Kagura paseaba a todo lo largo de su apartamento en la octava planta, con su teléfono celular pegado a la noche, ella no estaba de humor para admirar las impresionantes vistas.
—No, no estás escuchando. ¡Lo tenía, tonto incompetente!— Su voz dejó escapar un resoplido frustrado. —Si lo hubiéramos hecho a mi manera, en primer lugar, no estaríamos en esta situación. Hizo una pausa breve, pero la persona que llamaba en el otro extremo, había comenzado por fin a escucharla y no dijo ni pío.
—Bien. Esto es lo que harás, y realmente no me importa cómo, siempre y cuando lo hagas esta noche. Yo quiero que ella desaparezca. No sólo ella va a averiguar lo que estamos tratando de hacerle a su compañía, ahora incluso, él la ha hecho su amante. ¿Sabes cómo duele eso? ¿Lo sabes?
No hubo respuesta.
—Estoy hablando contigo.
Estaba furiosa. Con razón todo estaba hecho pedazos, si tuvo que confiar en un familiar.
—Pensé que no querías que dijera nada más—, dijo su hermano finalmente, en el otro extremo.
—¡Idiota! No puedo creer que esté emparentada contigo.
—Hey, yo no soy tan estúpido como me haces parecer. Te conseguí toda la información interna que querías. No te olvides de eso. Por lo menos puedo mantener mi boca cerrada, no como tú.
—No te atrevas a sacármelo de nuevo en cara!
Su propio fracaso seguía siendo doloroso, incluso después de nueve meses.
Su hermano se encendió.
—Ah, sí, lo haré. Si hubieras solo continuado chupando su pene hasta que tuvieras un vínculo de sangre con él, todo su dinero hubiera sido tuyo, y simplemente pudiste haberme dejado matarlo pero no, mi hermana mayor no puede tragar, ¿no?
—¡Tal vez tu deberías haberle chupado el pene en mi lugar!
—Yo no soy su tipo. Así que no hagas esto sonar como que si fui yo el que metió la pata. Tú misma te has metido en esta situación. ¿Tienes alguna idea sobre las cosas que tengo que pasar, para solucionar este problema para ti? Crees que es muy fácil.
Kagura pisó fuerte, su hermano no lo sabía, pero necesitaba una salida a su frustración. Mucho tiempo había trabajado en esto, y, finalmente, el premio estaba a su alcance otra vez. Sólo unos días más y todo el dinero de Sesshomaru sería de ella.
—Ah, deja de lloriquear. Una vez que todo esto haya terminado, estarás nadando en dinero. ¿Estás a punto de terminar con la carga?
—Estoy trabajando en la encriptación. Unas pocas horas más de trabajo y entonces puedo empezar a autorizar. Ya casi estamos allí.
Kagura dejó escapar un suspiro de alivio.
—Bien. Pero todavía tenemos que hacernos cargo de ella. No podemos arriesgarnos a que descubra lo que estamos haciendo y nos detenga justo antes de llegar a la meta.
—Voy a deshacerme de ella. Menos mal que la ha hecho su amante. Sesshomaru estará tan devastado, que ni siquiera se dará cuenta de lo que está pasándole a su empresa. Irá bien con nuestros planes.
¿De qué estaba hablando su hermano?
—¿Devastado? Él sólo se la está cogiendo.
—¿Sólo cogiéndosela? Sigue soñando. Está enamorado de ella, la llama "su mujer". Al parecer finalmente se olvidó de ti. Le tomó suficiente tiempo. Te llamaré cuando esté listo.
—Espera—, trató de detenerlo, pero él ya se había desconectado de la llamada.
¿Sesshomaru estaba enamorado de esa pequeña perra? A ella no le importaba un comino la vida amorosa de Sesshomaru, ¿pero ser reemplazada por un ser humano? Ahora, eso dolía. ¡Hijo de puta!
Kagura lanzó su teléfono al sofá y se quitó sus tacones de aguja de una patada. En el camino a su habitación se sacó su vestido por los hombros y lo dejó caer al suelo. Su personal lo limpiaría después. Tenía cosas más importantes que hacer.
Inuyasha marcó el teléfono celular de Akago y se conectó al instante.
—Necesito tu experiencia.
—¿Qué pasa?— Akago sonaba distraído.
En el fondo se podía escuchar a alguien más.
—Necesito que revises algunos archivos para mí. Tú eres mejor en informática que yo.
Era cierto. Akago era residente experto en Informática. Lo que fuera necesario, Akago sabía cómo hacerlo.
—¿Ahora? Estoy en medio de algo.
Inuyasha rodó sus ojos.
—Deja de coger a Bankotsu y pon tu culo en marcha. He encontrado algo que me hace pensar que Hojo Akatsuki estaba involucrado en algo más grande que sólo el desvío de unos pocos miles de dólares. Subió unos archivos encriptados al servidor central, y tengo que saber qué hay en ellos.
—No me necesitas para eso. Sé que eres capaz de descifrar la encriptación tú mismo—, Akago respondió.
—Sé que puedo. Es sólo que me está tomando más tiempo del que te llevaría a ti. Así que hazlo.
Akago estaba claramente vacilante, hasta que finalmente aceptó.
—Está bien. Voy a hacerlo. ¿Cuál es la ubicación de los archivos?
Inuyasha le informó de la ubicación del servidor y el código por el cual tenía que identificar los archivos de Hojo.
—Vamos a dividir el trabajo. Voy a empezar desde el fondo hacia arriba. Tú tomarás la parte superior. Llámame cuando encuentres algo—, Inuyasha le ordenó y terminó la llamada.
Era una buena cosa que Inuyasha fuera más viejo que Akago. Cuando presionaba, Inuyasha normalmente ganaba la discusión.
Había pasado la última hora revisando a través del historial en el que Hojo había trabajado en el último mes, concretamente los archivos en los cuales él había accedido.
La sugerencia de Kagome de revisar todos los archivos en los que Hojo había accedido bajo su sesión, habían tenido éxito. Él había estado en todos lados, metiendo las narices en los archivos que no tenían nada que ver con su posición, archivos que otro personal tendría que haber trabajado, no él.
Souten asomó la cabeza en la oficina.
—Inuyasha, ¿está el Sr. Taisho con usted?
Él negó con la cabeza. —Puedes llamarlo Sesshomaru, ya lo sabes. Sé que te lo ha dicho varias veces.
—Preferiría no hacerlo.
—Salió con Kagome. ¿Qué necesitas?
—He recordado algo que me ha estado molestando—. Souten pasó de un pie al otro.
Inuyasha señaló la silla frente al escritorio en silencio, pidiendo a Souten tomar asiento.
—Tiene que ver con la señorita Kagura.
—¿Kagura?
Inuyasha no pudo reprimir su sorpresa. Nadie había mencionado su nombre en la casa de Sesshomaru en más de nueve meses. Menos mal que no estaba en casa. Y esperaba que no estuviera en los próximos cinco minutos. Si escuchaba pronunciar su nombre en su casa, no se sabría cómo reaccionaría.
—Pasó mucho tiempo aquí. Sé que nunca le gusté, así que me quedé fuera de su camino tanto como pude. No quería molestar al Sr. Taisho, y después de que ella se fue, no hubo un buen momento para mencionarlo. El Sr. Taisho fue tan inaccesible por un largo tiempo.
Inuyasha recordaba eso muy ía acumulado una gran cantidad de ira y la ira se había convertido en depresión, hasta que finalmente había regresado a lo que parecía su estado normal. Excepto por el hecho de que había rechazado la compañía de las mujeres después de eso.
—Y luego me olvidé de eso, pensé que no era realmente importante.
—Souten, estás vacilando.
Inuyasha estaba ansioso por volver a analizar los archivos cifrados.
—Lo siento, Inuyasha. Es sólo que yo ni siquiera sé si es importante.
Inuyasha le dio una mirada inconfundible. Ya sea para que hablara o se saliera de la habitación.
—La señorita Kagura. La vi en su computadora un día, cuando él estaba afuera. No estoy seguro si pudo acceder o no, pero cuando me vio, fingió que estaba buscando un lápiz y un papel. Más tarde esa misma noche, el Sr. Taisho la echó. Cuando vi a la señorita Kagome sentarse en la computadora anoche, lo recordé de nuevo.
—No me di cuenta que regresaste a la casa anoche.
—Todos ustedes estaban tan absortos en su trabajo, que no me escucharon. No quería molestar.
Inuyasha asintió. Es cierto, estaban tan absortos que se habían olvidado del tiempo y del amanecer.
—No le menciones nada acerca de Kagura a Sesshomaru. Sólo lo molestaras. Creo que deberíamos guardárnoslo. Voy a hacer algunas consultas, a ver qué puedo encontrar.
Souten se levantó. —Gracias, Inuyasha. Estoy seguro de que no es nada. Era sólo algo extraño. Especialmente teniendo en cuenta que nunca dejaba que otras personas tocaran sus computadoras, a excepción de usted, y ahora de la señorita Kagome.
—Creo que todos debemos estar preparados para mucho más que "él dejará que Kagome haga"—. Inuyasha sonrió.
—¿Crees que se convertirá en la ama de la casa?
—¿Ama? Supongo que eso es una definición tan buena como cualquier otra. Ella sí que lo tiene en la palma de su mano. No es que ella tenga la menor idea.
Inuyasha sacudió la cabeza y sonrió. ¿Cómo una mujer podía estar tan ajena a los efectos que tenía en un hombre?, estaba más allá de su entendimiento.
—No será fácil de ocultar lo que somos si se queda.
Dio una mirada sorprendida a Souten, luego dio una palmada en su frente.
—Ah, es verdad. No lo sabes todavía.
—No sé, ¿qué?
—Se enteró hace un par de horas.
Ahora era Souten el que tenía una mirada aturdida en su rostro.
—¿Y ella todavía está con él?
Un ruido fuerte les dijo que alguien había cerrado la puerta. Segundos después la puerta se abrió de nuevo y se estrelló por segunda vez.
—¡No hemos terminado de hablar!
Escucharon la voz furiosa de Sesshomaru.
—Ah, sí, ya terminamos. No me voy a casar con un vampiro—, Kagome le gritó en respuesta.
Souten y Inuyasha intercambiaron sonrisas.
—Cien dólares a que no se casará con él—, sugirió Souten.
Inuyasha negó con la cabeza.
—Tienes que aprender mucho más acerca de las mujeres. No sólo se casará, sino que hará el vínculo de sangre con él.
Él extendió su mano para sellar la apuesta, y Souten la tomó.
—Y tienes que aprender más sobre el Sr. Taisho. No hay nada más que le guste, que su paz y tranquilidad en su hogar. Y por como esto suena, ella no le dará eso.
Inuyasha se rió en voz alta. Y paz y tranquilidad no era lo que más le gustaba a Sesshomaru en su hogar. Ni remotamente.
Había una cosa que el anhelaba más que nada en su vida, algo que nunca había tenido desde que era un vampiro, a pesar de las amistades que había formado: una familia. Pero Souten no podía saber eso. Inuyasha siempre lo había sentido.
Otra puerta se cerró, y sabía que Kagome había entrado en el dormitorio de Sesshomaru.
Por segunda vez en dos días Kagome abrió su maleta sobre la cama y tiró en ella las pocas cosas que había sacado antes. Trató de no mirar a las sábanas enredadas en la cama, la evidencia de su noche de pasión.
¿Cómo pudo haber sucedido esto? Quería hacer un vínculo de sangre, lo que fuera que eso significase. Ella no había esperado una explicación.
No es que a una chica no le gustara tener una propuesta de vez en cuando, ¿pero de un vampiro? ¿En la oficina de su psiquiatra? No podía ser más extraño. ¿Había realmente pensado Sesshomaru que ella estaría saltando con la idea?
No podía comparar al hombre con el que había hecho el amor, con el vampiro que había lamido la sangre de su mano. Eran dos personas distintas. Ella sabía que se estaba enamorado de uno, el otro ni siquiera lo conocía.
El dolor en su pecho al saber que tenía que dejarlo, se sentía insoportable. Pero tenía que hacerlo, y hacerlo ahora. Este hombre le había mentido en todo momento. Ella nunca estaría segura de cuál era la verdad.
—No me dejes afuera— La voz de Sesshomaru se oyó a sus espaldas. Ella no le había oído entrar.
—Kagome, por favor, háblame.
Su voz se sentía por su cuello. Ella sacudió la cabeza
—¿A qué le tienes miedo? Sé que no me tienes miedo a mí. Lo puedo sentir—. Sesshomaru le tocó la mano con la suya, y los entrelazó sus dedos con los de ella.
Su toque era lo último que su psique podía sentir.
—Por favor, déjame ir. No puedo estar contigo.
—No puedo dejar que te vayas. Estoy conectado contigo. Y tú estás conectada a mí. ¿No lo sientes? Nunca me sentí tan cerca de alguien. Puedo sentir cosas tuyas... el prado de lavanda... es como si yo estuviera en tu cabeza...
—No, por favor.
—Hay más. Puedo sentir la tristeza, pero no lo entiendo. Es ahí cuando piensas en la pradera. Es como si hubiera dolor asociado con ella. Kagome, déjame entrar...
¿Cómo podía saber acerca del dolor, cuando ella misma lo había tratado de enterrar en lo profundo de sus recuerdos?
—No puedo.
—Dulzura, necesito entenderte. Necesito saberlo.
—No se puede saber. Nadie puede saber lo que era. ¡Que hice!
—Estoy aquí para ti. Por favor, dime lo que está causando tu dolor. Lo puedo sentir aquí.
Él le apretó la mano en su corazón.
Kagome no podía explicar por qué conocía algo de su pasado, pero ella misma había tenido visiones extrañas que estaban relacionadas con él.
—La pradera—ella comenzó —, que está situada cerca de un pequeño pueblo de Francia.
Ella miró su cara, pero no lo vio. Todo lo que vio fue la pradera y ella misma como una niña de ocho años de edad...
Kagome acunó a su hermano bebé en sus brazos.
—Cuidado—advirtió su madre. —Él es frágil. Levántale la cabeza con el brazo.
—Yo puedo hacerlo, mamá, no te preocupes. Soy una chica grande. ¿Ves?
Ella mostró a su madre que sabía cómo sostener al pequeño Souta y dijo:
—Él es tan pequeño. ¿Yo era tan pequeña, también?— Con grandes ojos miró a su madre, quien le dio una cálida sonrisa.
—Así de pequeña. Y tan linda como es él—. Su madre le dio un beso en la cabeza.
—Bueno, ¡ahí están mis dos chicas favoritas!
La voz de su padre pronto se hizo eco del camino que conducía a la pradera de lavanda, mientras se acercaba a ellas.
Casi todas las tardes, cuando había terminado de dar clases, las encontraba descansando en el prado, disfrutando de los largos días de verano. Ellos pasaban sus tardes riendo, jugando y hablando, la familia perfecta. Una madre amorosa, el padre y un hermano bebé. Era todo lo que siempre había querido.
La infancia de Kagome había sido perfecta. No le importaba el hecho de que vivían en un país cuyo idioma apenas hablaba, y que tenía que hacer nuevos amigos en la escuela. Todas las dificultades fueron olvidadas cuando su hermano nació. Él hizo su pequeña familia perfecta.
Era como un pequeño muñeco con el que jugaría todo el día. Y nunca se aburrió de él. Ella amaba a su hermano, más que todos sus juguetes juntos.
Sus padres se lo confiaban. Una noche al final del verano, sus padres querían celebrar su aniversario yendo a comer a un restaurante local. Estaba a sólo una cuadra de su casa, así que dejaron a Kagome a cargo de su hermano.
Sería una cena temprana, y no permanecerían afuera más de una hora. Souta estaba durmiendo cuando se fueron. Lo habían alimentado y bañado y era un niño feliz cuando se durmió. Kagome debía de llamar a la anciana que vivía debajo si su hermano se despertaba, y ella a su vez irlos a buscar al restaurante.
Todo estaba tranquilo después de que sus padres la dejaron para irse al restaurante. Kagome jugaba con sus muñecas. Lo miró para asegurarse de que estaba cubierto por la manta. Y fue entonces cuando se dio cuenta de algo.
Souta estaba demasiado tranquilo. Ella no podía oír nada. Él estaba acostado en la cuna, rodeado de silencio. Ella lo sacudió.
—Souta, despierta.
No se despertó como normalmente lo haría cuando escuchaba voces. Ella lo sacudió de nuevo, pero no respondió. Tal vez estaba realmente dormido. Tal vez estaba tan cansado que no podía oírla.
Sin embargo, no estaba cansado, y no estaba dormido. El miedo la paralizó donde estaba parada, mirando su cuerpo quieto. No había respiración, no había ningún movimiento de él. Y Kagome se quedó allí, en estado de shock, incapaz de moverse, incapaz de tomar una decisión. No estaba preparada. Ella sólo se quedó allí.
Kagome no se había movido del lado en que se había quedado, al lado de la cuna, cuando sus padres regresaron veinte minutos más tarde. Apenas escuchó los gritos de su madre cuando su padre levantó el cuerpo sin vida de Souta, de su pequeña cama.
Se había ido, porque ella había vacilado. Tenía la culpa. Estaba a cargo de él, defraudó a sus padres y destruyó la familia.
Después de la muerte de Souta, se regresaron a Japon. Sus padres nunca la culparon abiertamente, pero ella sabía que era su culpa. Nunca vio reír a su madre de nuevo. Y su padre, lo intentó todo para hacer frente a la pérdida y ayudar a su mujer lo mejor que pudo, pero la pérdida de su hijo era demasiado para él también, y parecía que toda la alegría lo había abandonado.
Kagome dejó de llorar, cuando sintió los fuertes brazos de Sesshomaru envolviéndola.
—Tenías ocho años de edad.
—No cambia nada. Me quedé helada. Yo no hice nada, cuando podría haberlo salvado.
Él negó con la cabeza.
—No, dulzura. Nunca debería haber sido tu responsabilidad.
—Pero lo era.
Su abrazo se sentía bien, pero ella sabía que era sólo temporal. Quería disfrutarlo tanto como pudiera, antes que tuviera que dejarlo.
—Shh. Piensa en la pradera. Piensa en lo feliz que eras entonces. Yo estaba allí contigo.
Ella levantó la vista.
—Pero, ¿cómo? No es posible.
—Cada vez que me besas, me llevas allí. Porque ahí es donde fuiste feliz, y eso es lo que querías mostrarme. Un lugar para ser feliz. Llévame allí ahora, Kagome.
Sesshomaru le puso la mano bajo la barbilla y movió su cabeza hacia arriba. Sus labios se encontraron con los suyos para un toque suave, a continuación, una conexión más profunda, antes de que repentinamente se alejara de él.
—No puedo. No puedo quedarme contigo.
—¿Pero por qué?
—Yo no te conozco. Has estado mintiéndome muchas veces. No es una base para una relación.
—He pedido disculpas por eso, y te he explicado por qué lo hice.
Kagome sacudió la cabeza y se escabulló de su mano.
—Quieres el siempre de mí. No puedo darte un para siempre. Ni siquiera sé cómo me sentiré mañana o en una semana a partir de hoy.
—Sé que es difícil de aceptar lo que soy, pero sabes que nunca te voy a hacer daño.
—Ese no es el punto. Quieres que tome una decisión que afectará al resto de mi vida. Sólo te he conocido por tres días. ¿Cómo quieres un compromiso de por vida de mí, después de un tiempo tan corto? ¿Cómo puedes estar tan seguro?
Ella vio una sonrisa formarse en sus labios. Su rostro era suave y gentil.
—Siento el vínculo entre nosotros. Sé que eres la única. Es algo que nunca he sentido…
No con Kagura o con nadie antes que ella. Sé que estamos destinados a estar juntos. Estar vinculados de sangre.
—Hablas de esto con tal certeza. Yo no tengo eso. ¿Y un vínculo de sangre? Ni siquiera sé lo que significa. No sé nada de tu vida. ¿Cómo puedes hacerme elegir entre mi vida anterior y una nueva, cuando yo ni siquiera sé lo que estoy eligiendo?
Kagome se sentía confundida. Nada tenía sentido. Lo que Sesshomaru quería de ella era demasiado. Era algo que no podía controlar.
—Un vínculo de sangre es una conexión única entre dos personas que se aman. Nos unirá por toda la eternidad. Vamos a pertenecernos el uno al otro. Todo lo que es mío será tuyo.
—Yo no quiero tu dinero. No quiero nada. No sé lo que quiero. ¿No lo entiendes? Esto es demasiado, demasiado pronto—. Sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
—¿Cómo puedes estar seguro de que me amas? No sabes nada de mí.
Sesshomaru sacudió la cabeza.
—Yo sé todo sobre ti. Puso su mano donde estaba su corazón. Puedo sentirte dentro de mí. Cuando tienes dolor, puedo sentir tu dolor. Cuando estás feliz, yo tomo parte de tu felicidad.
—No es posible. Sólo me quieres porque estabas hambriento de sexo, lo necesitabas como una droga para arreglar tus 'condiciones'. Lo que sientes ahora va a desaparecer, ¿y entonces? ¿Qué vas a hacer entonces? ¿Desecharme? No, no puedo hacer esto.
—Kagome, lo que yo siento por ti es verdadero. No va a desaparecer. ¿Y qué si sólo nos hemos conocido durante tres días? ¿Nunca has oído hablar de amor a primera vista? Me enamoré de ti en el momento que caíste en mis brazos cuando abrí la puerta. Yo no lo sabía entonces. Cuando estoy contigo, mi mundo es perfecto. Las cosas que me haces sentir... Nunca he sido un hombre tierno, pero contigo, yo anhelo ser tierno y amoroso. Sacas lo mejor de mí. Me calmas, calientas mi corazón. Sé que he cometido errores, pero voy a empezar todo de nuevo para ti. Te voy a dar lo que sea en este mundo que desees. Haré cualquier cosa para hacerte feliz.
Sus palabras la tocaron. Ella no podía negarlo. Pero no estaba lista para tomar una decisión como esa, una decisión que no podría revertir. Por siempre, era un concepto demasiado extraño.
—Sesshomaru, no puedo…
Un fuerte golpe en la puerta los interrumpió.
—¡Sesshomaru!— Era Inuyasha.
—¡Ahora no!— respondió Sesshomaru. —Por favor, Kagome, quédate conmigo. Se mía. Déjame ser tuyo.
—¡Tenemos un traidor entre nosotros!— La voz de Inuyasha era insistente.
Sesshomaru abrió la puerta de un tirón.
—Creo que es Akago, él está detrás de eso.
La cara de Sesshomaru se congeló.
—Ay, Dios, no.
Miró hacia atrás sobre su hombro.
—Vamos a hablar más tarde, Kagome. Tú eres mi vida ahora, ya sea que lo quieras o no.
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El desenlace se acerca! Las cosas van saliendo a la luz!
Gracias por seguir las historias que escribo, asi como las adaptaciones. Note que a veces por darme prisa cometo errores y el capitulo se torna confuso asi que tal vez no actualice todos los dias pero al menos cuando lo haga no tendran problemas para leer.
Thanks!
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