Esta es parte de un proyectito llamado: RETO 100 TEMAS NINJA TURTLES que estoy llevando a cabo junto con la talentosa Iukarey. Abordaremos una lista de temas y las adaptamos a la vida familiar de Splinter y las tortugas, (sobre todo en su infancia) así que tal vez en algún momento la cosa se ponga algo cursi, así que si ese tipo de historias no es de su agrado, qué pena.

Estamos realizando este reto, yo los pares, ella los nones, o sea, un tema ella, otro yo, y aquí publicaré mi parte de dicho reto, el resto pueden buscarlo en su Fanfiction, también lo publicaremos en Deviantart*1 .

Las Tortugas ninja no me pertenecen, y son de propiedad intelectual de Kevin Eastman y Peter Laird

Solo escribo esto como diversión y espero, el deleite suyo…

RETO 32: Cuento de hadas

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Splinter estaba un poco malhumorado

Había tan sólo un par de semana que se había convertido en padre soltero de cuatro tortuguitas, estaba cansado, pues había trabajado muy duro convirtiendo esa parte de la estación en un sitio habitable para él y su familia. Sólo que los pequeños inquietos, curioseaban por todos lados, y le era difícil vigilarlos, pues mientras entretenía a uno, otro ya gateaba hacia el depósito de agua, otro a la cocina.

No era tan complicado si los dejaba en un corralito que reparó. Dio las gracias a la madre que se deshizo de él, pues así los niños lo podían dejar trabajar además de servirle de cuna. La colchoneta sobre la que él dormía no era muy cómoda para los niños.

Ese día en particular, estaban más que inquietos, por lo que apenas anocheció, les dio un merecido baño con agua tibia –había dado unas vueltas a su antiguo departamento y recuperó algunas cosas útiles, entre ellas una pequeña parrilla, por lo que ya disponía de agua caliente- los pequeños estaban sucios por haber jugado en el suelo.

Después de secarlos y arroparlos, esperó que se durmieran, pero no lo hacían. Aún tenían bastante energía y no parecía tener fin. Rafael y Leonardo se peleaban, despertaban a Donatello y Miguel Ángel, que lloraba a todo pulmón y entonces ya nadie iba a dormir. Splinter pasaba las noches en vela tratando de hacer que durmieran, pero, en cuanto lograba hacerlo, era bastante tarde y los pequeños lo levantaban muy temprano.

Sentía que no podía más.

En una de sus salidas rápidas a la superficie, bastante cansado y desvelado, buscaba en un depósito de basura algo que fuese de utilidad, cerca de ahí había familias con niños pequeños y seguido tiraban cosas bastante buenas, estaba muy entretenido buscando en unas bolsas cuando escuchó una voz que lo sobresaltó y se ocultó.

-Ah, creo que fue sólo un gato hurgando la basura- alguien se asomaba por una ventana y dejaba caer otra bolsa desde arriba, dándole en la cabeza y cerrando de golpe la ventana.

Splinter se molestó y se sobó la cabeza, había algo duro y pesado en la bolsa ¿Cómo era posible que hubiese gente tan irresponsable y tirara basura de esa forma? Estaba por hacer algo al respecto, si no fuese porque la bolsa se había abierto y pudo ver su contenido, dentro había una manta, bolsas de frituras y latas de jugo vacías: la tomó y examinó el contenido.

La manta se podía lavar, había una mancha de pintura que se podía quitar lavando, quedaría manchada, pero útil, y… notó que eso pesado era un libro.

-Vaya, parece que a alguien no le gusta los cuentos infantiles- dijo y notó que también estaba manchado, le dio una ojeada y efectivamente, había pintura en la cubierta y en algunas páginas, recordó que su difunta Tang Shen, le contaba cuentos a Miwa aunque él decía que eso no tenía caso, su hija era muy pequeña para comprender lo que le dijeran Tan Shen, en cambio, decía que so ayudaría a la bebé a conciliar el sueño

Tomó las cosas y se las llevó con lo que recolectó esa noche. Al llegar, sus hijos estaban despiertos, en el corralito y sin señas de querer dormirse pronto, por lo que les dio un poco de leche, unas galletas y los pequeños se acurrucaron con él en el viejo sillón, tomó el libro y lo observó, ya con mejor luz, notó que tenía muchas ilustraciones, no conocía mucho de esos cuentos, pues eran muy distintos a los que alguna vez escuchó de niño o los que Tang Shen le contaba a Miwa.

Debía probar si el método de Tang Shen funcionaba con ellos.

Se aclaró la garganta y abrió el libro.

"En un reino muy, muy lejano, había una vez…"

Los niños se le quedaron mirando, Donatello se quedó quieto, escuchando, le siguió Leonardo y después los demás. En un rato, los cuatro lo escuchaban hablar, Splinter ponía un genuino interés en la lectura, pues ese tipo de literatura era completamente desconocida para él, y leía interesado, de modo que los niños, prestaron atención aunque al parecer sólo Donatello comprendía algo de lo que le hablaba, los demás parecían más interesados en las ilustraciones.

Al terminar el cuento, Rafael, había caído en brazos de Morfeo, al igual que Leonardo y Miguel Ángel, sólo quedaba Donatello. Leyó otro cuento y finalmente, cayó. El roedor sonrió y los llevó a su corralito, los arropó y se dirigió a dormir.

No era tan mala idea, después de todo- dijo mirando la fotografía de él y su antigua familia.

A partir de ahí, hizo costumbre de leer una historia a sus pequeños, y todas las noches, antes ir a dormir, alguno de los niños tomaba el libro y se lo entregaba, mientras los demás se reunían ansiosos esperando a que Splinter comenzara a leer.

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Es todo por ahora, nos vemos en el siguiente.