Respuestas a Reviews:
Sakura Lawliet Phantomhive: Wiii! La verdad es que me alegra escucharlo siempre.. :DD Y te prometo que Ash sufrirá, pero de momento, fastidiará bastante al pobre de Ciel.. Muchas cosas nuevas sucederán en este nuevo capítulo y me alegro que por lo menos "quieras" un poquito a Claude jajaja.. :DD Gracias por el review! :DD
AbSe: Jajaja, la verdad es que me recordé de aquel manga del "Terapista Sexual" y decidí incluir por un momento a su personaje.. :DD Me agrada tu risa malvada cuando te imaginas lo que le va a pasar a Ciel jajaja.. :DD Y sí, es lo más normal ahora eso de ser homosexual para un deportista, pero conforme la historia avance, verás que Ciel oculta ciertas cosas de su persona y de su familia por miedo al tipo de asociaciones que la gente pueda hacer.. :DD Y no es exactamente eso lo que significa Juegos de Verano, pero pronto lo sabrás.. :DD Muchas gracias por el review y pidamos porque Claude haga que Alois olvide a Ciel y no, en esta historia Lizzie termina pareciendo más una víctima que una mala persona o alguien que divide.. XDD
Charles Grey-Perrible: Sí! Charles Grey aparecerá en el próximo capítulo porque al final, he decidido dividirlo en dos. Lo que sucedió antes y luego ya la segunda parte.. :DD Lo sé! Yo también quería mucho que se encontraran y tú si sospechabas que Claude había sido el amor de Alois? :DD Y sí, Ash nunca hace nada del todo "bueno".. DD: Me alegro mucho que te haya gustado y gracias por el review.. :DD
YOO: Me gusta publicar lo más seguido que puedo para que los lectores sigan la historia con mayor facilidad.. :DD La verdad es que cuando uno deja mucho tiempo de leer algo, cuesta más entender.. DD: Te prometo que habrán muchas escenas entre Sebastián y Ciel en los próximos capítulos aunque lemon probablemente no.. XDD Gracias por el review y saludos! :DD
Whatsername-Sama: Lo sé! Yo también me enojé demasiado con eso , pero era parte de la historia para poder mostrar la parte de la historia que dejará a muchos extrañados.. XDD Y lo sé, jajaja es divertido ver a Sebastián en un psicólogo como esos jajaja.. :DD Síi! Ciel es capitán finalmente.. :DD No habrá mucho Claude x Alois en esta historia porque aquí ya tuvieron su relación en un pasado digamos.. :DD Gracias por el review.. :DD
PerlhaHale: Así es! Claude era el que provocaba que Alois quisiera acostarse con Ciel porque habían tenido que separarse.. DD: Y hasta yo quiero que Claude baile para mí, jajajaa.. :DD La verdad es que de Ciel si se aprovechan porque es muy confiado.. DD: Jajajaja.. te prometo que le meteremos el bate a Ash por lo que le hizo a Ciel.. XDD Y como habrás podido imaginar, Undertaker tiene su poquiiiiito en esto.. Tal vez no tanto pero si tiene que ver.. XDD Y jajajaja, te gustó la cita con el doctor? Es que está hecha para todos los que odian a los psiquiatras y psicólogos o que, tal como yo, le tienen miedo.. XDD Y Will aparece en el próximo.. :DD jajaja, me alegro que tus amigas lean este fic, seguro se ríen de todas las locuras que pongo.. XDD Gracias por el review.. :DD
Sakurita-chan03897: Jajajaja, me alegro que te haya gustado la terapia de Sebastián.. XDD Y yo moriría si la usaran ahí jajajjaa.. XDD Y noooo yo también sufro de pensar que Sebastián se quede con Lizzie pero no creo que pase.. XDD Espero te guste el nuevo capítulo y gracias por el review.. :DD
Mi-chan: Ash siempre arruina todo, créeme que ya lo sé.. DD: Es famoso por eso.. y sí, jajajaja cada vez que escucho esa canción, imagino a Sebastián bailando.. Igual me mató un video del Harlem Shake con ellos.. XDD Y me alegro muchísimo sabiendo que te hice sentir bien con este capítulo.. :DD y solo esperemos que Sebastán ya no sufra tanto.. XDD En el siguiente capítulo saldrá lo de "juegos de verano".. Muchas gracias por el review.. :D
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Tomó a la rubia por el brazo y prácticamente la aventó dentro de la Dodge. – Perdóname, Lizzie. – Dijo, poniendo una cara de falsa inocencia. – Es que me he emocionado tanto al saber que voy a llevarte a comer que ya no me aguanto las ganas.
-No te preocupes, Sebastián. – Fingió una sonrisa mientras acariciaba su brazo, adolorido porque ella le cayó completamente encima. - ¿A dónde ire…?
Pero antes que pudiera terminar la frase, el moreno ya había cerrado la portezuela, azotándola sin preocupación alguna. Corrió al otro lado del vehículo y se metió en el asiento del piloto. El menor tiempo que pasara con Lizzie, lo antes que podría llegar con Ciel. - ¿Me decías? – Parecía nervioso y presentía que de pararse frente a un espejo, lo esperaría una sonrisa de su parte casi psicótica.
-Emm… - La rubia le miró con cierta preocupación. ¿Estaría a salvo saliendo con Sebastián Michaelis? ¡Qué tontería! ¡Por supuesto que sí! O por lo menos, eso esperaba. - ¿Qué te parece si vamos al… restaurante Mont Blanc? Dicen que la comida es deliciosa.
Sebastián giró los ojos en blanco. ¡Mujeres! De todos los jodidos restaurantes siempre escogen el más caro y el más lejano. – Será un gusto. – Respondió. No podía negarse. No sabía negarse a ese tipo de situaciones.
Condujeron en medio de una conversación vaga, que a ratos se cortaba con los gemidos de miedo de parte de Lizzie cuando veía al moreno pasarse los semáforos en amarillo a toda pastilla. La famosa Calle 48, uno de los lugares más completos en lo que a restaurantes se refería. Había ido un par de veces al mencionado restaurante con Ciel, y francamente no podía quejarse. El menú era exquisito y costoso, pero exquisito finalmente. – Bien. Llegamos. – Dijo, estacionando el auto velozmente. Había conducido en casi cinco minutos lo que tomaba veinte.
La rubia se llevó una mano a la cabeza y otra al estómago. - ¿Nos podemos quedar un momento aquí?
-¿Aquí? No, no, no. – Decía el moreno, bajando de su asiento y saliendo para ofrecerle una mano. - ¿Quieres perderte de la diversión sentada aquí? – Sebastián quería asegurarse que Lizzie no le pidiese volver a salir en unas buenas dos semanas. Tomó a la chica por el brazo y la llevó a rastras adentro.
-Bueno, vamos… - Dijo ella. "¡Rayos! ¡Qué mala cita era Sebastián! ¿Sería que por eso le dejo el novio?" La rubia abrió los ojos ante ese pensamiento.
-¿Qué pedimos? – Preguntó Sebastián, sosteniendo la carta entre sus manos. Hacía un par de minutos que habían entrado, ¿y ya estaba leyendo el menú? – Yo preferiría una carne.
-¿Qué te parece algo que no implique cuchillos? – Sonrió lo más amistosamente que pudo. Tal vez así podría sacar una risa de ese tipo.
Y funcionó, el moreno rió sonoramente. - ¿Estoy sonando como un maniático?
-Solo un poco. – Respondió ella, haciendo un símbolo con la mano para resaltar sus palabras.
Sebastián se echó a reír. – No puedo engañarte a ti. – Apoyó un brazo en la mesa y suspiró. – Ciel me invitó a una fiesta… - Miró hacia abajo, mordiéndose los labios. – Y la verdad, tenía muchas ganas de ir.
La rubia sonrió, pero la tristeza era evidente en su mirada. – No tienes porqué quedarte, Sebastián. – Estiró una mano y cogió la del moreno. – Deberías habérmelo dicho.
-Prometo que voy a enmendar esto. – Ahora sí sonreía sinceramente a la chica, quien le observaba atentamente con sus ojos esmeralda. – Aún podemos cenar, si quieres.
-No. La verdad es que ya no tengo hambre. – Dijo ella, ahogando una risita. – Podemos dejarlo para otro día. – Se puso de pie, afirmando con su pulgar el agarre de la bolsa que colgaba de su hombro.
-¿Puedo llevarte a casa? – Sebastián le imitó, sujetándola por el brazo con delicadeza.
-No gracias, Sebastián. Puedo irme sola. – Se liberó del agarre del moreno, sin dejarle mediar otra palabra. Ella se veía claramente afectada, y a él le preocupaba pero su deseo de ir con el ojiazul era mayor. Simplemente le dejó marcharse.
'Y esas son las cosas que hago por ti, Ciel.', susurró, acostado al lado del menor, acariciando la cara del menor con su dedo índice, repasando las líneas que formaban unos cabellos traviesos en su piel.
El ojiazul aún dormía plácidamente, y él no tenía ganas de despertarle. Ciel gruñó por lo bajo, ligeramente incómodo por la cosquilla que provocaba el moreno en su rostro. – Mmm…
-Despierta… – La aterciopelada voz de Sebastián chocó contra su oreja. Había pasado cuídandole toda la noche porque tenía miedo que algo le sucediera a causa de lo que fuera que hubiese tomado. Todo el tiempo, Ciel se había removido nervioso. También parecía tener pesadillas a ratos.
El ojiazul se removió y abrió los ojos con dificultad. Sentía que los párpados le pesaban una tonelada. - ¿Sebastián? – Gruñó nuevamente, bostezando. Miró al moreno, acostado a su lado. Lo único que se le hacía extraño es que tenía toda la ropa puesta y estaba tendido sobre el edredón, no debajo de éste. - ¿Qué pasó?
-Anoche te pusiste mal por lo que Ash Landers te dio en la fiesta. Creo que te ha drogado. – Sebastián se sentó en la cama y miró al menor. De esa forma podía perderse en ese rostro que tanto le gustada.
-¡Me jode! - Llevó una mano a su frente. Sus ojos ardían demasiado por la luz, tomó un cojín y lo colocó sobre la mitad superior de su cabeza. - ¿Qué voy a hacer si me hacen una prueba de dopaje, Sebastián?
El moreno agitó la cabeza en negativa. – No lo sé. Tal vez podrías decirle a Tanaka sobre el incidente.
-¿Tanaka? ¿Le digo que Ash me drogó? ¡Claro! ¡Seguro él va a aceptarlo! – Hizo una mueca de disgusto. Sebastián podía verla en su boca, a pesar de estar cubierto el resto. – Es mi palabra contra la de él, ¿no lo ves?
-¡Pero algo tienes qué hacer! Sería peor si lo descubren solo así. – Espetó. – ¡Y quítate ese cojín que siento que vas a asfixiarte! – Arrancó el objeto de las manos del menor y le miró con disgusto. - ¡No puedo creer que vayas a dejar esto así!
-¡Lo tomas todo demasiado en serio! ¿Qué pasó con el Sebastián que se la pasaba divirtiéndose? – Le miró fijamente.
-Murió cuando la persona con la que vivía esa eterna fiesta le traicionó con un chico a que ni siquiera conocía bien. – No pudo reprimirlo más. Habían verdades que no decía, pero que tenía guardadas muy adentro. Arqueó una ceja. - ¿No te parece buen motivo? Porque para mí lo es.
Ciel miró hacia abajo. Incapaz de decir algo más sobre el tema, prefirió devolverse a lo sucedido la noche anterior. – Tal vez, en realidad, no suceda nada. La temporada empieza en seis meses, y es entonces cuando hacen las pruebas de dopaje. – No subió la vista en ningún momento, aun cuando Sebastián estaba frente a la ventana, mirando hacia afuera e intentando recomponerse. – Para ese entonces, los rastros de la droga habrán desaparecido.
-Bueno, espero que sea así. – Masculló. Sentía como si, de repente, una cubeta de agua helada le hubiese caído encima, recordándole todo. Desde lo sucedido con Ciel, lo que le había hecho a Lizzie, todo. – De cualquier forma, ahora que ya estás despierto puedo marcharme. Anoche casi no dormi nada porque… Tuve que ocuparme de sacar a todos los invitados de la fiesta. – Mitad verdad, mitad mentira.
-No te vayas, Sebastián. – Pidió el menor, saliendo de la cama y siguiéndole hasta la sala. Su apartamento era un desorden, ya luego lo limpiaría. – Hablemos.
Sebastián tenía una mano en el pomo de la puerta cuando escuchó esas palabras. La chaqueta deportiva con rayas grises y negras fue jalada por las mangas. Se giró y encogió los hombros. - ¿Sobre qué?
-Sobre nosotros.
-No hay nada qué hablar.
-Pero… Veniste a mi fiesta… Hicimos el amor la otra noche. – Ciel necesitaba aferrarse a algo. Saber a Sebastián perdido no le era sencillo. Le amaba. Le necesitaba. Y estaba dispuesto a recuperarle.
-No tengo nada qué decir al respecto, Ciel. Simplemente, te extrañaba. Fue un momento de debilidad. Pero no volverán a suceder. – Se giró nuevamente para marcharse.
-¡No! – El ojiazul se puso frente a la puerta, los brazos abiertos como si fuera una letra "T", bloqueando la salida. - ¡Por favor, no te vayas! – Sus brazos cayeron flácidos a los lados de su cuerpo, mientras se arrodillaba en el suelo. – Un día me juré a mí mismo que si volvía a verte haría esto. – Miró hacia arriba. – Por favor, di que me perdonas. - ¡Maldición! Esos orbes azules que lo hipnotizaban.
Los consejos de Kain y la poca práctica que había hecho de éstos, se fueron al carajo en ese momento. Sebastián se arrodilló para quedar a la altura del ojiazul, abrazándolo con todas sus fuerzas. – Ciel… - Buscó los labios del menor y se prendió de ellos, extrañando ese contacto que hacía mucho tiempo no era suyo. – Creo que podemos olvidar lo que ha sucedido.
Ciel correspondió el beso en medio de una sonrisa. – Gracias, Sebastián. Soy un idiota.
-Lo eres, pero puedo vivir con eso. – Bromeó, riendo.
-No sé si debo agradecerte eso. – Rió, besándole nuevamente. - ¿Volverás a vivir conmigo?
-Es mejor que no. – Respondió el moreno. – Creo que estaremos mejor así. Cada uno en un lugar propio, tal como antes. – Y es que aún habían partes de su "nueva vida" que no sabía explicarle. El menor podía ser bastante celoso y seguro, no le dejaría pisar nunca más el suelo del 13th Street.
-De acuerdo. – Ciel se dio por vencido con esa batalla. Si Sebastián quería vivir solo, no había nada que pudiese hacer.
-¿Quieres desayunar conmigo? – Preguntó, tomando su barbilla. No quería continuar con esa pelea y arruinar el momento que acababan de vivir.
El ojiazul le miró confundido. No obstante, tomó el giro de las cosas con bastante simplicidad. – Claro. Sabes, quería contarte que en dos semanas tendremos el primer entrenamiento a puerta cerrada…
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Las siguientes dos semanas pasaron realmente rápidas. Muy atrás había quedado la preocupación de Ciel con respecto a lo sucedido en la fiesta, y ahora lo único que le importaba eran las noches que pasaría sin Sebastián. Claro, que también comenzaba a extrañar al equipo, al cual había visto solamente dos veces después de la fiesta, durante los entrenamientos.
La noche anterior, Sebastián se había quedado a dormir con él. Desde la orilla de la cama, colocando su ropa dentro del maletín, Ciel le miraba y no podía evitar morderse el labio cuando recordaba que apenas unas horas atrás, él estaba en una sesión importante con el moreno, su entrenador de rodeo. Sonrió. Ya hasta se habían tomado una fotografía en donde Sebastián aparecía con un sombrero de vaquero.
-¿Qué? ¿No pensabas despertarme para despedirte? – Preguntó repentinamente el moreno, quien se suponía que estaba durmiendo. Acostado sobre su costado y sonriendo.
-No quería despertarte. – Dijo el menor, dejando lo que hacía para treparse en la cama y besar al moreno. – Pero, ya que estás aquí… - Sonrió. – Creo que puedo darte los buenos días.
Sebastián correspondió el beso, enredando sus brazos en su cintura. – Te voy a extrañar demasiado. Hace más de un año que nos separamos por tanto tiempo.
-Y ahora que peleábamos. – Añadió el ojiazul.
-Sí. Debimos hablar antes, ¿no crees? Aunque no me sentía en la capacidad de escuchar razones, no voy a negarlo. – Besó la nariz del menor.
-Debimos, pero… bueno… no fue así. – Recordó entonces que si no hubiese sido por una de sus aventuras, el albino no le habría apoyado en eso de la capitanía. Se liberó delicadamente de los brazos del moreno. – De cualquier forma, debo irme.
-Nada de eso. – Dijo, sentándose en la cama. – Yo iré a dejarte. – Se puso de pie e inmediatamente comenzó a vestirse.
-Está bien. – Asintió el ojiazul. – Y mira, voy a llevarme mis dos teléfonos móviles. Ya sabes que si no te contesto en el usual porque Tanaka me lo haya quitado, tengo este otro que compramos cuando fuimos a la feria.
Sebastián ahogó una risa. Durante el entrenamiento del año anterior, el anciano Tanaka había privado a Ciel de su teléfono como castigo por no rendir en la forma que él esperaba. Por tanto, este año, un ojiazul más inteligente que su entrenador, había comprado un pequeño y simple teléfono celular. Uno muy barato y que no hacía otra cosa que no fuese enviar textos y hacer llamadas. Negro y simplón. Tenía que ser de esa forma porque Ciel, escondió tanto el aparato como su pequeño cable cargador dentro de un "frasco mágico" que habían comprado también en la feria, el cual parecía estar lleno de gelatina para el cabello, y resultaba no ser más que una capa de una extraña gel atrapada entre dos láminas de plástico que impedían su movimiento, provocando que el frasco se viese "eternamente" lleno.
El moreno sacó su propio teléfono móvil y revisó el haber anotado el número de este otro aparato. - ¿Te llamo?
-No. Yo voy a llamarte. – Dijo Ciel después de pensarlo unos segundos. – Es mejor así. No quiero que Tanaka me vea hablando por teléfono, o que suene en un momento en que no pueda contestarte.
-Tienes razón. Te enviaré un texto para desearte buena suerte. – Le guiñó un ojo.
-Gracias… mi amor. – Respondió riendo.
-¡No me llames así! ¡Me siento como una adolescente! – Protestó el moreno, asestándole una nalgada al menor, mientras tomaba una de las maletas del ojiazul, dejándole la que tenía rodos para que no le fuese difícil.
-¡Mi amor! ¡Mi vida! ¡Mi cielo! – Exclamaba Ciel, riendo quedamente mientras halaba su maleta de rodos por el pasillo. - ¡Quiero que todo el edificio sepa que amo a Sebastián Michaelis!
Sebastián rió. – Ya, ya. Yo también te amo. – Sonrió. - Porque eso es verdad, ¿cierto? – Tomaron el ascensor hasta el sótano y caminaron unos cuantos pasos hasta la camioneta del mayor.
-Lo es. – Asintió el menor, abrazando al moreno, justo después que éste metiera las maletas en el baúl. – Como ya dije, te extrañaré mucho.
-Yo también voy a extrañarte, Ciel. Cuando regreses, voy a mostrarte algo que… creo que va a gustarte. – Mencionó indeciso, pensando en su lugar de trabajo.
-Estoy seguro que sí. Si es algo que tu hayas elegido, estará bien para mí. - ¡Diablos! Ciel estaba de excesivo buen humor esa mañana. Sebastián se debería haber animado a decirle de una vez, pero no. Lo haría al regreso.
Subieron al auto, pararon en el autoservicio de un McDonalds, compraron un par de muffins y café para el camino. Hablaron de cualquier cosa que a ambos les parecía importante, y cuando llegaron al lugar del entrenamiento, ambos se debatían entre si Ciel debía bajar o no.
-Está en el contrato. – Masculló el ojiazul, dándose por vencido. Se recostó en el asiento del copiloto y rió. – Bájame, Sebastián. No pienso hacerlo solo.
-Lo haré, pero no seré amable. – Respondió Sebastián, bajándose del auto y dando la vuelta. Abrió la portezuela de Ciel y le miró sensualmente. - ¿Quiere hacer el favor de bajar, joven amo? – Siempre jugaban así.
-No. – Ciel se rebeló, riendo sonoramente. –Bájeme usted, señor Michaelis.
El moreno deslizó una mano en medio de las piernas del menor y acarició su miembro. - ¿Por favor?
El ojiazul ahogó un gemido. – Mmm… De acuerdo. Tú ganas. – Bajó del auto.
-Me debes una fotografía para mi teléfono. – Espetó el moreno. – Es lo menos que acepto a cambio de mis servicios de chofer… y descargador de bultos. – Añadió riendo.
-Maldito. ¡Me llamas bulto! – Protestó el menor. – Pero, voy a darte la fotografía para que veas que no soy el monstruo que piensas. Tampoco el bulto. – Rió.
Sebastián sacó su teléfono y abrazó a Ciel contra su cuerpo. Sostuvo el aparato lo más lejos que podía con su brazo y disparó la cámara. Cuando giró el celular, se dio cuenta que tenía la mejor fotografía que él y Ciel se hubiesen tomado en toda la vida. Ambos parecían tan felices, tan unidos. El moreno por un instante, se preguntó si realmente todo lo que había sucedido había sido real o solamente lo había imaginado.
Después de eso, Ciel bajó sus maletas y las llevó perezosamente hasta el portón de entrada. – Adiós, Sebastián. – Susurró, y sin importarle si alguien lo veía, tomó el rostro del moreno y lo besó suavemente.
Sebastián correspondió el ósculo, sonriendo contra sus labios. La chaqueta deportiva que llevaba puesta, de repente se sentía demasiado pesada y abrigada para el sentimiento cálido que le embargaba. – Adiós, Ciel.
Y se separaron, uno adentro del lugar y el otro a su camioneta. Ninguno de los dos imaginaba que aquel sería el comienzo de una auténtica historia de terror.
