Como esta semana casi no he tenido tiempo este capi es más corto de lo que tenía planeado. El próximo será bastante más largo para poder añadir todo lo que faltaba en este, así que... ¡Espero no aburriros!

¡Ah! Y gracias a todas las personas que me habéis dicho que mi historia os hace reír. Como capitana del equipo español de gente sin ninguna gracia para contar chistes, os doy mi más sincero agradecimiento.

Que el ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y La suerte esté siempre de vuestra parte.

¡Os quiero!

- Anairafuji: Magnus no odia a Jace... Bueno, solo un poquito. Dicen que todos los profesores le tienen manía a algún alumno, ¿No? xD ¡Gracias por comentar!

- lala D: Querida, lo de "en todos los idiomas" me ha matado xDD Aish, me has emocionado y todo. Gracias por molestarte en escribir un review y por ser tan super entusiasta :D


Hace semanas desde aquel nefasto día en la oficina de Hodge. Alexander no ha dejado de intentar hablar conmigo, recibo llamadas desde su teléfono a todas horas, pero me niego en redondo a contestar. Tampoco he vuelto al Taki's desde entonces. Sé que si le veo a solas mis barreras caerán y no me importará nada. Pero tiene diecisiete años, por el amor de dios ¡y encima es un estudiante de mi escuela! Creo que ahora entiendo por qué tenía miedo al amor. Estoy hecho una mierda.

Esa tarde me encuentro a Jocelyn en mi casa. Teniendo en cuenta que es la que se dedica a mantener en orden mi vida desde que estoy aquí, no debería sorprenderme tanto. Pero Jocelyn tiene una hija que acude a mi instituto, así que cuando yo vengo hacia aquí, ella se marcha a St. Raziel a recogerla. Cuando cualquiera de los dos necesita contactar con el otro simplemente nos llamamos al móvil, así que la mayoría de las veces que nos hemos visto ha sido precisamente en el aparcamiento mientras ella espera la salida de los alumnos.

— ¿Qué haces aquí, Jocelyn? Creí que todas tus tardes eran libres. Aunque claro, quizás eches demasiado de menos mi fabulosa presencia como para mantenerte alejada demasiado tiempo.

— Un amigo de Clary se ha ofrecido a llevarla al trabajo— contesta ella, divertida— y después tienen planeado pasar la noche en su casa viendo películas o algo así. Así que yo, por mi parte, voy a adelantar todo el trabajo posible para este fin de semana. Te pedí el sábado libre, ¿recuerdas?

— Espera, espera, espera ¿Clarissa Fray? ¿Por qué no me dijiste que tu hija estaba en una de mis clases, Jocey querida? — Recuerdo bien a Clary porque es la compañera de trabajo de Alexander, aquella que me amenazó. Mierda, ahora entiendo por qué lo hizo. Si solo le hubiese preguntado antes…

Me paro a mirar detenidamente en Jocelyn y una bombillita se enciende en mi cabeza: pelo rojo, cara pecosa, enormes ojos verdes… habiendo visto tantas veces a su madre no sé cómo no se me había pasado por la cabeza que fueran parientes. Lo mío no es la deducción, eso seguro.

—No quería que la tratases de manera especial— dice pensativa mientras revisa unos informes que hay esparcidos por toda la mesa de la cocina— Ni para bien ni para mal. Con el carácter que tienes, si yo hiciese algo mal seguramente le cogerías manía a mi hija.

—Yo nunca mezclo la vida personal con la profesional, querida — «Alexander»

Jocelyn sonríe mientras sigue ordenando facturas y más facturas, mirándolas con ojo crítico y suspirando de vez en cuando. Mientras tanto, muerto de hambre, yo me acerco congelador y rescato de sus profundidades un enorme tarro de helado de ron con pasas. «Un amigo de Clary… trabajo…tienen planeado pasar la noche en su casa.»

Mmm… ¿Jocelyn? ¿No te preocupa que Clary vaya a pasar la noche en casa de un "amigo"? —Clary es una chica fantástica (cuando no va amenazando a la gente y tal), es lógico que ella tenga cientos de amigos, no tiene por qué ser-

—¡Oh, no, por Dios! Alexander es un cielo. Además, él es gay. Y pese a que su maleducado hermano no lo es, Alec siempre lo mantiene alejado de Clary. Ese chico es un amor.

— ¿Alexander? ¿Alexander Lightwood? — Intento no parecer ansioso, pero mi voz tiembla con solo pronunciar su nombre. Mi Alexander…

— Su madre y yo nunca nos hemos llevado demasiado bien, ¿sabes? Y eso de dejar a sus hijos solos cuando ellos están tan lejos… Es una suerte que al menos uno de los tres mayores haya salido responsable.

— ¿Dejarlos solos? No entiendo…

—Maryse y Robert Lightwood trabajan para El Círculo, ya sabes, el prestigioso canal de noticias internacional. La cosa es que la sede del canal está en Londres, y hace unos años decidieron mudarse allí para poder ascender y mejorar en su carrera.

— ¿Dejaron aquí solos a Alexander, Jace e Isabelle?

—Junto al pequeño, Max, de nueve años. Les mandan dinero, por lo que sé, pero solo lo suficiente como para pagar las facturas, el instituto, y poco más. Por eso Alexander trabaja a media jornada ¿Sabes? A su hermana Isabelle le apasiona ir de compras, a Jonathan ir de fiesta y a Max le encanta leer. Alec divide su sueldo entre sus hermanos para que intenten sobrellevar mejor el "abandono" de sus padres.

— ¿Y él? Supongo que alguna afición tendrá… Es imposible que trabaje solo por sus hermanos, nadie es tan caritativo en la vida real.

—Eso es porque no lo conoces. Alec es mucho más maduro de lo que debería para su edad. Y responsable. No quiero ni pensar en cómo habrían acabado los cabeza hueca de sus hermanos sin él ahí.

— ¿No hace nada para divertirse? No sé, salir con los otros dos o algo.

— ¿Trabajando a medio tiempo y teniendo que estudiar para poder mantenerse al nivel exigido por La Clave? Creo que el único momento de descanso que se permite es cuando entrena con el equipo de natación.


Esta mañana habíamos decidido con Clary que iríamos a mi casa después del trabajo. En realidad era una costumbre entre nosotros que la misma Clary había impuesto: siempre que alguno de los dos se encontraba deprimido por algún motivo, quedábamos en mi casa y hacíamos un maratón de películas y comíamos hasta ponernos malos. Clary no es del tipo de persona que te presiona hasta que le cuentas lo que te pasa, sino que te respeta y espera a que seas tú mismo el que decida contarle lo que te preocupa. Aunque claro, yo soy incapaz de mentir o de ocultar cualquier cosa, por lo que nunca hemos tenido secretos.

Así que, aquella tarde, al salir de Taki's, nos dirigimos directamente al supermercado de Idris. Estaba situado justo al lado de nuestro único centro comercial (que además de ser el único lugar donde comprar ropa y tecnología de esta época, también es el lugar donde está nuestro único cine), por lo que básicamente era el centro de actividad de todo el pueblo.

Compramos palomitas, helados de chocolate, frambuesa y menta, golosinas, patatas fritas y refrescos de todos los sabores inimaginables. Acto seguido nos pasamos por la tienda de tecnología y escogimos las tres películas que veríamos esta noche (compradas con parte del sueldo semanal de Clary). Después nos dirigimos a cenar algo en el tercer piso del centro comercial. Como siempre, y tras media hora de discusión por mi parte y de "porfa, porfa, porfa, porfa" por la suya, acabamos en un buffet italiano que ella adora. Sobre las nueve y media aproximadamente llegamos a mi casa, justo en el momento en el que Jace e Isabelle se marchaban.

Jace había conocido a Clary como una semana después de que ambos comenzásemos a trabajar y, por algún motivo que no alcanzo a comprender, fue amor a primera vista. A ver, no es que no pueda comprender que alguien se enamore de Clary, es mi mejor amiga y obviamente la aprecio muchísimo, pero… digamos que no es precisamente el tipo de chica al que mi hermano nos tenía acostumbrados. Jace solía traer a una chica nueva cada fin de semana, se "divertía" con ella, y luego como mucho volvíamos a verla al cruzarnos en el supermercado o el instituto. Estas chicas por lo general eran, digamos… zorras. Supongo que algún tío heterosexual las definiría como sexys, pero a mí la mayoría de ellas me resultaba horripilante a más no poder. Tan altas y con las curvas tan pronunciadas… No eran de mi tipo precisamente.

Lamentablemente para mi hermano, Clary no le correspondía en absoluto. Cuando te ganas una fama en un pueblo del tamaño de Idris, es normal que incluso una recién llegada como ella se entere de toda tu vida, y Clary no es del tipo fácil. A la semana siguiente de su primer encuentro Jace intentó besarla, obteniendo como resultado un enorme bofetón y las risas de todos los habituales de Taki's que todavía rondaban por allí.

— ¿Te lo puedes creer? Cuando le dije que había escuchado todo acerca de cómo trata a las chicas y le recalqué claramente que no pensaba tener nada con él ¡Me dijo que estaba seguro al noventa por cien de que yo acabaría entre sus brazos! — Le comentaba indignadísima a Maia, la camarera del turno de mañana, al día siguiente. — Así que, obviamente, le pegué un buen bofetón al estilo Fray.

— ¡Bien hecho! Ese tío es insoportable… ¿Qué te dijo después?

— Me preguntó que por qué lo había hecho.

— ¿Y…?

— Le respondí que por el otro diez por ciento. — Le contestó antes de que ambas estallaran en carcajadas.

Supongo que como a buen hermano mayor, que pusiesen verde a Jace debería haberme molestado, pero Clary tenía toda la razón. Amo a mi hermano, pero no apruebo en absoluto esa manía suya de tratar a las mujeres como si fueran juguetes. Esa misma tarde me animé a ser menos antipático con ella e intentar limar asperezas.

A día de hoy Jace sigue detrás de Clary, y Clary sigue pasando olímpicamente de él.

— ¡Clary! — Gritó Isabelle mientras iba corriendo a abrazarla con gesto teatral — Querida, me alegro taaanto de verte, pero desgraciadamente ya he quedado con mi friki caballero de armadura abollada y no voy a poder quedarme a hincharme a calorías con vosotros.

—Tranquila, Izzy. La próxima vez será —le respondió ella, divertida — Saluda a Simon de mi parte, y dile que no se olvide de lo de mañana.

— ¿Recordarle a Simon lo de la fiesta de Halloween? Lleva toda la semana preparando su traje de jedi, no creo que se vaya a olvidar. Desgraciadamente…

Simon era el novio de Isabelle desde hacía dos años. Prácticamente eran unos críos cuando comenzaron a salir y, la verdad, nadie apostaba ni un céntimo por ellos. ¿La siempre mimada y popular Isabelle saliendo con el nerd de la escuela? Por favor. Pero aguantaron contra todo pronóstico. Hay días en los que me pregunto cómo él la aguanta, con sus aires de diva y sus ataques de histeria repentinos. Según Jace, Isabelle debe de ser una bestia en la cama. Jace es idiota.

El idiota en cuestión hizo amago de ir a saludar a Clary, pero esta se marchó a la velocidad de la luz y entró en mi casa tras despedirse con la mano de Isabelle. Suspirando, cogí las bolsas del coche y me despedí con un asentimiento de cabeza cuando mis hermanos se subieron al coche de Jace. Realmente él no debería conducir todavía (ha suspendido el examen teórico unas tres veces), pero parece que las normas rebotan en su escudo de egocentrismo y no llegan a afectarle. Como tenga que volver a pagar una multa este mes…

Mientras Clary pedía las pizzas que cenaríamos antes de darnos el atracón y Max preparaba la sala de cine para que estuviésemos cómodos, yo aproveché para subir a mi cuarto y ponerme algo "de andar por casa". Acababa de bajar y estaba a punto de ponerme a trasladar las compras desde la cocina cuando llamaron a la puerta. Extrañado, Max pegó un saltito desde el sillón donde estaba sentado y fue a abrir.


Sobre las ocho de la tarde, y tras mucho insistirle, Jocelyn me ha acompañado al centro comercial para poder hacerme con un nuevo número de móvil. Como Él no pare de llamarme al final no voy a poder evitar cogerle el teléfono. Porque le necesito. Necesito oír su voz desesperadamente y decirle que todo está bien, que no pasa nada; que podemos seguir juntos aunque él sea un alumno y yo un profesor. Y si se lo digo estaré perdido.

He estado media hora discutiendo con un empleado de pelo grasiento y ojos de sapo hasta que por fin ha entendido que no me quiero comprar otro móvil ni quiero otra tarifa de servicios. Cuando, milagro de milagros, hemos salido de la tienda de telefonía, he querido invitar a Jocelyn a tomar un café para agradecerle su compañía.

No es como si creyese que no volvería a verle nunca, es más, llevo dos semanas buscándolo con la mirada por todos los pasillos del instituto. Pero una cosa es verle durante unos segundos de forma furtiva y otra muy distinta es ver cómo está sentado en un restaurante frente al tuyo comiendo alegremente junto a otra persona. A ver, no me alegraba precisamente de ver la tristeza que se reflejaba en su cara cada vez que lo miraba, pero verle riendo de aquella manera con Clary me hizo hervir la sangre al mismo tiempo que sentía una total impotencia. Pero ¿Qué podía hacerle yo? No es como si fuese de mi propiedad, como si fuese algo mío. Ya no.

Jocelyn llegó en ese momento, trayendo nuestros cafés, y siguió la dirección de mi mirada mientras tomaba asiento.

— ¿Sabes, Magnus? Hace una semana que notaba a Clary algo preocupada, así que le pregunté el motivo — Comentaba mientras echaba sacarina a su café — Me explicó que "el amigo de un amigo suyo" se había enamorado de un profesor de su instituto y habían estado saliendo juntos. Pero al parecer ninguno sabía que el otro era profesor o alumno, depende del caso.

— ¿Qué quieres de mí, Jocelyn?

— Sabes que Alec es menor de edad, ¿verdad? No solo se trata de las normas del centro, Magnus.

— Cuando lo conocí no creía que pudiera tener menos de veinte años. Era tan maduro y profesional, tan serio y centrado… Por no hablar de su cuerpo. Jocelyn, su cuerpo definitivamente no es el de un mocoso adolescente.

— ¡Por el ángel! ¡Magnus, dime que no habéis tenido sexo!

— No, no hasta el final, por lo menos. ¡Pero esa no es la cuestión, Jocelyn! Además, Alexander está en el último curso, tiene diecisiete años, no tres.

— Magnus... —Comenzó ella.

En ese momento Alexander y Clary salieron de su restaurante y se dirigieron hacia las escaleras mecánicas mientras ella se reía de algo a pleno pulmón y él gesticulaba con sus manos mientras sonreía divertido. Hacía solo unas semanas hubiese hecho lo que fuera por conseguir que él estuviese tan relajado y se riese de aquella manera conmigo. Ahora simplemente me conformaría con poder verle sin tener que esconderme.

— No es solo atracción sexual, te gusta de verdad.

—No solo me gusta, Jocelyn. Le necesito.

— Sé que voy a acabar arrepintiéndome de esto, y lo negaré si alguien me lo pregunta… Si tanto lo necesitas ¿A qué estás esperando?

Ni siquiera me detuve a pensar por miedo a arrepentirme. Me despedí de Jocelyn con un rápido beso en la mejilla y le lancé al camarero algún billete de los que había en mi bolsillo mientras me dirigía a paso veloz hacia las escaleras por las que acababan de desaparecer. Llegué al aparcamiento justo cuando ellos se estaban marchando, mierda. Pero recordé que Alexander me dijo la zona por la que vivía, así que solo tendría que prestar atención hasta ver su coche aparcado fuera.

En realidad no fue tan complicado, ya que al parecer era la única casa que se encontraba tan internada en el bosque. Empecé a divisar la antigua mansión victoriana justo cuando otro coche que venía en sentido contrario se cruzó con el mío. Jace me miró con cara de sorpresa mientras me pasaba. Vale, iba por el buen camino. Y encima el rubito y la morena no estaban en casa. Premio.

Cuando me bajé del coche mis manos empezaron a sudar. Para cuando me armé de valor y toqué al timbre ya estaba hecho un flan. Relájate, Magnus, que ya no eres un crío. Aunque el que sí era un crío fue el que me abrió la puerta. Max, supongo, se me quedó mirando fijamente, escaneándome con la mirada.

— Hola, tú debes de ser Max ¿No es así? — Le pregunté a la pequeña copia de Alexander que tenía frente a mí— ¿Está tu hermano mayor en casa?

— ¿Por qué estás haciendo cosplay?

— ¿Cosplay?

Siguió mirándome durante unos segundos más y acto seguido llamó a su hermano.

— ¡Alec, un hombre muy raro dice que te busca!

Aish, amo a los mocosos…

— Max, ¿Qué te tengo dicho de abrir la puerta cuando no sabes quién es?

Alexander y Clary aparecieron en la puerta y pusieron la misma expresión de incredulidad nada más percatarse de mi presencia. Clary fue la primera en reaccionar, y casi se me echa encima si no llega a ser porque Alexander la sujetó a tiempo.

— ¿Qué haces tú aquí? ¿Cómo te atreves simplemente a aparecer por esta casa? ¡No tienes vergüenza, Bane!

— Clary, por favor, ¿Podrías llevarte a Max adentro? Estoy seguro de que la pizza llegará dentro de poco, podréis cenar entonces. Yo voy a hablar con él, ¿vale? Relájate.

Clarissa se quedó pensativa unos instantes y acto seguido suspiró.

—Max, ellos dos tienen que hablar sobre cosas súper aburridas del instituto, ¿Qué te parece si tú y yo vamos al cine a ver El soldado de Invierno?

La cara del mini-Alexander se iluminó y se marchó corriendo hacia el interior de la casa. Salió medio segundo después con una chaqueta puesta y un escudo de juguete en la mano. Clary y él se marcharon con el coche, no sin que antes la primera le lanzase una mirada de advertencia a Alexander y una cargada de odio a mí. Creo que voy a tener que inflar sus notas si quiero que alguna vez deje de odiarme tanto. Por cierto… ¿Clary no es demasiado joven como para conducir?

Alexander no me dirigió ni una palabra mientras entrábamos en su casa y me dirigía a través de las escaleras hasta el segundo piso. Llegamos a la que supuse era su habitación y él me indicó con gestos que me sentara en la cama. Acto seguido, cerró la puerta y se recargó en ella mientras dirigía a mí su mirada llena de duda.

— Nunca devolviste mis llamadas.

— Eres un estudiante, Alexander. ¿Crees que esto ha sido fácil para mí? No hacía más que pensar en ti a todas horas, y saber que no puedo tenerte es desgarrador. Pero no se puede, es imposible que tú y yo…

— ¿Por qué? — me preguntó con las mirada llena de angustia— ¿Por qué debe ser un problema? Yo… te gustaba, ¿No es así? Antes de saber nada de esto, yo te gustaba. No tiene por qué cambiar nada, Magnus. Podemos mantenerlo en secreto.

— ¿Mantenerlo en secreto? ¿Crees de verdad que yo soportaría una relación clandestina solo porque sí?

— En realidad, no — Sus ojos se humedecieron y temí que comenzase a llorar. No tengo ni idea de qué hacer cuando las personas lloran— Creí que yo te gustaba lo suficiente, que no te importaría hacer esto por mí. Serían solo unos meses, hasta que yo acabe el curso y… Lo siento, ha sido una estupidez.

—Alexander, ven aquí.

Él se acercó a mí con indecisión, como temiendo que yo me fuera a ir si se acercaba demasiado deprisa. Cuando estuvo frente a mí lo tomé suavemente de las caderas e hice que se sentase a horcajadas encima mío. Alexander se estremeció cuando rodeé su cintura con mis brazos y a su cara acudió aquel maravilloso sonrojo que hacía ver a su piel más delicada de lo que ya era. Pasado su asombro inicial, mi ángel escondió su rostro en el hueco entre mi cuello y mi hombro y me abrazó con fuerza.

— No te vayas, por favor. No podría soportarlo.

— No lo haré, Alexander. No pienso irme— Él alzó su cabeza y yo aproveché para juntar nuestras frentes, teniendo una vista perfecta de sus preciosos ojos— No podría aunque quisiera. Te amo. No sé cómo ni por qué, e incluso yo me doy cuenta de que es demasiado pronto. Pero te amo, y no pienso dejar que este problema sea más fuerte que nosotros.

— ¿Me amas?

— Nephilim estúpido.

— ¿Nephilim? — Me miró con ternura, con el miedo disipándose de sus facciones. Incluso notaba cómo su cuerpo se relajaba sobre mí.

— En un principio pensaba llamarte "ángel", pero ya está demasiado oído, ¿No crees? "Nephilim" es un apodo mucho más espectacular— mi nephilim comenzó a reírse mientras negaba suavemente con la cabeza.

— Eres raro.

—Lo sé, pero tú me adoras así— Solamente lo dije como una broma, pero de repente Alexander se puso serio.

—Sí, lo hago— Comenzó a acariciar mi cara suavemente, como si estuviese tratando de guardarse cada detalle en su mente. Cerré los ojos, disfrutando de la sensación. Noté sus labios sobre los míos, apenas de forma superficial, suave— Magnus, creo que yo también te amo.

Aquello encendió algo en mí. En ningún momento se me había pasado por la cabeza que él también pudiese amarme, daba por supuesto que el único loco era yo. Sabía que le gustaba, sí, pero esto…

Besé su boca con más dureza mientras con mis manos hacía que su cuerpo se presionase contra el mío. Alexander soltó un pequeño gemido. Mierda, cómo adoraba escuchar esos sonidos saliendo de su boca. Estoy acostumbrado a que todo cuanto deseo me sea concedido y, sinceramente, el cuerpo de Alexander se me había resistido demasiado tiempo.

Separé nuestras bocas y dirigí la mía a su cuello, deleitándome con su sabor. Él echó la cabeza hacia atrás mientras enredaba una de sus manos en mi pelo. No paraba de murmurar mi nombre, que se confundía entre los pequeños gemidos que soltaba sin cesar.

—Esto es, con diferencia, lo más grotesco que he visto en mi vida.

Alexander se separó de mí y se incorporó a toda velocidad, mirando a la puerta con terror.

— Y yo que estaba preocupado porque pensé que él venía a casa para hablar sobre mí… Y al final resulta que te estaba dando clases particulares a ti, qué cosas.

Rubiales, esto ya es personal.


¡Yap! ¡El quinto capítulo ya (sexto si contamos el prólogo, pero como yo no lo cuento...)! Gracias por vuestro apoyo y por seguir leyendo esta historia. Sois geniales, de verdad.
Si os ha gustado, por favor darle a favoritos, seguir, escribid un comentario o mandadme un mensaje telepático con vuestra opinión. En serio, como me entere de que leéis mi historia y no me habéis mandado apoyo telepático ni una sola vez, me vais a enfadar de verdad (?) Necesito un psicólogo...

PD: Airic- Beeeeeeeen, ¡te he echado de menos! ¿Ves lo que pasa por malacostumbrarme? Ahora me faltas en un solo capi y ya estoy deprimida, jo xDDD