Respuestas a Reviews:

CarolinaLeto: Me alegro muchísimo que te esté gustando y sí, intento que esta historia muestre a Sebastián y a Ciel en una forma sexy, más adolescente.. Gracias por el review y por leer este fic.. :DD

Charles Grey - Perrible: Lamento que este Ciel te haya hecho enojar.. XDD Es que como tú misma has dicho, la historia trata sobre alguien que no se conforma y sobre todo, que quiere empezar de cero ahora que es famoso y, eso en muchas ocasiones incluye a Sebastián, quien le conoce desde mucho antes que se volviera un "yankee".. :DD Y en verdad quieres que Sebastián se dé cuenta de lo que hace Ciel? XDD a mí me da algo de pena, jajaja. Gracias por el review.. :DD

AbSe: Así es! Ciel está haciendo de las suyas y, sobre la pobre camioneta lo único que pienso es que ya nadie la aseguraría si supiera lo que pasa en ella jajajaja.. :DD Tampoco es de mis parejas favoritas el AloisXCiel pero, me gusta intentarlo todo y me parece que Alois se acomoda bastante bien al papel que le tengo pensado en esta historia.. :DD Verdad en eso.. Sebastián se siente inferior a Ciel.. DD: Gracias por el review.. :DD

Dix Love: (1) Exactamente es eso! :DD Un fic pasional y pues, sí, Sebastián no tiene dinero porque aún no lo he mostrado mucho pero, dejó de estudiar y a su familia por ir con Ciel a Nueva York y vivir ese sueño de él de ser un jugador profesional.. :DD Muchas gracias por el elogio. Es la historia número diez de Kuro y por eso me atreví a hacer algo diferente.. :DD (2) ¿Ciel con intenciones de traidor te recordó a alguien? Duhhh.. mal.. lo siento.. DD: Y pues, sí, pero realmente Sebastián sufriría mucho si supiera que Ciel lo engaña? Y será que le reclamaría o se haría el desentendido? Quién sabe, ¿no? :DD Muchísimas gracias por el review.. :DD


.

.

.


Hola! :DD

Primero que nada debo decir.. Por favor no me maten! jajajaja.. :DD Lamento si para algunas la historia no ha sido agradable porque Ciel parezca "inconforme" con Sebastián y se quede mirando a Alois de formas impropias, etc. En verdad, mi intención es hacer una historia completamente diferente, una donde los personajes comiencen estando juntos y pues, veamos si en verdad "el amor todo lo puede" a lo largo de los acontecimientos que vivirán..

Agradezco sus reviews, sean buenos o malos.. XDD

Saludos a todos! Se les quiere mucho.. :DD y espero disfruten de mi historia número diez de Kuroshitsuji. Casi dos años escribiendo para ustedes.. :DD


.

.

.


Se despertó y estiró lentamente en la cama. Giró en su costado y ahí estaba él. Su sensual Sebastián Michaelis, dormido aún. ¡Cuántas cosas le provocaba verlo así! Podía viajar entre diversas sensaciones. Desde el deseo de cubrir su hombro desnudo con una manta hasta deslizar una mano por debajo de las sábanas y proporcionarle una caricia a su miembro desnudo. Desnudo tal como el resto de su cuerpo. Sebastián dormía sin ni una sola prenda encima y eso era definitivamente excitante. Aparte, la paz que le traía el verlo durmiendo a su lado. El moreno era una gran compañía aparte de una excelente pareja.

Ciel nunca había tenido un solo problema con él del tipo que veía a todos a su alrededor tener. Sebastián no peleaba con él, no le exigía y sobre todo era fiel hasta el tuétano. El ojiazul no imaginaba la vida sin él. Claro, que también tenía defectos y, el que a Ciel le parecía peor, era el hecho que jamás quisiera hacer nada en la vida. Sebastián podía pasar días completos sentado frente a un televisor, mirando soccer. Y el ojiazul sabía que la temporada de soccer se acercaba y que eso significaba que el moreno seguiría sin buscar un empleo. Porque él juraba buscarlo pero, jamás lo encontraba.

No obstante, eso no le preocupaba demasiado al ojiazul. Él tenía suficiente dinero para mantener el apartamento para ambos sin mayor problema. ¿Qué tanto podría gastar Sebastián? No creía que demasiado.

Y así, se quedó con la mirada perdida en el techo de su habitación, preguntándose mil y una cosas extrañas.

-Buenos días, ¿amaneció bien el techo? – Preguntó Sebastián repentinamente, besando detrás de la oreja del ojiazul, riendo ligeramente.

-Buenos días. – Respondió Ciel, riendo. Se giró para ver al moreno de frente. – El techo amaneció bien. – Besó rápidamente los labios de su amado. - ¿Y tú?

Sebastián bostezó y estiró los brazos. – Creo que amanecí bastante bien aunque con muchas ganas de cocinarte unos hot cakes para desayunar. – Se apoyó en su codo y miró a Ciel, dejando que sus mechones alborotados cayeran en su rostro.

-Me gusta la idea. – Dijo Ciel, acariciando el rostro del moreno.

-Les haré un corazón con jalea de frutilla. – Añadió, riendo.

-¡Qué cursi eres! – Exclamó Ciel, riendo con fuerza.

-Eso sería si escribiera "Te amo" en cada uno. – Rió, dándole un último beso antes de levantarse.

El menor lo vio, comiéndose con la mirada cada parte de esa exquisita anatomía. Sebastián sabía que lo miraba pero, se hacía el desentendido. Le gustaba que Ciel lo deseara. Fingió buscar una toalla a su alrededor, mientras desnudo, modelando un poco para el ojiazul. Luego, simplemente tomó una toalla y se metió al baño como quien nada ha hecho.

-Estúpido y sensual Sebastián. – Musitó Ciel, sentándose en la cama mientras le veía meterse al cuarto de baño, solo para luego dejarse caer acostado una vez más.

Entonces recordó que hacía tres semanas que conoció a ese chico rubio en el restaurante "Hamburguesas de Cinco". Sin embargo, Alois o como fuera que se llamaba el chico, nunca le había llamado. Era extraño pero, Ciel imaginó que seguro tenía cosas que hacer o simplemente no estaba interesado en algo más allá de un saludo y un autógrafo.

Sebastián salió del baño en ese momento, secándose el cabello con la toalla y con el cuerpo al descubierto. Gotas de agua resbalaban por su cuerpo desnudo, haciendo que su piel se viese brillante. Ciel tragó en seco. El moreno le dejaba sin aliento cada vez que veía lo bien que se estaba poniendo, sobre todo ahora con esos ejercicios.

El mayor se puso ropa interior y luego se vistió con unos jeans y una camiseta. Un poco de desodorante en aerosol y un toque de colonia. Se peinó los cabellos pero sin moverlos de su acostumbrada pose despeinada. – Bien, me voy a cocinar. – Dijo al ojiazul. – Te estaré esperando.

-Ahora mismo voy. – Respondió éste pero, sin moverse de la cama. Sabía que tenía tiempo suficiente para estirarse un poco más antes de tener que apresurarse en el baño para ir a comer.

Sebastián fue a la cocina y comenzó a buscar ingredientes para preparar el desayuno. Abrió la refrigeradora y sonrió. - ¿Cervezas? ¿Cuándo se acabó la leche? – Se preguntó.

Miró un poco más atrás y una botella solitaria de leche asomó. Sebastián respiró aliviado. – Al menos queda una. – La sacó y buscó un par de huevos también. Luego abrió los gabinetes y buscó un poco de harina y azúcar. No necesitaba más. De inmediato se puso a trabajar.

Ciel apareció unos veinte minutos después. Se había bañado y vestía una de sus camisas de béisbol. El moreno no lo escuchó entrar a la cocina pero, sus brazos rodeándole la cintura le hicieron saber de su presencia. Se recostó ligeramente en él y aspiró el aromo de piel recién lavada. – Hueles delicioso. – Musitó el moreno, besándolo suavemente.

El ojiazul correspondió el beso, cerrando los ojos. De repente recordó el hot cake que Sebastián tenía en el sartén e interrumpió el beso, abriendo los ojos de golpe. El moreno sonrió y sin voltear a ver el sartén, tomó la espátula y dio vuelta al hot cake. - ¿Sorprendido? – Preguntó.

-Hay que aceptar que tienes talento en eso de hacer cosas sin ver. – Respondió Ciel, sonriendo.

-Toma asiento. – Dijo el moreno, señalando el desayunador que estaba en medio de la cocina. – Los hot cakes están listos.

Ciel obedeció y se sentó. Sebastián le sirvió un plato con tres hot cakes esponjosos, apilados y generosamente bañados con miel de maple. El ojiazul cortó un trozo y gimió ante el delicioso sabor. – Mmm… Están geniales.

El moreno sirvió un plato igual para él, también un par de tazas de café. – Me alegro que te gusten.

-¡Me encantan! – Exclamó Ciel. – Deberías buscar un trabajo como cocinero.

Eso definitivamente cambió la expresión de Sebastián. Trabajo. – Sabes que ya lo intenté pero, no conseguí ninguno.

-Hmmm… - Murmuró Ciel por lo bajo, haciendo un mueca de disgusto. Sin embargo, la charla se detuvo en ese instante porque alguien tocaba el timbre. Sebastián iba a levantarse pero, el ojiazul no le dejó. – Deja. Yo voy. – Dijo, levantándose de la silla y caminando hasta la puerta.

Abrió y un Tanaka con una sonrisa enorme apareció frente a él.

-Buenos días, entrenador… - Saludó, algo confundido por la repentina visita del hombre. – Pa-pase adelante. – Le invitó, algo inseguro. ¿Acaso olvidó algún entrenamiento? No lo creía. La sonrisa del hombre era demasiado amplia.

-Buenos días, Phantomhive. – Le respondió, entrando en el apartamento. – Hoy no vengo a regañarle ni a darle malas noticias.

Sebastián llegó en ese momento. - ¿Entonces viene a darle una buena noticia?

-Así es, Sebastián. – El viejo arrugó el rostro en ese momento. ¿Por qué el moreno y el ojiazul tenían ambos el cabello mojado? ¿Sería acaso que…? ¡No! ¡No era posible! Y mejor desechó el pensamiento, retomando lo que le llevaba a visitar a su jugador estrella. – Phantomhive, te han prorrogado el contrato con los Yankees por un año más.

El rostro de Ciel se iluminó por completo, mientras apretaba los puños de emoción. - ¡Sí! – Exclamó.

Sebastián sonrió al escuchar la noticia. Habría abrazado a Ciel pero, sabía que no sería bien visto. - ¡Felicitaciones, mi amigo! – Dijo, chocando palmas con el ojiazul.

-Gracias, Sebastián. Sabes que no lo lograría sin ti. – Musitó, mirándolo a los ojos por un instante. El moreno se sintió enamorado.

-En verdad no lo lograría sin ti que sabes cuándo decirle que se comporte. – Añadió el entrenador, arqueando una ceja.

-Yo solo soy su entrenador de rodeo. – Dijo maliciosamente, aunque Tanaka no lo tomó así.

-Imagino que así le llaman ustedes a las dietas, ejercicios y esas cosas.

Ciel se sonrojó ligeramente. – Sí, entrenador. – Respondió. – Le decimos "de rodeo" porque es un constante problema el mantener todo en equilibrio.

-Exacto. – Afirmó Sebastián.

Tanaka sonrió ante las ocurrencias de los jóvenes. Cosa rara en él. Luego, entregó a Ciel los papeles del contrato y, éste procedió a llevarlos a la mesa del comedor y se sentó a leerlos con toda la atención. Sebastián le dejó. Era mejor no entrometerse en los términos que el ojiazul aceptaba. Después de todo, él sabía lo que aceptaba para continuar ganando sus millones.

De repente, extendió una mano a Sebastián. – Tráeme una pluma. – Ordenó secamente y, el moreno se apresuró a cumplir con su deseo y colocar el bolígrafo en su mano. –Aquí tienes.

Ciel releyó un párrafo o dos y, sin dudarlo más, firmó al pie de cada página.

-Listo. – Se puso de pie y se lo entregó al entrenador.

Tanaka revisó las firmas y sonrió. – Felicitaciones. – Le entregó una sonrisa de satisfacción. – Una copia para mí y una para usted. – Entregó un juego de copias al ojiazul. Los términos del contrato no solo beneficiarían a Ciel sino a él mismo con su respectivo diez por ciento de ganancia sobre todo lo que devengaba el menor. –Bien. Me marcho. Debo llevar sus contratos a los demás chicos.

-¿También fueron prorrogados? – Preguntó el ojiazul.

-Así es. Esta noche tienen motivos para celebrar… - Sonrió. – Ah pero los quiero como si nada dentro de tres días para que empecemos a entrenar otra vez. – Espetó el entrenador. – Vamos a enfrentarnos a los locales, los Mets.

Ciel jadeó con cansancio. – No se preocupe, entrenador. Les daremos con todo. – Afirmó el menor, golpeando su puño contra su otra palma en señal de la lucha que harían. -¡Los aplastaremos!

-Así me gusta, Phantomhive. Así me gusta. – Y dicho esto, el entrenador se marchó, dejando a Ciel y a Sebastián nuevamente solos.

El moreno le rodeó con sus brazos por la espalda. – Estoy tan orgulloso de ti.

-Te dije que lo lograría… - Sonrió. – Quiero decir, sabía que lo lograríamos.

Sebastián lo hizo voltearse, le agarró el trasero y, cuando Ciel gimió, aprovechó para besarle, entrometiendo su lengua en la boca del menor. – Te mereces un premio.

Ciel correspondió el beso, deslizando sus manos por el cuerpo del moreno, metiéndolas debajo de su camiseta y acariciando ese abdomen musculoso que tanto le estaba gustando últimamente. – Quiero emborracharme contigo… ¡con todos!

El moreno sonrió, apartándose ligeramente para verlo a los ojos. - ¿Hacemos una fiesta? – El ojiazul asintió, mordiéndose el labio inferior, sacando su billetera del bolsillo trasero de sus pantalones y entregándosela al mayor. – Ve y compra lo que quieras.

-De acuerdo. – Respondió Sebastián, quien en momentos como ése, lamentaba no tener ni un quinto para poder comprarle algo a Ciel. Sin embargo, al echar un vistazo a la billetera, no pudo pensar en otra cosa más que el fajo de billetes de cien dólares que había dentro. - ¿Debo traer algo en especial?

-Nah. Compra todo lo que quieras. – Ciel sonrió maliciosamente. – Hoy, Sebastián Michaelis, eres el amante de alguien con muchas ganas de consentirte y de comprarte lo que quieras. Eso sí, trae bebidas para cincuenta. Y comida…

Sebastián rió ante eso. – De acuerdo, ahora soy el amante. – Puso los ojos en blanco, a modo de burla. - ¿Cincuenta? Somos diez a lo mucho.

-No te olvides de los colados. – Bromeó.

-Sí, y de los amigos de los colados. – Añadió en tono sarcástico. - ¿Seguro no quieres venir conmigo a comprar todo?

-No. – Respondió el ojiazul con pereza. – Voy a llamar a todos para que vengan y, después me lanzaré a la cama.

-Como digas. – Sebastián guardó la billetera y se apresuró a alistarse para salir. – No olvides terminar tu desayuno. – Le dijo, guiñándole un ojo mientras se aproximaba a la puerta. Solo había tomado una chaqueta y ahora se marchaba. Ciel sabía que cuando se trataba de gastar dinero a Sebastián no había que decírselo dos veces. Sin embargo, no le decía nada porque luego, el moreno tendría que aparentar toda la noche que no eran nada más que amigos y, él sabía lo mucho que eso le podía costar cuando se trataba de fiestas y parejas.

-Descuida. – Dijo, despidiéndolo con un gesto con la mano. Quizás era culpa de todas esas cosas que había estado pensando lo que predispuso contra Sebastián en ese momento. Tal vez el triunfo del momento también se le estaba subiendo demasiado rápido a la cabeza.

Una vez Sebastián se hubo marchado, Ciel se dirigió a la cocina. Se sentó en el desayunador y comió un bocado más de los hot cakes. Sacó su teléfono celular de su otro bolsillo y comenzó a buscar los teléfonos de quienes invitaría. Eran muchos. Quería que todos supieran que él, Ciel Phantomhive, había logrado lo que muy rara vez se conseguía a su edad.

Sin embargo, sus sueños de éxito fueron interrumpidos por el timbre del teléfono. Miró el aparato para ver si se trataba de alguien que conociera pero, el número le era completamente ajeno. Curioso, contestó la llamada. – Aló.

-Hola. – Musitó una voz que no le era familiar. ¿Era un chico? - ¿Cómo estás, Ciel?

-Eh. Hola. – Respondió confundido. – Yo bien. ¿Quién me habla?

-No creo que te recuerdes de mí ya. – Dijo el joven, sonaba algo nervioso. – Soy… Soy Alois.

Ciel tragó en seco. Era el rubio del restaurante. – Yo… no… yo, claro que te recuerdo. – Articuló finalmente.

-Sí, bueno… Me diste tu número con el autógrafo y, simplemente quería llamarte para decir hola. – Dijo Alois.

El ojiazul sonrió. Alois sonaba muy distinto de Sebastián. Era una de esas personas fáciles de manejar en cualquier situación. – Agradezco que me llamaras. Mmm… ¿Te gustaría venir a mi apartamento para una fiesta?

El rubio se encogió de felicidad al otro lado del teléfono. - ¿En serio? ¿Quieres que yo vaya a una fiesta con-contigo?

-Así es. – Coqueteó Ciel. – Estoy celebrando que estaré con los Yankees el próximo año también.

-¿En verdad? – Preguntó Alois emocionado.

-Sí. Así que si quieres, puedo darte mi dirección para que vengas. – El ojiazul dictó su dirección al rubio y luego, ambos se despidieron y cortó la comunicación.

Entonces miró de nuevo su desayuno. Los hot cakes aún lucían deliciosos pero, ya no tanto. Bajó la vista y contempló su abdomen. Aún a través de la camisa se podía ver lo bien marcado que estaba. – Lo siento, Sebastián. – Tomó el plato y se acercó al fregadero. Encendió el triturador de alimentos y echó los hot cakes en él. – No puedo darme el lujo de engordar por comer esto.

Dejo todo limpio y fue a su habitación. Tenía invitados que llamar.


.

.

.


Los chicos del equipo comenzaron a llegar entre las siete y media y las ocho. El lugar estaba completamente a oscuras, solo alumbrado por unas linternas neón que Sebastián había comprado. Parecían enormes huevos de luz, multifuncionales a forma de alumbrar el recibidor y la sala con el estilo que una fiesta digna de ser dada por Ciel necesitaba.

El ojiazul quedó sorprendido cuando asomó de su habitación, con unos pantalones de cuero que le quedaban ligeramente ajustados y una camisa blanca de la que había abotonado únicamente los últimos tres botones.

-¿Listo? – Preguntó el moreno, tomándole por las caderas, parado justo detrás suyo. Ciel se giró y la visión frente a él le obligó a morderse el labio inferior. Sebastián vestía una camisa blanca, ajustada al cuerpo perfectamente, mostrando parte de su pecho y un chaleco de cuero negro que marcaba aún más sus pectorales, espalda y abdomen. Lo llevaba combinado con un jeans negro y, una cadena de plata delgada en su cuello.

Ciel asintió a la pregunta al tiempo que se giraba, solo para ver si alguien les observaba. Al ver que no había nadie, empujó al moreno ligeramente, alejándolo de las luces y le dio un beso. – Luces irresistible. – Musitó contra los labios de Sebastián.

El moreno acarició la nuca del ojiazul mientras devolvía el beso. – Creo que lo que escogí para ti, te queda perfecto. – Dijo, empujando a Ciel contra una pared. – Podría comer cada centímetro de ti ahora mismo.

El menor se sonrojó cuando Sebastián besó su cuello. Después de eso, le empujó suavemente, mientras gemía. – Ya. Debemos salir a ver a los invitados. – Jadeó.

El mayor se alejó, limpiando las comisuras de sus labios. – Lo sé. – Sonrió. – Pero me lo debes para después.

Ciel asintió, luego se recostó en la pared. Sebastián siempre sabía como dejarle jadeando, deseando que hiciera de las suyas con él. – Sal tú primero.

El moreno se marchó, dejando al menor ver su trasero, ligeramente entallado por el los pantalones. Probablemente ninguno lo notaría pero, Ciel no fallaba en ver cada curva de Sebastián aún cuando estuviera vestido.

La música estaba a todo volumen pero, aún así, pudo escuchar cuando Joker saludó al moreno. "¿Qué tal estás, Sebastián?" Entonces, se decidió a salir. Sus amigos y el moreno se encontraban cerca de la mesa del comedor, ligeramente alejados de las chicas desconocidas que habían llegado a la fiesta y los demás chicos del equipo, quienes bailaban por toda la sala.

"¿Dónde anda Ciel?" Preguntaba Finnian en ese momento.

-Creo que está arreglándose. – Respondió Sebastián en el momento en que él llegaba. Sostenía una torre de vasos de plástico transparente en sus manos.

-Nada de eso. Ya estoy aquí. – Dijo el ojiazul, soriendo maliciosamente. - ¿Con qué comenzaremos?

-Propongo unos Screwdriver de vodka y jugo de naranja. – Sebastián entregó un vaso a cada uno, señalando la gran variedad de licores que tenía en la mesa. Los chicos se saborearon. Había vodka, whiskey, gin, tequila, unas botellas de vino y cervezas hasta para tirar. También había nachos, un tazón enorme lleno de queso derretido, salchichas y pizza.

-¡Ah suena jodidamente bien! – Exclamó Bard. – Sírvenos, Seb.

El moreno cogió la botella de vodka de la mesa y comezó a servirles a los chicos, luego tomó la botella del jugo de naranja y hielo.

-¡Salud porque Ciel siga siendo un Yankee! – Gritó Snake.

-¡Y porque lo nombren capitán del equipo! – Agregó Joker.

-¡Sí, por favor! – Dijo Finnian. – Ya estoy cansado del idiota de William T.

Ciel rió. - ¡Les juro que haré todo para ser su capitán!

-¡Salud por eso! – Sebastián levantó su vaso y los demás le imitaron, haciéndolos chocar. Los bebieron casi por completo de un solo trago. Entonces la música les pareció que sonaba mucho mejor. Más rítmica. Claro, que solo eran los efectos del alcohol que comenzaba a hacerles disfrutar mucho más de la fiesta.

-Haz otro par mí, Sebastián. – Pidió Ciel, mordiéndole la mejilla mientras sus amigos se distraían mirando a las voluptuosas chicas que otro del equipo traía. Cinco chicas que parecían dispuestas a todo, con vestidos entallados y que casi podían confundirse con una blusa por el largo.

-Muérdeme otra vez y te lo hago doble. – Le retó el moreno.

El ojiazul sonrió maliciosamente y le volvió a morder la mejilla pero, esta vez, su lengua se deslizó suavemente por su mejilla. El sabor de la piel del moreno era exquisita y, se le estaba antojando continuar esos juegos pero, se detuvo a sí mismo.

Sebastián tomó su vaso y le dejó caer ¿dos onzas? Quizás hasta un poco más de vodka y luego agregó los demás ingredientes. - ¿A qué no eres capaz de beberlo de un trago? – Le retó al ojiazul al entregárselo.

-¿Qué? – Dijo Snake, volteándose para ver qué tanto hacían Sebastián y Ciel.

-Le propongo a Ciel que se tome todo el vaso de un trago. – Respondió el moreno.

-¡Joder Ciel! – Exclamó Joker. - ¡Bébelo!

-¡Bébelo! ¡Bébelo! – Le animaban Finnian y Bard.

-¡Te voy a joder por esto, Sebastián! – Sentenció el menor, riendo, mientras tomaba el vaso. Se preparó mentalmente por un segundo y después, empinó el vaso y bebió todo de un solo trago. El calor del alcohol en su garganta le provocaba cosquillas pero, se sentía endemoniadamente bien la forma en que sus sentidos se alteraban mientras lo hacía. - ¡Ah! – Jadeó.

Todos se echaron a reír al ver que lo había hecho. - ¡Ahora nosotros! – Exclamaron los demás, sirviéndose todos para repetir la hazaña del ojiazul.

Entonces, se acercaron las chicas que estaban bailando a donde se encontraban ellos. Una de ellas, era morena y llevaba un vestido rojo. - ¡Ay, chicos! ¿Por qué tan solos? – Preguntó, pavonéandose.

-¿No quieres bailar? – Le propuso una rubia con vestido negro a Joker, paseándose frente a él, dejándole ver la profundidad de su escote.

-Claro, preciosa. – Respondió el pelirrojo. - ¿Llevamos unas bebidas? – La chica asintió y ambos tomaron un par de cervezas para luego dirigirse al centro de sala.

-¿Y tú? – Preguntó otra de ellas a Sebastián. Tenía el cabello rojizo y le caía hasta la cintura, tenía un cuerpo que parecía de concurso de belleza. – No pareces un jugador de béisbol pero, estás muy sexy. – Le murmuró al oído, coqueteándole.

Sebastián le dirigió un mirada a Ciel, como si fuese una pregunta sobre lo que podía y no podía hacer. El ojiazul le hizo un gesto, indicándole que continuara. Después de todo, esa era parte de la actuación que manejaban ambos en público. El moreno asintió y enredó un brazo en la cintura de la chica. – ¿Quieres que bailemos?

La chica se retorció de la emoción, mordiendo sus labios. – Sería un placer. – Sonrió.

"Y solo ten mi número telefónico para cuando te sientas sola, y me llamas a mí, recuerda que yo estaré para ti a todas horas…" Decía la canción que sonaba en ese momento. Sebastián se dejó jalar por la chica hasta la pista, bailando sensualmente con ella, quien se dio la vuelta para bailar de espaldas. El moreno dirigió sus manos a las caderas de la joven, presumiendo de su sensual cuerpo contra el de ella.

Ciel jadeó de envidia. Le encantaba cuando Sebastián hacía eso con él. Miró a Bard y a Finnian después, estaban bailando con dos rubias esculturales. Una de ellas le estaba dando a Finnian un trozo de hielo boca a boca. Desvió la mirada, si seguía mirando eso querría hacerlo con Sebastián.

Dos chicas se le acercaron entonces. Estaban bronceadas y sus cabellos teñidos de rubio. – Papi, ¿no bailas con nosotras? – Le preguntaron, contoneándose para él. A Ciel no le gustaban las mujeres, mucho menos la forma en que le habían llamado pero, ¿por qué no disfrutar de ellas un rato? Después de todo era algo que no había probado.

-Si se toman una cerveza conmigo, claro que sí. – Respondió, tomando tres botellas de cerveza de la mesa.

-Seguro, papi. – Dijeron tomando las cervezas de su mano y llevándoselo con ellas a bailar.

"Yeah, yeah, yeah… ¡Qué no pare la fiesta! Don't stop the party… Yeah, yeah, yeah… ¡Qué no pare la fiesta! Don't stop the party…" Revibraba en las bocinas mientras todos bailaban.

Las chicas que se encontraban con Ciel le apresaban entre ambas, obligándolo a moverse al gusto de ellas. El ojiazul jadeaba a momentos, los pechos de ambas le aprisionaban de una forma en que nunca había sentido. Aunque cuando sentía sus partes femeninas conta sus piernas o su trasero, extrañaba ese bulto con el que rozaba cada vez que bailaba con Sebastián. Una de las chicas destapó una cerveza y se la daba a beber a Ciel en la boca, mitigando el calor que se desató en su cuerpo debido al baile.

-¿Quieres probar algo rico? – Le preguntó la chica que bailaba con Sebastián al moreno.

-¿Cómo qué? – Respondió Sebastián sensualmente, sin dejar de moverse. Algo aburrido porque no era como cuando bailó con Ciel en ese club latino.

-Esto. – La pelirroja sacó una pastilla de su sostén y la aprisionó entre sus dientes. - ¿La compartimos?

-Claro. – Dijo el moreno, acercándose para morder la mitad. Sus labios apenas se rozaron pero, la chica gimió de placer. - ¿Qué es? – Preguntó mientras la comía, tenía un gusto extraño y sentía que le dormía ligeramente la lengua.

-Es… - La pelirroja se reía, girando incansablemente mientras bailaba. – éxtasis…

Sebastián se sintió flotar. Sentía como si las palabras se las dijeran a alguien más. Era tan extraña pero, tan deliciosa la sensación que él también comenzó a reír. – Tó- tómemos algo… - Decía entre risas.

-Mejor te tomo a ti. – Dijo la chica, saltando a los brazos del moreno, quien simplemente la cargó y comenzó a dar vueltas con ella. Todavía quedaba algo de su cordura y, le estaba diciendo que no pasara los límites.

-Ven. – La bajó al suelo y la jaló de la mano. – Tomemos unos tequilas. – Corrieron a la mesa y, él destapó la botella y sirvió dos shots para ambos. – ¡De un solo! ¡De un solo! – Decía Sebastián mientras le daba el vasito. La chica se rió y ambos lo bebieron a la vez.

Ciel buscó con la vista al moreno pero, no lo encontró, estaba comenzando a marearse verdaderamente. Alejó a las chicas, aún manteniendo algo de sus modales, lo poco que quedaba de ellos con tanto alcohol. – Chicas, debo irme.

-¡Ah! – Se lamentaron ellas pero, le dejaron marchar. - ¡Vuelve después papi! – Le gritó una de ellas y, el ojiazul vio que continuaron bailando entre ellas.

A él la fiesta se le estaba subiendo, necesitaba alejarse de ahí por un rato. Una nueva canción comenzó a sonar y, él buscó a Sebastián por toda la sala pero, no lo veía. De repente, chocó contra algo… o mejor dicho, contra alguien. Se giró perezosamente, con una sonrisa ebria en su rostro. - ¿Quién está ahí?

-Veo que estamos disfrutando la fiesta. – Dijo el chico rubio parado frente a él. Sí, justamente ese que provocaba que su cuerpo detuviera cualquier acción que estuviese ejecutando.

Ciel sonrió. – Bienvenido, Alois. – Le saludó. - ¿Te tomas un vodka conmigo? – Miró al rubio de pies a cabeza. Tenía algo que no podía explicar.

-Seguro. – Respondió el rubio.

-Espera. – Musitó, agarrándose de la pared y con voz ebria. – Voy a traerlo, ¿sí? Así nos lo llevamos a un lugar más silencioso.

-¿Puedes hacerlo? – Preguntó el rubio, cogiéndole del brazo, riendo de ver el estado en que se hallaba Ciel.

-Puedo. – Respondió él. - ¿Crees que no puedo valerme por mí mismo? – Le alejó con un movimiento flojo y anduvo hasta la mesa. Su vista estaba ligeramente nublada y todo giraba cadenciosamente a su alrededor, o por lo menos eso sentía él.

Llegó al comedor y tomo una botella sin ver de qué era en realidad. También cogió dos vasos y, entonces, vio las dos figuras que estaban sentadas al otro lado de la mesa. ¿Era Sebastián? ¿Sebastián riendo mientras conversaba con una chica? No vio que el moreno lo notara y se volvió a alejar. Ya después hablarían, además el mayor no estaba haciendo nada malo. También estaba Alois y ese deseo suyo por hablar con el rubio a solas. Las luces parpadeantes le ayudaron, cabe mencionar, a que Sebastián no lo notara.

Y regresó con Alois. Felizmente había logrado recordar en dónde le había dejado parado. El rubio tomó la botella y los vasos, sonriendo. Ciel se apoyó en el hombro de éste, murmurando en su oído. – Ven conmigo, vamos a mi habitación.

El rubio se mordió el labio inferior y le siguió como un cachorro mientras le ayudaba. – De acuerdo.

Entraron en la habitación de Ciel y, éste se dejó caer en el suelo, apoyando la espalda en el borde de la cama. - ¿Te gusta mi fiesta? – Preguntó al rubio, quien se sentó delante suyo colocando los vasos frente a él. Ciel se apresuró a servir un poco de licor en ambos. Luego, entregó uno al chico.

-¿Qué dices? ¡Me ha encantado! – Respondió Alois, echando hacia atrás un mechón de sus cabellos dorados. – Gracias por invitarme. – Miró al otro a los ojos, aún sonriendo pero, de una forma coqueta.

-Por nada. – Dijo Ciel, devolviendo la sonrisa. – Mmm… me gusta invitar gente nueva.

-¿Gente que conoces en un… restaurante de hamburguesas? – Inquirió el rubio, bebiendo un trago del licor.

-Gente que me llama la atención. – Musitó.

-¿En qué forma te llamo la atención?

Ciel recostó la cabeza en la orilla de la cama. – En muchas. – Dijo, mirando hacia la nada. – Creo que no eres del tipo que uno encuentra en un restaurante trabajando como mesero.

Alois rió. – Es porque no soy un mesero. Es solo un castigo de mi padre. – Se deslizó lentamente, hasta sentarse al lado de Ciel, en la misma posición que éste. – Él cree que yo soy inmaduro y quiere que entienda el valor del dinero. Por eso me pone a trabajar en el restaurante del que él es dueño.

-¿Te paga? – Preguntó Ciel, sin mirarle.

-Sí y, bastante bien.

-Ahora entiendo porqué podías conseguir que la "casa" me invitara. – Rió.

-Así es. Cuando quieras, la casa invita. – Sonrió, girando su rostro para ver al ojiazul. Le gustaba la forma en que le miraba, parecía que quería comérselo. – Aunque hay otro motivo por el que me castigó mi padre.

-¿Cuál? – Dijo el ojiazul, girando su rostro también. Solo unos escasos centímetros le separaban de Alois.

-Porque mi padre me sorprendió besando a otro chico. – Atacó. Si sus suposiciones eran correctas, con eso lograría saber la verdad sobre las intenciones del ojiazul.

-¿Un hombre? ¿Era tu novio?

-Lo era. No me gustan las mujeres. Solo los hombres me hacen vibrar.

-¿Y qué pasaría si vuelves a besarte con un chico? – Ciel bebió lo que quedaba en su vaso y lo dejó en el suelo. Esa noche tenía que probar los labios del rubio. Estaba decidido. Los labios le hormigueaban del deseo de probar unos ajenos.

-Nada. No tendría por qué saberlo. – Alois, dejó el vaso en el suelo y enfrentó la mirada del ojiazul una vez más, mordiendo su labio seductoramente.

Ciel se acercó y besó esos labios suaves, rosas y nuevos para los suyos. Tan distintos de los de Sebastián, tan inexplorados. Suspiró al sentir que Alois le correspondía el beso. El ojiazul deslizó su lengua por esos labios dulces y amargos a la vez. ¿Sería que aquél era el extraño sabor de la traición? Pero era solo un beso, ¿o no? No significaba nada.


.

.

.


Sebastián comenzó a sentirse un poco más cuerdo en ese momento. Se puso de pie y dijo a su acompañante que debía ir a ver a Ciel. Poco le importó lo que ésta pensara. Simplemente le alejó cuando la pelirroja intentó detenerle. – Te dije que ya regreso. – Espetó algo molesto. No encontraba mayor gusto en ser tocado por una mujer.

Comenzó a caminar entre los fiesteros, agarrándose la cabeza. – Uhh… Se siente como la mierda esto. – Protestó en voz baja, encaminándose a su habitación. – Voy a buscar una pastilla para el dolor de cabeza y, luego busco a Ciel.

Entonces se asomó a la habitación que compartía con el ojiazul. Su vista estaba borrosa pero, ¿era Ciel? ¿Ciel besándose con otro chico? - ¿Es el chico… de… las hamburguesas? – Murmuró para sí pero, en ese instante, su cabeza se embotó por completo, provocando que viera todo negro y se desplomara en el suelo.

Al escuchar el golpe, Ciel se detuvo de inmediato. Alejó al rubio y buscó el origen del ruido. Entonces vio a Sebastián en el suelo. Fue como si le lanzaran un balde de agua fría que le quitó la borrachera de golpe. -¡Sebastián! – Gritó, levantádose del suelo y corriendo hasta el moreno. Mentalmente se maldecía y preguntaba qué tanto había visto su novio.

Alois se levantó y fue con el ojiazul, mirando al moreno con disgusto. Bufó por lo bajo. Gracias a él, su momento con Ciel se había terminado.