El desfile de Año Nuevo Chino estaba en pleno apogeo, y las masas de gente mirando las festividades se apretaban a través de las estrechas calles del Barrio Chino. El colorido dragón cargado por aún más coloridos jóvenes chinos, se abría camino por las calles de fiesta. Linternas y luces colgaban de cada tienda y restaurante por el camino.

Kagome había engañado a Souten. Ella le había enviado a hacer una tontería a la farmacia… pretendiendo tener calambres en el estómago… y se había sorprendido por la facilidad con que había caído con sus mentiras. Ella sabía que Sesshomaru probablemente lo castigaría por dejarla sola, pero no podía permitirse sentir lástima por él ahora. Tenía que escapar.

Un futuro con Sesshomaru no era posible, y cuanto más rápido le pusiera fin a todo esto, mejor sería para todos los involucrados. El último día había puesto a prueba seriamente su creencia en la realidad. De repente, ella había tenido que enfrentarse a un mundo en el que no sólo existían los vampiros, sino que fingían llevar una vida similar a los humanos.

Le había mentido una y otra vez. Y lo seguiría haciendo. En sus ojos había visto su desesperación por tenerla, consumirla. ¿Qué otras mentiras le diría, con tal de que ella se quedara? Apenas lo conocía, y la idea de pasar la eternidad con él era demasiado extraña, demasiado, demasiado pronto. Mientras ella estaba con él, sabía que no podía pensar con claridad. Él se aseguraría de eso, seduciéndola una y otra vez. Y Kagome sabía que sería incapaz de resistirse a él.

Pero ella no podía tomar una decisión importante como esa, una decisión que significaba estar con un vampiro para siempre, mientras estuvo en sus brazos, su cerebro se desconectaba totalmente.

Era pura suerte que Inuyasha los había interrumpido, y lo tomó como una señal de que tenía que escapar. Era ahora o nunca. Finalmente tuvo que pensar con la cabeza y aplastó la pequeña voz que salía de su corazón la voz que seguía insistiendo en que ella estaba cometiendo un gran error.

Kagome sabía que no podía llegar al aeropuerto para tomar el último vuelo, ya era demasiado tarde, pero se escondería en un pequeño hotel, un lugar donde él no podría encontrarla. Daría un nombre falso, pagaría en efectivo. Sesshomaru tenía muchos recursos e intentaría cualquier cosa para encontrarla.

Kagome se había olvidado del desfile. La multitud hacía difícil atravesar las calles, pero no había ningún taxi.

Su maleta se sentía más y más pesada, mientras la rodaba detrás de ella. Había tomado todo lo que era suyo, no quería tener una excusa para volver. Su resolución era lo bastante débil ya como estaba.

La música y el ruido de la multitud ahogaron algunos de sus pensamientos, mientras trataba de apurar su paso por la acera. Diferentes idiomas pasaban por sus oídos, mientras avanzaba hacia adelante a través de la multitud. Rostros jóvenes y viejos le pasaban, hombres y mujeres, niños y ancianos, caucásicos y asiáticos. Se tardó más de quince minutos para avanzar una cuadra.

Kagome se sintió aliviada cuando finalmente atravesó el ruido mundanal y se encontró en un callejón tranquilo.

El sonido de las ruedas de su maleta en la calle empedrada, hicieron eco a través del callejón. En el fondo, la música se mezclaba con ella y luego el sonido de los coches y motos.

Otro leve sonido le hizo dar vuelta, pero no vio nada. Todavía estaba demasiado nerviosa. Se calmaría pronto. Su imaginación estaba jugándole una mala pasada.

Kagome dobló hacia la calle siguiente, la cual era más ancha que en el callejón que había venido. A la izquierda, un callejón sin salida, por lo que giró a la derecha. La calle estaba llena de casas de apartamentos de tres pisos de altura, y sus entradas estaban bloqueadas con puertas de hierro, las puntas penetrantes acusadoras, se extendían hacia el cielo. Caminaba por la acera y se perdió en sus pensamientos de nuevo.

Tenía que convencerse de que ella estaba haciendo lo correcto al dejarlo. Demasiado tarde, Kagome escuchó el sonido detrás de ella, el motor de una motocicleta. Ella volvió la cabeza y lo vio dirigirse directamente a ella. Fue incapaz de distinguir la figura oscura montándola.

Sus pies se aceleraron, e instintivamente soltó su maleta. Ella corrió, pero la moto la alcanzaba, el sonido del motor era más fuerte, a medida que se acercaba. Más fuerte y más amenazante con cada segundo. Nunca podría dejarlo atrás. Frenéticamente miró a ambos lados para encontrar un escondite donde la motocicleta no pudiera seguirla.

De reojo vio un movimiento, pero era demasiado rápido para que ella se diera cuenta de lo que era.

—¡Kagome!

El grito resonó a través de la calle y rebotó en los edificios. Un grito de alguien claramente horrorizado. Antes de que pudiera darse vuelta, sintió unos brazos empujándola fuera del camino, golpeándola sobre el asfalto. Cayó fuertemente. El impacto hizo que sus costillas le dolieran, y se quejó en voz alta.

Las luces de la moto la cegaron por un segundo, mientras volteaba su cabeza, justo a tiempo para ver la moto golpeando a la persona que la había empujado fuera del camino. Vio la figura volar por el aire como si fuera un muñeco de trapo, y luego estrellándose. La caída fue detenida por las puntas de la puerta de hierro.

El cuerpo colgaba, atravesado.

La motocicleta se deslizó, una figura cayó al suelo, rodando, y luego parándose, evidentemente, sin lesiones. El motor de repente se paró y todo quedó en silencio.

El costado de Kagome dolía mientras trataba de moverse, pero tenía que hacerlo. El motociclista se dirigía a ella después de echar un vistazo breve a la figura empalada en la puerta.

Kagome tropezó con sus pies. Estaba demasiado oscuro para que ella reconociera quién era la persona que estaba en la puerta, pero sin embargo, ella lo sabía. Le había oído gritar su nombre con una voz que le era muy familiar. Él la empujó fuera del camino y le salvó la vida, aunque sólo por unos minutos. Pero no quería aceptar quién era. Porque si lo hacía, todo su mundo se vendría abajo. La persona que la había empujado fuera del camino de la motocicleta, tratando de salvarla, estaba empalado ahora en la puerta, aparentemente sin vida.

Kagome trató de moverse, pero sus pies se congelaron firmemente en el lugar, mientras el motociclista se acercaba a ella, como si alguien la mantuviera en su lugar con hilos invisibles. Trató de levantar un pie delante del otro, pero no pudo. Nada se movía. Estaba paralizada.

Algo llamó su atención y la hizo voltear la cabeza a su derecha. Fue entonces cuando los vio: varios hombres vestidos de negro corriendo hacia la escena. Fue entonces cuando se dio cuenta que no tenía ninguna posibilidad. Todo había terminado. Ellos venían por ella. La matarían, de la misma forma en que el motociclista había matado a su salvador.

Kagome volvió a mirar al motociclista que de repente se apartó de ella y corrió en dirección opuesta, lejos de los hombres. ¿Qué?

—¡Kagome!

Escuchó decir, proveniente de otra voz familiar. Un segundo después, Inuyasha estaba junto a ella.

—¿Estás bien?

Ella asintió con la cabeza, aturdida. De repente, sus músculos se movieron de nuevo, y casi se desplomó. Inuyasha la atrapó.

—¿Sesshomaru?

Inclinó la cabeza hacia la dirección de la puerta de hierro. Ella no quería oír la respuesta. Vio con horror como dos de los hombres lo bajaban de los picos de la puerta y lo acostaban en el suelo. Un ligero movimiento le llamó la atención. ¿Se había movido por sí mismo?

—¡Sesshomaru!

Kagome trató de correr hacia el hombre que habían puesto sobre el pavimento. Sesshomaru. Una mano fuerte tiró de ella.

—No—, dijo Inuyasha. —No querrás verlo así.

Ella tiró de su brazo fuera de su agarre.

—¡Él está herido por mi culpa!

Ella corrió hacia él, se dejó caer junto a él. El cuerpo de Sesshomaru estaba flojo en el suelo, la sangre salía de varias heridas de gran tamaño. ¡Tanta sangre! Pero para su sorpresa, ella no sentía el mareo habitual en el estómago que normalmente le sucedía cuando veía sangre.

Kagome lo miró a la cara. Estaba manchado de sangre. Pero sus ojos estaban abiertos.

—Sesshomaru.

Ella acarició su mejilla. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante el dolor que aparecía en su rostro. Nunca había visto a nadie en esa agonía, con tanto dolor físico.

En el fondo escuchó a Inuyasha dando órdenes, pero lo único que veía era a Sesshomaru, el hombre de quien había tratado de huir. ¿Por qué? No podía recordarlo.

—¡Alguien ayúdelo! Tenemos que llevarlo a un médico

Kagome llamó a Inuyasha. Un frío miedo se apoderó de ella, mientras él le daba una mirada de muerte.

—Un donante viene en camino.

Ella no entendía.

—¿Un donante?

Sesshomaru intentó hablar, pero su voz era un murmullo apenas. Kagome se inclinó hacia él tratando de calmarlo. Pero no sabía qué hacer.

—No trates de hablar. Vamos a conseguirte ayuda. Todo va a estar bien, por favor, aguanta—lo animaba, a sabiendas de que sus palabras eran una mentira, sonaban huecas en sus oídos.

Sesshomaru movió su cabeza de lado a lado.

—¡No!— gritó ella, comprendiendo lo que quería decir. —¡Inuyasha, dime qué hacer!

Inuyasha estaba a su lado.

—Sus heridas son demasiado extensas. Él lo sabe. Lo siento, pero va a morir si no recibe sangre humana inmediatamente.

—Entonces traigan una ambulancia, y denle una transfusión.

De repente se acordó de la máquina expendedora en el consultorio del Dr. Jaken.

—¿No puedes conseguir un poco de sangre embotellada en alguna parte?

—La sangre embotellada no va a funcionar, no esta vez. Sus heridas son demasiado graves. Necesita sangre procedente directamente de la vena de un ser humano. Él necesita la fuerza de la vida de un ser humano, para ayudarle a regenerarse.

—Le daré la mía.

Sin dudarlo Kagome empujó la manga de su suéter.

—No...

La voz de Sesshomaru era débil, pero decidida. Sus ojos le lanzaron una mirada de súplica en dirección de Inuyasha.

—No te dejará—, explicó Inuyasha.

Kagome le dio una mirada de sorpresa y sacudió la cabeza. Por una vez le importaba un comino lo que alguien hacía o no quería que hiciera. No se quedaría de brazos cruzados dejándolo morir.

—No me importa. Él va a tomar mi sangre.

—No puedo dejar que lo hagas, Kagome. Sesshomaru lo prohíbe.

Las lágrimas brotaron de sus ojos y corrían por sus mejillas cuando volvió a mirar a Sesshomaru. —No voy a dejar que te mueras.

Parecía como si él tratara de sonreír, pero su rostro se deformaba de dolor en su lugar.

Le llevó la muñeca a su boca.

—Muérdela—, le ordenó con feroz determinación.

Pero él no la mordió. En cambio, apartó su cabeza de la muñeca.

—¡Vampiro terco! Muy bien, no muerdas, voy a hacer que uno de tus amigos me muerda, y luego te voy a alimentar a la fuerza con mi sangre. ¿Entiendes?

La ira coloreó su voz, y vio algo en los ojos de Sesshomaru. ¿Incredulidad?

—Inuyasha, muérdeme la muñeca—, le ordenó, y extendió su muñeca hacia Inuyasha.

Él se negó.

—No puedo.

Ella le lanzó una mirada penetrante.

—¿Alguien más, entonces? ¡Usted!—, gritó a uno de los hombres que habían ayudado a tomar a Sesshomaru de la puerta.

—Tú eres un vampiro muérdeme, maldita sea, así podré alimentar a Sesshomaru.

El vampiro vaciló y miró a ella, a Sesshomaru y a Inuyasha.

De repente, Kagome sintió una mano en su otro brazo y se volvió. La mano de Sesshomaru la había agarrado.

—...No quiero… hacerte daño...—emitió con voz apenas audible.

¿Ahora había decidido que no quería hacerle daño? ¿Qué pasó cuando le había mentido? El juicio de este hombre apesta. Mucho. Tendría que hablar con él sobre eso, pero más tarde.

—Sólo me lastimarás si me dejas. No me dejes, por favor.

Puso la muñeca en su boca de nuevo, pero no hizo ningún movimiento. Fue entonces cuando perdió la calma. La ira se apoderó de ella.

—¡Muérdeme, maldita sea, o te patearé en las bolas tan fuerte que gritarás hasta el próximo siglo! ¿Entiendes?

Un segundo después sintió el agudo dolor de su piel rompiéndose y el líquido que goteaba. Una fracción de segundo más tarde el dolor había desaparecido, y los colmillos de Sesshomaru estaban firmemente atascados en su muñeca. Ella lo sintió chupar, con los ojos cerrados.

Con la mano libre le apartó el pelo hacia atrás de su cara manchada de sangre.

—Toma lo que necesites, mi amor.

Kagome sintió más que escuchar su suspiro. Dejó caer su cabeza en la suya, y le dio un beso en la frente.

—Estoy aquí, Sesshomaru, estoy aquí.

Inuyasha la ayudó a levantar la cabeza de Sesshomaru hacia su regazo, para que fuera más fácil para ella darle de comer.

—Gracias.

Inuyasha negó con la cabeza.

—Sesshomaru es un hombre muy afortunado al tenerte.

La conmoción detrás de ella le hizo volver la cabeza.

Dos vampiros llevaban al motociclista luchando con ellos. El casco se había ido, y se reveló una cabeza de pelo largo y azabache. Ella había visto a esa mujer antes, en el teatro.

Kagura Onigumo, la ex novia de Sesshomaru.

Kagura trató de escapar de la mano de los dos vampiros, pero a pesar de su lucha, no podía. Eran más fuertes que ella. Su expresión se puso furiosa.

La mujer miró justo a Kagome, viendo cómo Sesshomaru bebía su sangre.

—¿Qué, crees que va a ser tuyo sólo porque le permitas beber su sangre? ¡Sueña, hermana! Su voz estaba mezclada con veneno.

Kagome le devolvió su vil mirada, con una mirada asesina de ella.

—¡Perra! ¡Voy a tratar contigo más tarde!

Ella quería retorcerle el cuello a la mujer por herir a Sesshomaru, por casi haberlo matado. Kagome lo miró mientras se alimentaba de su muñeca y vio cómo los ojos de Sesshomaru se abrían en estado de shock.

—Todo va a estar bien, mi amor, ya la tienen. Ella no puede hacerte daño nunca más—le susurró.

Sus ojos se cerraron de nuevo, y luego soltó su muñeca. Miró a Inuyasha, alarmada.

—Está bien. Él va a tomar lo que su cuerpo pueda procesar a la vez. Él necesitará más, mas adelante. Vamos a tener un donante para entonces—, le aseguró Inuyasha.

Ella sacudió la cabeza.

—No. Yo no lo permitiré.

—Qué lindo—, escupió Kagura.

Kagome la ignoró.

—Él sólo beberá de mí, y de nadie más.

—Pero es muy peligroso. Necesita mucha sangre—, Inuyasha le advirtió.

Levantó la mano en señal de protesta.

—Sólo de mí.

Luego le dio a Kagura otra mirada y se quitó la chaqueta. La enrolló y descansó la cabeza de Sesshomaru en ella, antes de que se pusiera de pie todavía tambaleante. Le dolían las costillas, y se llevó la mano a su lado para apoyar sus movimientos.

Inuyasha ofreció su brazo para sostenerla, y Kagome lo tomó con mucho gusto.

—¿Qué vamos a hacer con ella?— Kagome le preguntó.

—¿Vamos?— Inuyasha le dirigió una mirada atónita.

—Sí, 'nosotros'. Y ni siquiera pienses en excluirme. Tengo todo el derecho

—No vas a dejar que una pequeña mortal te diga lo que tienes que hacer, ¿verdad?— Se burló Kagura de Inuyasha, mientras luchaba en las garras de los dos vampiros deteniéndola.

—¡Debilucho!

Inuyasha le dio una sonrisa despreocupada.

—Debes saber que no soy susceptible a tus insultos, Kagura.

—¿Vas a cogerla también, una vez que Sesshomaru la descarte? ¿O tal vez antes?

—Creo que deberías callarte, mientras todavía tengas una lengua—, Inuyasha le advirtió. Kagome le lanzó una mirada de sorpresa.

—Oh, sí perra. Eso es lo que él hace, el gran y poderoso Inuyasha. Se coge las sobras de Sesshomaru.

—Como si tú no lo hubieras pedido—, replicó él.

Kagura dejó escapar una risa amarga.

—Me pregunto si tu amigo lo sabe. Tal vez alguien debería decirle.

La mirada de Kagome rebotaba entre los dos. Era evidente que se conocían más íntimamente de lo que nadie habría imaginado. ¿Inuyasha había estado de alguna manera involucrado con la ruptura de Kagura y Sesshomaru? ¿Había traicionado a su mejor amigo?

—No está funcionando, Kagura. No puedes salirte de ésta. Así que, ¿dónde está Bankotsu?

—¿Bankotsu? — hizo eco Kagome.

Inuyasha le dio una mirada de reojo.

—Hemos descubierto que es la hermana de Bankotsu, y está detrás de todo esto para robar millones de dólares de la empresa de Sesshomaru. Engañó a Akago y obtuvo acceso a su contraseña.

Kagome se quedó mirándolo en estado de shock.

—¿Bankotsu era el cerebro de esto?

Kagura sopló un molesto uff.

—Ese idiota no puede planear nada. Ni siquiera pudo ejecutar lo que le dije, de lo contrario perra, serías alimento de gusanos ahora. Pero no, tenía que dejar el trabajo a algún humano idiota, que metió la pata en todo momento. Debería haberlo hecho yo misma en primer lugar—, vociferó ella.

—Tendría, debería, podría—, contestó sarcásticamente Kagome.

Kagura le gruñó.

—¿Crees que puedes tenerlo y a todo su dinero? Piénsalo otra vez. Él sólo está jugando contigo: Sesshomaru nunca amó a nadie más que a sí mismo. Es un hombre egoísta y un amante aún más egoísta. Él se cansará de ti, y entonces él va a botarte.

—El hecho de que no pudieras darle lo que necesitaba, no quiere decir que yo no pueda. Y en cuanto a ser egoísta, ¿por qué no te miras en el espejo en algún momento, y ves quién es la egoísta? Ay, lo siento, se me olvidaba: no puedes mirarte en el espejo, ¿verdad? Entonces supongo que no sabes cuán fea en realidad eres, así que sólo te daré una idea… eres una bruja de mierda.

Kagura silbó y luchó para liberarse de sus dos guardias, había muerte en sus ojos.

—¡Sólo déjame llevar mis colmillos sobre ti, puta…te mostraré realmente lo fea que puedo ser!

—¡Basta! ¿Dónde está Bankotsu?

Inuyasha hizo una seña a los dos vampiros, para que la agarraran más fuerte, torciéndole los brazos a Kagura hacia atrás, en posición incómoda y dolorosa. Ella hizo una mueca de dolor.

—Yo no sé dónde está ese idiota.

—Está bien, entonces no tenemos más necesidad de ti.

Kagome miró a Inuyasha.

—No vamos a dejar que se vaya, ¿verdad?

—¿Dejarla ir? No. La vamos a matar.

Inuyasha sacó una estaca de madera del bolsillo de su chaqueta. Kagome se quedó mirando la estaca y después a Kagura, cuyos ojos se habían agrandado. Ella sabía lo que venía. Sí, iba a morir, pero Kagome quería ser la que diera el golpe final. Era su hombre a quien casi había matado Kagura, por lo que sería justo para ella, castigar a la mujer.

Kagome agarró la estaca de las manos de Inuyasha, pero él la detuvo.

—No, será mi placer. Sesshomaru es lo mejor que me ha pasado en la vida. Cualquiera que quiera hacerle daño, mejor que me derrote primero.

Kagome tuvo que aceptar. La determinación de Inuyasha era palpable.

—Gracias por el buen sexo, pero como he dicho antes, no tenía sentido. Nos vemos en el infierno.

Los ojos de Kagura se abrieron como si ella no pudiera creer que realmente lo haría. Sus labios se abrieron, pero las palabras no salieron. Inuyasha levantó su brazo y clavó la estaca en su corazón. En una fracción de segundo, la incredulidad se extendió sobre la cara de Kagura. Un segundo más tarde era polvo. El aire recogió los granos diminutos de polvo y se los llevó.

Cuando Inuyasha se volvió a Kagome, le dirigió una larga mirada.

—Sin emociones, todo es sin sentido.

Inuyasha organizó el transporte de Sesshomaru para regresar a la casa, mientras más vampiros fueron enviados a cazar a Bankotsu.

Chan chan! Estan ansiosas bitches? Seguro que si les dejo un adelantito, volvere en la noche :)

Gracias por los reviews y recuerden que cuando termine este libro siguen el de inu y ? Aun no decido inu x kikyo oh inu x kanna sugerencias! Go go go