Hola!

Bueno, les traigo el nuevo chapter el día de hoy. Disculpen si aún no he podido responder sus reviews, lo haré a la brevedad xD pero sigo, como siempre, hostigándolas y agradeciéndoles hasta el cansancio y en niveles ridículos que sigan leyendo este humilde fanfic, y sigan favoriteandolo y "followeandolo(?)".

Quiero decirles que trataré de tomar en cuenta lo más que pueda sus comentarios y sus ideas :)

Y bueno... creo que eso es todo por ahora. Las dejo con el nuevo capítulo que espero les guste, llene sus expectativas y no les provoque aventarme de un precipicio enredada en una bandera(?)

Las amo a todas!

Cuídense, y que el Thorki siempre los acompañe!

Higurashi Out!


Para Loki, eso de seguir en el instituto a la 1:34 P.M. en domingo era estúpido y una completa pérdida de tiempo, habiendo tantas posibilidades de diversión y tantos lugares a los que podría ir –aunque en ese momento no se le ocurriera ninguno-. Ese día en especial no le apetecía en absoluto quedarse un minuto más en aquel calabozo. Si lo hacía, seguramente moriría. Así que, despreocupadamente, caminaba hacia la salida de la institución haciendo buen trabajo manteniendo la calma y disimulando no tener prisa alguna para salir de ese horripilante lugar.

Pensándolo detenidamente, realmente no sabía a dónde demonios podría dirigirse en un día así él solo.

Para qué mentir, "sus amigos" realmente nunca habían sido sus amigos. Simplemente eran una pandilla de vagos interesados y convenencieros que se dedicaban a saltarse las clases, embriagarse, coger y salir de juerga siempre que pudieran… al igual que él, al menos en lo de holgazanear eternamente. Y, vamos, no era que no lo supiera. De hecho, había estado consciente de ello desde el primer instante que los conoció. Era solo que no esperaba que, de pronto, esos malditos bastardos malparidos lo dejaran de lado y empezaran a hacer todo por su cuenta. Es decir, ¡por favor! ¿Siquiera tenían cerebro?... No, en serio. Todos eran unos imbéciles que no tendrían un futuro que no tuviera que ver con ser un vagabundo o empleado de alguna cadena comercial con un salario miserable aunque así lo quisieran y se esforzaran en ello. Es más, estaba completamente seguro de que, sin su ayuda, no hubieran podido imaginar siquiera en qué lugar del mundo se encontraba Londres, y que ellos vivían ahí mismo. Sin exagerar ni una sola palabra.

Tenía una leve sospecha de por qué habían decidido cerrar el círculo para él tan repentinamente. Pero, aunque llegara a estar acertada, no encontraba coherencia alguna con ello. Bueno, para empezar, era claro que ellos no tenían forjada una reputación como la propia, que le había costado tanto lágrimas como sangre –lo segundo literalmente–. No les echaban encima cada 2 minutos alguien que les ayudara a enderezar el camino y, de paso, sus notas. Tampoco estaban bajo una estricta vigilancia las 24 horas del día los 7 días de la semana –que a él no le importaba en lo más mínimo– y un condicionamiento especial de "ser niño bueno" a cambio de la "atractiva oferta" de seguir estudiando en esa institución –que, por supuesto, también le importaba un demonio–. El hecho de estar asistiendo a sus clases y hacer sus tareas cuando debía no ameritaba lo que le habían hecho, según la lógica del moreno.

Sí, era cierto, ahora mismo tenía un mucho mejor promedio general que cualquiera que hubiera llegado a tener anteriormente, y todo gracias a esas mariconadas de "estudio constante, responsabilidad y perseverancia". Y aunque no le gustaba esta nueva modalidad,debía aceptar que era más efectivo que pedir apuntes prestados para estudiar el último día para los exámenes finales. Cabe aclarar que esta le funcionó de maravilla durante mucho tiempo, y le hubiera gustado seguir practicándola y perfeccionándola.

El punto era… aquellos idiotas desde el principio habían estado bailando entre la línea del "somos responsables" y "YOLO". Bien podría Loki haberlos desechado mientras no terminaban de decidirse en qué lado quedarse. Pero no lo hizo. Y estas eran, evidentemente, las consecuencias.

En fin, no le molestaba en lo más mínimo el asunto de que lo hubieran abandonado; su "compañía", de todos modos, ya le empezaba a ser demasiado abrumadora. Sus aburridas existencias le causaban pena, y su estupideces casi le obligaban a cavar un hoyo y ocultarse cual avestruz cada que salían a flote. Lo que le molestaba era que estaba en extremo aburrido, y que gracias a esos cerdos tendría que pasar muriendo el resto del único día que le importaba, en ese momento, tener ocupado. Ojalá pudiera encontrarse con algo interesante, o con alguien confiable. Lo que fuera. Quien fuera. No le importaba pasar el resto del día en un café, de compras en algún centro comercial, o dando un jodido paseo por un puñetero parque. Sólo quería estar distraído y fuera de la maldita universidad.

Camina, pues, despreocupadamente hacia afuera del instituto, manos en los bolsillos y demostrando su actitud de siempre: "Don't touch me. Bitch, I'm Fabulous".

Ya llevaba aventajados dos bloques de caminata sin rumbo cuando siente un antojo salvaje, de esos que aunque trates no puedes ignorar, de fumar un cigarrillo. No era un vicio para él, ya que no acostumbraba a hacerlo muy seguido. Pero antojo es un antojo, y se le daba mucho fumar en situaciones de extrema presión y/o ansiedad, como a mucha gente. No queriendo gastar su preciado dinero sólo por un maldito cigarro se ve forzado por su impulso a echar marcha atrás hacia su dormitorio, donde en algún lugar de todos sus cajones y pertenencias tenía una cajetilla casi entera, precisamente para situaciones como aquella. Avanza con pasos largos para llegar lo más pronto posible y poder encender ese cigarro.

Se anima mucho al ver a lo lejos a Sif, que estaba cerca de la entrada principal. Su relación con ella había mejorado tanto que ya hasta podía sentarse a platicar un buen rato con ella sin que el estúpido rubio estuviera de por medio.

Sólo podía rogar que no tuviera algún plan o estuviera ocupada. Más le valía no estarlo.

Se acerca un poco más rápido hasta ella y se extraña al notar que no se ha movido ni un solo centímetro desde hace un par de segundos, que había estado caminando alegremente hacia el interior del instituto, pero no le toma mucha importancia. Se posiciona justo detrás de ella y coloca sus manos sobre los hombros de la chica para sorprenderla.

- ¡BOO! –sonríe juguetonamente.

- ¡AH! ¿Qué…? –voltea exaltada al instante y se pone blanca al ver al pelinegro- ¿L-LOK…? ¿Q-que haces...?

- También me da gusto verte, Sif –frunce el ceño, desconcertado por la reacción.

- Eh… bueno… yo… -sus ojos se mueven nerviosamente como queriendo volver al campo de visión anterior, pero sabiendo que no debe hacerlo.

- ¿Qué te sucede? –ríe levemente por la extraña reacción de la morena- Parece que realmente hubieras visto un fantasma. No quería asustarte tanto…

Loki puede notar el nerviosismo tan poco usual de Sif perfectamente, que insiste en mover sus ojos como queriendo ver algo que, hasta hace unos segundos, estaba frente de ella.

- ¿Qué tanto ves? -cuestiona picado por la curiosidad, dispuesto a mirar eso tan interesante que mantenía intrigada a la otra.

- ¡NO! Nada, y-yo no veo nada –responde alarmada y evita que el ojiverde levante la vista, tomándolo con sus manos por las mejillas-. ¡Mira, hoy te ves muy guapo! Digo, t-t-tú siempre estás guapo, pero… pero hoy más de lo usual… ¿Es el color blanco verdad? ¿O… o la chaqueta de cuero? ¡Si, eso es! Definitivamente te queda. Resalta el color de tus ojos… te ves simplemente e-encantador. Excelente. ¡M-mejor que nunca!...

- Sif, ¿qué sucede? –pregunta persistente mientras trata de alzar la mirada nuevamente, sin éxito.

- ¡Nada, en serio! Oye, ¿quieres ir por un café? ¡Vamos, yo pago! –le da la vuelta y comienza a darle pequeños empujoncitos para hacerlo caminar hacia la salida nuevamente.

- Sif, estás preocupándome… y molestándome. Mucho. Dime qué sucede. Ya.

- De verdad Loki, no pasa nada… Nada importante, sólo cosas de la vida~ -canturrea tontamente por el nerviosismo y sigue empujándolo.

- Sif… ya basta –se harta de la situación tan extraña y se da media vuelta para buscar con la vista que era lo que sucedía.

- ¡LOKI, NO…! –trata de jalarlo por el brazo pero el chico ya había volteado completamente. Alterada aún más comienza también su búsqueda visual.

Por fortuna para ambos, no había nadie conocido por ahí, ni ocurría nada relevante frente a sus ojos. Sif respira hondo y luego jala la manga de Loki más calmada:

- ¿Lo ves? Te dije que no era nada.

- Mmm… -voltea a verla con los ojos entrecerrados-. No me convences.

- ¡Ay, por favor Laufeyson! Tú mismo lo has visto, está simple y aburrido, como siempre.

- Ya te he dicho que no me llames así –gruñe-. ¿Y quién me asegura que cuando pude ver ya no estaba lo que sea que te tenía embobada?

- ¡Oye! –"Mierda, ¡sí que es listo!" piensa Sif, pero finge indignación y orgullo herido- ¿Por quién me tomas? Si algo importante ocurriera, juro que te lo hubiera dicho… -"Lo siento Loki…"

- Oh, claro. Tienes razón. Es por nada que estabas más nerviosa que un conejo, comenzaste a hablar doscientas palabras por segundo, me empujaste hacia la salida y gritaste como poseída cuando me di la vuelta. Obvio, todo tiene sentido ahora –enarca una ceja y se cruza de brazos, deshaciendo el agarre de la ojiazul.

- ¡Ahh…! –realmente se sintió atacada, pero extrañamente divertida por el comentario del moreno- ¡Qué grosero eres! ¿Por qué tanta insistencia en saber lo que sucedía? Estoy segura de que no querías ver a… la chica que me gusta… besando a… otra… zorra.

Ok, eso había sido completamente improvisado –para empezar porque la chica en cuestión no era lesbiana… según sabía-, pero si eso servía para convencer a Loki de no seguir escarbando en el asunto, le bastaba. Al menos el chico sí estaba enterado por su propia boca de sus preferencias.

Y, en efecto, sirvió. Loki cambió su expresión demandante y furiosa a una preocupada y apenada. Si bien la mentira de Sif no había sido ni de cerca buena –además de que, en vez de haberse alterado y evitar que viera aquello, debería haber seguido en el shock–, el estado tan sensible en el que se encontraba, debido a lo acontecido más temprano, le hizo calmar los ánimos y pensar que sabía exactamente como se sentía.

- ¿En serio? ¿Eso fue lo que viste, Sif? –quiso corroborar.

- S-si… -se mordió el labio inferior, poniendo una cara de angustia y tristeza con ojos perdidos en el espacio. Si Loki llegaba a saber que eso era mentira, su futuro sería incierto.

- Ay, Sif. Yo… -aprieta la mandíbula, creyéndose un cretino por haber querido saber aquello.

- No, no te preocupes Loki –devuelve la mirada hacia él-. Estoy bien… te lo dije, no pasa nada –sonríe tratando de calmarlo.

- ¿Estás segura? ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Dímelo… -cuestiona insistente, estaba totalmente dispuesto a hacer lo que fuera para hacerla sentir mejor.

- Totalmente. Ya, relájate… No, espera ¿sabes qué? Sí hay algo que puedes hacer.

- ¿Qué cosa? Dime… -sonríe a medias.

- Vamos por ese café –ríe levemente y lo toma del brazo dirigiéndolo a la salida del lugar.

- ¡OH! –ríe también- ¿Nunca te cansas de tomar café? Ok, ok. Vamos. Oye, pero antes acompáñame a la habitación –se detiene en seco impidiendo a Sif que continúe arrastrándolo.

- ¿Qué? ¿Para qué? –pregunta curiosa.

- Quiero un cigarro, tengo una cajetilla casi entera en mi escritorio.

- ¿Tú,… fumas? –cuestiona nuevamente, ahora sorprendida.

- Claro. Bueno, no suelo hacerlo muy seguido, pero sí. ¿Por qué?

- Nada, sólo que no lo esperaba. Aunque, ahora que lo pienso… debes verte realmente sexy haciéndolo… y aún más justo como estás ahora –no puede evitar echar a volar su imaginación para recrear la escena y se pierde por un momento.

- Hey, hey… Tierra llamando a Sif. Lo que sea que estás pensando, olvídalo. No planeo enamorarte y hacerte hetero de nuevo –bromea al tiempo que mueve una mano frente a sus ojos para sacarla de su pensamiento.

- … -la chica se echa a reír a las grandes carcajadas, para luego agregar entre risas- Lo dudo mucho Loki. Además, aunque lo hicieras… eres casi como una chica. No te ilusiones, no será hoy…

- ¿Qué? –dice incrédulo y divertido por el comentario- ¿Cómo que soy "como una chica"? ¿Eso es un insulto?

- No te lo voy a explicar Loki, y si quieres tómalo como un cumplido. En fin… no tienes que ir a tu habitación, yo puedo darte un cigarro.

- ¿De verdad? Pensé que Thor te tenía prohibido fumar…

Thor. Ese nombre. Esas cuatro letras. Escuchar a Loki decirlo con tanta facilidad y con ese gesto tan casual le revolvió el estómago repentinamente. No había reparado detenidamente en ello por el shock inicial pero, analizándolo bien, el hecho de que Thor estuviera por ahí paseándose y besándose con Foster, después de haberle contado su aflicción con Loki, solamente podía significar que había hablado con él, y que los resultados no habían sido precisamente los que ella esperaba. La apariencia tranquila que en ese momento Loki ostentaba bien podría ser la misma si el acuerdo fuese mutuo o no; conociéndolo, mantendría su orgullo ante los demás a flote aunque el mundo tuviera que derrumbarse a su alrededor.

Thor podría ser su mejor amigo y la persona más preciada en el mundo para ella, pero en ese momento le pareció el mayor idiota sobre la tierra.

- Ah… sí, se supone –responde algo sería, y continúa tratando de sonar un poco más enérgica-. Pero… ¡bah! –mueve la mano para quitarle importancia al asunto- Lo que no come no le hará daño, ¿o sí? -le guiña un ojo.

- Uhmm… tienes razón –sonríe amplia y maliciosamente-. Que se joda.

Ambos ríen con complicidad y salen tranquilamente del edificio para ir a cualquier lugar que se les antojara en ese momento.

Thor, mientras tanto, estornudaba más que nunca sin explicarse por qué, dado que su malestar ya había disminuido y tratando de estudiar para el examen que tendría al día siguiente –y el único que iba a tener, habiendo exentado todas las demás materias-, que daría inicio la última semana del curso. Esto sin mucho éxito. Aunque se encontraba sumamente feliz por haber logrado su cometido convirtiéndose en novio de Jane –porque sí le gustaba mucho-, no dejaba de sentir ese pequeño deje de culpa y remordimiento que, tal vez si podía reconocer la causa, pero prefería engañarse y pensar que no.

Esa noche Loki no regresó a la habitación a dormir, y no porque no hubiera querido y prefiriese evitar la situación como un cobarde, sino porque se la había pasado tan bien con Sif que esta misma le había propuesto que pasara la noche en su dormitorio para seguir conversando y divirtiéndose, que aunque sí lo había hecho con esa intención, también por el bienestar del pelinegro. Seguía molesta con Thor, y no estaría satisfecha hasta que le diera una explicación. Una muy buena.

Dado que Loki aún no era muy bueno con Cálculo, y a ella no se le dificultaba en lo absoluto, se ofreció también para ayudarlo a estudiar para el examen final y definitivo que tendría en la próxima semana. Si bien el ojiverde no pudo evitar distraerse, aburrirse y fastidiarse un poco, logró aprender un par de cosas que le servirían de mucho y que, aunque Thor ya le había explicado antes hasta el cansancio, no le había tomado nunca importancia.

Antes de acostarse a dormir, Thor se aseguró cerca de 25 veces si el moreno no iba a llegar a la habitación, y una vez ya tendido en su colchón tenía la sensación de que en cualquier momento podría llegar. ¿Por qué no llegaba? ¿Acaso sería que esta vez sí se había pasado de verdad? ¿Tanto que no quisiera verle la cara en un buen rato? Bueno, y no es que no tuviera razón, la verdad él sabía que sí la había liado bien y bonito. Si Loki no quería verlo en lo que restaba de la eternidad, lo entendería completamente. Pero no entendía por qué seguía dándole vueltas al asunto. Sí; era un hijo de perra, no tenía perdón y se quemaría en el infierno por desgraciado –exagerando el asunto desde tiempos inmemoriales-. Pero ya estaba hecho, en ese momento no debería estar pensando en el moreno, debería estar pensando en Jane. De hecho, debería estar hablando con ella. Eso era lo que hacían los novios, ¿no?

Era algo raro de decir, e incluso de pensar. Es decir, estaba en una relación con alguien más. Y estaba alegre por ello, Es decir, su ahora novia, Jane Foster, era una persona muy carismática e inteligente. Sin mencionar que era muy guapa. No dudaba que hubiera otros chicos detrás de ella, y el que ella se hubiese fijado en él era algo muy halagador. No tenía mucha experiencia con las mujeres, y aunque ella no era su primera novia, aún no se acostumbraba al hecho. Había algo que no encajaba y no le terminaba de convencer de todo aquello. Debía ser la novedad, ya se le pasaría. Tomó su móvil y decidió por fin llamarle.


- … Así es que cuando veas estos signos de aquí –Sif los señala en la hoja de papel con el lápiz- automáticamente sabes que lo que debes hacer es…

- ¡Ah…! ¡ACHUUUU! –interrumpe Loki, estornudando a todo pulmón de la nada.

- ¡Salud! Por el amor de Dios, ya hasta perdí la cuenta de cuantas veces has estornudado en todo el día. O alguien está obsesionado contigo el día de hoy, o te pegaron un muy buen resfriado –sonríe burlona.

- Ha, Ha, Ha… qué graciosa eres –la mira inquisitivamente-. En vez de reírte de mí deberías pasarme otro pañuelo…

- Claro, claro… ya no seas aguafiestas. Sabes que es broma –le alcanza lo que pedía.

- Sí, lo sé… -le dirige otra mirada de desprecio fingido y se limpia la nariz- Eres hilarante.

- ¡Oh, vamos! No puedes enojarte conmigo, deberías estarlo con el que te pegó la gripa.

Ups. Eso NO tenía que haberlo dicho.

- ¿Qué, perdón? –frunce el ceño y deja el pañuelo a un lado, dirigiendo toda su atención a Sif ahora.

- Sí, el ser despreciable que te pegó esa gripa… debes haber andado de Loki-llo por ahí con alguna chica, esas cosas suelen pasar… -trata de arreglarlo, recalcando lo de "con alguna chica". No me mates, no me mates, no me mates, no me mates, no me mates, no me mates, no me mates…

- Uhmm… bueno. En lo de despreciable tienes toda la razón –suspira cansado. Sif se le queda mirando por un momento; al parecer sí había entendido a quién se refería aún sin especificarlo, pero no se lo había tomado mal. Sonrío de lado algo apenada por la situación, el moreno no le había contado nada aún, y ella no tenía intenciones de preguntar, pero aun cuando pareciese que estuviera como siempre, tenía un aura azul rodeándolo y esa expresión de resignación que nada encajaba con él. La voz del moreno la saca de sus pensamientos-. Por cierto Sif, ¿tú no vas a estudiar? No me gustaría que por mi culpa no lo hagas.

- Ah, no. No voy a estudiar, no te preocupes. De todos modos, yo ya exenté la mayoría de los exámenes. Estoy libre hasta el jueves –sonríe, notando el cambio de tema.

- ¿En serio? ¡Wow…! La cara no te ayuda, pero no eres tan tonta… -sonríe burlón y le revuelve el cabello.

- ¿Eh, qué? ¡Ah, LOKI! –forcejea tratando de apartarle la mano de la cabeza- Ya sabía yo que tenías que salir con alguna de tus tonterías… oye, espera… ¿TAN?

- ¡Hahahaha! Exactamente, "tan". Por eso… -ríe levemente.

- ¡Ah, sí a esas vamos… consíguete a alguien más que quiera explicarte esto! –amenaza.

- Perfecto, hasta que por fin entendiste que no quiero seguir estudiando –hace la finta de querer ponerse de pie, pero la morena lo toma del brazo y lo vuelve a sentar.

- ¡Ah! No, no, no, no, no, no, no -canturrea y mueve la cabeza en negación, aguantando la risa-. Hazle como quieras, pero de aquí no te vas muchachito.

- Sí mami, ya me portaré bien… -sonríe desdeñosamente el ojiverde, acomodándose de nuevo en su asiento.

Estuvieron otro rato más estudiando y platicando. Sin poder evitarlo, se quedó pensando recurrentemente en el hecho de que, si Sif había logrado exentar la mayoría de sus exámenes finales, con toda seguridad Thor lo había hecho con todas sus materias. No queriendo pensar en ello, tampoco pudo evitar preguntarse: "¿Qué estará haciendo en este momento?".


Thor se encontraba justo fuera del aula donde, supuestamente, le correspondía tomar su examen. Estaba tratando de recuperar el aliento, dado que había llegado corriendo al lugar. No solía pasarle quedarse dormido y llegar tarde, en especial en ocasiones tan especiales como los exámenes finales.

La profesora hizo una mueca de extrañeza y, luego de amenazar a los estudiantes con cancelarles la prueba si se les ocurría hacer algo estúpido, salió del salón para encontrarse con el rubio.

- Discúlpeme mucho Srta. Danvers, no era mi intención llegar tarde e interrumpirla, espero por favor me deje presentar el examen…

- Odinson –interrumpe aún más desconcertada y sonríe de lado divertida por el nerviosismo inusual su alumno-, ¿se puede saber qué hace aquí? Yo ya lo hacía en el aeropuerto, camino a su casa.

- Pues… vine a presentar el examen final. No puedo irme a mi casa sin aprobar su materia.

- Pero si Usted ya la aprobó. Exentó, de hecho. ¿No recuerda? Se lo dije la semana pasada.

- Ah… ¿de verdad?

- Si, ya no tiene nada que hacer por acá, a menos que quiera presentarlo de todos modos.

- Hehehe… -se soba el cuello y desvía levemente la mirada, sonriendo nervioso- no, así está bien Srta. Danvers… disculpe la molestia.

- Ay, Odinson… -ríe levemente y lo mira con ternura- usted está enamorado. Tenga más cuidado y no olvide estas cosas tan importantes, ¿de acuerdo? Que pase unas bonitas vacaciones –le palmea el hombro y se da media vuelta para encaminarse de nuevo a su escritorio y vigilar a los estudiantes.

El rubio se ruborizó ante la suposición de la profesora y, no pudiendo despedirse debidamente de ella, se dio la media vuelta y caminó de vuelta a su habitación.

¿Cómo había podido olvidar que había exentado esa materia?

O mejor dicho, ¿cómo podía haber pensado que no lo había hecho? Era totalmente lógico pensar que lo había hecho; teniendo un record tan limpio y exacto como el suyo, no podía ser de otra forma. No solía ser tan distraído, y no entendía por qué cuando la profesora le había hablado de su estado sentimental, aunque a modo de broma, había volado a su mente la imagen del pelinegro. En todo caso, él amaba a Jane Foster. Punto. No había más.

Caminó hasta su habitación y, una vez dentro, se recostó en su cama por unos segundos para descansar. El gusto no le duro mucho, pues se le ocurrió la magnífica idea –al menos para él- de llamarle a la castaña. Al ser tan inteligente, no dudaba que no tuviera ningún asunto pendiente en el instituto, y que se estuviera preparando para irse a los Estados Unidos, de dónde provenía. Quizá pudiera convencerla de que pasara las vacaciones con él en Australia, aunque sonara muy apresurado. Quería pasar tiempo con ella. Necesitaba pasar tiempo con ella.

De todos modos, aunque la chica le dijera que no podía, ya se había adelantado a reservar los boletos del avión. Sólo su hogar era más sagrado que la escuela, y ya estaba libre de ataduras de esta. ¿Para qué esperar?

Entre todos sus pensamientos y acciones aceleradas, se quedó un momento estático cuando uno en particular llegó a su mente.

Ah, cierto. Se suponía que tenía que ayudar a Loki con sus exámenes finales…

Foster le confirmó. Él aceptó los términos y condiciones de la compra en línea de los boletos. Se recargó en la silla de su escritorio y soltó un suspiro pesado.

¿Qué más daba? Ya había hecho mucho por él en todo el semestre. Podía arreglárselas solo.


Eran 3:30 de la tarde. Había tenido dos exámenes seguidos, Fundamentos de la Administración y Química. Haber estado desde la mañana pensando y escribiendo respuestas a páginas y páginas de preguntas interminables deberían haberlo cansado hasta la muerte. Y, en efecto, si lo habían hecho. También tenía un hambre de los mil demonios, y le dolía el trasero de estar tanto tiempo sentado. Pero en ese momento Loki no sentía nada de eso.

Se dirigía algo apresurado y expectante hacia la habitación #79.

No porque quisiera ver a Thor, para nada. Sucedía que sus piernas se movían solas, como si su pensamiento no pasara por ese filtro llamado orgullo y se fueran directamente hasta las acciones. Además, se suponía que el rubio debía quedarse, por órdenes mayores, para ayudarlo con sus exámenes. Pero tenía esa extraña corazonada de que debía cerciorarse de que el animal ese estuviera ahí. Tenía que ver con sus propios ojos a ese estúpido matándose estudiando, como siempre, aunque no lo necesitara. Necesitaba verlo en ese momento. Como si fuera la última vez.

Sin pensarlo, una vez estando fuera de la habitación, la abrió instantáneamente, con una ligera sonrisa adornando sus labios. La cual se fue desvaneciendo al entrar y no ver ninguna de las pertenencias del ojiazul. Al ver su cama perfectamente tendida, pero con un aire vacío. Y al ver su escritorio completamente limpio y sin nada sobre de él. Se había ido. Era algo obvio; ya no tenía nada que hacer ahí. Pero se había ido sin avisar a nadie. Se había ido… sin despedirse.