Bueno, esta vez me gustaría comentar algo. En el capi anterior la maravillosa Airic- Been me dejó un review en el que me comentaba que mi fic se parece a otros que ha leído. Aunque en un primer momento me sentó algo mal, empecé a pensar y me di cuenta de que en el fondo eso no debe de alterarme en absoluto. Hay miles de fics Malec por ahí, y teniendo en cuenta que estoy usando una base de argumento bastante cliché... Lo raro sería que no hubiese ninguno parecido, la verdad. Pero me gustaría y agradecería muchísimo que, si alguien, ya sea lector o autor, conoce alguna historia que se parezca demasiaaaaado a esta, me avise. Odio enormemente el plagio en todas sus formas, y por mucho que yo no vaya a plagiar nunca, el solo hecho de que pueda parecerlo me enferma .
De nuevo gracias a Airic-Been por el review, de verdad, cuando dije que aceptaba todo tipo de críticas lo decía en serio. Y perdón de nuevo por expresarme tan mal xD

Y como siempre, gracias a todas las personas que leéis este fic. Y mi especial agradecimiento a aquellas personitas maravillosas que me mandaron reviews en este último capi ¡Me ayudasteis mucho!

Eeeeen fin. Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

"Cazadores de Sombras" no me pertenece, pertenece a esa cruel mujer a la que le encanta jugar con mi pobre corazón. Cassandra, te amodio mucho.


Siento su cálido aliento mezclado con el mío cuando nuestras lenguas luchan por el dominio dentro de mi boca. Mientras sigo acariciando sus perfectos abdominales, aprovecho un momento de descuido por su parte para colar una de mis piernas entre las suyas, frotando suavemente su entrepierna. Alec gruñe y separa nuestras bocas cuando todo su cuerpo se arquea y sus caderas comienzan a moverse buscando más contacto. Nuestras miradas se encuentran y veo con fascinación cómo sus ojos entrecerrados se han nublado por el deseo.

Estoy a punto de seguir, de llevarlo hasta el final y acabar con el deseo que llevo sintiendo toda la semana. Quiero empotrarlo contra la pared del almacén y hacerlo mío de una vez por todas. Pero su boca se abre y susurra una simple y única palabra.

—Magnus…

Y es entonces, tras escuchar mi nombre susurrado por sus tiernos labios, cuando me doy cuenta de que no es esto lo que ansío. No quiero simplemente acostarme con él una noche y luego no volver a verlo. Quiero conocerlo mejor, saber lo que piensa, lo que sueña; quiero acostarme cada noche a su lado y despertar por la mañana sabiendo que él estará tendido junto a mí; quiero que no solo su cuerpo sea mío, sino también su mente, su alma, su corazón. La sensación de necesidad es tan intensa que por un segundo me deja sin aliento.

¿Cómo he podido llegar a esto? No hace ni una semana que lo conozco, ¿Por qué es él tan diferente? Hago un enorme esfuerzo y encuentro la fuerza de voluntad necesaria para separar completamente nuestros cuerpos. Su mirada busca la mía, llena de confusión, y su voz tiembla cuando me habla.

— ¿He hecho algo mal?— Desvía la mirada mientras alza sus brazos de forma inconsciente para abrazarse a sí mismo.

—No, tú no has hecho nada mal. Mierda, yo… no sé cómo decir esto… — Le tomo de la barbilla suavemente y le obligo a levantar la mirada. Y es eso, su mirada, lo que me da la fuerza necesaria para continuar— Alexander, por favor, por favor, sal conmigo.


El martes las cosas mejoraron en gran medida respecto al día anterior. Aunque de nuevo tuve que dar clase a mi rubio antagonista, esta vez el que consiguió sacarle de quicio fui yo. Al parecer, Jace no es realmente "Jace". Su verdadero nombre es Jonathan Cristopher y, si intentas llamarlo así, es posible que se ponga de los nervios. También es posible que, al darme cuenta de este hecho, yo me pusiese a llamarlo "Jonathan" por cualquier motivo. «Jonathan, sal a la pizarra» «Jonathan, siéntate recto» «Jonathan, deja de morder el bolígrafo» « ¿Tienes hora, Jonathan?» «Jonathan, ¿Te pasa algo?» «Te noto mala cara, Jonathan». Al final de la clase mi pobre alumno salió hecho una furia por la puerta sin siquiera dirigirme una mirada. En fin.

Al parecer los martes solo tengo dos horas de clase (la hora anterior y la hora posterior al primer descanso), así que nada más acabar la primera me dirigí a la sala de profesores. De nuevo estaba allí mi parejita favorita, aunque al parecer el día de hoy no tocaba discusión. Lástima.

La mujer se llama Catarina Loss y es la enfermera del centro. Es muy agradable, pero al parecer su carácter cambia drásticamente cuando la seguridad de alguien está en peligro. Creo que es la persona con mayor vocación de servicio que he conocido en mi vida. Hablando con ella me he enterado de que ayer estaba discutiendo con Ragnor Fell (el hombre extravagante de pelo blanco) porque este tiene por costumbre saltarse el protocolo de seguridad a su antojo. Ragnor es el profesor de Química práctica, y al parecer no le importa en absoluto comprometer la integridad de sus alumnos al ponerlos a trabajar en sus "macabros experimentos" (palabras textuales de Catarina). Alguna que otra vez algún alumno ha resultado herido, con quemaduras graves e incluso alguno ha acabado intoxicado. Y para Catarina, que ama a todos y cada uno de los estudiantes, eso es motivo de pena de muerte.

Al terminar mi segunda hora de clase todavía tengo gran parte de la mañana y toda la tarde a mi entera disposición. Perfecto. No tardo ni quince minutos en llegar a Taki's, aunque me desagrada darme cuenta de que mi ojiazul no está trabajando. Quizá sólo tenga el turno de tarde… lástima. Como igualmente tengo que ponerme a corregir unas redacciones que mandé ayer a la clase de cuarto curso, tomo asiento en la misma mesa de ayer y le pido a la agradable camarera que me atiende un café con mucho azúcar. Al primer café le sigue un segundo, y a este un tercero. Así que cuando quiero darme cuenta son las dos del mediodía y ya va siendo hora de que me vaya a casa.

Oigo una risa suave, tímida, y en al momento sé que tiene que ser él por cómo mi corazón ha empezado a latir, desbocado. Miro hacia la puerta de entrada y lo veo sosteniendo la puerta para la pequeña pelirroja de ayer, que entra poco a poco llevando en brazos una pila de cajas tan alta que llega a taparle la vista.

— ¿Sabes? Un verdadero caballero se hubiese ofrecido a ayudarme en algo— le dice ella resoplando por el esfuerzo.

— Te estoy sosteniendo la puerta — le contesta él mientras amplía la sonrisa.

— ¡Oh, sí! ¡Muchas gracias, Alec!

¿Alec? Alexander sigue riendo mientras la chica consigue llegar hasta la barra y colocar las cajas sobre esta, entonces se gira y apunta al muchacho con un dedo acusador.

— Esta vas a pagármela, te lo juro.

— ¿De verdad? ¿Y qué tendré que hacer?

— ¡Recogerás el almacén toda la semana!

— ¿Recoger el almacén toda la semana? Te recuerdo que quien decide los turnos es Luke. Y, por mucho enchufe que tengas, él es un hombre justo.

La pelirroja está punto de contestar cuando entro en su campo de visión. Ella sonríe con una sonrisa malévola que solo había visto con anterioridad en mi tío William y parece muy orgullosa cuando responde.

— Puede, pero nos deja a nosotros decidir quién se encarga de las mesas y quién de la barra cada día. Y hoy yo elijo ocuparme de la barra.

— ¿Ese es tu brillante castigo?

— Quien ríe el último ríe mejor, amigo mío.

Veo con interés cómo ambos desaparecen por una puerta lateral y vuelven a salir minutos después con el uniforme ya puesto. Entretanto el local se ha ido llenando poco a poco y, aunque no está abarrotado, hay una buena cantidad de clientes que esperan a ser atendidos. Por eso, supongo, es por lo que Alexander no se da cuenta de mi presencia hasta que está frente a mi mesa. Sus ojos se amplían por la sorpresa mientras a su cara acude ese hermoso rubor que lo hace parecer tan adorable.

— No me llamaste, y realmente esperaba que lo hicieras. Me has tenido toda la noche sin dormir esperando tu llamada, ¿sabes?

Aquello, en parte, era cierto. Sabía casi con seguridad que él no me llamaría, pero sí que había estado pensando él durante buena parte de la noche. Y no eran unos pensamientos precisamente dulces, más bien tenían que ver con una cama y unas esposas.

—Yo… — El pobre parecía incapaz de decir nada coherente, como si yo le hubiese quitado la capacidad de hablar. A decir verdad es algo que me sucede a menudo; simplemente deslumbro— ¡Tu cambio! Ayer te olvidaste de recogerlo y…

— ¿Mi cambio? — Le pregunté alzando la ceja en un gesto teatralmente ensayado.— Eso era tu propina, Alexander.

— ¿97 dólares de propina? Eso es excesivo. Lo normal es dar un… ¿Alexander? ¿Cómo sabes mi nombre?

— Querido, si por charlar contigo cinco míseros minutos tuviera que pagar mil dólares, no lo dudaría— le dije mientras señalaba su placa identificativa, divertido.

Su sonrojo se hizo más profundo mientras alternaba la mirada entre su chapa y mis ojos.

— ¡Alec! ¡Se te acumula el trabajo!

Él se giró en redondo, mirando a la pequeñaja de la barra con una expresión de pura confusión.

— Ve y atiende al resto de clientes, yo ya he terminado por hoy. Nos veremos mañana, Alexander. Ahora ya sé a qué hora encontrarte.


Al día siguiente hay una reunión de profesores, así que se me hace más tarde de lo previsto en el instituto. Igualmente llego sobre las cuatro a Taki's, y veo cómo Alexander encuentra mi mirada nada más cruzar yo las puertas ¿Me ha estado esperando? La respuesta me llega de manera imprevista cuando él se acerca a mí en cuanto me siento en mi ahora habitual mesa.

— Creí que no vendrías, que me habías tomado el pelo — Sus ojos me miran asustados, pero también sinceros y llenos de esperanza.

— Te dije que vendría ¿No? Mientras tú estés aquí no pienso dejar de venir cada día.

Una sonrisa se extiende por su rostro y sus ojos parecen iluminarse.

— Te tomo la palabra…eh…

—Magnus, Magnus Bane.


Entre semana no hemos podido hablar mucho, pero no me quejo. Él está trabajando y tiene que atender otras mesas a parte de la mía, además de ayudar de vez en cuando a Clary (por fin me he aprendido su nombre) detrás de la barra. Pero siempre vuelve a mí cuando tiene un segundo libre, es de lo más adorable. La mayoría de las veces no hablamos de nada importante, simplemente me dedico a piropearle mientras él se sonroja y oculta sus ojos tras su flequillo. Pero también he ido averiguando cosas sobre él. Tiene tres hermanos y es el mayor de todos ellos, vive a las afueras del pueblo, le encanta leer… y lo más importante: es gay y está soltero. Lo primero ya me lo imaginaba por sus reacciones a mis comentarios, pero dudaba seriamente de lo segundo. Automáticamente deduje que Alexander debía de ser el único homosexual en kilómetros a la redonda, porque de otro modo me resulta imposible entender cómo es que nadie le ha echado ya el guante.

Pese a que la semana iba mejorando conforme pasaban los días, el viernes a última hora de clase tuve un contratiempo de lo más curioso: me di cuenta por casualidad de que la pequeña pelirroja que trabaja con Alexander está en una de mis clases. Y con "casualidad" me refiero a que se plantó delante de mi escritorio nada más terminar la clase y me miró con el ceño fruncido.

—Llevo toda la semana esperando para saber qué narices te traías entre manos, pero ya me he cansado de esperar.

— ¿Desde cuándo estás tú en una de mis clases?

—Desde el principio de semana, gracias por fijarte. "Clarissa Fray", ¿lo ves? — dijo señalando con el dedo la lista de alumnos que había encima de mi carpeta.

— Lo siento, querida, pero la verdad es que ni me había fijado en ti. Apenas llevo aquí una semana y es imposible que me acuerde de todos y cada una de las caras y los nombres de-

— ¿Y Alexander? ¿Te suena ese nombre? Escúchame atentamente, ¿quieres? Aléjate de él.

—No creo que tú puedas decirme lo que hacer, Clarissa— la rabia inundaba poco a poco mi ser ¿Cómo se atrevía…? — Lo que yo haga con Alexander es algo entre él y yo. Y soy tu profesor, no lo olvides. No pienso tolerar que me hables de ese modo.

Ella pareció amedrentarse un poco, pero no perdió la dureza en su mirada.

—Tienes razón, esto no volverá a suceder, disculpa. Pero como no acabes con esto ya, será Hodge quien hable contigo la próxima vez. Adiós, Sr. Bane, que tenga un agradable fin de semana.

¿Hodge? ¿Pero qué?


Alexander me avisó de que este sábado no trabaja, así que decido quedarme en casa todo el día para ir corrigiendo los ejercicios que me habían entregado mis alumnos e ir preparando las clases de la semana siguiente. Sobre las seis de la tarde me cansé y decidí ponerme a ver un rato La Isla de Gilligan. Supongo que en algún punto me quedé dormido, porque me desperté sobresaltado cuando mi móvil comenzó a sonar. Número desconocido.

— ¿¡Quién osa molestar al Gran Brujo de Brooklyn!?

— ¿Magnus?

— ¿Alexander, eres tú?

— ¿Quién es el Gran Brujo de Brooklyn?

— Creo que es algún personaje de la última novela que leí, no tengo ni idea. Acabas de despertarme y mi cerebro no está muy lúcido que digamos.

— ¿Te he despertado? ¡Lo siento! No imaginé que estarías durmiendo tan pronto. Lo siento muchísimo, de verdad.

Miro el reloj y me doy cuenta de que son las nueve de la noche. Creo que ni mi abuela se acostaba a esta hora. Urg, ha sido una semana agotadora.

— Simplemente estaba descansando un poco la vista, todavía no me iba a acostar. No te preocupes. — De repente mi cerebro despierta del todo y me doy cuenta de lo que está sucediendo— Pero ¿¡qué importa eso!? Alexander, ¡me estás llamando!

—Sí… bueno, verás... Clary tenía que salir antes por un asunto familiar y me ha pedido que la sustituya. Esto está completamente lleno, mi turno no acabará hasta la una de la madrugada como mínimo, y encima luego me toca encargarme del inventario en el almacén. Yo… me preguntaba si querrías…

— ¿Quieres que vaya a verte? — una sonrisa se extendió por mi rostro cuando pensé en la suerte que tenía. ¡Al fin conseguiría verle de noche! Y quizá, con un poco de suerte, me dejaría acompañarle a su casa, me invitaría a una copa y luego… Oh, Dios.

— N-no tienes que venir si no quieres. Es más, con toda esta gente será imposible que esté mucho rato contigo. Ha sido una idea estúpida, perdona— yo ni siquiera le estaba escuchando.

— Todavía tengo que vestirme, maquillarme…

— ¿Magnus?

— Intentaré darme toda la prisa posible. Dame una hora, ¿quieres?

— ¿De verdad? ¿Vas a venir?

—Oh, Alexander… no me lo perdería por nada del mundo— Me imaginé el rubor cubriendo sus mejillas y mi corazón comenzó a latir ferozmente.

Llegué a Taki's a las diez y cuarto. Tras ducharme concienzudamente (más de lo normal, incluso) durante media hora y pasarme otros quince minutos mirando el armario, finalmente opté por unos pantalones ceñidos azul eléctrico y una camiseta blanca con un nyan cat estampado en purpurina. Me calcé mis botas negras con cordones fucsia y me pasé veinticinco minutos peinando mi pelo hasta conseguir que desafiara la gravedad. No usé demasiado maquillaje, apenas una sombra de ojos lila con brillantes. Quedar esta noche con Alexander en parte también suponía una gran liberación para mí; después de todo me había pasado toda la semana manteniendo mi vestimenta y maquillaje al mínimo para ir a clases. Esa noche Alexander vería a mi verdadero yo, no podía esperar.

Tal y como me había dicho por teléfono, el local estaba lleno. No había ni una sola mesa libre, y la barra estaba atestada de personas. Miré con fastidio a la familia que estaba ocupando mi amada mesa del fondo y acto seguido empecé a buscar a Alexander por todo el local. No tuve que buscar mucho. Llegó a mí con una exhalación y me sonrió ampliamente mientras me decía algo. Le hice un gesto hacia mis oídos, indicándole que no le oía, y él resoplo, haciendo que su flequillo se revolviera todavía más.

Cuando me agarró de la mano y me guió hacia la barra serpenteando entre las mesas mi corazón casi se detuvo. Me indicó un sitio en la barra, demasiado cerca de la salida de los camareros como para que resultase cómodo para cualquier otro. Para mí era perfecto. Alexander me soltó y volvió a perderse entre las mesas mientras la chica que atendía la barra se acercaba a mí.

— ¡Hola, recién llegado! ¿Te pongo algo?

—Un margarita, por favor.

La chica me sonrió y se empezó a preparar mi cóctel. Tenía la piel oscura y llevaba su cabello castaño recogido en una pequeña coleta.

— ¿Tanto se nota que no soy de por aquí?

— Llevo aquí toda mi vida, así que conozco a cada persona de Idris— Un cliente la llamó al otro lado de la barra y ella fue rauda a atenderle. Cuando volvió a mi lado me dejo mi bebida justo delante — Además, Alec y Clary llevan toda la semana cuchicheando sobre ti.

Una sonrisa se extendió rápidamente por mi rostro y una extraña sensación de satisfacción se adueñó de mi interior.

— ¿Alexander te ha hablado sobre mí?

— En realidad él es muy reservado, así que… no. Pero Clary sí— Frunció levemente el ceño, pero enseguida recompuso su sonrisa jovial— Ella dice que no eres buena gente, pero me parece que se equivoca. Yo calo muy bien a las personas, ¿Sabes? La primera vez que vi a Jace, por ejemplo, no pude quitarme la sensación de malestar de encima hasta que se marchó.

Solté una pequeña carcajada. Esta chica es estupenda, creo que vamos a llevarnos estupendamente.

— ¿Jace Lightwood? ¿Ese cretino se pasea mucho por aquí?

— Antes lo hacía diariamente, pero desde el incidente con Clary solo viene cuando tiene que recoger a Alec.

Todo el buen rollo se fue de inmediato. ¿Perdón? ¿Qué pintaba aquel estúpido rubio recogiendo a MI Alexander?

— ¡Maia! — El dueño de mis pensamientos llegó a la barra y habló apresuradamente con la camarera. Segundos después, ella le cogió la bandeja y el bloc de pedidos de las manos mientras sonreía como una boba. Tras dedicarme una última sonrisa y darle un codazo amistoso a su compañero, se dirigió a la cocina canturreando.

Alexander comenzó a servir a los clientes rápidamente y al cabo de unos minutos lo tenía frente a mí.

—Perdona, de verdad, pero esto es un infierno. Si Maia no me hubiese cambiado el puesto creo que no habría podido verte en toda la noche y… ¿Te ocurre algo?

— ¿Quién es Jonathan?

Su sonrisa se esfumó mientras todo su cuerpo se ponía tenso al instante.

— ¿Quién te ha hablado de-?

— Maia, ha sido Maia. ¿Quién es Jonathan, Alexander?

El me miró fijamente, con la duda marcada en sus ojos claros.

—Es mi ex.

.


La simple mención de Jonathan me hizo dar arcadas. Jonathan era el hermano mayor de Clary, un cabrón que solo me utilizó durante el breve lapso de tiempo que vivió en Idris. Después se fue, sin más. A vivir con su padre, creo. Nunca le pregunté nada a Clary. Tampoco me importa.

Magnus parece distante después de tocar el tema, aunque yo tampoco estoy mucho mejor. No me gusta hablar de Él, y tener que hacerlo delante del chico que ahora me…eh… atrae, no es muy agradable. Sobre las doce y media la gente ha empezado a marcharse, y Magnus ha comenzado poco a poco a volver en sí. A la una y cuarto ya era él mismo de nuevo. A las dos, mientras Maia, Jordan y yo recogíamos el local, ya había escuchado tal cantidad de halagos y coqueteos que mi cara estaba roja a más no poder.

Ni siquiera sé cómo llegamos a ello. Hacía un segundo estaba despidiendo a mis compañeros y cerrando todas las puertas delanteras, y de repente me encontraba aprisionado entre Magnus y la puerta del almacén mientras él se dedicaba a lamer mi cuello con lentitud.

Conseguí abrir la puerta a tientas y nos colamos dentro. Mi mano se dirigió a su pelo y tiré de él hasta hacer chocar nuestras bocas. Magnus me fue conduciendo por la sala hasta que de nuevo estuve aprisionado entre él y, ahora, una pared. Nuestras bocas siguen unidas cuando siento cómo cuela una de sus piernas entre las mías y me roza placenteramente cierta parte de mi anatomía que ya estaba a punto de reventar. No puedo evitar separar nuestras bocas cuando busco algo de aire, intentando mantener la poca cordura que me queda. Entonces Magnus me mira a los ojos y sé que ya no puedo volver atrás, sé que dejaré que haga conmigo lo que quiera.

—Magnus…

Quiero decirle cuánto significa esto para mí. Quiero decirle cómo me encandiló nada más verle, quiero decirle lo que ha llegado a significar para mí en una única semana. Desgraciadamente mi boca solo alcanza a emitir gemidos mientras mi cuerpo se está ahogando en el placer. Pero entonces él separa nuestros cuerpos y pierdo mi punto de apoyo. Estoy confundido, aterrado.

— ¿He hecho algo mal? — Por favor, dime que no la he cagado. No puedo haberlo fastidiado todo, es demasiado pronto.

—No, tú no has hecho nada mal. Mierda, yo… no sé cómo decir esto… — Siento su mano como un toque ligero pero firme sobre mi barbilla y alzo los ojos hacia él. — Alexander, por favor, por favor, sal conmigo.

Mi corazón late sin control y a mi mente vienen imágenes del infierno vivido con Jonathan. No puedo. No puedo volver a pasar por todo esto de nuevo. No quiero volver a enamorarme. No aparto la mirada de sus ojos y me doy cuenta de que ya lo he hecho. Magnus me mira suplicante, asustado, y me doy cuenta de que quizás él no me hará daño. Quizá Magnus sea el indicado.


En un principio este capítulo iba a ser la tercera y última parte del mes Septiembre. Peeeeroooo me he alargado más de la cuenta, así que al final no he podido incluir todo lo que tenía pensado sin que el capítulo pareciera un testamento.

La cuarta y última parte de Septiembre va a ser corta. Bastante, bastante, corta. Y como ya la tengo completamente pensada solo me queda escribirla. Lo que no sé es si subirla ya la semana que viene junto con el capi de Octubre (dos capítulos seguidos) o en cuanto acabe de escribirla. ¿Vosotra/os qué opináis?