Souten los esperaba a su regreso y había preparado el dormitorio de Sesshomaru, colocando sábanas limpias en la cama. Souten e Inuyasha ayudaron a cortar las ropas rasgadas del cuerpo de Sesshomaru y limpiaron sus heridas antes de colocarlo sobre la cama, y pusieron una sábana blanca sobre su cuerpo.
—Necesitará sangre fresca cada dos horas—, aconsejó Inuyasha. —Puedes cambiar de opinión, ya lo sabes. Él no esperaría que tú hicieras esto. De hecho, él querría que yo te disuadiera de continuar con esto.
Kagome negó.
—Él está herido por mi culpa. Voy a darle lo que necesita.
Ella se había puesto una camiseta y calzas y se sentó junto a él en su cama.
Inuyasha asintió.
—Souten, vamos a tener que darle a Kagome algún tónico para fortalecer y regenerar su sangre más rápido. Debemos tener todo lo que necesitamos en la cocina.
Sesshomaru se movió.
—Él te necesita ahora.
Inuyasha y Souten salieron de la habitación, y Kagome se inclinó hacia Sesshomaru, colocando la muñeca en su boca. Sin abrir los ojos, sus colmillos se hundieron en su piel.
—Sí, bebe, mi amor. Estamos en casa ahora.
Le acunaba la cabeza en su regazo, mientras le daba de comer. Ya podía ver que algunas de las heridas se habían comenzado a cerrar. El flujo de sangre se había detenido, y la sangre se coagulaba, creando una corteza sobre las heridas. El proceso de curación había comenzado.
La sensación de succión en la muñeca no era dolorosa, por el contrario, la llenaba de paz.
Cuando Sesshomaru finalmente soltó la muñeca, sus labios se movieron.
—Kagome—susurró, pero se quedó inconsciente inmediatamente.
Kagome lo sostuvo mientras observaba cada movimiento de su cuerpo. Esta vez no había dudado cuando se requería acción por parte de ella. Esta vez no se había quedado parada dejando que alguien que amaba muriera. Había actuado. Se había sorprendido de lo fuerte que había sido allí en esa calle. El coraje que había sentido cuando se enfrentó a Kagura había sido nuevo para ella, pero le había ayudado el saber que todos los vampiros que la habían rodeado estaban de su parte.
Inuyasha volvió a la habitación, trayéndole una mezcla de aspecto desagradable, con un olor más desagradable.
—¿Qué es esto?
—Tú no quieres saberlo. Pero te ayudará a mantener la pérdida de sangre.
Kagome le creyó. ¿Cómo había cambiado su mundo de ésta manera? Estaba acostada en la cama con un vampiro, y le daría tanta sangre como necesitase y de buena gana bebió el líquido más vil que sus labios habían tocado nunca, confiando en el vampiro que se lo había entregado.
—Voy a hacerte compañía—. Inuyasha acercó el sillón a la cama, antes de sentarse. —Va a necesitar alrededor de veinticuatro horas para recuperarse.
—Pero va a salir adelante, ¿no es así?
—Con tu ayuda, lo hará.
Inuyasha apoyó la cabeza en el alto respaldo de la silla.
—Cuéntame lo que pasó. Kagome quería saber.
Inuyasha asintió con la cabeza.—¿Sesshomaru te habló de Kagura, acerca de su ruptura?
—Sí. Me habló de ella. Pero no mencionó que ella y tú...— Kagome se aclaró la garganta.
—Él no lo sabía.
Su mirada, cuando la miró a los ojos era sincera. —Escucha, no hay necesidad de que lo sepa. Yo no lo traicioné. Ella vino a mí después de que él la había expulsado de su vida. Hey, no estoy orgulloso de ello, pero no soy muy exigente cuando se trata de mujeres.
—La mataste como si no sintieras nada por ella.
La idea la hizo estremecerse. ¿Qué te llevó a ser un amante tan frío? Cuando volvió a mirar sus ojos, reconoció el dolor.
—El sexo es sólo sexo para mí. Nada más. Es algo que necesito, y no me importa quién lo provea. No quiero aturdirte, pero eso es lo que soy. No cambia dónde permanece mi lealtad.
Su mirada se desvió a Sesshomaru, y ella comprendió.
—Sin Sesshomaru, yo no estaría aquí hoy. Me salvó la vida en numerosas ocasiones. Es un buen hombre.
Ella asintió con la cabeza y acarició la mejilla de Sesshomaru.
—Y él es mío—. Miró de nuevo a Inuyasha justo a tiempo para ver su cálida sonrisa. —¿Cuál era el plan de Kagura?
Él suspiró.
—Ella quería ser dueña de una fortuna de varios millones de dólares. Quería lo que es de él. Si Sesshomaru hubiera hecho el vínculo de sangre con ella, Bankotsu lo habría matado. Y todo el dinero habría sido de Kagura.
—Oh, Dios mío, ¿ella lo quería muerto?
Un miedo frío se apoderó de ella.
—Eso es lo que la avaricia le hace a la gente. Vivir de su fortuna no era suficiente para ella.
—¿Qué quieres decir?
—Cuando un vampiro hace un vínculo de sangre, su compañero tiene derecho a todo lo que es suyo. Se convertirán en copropietarios. Obviamente no era suficiente. Lo quería todo. Cuando Sesshomaru rompió con ella, su sueño se convirtió en humo. Así que tenía que planear algo más.
Kagome sacudió la cabeza, tratando de deshacerse de las imágenes en su mente.
—¿Qué estaba planeando?
—En primer lugar hizo que su hermano, Bankotsu, se infiltrara. No teníamos ni idea. Ella era nueva en la ciudad, de repente apareció Bankotsu y... bueno, supongo que no fue tan difícil para él seducir a Akago. Es un blando de corazón, y, francamente,no hay muchos vampiros gay. Así que sus opciones eran siempre un poco limitadas.
—Bankotsu había averiguado lo suficiente sobre el funcionamiento interno, para saber que robar la contraseña de Akago, no era suficiente. Así que husmeó en los registros, y debió haber descubierto el pequeño fraude de depreciación de Hojo y lo utilizó para chantajearlo. Era bastante fácil. Tú estabas en el camino correcto, ya sabes, con la auditoría. Lo habrías encontrado con el tiempo.
Él le dio una mirada de aprobación.
—Hiciste la mitad del trabajo—, reconoció ella.
—Sólo después de que me mostraste el camino a seguir. Kagura era inteligente. Souten me dijo hoy, que en ese entonces la vio en el despacho de Sesshomaru una vez, posiblemente tratando de entrar en el sistema, pero nunca le había dado su información de acceso ni contraseña. Así que, obviamente, esa idea la tenía desde antes.
—¿Estás seguro? Me la dio a mí, y él me conoce mucho menos tiempo que a ella.
—Ni siquiera yo sé su contraseña, y soy su hermano. Él confía en ti como si nunca pudiera confiar en nadie más. No creo que alguna vez le tuviera confianza a Kagura, a pesar de que estaba dispuesto a casarse con ella. Supongo que la soledad finalmente lo estaba alcanzando. Siempre quiso una familia.
Inuyasha sonrió suavemente, su mirada se dirigió a Sesshomaru en la cama.
—Una vez que Bankotsu tuvo la contraseña de Hojo, fue capaz de cargar las transferencias bancarias cifradas. Después, sólo tenía que regresar de nuevo con la contraseña de Akago y autorizarlos.
—Akago debe estar devastado.
—Bankotsu lo venció hace un rato y lo encadenó con plata.
—¿Con plata?
—Es el único metal que no podemos romper o doblar. Los vampiros no pueden escapar de las cadenas de plata. Se les quema la piel. Tuvimos la suerte de llegar a tiempo donde Akago. Él estaba con un gran dolor, pero va a estar bien. Personalmente, estoy sorprendido que Bankotsu no lo matara. Tal vez había algunos sentimientos involucrados, después de todo...
—Lo siento por Akago por haber sido engañado de esa manera por su amante. ¿Crees que Hojo sabía lo que Bankotsu estaba haciendo?
—Probablemente no—, adivinó Inuyasha. —E incluso si hubiera sospechado, es probable que sólo lo ignorara, pensando que entre menos supiera, mejor. Hojo era realmente un títere en este juego. No del todo inocente, pero ciertamente no merecía morir.
—¿Qué va a pasar con su familia? Tenía una esposa e hijos.
Kagome sólo podía imaginar el dolor que su esposa estaba experimentando.
—Sesshomaru se hará cargo de ellos. Tenemos un fondo de caridad que ayuda a las familias de los empleados que mueren en el cumplimiento de su deber. Esto ocurre, ya sabes, con algunos de nuestros escoltas. Y aunque Hojo no murió en el cumplimiento del deber, Sesshomaru hará lo correcto por él.
—¿Y el hombre que nos atacó?
—He enviado a dos de nuestros hombres a que lo liberen. Tienen instrucciones para borrar su memoria de todo lo relacionado con Sesshomaru, tú, o cualquier otro vampiro. No hay necesidad de castigarlo más. La esposa de Hojo tendrá todo el apoyo que pueda conseguir.
—Otros en esta situación, no serían tan amables.
—¿Quieres decir porque somos vampiros?
No había ninguna acusación en la voz de Inuyasha.
—Incluso los seres humanos serían más crueles. Desde luego, no me esperaba este tipo de consideración de los vampiros, sin ánimo de ofender.
Inuyasha negó con la cabeza.
—No tiene nada que ver con ser un vampiro o no. Hay buenos y malos entre nosotros, al igual que hay buenos y malos entre los seres humanos. Convertirse en un vampiro no te hace malo. Y ser humano, no te hace bueno.
—Y tú y Sesshomaru, son buenos.
—No somos santos, pero tratamos de ser tan buenos como nos sea posible. Es una lucha constante, pero ganamos más de lo que perdemos.
—¿Cómo me encontró Sesshomaru a tiempo?— Kagome le sonrió.
—Tu olor. Podría haberte seguido por toda la ciudad. Él conocía tu olor tan bien, y luego, por supuesto, lamió la sangre de tu mano, eso sólo lo intensificó. Cuando Souten le dijo que te habías ido, sabíamos que Bankotsu e Kagura estaban sueltos por la ciudad... Yo nunca lo había visto tan asustado en mi vida. Estaba dispuesto a matar a alguien.
—Lo siento.
Ella realmente lo sentía.
—La próxima vez que planees dejarlo, házmelo saber, ¿lo harías? Para que yo pueda salir de la línea de fuego.
Ella no lo dejaría de nuevo. Si aún la quería, sería suya. Le dio un beso en la frente a Sesshomaru y le pasó la mano por el pelo.
—Eso no va a ser necesario, Inuyasha—. Le sonrió y vio que lo había comprendido.
—Se alegrará de saber eso cuando despierte. ¿Por qué no duermes un poco? Voy a cuidar de él y asegurarme de que se alimente cuando lo necesite.
—Gracias, Inuyasha, eres un gran amigo.
Tenía los párpados pesados, y en pocos minutos estaba fuera, hundiéndose de nuevo en la almohada, mientras mantenía la cabeza de Sesshomaru acunada en su regazo.
—Kagome, despierta—, dijo la voz de Inuyasha, a través de sus sueños.
Ella trató de ignorarlo, pero no se detuvo.
—Kagome.
Abrió los ojos y miró a Inuyasha con un vaso del mismo líquido horrible que la había hecho beber dos veces. No tenía idea de lo que había en él y no tenía ninguna intención de saberlo. Por lo que sabía, sería estofado de sapo, o simplemente el sapo.
—¿Otra vez?— Casi vomitó la última vez que lo bebió.
—Lo siento, pero lo necesitas. Él ha estado tomando una gran cantidad de sangre de ti.
Bebió, tratando de ignorar el mal sabor.
Entonces Kagome siguió la mirada de Inuyasha, la cual descansaba sobre Sesshomaru a su lado. Él se veía mejor. Sus heridas se habían cerrado, y la nueva piel estaba creciendo por encima de ellas.
—¿Cuánto tiempo más?
—Muy pronto. Mientras tanto, te necesitamos en la planta baja en su oficina. Hay alguien que quiere hablar contigo.
Ella le lanzó una mirada inquisitiva.
—¿Quién?
—Ya lo verás.
Su mirada se desvió de nuevo a Sesshomaru, no queriendo dejarlo.
—¿Qué pasa si se despierta mientras no estoy?
—Voy a estar aquí. Te llamo de inmediato.
De mala gana se levantó de la cama. Se sintió mareada cuando de pronto se puso de pie. Su cuerpo se balanceaba, y Inuyasha inmediatamente la agarró. Un gruñido salió de la cama.
Tanto ella como Inuyasha volvieron la cabeza para mirar a Sesshomaru. Él estaba aparentemente dormido, mostrando sus colmillos. Inuyasha inmediatamente soltó el brazo de Kagome. Los colmillos de Sesshomaru se retiraron y cerró los labios.
—Puede sentirte, incluso en sus sueños. No le gusta que seas tocada por otro hombre.
—Pero, sólo estabas tratando de ayudarme—, protestó Kagome.
—Cuando un vampiro ha encontrado a su pareja, es muy posesivo.
Kagome le sonrió a Sesshomaru. Incluso en su sueño, él estaba tratando de protegerla.
—Estaré de vuelta en poco tiempo, mi amor.
Ella vio una forma de sonrisa contenida alrededor de los labios de Sesshomaru, como si él pudiera oírla.
Souten la esperaba en la oficina de Sesshomaru.
—Por favor, tome asiento aquí, delante de la computadora señorita Kagome.
—Souten.
Él la miró inquisitivamente.
—Lo siento. ¿Lo metí en problemas con Sesshomaru? Voy a hablar con él cuando esté mejor. No quiero que sea castigado por dejarme escapar—, dijo con tristeza.
—No importa lo que me pase, siempre y cuando el Sr. Taisho esté bien.
—¿Qué te hará a ti?
—Se me ordenó que la protegiera, y fallé. Todo lo que importa es que él llegó a usted a tiempo.
—Pero fue mi culpa. Te engañé.
—No importa, señorita, no debería haber dejado que me engañara. Si me permite decírselo, para ser un humano, es muy inteligente—. Él le dijo y le dio una leve sonrisa.
—Y si me permites decirlo, para ser un vampiro, es usted muy amable.
Él asintió con la cabeza.
—El Sr. Taisho ha organizado una teleconferencia para usted.
Souten señaló la pantalla de la computadora. La sentó en la silla que tenía para ella.—Una teleconferencia. ¿Para qué? Souten encendió el monitor. Una imagen de lo que parecía ser una habitación de hospital quedó a la vista. Se ajustó la pequeña cámara en la parte superior de la pantalla y apuntó directamente a Kagome.
—Hay alguien con quien el Sr. Taisho quiere que hables.
—¿Estamos conectados?
Se oyó una voz por el altavoz, y un segundo después, un hombre alto apareció a la vista.
—Sí, podemos escuchar y verlo con claridad Kohaku—, dijo Souten. —Señorita Kagome, éste es Kohaku Taijiya . Kohaku es uno de nosotros.
—¿Un...?
Ella examinaba al hombre en el monitor. Su largo cabello estaba peinado hacia atrás en una cola y de no ser por una fea cicatriz desde la oreja hasta la barbilla, su rostro mostraría belleza. Sí, de alguna manera imaginó que era uno de ellos.
Kohaku asintió.
—Sí, señorita Higurashi, soy un vampiro. Es un placer presentarme a usted. Espero tener la oportunidad de conocerla en persona en algún momento. Sesshomaru habla muy bien de usted.
Kagome reconoció su voz como la del hombre con el cual hablaban por el altavoz, la noche anterior.
—Gracias. ¿Usted quiere hablar de la auditoría conmigo?
—No. Todo se ha resuelto en relación con la auditoría. Estamos conscientes de lo que Bankotsu y su hermana Kagura estaban tratando de hacer, y estamos trabajando en revertir todas sus acciones. No. Este es un asunto mucho más personal—. Él se aclaró la garganta. —Sesshomaru me ha pedido que viera a su padre.
—¿Mi padre?— exclamó Kagome.
¿Estaban intentando hacerle daño? Ella alejó ese mal pensamiento al instante. Después de su conversación con Inuyasha, no tenía ninguna razón para creer que alguien querría hacerle daño a ella o a su familia.
—¿Qué están tratando de hacer con él?
—No se alarme, señorita Higurashi. Usted tiene mi palabra y la de Sesshomaru que su padre está a salvo. Entendemos que él está en las últimas etapas de la enfermedad de Alzheimer y ya no la reconoce. Pero hay algo que usted tiene que hablar con él, algo que usted se ha guardado durante más de veinte años. Es necesario que lo cierre, y sólo su padre la puede ayudar.
Kagome negó con la cabeza. Ella entendía lo que él estaba queriendo decir, pero no importaba.
—Nunca habrá cierre. Usted mismo lo dijo. Mi padre no me reconoce. Él no tiene ningún recuerdo de lo que pasó.
—Eso no es del todo cierto. Todavía tiene recuerdos, es sólo que están guardados.
—Sr. Taijiya, siento que esté perdiendo su tiempo, pero no puedo hablar con mi padre nunca más.
—Por favor, escúcheme. Puedo abrir sus recuerdos el tiempo suficiente para que pueda hablar con él como si estuviera sano otra vez. Le daré la oportunidad de decirle lo que tenga que decirle.
—Eso es imposible.
—No es así. Algunos de nosotros tenemos dones especiales. Este es el mío. Estoy feliz de poder usarlo para este propósito. Sin embargo, sólo tendrá unos pocos minutos, antes de que su mente se nuble de nuevo, así que use el tiempo sabiamente. Sólo dígaselo.
Kagome tragó saliva. La cámara se alejó de Kohaku, a una silla. Reconoció a su padre al instante. Su mirada estaba en blanco, los hombros caídos. Las lágrimas se formaron en sus ojos, al verlo así. Nada podría traerlo de vuelta. Nunca podría pedirle perdón. Kohaku se puso detrás de su padre y puso sus manos a varios centímetros sobre la cabeza del anciano. Los ojos de Kohaku se cerraron. A los pocos segundos los ojos de su padre, de repente cobraron vida, y miraron fijamente a la cámara.
—Kagome—, exclamó su padre. —Cariño, es tan bueno verte.
—¿Papi?
Su voz se quebró. Él la había reconocido. Después de tantos años, finalmente la conoció de nuevo.
—¿Qué pasa cariño? ¿Por qué lloras? ¿Alguien te lastimó?— le dijo su padre, lleno de preocupación.
—No, papi, estoy feliz de verte.
—Yo también, yo también.
Él le dio una sonrisa encantadora, recordándole la manera que siempre la había mirado a ella cuando solo era una niña pequeña.
—Ha pasado largo tiempo. Tu madre y yo te echamos de menos. Estás trabajando demasiado, ¿lo sabías?
Kagome parpadeó. Él no sabía que su madre estaba muerta. No tenía ningún recuerdo de eso. Tenía mucho sentido. Su madre había muerto cuando él ya tenía la enfermedad de Alzheimer. No había necesidad de que trajera eso ahora. Ella no quería causarle ningún dolor indebido.
—Lo sé, papi. Iré a visitarte y a mamá el próximo fin de semana libre que tenga. ¿Está bien?— ella mintió, incapaz de decirle la verdad.
—Eso suena como un buen plan.
Kagome se aclaró la garganta. No sabía cómo hablarle. Había cargado por muchos años esa culpa, y ahora tenía la oportunidad de decirle a su padre acerca de esto, estaba perdida buscando las palabras. No había una buena forma para iniciar esta conversación.
—¿Todavía piensas a veces en nuestro tiempo en Francia?
—Muchas veces, cariño—. Sonrió.
—Yo también. Pienso mucho en ello.
—Eras una niña tan pequeña entonces, me sorprende que recuerdes tanto—. Su voz era suave, pero también mezclada con dolor.
—Recuerdo todo lo que pasó entonces.
Levantó la mano para detenerla.
—Hay muchas cosas que es mejor olvidar.
—Pero, ¿cómo olvidarlo?
—Sólo piensa en las cosas buenas, no te detengas en lo malo.
Ella sacudió la cabeza, con un nudo en la garganta muy grande como para poder hablar.
—¿Alguna vez te he dicho la alegría que eras para tu madre y para mí? Todavía puedo escuchar tu risa cuando te empujaba en el columpio, y exigías ir más alto y más. Fuiste una niña aventurera. Tan valiente. Siempre muy valiente—. Él le dio una gran sonrisa.
—No siempre soy así.
—En mis ojos, lo eres.
—¡Oh, papi, lo siento mucho!
Las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos.
Él frunció el ceño.
—¿Lo siento, por qué? ¿Qué pasa, cariño?
—Souta—, presionó ella—.Yo debí haber hecho algo. Yo...
Una sola lágrima rodó por su mejilla, dejando un rastro caliente en su piel.
—¿Souta?— Su voz sonaba sorprendida. —Pero, mi amor, no podías haber evitado su muerte, tampoco pudo haberlo hecho tu madre o yo. Murió por muerte súbita del lactante. Incluso si hubiéramos estado allí esa noche, no podríamos haber hecho nada. Siempre nos culpamos por dejarte a ti a cargo de él. Nunca olvidaré el horror que vimos en tu cara esa noche. Me gustaría que hubiésemos podido evitarte todo eso. Nunca deberías haberlo visto morir. Estábamos tan preocupados por ti.
—Pero, mamá estaba tan triste todo el tiempo. Creí que me culpaba.
—¿Culparte? Oh Dios, Kagome, no—. El se sentó más adelante en su silla, retorciéndose las manos. —Nos culpábamos a nosotros mismos. Si no te hubiéramos tenido a ti, tu madre y yo nunca hubiésemos podido atravesar ese tiempo oscuro. Tú fuiste la única luz que teníamos. Eras nuestro único sol, pero nos sentíamos tan culpables que tuvieras esas pesadillas, viéndolo muerto en su cuna una y otra vez. No sabíamos qué hacer, así que nunca hablamos de ello. Siempre habíamos pensado que el tiempo curaba todas las heridas, y que los niños se olvidaban. En retrospectiva, deberíamos haberte conseguido ayuda profesional, pero no sabíamos qué hacer. Siento mucho que te hubiésemos fallado. Por favor, perdónanos.
Los ojos de su padre, se llenaron de lá ojos de Kagome soltaron finalmente todas las lágrimas que habían retenido a lo largo de todos estos años.
—Ay, papi. No hay nada que perdonar. Te adoro.
—Yo también te adoro, mi amor, y también tu madre. Prométeme algo.
—Cualquier cosa—, ella estuvo de acuerdo sin dudarlo.
—Deja de vivir en el pasado y piensa en el futuro. Tu futuro.
—Te lo prometo.
—Adiós, Kagome—, dijo, y sus ojos se quedaron en blanco otra vez.
Kagome se desplomó en su silla y dio rienda suelta a su llanto. Su padre la amaba y no la culpaba por la muerte de Souta. Ella era libre, por fin libre de la culpa que había llevado durante tanto tiempo.
Unos fuertes brazos la levantaron y la llevaron hasta el sofá. Abrió sus ojos llorosos y miró al hombre que la llevaba.
—Sesshomaru!
—No llores, dulzura—, susurró, y se sentó en el sofá, manteniéndola en su regazo.
Llevaba una larga túnica y se miraba tan vibrante como siempre.
—Lo siento mucho, Sesshomaru, te puse en tanto peligro—. Sus lágrimas fluían libremente al decirle.
—Me salvaste la vida.
Él atrajo su cabeza cerca de la suya y bajó sus labios a los de ella, la besó suavemente.
—Pensé que te había perdido—, dijo ella.
Sesshomaru sacudió la cabeza y se rió entre dientes.
—Soy muy difícil de matar, aunque esta vez estuve cerca, demasiado cerca. Sin tu sangre…
Puso un dedo en los labios de él.
—Shh. Te lo debía.
Su rostro adquirió una expresión severa.
—¿Te sentiste obligada? ¿Es por eso que me salvaste?
Sus hombros se hundieron, como si toda la energía había abandonado su cuerpo.
—No podía dejarte morir. Te puse en esta situación. Si no me hubiera escapado, nunca hubieses sido herido.
—Ya veo.
¿Así que ella lo había hecho por la culpa? ¿Eso era todo lo que sentía? Sesshomaru sintió que su corazón se contraía dolorosamente. Ella lo había salvado, sólo para matarlo dejándolo de nuevo. Sintió la misma sangre de Kagome correr por sus venas, sintió su esencia misma, pero al mismo tiempo escuchaba sus palabras. Palabras que no quería oír. Ella lo había salvado, porque se lo debía.
Abruptamente la sacó de su regazo y la sentó en el sofá mientras se levantaba.
—Lamento que te sientas así. No me debes nada. Le pediré a Souten que haga los arreglos para que puedas regresar a Okinawa.
Apenas había terminado de hablar, cuando salió de la habitación y subió corriendo las escaleras. Segundos después, cerró con fuerza la puerta de su dormitorio. Kagome no lo amaba. Él la había malinterpretado completamente. Ella sólo le había dado su sangre, porque lo había puesto en peligro en primer lugar, no porque ella no pudiera vivir sin él.
¡Qué noble de su parte!
Un amargo sabor se propagó por su boca. Tenía que sacarla de su vida ahora, antes de que le arrancara el corazón y alimentara a los leones con él. Todo lo que le recordaba a ella tendría que irse. Tiró abriendo su escritorio y sacó su cuaderno de dibujo.
Los dibujos que había hecho de Kagome durante su primera noche cayeron al suelo. Sesshomaru se inclinó y acarició los dibujos con sus manos, como si la tocara en su lugar. Añoraba esos momentos de nuevo, cuando la tenía en sus brazos.
—Son hermosos—, susurró Kagome con voz suave detrás de él.
¿Cómo había sido capaz de colarse detrás de él sin que la escuchara? Le tenía que atribuir esto a su estado de recuperación.
—Me dibujaste ahí.
No era una pregunta, sólo una simple declaración.
Él se dio vuelta.
—Estabas dormida. Quería capturar tu belleza.
Parecía haber sido hace mucho tiempo atrás. —Si quieres hacer las maletas, te dejaré hacerlo.
Tomó los dibujos y se paró y se dio vuelta, pero sintió su mano sobre su brazo.
—Por favor, mírame—le rogó ella, con voz suave y apacible.
Sesshomaru cumplió y se volteó.
—Si piensas que le daría mi sangre a cualquiera y después sólo me iría, estás equivocado. ¿De verdad quieres saber por qué no dejé que te murieras? ¿Quieres?— Hizo una pausa. —Es porque, por una vez, quería hacer algo que fuese sólo para mí, y no me importaban las consecuencias. Cuando estabas acostado allí muriendo, lo único que podía pensar era en mí misma. Dime egoísta, pero no podía imaginar una vida sin ti. Es por eso que yo te di mi sangre, porque te quería. Y todavía te quiero.
La quijada de Sesshomaru cayó, sus dedos soltaron los dibujos, dispersándolos por el suelo una vez más.
—¿Me quieres? ¿Sin importar qué?
Kagome asintió.
—Te amo, y si eso significa que tendrás que convertirme en un vampiro para poder estar contigo, que así sea.
—¿Convertirte...? ¡No!— Él la tomó en sus brazos. —No. Te amo demasiado para hacerte eso.
Hundió sus labios en ella, reclamándola. Este no era el tierno beso que le había plantado en su oficina, era el beso posesivo de un vampiro reclamando a su compañera. Kagome era suya.
—Haz el vínculo de sangre conmigo—. La miró profundamente a los ojos.
—Por favor, explícamelo otra vez. La última vez no estaba de humor para escuchar.
—Esto significa que serás mía para siempre, y yo seré tuyo.
—¿Para siempre? Pero voy a envejecer y tú no lo harás.
—No, no lo harás—. Sesshomaru le sonrió. —Una vez que nos hayamos unido por sangre, tú tomarás de mi esencia. Seguirás siendo humana, pero no envejecerás mientras esté vivo. Sólo voy a beber de tu sangre, y tú sólo beberás de la mía. Serás capaz de sentirme porque mi sangre correrá por tus venas. Vamos a estar conectados. Siempre sabrás lo que siento y yo voy a saber lo que sientes.
—¿Pero todavía seré humana?
—Sí, todavía verás salir el sol. Todavía comerás, comida de verdad. Pero vas a ser mi esposa, mi compañera de por vida, y nunca te dejaré ir. No hay vuelta atrás una vez que lo hayas decidido. Vamos a formar parte el uno del otro, uno estará incompleto sin el otro, dos mitades de un todo.
Ella tenía los ojos clavados en los suyos. No hubo duda en su respuesta. Movió su pelo hacia un lado y le expuso su cuello.
—Muérdeme, entonces.
Un segundo más tarde, la habitación se llenó con sus risas. Era como una liberación para él. Con su manera peculiar, ella había aceptado.
—Dulzura, hay un poco más en este ritual que sólo una mordida. Y créeme, vas a disfrutar cada segundo de eso.
La puerta de entrada se estrelló ruidosamente. Los oídos de Sesshomaru se agudizaron. Varios hombres habían entrado en su casa. Todos ellos vampiros. Podía sentirlos claramente.
—Tenemos visitantes.
Rápidamente se puso un par de jeans y una camiseta, antes de que tomara la mano de Kagome con la suya, entrelazándola con sus dedos.
La conmoción en la sala se hizo más fuerte. Cuando Sesshomaru y Kagome llegaron al vestíbulo, ya sabían quiénes estaban reunidos: Kouga, Inuyasha, Souten, y Bankotsu, este último agarrado por dos fuertes guardias vampiros.
—Así que lo encontraron—. Sesshomaru entró en la sala, asintiendo con la cabeza a sus amigos.
Miró a Bankotsu, que tenía una mueca de desagrado en su cara.
—Tu hermana te envió un saludo antes de irse al infierno—, Sesshomaru le dijo dándole la bienvenida.
Bankotsu le gruñó a Kagome.
—¡Perra!
—Si estás hablando de tu hermana, estoy de acuerdo. De lo contrario, es mejor que mantengas tu lengua quieta, o te la voy a cortar.
—Hazlo. Ya que me vas a matar de todos modos, acabemos con esto de una vez—, dijo Bankotsu con voz fría e impaciente.
—No te voy a matar—, dijo Sesshomaru lentamente, viendo como Bankotsu exhalaba bruscamente, haciéndole experimentar un breve momento de alivio. —Voy a hacer que Akago lo haga. Estaría enfadado conmigo si yo lo privo de ello.
Se veía la cara de Bankotsu aturdida. Por un instante, obviamente, había pensado que podía escapar ileso.
—Todo fue culpa de mi hermana. Ella estaba tras de esto. Me obligó a hacerlo—, se quejó Bankotsu. —Ya la has matado. Así que ya tuviste tu venganza.
La puerta principal se abrió y se cerró de nuevo.
—Me aseguraré de que tengas todo tu dinero de regreso. Tengo acceso a las cuentas en las Islas Caimán. Lo transferiré todo de regreso.
—Eso no va a ser necesario—, dijo la voz de Akago desde el pasillo, quien quedó a la vista, un instante después. —He revertido todas las transacciones. Sesshomaru, el dinero está a salvo en tu cuenta.
—Gracias, Akago.
—¿Cómo?— Sonó Bankotsu confundido.
Akago se acercó, parándose a centímetros de él.
—Es posible que me hayas engañado acerca de tus sentimientos por mí, pero cuando se trata de informática, no te puedes comparar conmigo. Yo revertí cada una de tus transacciones.
—Akago—, Sesshomaru se dirigió a él.
Por primera vez, Akago lo miró directamente a los ojos.
—¿Sí, Sesshomaru?
—¿Qué quieres hacer con él?
—¿Yo?
—Sí, él te ha traicionado. Tú serás su juez. Inuyasha se hizo cargo de Kagura. Y gracias a la insistencia de Kagome de darme de beber su sangre, sobreviví al ataque de ella, así que no tengo más necesidad de venganza. Sin embargo, es posible que quieras la tuya.
Akago dio a Kagome una mirada de admiración.
—No me puedo imaginar a nadie más digno de ser compañero de Sesshomaru que tú. Él es muy afortunado.
Sesshomaru atrapó la sonrisa tímida formándose alrededor de los labios de Kagome y le apretó la mano en acuerdo.
—Sé que lo soy, y más aún desde que Kagome ha aceptado hacer el vínculo de sangre conmigo.
De repente todo el mundo estaba hablando sobre eso. La emoción en el aire era palpable.
—Ves, te lo dije.
—¿Quién lo hubiera pensado?
—¡Me debes cien dólares, Souten!
—¡Felicitaciones!
—¡Estoy muy feliz por los dos!
—¿Cuáles cien dólares?
—Teníamos una apuesta.
—¿Cuándo es el feliz acontecimiento?
—Oh, maldita sea, sólo mátenme ahora, antes de que vomite—, gritó Bankotsu e hizo callar a todo el mundo.
—Parece como si alguien no comparte nuestra alegría por tu unión, Sesshomaru—, dijo Kouga.
—Por suerte no me importa una mierda lo que Bankotsu piense.
Se contuvo y miró a Kagome.
—Lo siento, dulzura, no debí maldecir delante de ti.
Ella le dio una sonora carcajada.
—Eres gracioso, ¿lo sabías? ¿Crees realmente que una mala palabra o dos pueden sorprenderme, después de todo lo que he pasado en los últimos días? Si puedo casarme con un vampiro, creo que puedo hacer frente a unas pocas malas palabras.
—Ay, qué linda—, dijo Bankotsu con sarcasmo.
—¡Cállate, cabrón!— Kagome reaccionó.
La sala estalló en risas, todos a excepción de Bankotsu. Sesshomaru la envolvió en sus brazos y acercó su cara hacia la suya.
—Puedo ver que vamos a tener mucha diversión en nuestras vidas juntos.
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Y las cosas se han ido acomodando! Me temo que no puedo usar a Rin porque la necesito para el tercer libro! Si muchachas esto no terminara del todo aqui asi que necesito una pareja para Inu o no podre continuar con los dos libros que faltan y profundizan acerca de esta primer historia asi que a comerse las neuronas y dar nombres o no sabran como siguen Sessho y Kagome.
Saludos!
