Kagome no dio ninguna indicación de creerle, pero Sesshomaru no podía esperar más. Las lágrimas derramadas en sus ojos, hicieron que su corazón se contrajera, y más que nada quería abrazarla, pero tenía que hacerse cargo de este problema ahora. Akago, entre todas las personas. No quería creerlo.
Bajó corriendo a su despacho, al lado de Inuyasha.
—Muéstrame.
Inuyasha se detuvo en las pantallas de transacción y le explicó lo que estaba sucediendo.
—Aquí, mira, Akago está adentro del sistema en estos momentos, y está autorizando todas las transacciones cifradas de Hojo .
La pantalla se llenó de ventanas emergentes mostrando notificaciones de aprobación.
—¿Qué son?— Sesshomaru escaneaba la pantalla.
—Transferencias bancarias. Está transfiriendo todo nuestro dinero a cuentas en el extranjero.
—¿Todas?
—Sí, todo lo que pueda tomar. Millones de dólares. Si no lo detenemos, tendrás que cerrar la empresa mañana… no seremos capaces ni siquiera de pagar la nómina de la próxima semana.
La noticia era devastadora. Akago, su amigo de casi cien años lo estaba traicionando, lo estaba robando. Y no sólo eso, era él, quien había intentado hacerle daño a Kagome.
No importa cuánto tiempo su amistad con él había durado, sólo había una cosa que hacer ahora.
—Vamos—le ordenó a Inuyasha.
—¡Souten!— gritó en el pasillo, mientras salían corriendo.
Souten apareció de la nada. —¿Sí, señor?
—Protege a Kagome.
—Sí, señor.
Saltaron al Porsche de Inuyasha, que estaba estacionado en la calle y corrieron hacia la casa de Akago. Sesshomaru sacó su teléfono celular y dio instrucciones a Kouga para que los encontrara ahí y trajera a dos de sus hombres. Necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. Un vampiro fuera de control era un animal peligroso. Tenían que estar preparados para todo.
—¿No puedes hacer que esta cosa vaya más rápido?— Sesshomaru no podia contener su impaciencia.
—Voy tan rápido como puedo sin matar a nadie. Estoy tan enojado como tú—, confesó Inuyasha.
—Lo sé.
Sesshomaru miró por la ventana, recordando lo que Kagome le había dicho.
—¿La amas?
La pregunta de Inuyasha fue inesperada. Sesshomaru le dio una mirada de reojo.
—Más que a mi vida. Pero ella no entiende lo que eso significa. Se resiste. No creo que ella me haya perdonado por ocultarle las cosas.
—¿Sabe ella que nunca le harías daño?
Él asintió: —Y le dije que le daría cualquier cosa que ella quisiera. Le expliqué que tendría derecho a todo lo que es mío.
Inuyasha negó con la cabeza.
—A veces eres tan denso, que ni siquiera es gracioso.
¿De qué demonios estaba hablando?
—Yo no soy denso.
—Claro que sí. Una mujer como Kagome no quiere dinero o bienes materiales. Ella quiere un hombre que siempre le sea fiel. Alguien que nunca le mienta, alguien en quien siempre pueda confiar.
—Pero le he dicho que la amo. Le dije que nunca le haría daño. Incluso me disculpé por haberle mentido. He hecho todo lo que puedo—Sesshomaru se sintió agotado.
—Palabras. Son todas, palabras. Ella no confía en tus palabras. Sólo confía en tus acciones. Vas a tener que mostrarle lo que sientes. Tienes que hacer algo por ella, que pruebe lo que dices.
—Pero, ¿qué?
—¿Cómo voy a saberlo? Tú has pasado los últimos días con ella. Sabes lo que es importante para ella. Sientes el vínculo con ella.
—¿Lo sabías?
—Se te olvida que puedo sentir tus emociones. Sé que sientes el vínculo con ella. Utiliza el vínculo para encontrar una manera de convencerla. Dale lo que ella quiere, lo que verdaderamente quiere en su corazón, y ella será tuya.
Las palabras de Inuyasha tenían sentido. Sesshomaru cerró los ojos y abrió su corazón para llegar a ella. Demasiado dolor había nublado su corazón. Ella tenía que renunciar a ese dolor, antes que pudiera reconocer qué otra cosa su corazón estaba escondiendo. Tenía que ayudarla con este viaje. De repente, sabía lo que tenía que hacer, y él esperaba que fuera lo correcto.
Sesshomaru marcó el número de Kohaku en Nueva York. Su llamado fue respondido de inmediato.
—Kohaku, necesito tu ayuda en algo.
Akago vivía en una casa construida en una colina.La casa era moderna, con ventanas desde el piso al techo, con vista a la ciudad y una cueva oculta excavada en la montaña detrás. Aquí era donde el dormitorio de Akago estaba, al abrigo de cualquier luz del día.
Kouga llegó al mismo tiempo que Sesshomaru y Inuyasha y estaba acompañado por otros dos vampiros empleados de Sesshomaru. Esta situación debía ser manejada con delicadeza, y Sesshomaru estaba complacido en ver que Kouga había elegido a dos de sus empleados más fieles y discretos. Mientras que Sesshomaru no conocía muchos de sus empleados humanos, conocía a casi todos los vampiros del personal. Kouga estaba a cargo de la contratación de vampiros y seleccionaba personalmente a todos los vampiros.
Todos asintieron entre sí. La cara normalmente alegre de Kouga, se vio ensombrecida por la solemnidad. La cual reflejaba la de Inuyasha. Nadie ansiaba lo que tenían que hacer. Eran un grupo muy unido, saber que uno de ellos era un traidor, los había golpeado igual de fuerte a todos.
—Inuyasha, ¿puedes sentirlo?— Sesshomaru preguntó a su amigo.
Inuyasha miró la casa y cerró los ojos.
—Sí, él está aquí.
—Vamos—, ordenó Sesshomaru.
—¡Esperen!
La voz de Inuyasha era una orden, deteniendo a los otros cuatro vampiros en seco.
—Algo está mal. Sus emociones no tienen sentido.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Sesshomaru.
—Demasiadas emociones a la vez. Todas revueltas.
—¿Podría ser que él no esté solo?— Kouga interrumpió.
Inuyasha negó con la cabeza.
—Sólo puedo sentirlo a él.
—Tenemos que ir ahora.
Sesshomaru sacó una estaca de madera de su bolsillo. Lo que tenía que hacer era doloroso, pero no había otra solución. Akago había sido su amigo desde hace muchos años, por lo menos iba a hacerlo rápido. No habría tortura, no habría dolor para Akago. Le debía eso.
Sesshomaru vio la mirada de sus amigos, mientras estos miraban la estaca, y se estremeció por dentro. Pero no podía mostrar debilidad ahora. Esta traición justificaba el más alto de los castigos.
Los dos vampiros que Kouga había traído, se colocaron fuera de la casa para evitar el escape de Akago.
Kouga abrió la puerta con su llave de repuesto. Una medida de seguridad que habían puesto en marcha años atrás, asegurándose de que los cuatro amigos pudieran tener acceso a sus respectivos hogares en situaciones de emergencia. Tranquilidad y oscuridad recibieron su entrada.
Los ojos de Sesshomaru se ajustaron a la penumbra y escanearon el interior. La gran sala en la que se encontraban, estaba vacía al igual que la cocina contigua y la zona del bar. Un muro con una puerta, separaba la casa en dos partes: la zona abierta y pública, y los cuartos privados y oscuros.
Sesshomaru hizo una señal a Inuyasha y a Kouga, indicando que iba a entrar primero. El pasillo estaba aún más oscuro que la parte delantera de la casa, pero igual de vacío y silencioso. Se hizo hacia adelante, tratando de no hacer sonido con sus pies.
Detrás de él, Kouga y Inuyasha eran tan silenciosos como él. Una pequeña porción de luz procedía de debajo de la puerta, la cual Sesshomaru sabía que era el dormitorio de Akago. Se detuvieron frente a ella.
Sesshomaru sabía que a pesar de que los tres habían estado en silencio, Akago los habría escuchado. La audición de un vampiro era sensible, y Akago habría sentido algunos o todos los ruidos que habían hecho. Era extraño que él no hiciera un movimiento todavía, a menos que, por supuesto, él les hubiera tendido una trampa.
Sesshomaru se preparó cuando giró el picaporte y abrió la puerta. En una fracción de segundo había entrado en la habitación y contempló la escena. Kouga y Inuyasha hicieron lo mismo, colocándose de manera que los tres formaban un triángulo en los bordes exteriores de la habitación. En esta formación se podría atacar.
Solo que, no había nadie para atacar. La habitación estaba vacía. Akago no estaba.
—¿Inuyasha?
La pregunta de Sesshomaru estaba clara como si lo hubiera dicho.
—Aún puedo sentirlo. Está en la casa—. Inuyasha cerró los ojos, concentrándose. —En la planta baja en el garaje.
La casa tenía un garaje y otras cuevas en la colina.
—Ya debería estar alerta de nuestra presencia—, afirmó Kouga.
Sesshomaru asintió con la cabeza.
—No me gusta.
Acecharon la planta baja y se abrieron paso a través del garaje que estaba lleno de diversas motocicletas y un coche deportivo. Nada fuera de lo común.
—Detrás de esta puerta. Puedo sentirlo.
Sesshomaru estaba a punto de poner su mano sobre de la puerta cuando Inuyasha lo echó hacia atrás.
—¡No!
Sesshomaru le dio una mirada inquisitiva.
—Akago está con dolor.
—¿Con dolor?
—Plata.
Todos ellos se quedaron viendo la manecilla de la puerta, y ahora Sesshomaru se daba cuenta. La manecilla estaba cubierta con papel de plata. Se sacó la chaqueta y se envolvió la mano, antes de abrirla. Podía sentir el efecto de la plata, incluso a través de la tela gruesa, pero lo disminuía.
La plata era el único metal capaz de quemar la piel de un vampiro. Servía como la única manera de retener a un vampiro.
Sesshomaru hizo una seña a sus amigos, y luego tiró de la puerta. Antes ellos, estaba el calabozo. Sesshomaru siempre había sospechado que Akago tenía una habitación donde desataba algunas de sus fantasías más profundas. Azotes en abundancia. No era para los débiles de corazón.
Sesshomaru se precipitó en la habitación con poca luz, Kouga y Inuyasha sobre sus talones. La fuente del dolor de Akago fue evidente de inmediato. Estaba retenido contra una pared, sostenido por cadenas de plata. Cadenas que sería incapaz de romper. Su piel estaba cubierta de dolorosas llagas donde la plata lo tocaba.
El alivio inundó a Sesshomaru al instante. Akago no lo había traicionado. Alguien le había vencido.
—Akago.
La cabeza de Akago se levantó una pulgada, pero parecía demasiado débil como para mirarlos.
—Kouga, Inuyasha—, ordenó Sesshomaru con un gesto de su cabeza, hacia las cadenas.
Kouga y Inuyasha hicieron lo que Sesshomaru, y se quitaron las chaquetas y las envolvieron en torno a sus manos, para trabajar en liberarlo de las cadenas.
Cuando la última cadena cayó, Sesshomaru atrapó el cuerpo lesionado de Akago en sus brazos y lo colocó en la silla de la esquina.
—Kouga, tráele un poco de sangre. En el piso de arriba.
Con la mano, acarició el rostro quemado de Akago y escuchó un gemido de dolor.
—¿Quién te hizo esto?— La voz de Sesshomaru era baja.
Los labios de Akago se movieron.
—Bankotsu.
—Inuyasha, encuéntralo.
La mano de Akago al instante se apoderó de Inuyasha para detenerlo.
—No.
Sesshomaru miró a Akago, sin entender.
—Es peligroso.
Kouga llegó con la sangre.
—Bebe.
Llevó una botella de sangre a los labios de Akago y lo dejó tragársela. Los segundos pasaron. Y la impaciencia de Inuyasha se mostró.
—Bankotsu robó mi contraseña. Va a arruinarte—, Akago agregó. —Lo siento Sesshomaru, no lo vi venir.
Verdadero pesar inundó los ojos de Akago.
—Ninguno de nosotros lo hizo. Lo atraparemos, no te preocupes.
La voz de Sesshomaru estaba más tranquila ahora. Saber que no tendría que matar a su amigo, había disminuido su dolor.
—Puedo revertirlo. Llévenme arriba, a mi computadora. Puedo hacerlo.
Sesshomaru y Inuyasha le ayudaron a levantarse.
—¿Puedes levantarte?
Akago asintió.
—Estoy mejor. Pero hay que darse prisa. Bankotsu se escapará, y también Kagura.
—¿Kagura?— Sesshomaru se detuvo en seco.
—Sí. Es su hermana. Él está haciendo esto para ella. Ella ha estado detrás de tu dinero todo el tiempo.
Así que no había renunciado después de que él la dejó. Él debería haberlo sabido.
—¿Cómo te enteraste?
—Sólo una corazonada de que Bankotsu estaba ocultándome algo. Y luego, cuando Kouga y yo fuimos a encontrar a Hojo... Cuando llegamos a su casa...—, vaciló y miró directamente a Kouga. —Sé que debí haber dicho algo en ese momento, pero ahí fue cuando la esposa de Hojo gritó y corrimos hacia el interior.
—¿Qué pasó?— preguntó Sesshomaru.
—Sentí un olor familiar. Era débil, pero pensé que lo reconocía. Ahora sé con certeza. Era Bankotsu. Mató al contador.
Sesshomaru tragó saliva.
—Recuerdo que tenía prisa en salir del almacén. Debería haberlo previsto, pero yo no estaba pensando con claridad.
—Ninguno de nosotros se dio cuenta... y de todas las personas, yo debería haberlo atrapado a él mucho antes. Pasé la mayor parte del tiempo con él. Lo debería de haber notado—, dijo Akago culpándose a sí mismo.
Kouga le indicó en desaprobación.
—Él te engañó. No es tu culpa.
Inuyasha asintió en acuerdo.
—En todo caso, yo debería haber sentido sus emociones. Debí haberlo imaginado.
—Alto, todo el mundo—, dijo Sesshomaru y miró a Inuyasha. —Lo hecho, hecho está. Bankotsu hubiera guardado sus emociones de ti. Él sabía acerca de tu don. En cuanto a engañar a un amante, todos hemos estado en el mismo lugar alguna que otra vez. No tienes la culpa Akago. Me alegro de que no te matara.
Puso su mano sobre el hombro de Akago y lo apretó en certeza.
—¿Qué pasó entonces?
—Creo que es algo bueno que sea del tipo celoso—. Dio una risa amarga. —Me las arreglé para poner un chip en su teléfono celular ayer y grabar sus conversaciones. Yo estaba simplemente reproduciéndolo cuando Inuyasha me llamó para que le ayudara con los archivos cifrados.
—Pensé que había escuchado la voz de Bankotsu en el fondo—. Inuyasha aseguró.
Akago asintió con la cabeza.
—Reconocí la voz de Kagura, cuando habló con ella. Ellos son hermanos. Nunca vi el parecido, pero ahora que lo sé, puedo ver las similitudes, los gestos que tienen en común—. Le dio a Sesshomaru una mirada de caza. —Tienes suerte de que nunca te vinculaste con ella. Si lo hubieras hecho, estarías muerto ahora.
El darse cuenta de eso, golpeó duro a Sesshomaru.
—¿Muerto? ¿Asesinado por una pareja con vínculo de sangre?
—No. Asesinado por su hermano. Ella habría sido incapaz de mantener sus pensamientos asesinos disfrazados, una vez que estuvieran unidos por sangre. Lo habrías detectado. Pero si ella tenía todo arreglado de antemano con Bankotsu, habría permanecido en la oscuridad acerca de sus intenciones—, explicó Inuyasha en lugar de Akago.
—¿Todo esto por dinero?— Sesshomaru sacudió la cabeza.
—Pareces sorprendido—, indicó Inuyasha.
—Yo no debería estarlo.
—Kagura no se detendrá ante nada para conseguir lo que quiere. Es por eso que Bankotsu se infiltró en nuestro grupo. Todo tiene sentido ahora, incluso el tiempo.
Akago los miró. —Justo después de que la botaste, Bankotsu apareció. En primer lugar se ganó mi confianza, y luego trató de encontrar la manera de llegar a tu dinero. Le llevó el tiempo suficiente. Él se da cuenta de a quién tiene que chantajear para obtener los libros por un lado, y luego me roba mi información de acceso y la contraseña para terminar. No era de extrañarse que no quisiera que habláramos con el contador.
—¿Sabes dónde está él ahora?
Akago negó.
—No, pero podemos tratar de rastrear el chip. Si él todavía tiene su teléfono celular con él, lo voy a encontrar.
Llegaron arriba a la oficina de Akago, y se dejó caer en su silla. Sus manos de inmediato volaron sobre el teclado, mientras varias pantallas aparecían.
—Está en algún lugar cerca de la casa de Kagura. Ellos están probablemente en camino de empacar y marcharse de la ciudad. Tienes que ir, ahora.
—¿Crees que puedes revertir las transacciones?
—Sí, confía en mí. Las transacciones se encuentran en un círculo de retraso de tiempo. Es un pequeño programa que puse en marcha un par de semanas atrás para mayor seguridad. Vamos a conseguir todo tu dinero de vuelta. No van a salirse con la suya. Sólo asegúrate de atraparlos antes de que puedan herir a alguien más.
Sesshomaru le puso la mano sobre el hombro y lo apretó.
Un minuto después estaban fuera.
—Kouga, llama a los refuerzos. Necesitamos una docena de guardias para acercarse a ellos. Nos tomará mucho tiempo llegar a su casa desde aquí. Se habrán ido para entonces.
Kouga instantáneamente marcó desde su celular y les dio órdenes a sus subordinados.
El celular de Sesshomaru vibró en su bolsillo.
—¿Souten?
—La señorita Kagome se ha ido.
La garganta de Sesshomaru se cerró y su corazón se congeló, mientras toda la fuerza fluía fuera de su cuerpo.
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Si! Se acerca el final y a mas de una le dara un ataque xD
