Respuestas a Reviews:

AbSe: Ciel… sí es un completo idiota jajaja, ni cómo ayudarle.. XDD Y bueno, Sebastián tiene cuernos como para vender.. XDD Un caso éstos dos.. El padre de Alois no se enteró pero, quizás en algún momento lo haga, jajaja y le dé entonces su merecido al rubio.. DD: Y creo que tú me espías porque algo así es lo que viene a continuación.. XDD Aquí en este nuevo capítulo podremos ver lo que le pasa a Sebastián con su nuevo trabajo y también con su nuevo hogar.. Cuídate también.. :* y me alegró muchísimo que te haya gustado, gracias por el review.. :DD

Sakura Lawliet Kou: Lo sé! XDD Ciel es el malo de la historia y pues, Sebastián no le quedó otra que resignarse.. DD: Espero que te guste este nuevo capítulo.. prometo que Sebastián tendrá más felicidad aquí.. xDD Gracias por el review.. :DD

PerlhaHale: Probablemente Claude nunca será una buena persona en ninguna historia pero, jajaja sí! Es un stripper y uno muy popular.. XDD Ahora Sebastián también lo será.. ya verás.. XDD Respecto a lo otro, Ciel es del tipo de persona que piensa justo lo contrario de sí mismo de lo que en realidad es, si tu ves, en algún momento él se siente la víctima, "el incomprendido" jajaja. Y, bueno, pensé en una manera tonta en la que Sebastián se enterara de su infidelidad porque en la realidad es así, esas cosas siempre se saben de la manera más inusitada.. DD: ¿Alois vive de su cara? Jajaja, lástima porque ahora es "vivía" jajaja.. XDD El pobre quedó bastante maltratado, aquí en este capítulo lo verás.. :DD Sebastián no tocó a Ciel porque lo ama, por más que quiera dejarle, matarlo y decirle todo lo que merece, lo ama.. DD: Y Ciel se arrepiente, seguro que sí, porque en el fondo, Sebastián es la única persona a la que quiere por más que se las lleve de don Juan.. XDD Abriré el kiosco dentro de poco, lo prometo jajaja.. y te tendré el cable.. XDD Gracias por el review.. :DD

Whatsername-Sama: No, no llores! DD: O bueno, Sebastián puede llorar contigo.. XDD Mala gente yo.. jajaja.. Y Ciel sí es una mala persona por hacer eso, porque en realidad se va contra sus propios sentimientos. Esta pareja también es mi otp, lo ha sido desde que los conocí.. XDD Me alegro que te haya gustado y muchas gracias por el review.. :DD

Guest: Me alegro que te haya gustado el capítulo y, síiii.. Sebastián salió con el corazón roto al final, lamento haberte hecho llorar.. DD: Espero que este nuevo capítulo te alegre un poco.. :DD Gracias por el review.. :DD

KuroFan: Gracias! Me hace muy feliz en que te haya gustado el capítulo y sí! XDD Que Sebastián se mude a tu casa! Luego yo llego y me lo robo jajajaja.. Gracias por el review.. :DD

Mi-Chan: Lo siento! DD: Y sí Sebastián está sufriendo y creo que todos detestamos a Ciel aunque sea un poquito por engañarlo.. XDD Me alegro que te hayas tomado un momento para leer el fic en medio del estudio del lenguaje, jajaja por favor piensa que esto contribuye a tu estudio jajaja, la aplicación del lenguaje en una historia yaoi.. XDD Me anima muchísimo tu review y lo agradezco profundamente.. :DD Espero que este nuevo capítulo también sea de tu agrado.

Plop: Apareciste! :DD Ya me tenías en ascuas de no verte en otros capítulos desde hace días.. XDD Y pues, sí, esta es mi nueva historia.. lamento haberte dejado con el corazoncito arrugado.. DD: Ya verás como pronto las cosas mejoran.. ehhh.. siquiera un poco.. XDD Muchísimas gracias por el review.. :DD


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"Y ahora con ustedes, el hombre por el que pelean las jovenes… ¡Sebastián Michaelis!", anunció el DJ, mientras en su tornamesa sonaba una canción que invitaba a bailar sensualmente

"¡Ahhh! ¡Ahhh!" Gritraron las chicas desde abajo del escenario.

Sebastián apareció entonces con las luces, vistiendo una camisa blanca, un chaleco negro ajustado, pantalones de cuero, corbata y un sombrero que ocultaba sus ojos, dejando ver solamente los mechones de su cabello que topaban con sus mejillas y su incomparable sonrisa. El moreno se detuvo al lado de uno de los tubos de baile y se sujetó con una mano. Una chica ataviada con un vestido dorado ceñido al cuerpo, se acercó a él sosteniendo una venda negra, la cual le ató alrededor de los ojos, dejándole ciego para sus admiradoras.

El DJ cambió la música en ese momento y, empezó a sonar la canción asignada al moreno esta noche para su acto. Sería "Sexy Back" (Sexy De Vuelta) de Justin Timberlake. Sebastián se sujetó del tubo y comenzó a mover sus caderas sensualmente, acercándose y alejándose del metal.

"Y la primera elegida de esta noche es la chica con el número… ¡Once!" Exclamó el DJ con voz sensual.

La chica elegida se retorció en su lugar de emoción. - ¡Yo! ¡Yo! – Decía, mientras subía al escenario, ayudada por sus amigas, quienes le animaban desde abajo.

Sebastián se colocó al frente del tubo sonriendo, haciendo un gesto con sus dedos a la chica para que se acercara. La chica, de cabellos rubios, se acercó y deslizó sus manos sobre su pecho, mientras bailaba sensualmente, frotándose ligeramente contra el moreno, quien llevó las manos a su trasero y lo acarició suavemente.

"Deberás quitarle laaaaaa… ¡corbata!" Indicó el DJ y, la chica rápidamente, llevó sus manos al cuello del moreno, al compás del baile, desatando la corbata del moreno y lanzándola hacia el escenario.

-Sebastián, ¡me encantas! – Chilló la chica, antes de dejarle y bajar del escenario.

El DJ observaba lo que sucedía desde lejos, bailando con sus audífonos en los oídos. "Ahora, el siguiente número es el… ¡Veinticuatro!"

El moreno se dio la vuelta, separando las piernas ligeramente para bailar, "meneando el bote" como decían sus admiradoras, hasta casi tocar el suelo. La chica que tenía ahora el número subió al escenario.

Mordió su labio inferior, levantándose de su posición y agarrándose del tubo con ambas manos por encima de su cabeza. Ese era uno de los movimientos favoritos de todas, verle frotar su trasero contra el tubo, en medio de aquella oscuridad teñida con las luces rojas, naranjas y amarillas del lugar.

"¡Quítale el chaleco!" Indicó la voz.

La chica le dio la vuelta, y lo agarró del trasero antes de buscar, desde esa posición, los botones que se encontraban al frente. No quería desaprovechar la oportunidad de besar el cuello del moreno aunque fuera un instante. El moreno torció la cabeza ligeramente, dándole más espacio para sus besos, fingiendo que jadeaba ante el contacto de la chica, haciendo que todas las presentes gritaran de emoción.

Finalmente, la prenda cayó al suelo y, después de una nalgada sensual, la joven bajó del escenario.

"¿Quién será ahora? ¿Quién sera?" Preguntaba el DJ, poniendo más nerviosas a las presentes. "Me iré con un número alto… ¡Cincuenta y cinco!

La mencionada levantó los brazos, profiriendo un grito. Era una chica afroamericana, con una falda negra y una blusa fucsia, sus rizos cayendo hasta sus caderas y zapatos de tacón que le dificultaron un poco la subida.

Sin embargo, una vez estuvo arriba, corrió al lado del moreno. Sebastián buscó el cuerpo de la joven con las manos y luego, lo recorrió sensualmente, acariciando sus piernas y provocando que sus interiores se humedecieran ligeramente.

"Deberas quitarle la… ¡Camisa!"

La chica daba saltitos de emoción, volteando hacia sus amigas por instantes, quienes le gritaban que se la quitara de una buena vez. La joven comenzó a desabotonar con manos trémulas la camisa, inclinándose por un instante para besar la cálida piel del pecho de Sebastián, succionando uno de sus pezones, mientras sus manos descendían, arrancándole la prenda.

Sebastián siguió su baile, agarrándose del tubo mientras enredaba una pierna en éste para girar, mientras, su otra mano se dirigía a su pecho, acariciándose a sí mismo.

"Y la siguiente invitada de nuestra noche será… ¡Número treinta y dos!"

El moreno se colocó detrás del tubo, simulando embestidas contra éste al compás de la música. La participante llegó hasta él y se colocó espalda con espalda a Sebastián, frotando su trasero contra el de él. –Mmm… - Gimió la chica, sintiendo la cola dura de éste.

"¡Espósalo!" Ordenó el DJ y, la chica del vestido dorado, la asistente del acto llevó las esposas a la joven.

La chica las tomó y esposo un brazo del moreno al tubo, mientras Sebastián sensualmente se le arrodillaba, como si le pidiera que lo liberara. Las presentes gritaron nuevamente. - ¡Ahhh! ¡Ahhh! – Al ver que el moreno nalgueaba a la chica antes que ésta se marchara.

"¡Nuestra última participante con el patrocinio de la cerveza de todos! ¡Budweiser!" Aquél era el momento más esperado por todas y, todo por una única razón. "La ganadora es… ¡Número uno!"

La chica de cabellos negros, ojos verdes y piel blanca como la nieve fue la afortunada. Su ajustado vestido verde la hacía verse aún más hermosa. Subió al escenario y la asistente le entregó una botella de cerveza.

Sebastián sujetó el cinturón de sus pantalones con su mano libre, deslizando su pulgar hacia adentro y creando un hueco entre su ropa y su cuerpo, bajando el pantalón mientras se movía sensualmente, incitando a la chica a lo que venía, a derramar esa cerveza en su pecho y dejarla correr por su entrepierna.

La joven se lamió los labios, dio un trago a la cerveza y se acercó al moreno, imitando sus movimientos y haciendo que su vientre chocara contra la cadera del moreno.

"¡Dale lo que merece!" Le incitó el DJ.

La chica se sonrojó pero, eso no la hizo detenerse. Lentamente dejó caer el líquido desde la altura del final de su cuello, dejándola correr líbremente.

-¡Ahhhhh! – Exclamó el público, mientras el moreno finalizaba su baile y, la joven de cabellos oscuros volvía con sus amigas.

Entonces, se acercó la asistente y le quitó la venda de los ojos y abrió la cerradura de las esposas. - ¿Listo para lo último, Seb? – Le preguntó al oído.

-Debo estarlo, ¿no? – Respondió el moreno riendo.

-No te caigas. – Dijo la chica entre risas.

"Ahora la última parte del acto de nuestro "sex symbol"." Dijo el DJ, cambiando la canción por una que últimamente inspiraba mucho a Sebastián. "Dirty Diana" (Sucia Diana) de Michael Jackson. Se lo recordaba a él.

Las luces se apagaron por completo un instante solo para volver a prenderse. Claro, que esta vez solo estaban encendidas las que rodeaban el tubo y el área alrededor de éste donde bailaría el moreno.

You'll Never Make Me Stay… So Take Your Weight Off Of Me

(Nunca me harás quedarme… así que quita tu peso de mí)

Sebastián se sujetó al tubo por unos instantes, con una mano, mientras con la otra ladeaba ligeramente su sombrero. Dio dos giros y avanzó unos cuantos pasos al frente. Su mirada segura y su andar pausado que emocionaba a tantas.

I Know Your Every Move… So Won't You Just Let Me Be

(Conozco cada uno de tus movimientos… Así que no me dejarás ser)

Movió los hombros ligeramente, solo para estirar el brazo y colgarse del tubo, apoyando un pie en éste mientras giraba libremente, estirando una pierna.

I've Been Here Times Before… But I Was Too Blind To See

(Yo he estado antes aquí… pero era muy ciego para ver)

Se acercó, frotando su miembro contra el metal y moviendo sus caderas sensualmente. Luego, soltó el fierro y se alejó haciendo un par de pasos de baile del conocido cantante.

That You Seduce Every Man… This Time You Won't Seduce Me

(Que tu seduces a cada hombre… Esta vez no me seducirás a mí)

Giró nuevamente, solo para detenerse y llevar sus manos a su miembro, recorriendo el cuero de sus pantalones antes de llegar a él. Su pecho húmedo aún por la cerveza brillaba con las luces.

Se dejó caer al suelo, simulando embestidas contra éste, mientras se apoyaba en sus manos. Arqueó su espalda sensualmente, como si estuviese llegando al orgasmo mientras bailaba.

She's Saying That's Ok… Hey Baby Do What You Please

(Dice eso esta bien… Querido has lo que gustes)

Sebastián se arrastró hasta el tubo, tomándolo con ambas manos, como si le costara levantarse después de tanto placer. Se puso de pie, frotándose contra el metal y moviendo su trasero con la música.

I Have The Stuff That You Want… I Am The Thing That You Need

(Soy lo que quieres… Tengo lo que necesitas)

La imagen de Ciel llegó a su mente. Tan vívida que hizo que nada le importase en ese momento. Se afianzó del tubo y elevó ambas piernas, girando en el aire para después, enrollar una en el tubo y quedar de cabeza.

Waits At Backstage Doors… For Those Who Have Prestige

(Espera en la puerta de atrás… por los que tienen prestigio)

Permanceció en esa postura, girándo varias veces, disfrutando del movimiento, del riesgo, de la emoción.

Who Promise Fortune And Fame, A Life That's So Carefree...

(que prometen fortuna y fama, una vida tan sin cuidado...)

Descendió lentamente y, cuando estuvo en el suelo, se enderezó y sujetó su entrepierna a través de los pantalones y fingió un gemido.

And I Don't Care What You Say… I Want To Go Too Far

(Y no me importa lo que digas… quiero llegar lejos)

Caminó hasta el borde del escenario, donde las chicas sacaban las manos quieriendo tocarle. Se arrodilló en el suelo, colocó sus manos detrás de su nuca y movía sus caderas hacia delante y hacia atrás, creando un vaivén exquisito. Las chicas le lanzaron billetes de cinco, diez y hasta veinte dólares.

I'll Be Your Everything… If You Make Me A Star

(Seré todo para ti… Si me haces una estrella)

Dirty Diana, Nah (Sucia Diana, nah)

Dirty Diana, Nah

Dirty Diana, No

Dirty Diana . . .

Se puso de pie, y dio dos giros, quitando su sombrero en el último y lanzádolo al suelo, justo en el momento en que terminó la música.

El moreno hizo una reverencia, recogió el dinero y se retiró del escenario. Jadeó. No estaba cansado del todo físicamente, su cansancio era anímico en realidad. Se encaminó a su camerino, escuchando como la música que él había utilizado desaparecía por completo para dar paso a la bachata, parte de la variedad de la noche.

-Maldita canción. – Profirió por lo bajo, creyendo escuchar las notas de una de las melodías que había bailado con el ojiazul en aquel club latino al que fueron hace… una eternidad, según la mente de Sebastián. – Sucio Ciel… - No podía evitar pronunciar su nombre en su fuero interno. Era como si fuera su propia maldición.

"Mi corazoncito esta de luto por tu amor, prendo dos velitas y le escribo una canción…"

Sí, ahora lo confirmaba. Ésa era exactamente la canción que había bailado con el menor. Se apresuró a entrar a la habitación y azotar la puerta, como si con eso pudiera evitar el sonido. Bajó sus pantalones empapados en cerveza, también la ropa interior y los dejó en el cesto que llevaban a la lavandería. Tomó un jeans y un sudadero de su pequeño maletín y se vistió, sin tomarse el tiempo siquiera de ponerse ropa interior.

Fue hasta el espejo y se detuvo enfrente, miró como el leve delineador de ojos que se había aplicado había terminado corrido por la venda que le pusieron y el sudor.

Alguien llamó a la puerta en ese momento. Su toque debió ser bastante enérgico, ya que el moreno lo escuchó sin problema alguno a pesar del ruido. – Adelante.

-¿Seb? – Era la chica rubia que le asistía en el acto. Se aseguró que era el moreno quien se encontraba en el camerino antes de exclamar: - ¡Lo lograste!

Sebastián se giró, tratando de parecer completamente tranquilo y feliz. - ¡Lo sé! Creí que nunca podría sostenerme de cabeza en esa cosa pero, ahora, debo agradecerte el que me hayas enseñado.

Los ojos verdes de la chica brillaron en conjunto con su cabello rubio. Lizzie era hermosa, si él la hubiese conocido cuando tenía dieciocho, lo más probable es que su relación y la de Ciel nunca hubiera existido. - ¡Nah! ¿Qué cosas dices? Nunca había enseñado a un chico a bailar. Es difícil, ¿eh?

-Conmigo tuvo que ser el doble de difícil. – Añadió Sebastián.

-No, por supuesto que no. Creo que a tu amigo Claude le fue más fácil pero, es solo porque su rutina no implica el tubo en ningún momento.

-Lo sé. – Sonrió. – Claude suertudo. – Y ambos rieron.

-¿Te quedarás a verle bailar? – Preguntó ella.

-No. Me voy a… casa ya. Estoy cansado.

-Ah, bien. Te veo mañana, entonces. – Sonrió y le plantó un beso en la mejilla. – Adiós, Sebastián.

-Adiós, Lizzie. – Respondió él, ligeramente sorprendido por el beso. Solo esperó a que la chica estuviera fuera para tomar su maletín y marcharse.


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Se montó en la Dodge y condujo hasta el que era su "hogar" desde hace una semana. "Nueve de la noche en la ciudad de Nueva York", decía la radio. No era un mal lugar pero, no tenía los lujos del apartamento de Ciel, tampoco la calidez de su anterior vivienda. Suspiró, abriendo la puerta del apartamento que era un perfecto cuadro con divisiones hechas con tablayeso. De un lado estaba el dormitorio, luego venía una pequeña sala o comedor, dependiendo del uso que se le quisiera dar y una cocineta. Todo el lugar de un color avainillado que resultaba agradable en cierta forma.

Sebastián dejó su maletín en el loveseat beige que ocupaba la sala. Era una suerte que el lugar estuviera amueblado porque el moreno no poseía ni una cama.

Anduvo hasta el baño, quitándose el sudadero y dejándolo caer junto con los pantalones. Las botas que llevaba eran las mismas con las que bailaba. Había olvidado cambiárselas por error. Se las quitó y las dejó al lado de la cama, andando desnudo hasta el baño.

Abrió el grifo de la ducha y se metió debajo del agua caliente. Su entrepierna estaba ligeramente abultada, excitada por lo que había hecho el moreno esa noche, tal vez.

Sebastián comenzó a frotarse con el jabón y al llegar a esa área sensible, la lavó con rudeza. No quería dar ese tipo de placer a su cuerpo aún porque, eso significaría recordarlo a él. ¡Maldita sea, cómo lo extrañaba! Hacía una semana que no le veía y sentía como si fueran meses. Y era culpa de la situación. Toda su vida había cambiado en el transcurso de siete días.

Salió de la ducha, enrollando una toalla en su cintura y secando con otra sus cabellos. Caminó hasta la cama, donde había dejado su teléfono móvil esta tarde y lo tomó, esperando encontrar sus llamadas nuevamente pero, nada. Ciel ya no había intentado llamarle hoy.

Suspiró mientras se aplicaba desodorante para luego, dejar caer las toallas al suelo y apagar las luces. No importaba lo que hiciera, su corazón dolía terriblemente por estar lejos de Ciel. Asi éste hubiera sido lo peor. Él lo amaba. Enfermizamente, le amaba.


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Pensó llamarle pero, ¿para qué? Sebastián no había respondido a una sola de sus llamadas desde el día en que se marchó.

La noche anterior visitó a Alois en el hospital. El rubio todavía no se recuperaba del todo de la paliza, o eso decía él. Ciel comenzaba a creer que el menor utilizaba esto para su beneficio, obteniendo así todos los cuidados y mimos de parte de su padre.

Ciel había intentado ser amable y cuidadoso con el rubio pero, en el fondo, le tenía algo de rabia. Si lo pensaba detenidamente, Alois podría haber negado cualquier relación entre ellos y ayudarle. No, justamente hizo lo contrario. Había admitido que ellos eran amantes y, peor, inventó cosas que simplemente dedujo, ni siquiera él mismo se las había dicho.

Así que cuando el ojiazul le vio en aquella cama lo único que pensó fue "¿Cuándo podré follarte otra vez?", porque en realidad eso era lo único que le importaba, aquel cuerpo sensual que se doblegaba ante él pidiendo más. Sin embargo, nunca había mencionado cosa alguna. Frente al padre de Alois se comportó como un amigo y, a espaldas de éste, se comportó como un noble amante.

Al salir del hospital, por primera vez, se dio cuenta de cuánto extrañaba a Sebastián. Los días anteriores le hizo falta pero, los agotadores entrenamientos no le dejaban pensar demasiado. Sin embargo, el frío de esa noche en la que él estaba buscando un taxi que le llevara a casa, tuvo esa triste sensación. Llegaría a casa y Sebastián no estaría ahí. No estaría ni hoy ni nunca más. Esa última parte fue la que más le dolió.

Estaba tan acostumbrado al moreno que no se había dado cuenta que esta vez, Sebastián no se marchaba por unos cuantos días o que podía buscarle en su casa cuando lo deseara.

Subió a un taxi e indicó la dirección. Luego volvió a lo suyo. No habría hot cakes en la mesa para el desayuno, ni habría quien le abrazara para dormir. Tampoco podría hacer el amor con él, dejarse llevar por sus caricias solo para verlo en la mañana desfilar desnudo frente a él.

-Sebastián. – Musitó y, cogió su teléfono celular una vez más, llamándolo incontables veces. Estaba verdaderamente dispuesto a pedirle perdón, a llorar de rodillas. Si tan solo le respondiera una llamada.

Cuando contó veinticuatro llamadas al llegar a casa, se dio cuenta que éste nunca más respondería. Era inútil. El corazón de Sebastián había sido terriblemente golpeado y, no se lo perdonaría. Caminó hasta su recámara. Tenía una foto que guardaba en la mesa de noche y que ni siquiera el moreno sabía que estaba ahí. La sacó y la miró, acariciándola suavemente.

En ella aparecían ambos, abrazados al momento de llegar a Nueva York. Ciel la había tomado con su teléfono celular y, días después, la mandó a imprimir en una tienda de revelado fotográfico. Siempre se había dicho que se la enseñaría a Sebastián pero, nunca lo hizo.

-Si por lo menos supiera dónde encontrarte. – Dijo, mientras dos pesadas lágrimas caían. Quería verlo pero, no quería discutir. Hubiese deseado que el moreno entrara en ese momento y le invitara a bailar con él o que apareciera con una de sus famosas lasañas. O simplemente, que saliera del baño después de una ducha y, se aproximara solo para susurrar en su oído: "Te amo".

Y con ese pensamiento, se recostó en el suelo, sintiéndose miserable. – Te extraño, Sebastián. – Dijo para sí, imaginando que el moreno de alguna forma lo extrañaba también. Aunque no lo creía, seguro Sebastián le odiaba.

Esta mañana entonces, se había decidido a no llamarle más. Si Sebastián no le quería pues, no podía hacer nada para remediarlo porque ni siquiera sabía en dónde carajos estaba. Así, arregló su maleta y fue a su entrenamiento de béisbol como había hecho cada día anterior a ése.


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El juego con los Mets sería en seis días. Más pronto de lo que ellos lo habían esperado pero, no podían decir que no. Ellos serían el equipo visitante aun siendo de Nueva York también y, no les quedaba otra que doblegarse a las reglas del otro equipo.

Tanaka les había advertido que sus oponentes no serían fáciles, por lo que desde el primer día de entrenamiento, los ejercicios de resistencia fueron duplicados. Estaban obligados a correr durante dos horas completas. Algo que era definitivamente agotador pero, a Ciel le gustaba.

Fuera de todos sus problemas, Ciel veía aquello como una oportunidad diaria. Ash Landers, el capitán del equipo, parecía más cansado con cada entrenamiento que pasaba. Y, el ojiazul comenzaba a considerar el pedir a Tanaka el ser el capitán, de esa forma, garantizaría su contrato por cuatro años por lo menos, además de ser el más importante del equipo.

Sin embargo, esa mañana su idea parecía que se vendría abajo cuando el viejo entrenador llegó al "diamante" de béisbol, acompañado de un chico albino de ojos verdes. – Buenos días, jóvenes. – Saludó el hombre. – Quiero presentarles a un nuevo compañero. Su nombre es Hank, pero en el béisbol es conocido como Undertaker.

Ciel arqueó una ceja ante el nuevo. Físicamente no dejaba nada que desear. Tenía un cuerpo muy bien definido, era un poco más alto que él, quizás de la altura de Sebastián. Tenía los cabellos de un color rubio platinado con destellos grisáceos que seguramente él mismo había creado en un salón de belleza. Se notaba que se cuidaba mucho la apariencia porque, a pesar de tener el cabello largo, éste iba perfectamente recogido en una coleta y debajo de la gorra de béisbol.

-¡Hola! – Le saludaron Finnian y Bard, los más escandalosos y fiesteros del equipo. Joker, Ciel y Snake le hicieron un gesto con la mano. Ash se acercó a ellos y llegó al lado del chico. – Tengo algo que decirles.

Undertaker le miró y sonrió. Tenía una chispa de picardía en esa sonrisa. Ash le guiñó un ojo antes de proseguir. – Como habrán notado. Mi rendimiento ya no es el mismo y, la verdad, es que ya no estoy tan interesado en continuar con el béisbol ahora que alcancé los treinta años. – Algunos de los jugadores le miraron con tristeza. – Sé que mi vida no será igual sin ustedes y, de alguna manera espero haber dejado algo en las suyas. – Sonrió. – Mi amigo Undertaker ha estado en otros equipos de béisbol de ligas menores y, creo que sería la mejor opción para mi reemplazo. – Miró a Phantomhive con un gesto de mala intención. – Después de todo, nunca he considerado a nadie de este equipo para llevar el puesto de capitán.

-Y yo estoy ampliamente de acuerdo con eso, Landers. – Dijo Tanaka. – He estado entrenando con el joven Hank desde hace unos días y lo encuentro un jugador de grandes habilidades. – Añadió, palmeando el hombro del nuevo. – Ciel. – Le llamó.

El ojiazul desde su lugar se estaba removiendo de la rabia. ¡Él que había trabajado tanto tendría que continuar soportando a un estúpido capitán! ¿Por qué? ¡Él era la estrella de los Yankees! – Dígame, entrenador. – Respondió, caminando hasta ellos.

-Quiero que le muestres a Undertaker el horario de entrenamientos, además de cómo están asignados los casilleros y… todo eso que hacen ustedes ahí dentro. – Dijo, señalando hacia los vestidores.

-Como diga, entrenador. – El ojiazul hizo una seña al albino para que le siguiera. – Ven, Hank.

El albino se acercó a él. Ciel entonces pudo ver la delgada cicatriz que había en su perfecto rostro. – No me llames Hank. – Repuso. – Dime Undertaker como todos mis amigos.

-De acuerdo, Undertaker. – Respondió Ciel, mirando hacia el frente, con su bate en un hombro mientras caminaba. – Mi nombre es Ciel, Ciel Phantomhive.

-Lo sé. Eres el mejor bateador que han tenido los Yankees en mucho tiempo. Y no es porque Ash me lo haya dicho. – Añadió, a lo que el menor sonrió.

-No digas semejante cosa. – Ciel intentaba no parecer presuntuoso.

Llegaron a los vestidores y, el ojiazul se detuvo a explicarle cuál podría ser su casillero y, la forma en que se ordenaban al momento de usar las duchas. En general, el albino parecía feliz y conforme con todo, contrario a Ciel, quien usualmente se quejaba mentalmente de todo.

-Sabes, hay un juego de soccer esta tarde. – Comentó de repente el albino, haciendo que al menor se le formara un nudo en la garganta. Aquel era el deporte favorito de Sebastián.

-¿Ah sí? No me gusta el soccer. – Dijo tajante, mientras buscaba algo en su casillero.

-¿No? La verdad a mí tampoco. – El albino se detuvo justo detrás del ojiazul, mirándolo de cerca. – Solo buscaba una justificación para estar un poco de tiempo contigo.

Ciel se giró y se recostó en el casillero, cerrando la puerta con su espalda sensualmente. "Así que por ahí van las cosas.", se dijo el ojiazul en su fuero interno. – No lo sé. Podrías llegar mañana por la noche a mi casa. No hay entrenamiento al día siguiente. Beberíamos unas cervezas y, así podré conocerte mejor.

-Seguro. – Dijo Undertaker, sonriendo cálidamente. Quizás tan cálido como le gustaba. Y eso hizo a Ciel pensar en algo realmente descabellado.

Tanaka les había dicho al comienzo de la semana que nada de relaciones sexuales hasta que pasara el juego porque, según el anciano, se debilitaban. Ciel nunca había pasado más de una semana sin hacerlo, le parecía un exceso. Además, Sebastián era su "entrenador de rodeo" y nunca le había dejado agotarse demasiado. Sin embargo, ¿podría él hacer algo para debilitar al albino? O por lo menos, ¿desconcentrarle?

Después de todo, ¿qué sería de un Phantomhive si no pudiera hacer algo tan simple como eso?