos más altos, el cual Hojo no tenía. Estoy seguro que sabes eso tan bien como yo.
—De acuerdo, pero Hojo tenía autoridad para firmar otras cosas. Si quisiera desechar una vieja computadora, podía firmarlo, y luego iría a un vendedor que reciclara aparatos electrónicos viejos—, explicó ella, mientras ponía mantequilla a una rebanada de pan.
—Claro, pero tendrías que reciclar un montón de pequeñas cosas para hacerle algún daño a la compañía—, Inuyasha refutó su idea. —Y además, lo que sea que recicles probablemente tendría muy poco valor de todos modos, ¿cuál es el punto? No veo cómo se puede mover una gran cantidad de activos de la empresa así. Estarías ocupada por años.
—Eso es lo que pensé también en un principio. Pero ¿y si el verdadero valor del activo no es sólo el valor del reciclaje, sino que mucho más?
—¿Cómo?
—Depreciación.
—¿Depreciación?— Inuyasha no entendía muy bien.
Por supuesto, él estaba familiarizado con el concepto de depreciación de un activo durante su vida útil para reflejar un valor exacto de los libros y reclamar el gasto en la cuenta de ganancias y pérdidas de la empresa. Pero ahí es donde terminaba su conocimiento.
—Sí. Hojo estaba autorizado para reciclar viejos activos con un valor inferior a $2,500 sin necesitar otra firma de la Sede Principal. Él aceleró la depreciación para reducir el valor de estos activos por debajo del umbral que podría firmar, eludiendo así los controles internos.
Esto parecía prometedor, tuvo que admitirlo.
—¿Y entonces?
—Entonces él transfería el activo a alguien fuera de la empresa, que a su vez lo vendía por lo que era su valor real. Le regresaba el valor del reciclaje a la empresa y se quedaba con la diferencia.
Ella mordió su sándwich y lo masticó.
—Pero, ¿cuánto dinero podría realmente haber robado de esa manera? ¿Qué pasa si se asciende a cincuenta o cien mil dólares? Esas sólo son migajas. No es razón suficiente para enviar a alguien detrás de ti a matarte. Lo viste tú misma en los registros que vimos ayer, y esto ha estado sucediendo sólo desde hace un año.
—Pero esto no cambia el hecho de que él estaba claramente defraudando a la compañía. Los documentos de las transacciones lo señalan a él. Su firma está por todos lados. Inició y autorizó las operaciones. Sí, no era exactamente el fraude más sofisticado, y ciertamente no es nuevo, pero tal vez esa cantidad de dinero significaba más que migajas para él. Y tal vez no estaba tratando de matarme, tal vez sólo estaba tratando de asustarme.
—¿Para qué? El siguiente auditor sólo vendría y continuaría el trabajo donde tú lo hubieras dejado. Sería sólo una solución temporal a lo mucho.
—¿Temporal? Mmm—. Ella claramente lo pensó.
—Tal vez tenía algo más bajo la manga.
Ella frunció el ceño.
—¿Quieres decir un mejor fraude?
—¿Por qué no? En algún momento los delincuentes se vuelven codiciosos. Confía en mí, he visto un montón de codicia en mi vida.
Inuyasha no estaba exagerando. Había visto más que su justa parte de la codicia, en su larga vida.
—Codicia. Mmm. Me recuerda a algo que mi maestro solía decirnos en clase. Si quieres malversar, tienes que malversar en grande. Consigue lo que quieres en un gran golpe y lárgate. Los planes de malversación a largo plazo, nunca funcionan.
—Interesante profesor. ¿A qué tipo de escuela fuiste?— Inuyasha le dio una sonrisa de asombro.
—Él era mi profesor de contabilidad en la universidad. Lo creas o no, los contadores y auditores necesitan realmente aprender cómo cometer un fraude, con el fin de detectar uno, en los libros.
—Como un especialista en seguridad que habría tenido que irrumpir en algunas cajas fuertes, ¿eh?
—Exactamente. Por lo tanto, ¿es así como LaShikon entrena a su gente?
Kagome había terminado su sándwich y estaba poniendo los alimentos que quedaban, de nuevo en el refrigerador.
Él la miró de reojo. Ella probablemente no tenía idea de lo cerca que su pregunta estaba de la verdad. LaShikon no sólo empleaba a la mayoría de los vampiros, algunos menos dóciles que otros, sino también, un gran número de sus empleados humanos eran criminales reformados.
—Me temo que no podemos revelar nuestros métodos de cómo…
Ella lo interrumpió. —Inuyasha, era una pregunta retórica.
Dejó escapar una risa nerviosa y cambió de tema.
—¿Sabes lo que me sorprende de Hojo? Pasó a través de ésta complicada situación para robar un poco de dinero, cuando habría sido probablemente mucho más fácil, llegar a los activos líquidos de LaShikon. Estás familiarizada con nuestra hoja de balance. Tenemos muy pocos activos fijos, muchos de los edificios en los que operamos son rentados, los vehículos son generalmente alquilados. Sin embargo, tenemos mucho dinero en efectivo. Así que ¿por qué no ir por él? ¿No habría sido más fácil?
Kagome frunció los labios.
—Sus controles internos en torno al dinero en efectivo son bastante sólidos. Todas las transferencias en efectivo, irían a través de un proceso de doble aprobación. He leído el manual de procedimiento sobre eso. No lo podría haber hecho por sí mismo.
Puso los platos en el fregadero y empezó a limpiarlos.
—Creo que estamos pasando algo por alto. Examinemos los hechos. Tú auditas a la compañía. Hojo se pone nervioso porque estaba malversando fondos de nosotros. Contrata a su cuñado para matarte o...
—... O asustarme ...
—... O alejarte. Y justo cuando vamos tras él, es asesinado. No fue su cuñado, puesto que ya lo habíamos capturado. No fue una matanza indiscriminada. Fue deliberada. Por lo tanto, ¿qué nos hubiera dicho Hojo si hubiésemos llegado antes? ¿Habría confesado que nos estaba robando? Tal vez. Pero eso sólo le haría daño a él mismo.
—Alguien claramente no quería que nos enfrentáramos a él. Hojo conocía a esa persona, y sabía lo que hacía o lo que le dejaría hacer.
—Así es, porque Hojo le ayudaba a él con eso. No hay otra razón para que alguien te quiera muerto, que pensar que ibas a descubrir lo que hicieron, y tiene que ser más grande que la depreciación acelerada y la venta de activos pequeños. Mucho más grande.
Kagome se dio la vuelta para mirarlo, sus ojos relucieron de interés. Aparentemente sin saber que ella sostenía un cuchillo afilado en la mano, hizo un ademán. Mientras el cuchillo resbalaba de su mano, hizo un intento por agarrarlo, pero sólo alcanzó la punta afilada entre sus dedos. La cuál cortó sin esfuerzo, la suave carne de sus dedos antes de que aterrizara en el suelo. La sangre inmediatamente corrió por su mano.
—¡Maldita sea!
—¡Oh, mierda!, exclamó Inuyasha.
Eso era todo lo que necesitaba… el olor de sangre fresca en el estómago casi vacío…
—Déjame ayudarte a vendarlo.
Cuanto más rápido se sellara la herida, sería mejor para todos. Abrió un cajón y agarró una servilleta limpia.
—Déjame ver.
Ella puso su otra mano sobre su estómago.
—Oh, Dios, no puedo ver.
—Es sólo un poco de sangre—, le aseguró él, y no pudo dejar de notar que se había puesto pálida.
Inuyasha tomó su mano para ver qué tan profunda era la herida, mientras sostenía la servilleta por debajo de él, para detener la sangre que goteaba en el suelo. Contuvo la respiración para no ser dominado por el olor completamente atractivo.
Sesshomaru olió la sangre tan pronto como salió de su dormitorio, recién duchado y vestido. No había duda de quién era la sangre y de dónde provenía. Sus fosas nasales se abrieron, y su cuerpo se tensó.
¡Kagome!
Él sabía del amor que Inuyasha tenía por la sangre caliente mejor que nadie y se maldijo por haber dejado que se quedara, mientras Kagome estaba con él.
Mientras volaba por las escaleras e irrumpía en la cocina, estaba listo para la batalla…para salvar a su mujer de su hermano. Si Inuyasha la había mordido, lo mataría. La furia lo atravesó, mientras sus ojos se centraron en la escena en la cocina: Inuyasha inclinado sobre la mano sangrante de Kagome.
Sin pensarlo, Sesshomaru se abalanzó sobre el y con un ruido sordo, ambos se estrellaron en el duro piso de la cocina.
—¡Noooooooo!— Sesshomaru gritó y se hizo eco en la cocina. Mostró sus colmillos y gruñó, manteniendo a Inuyasha debajo de él mientras lo golpeaba con los puños. Los brazos de este se alzaron en su defensa, tratando de protegerse el rostro.
—¡Alto!
Pero la voz de Inuyasha fue ahogada por el rugido feroz de Sesshomaru. El puño de Sesshomaru se conectaba con la mandíbula de su amigo, una vez más. Desviando su próximo golpe, Inuyasha lo detuvo.
—Sesshomaru.
La voz de Kagome finalmente penetró en su cabeza.
—Yo no hice nada—, susurró Inuyasha.
—¡Sesshomaru! ¿Qué está pasando?
Sacudió la cabeza y al instante supo que no debió haberse dado vuelta hacia ella cuando la vio reaccionar a él. En su aturdimiento se había olvidado de todo. No se había dado cuenta de lo que ella iba a ver: su lado vampiro.
Kagome gritó con los ojos y la boca bien abiertos, su mano sosteniéndose en la isla de la cocina mientras se alejaba de ellos.
—¡Oh, Dios mío!— Su pecho se contraía como si no pudiera obtener suficiente aire. —Oh, Dios mío, ¿qué eres?
En realidad no era una pregunta. Se trataba más de una declaración.
Él estaba bien jodido.
»•«-»•«»•«-»•«»•«-»•«»•«-»•«»•«-»•«
Ohayo! Apuesto a que me echaron de menos bitches! Andaba algo complicada :( pero las compensare lo prometo!
Paso a dejar unos capitulos la noche es joven y la bateria esta cargada xD
