Yap! Prometí actualizar prontito porque este capi era muy corto y servía más que nada de puente entre el anterior y el siguiente, así que aquí estoy :D
En primer lugar me gustaría mucho darle las gracias a MERRY WEATHER H y a RokudoRinne por sus reviews. He tenido una semana jodi*a y estaba bastante echa polvo, así que cuando leí sus mensajes de camino al trabajo me dio un subidón enorme. El de la primera me hizo subir el ánimo de una manera brutal. Y el de la segunda... bueno, la verdad es que me puse a reír como loca; querida, amo tu manera de expresarte.
En segundo lugar también quería agradecérselo mucho a Anairafuji, Llala D y lala. Como no estáis registradas no puedo contestaros apropiadamente (lo haría por aquí, pero no sé si resultaría muy raro (?)), pero muchas gracias por haberos tomado la molestia de escribir un comentario en los últimos capis ¡Os adoro!

Ale, ya me he vuelto a enrollar... En fin: Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
Blablablaaa ningún personaje me pertenece y blablabla Cassandra Clare es dueña de todo. Fin.


Cuando cumplí los catorce años mis padres decidieron que ya era lo suficientemente maduro como para hacerme cargo de mis hermanos mientras ellos estaban en Londres trabajando. Sé que mucha gente piensa que a esa edad tan temprana todavía no estaba capacitado para dicha tarea, todavía hoy, cuando ya está más que demostrado que nos las podemos apañar bien sin ellos, escucho a la gente murmurar sobre la irresponsabilidad de mis padres. Incluso Izzy y Jace están furiosos con ellos. Creen que nos abandonaron, que no les importamos lo suficiente. Yo nunca he sabido qué opinar al respecto, así que simplemente me dedico a hacerlo lo mejor posible.

De lunes a viernes voy a clases por la mañana y trabajo por la tarde, por lo que puedo compaginar bien las cosas. Por otro lado, los sábados trabajo a jornada completa, lo que suele significar pasarme en Taki's desde las nueve de la mañana a la una de la madrugada (depende de sobre qué hora se marche el último cliente). Como ninguno de mis hermanos se levanta antes de las diez, no los veo hasta que vienen a mediodía a comer al local; por la noche, cuando llego, Max está ya acostado hace rato y los otros dos están en alguna fiesta de la que no volverán hasta dos horas después como mínimo.

Los domingos sin embargo siempre los pasamos en casa. Jace suele regresar sobre las cinco de la mañana, así que no se acuesta y me espera hasta que, una hora después, me levanto yo. Es una especie de tradición nuestra desde que él empezó el instituto: todos los domingos a las seis nos vamos a hacer footing por el bosque que se encuentra bordeando todo el pueblo. Cuando volvemos a casa Jace se ducha y se dirige a la cama, mientras que Max y yo pasamos un rato a solas en la biblioteca. Por las tardes solemos hacer maratones de cine (Max ama las películas de superhéroes) o de videojuegos hasta que se hace la hora de acostarse. Puede que no sea un plan idílico para mi único día libre, pero para mí es perfecto.

Este domingo, sin embargo, las cosas no van bien. Estoy tan distraído pensando en Magnus que me he caído por lo menos tres veces mientras hacía ejercicio con Jace, he quemado la comida (por lo que hemos vuelto a comer otra vez comida china para llevar) y he sido incapaz de ganar una sola partida. Sé que yo mismo fui el que le dijo que durante el día de hoy no podíamos hablar, pero me he sorprendido más de una vez a mí mismo mirando el teléfono móvil con anhelo.


El teléfono llevaba sonando por lo menos media hora cuando por fin me he levantado de la cama para contestar.

— ¿Todavía estabas durmiendo? ¿A ti te parece normal, con la edad que tienes?

— ¡Tío Will, querido! ¡Cuantísimo te he echado de menos! — Dije con mi voz adormilada cargada de ironía — ¿Cómo va todo por casa? ¿Algún pato gigante y asesino ha destruido ya Nueva York?

—No, todavía no. Pero pasará, no lo dudes. Y estoy prácticamente seguro de que será dentro de poco. Verás, he estado investigando y resulta qu-… ¿Qué? ¿Qué quieres, Tessa? Estoy hablando yo, mujer, espera un segundo, ¿Quieres?

Al otro lado de la línea escuché un sonoro golpe seguido de un quejido de mi tío. A continuación mi tía Tessa se pasó cuarenta y cinco minutos echándome el típico sermón (¿Has comido bien? ¿Te estás cuidando? No estarás tomando mucho alcohol, ¿verdad?...). Cuando por fin colgué el teléfono eran las once de la mañana. Yo nunca en la vida había estado despierto tan pronto un domingo, y soy un animal de costumbres.

Me volví a dirigir a la cama con la intención de dormir hasta las cinco por los menos pero, de nuevo, al igual que ayer por la noche, fui incapaz. Ayer por la noche Alexander me llamó. Yo fui a Taki's. Nos besamos. Me confesé. Le pedí (más bien rogué) que fuera mi novio. Me dijo que sí. Me dijo que sí. ME DIJO QUE SÍ.

Para mí esto es completamente extraño, no he tenido novio formal desde… nunca. Un polvo con aquel chaval tan mono de allí, una noche de sexo desenfrenado con la rubia cañón… ¿Pero una relación formal? Jamás. No es que no crea en el amor, al contrario. Hasta el más escéptico creería en el amor para toda la vida si viviera durante un solo año en la casa de mis tíos. Pero siempre he tenido miedo. Quizás fuese lo que ocurrió con mis padres, no lo sé, pero pensar en enamorarme me aterraba. Y me aterra todavía más darme cuenta de que con Alexander ya no tengo vuelta atrás; estoy perdido en eso ojos azules.

Cuando me despierto la mañana del lunes la depresión se apodera de mi cuerpo. Otra semana entera de clases. Otra vez Jonathan Lightwood a primera hora. Si la semana pasada ya le tenía cierta animadversión a ese maldito rubio oxigenado, el saber que es el exnovio de MI Alexander (Mío. Mío. Mío. Ahora ya puedo decirlo con total libertad) lo ha rematado del todo. Al principio fue un poco chocante ¿Qué hacía Alexander saliendo con un crío? Luego reflexioné y me puse a pensar en ello detenidamente. Jace es atractivo, de esa clase de persona que llama la atención allá por donde pasa. Puede que Alexander en algún ataque de locura cayese presa de su estúpido hechizo, pero obviamente se dio cuenta de su error y cortó con él. Caso resuelto.

Esta vez me aseguro de pasar lista para asegurarme de que está presente. Está. Bien, de momento vamos por el buen camino. ¡Ey! Pero soy Magnus, ¿Por qué iba a ser un día normal? He salido tres minutos, TRES, a hacer unas malditas fotocopias que habían salido borrosas cuando las hice esta mañana. ¿Y quién sino él iba a estar en el frente de la clase manchado de pies a cabeza de pintura?

— ¡Jonathan Cristopher Lightwwod, al despacho del director! ¡YA!

Confieso que lo más lógico (y justo) por mi parte hubiese sido preguntar lo que había ocurrido, pero soy una persona muy infantil, y mi sed de venganza por la reprimenda que me llevé la semana pasada guió mis actos. Acompañé a mi alumno hasta el despacho de Hodge para poder regodearme un poco más en mi victoria, pero para mí desgracia mi estúpido y oportuno jefe estaba ausente hasta el jueves. Catarina, que al parecer es la subdirectora del centro, no parecía demasiado sorprendida cuando entramos por la puerta.

—A tu hermano esto no le va a hacer ninguna gracia, lo sabes — le dijo al rubito mientras le miraba con lástima. — Es primera hora, Jace, y solo estamos a lunes.

— Por favor, Catarina, no. La semana pasada Izzy hizo que le sacasen en medio de un examen y su profesor se ha negado a repetírselo. Me la voy a cargar como tengan que sacarle de clase por mi culpa. — Por primera vez parecía realmente asustado ¿Tan terrible es su hermano?

Catarina me miró con indecisión, pero la mirada que le eché pareció dejarle claro que yo no me iba a amedrentar. Con un suspiro, Catarina encendió el micrófono de comunicación.

—Alexander Lightwood, por favor, preséntese en el despacho del director.

Un sudor frío me recorrió la espalda. A ver, Magnus, respira. "Alexander" es un nombre la mar de normal. He escuchado ese nombre infinidad de veces, es completamente imposible que mi Alexander sea el único "Alexander" de todo Idris. Pero, cuando lo vi entrar y observé cómo su cara de enfado viajaba desde el rostro de Jonathan al mío e inmediatamente adquiría una expresión de desconcierto y confusión, se me cayó el alma a los pies.

— Oh, mierda.

—Alec, te juro por Dios que esta vez no ha sido culpa mía ¡Ha sido Camille!


Este capítulo me ha quedado incluso más raro de lo normal... mmm...
Bueno! Nos vemos la semana que viene, o el jueves o el viernes, depende de cómo me venga.
No olvidéis que os quiero! Gracias por leer!