Los ojos de Sesshomaru eran de color rojo. ¡Brillaban completamente!
Se veían de la misma forma que en aquella ocasión en la ducha cuando Inuyasha los había interrumpido. No se había equivocado, no importando cuántas excusas pusiera. Pero no podía explicarlo, ya no, no cuando ella vio a su boca, en la cual dos dientes sobresalían.
No, no eran dientes.
¡Colmillos!
Colmillos puntiagudos y afilados como los de un animal. No podía ser real. Eso no existe. Él no existe, no así.
¿Era este uno de sus extraños sueños otra vez? ¿Cuándo despertaría de esta pesadilla? ¿Cuándo? Kagome se agarró de la barra a sus espaldas más fuerte para balancear sus rodillas temblorosas y sintió dolor en el dedo, donde se había cortado. No, esto no era una pesadilla, era la realidad. Una realidad extraña.
Vio cómo Sesshomaru se levantaba, liberando a Inuyasha de su agarre, moviéndose lentamente hacia ella.
—¡No!— Contuvo el aliento en el pecho.
Necesito aire. Necesito aire y ahora.
—Kagome, todo está bien—. Su voz era tan suave como lo había sido la noche anterior.
—¡Aléjate de mí!
Ella se alejó más hacia atrás, hasta que chocó contra la pared que estaba detrás. No había otro lugar a donde ir. Había conseguido arrinconarse en una esquina. Y él venía hacia ella, lento, pero constantemente. ¡Oh, Jesucristo! Su garganta se secó. Sus cuerdas vocales se congelaron. Tenía que enfrentarse a los hechos ahora. Ella no podía negarlo por más tiempo.
Había hecho el amor con un vampiro, una y otra vez.
Drácula. Un vampiro.
Sesshomaru era un vampiro, un vampiro cuya boca la había devorado, cuyos colmillos habían estado tan cerca de su yugular, podría haberla matado de una mordida.
—No voy a hacerte daño.
Ella soltó una carcajada histérica.
—No, sólo me vas a morder. Eso es lo que quieres, ¿no? Oh Dios, ¿cómo pude haber sido tan estúpida?
Kagome frenéticamente vio a su alrededor para tomar cualquier cosa que pudiera usar como arma.
—Inuyasha, nos das un momento a solas—, pidió a Sesshomaru.
—¿Crees que es una buena idea?— Inuyasha se frotó la mandíbula.
—Quiero que Inuyasha se quede—, dijo Kagome rápidamente, con la esperanza de que al menos le podría proporcionar cierta protección contra Sesshomaru.
Sesshomaru le dio una mirada de sorpresa.
—¿Así que piensas que tener dos vampiros en la habitación, es más seguro que uno?
Fue entonces cuando cayó en cuenta. Ella contuvo el aliento. Los dos eran peligrosos, los dos eran vampiros. Inuyasha no mostraba sus colmillos, y ahora que ella miraba nuevamente a Sesshomaru, sus colmillos también se habían retraído. Sus ojos eran de color ambar como de costumbre.
¿Lo había alucinado? ¿Estaba tan siquiera despierta?
—Sesshomaru, yo no la estaba atacando. Sólo estaba ayudándola a vendar su herida.
Ellos intercambiaron miradas, hasta que Sesshomaru finalmente asintió con la cabeza.
—Siento mucho haberte juzgado mal, pero no podía correr el riesgo de que alguien la dañara. La situación…
—No soy tan hambriento de sangre como piensas, y nunca tocaría a tu mujer.
Inuyasha sonó un poco dañado. ¿Un vampiro herido por las palabras de otra persona?
¡Vuelve a la realidad! Te estás volviendo loca. Apenas escuchaba mientras se deslizaba por lo largo de la pared hacia la puerta de la cocina. Sólo unos pocos pasos más y llegaría a la puerta.
—¿A dónde vas Kagome?
Se detuvo en seco. Ahí iba su huida. Se mordió el labio.
—Vamos a vendarte primero la mano, antes de que el olor de la sangre conduzca a uno de nosotros al borde.
Su voz parecía tranquila, pero podría ser un truco. Por lo que sabía, él la dejaría seca, tan pronto como viera gotear la sangre de sus dedos.
Sesshomaru dio unos pasos hacia ella, y ella se apretó más contra la pared. Pero no había otro lugar adonde ir. Estaba a sólo unos centímetros de distancia de ella ahora.
—Por favor, siento mucho que tuvieras que enterarte de esta forma. Yo estaba planeando decírtelo
—¿Cuándo? ¿Antes o después de que me mordieras?
Ella no debería mostrarle su miedo.¿La atacaría cuando se diera cuenta de que se estaba cagando de miedo?
Podía sentir su aliento en la cara. Le recordaba la forma en que la había besado, cómo le había hecho el amor, cómo la había tocado. ¿Cómo podría ser el mismo hombre? No, él no era un hombre, era un vampiro.
¡Despierta y huele la sangre!
—Nunca te haría daño, dulzura. Estaba tratando de protegerte. Olí la sangre y pensé que Inuyasha te había atacado.
¿Tenía que verse tan endemoniadamente sexy mientras se encontraba a sólo unos centímetros de distancia de ella? No era justo.
Sintió su mano acercándose a la de ella y trató de apartarla, pero él la agarró.
—Inuyasha, las curitas están en el cajón de arriba al lado de la cocina.
Segundos después, su amigo le entregó la caja de curitas. Sesshomaru llevó su mano a la boca. Kagome gritó. Él iba a beber su sangre. ¡Lo sabía! Era exactamente igual que en su pesadilla.
Él reconoció su mirada asustada.
—Voy a lamer tu herida. Mi saliva la sellará, y dejará de sangrar. Confía en mí.
¿Confiar en él? ¿Era una broma?
No había manera que confiara en él, pero él le sujetaba la mano con un agarre de hierro, y ella no podía liberarse. Sin poder hacer nada, Kagome vio como su lengua lamía suavemente sobre sus cortes, lamiendo la sangre. Sintió una caliente sensación de hormigueo en los dedos y se dio cuenta de que el flujo de sangre se detuvo al instante. Sesshomaru colocó la curita sobre el corte sellado. Cuando cerró la boca, ella lo vio tragar y respirar fuerte.
Sus ojos de repente se fijaron en los suyos.
—Oh Dios, incluso tu sangre sabe a lavanda.
Lo vio bajar su boca, pero no pudo detenerlo. Sus labios rozaron ligeramente los suyos antes de tomar su boca y capturarla. Fue entonces cuando supo con absoluta certeza que no estaba soñando. Ella conocía su tacto, su sabor, su olor. Él era real, y era un vampiro.
No podía parar a su cuerpo de reaccionar a él, de la misma forma que había reaccionado la noche anterior, y permitió que su lengua entrara y la acariciara.
Pero esto no era como la noche anterior, él no era el mismo. Era un vampiro, no el hombre que ella pensaba que era. Tenía que alejarse de él.
Sesshomaru estaba tan absorto besándola, que la patada en la ingle le golpeó como un tren. Inmediatamente la soltó y se dobló. Demonios, nadie nunca lo había pateado en la ingle. Justo donde más le dolía. Las náuseas lo abrumaron. Cuando miró hacia arriba, alcanzó a ver a Kagome mientras corría fuera de la cocina. Sin poder correr atrás de ella justo ahora, cuando aún luchaba con las náuseas, le dio a su amigo una orden.
—Tráela de vuelta.
Para cuando Inuyasha volvió con ella, Sesshomaru se había recuperado del dolor y fue capaz de ponerse de pie otra vez. Inuyasha la mantenía agarrada, demasiado apretado para el gusto de Sesshomaru. Una punzada de celos lo golpeó. Esto no era bueno.
—Dulzura, tienes que parar de golpearme. Estoy seguro que podemos encontrar otra manera de que me muestres tu afecto.
Tenía que domarla. Ella tenía agallas, y domesticarla sería divertido, agotador y probablemente a veces doloroso.
—¡Yo no soy tu dulzura!
Ah, eso estaba mejor. No le gustaba el aspecto temeroso que había mostrado antes. Él prefería que fuera una luchadora. Algo con lo cual podría trabajar.
—¿Te puede soltar Inuyasha ahora, o vas a enloquecer de nuevo?
Kagome sacudió el brazo de Inuyasha mientras Sesshomaru asintió con la cabeza hacia él. De inmediato se cruzó de brazos. Definitivamente lista para la batalla. No es que fuera a ganar. Nunca. Pero él la dejaría intentarlo.
—¿Podemos hablar ahora?
Kagome no respondió y, en cambio, apretó los labios con más fuerza. Él sabía exactamente cómo podría conseguir abrir esos labios nuevamente, pero probablemente era mejor no intentarlo cuando ella aún estaba enojada con él. A él no le apetecía otra patada en las bolas.
—¿Debería dejarlos solos?
Él asintió con la cabeza a su amigo.
—Gracias. Ponte cómodo en la sala de estar. Esto tomará un tiempo.
Una vez que estuvieron solos, él la miró. Su expresión no había cambiado. Podía ver la tensión en su cara y en su cuerpo, la feroz determinación a dejar que nada llegara a ella. No estaba dispuesta a escucharlo, él lo sabía. Pero tenía que intentarlo de todos modos.
—Kagome, sigo siendo el mismo hombre.
Ella negó con la cabeza sin decir una palabra. Ah, la ley del hielo. Una mujer con poder.
—Lo que tenemos juntos…
—No tenemos nada juntos—, ella lo interrumpió. —Me mentiste.
Por lo menos estaba hablando ahora. Era un comienzo.
—Yo quería decirte. Pero esto no es exactamente la cosa más fácil de explicar. ¿Qué debería haber dicho? 'Hola cariño, deja que te lleve a cenar, ¡ah!, y por cierto, soy un vampiro, así que ordena cualquier cosa que quieras, mientras yo bebo un vaso de sangre.'
—Nunca tuviste la intención de decírmelo. Todo lo que querías era un pequeño juguete sexual.
—Eso no es cierto, y tú lo sabes. Te lo dije anoche…
—Mentiras, eso es lo que me dijiste—, ella lo interrumpió. —Incluso caí por tu linda historia acerca de tu problema de erección. ¿Es eso lo que le dices a las demás?
Kagome bajó sus brazos y puso sus puños en la cintura.
—No, sólo existes tú. Y lo que te dije anoche es verdad.
—Tonterías. ¿Es por eso que ella te dejó? ¿Ella se enteró de que eras un vampiro?
—En primer lugar, ella es un vampiro también, y en segundo lugar, yo la dejé.
Miró su rostro conmocionado. Era evidente que no esperaba escuchar que Kagura era un vampiro, pero se contuvo rápidamente.
—Entonces, qué, ¿te quedaste sin mujeres vampiro y tenías que cogerte a una humana?
—No se trata de sexo, al menos no después de la primera noche.
—Mentiroso.
—Ya me dijiste eso.
—Porque sigues diciendo las mismas historias.
—Porque es verdad. Lo admito, la primera noche fue todo sobre el sexo, pero después de eso, maldita sea, ya no lo era. Yo te quería, y no sólo por el placer físico. No puedes decirme que no sentiste eso cuando hacíamos el amor.
Kagome lo había sentido, pero tenía que ser una ilusión. Él la había engañado. Se había acostado con un vampiro, lo dejó entrar, no sólo en su cuerpo, sino también en su corazón. Personas como él no deberían existir. Algo estaba muy mal en este mundo.
—Tú eres un vampiro. Eres un vampiro.
Haciéndola sentir como si se hubiera golpeado la cabeza y estaba saliendo de un mareo. Pero no se había golpeado la cabeza. Él era real.
—Me acosté con un vampiro. Dejó caer sus brazos y sus hombros a sus costados.
Sesshomaru asintió con la cabeza.
—Y te gustó tanto como a mí.
—No.
Ella tenía que negarlo para mantener su cordura. ¿Qué pasaría con su mundo si de repente tuviera que admitir que le había gustado, no, que le había encantado dormir con un vampiro? Todo a su alrededor se desmoronaría. ¡Criaturas como él no deberían…no podían!... Existir. Nada de esto podía ser verdad. Negarlo, era la única manera de proceder.
—Me tengo que ir.
Él movió lentamente la cabeza y se acercó.
—No. No te irás—, negó él y con los nudillos, le acarició la mejilla con suavidad. —Te necesito.
—Eres un vampiro.
—¿No crees que lo sé? No cambia lo que siento por ti.
—¡Aléjate de mí!
Ella usó todas sus fuerzas para rechazarlo, cuando su cuerpo estaba tratando de apoyarse en él. Todavía tenía el mismo poder sobre ella, el que había tenido desde que lo conoció. Todavía lo quería, quería lamer cada parte de su piel con la lengua. Quería tener su fuerte cuerpo presionado contra el de ella y sentirlo atravesándola, ¡cuando lo que debería de querer era atravesarlo con una estaca de madera justo en el corazón! Si es que tenía un corazón.
—¡No me toques!
En su arrebato, él inmediatamente retiró su mano, como si ella lo hubiera abofeteado. Pudo ver la ira creciendo en él, sus ojos de repente parpadearon de color rojo. Parecía como si tomara toda su fuerza para controlarse a sí mismo.
—¡Inuyasha! Ven aquí—gritó Sesshomaru fuertemente.
Ella se estremeció. ¿Arremetería contra ella? ¿Le pegaría? ¿La mordería?
Su amigo apareció al instante.
—Cuídala—, ordenó a Sesshomaru y salió corriendo de la cocina.
Sus ojos lo siguieron antes de que ella volviera a ver a Inuyasha, que se apoyaba casualmente sobre la isla de la cocina como si nada hubiera pasado.
—Él quería matarme, ¿no?
Inuyasha asintió con la cabeza.
—Sí, y lo hará…entre las sábanas, una y otra vez—. Sonrió diabólicamente.
Ella le dio una mirada indignada.
—Ey, no me culpes, solo estoy leyendo sus emociones.
¿Leyendo sus emociones? ¿De qué diablos estaba hablando Inuyasha? Su aspecto debió haber sido totalmente confundido, porque él alzó las manos.
—Es un don especial. Un dolor en el trasero—. Entonces él le guiñó un ojo. —Y no te preocupes, no voy a decirle lo que sientes. Tendrá que sacártelo por sí solo.
Escuchó los pasos por encima de ella. Sesshomaru se paseaba por su cuarto.
—No te preocupes por él. Va a calmarse. Por lo tanto, volvamos a la conversación que teníamos antes de que fuera tan groseramente interrumpida. ¿Ha…
—¿Quieres hablar de la auditoria como si nada hubiera pasado?
—Por supuesto, todavía tenemos que resolver esa cuestión. El hecho de que ahora sepas que somos vampiros, no cambia el hecho de que alguien está jugando con la compañía de Sesshomaru y que quiere hacerte daño.
Kagome negó con la cabeza.
—¿Qué son ustedes? ¿Cómo puedes pensar en negocios en este momento? ¿No deberías estar mordiéndome y bebiendo mi sangre ahora?
—Gracias por la oferta, pero Sesshomaru patearía mi trasero si hiciera eso, y sí, probablemente me convertiría en polvo. Por lo tanto, no gracias. Estás a salvo de mí.
—Yo no estaba ofreciendo...
¿Ella estaba realmente a salvo de Inuyasha? Parecía muy relajado, apoyado contra el mostrador de la cocina, como para estar listo para atacarla.
—Ya lo sé. De todos modos, mientras Sesshomaru y tú tenían su pelea de amantes, estaba pensando. ¿Has visto qué otra cosa pudo haber hecho Hojo, además de las entradas de la depreciación?
Si quería hablar de la auditoría, estaba bien. Por lo menos traería un poco de normalidad a su vida destrozada.
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué otras operaciones él autorizó? ¿A qué otra información tuvo acceso? Creo que tenemos que ver todo lo que hizo.
Kagome tuvo una idea.
—¿El sistema rastrea cuáles inicios de sesión han tenido acceso a ciertos archivos?
—Claro que sí—. Asintió con la cabeza Inuyasha, obviamente, comprendiendo lo que ella estaba pensando.
—Entonces vamos a ver lo que él ha estado haciendo.
Al final, sus antiguas alfombras mostrarían el desgaste por sus pesados pasos, pero a Sesshomaru no le importaba. Había metido la pata. No estaba enojado con Kagome, sino consigo mismo por no manejar la situación adecuadamente. Desde que había traicionado su confianza antes, cuando había revisado sus antecedentes y había sido atrapado in fraganti, ella obviamente, no le daría más cuerda.
Pero tenía que hacerla aceptar el hecho. Y no sólo eso, tenía que hacer que lo acogiera, lo abrazara, porque sabía que no podía renunciar a ella. Cuando había olido su sangre, ya se había dado cuenta de que estaba perdido, pero cuando había probado su sabor, había entendido que sólo había una solución aceptable para su situación: un vínculo de sangre.
A pesar de que el Dr. Jaken no le había ayudado a resolver ningún problema antes, había tenido razón en una cosa. Un vampiro podía sentir un vínculo con la persona con la que estaba destinado a vincularse por sangre, incluso antes de que el ritual se llevara a cabo.
Sesshomaru sintió este vínculo especial con Kagome. No podía describir la sensación, sino que simplemente sabía que tenía razón. Casi…instintiva... fue la palabra que se le vino a la mente. Cada vez que miraba sus ojos, se perdía en ellos y sabía que ella tenía que sentirlo también. Había tenido esa comprensión en sus ojos la noche anterior, y estaba seguro de que no estaba equivocado.
Inuyasha y Kagome ya no estaban en la cocina. Sesshomaru escuchó débiles voces procedentes de su oficina. ¿Qué estaban haciendo? La encontró sentada en su silla detrás del escritorio con su amigo detrás de su hombro, mientras observaban la pantalla de su computadora.
A pesar de que sabía que Inuyasha nunca haría una jugada con su mujer, a Sesshomaru no le gustaba lo cerca que su cuerpo estaba del de ella. Se le hizo un nudo en el estómago. ¿Estaría siempre celoso cuando otro hombre estuviera cerca de ella? ¿Era esto lo que significa amar a alguien?
Se detuvo en la puerta sin hacer ruido.
—No estoy seguro de por qué iba a acceder a este archivo—, dijo Inuyasha.
—¿No sería esto parte de su trabajo?
—En realidad no.
—¿Puedes ver qué otras transacciones codificadas presentó?
—Por supuesto. Sin embargo no será fácil. Probablemente debería traer a Kagome para que nos ayude: él es el experto en Informática, no yo.
Kagome, dulzura.
Ella miró como si hubiera oído su voz, a pesar de que no había hablado. Sus ojos se encontraron. Sí, ella sintió la conexión también, probablemente sin darse cuenta de lo que era.
—¿En qué están trabajando?— Sesshomaru entró en la oficina.
—Estamos buscando los archivos en los que había accedido recientemente Hojo—, respondió Inuyasha.
Kagome había quedado en silencio al verlo entrar en el cuarto.
Sesshomaru levantó una ceja. —Buena idea, Inuyasha.
—No fue mía, fue de Kagome.
Sesshomaru la vio con aprobación. —Aún mejor. Chequéalo. Pero tengo que robarte a Kagome por un momento. Tenemos que hablar.
Él la miró, pero ella no hizo ningún ademán de levantarse.
—No tenemos nada de qué hablar. Voy a terminar la auditoría, y luego me voy. Cuanto antes, mejor—, replicó ella con un tono duro, inflexible en su voz.
—Tenemos mucho de qué hablar. Es hora de resolver nuestros problemas de relación.
Sesshomaru caminó alrededor de la mesa, mientras Inuyasha se apartaba de ella.
Kagome lo miró, con ojos desafiantes.
—No tenemos problemas en la relación, porque no tenemos ninguna relación. No saldré con un vampiro.
—Créeme, hay mucho más que puedes hacer con este vampiro que sólo salir. Vamos. El Dr. Jaken nos espera.
La tomó del brazo y la sacó de la silla. Ella trató de quitárselo de encima, pero él la sujetó con mano firme.
—¡Oh, Dios mío! ¡Estás tratando de que me convierta en un vampiro! Qué es él, ¿un cirujano maligno que convierte a la gente en vampiro?— le gritó a él con el pánico claramente escrito en toda su cara.
—¡Kagome, nunca te convertiría en un vampiro! ¿Cómo puedes pensar eso de mí? ¿De verdad crees que desearía esto a alguien que me importa?
Sesshomaru estaba indignado ante la idea. —El Dr. Jaken es mi psiquiatra.
Kagome jadeó mientras trataba de digerir sus palabras.
—¿Tienes un loquero?
¿Desde cuándo los vampiros se acostaban en un sofá? Un ataúd sería más adecuado. Esto era demasiado extraño. En primer lugar, los vampiros no deberían existir en absoluto. No eran más que folklore, el mito, o como la gente lo llame. Y en segundo lugar, los vampiros no viven una vida normal como los seres humanos, ¡con visitas al loquero!
—Sí, lo tengo, aunque estoy seguro de que prefiere ser llamado psiquiatra—. Una leve sonrisa se deslizó sobre sus labios.
—Es un buen médico, a pesar de que sus métodos pueden ser un poco ortodoxos—, señaló Inuyasha detrás de ella.
—¿Tú también lo estás viendo?
Ella no pudo ocultar su sorpresa. Los dos estaban muy locos.
—Ey, todos tenemos nuestros problemas. No es fácil vivir como un vampiro—. Inuyasha levantó los brazos.
—¿En qué tipo de universo paralelo aterricé? Ustedes están locos, ¿verdad?
Estaba atrapada en una casa con dos locos… aspirantes a vampiros.
—Yo te aseguro que estoy perfectamente sano, no es que pueda decir lo mismo de mi amigo. Sesshomaru le dio una sonrisa de satisfacción.
Bueno, tal vez sólo un loco aspirando a vampiro. ¡Sí, claro!
En lugar de una respuesta, Inuyasha se limitó a mover la cabeza y rodó sus ojos.
—Vamos. No queremos llegar tarde a la sesión de terapia de pareja.
Sesshomaru la sacó de la habitación y la llevó escaleras abajo hasta el garaje. Para su sorpresa, no estaba Souten para conducirlos. Abrió la puerta del copiloto de un coche Audi deportivo modelo R8 en colores plateado y negro. El coche parecía pertenecer a una pista de carreras, no a una calle de San Francisco.
Sesshomaru se metió en el asiento del conductor después de haber cerrado la puerta del pasajero detrás de ella como un perfecto caballero. Segundos después salió disparado del garaje, ella le dio una mirada de reojo.
No podía encontrarle sentido a todo de lo que se había enterado. Los vampiros eran muertos, ¿verdad? O no muertos. De cualquier manera no debería de tener una temperatura corporal normal, ¿verdad? A veces, él era absolutamente caliente. Ella sacudió su cabeza para dispersar las imágenes de Sesshomaru sobre ella, detrás de ella, a su lado, con su pene atravesándola, empujando… ¡Maldita sea! Suficiente con esa línea de razonamiento. De todos modos, era sólo una pregunta entre un millón, que tenía en ese momento.
Seguro, él era un monstruo.
Y, demoniooos..., ¿desde cuándo los monstruos se veían tan condenadamente hermosos y sexys? Cuando la había arrastrado detrás de él por las escaleras, hacia el garaje, había sido incapaz de apartar sus ojos de su trasero. Y más que nada, quería clavarle las manos, tal vez incluso morderlo un poco. ¿Le gustaría eso?
¡Alto!
No más pensamientos como ese. Por lo menos estaba convencida de que no tenía miedo de él.
Kagome miró su mano. La curita estaba aún en sus dedos, pero ella sabía que los cortes se habían cerrado cuando él le había lamido con su lengua. La sensación de hormigueo que había sentido, se había extendido a través de todo su cuerpo, no sólo en la mano. Tan sólo recordarlo, le ponía la piel de gallina en los brazos.
Sesshomaru activó el sistema de calefacción.
—Vas a entrar en calor en un segundo. Lo siento, debí haber traído un suéter para ti.
Su preocupación por ella era evidente. Su mano rozó la de ella ligeramente, antes de ponerla de nuevo en el volante. El momento fue tan breve que pudo haberlo soñado, pero la persistente sensación de hormigueo agradable en su piel, le dijo que no lo había hecho. Su toque era tan real como él.
Sus instintos estaban en lo cierto en la ducha, cuando ella había visto sus ojos parpadeando en rojo. Y ahora entendía por qué no había espejo en el baño. Si era cierto que los vampiros no se reflejaban en los espejos, entonces no había necesidad de que él tuviera uno. Cuando él y Inuyasha se habían quedado con ella toda la noche, no se habían cansado. Todo era tan claro ahora. Incluso cuando él había enviado Souten a comprar algo de comida para ella, apostaba a que no había habido ningún elemento comestible en el refrigerador. Los pequeños signos habían estado allí, pero ella no los había visto o no había querido verlos.
Y cada vez que él la había cargado, le había parecido que no había tenido que gastar fuerza alguna, como si fuera liviana como una pluma, lo cual sabía que sin duda, no lo era. Estaban esas libras de más, persistentes en su cintura, de las cuales ella nunca pudo deshacerse.
No puedo dejarte embarazada.
Kagome pronto recordó sus palabras, cuando se dio cuenta de que el condón se había roto. Así que era cierto: como Sesshomaru era un vampiro, no podía engendrar hijos. ¿Por qué no estaba aliviada por esto? ¿No debería estar contenta de que al menos no estaría embarazada y no estaría cargando el engendro de un vampiro? Curiosamente la idea de eso, la llenó de pesar, en lugar de aliviarla.
De pronto se acordó de los sueños extraños que había tenido. La casa que había visto en sus sueños era la de Sesshomaru, estaba segura ahora. ¿Y la mordida en el cuello que ella había soñado? ¿Se trataba de una advertencia de lo que sucedería? ¿La mordería una noche estando dormida y la dejaría seca? Si ella era inteligente, escucharía la advertencia.
Podría abrir la puerta del coche y saltar. Él no sabría qué lo había golpeado. Era rápida y sería capaz de hacerlo. Sería fácil. Miró a la manija de la puerta y extendió la mano.
—Por favor. No huyas.
La voz de Sesshomaru no era una orden, era una súplica. Ella le sostuvo la mirada y notó que sus ojos brillan como el oro, de la misma manera que la había mirado cuando le hacía el amor por la mañana. Kagome puso su mano de nuevo en su regazo y apartó los ojos. No debería mirarla de esa manera. Era confuso como el infierno. Deseaba que mostrara sus colmillos una vez más, así tendría el coraje de correr, pero cuando él la miraba de esa manera, las cosas no tenían sentido. Nada tenía sentido. ¿Tendría algo sentido de nuevo?
Cuando finalmente estacionó el coche frente a una casa , ella sabía que había llegado a su destino. Él no la llevó a través de la puerta principal, sino que le mostró una puerta lateral, que los llevaba al sótano del edificio. Vaciló en la puerta.
—Nadie te hará daño—, le susurró a sus espaldas. —Te doy mi palabra.
La palabra de un vampiro. Ella tenía que estar loca para creerle, después de todas las mentiras en las cuales lo había atrapado. La rubia tonta en el escritorio de la recepción, apenas la miró y en su lugar miró directamente a Sesshomaru.
—Él está terminando con su último paciente. Va a llevar un par de minutos.
Les señaló en el sofá. Kagome no hizo ademán de sentarse, y Sesshomaru permaneció a su lado. Miró alrededor de la sala de espera. Había varias sillas cómodas, una mesa de café con los periódicos... Le dio a Sesshomaru una mirada curiosa y se dio cuenta de que la había estado vigilando.
—Nosotros leemos, sabes.
¡Sabelotodo!
Antes de que pudiera decir algo, la puerta se abrió y un hombre salió. Parecía reconocer a Sesshomaru y le dio una breve sonrisa.
—¿Cómo estás, Sesshomaru?— Se estrecharon sus manos. —No me dirás que ésta… —. Hizo un gesto hacia el consultorio.
Sesshomaru sacudió la cabeza. —Ni lo digas. Me alegro de verte, G.
Tan pronto como el hombre, que parecía extrañamente familiar para ella, pasó a su lado, de repente se detuvo y respiró hondo. Se volvió a Sesshomaru y sonrió.
—¿Una mortal? ¿Tú, entre todas las personas?
Él la miró de arriba abajo, generando un sonido de agradecimiento. Al instante Sesshomaru puso un brazo protector alrededor de la cintura y la atrajo hacia él.
—No te preocupes, viejo amigo. Yo sé bien que no hay que tocar lo que es tuyo. Pero si quieres que yo haga los honores, con gusto yo...
Sesshomaru asintió, pero no la soltó. —Yo que tú, no me atrevería.
El hombre se fue, y ella finalmente se dio cuenta de que lo había visto antes. —Ese era el…
—El alcalde , sí.
Ella le lanzó una mirada inquisitiva. —¿También es...?
Sesshomaru asintió con la cabeza. —Sí, lo es.
—¿Qué quiso decir con: hacer los honores?
—Te lo diré después.
—El Dr. Jaken los verá ahora—, la rubia tonta interrumpió. —Pasen.
—Dímelo ahora.
—Más tarde.
Kagome no estaba segura de qué esperar en la oficina del Dr. Jaken, pero ciertamente no era el sofá ataúd. Si Sesshomaru no la hubiera obligado a caminar a través de la puerta y bloqueado su salida, ella se abría dado vuelta sobre sus talones y habría escapado.
Kagome miró al hombre. Parecía normal y humano, a pesar de que estaba segura de que no lo era. Lo vio inhalar profundamente. No, definitivamente no era humano. ¿Tenían todos que olerla como si fueran perros?
—Ah, la mujer humana supongo, ¿Kagome?
Ella se sorprendió que supiera su nombre. ¿Cuánto le había dicho Sesshomaru sobre ella?
—Sí, ella es Kagome.
Había algo en la voz de Sesshomaru que no había oído antes. ¿Orgullo?
Sesshomaru la llevó a un sillón y la sentó mientras él se apoyaba en un armario cerca de ella.
El médico la olió de nuevo, luego levantó las cejas.
—¿Cómo te puedo ayudar esta vez?
—Esa pregunta implicaría que me ayudó la última vez—, respondió Sesshomaru con sarcasmo.
El médico no parecía ofenderse.
—Sé que mi consejo obviamente funcionó. Todavía puedo olerte en ella. De hecho ella esta apestando a ti.
—Doctor, le agradecería si mantuviera esos comentarios para sí mismo. Kagome y yo estamos aquí, porque necesitamos algo de ayuda con nuestra relación.
—¿Relación?— preguntó el psiquiatra.
—¡No tenemos ninguna relación!— protestó Kagome. Era mejor dejar las cosas claras de inmediato.
—Ah, creo que veo dónde está el problema—, dedujo el médico rápidamente.
—No, no. Usted me dijo que solo durmiera con ella, y todo estaría bien otra vez.
—Bueno, ¿tuviste una erección? ¿Fuiste capaz de actuar?
Kagome se sintió avergonzada por el franco intercambio de palabras y sintió el calor subiendo hacia sus mejillas. Así que era cierto. Había visto al psiquiatra para superar su problema de erección. Por lo menos no había mentido sobre eso.
—Sí.
—Entonces, no veo dónde está el problema.
—El problema es que no puedo tener suficiente de ella. Cada vez que la miro, quiero más. Cada vez que la toco, no puedo parar. Cuando estoy lejos de ella, la extraño. Cuando otro hombre la mira, yo lo podría matar. ¿Puede ver el cuadro?
—No puedes demandarme por eso. Te dije que durmieras con ella una vez, y luego que siguieras adelante—. El doctor levantó las manos.
—¡Oh, cállate, curandero!— interrumpió ella. —¿Qué tipo de médico le dice a su paciente que duerma con alguien? ¿Dónde estudió medicina? ¿En una casa de putas? Si él había estudiado medicina, ella lo dudaba.
Jaken quiso protestar, pero ella continuó.
—¿Qué? ¿Estoy demasiado cerca de la verdad? No te molestes en contestar, porque no me importa lo que tengas que decir. ¿No podías prescribirle alguna Viagra en su lugar? No, tenías que decirle que durmiera con un ser humano.
—El Viagra no funciona en los vampiros—, intervino Sesshomaru.
—Puedo ver por qué te gusta—, dio el doctor a Sesshomaru una mirada de complicidad. —Ella se parece mucho a ti.
—¡Yo no soy como él, para nada!
—Otro punto a mi favor. Iguales de obstinados e insolentes. No me sorprende en lo absoluto que ustedes dos se sientan atraídos el uno al otro.
—No me siento atraída por él. No quiero una relación con un vampiro. Maldita sea, me arrastró hasta aquí.
El médico negó con la cabeza.
—Eso es lo que tu cabeza te dice, pero tu cuerpo habla más fuerte. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
—¿Qué tiene eso que ver con esto?
Desafiante, Kagome se cruzó de brazos. Si él estaba tratando de engañarla en algo, estaría en guardia.
—¿Cómo has llegado hasta aquí?
—En mi coche—, respondió Sesshomaru en su lugar.
—Viniste por tu gusto.
—No.
—¿La vinculaste?
¿Tenían que hablar de ella, como si no estuviera en la habitación?
Sesshomaru negó con la cabeza.
—Kagome tuvo un montón de oportunidades para salirse.
—Sin embargo, no lo hiciste… porque no querías alejarte. No de él y no de esta relación.
—¡Eso no es cierto!—, le gritó ella.
—El hecho de hablar cada vez más fuerte, no significa que estés en lo cierto. ¿A quién estás tratando de convencer? ¿A mí? ¿A Sesshomaru? ¿O tal vez a ti misma?
Kagome no respondió. Odiaba cuando la gente encontraba sus botones y los apretaba.
—Volvamos al principio entonces. Supongo que has tenido relaciones sexuales con otros, ¿no sabías que Sesshomaru no era un ser humano?
—En eso estás en lo cierto.
De ninguna manera en el infierno, ella se hubiera acostado con él si lo hubiera sabido. ¿No?
—Bueno, ¿sentiste que algo andaba mal cuando tuviste relaciones sexuales con él?
—¿Mal? No, nada se sintió mal.
Hacer el amor con él fue perfecto.
—Fue perfecto—, dijo Sesshomaru suavemente.
Ella lo miró, sin saber si contestarle o no.
—Nunca sentí algo mejor en mi vida—. Era como si le arrancaran los pensamientos directamente desde su cabeza.
Sus mejillas se calentaron con la admisión de Sesshomaru, y se alejó. No era justo que él la hiciera sentir tan caliente por dentro.
—Así que tuvieron relaciones sexuales, ¿y después? ¿Qué pasó?— dijo el doctor y se inclinó hacia adelante.
—Tuvimos relaciones sexuales, una y otra vez. ¿Debo continuar?— Sonrió Sesshomaru.
¿Estaba realmente disfrutando esta sesión?
El médico le indicó que se detuviera.
—Creo que me hago una idea.
—Estás dejando de lado algo importante—, dijo ella. —Revisaste mis antecedentes, ya que no confiabas en mí. Pensaste que yo estaba detrás de tu maldito dinero. ¡Parece que yo debería haberte investigado a ti!
—Te expliqué por qué lo hice, y te pedí disculpas por ello.
—¡Y entonces te diste la vuelta y seguiste mintiendo acerca de lo que eres!
—¿Qué esperabas que hiciera? Por primera vez en mi vida me encuentro con una mujer que me hace sentir cosas que nunca había sentido antes, que me lleva a otro lugar cuando me besa, que me hace sentir el sol en la piel... ¿y luego supuestamente le tengo que decir algo que la haría huir de mí? Así que tenía la esperanza de que si te hacía amarme primero, entonces tal vez tenía la posibilidad de que te quedaras conmigo una vez que te lo dijera. Necesitaba más tiempo. Iba a decírtelo.
La voz de Sesshomaru era suplicante, rogándole que le escuchara. Ella no sabía cómo responder.
—Háblame del sol en tu piel—, exigió el psiquiatra. —Tengo curiosidad.
Sesshomaru la miró cuando respondía la pregunta.
—Cuando me besas, me transportas a un prado de lavanda. Puedo sentir el sol sobre mi piel, pero no quema, mi piel no se ampolla. Siento el calor, y puedo oler el aroma de la lavanda en el aire como si estuviera realmente allí, caminando sobre la hierba.
Con cada palabra, Kagome reconoció lo que él estaba describiendo. Era un lugar real, un lugar que conocía, un lugar en el que ella había estado. No había una explicación de cómo podía saberlo. No era posible.
—¿Cómo te enteraste de ese lugar?
Ella tenía que saber si la verificación de antecedentes, se había revelado el lugar, aunque pareciera imposible. Nadie sabía lo que representaba el prado para ella. Era todo lo que le quedaba de su infancia. Los únicos recuerdos buenos que le quedaban de su hermano pequeño, antes de que lo impensable hubiera sucedido.
Dudaba de que incluso sus padres supieran lo que ese lugar significaba para ella. Un lugar donde se sentía en paz con el mundo. Feliz.
Sesshomaru le dio una mirada de incredulidad.
—¿Quieres decir que el lugar existe?
—¡Por supuesto que sí! ¿Cómo te enteraste? ¿En mi verificación de antecedentes?
Él negó con la cabeza.
—No. Ya te dije, cuando me besas, me llevas allí. Lo siento. Es como si me teletransportaras ahí. Puedo sentirlo con todos mis sentidos. Puedo olerlo, puedo tocarlo, puedo escuchar los sonidos, ver el sol. Todo eso.
—No es posible. Estás mintiendo.
El psiquiatra interrumpió.
—Háblanos de ese lugar. ¿Cuál es su significado?
—Yo no comparto este recuerdo con nadie. Es privado—. Ella bajó sus ojos.
Sesshomaru se acercó a ella y se agachó delante de su silla, mirándola.
—Lo has compartido conmigo antes. Me has llevado allí antes. ¿No significa eso, que querías mostrármelo?
Ella sacudió la cabeza. Esto estaba demasiado cerca. Si ella lo dejaba acercarse tanto, él le haría daño.
—No me dejes fuera, por favor.
—¿Qué quieres de mí?— dijo Kagome y se levantó de su silla. —¿No puedes encontrar otro juguete sexual con el cual jugar?
—No estoy jugando contigo. Y no se trata de sexo.
—¿Esto no es sobre el sexo?— interrumpió el doctor.
—¿Qué te hace pensar que se trataba de sexo?— Sesshomaru dio a su psiquiatra una mirada frustrada. —¿Alguien ha estado escuchando una sola palabra de lo que he dicho? ¿Para qué diablos te pago? ¿Tengo que explicarte esto? Esto es acerca de mí, y de que quiero hacer el vínculo de sangre con Kagome.
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