Respuestas a Reviews:
SabyAngel7: Pobre de Ciel en verdad! A mí también me ha dolido mucho todo lo que le hicieron ese montón de tipos y lo peor fue eso, ¿no? Que lo hicieron entre todos al mismo tiempo, uno solo lo enfrentó las cosas.. DD: Y tienes razón, lo peor es que Hank también es gay, así que es por pura gana de volverle a caer bien a Ash.. Respecto a lo del dinero siento que así sería, como dices tú, que no van a recuperar nada y al final el único que pierde pues es Ciel.. Si es que sale del famoso lugar.. DD: Me alegro mucho que te gustara el capítulo y gracias por el review.. :DD
Sakura Lawliet Phantomhive: La verdad es que los compañeros de Ciel son unos machistas y por eso se comportan así.. DD: Jajaja wiiii! Te gusta Madame Red en plan de malvada.. XDD A mí también.. Gracias por el review.. :DD
Whatsername-Sama: Pues no es exactamente una historia de terror pero dígamos que en esta "arca" de la historia tendrá sus momentos escalofríantes a ratos porque se podría decir que es el "castigo de Ciel" a muchas cosas que ha hecho que se irán revelando en el paso de la historia.. :DD Aunque sí me dolió muchísimo lo que le pasó con sus compañeros de equipo.. DD: Gracias por el review.. :DD
Charles Grey-Perrible: Hola! Y estás en lo correcto, Undertaker buscaba una oportunidad para vengarse porque Ash en algún momento le cuenta lo que ha visto de Ciel y Sebastián, para que éste le ayude. Ahí estaba la explicación de porqué Ciel se esmeraba tanto en ocultar su relación con Sebastián. Les conocía bien. ¿Te gustó el capítulo porque estuvo lleno de crueldad para Ciel? Jajaja, créeme que Ciel ha hecho muchas y en parte es lo que está pagando ahora.. DD: Espero que te guste este nuevo capítulo que está lleno de muchas otras cosas nuevas.. :DD Gracias por el review.. :DD Saludos para ti también y que estés bien..
PerlhaHale: Lo siento! Pero sí, te van a desaparecer a Ciel porque tiene la mala suerte de haber caído en el juego de Ash, aparte que hay otra cosa que tampoco le va a ayudar mucho.. En este capítulo lo verás.. DD: Y te entiendo que te enojes porque Ash es una porquería como persona pero eso ya todo lo sabemos, en cambio, Undertaker, el buen amigo Hank, era alguien que prometía a Ciel siempre mucha "comprensión" en todo sentido, alguien que ahora se pone del lado de sus enemigos solo porque esta despechado. Noooo… jajajaja.. Tanaka solo quiso ver con sus propios ojos que Ciel era el dueño de esa muestra para no acusarle de nada malo y, según él, no caer en ninguna trampa de Ash, porque quiera que no, le conoce por todo el tiempo que han trabajado juntos.. Y Sebastián ahí va. Pero es lento el pobre jajajaja.. Le tomará tiempo encontrar a Ciel creo.. XDD Muchas gracias por el review y hoy si busqué al Sebastián vaquero, aunque en realidad en el dibujo le está poniendo el sombrero a Ciel, ahí lo verás.. XDD
Plop: La verdad es que quería una historia bastante impredecible.. Que cuando uno diga va para Guatemala, en realidad vaya para Honduras jajajaja.. espero me comprendas este relajo que yo solita hice.. XDD Y estoy completamente de acuerdo contigo, Ash es malo pero Undertaker definitivamente es lo peor, y no será la única que haga, créeme.. DD: Gracias por el review.. :DD
Yo: Lo sé! Me dolió que trataran así a Ciel, pero bueno fue algo que tomé de una persona real a la que le hicieron algo similiar.. DD: Y no habrán fantasmas jajaja, pero si pueden haber vivos o situaciones entre los vivos que causen un tanto de miedo parecido al de un fantasma.. XDD Muchas gracias por el review y me alegro que te gustara.. :DD
Wu: Lo sé y lo siento.. DD: Pero me alegro que en medio de todo haya sido de tu agrado.. :DD Aquí está el siguiente y gracias por el review.. :DD
Lia-tan: Y lo peor de todo es que Sebastián no sabe ni una palabra de todo lo que está sucediendo culpa del encierro! Escribe con mayúsculas cuando quieras.. XDD La verdad es que yo me emociono hasta más cuando escriben así porque veo que en verdad habían sentimientos encontrados por causa del capítulo.. xDD La verdad es que en este capítulo uno odiaba a todos no se escapaba nadie porque todos le están haciendo la vida miserable a Ciel! Quien tampoco es un alma de Dios que digamos pero que en medio de todo es Ciel, y es lindo y todos lo amamos jajajaja y le ponemos en un altar como dices tú.. xDD Me alegro que la historia te esté gustando y gracias por el review.. :DD
Sebastián entrenador de rodeo.. XDD facebook (punto) c o m (diagonal) ?fbid=690140811079688&set=a.111552292271879.20431.100002513273629&type
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Se estiró y sus manos chocaron contra una superficie fría. Entreabrió los ojos y un escalofrío le recorrió el cuerpo, obligándolo a abrazarse. Ahora sí, él mismo se obligó a abrir los ojos completamente, solo para percatarse que se encontraba en un lugar extraño.
Miró a su alrededor. Paredes color marfil le rodeaban, creando una pequeña habitación. Había un armario sin puertas blanco, al cual llamar de esa manera era darle mucho porque en realidad no eran más que cuatro o cinco trablas, clavadas a forma de permitir espacios en los que se pudiesen guardar cosas. Bajó la vista y encontró su maleta tirada en el suelo.
"¿Qué paso aquí?" Se preguntó mentalmente. Lo último que recordaba era haberse encontrado a Undertaker en el pasillo. El chico había dicho algo como "Lo siento, Ciel, pero era la única forma de ser aceptado por Ash otra vez." Y luego, se habían dado la mano. El ojiazul no recordaba nada más después de eso.
Se puso de pie, y casi por inercia, bajó la vista a su cuerpo. ¡Su ropa! ¡No tenía su ropa! Tenía puesta una camiseta blanca con un logotipo azul y un pantalón deportivo del mismo color. También llevaba unas zapatillas deportivas que no eran las suyas. – Rehabilitación. – Decía el logotipo de la camiseta, junto a un dibujo de una pelota de soccer. - ¡No, esto no está bien! – Exclamó el ojiazul, sin importarle si alguien lo escuchaba o no. Se lanzó al estrecho pasillo que separaba la habitación de la salida.
Miró la puerta azul al fondo y se precipitó a ella. No obstante, sus reflejos ya se lo decían. La puerta estaba cerrada. Ciel sujetó la cerradura y la agitó con fuerza. Miró entonces, asustado como ya empezaba a sentirse, la pequeña ventana enrejada que había a la altura de su cabeza. - ¡Déjenme salir de aquí! – Gritó, golpeando la puerta con una mano. - ¡Quiero salir! ¡No he hecho nada malo!
Y continuó golpeando la puerta, desesperado. Sentía como si el oxígeno se le acabara. Él no era de espacios cerrados, siempre le provocaban ansiedad. Recordó entonces su examen de drogas. - ¡Puedo explicar mi examen! ¡Déjenme salir y se los diré!
-Vaya, vaya. Tenemos un crío escandaloso en esta celda. – Ciel miró al dueño de esas palabras. Tenía el cabello rubio cenizo, similar al de Ash y al de Hank. Vestía un traje blanco y una camisa de cuello alto color negro. Se acercó, con una sonrisa intrigante en los labios que rayaba en lo burlesco.
El ojiazul sacó una mano por entre los barrotes y agarró al hombre por la solapa del saco. – Señor, ¡no sé por qué estoy aquí! ¡Tiene que ayudarme!
-¡Suéltame! – Protestó el albino, arrancando la mano del menor de su traje. – Si estás aquí es por alguna razón. Hmmm… - Bajó la vista a la tabla para apuntes que llevaba. – Veamos. – Miró hacia arriba de la celda, buscando el número de ésta. – "K-66" – Dijo, bajando la vista nuevamente. – Eres Ciel Phantomhive. Estás aquí para ser rehabilitado de tu adicción a las drogas. – Sus ojos grises y vivarachos regresaron al rostro del ojiazul. – Eres nuevo. El director querrá verte. Si tienes alguna inconformidad, podrás decírsela a él.
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Sebastián estaba en su apartamento, dando vueltas como un león enjaulado. Hacía casi una semana que no sabía nada de Ciel. El menor usualmente se tomaba muy a pecho esos entrenamientos a puerta cerrada y le llamaba una vez al día a lo sumo, pero ahora, ya llevaba demasiado tiempo sin saber de él y comenzaba a preocuparse.
Tenía el teléfono sujeto en una mano, apresado entre sus dedos y caminaba incesantemente. De repente, sonó y él ni siquiera se detuvo a mirar el número. Contestó apresuradamente. – Aló.
"¿Sebastián?" La voz suave y femenina le era familiar, pero no estaba seguro de quién podía tratarse. "¿Me recuerdas?"
-¿Señora Phantomhive? – Preguntó el moreno dudoso.
"Sí, soy yo. No me llames así. Soy Rachel." Ella sonó lo más amable que pudo y Sebastián recordó automáticamente una de las tantas burlas que le hacían a Ciel en la escuela. "Rachel la loca", así le llamaban todos desde la muerte del padre del ojiazul porque ella aseguraba que él había sido asesinado, aun cuando los indicios demostraban que él conducía en estado de ebriedad y que aquello era más que suficiente para causar el accidente mortal. No obstante, ella lo negaba y llegó a tal punto que incluso organizó un grupo de personas para solicitar la revisión del caso.
-Claro, Rachel. – Sonrió como si ella pudiera verlo a través del teléfono. - ¿Cómo te encuentras, Rachel?
"Estoy bien, Sebastián." Su voz intentó ser sincera, pero el moreno sabía que la mujer no podía pasarla demasiado bien encerrada en aquel lugar al que muchos llamaban 'casa de descanso' y que los sinceros (como él) llamarían 'casa para locos'. "Es solo que me he despertado con una pesadilla acerca de Ciel. Y pues… quería hablarle. ¿Crees que podrías ponermelo al teléfono sin decirle que soy yo? Ya sabes cómo es él, no quiere que nadie sepa que yo existo."
"¡Ah, Ciel!", maldijo Sebastián en su interior. Si el tuviese una madre no la trataría como lo hacía el ojiazul. Una pena que la suerte suya no fuera la del menor y que su madre hubiera fallecido durante el tiempo que el estuvo en Nueva York sin siquiera cinco dólares para volver para el funeral. El tiempo en el que Ciel no había cobrado ni siquiera el primer cheque con los Yankees y tenían que vivir separados. En fin, aquello era otra historia. Lo que sí mataba todo el espíritu de Sebastián era que Ciel no pudiera tomarse siquiera el momento de coger el teléfono y llamar a la mujer, quien permanecía aislada en Canadá. – Rachel, temo decirte que Ciel no está conmigo.
"¿Qué? Pero, ¿dónde está?" Estaba demasiado alarmada y el moreno no se sintió con la capacidad de decirle que no sabía una palabra sobre él hacía una semana.
-Está en un entrenamiento a puerta cerrada. Pero, volverá la semana que viene y entonces, podrás hablarle. Te prometo que yo mismo marcaré para que tenga que hacerlo. – Fue lo único que se le ocurrió decir.
"Te lo agradezco mucho. ¡Es que me preocupa tanto no saber nada de él! Ciel era toda mi vida y… me duele tanto que me rechace." Los ligeros sollozos se podían escuchar a través del aparato.
-No, no digas tal cosa. Ciel no te rechaza… Es solo que intenta ser aceptado por una sociedad que ni siquiera él mismo consigue comprender. – Hizo una pausa. Rachel se tranquilizó un poco. – Ahora ve y descansa. Te he dado mi promesa y voy a cumplirla.
"Quiérelo mucho, Sebastián. Yo sé que tú lo amas."
-Lo amo. A ti no te lo niego. – Sonrió. La madre del ojiazul no era como su prejuiciosa tía.
"Bien. Debo despedirme, entonces. Adiós, Sebastián. Cuídate mucho."
-Hasta luego, Rachel.
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Las manos de Alois chocaron contra los glúteos perfectos de Claude. Eran las once de la mañana. Su teléfono móvil marcaba que era hora de desconectar la freidora de pollo y comenzar a sacar la grasa acumulada, pero su cuerpo estaba ocupado en un sitio que no tenía nada de grasa acumulada.
El moreno se sujetó con una mano del respaldo de la silla mientras movía sus caderas, formando ligeros círculos hasta que su trasero chocó con el asiento del mueble.
-Claude… - Susurró el rubio en su oído, apartando el cabello del moreno de su oreja y besándola sensualmente. Su lengua recorrió el suave lóbulo y sus dientes mordieron delicadamente. – Te amo…
-Y yo te amo a ti. – Se giró en la silla, deteniendo el baile por un instante, para atrapar al rubio entre sus brazos y sentarlo en su regazo. – No importa que haga conmigo tu padre. Yo quiero estar a tu lado.
-Tú no eres de verdad. – Respondió Aois, besándolo en los labios.
Las manos de Claude subieron de la cintura a los cabellos despeinados del rubio, alborotándolos aún más mientras sus labios luchaban por dominar los del menor. Aunque Claude sabía que eso no era nada sencillo, jamás lo había sido. Alois podía comportarse muy sumiso en ocasiones, pero en realidad amaba tener el control.
El moreno llevó sus manos más abajo. Esta vez llegaron a la cola del rubio, apretándola con fuerza y atrayéndolo hacia su miembro erguido, el cual aún cubierto por la tela de la ropa interior, reclamaba por atención. –No, hoy no lo tendrás tan fácil. – Murmuró en medio de los besos.
-Eres un malvado. La vez anterior te has comportado tan sumiso… - Suplico Claude. El deseo estaba impreso en sus palabras.
-Es que era la primera vez. – Le guiñó un ojo. – Si tengo un stripper para mí, quiero que me complazca dejándome probarlo. – Sonrió ladeadamente, separando los bien formados muslos del moreno y arrodillándose en medio de ellos.
Claude el miró y se mordió el labio inferior. Los ojos turquesa de Alois le miraron desde abajo, mientras sus delgadas manos bajaban sus propios interiores, mostrándole lo dura que se encontraba su entrepierna, ahora desnuda. Después se ocupó de la ropa interior del moreno, y lo siguiente que Claude sintió fueron los labios tibios del rubio recorriendo toda su extensión. – Ah… Alois… - Gimió.
Alois lamía lentamente, provocando espasmos en el moreno, quien se aferraba al asiento de la silla con una mano y a los cabellos del rubio con la otra. Tenía miedo de hacerlo, pero la cita de práctica que tuvieron antes y su aventura con Ciel comenzaban a mostrar frutos. Finalmente, se animó a abrir la boca y tomar el miembro del moreno en ella. – Mmm… - La sensación era realmente placentera. La piel del falo de Claude que se friccionaba contra su lengua y cuya textura podía sentir en los dientes.
Luego vino el sabor del líquido preseminal y el apretón del moreno en su cabello. - ¡Basta! ¡No me resistiré a correrme!
-Córrete. – Susurró el rubio sin cesar en su tarea. Succionaba el miembro de Claude con toda la pasión que había contenido en tanto tiempo. Sus manos se entretenían en acariciar los muslos del mayor mientras su lengua continuaba con su juego.
-Te ensuciaré.
Alois fingió que se detendría por un momento. Siempre había sido un tanto delicado en ese tipo de situaciones y Claude sabía que eso bastaría para que se detuviera. Claro, que su forma de ser había cambiado bastante durante esos años de "cautiverio" en el restaurante de su padre. Le sonrió lascivamente y succionó con más fuerza, apretando los testículos del moreno con una manos, provocando que éste encogiera las piernas un poco al no poder resistir más y correrse en su boca.
Alois hubiera podido tragarlo todo, pero quería ser "sucio" para Claude, por lo que dejó que la semilla de éste chorreara por la comisura de sus labios. – Te ves tan rico. – Murmuró el moreno, tomándolo por la barbilla para levantarlo y limpiar el líquido con su propia lengua.
-Tómame y hazme tuyo, Claude. – Pidió el rubio, sentándose en el regazo de su amante, frotando su trasero contra el falo de éste. Su miembro rozando contra el vientre del otro.
-Pero será a mi manera. – Murmuró el moreno, alejándolo por un instante para ponerse de pie. – Sino, te dejaré ahí… Solo y deseoso.
-Eres tan cruel conmigo. ¿Qué deseas hacerme ahora? – Preguntó, juntando las piernas para que el mayor no pudiera ver la dureza de su entrepierna ya.
-Ya verás. – Claude fue a su habitación y regresó con un par de esposas y una llave colgando de un cinta de cuero al cuello. – Acuéstate en el suelo y pon las manos arriba de la cabeza.
-No. No quiero. – Intentaba rebelarse el menor con una sonrisa picaresca. Sin embargo, se acostó en el suelo y subió las manos como le indicó el moreno.
-Así me gusta… - Decía Claude mientras se arrodillaba en el suelo, colocando su cuerpo sobre el de Alois y esposándolo. Luego, procedió a besar el cuello de éste, mientras enredaba sus piernas en sus propias caderas. – Estás tan duro. – Jadeó en medio de los besos.
-Es que te deseo tanto. – Susurró Alois, acariciando la espalda del moreno mientras éste elevaba sus piernas y le penetraba lentamente. – Ah… Duele, Claude. Duele… -Arqueaba la espalda, protestando, pero tanto él como su sensual amante sabían que aquello era parte del "teatro" que se suponía la parte "sumisa" debía hacer. En realidad el trasero del rubio parecía estar hecho de goma, y si le dolía, era muy poco comparado al placer que experimentaba.
Las embestidas por parte del moreno comenzaron. Claude sentía la alfombra del suelo estrujarse debajo de sus rodillas, mientras él movía las caderas incesantemente. Le dolía pero no le detenía en lo absoluto. Su miembro era el que clamaba toda posesión de fuerza de voluntad en ese momento, y decía "Sigue, Claude. Sigue." No necesitaban tocarse, simplemente, sentir la respiración de uno en la piel del otro. Era exquisito. Claude no le tocaba, solo enterraba su rostro contra el cuello de Alois, y el rubio no podía hacerlo por sus manos atadas, pero tampoco le importaba porque lo único que amaba era sentir la agitada respiración de Claude contra su cuello.
-Mmm… Mmm… - La habitación se llenó de gemidos, jadeos y finalmente, de dos cuerpos que quedaron tirados en la alfombra completamente extasiados. Alois con la cabeza en el pecho del moreno, a pesar que sus manos aún estaban atadas. El rubio parecía haber dejado el desatarse para después. –Claude…
-Dime. – El moreno le miró y sonrió, besando con dulzura los labios de su joven amante.
-Te amo.
-Yo también te amo, Alois. – Le besó profundamente. Ambos estaban tan concentrados que no escucharon el ruidito que hizo la cerradura de la puerta al abrirse.
-Claude, perdóname por entrar así, pero tengo algo muy importante que… contarte…
Los dos abandonaron la escena y se giraron hacia el dueño de aquella voz que resultaba "extrañamente familiar" para ambos.
-¡Sebastián! – Exclamó Claude molesto. - ¿Qué haces entrando así a mi apartamento?
El aludido no podía cerrar la boca de la sorpresa que se había llevado. Contemplaba toda aquella escena con ojos ajenos. Su amigo y un chico rubio desnudos en el suelo de la sala. Todo era parte de algo que Sebastián hubiese esperado de su amigo. Sin embargo, había un elemento en aquel lugar que le era imposible ignorar. - ¡El vendedor de hamburguesas! ¿Y desde cuándo te revuelcas con este rubio asqueroso? – Lo señaló.
-¡Ah! ¡Claude, viene a matarme! – Gritó Alois, poniéndose de pie con las manos amarradas y escondiéndose detrás del mayor.
-Ya te robaste a Ciel, ¿ahora qué? ¿Te quieres robar a Claude? – Preguntó Sebastián con cara de pocos amigos.
-¿Qué cosas está diciendo Sebastián, Alois? – Claude se giró y miró al rubio, quien estaba con los ojos llorosos y las mejillas sonrojadas. – He hecho una pregunta y quiero una respuesta ahora. – Masculló.
-Yo…
-Dile la verdad. – Interrumpió Sebastián. – ¡Dile que tú eres quien se acostó con Ciel! ¡La asquerosa rata con la que me traicionó el día de nuestro aniversario! – Aquel era un detalle que el moreno no perdonaba.
-¿Eso es verdad, Alois? – Claude entrecerró los ojos, devolviendo su atención al rubio. – Pero… ¿cómo? ¿Tú?
-Fue solo una aventura, Claude. Él no volvió a buscarme en esa forma ni a interesarse mucho en mí después de eso. Sobre todo después que Sebastián me golpeara. – Confesó con la mirada al suelo.
-¡Y lo volvería a hacer! – Protestó el moreno.
-Yo hubiese apoyado a Sebastián. – Claude movió la cabeza en un gesto negativo. - ¡Qué vergüenza, Alois! – Se quitó la llave del cuello de un tirón, venciendo a la cinta con que se sostenía y abrió la cerradura de las esposas. – Es mejor que te marches ahora. Ya hablaremos de esto luego.
-Pero, Claude…
-He dicho ahora. – Espetó secamente. – No quiero que discutamos ahora. – Bufó por lo bajo.
-Bien. – Masculló Alois, tomando su ropa del suelo. – Iré a vestirme y me marcho. – Y dicho esto, entró en el cuarto del moreno y azotó la puerta.
Claude tomó una bocanada de aire, inseguro de a quien quería echar de su casa primero. Sebastián fácilmente encabezaría la lista sino fuera porque lucía tan preocupado. – Y ahora tú, ¿qué quieres?
-Puta, Claude… Ciel está perdido. – Dijo Sebastián, llevando una mano a su cabeza. – Tengo una semana de no saber de él.
Claude se inclinó y tomó sus pantalones, vistiéndose con ellos sin importarse en buscar su ropa interior. Eso sería demasiado vergonzoso. – Pero, ¿qué no había ido a un entrenamiento a puerta cerrada? Debe estar en eso, ¿no?
-Tú no entiendes. Ciel y yo nunca nos hemos separado realmente durante uno de esos entrenamientos. Pasan dos días a lo sumo y nos ya estamos enviándonos textos o hablando por teléfono.
El mayor le hizo un gesto para que se sentara y, Sebastián le hizo caso. - ¿Crees que pudo sucederle algo?
-No lo sé. Pero, quería saber si podías acompañarme al campo de entrenamiento. Quisiera hablar con Tanaka siquiera.
-De acuerdo.
Alois salió vestido y miró al moreno. – Ni busques, Sebastián. Seguro Ciel se ha vuelto a marchar con alguien mucho más interesante que tú.
Claude le miró con disgusto. - ¡Basta, Alois! Sebastián es mi amigo y tiene un problema. Además, no creas que tu participación en la vida de Ciel me tiene siquiera un poco feliz. Creo que lo mejor es que te vayas.
El rubio miró a Sebastián. Era mejor marcharse. El hombre tenía los puños cerrados y los ojos fijos en su persona. Claude no parecía ser quien le detendría tampoco. Así que, simplemente, se encogió de hombros y avanzó hasta la puerta. – Como quieras. A ver si consigues quien te haga lo que yo. – Y a eso le siguió otro portazo con el que seguro quedaron flojas hasta las ventanas.
-¿Recuerdas el viejo amor del que te hablé? – Preguntó Claude sin quitar la vista de la puerta.
-Es él, ¿cierto?
El mayor asintió en silencio.
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Dos horas sentado en una silla de plástico, frente a una televisión sin volumen y en una sala en la que a lo mucho cabían cuatro sillas más aparte de la suya. Asfixiante. Lo único que llamaba su atención realmente era el reloj en el tope de la pared que le indicaba cuánto tiempo de su vida había desperdiciado en aquella maldita habitación. ¿Es qué acaso lo estaban probando? ¿Querían ver si se volvía loco ahí metido?
Y dos puertas a cada lado. Una que le había llevado ahí dentro y la otra, que era la que conectaba al consultorio del médico.
-El doctor le recibirá ahora. – Una mujer de cabellos liláceos salió para avisarle aquello. Llevaba un vestido bastante fuera de moda y un delantal blanco. – Por cierto, me llamo Hannah Anafeloz. El doctor es el señor William T. Spears. Pasa adelante. – Le indicó con una mano para que continuase a la siguiente puerta.
Ciel se puso de pie y obedeció. Era mejor no provocar a aquella gente.
El consultorio del médico en realidad era mucho más espacioso de lo que Ciel imaginaba. Empezando por la carencia de muebles en su interior. Todo se resumía a un escritorio, una silla de rodos y una butaca. Encima del escritorio una placa en la que se leía "William T. Spears, Jefe de Psiquiatría". –Buenas tardes, Ciel. – Le saludó el hombre, sentado detrás del escritorio, escrutándolo desde debajo de sus gafas de aro grueso color negro. – Bienvenido.
-Buenas tardes. – Masculló el ojiazul.
-Toma asiento. – Ciel obedeció y él prosiguió. – Quiero que sepas que estoy orgulloso de tenerte aquí. El que hayas aceptado tu enfermedad ya te encamina a mejorar.
-¿Enfermedad? Yo no tengo absolutamente nada. – Espetó molesto. – Estoy aquí por un error.
-Ciel, Ciel… - Le habló como si se tratara de un loco. – Nadie está atacándote. Yo solo quiero ayudarte. Tendrás diferentes sesiones conmigo. Te ayudaré a aceptarlo y erradicarlo de tu vida. También tendrás sesiones en grupo con el doctor Grey. Tu tía nos ha pedido que cuidemos muy bien de ti. También nos ha comentado la historia de tu madre.
-¿Qué? ¡Basta! ¡Yo no estoy loco ni soy un drogadicto! – Se puso de pie y somató los puños contra el escritorio del hombre. - ¡Quiero irme! ¡Y quiero irme ahora!
-Me temo que eso no será posible, Ciel. Tendrás que sentarte o me veré en la penosa situación de llamar para que te coloquen un calmante. – El doctor le miraba sin atisbo de perturbación. En su traje ni siquiera se veía un pequeño doblez que le indicara a Ciel si se encontraba molesto o no. – Perdóname, Ciel pero no me dejas otra opción. – Añadió al ver que el joven no pensaba sentarse, apretando un botón al lado de su escritorio. El botón emitió un "beep" seco y, de inmediato apareció Hannah con otro chico de cabello rubio. – Denle un calmante, por favor. – Dijo hastiado.
-¡Ni se les ocurra acercárseme!- Exclamó el ojiazul, sin ver que detrás suyo, por otra puerta, salían dos chicos idénticos, quienes se le abalanzaron encima, sujetándolo por ambos brazos. El rubio se acercó a ayudarles y les obligó a arrodillarlo en el suelo para que Hannah pudiera clavar la aguja en su cuello. - ¡Suéltenme! ¡Malditos! – Ciel se retorcía, intentando liberarse del agarre, mientras sentía como el líquido que ya corría por sus venas le nublaba los sentidos y le dormía el cuerpo. Estaba despierto pero era como si cada vez tuviese menos control de sus acciones.
-Ahora, llévenlo a su habitación y encárguense de que tome sus medicinas del día. Mañana le enseñan las reglas que se siguen antes del desayuno. – Indicó el doctor William, sonriendo maliciosamente. – No sabes cómo voy a disfrutar mostrándote las bondades de este lugar, Ciel.
