Esta semana casi no tengo tiempo, así que por una vez os vais a librar de mis espantosos comentarios(?)
Que el ángel os proteja, La Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os quiero!
-Lalala D: Jace es una horrible persona que acabará en el infierno por fastidiarnos el lemon a todas. He notado que muchas estáis cabreadas por eso, ¿eh? Deberíamos hacer una campaña contra las interrupciones de hermanos pesados en los lemon ¿Te unes? jajaja Gracias por escribirme otra semana más; creo que ya te lo he comentado, pero me encanta que todos tus reviews destilen tanto entusiasmo :D
Alexander se ha marchado a hablar con Jonathan, así que yo simplemente estoy tirado en su cama mientras espero. La excitación que nublaba mi mente minutos atrás se ha ido disipando y por fin soy capaz de pensar con claridad. Estoy en casa de un alumno de mi escuela, de un adolescente al que le llevo ocho años. Hemos estado a punto de tener sexo ¡Y no solo eso! Si fuera solo algo sexual el problema no sería tan grande; pero estoy enamorado.
Cuando vuelve no dice nada, simplemente se acuesta a mi lado, en silencio. No hablamos, apenas sí me atrevo respirar por miedo a darme cuenta de que esto es un sueño. Nos quedamos acostados el uno junto al otro durante horas, simplemente mirándonos a los ojos. En algún punto de la noche me quedo dormido y sueño que me hundo en las profundidades de sus ojos.
Nos despertamos a la mañana siguiente cuando Isabelle pega un enorme portazo al llegar a casa. Magnus, que había estado durmiendo acurrucado en mi pecho, pegó un bote y miró en todas direcciones, desubicado. Cuando por fin reparó en mi presencia su mirada se relajó. Volvió a recostarse a mi lado y le vi cerrar los ojos mientras bostezaba.
— ¿Qué hora es?
— Las seis y cuarto.
— ¿Tanto hemos dormido? Pues sigo cansado.
— Las seis y cuarto de la mañana, Magnus— Él abrió los ojos como platos y me miró con horror.
— ¿Estás de coña?
Le sonreí y le di un beso en la frente mientras me deshacía de todo el lío de mantas para poder levantarme. Mirándolo así, recién despertado, era todavía más hermoso. Tenía restos de maquillaje del día anterior alrededor de los ojos, mientras que la gomina había perdido la mayor parte de su efecto y su cabello caía lacio sobre sus hombros.
— ¿Dónde vas? Es sábado, vamos a dormir un poco más, venga— Dio unas palmaditas en el lugar de la cama que había estado ocupando yo escasos segundos atrás.
— Tengo que irme.
— ¿Hoy también trabajas?— volvió a acurrucarse entre las sábanas mientras sus ojos se cerraban con cansancio.
— Sí, pero no hace falta que te vayas. Quédate aquí y llámame cuando despiertes, ¿Vale?
Ni siquiera sé si llegó a oírme; ya estaba dormido de nuevo. Le di un corto beso en los labios y salí de mi habitación haciendo el menor ruido posible. Como era de esperar, tanto Izzy como Jace estaban abajo cuchicheando y, obviamente, se callaron en cuando me vieron bajando la escalera.
— ¿Vamos a tener una reunión familiar a estas horas?
— ¿Te parece para menos? — Isabelle parecía furiosa. Jace, por su parte, solo se dedicaba a mirarme con una tétrica sonrisa en el rostro. Parecía el gato de Cheshire.
— ¿Qué te ha contado Jace?
— Que ayer te pilló montándotelo en tu habitación con su profesor de Historia.
— ¿"Montándomelo"? Por Dios, Isabelle, ¿Qué clase de vocabulario es ese?
— Ahora no me vengas con pamplinas, Alexander Lightwood. Quiero una buena explicación, y la quiero ahora.
— Magnus y yo estamos saliendo. Fin— La cara de Izzy se relajó y parecía aliviada. Jace en cambio había ampliado su sonrisa, que ahora parecía más bien la del Joker.
— ¿Estáis saliendo formalmente? Madre mía ¡Esto es mejor de lo que me imaginaba! Creí que solamente era un polvo, así que podría chantajearle con contárselo todo a Hodge. Pero siendo tu novio… ahora es uno más de la familia. Y a la familia hay que hacerle favores…
— Oh, Jace, cállate ¿No ves que Alec podría meterse en un buen lío?
— Exacto. No puedes decírselo a nadie, Jace.
— Venga ya, ¿Os creéis que soy idiota? Ya sé que no se lo puedo contar a nadie. Mi hermosa boca está cerrada como una tumba. Y ahora, si me disculpáis, me voy a la cama; me estoy muriendo de sueño y mi belleza podría resentirse.
Jace desapareció escaleras arriba y poco después escuché el sonido de su puerta al cerrarse. Isabelle, mientras tanto, se había sentado en la barra de la cocina americana y me hacía señas para que tomase asiento a su lado. Suspiré, derrotado: esto iba para largo.
Cuando me desperté de nuevo eran las doce del mediodía y Alexander hacía horas que se había ido. Suspiré mientras me frotaba los ojos intentando despejarme. Creí que al despertarme por la mañana me daría cuenta del error que había cometido al ir a su casa, pero me equivoqué. Recogí la almohada donde horas antes mi nephlim había estado descansando y la apreté contra mi nariz, aspirando su aroma. La noche anterior había sido magnífica (interrupción del chico de oro aparte).
Intenté arreglarme todo lo posible mirándome en el espejo del cuarto de baño privado que Alexander tenía en su habitación. El resto se podía arreglar, pero la camisa que había llevado el día anterior estaba completamente arrugada ¿Cómo iba a salir así a la calle? ¿Y si me veía alguien? Decidido a tomar prestado alguna prenda de Alexander, me acerqué a su armario y miré dentro. Negro. Todo era absolutamente negro. Ah, no. Mira, una camiseta marrón. Y ese suéter parece ser gris. No, espera; es negro desgastado. Rebusqué a fondo intentando no hacer un gran estropicio, pero no hubo manera de encontrar nada decente.
— ¿Buscabas algo?
Me giré en redondo y vi a la hermana menor de Alexander apoyada contra el marco de la puerta. Horas antes había escuchado parte de la conversación que se desarrollaba entre los Lightwood en la planta inferior, pero tuve que correr de vuelta a la habitación cuando escuché a Jace subir por las escaleras. Sabía que ella había estado hablando a solas con Alexander, así que busqué algún indicio de enfado en su rostro: simplemente parecía divertida.
— En realidad, sí. Buscaba alguna camiseta para ponerme. Pero…
— Pero todo en ese armario parece recogido del basurero— Confirmó mientras se acercaba a la cómoda que había junto a la puerta— Mi hermano guarda aquí la ropa más decente. Ya sabes, por las ocasiones especiales. También te he traído algo de maquillaje, por si te hace falta.
Isabelle me lanzó algo que yo recogí al vuelo. Era una camiseta simple del mismo tono de azul que los ojos de Alexander. La miré para darle las gracias, pero ya se había marchado. Encima de la cómoda había un pequeño neceser repleto de pinturas. Me encanta esta chica.
Cuando me cambié la camiseta e intenté arreglar todo lo posible la habitación me dirigí escaleras abajo. En el gran salón que se abría nada más bajar las escaleras estaba de nuevo el niño de ayer. Estaba acostado en el sillón, en una posición más bien incómoda, y parecía estar dormido. Tenía las gafas dobladas sobre la nariz, lo que le daba una imagen de lo más tierna ¿Habría alguien en la familia Lightwood que fuese feo? Esta vez era Jonathan el que me miraba fijamente. Él no parecía tan contento como su hermana.
— Buenos días, profesor— Dijo recalcando la última palabra con retintín— ¿Ha dormido usted bien esta noche? ¿O ha estado demasiado ocupado teniendo sexo con mi hermano?
— Más respeto, mocoso. No olvides que soy tu profesor, y no pienso consentirte que me hables de ese modo.
— Y yo no pienso consentir que juegues con Alec. Sé qué tipo de persona eres, y no voy a dejar que utilices a mi hermano para echar un polvo y luego-
— Jace, basta— Isabelle, cuya presencia me había pasado desapercibida hasta el momento, se incorporó del sillón que había junto al que ocupaba Max— Es decisión de Alec. Tú y yo no podemos meternos en esto.
— ¡Claro que podemos! Somos sus hermanos, Isabelle. No. Él es más que mi hermano. Y este hombre de aquí solo quiere jugar con él— Jace se exasperaba por momentos mientras la ira bullía en mi interior ¿"Él es más que mi hermano"?— Clary también lo ha visto, me lo ha dicho cuando ha traído a Max: va a romperle el corazón, Izz ¿Por qué tú no puedes verlo?
— Lo único que veo es que durante las últimas semanas Alec parecía destrozado y esta mañana no lo estaba, Jace ¿Por qué no eres tú capaz de ver eso?
El tono elevado en el que discutían sus hermanos pareció despertar a Max, que comenzó a desperezarse como un gatito. Jace alternó la mirada entre sus dos hermanos y acto seguido me miró a mí con furia antes de marcharse de la casa pegando un portazo.
— Seguramente volverá a la carga. Estate preparado la próxima vez, por si acaso.
— Gracias, Isabelle.
Ella me sonrió cálidamente mientras ayudaba a un adormilado Max a ponerse las zapatillas.
— Alec trabaja todo el día. Normalmente nosotros vamos a comer allí los sábados, pero estoy segura de que hoy preferirá tu compañía— Me guiñó un ojo y se dirigió a la cocina— ¿Quieres que te prepare el desayuno, Max?
El pequeño abrió los ojos como platos y su rostro adquirió una expresión de puro horror.
Cuando llegué al Taki's era poco más de la una y, aunque todavía no se veía mucha gente, estaba seguro de que aquello se llenaría antes de que fueran las dos. Busqué a Alexander con la mirada sin éxito y me dirigí a la mesa del rincón que hacía semanas que no ocupaba. Llevaría allí unos cinco minutos cuando por fin apareció.
— ¿Desea algo? — Levanté la vista del menú y vi su hermoso rostro iluminado por una sonrisa. ¿De verdad era tan hermoso, o simplemente yo estaba demasiado enamorado?
— A ti.
— Magnus… — Intentó parecer enfadado, pero le fue imposible. Lo único que consiguió fue hacer un puchero que le hacía ver todavía más adorable.
— ¿Cómo ha ido todo con tu hermana?
— ¿Cómo sabes lo de Isabelle?
— ¿Intuición masculina?
Alexander me miró, escéptico. Otra expresión adorable. Ay, Dios. ¿Será verdad que el amor atonta a las personas?
— Os escuché hablando abajo.
— Podrías haberme dicho que estabas despierto.
— Si lo hubiese hecho me habría perdido ese tierno beso de despedida— le dije mientras le guiñaba un ojo.
Su cara se tornó roja por completo. Estaba a punto de responderme cuando alguien le llamó y él se marchó a toda velocidad. Cuando volvió, algunos minutos después, estaba radiante.
— ¿Te apetece ir a dar una vuelta?
— ¿Te han dado el día libre? — Aquello sí que era fantástico.
— Clary quiere devolverme un favor. Hemos hablado con Luke y podré salir en media hora, cuando empiece el turno de Jordan.
Miré hacia la barra y me fijé por primera vez en la pequeña pelirroja que había tras ella. Le hice un gesto de saludo con la mano mientras le lanzaba mi mejor sonrisa reconciliadora, pero ella solo se dedicó a fulminarme con la mirada. Al menos hoy no se me intenta lanzar encima para atacarme, voy mejorando.
Cuando Alexander se cambió, y tras despedirse de Clary, Maia, y un hombre de rostro amable que supuse que era su jefe, nos dirigimos hacia mi esplendoroso bebé. Alexander lo miró, sorprendido.
— El puesto de profesor debe de estar mejor remunerado de lo que yo creía.
Pfff, qué ocurrencia. Con lo que me pagan en el instituto apenas logro cubrir mis gastos mensuales en ropa y maquillaje, no podría pagarme un Ferrari ni en cincuenta años. No sé qué contestarle, así que simplemente me monto en el coche y espero hasta que él se sienta en el asiento del copiloto.
— Antes no me has contestado.
— ¿Sobre Isabelle? —Asiento afirmativamente con la cabeza mientras arranco el coche — Ella está bien con lo nuestro. Al principio se ha mostrado un poco reticente, pero creo que al final se ha dado cuenta de que esto es lo que quiero. A veces puede ser tan madura… me pregunto por qué no será así el resto del tiempo…
— Conocí a tu hermana el primer día de clases, ¿Sabes? — Solté una risita divertida al recordar la escena— Aunque, más que conocerla, lo que hice fue ver su desfile a caballo por medio de los pasillos.
— No me lo recuerdes. Tuve que salir de clase de la profesora Herondale en mitad de un examen. He perdido todo el trimestre, estoy seguro.
— ¿Imogen Herondale? Tiene cara de malas pulgas, aunque casi no la conozco. No se pasa mucho por la sala de profesores. Además, ¿Qué clase de profesor pone un examen el primer día?
— Es muy estricta, pero no es mala profesora. El problema son mis hermanos, para variar— Le miré de reojo creyendo que iba a ver una cara de enfado, pero él solo sonreía. De verdad ama a sus hermanos. Y hablando de amar… La imagen del chico de oro apareció en mi mente. Apreté el volante con fuerza.
— Esta mañana he hablado con tu hermano, el rubito— Alexander me miró sorprendido, pero no dijo nada— Me ha soltado la típica charla de hermano sobreprotector. Se nota que se preocupa por ti.
— Sí, bueno, supongo que a su manera él también nos cuida. Pero me parece raro que te dijese algo así, porque esta mañana parecía bien con lo nuestro.
— Ya. Supongo que se habrá dado cuenta de que te ha perdido. Lástima.
— ¿Eh? — El tono de confusión en su voz era palpable, pero intentó disimularlo poniendo tono de broma— ¿Perderme? ¿Eres un asesino en serie o algo así? ¿Vas a matarme y a enterrar mi cuerpo para que nadie lo encuentre nunca?
— Sabes perfectamente a lo que me refiero.
— En realidad, no. No tengo ni idea de lo que estás diciendo— Habíamos llegado frente a mi casa, pero no hice ningún movimiento para salir del coche.
— Parece ser que te gustan las relaciones prohibidas, ¿No? Una relación con un profesor, otra con tu hermano…— Él pareció sorprendido por unos segundos, pero después se recompuso.
— ¿Cómo sabes que estaba enamorado de Jace?
— Tú mismo me dijiste que habías salido con él, ¿recuerdas?
— ¿Que yo te qué? Yo nunca te he dicho eso, lo que te dije fue que había salido con Jonathan, nada más— De repente su cara de enfado desapareció y empezó a reírse. Lo miré, incrédulo— ¡Madre mía! ¡Jace se llama "Jonathan"!
Seguí mirándolo, estupefacto, con cara de póker, mientras poco a poco él recuperaba la compostura después de su ataque de risa. Pareció darse cuenta de mi confusión, porque se acercó lentamente a mi rostro y me besó suavemente.
— Idiota.
— No estábamos hablando del mismo Jonathan, ¿verdad?
— No. Creo que has estado un poco perdido.
— Jonathan Morgenstern.
— Sí.
— Hermano mayor de Clary Fray.
— Exacto.
— E hijo de Jocelyn Fairchild.
— Eso es.
— ¿Alguien en esa familia comparte apellido?
Después de aclarar el malentendido, Magnus por fin se decidió a salir del coche y a hacerme un tour por su casa. Todo estaba tan bien decorado y tan… ¿a la moda? que sentí vergüenza porque él hubiese visto mi propia casa. Por no hablar de mi desastrosa habitación.
— Jonathan se apellida como su padre, Valentine Morgenstern. Jocelyn, por su parte, recuperó su apellido de soltera cuando se divorciaron.
— ¿Y Clary?
— En el momento del divorcio ella no estaba muy contenta con ninguno de sus progenitores, así que se inventó su propio apellido a partir de combinar el apellido de sus dos abuelos maternos. Legalmente su apellido sigue siendo Morgenstern, pero no te aconsejo llamarla así.
—En realidad no creo que cambiase mucho el concepto que tiene de mí. No entiendo cómo puede caber tanto odio en un cuerpo tan pequeño.
Habíamos llegado a lo que Magnus denominó "su dormitorio". El dormitorio en cuestión tenía el tamaño del salón principal de mi casa y ocupaba la mayoría de la segunda planta de la vivienda. En realidad, más que una habitación, parecía un loft de soltero. Con su propia mini cocina, sillones frente a un enorme televisor, equipo de música con altavoces integrados por todas las paredes… Había dos puertas situadas en el extremo más alejado de la estancia. Supuse que una sería de un aseo personal, pero ignoraba qué se escondía tras la otra. Magnus tampoco me lo dijo.
— ¿Te importa esperar aquí hasta que me duche? Puedes curiosear todo lo que quieras para entretenerte.
Sin esperar mi respuesta, Magnus desapareció por una de las puertas, dejándola entreabierta a sus espaldas. Estuve un cuarto de hora sentado sobre la enorme cama de matrimonio con un espantosamente llamativo edredón amarillo canario hasta que empecé a aburrirme. Como todavía podía oír el agua cayendo desde el cuarto de baño, decidí averiguar por mi cuenta qué había en la otra habitación. Me dirigí con paso decidido y abrí la puerta.
— Esto debe de ser lo que Isabelle tiene entendido como paraíso…
— ¿Decías algo, cielo?
— No, nada— Me sonrojé terriblemente ante aquel apelativo cariñoso. Magnus era tan diferente a Jonathan…
Esta otra habitación, del tamaño de la mía propia, era un vestidor lleno a reventar de ropa y accesorios ¿Qué ser humano del mundo necesita tanta ropa? Cerré la puerta rápidamente, tanto color me hacía sentir mareado.
— ¿Alexander?
— ¿Mmm?
— ¿Podrías hacerme el favor de guardarme tu número en mi móvil?
— ¿No lo tienes guardado? Te he llamado unas quinientas veces estas últimas semanas…
— Me cambié de número ayer por la tarde. Me aterraba que siguieras llamándome.
Aquello sí que no me lo esperaba, ¿Tanto le molestaba? Y si así era ¿Qué le había hecho cambiar de opinión? ¿Por qué apareció ayer por mi casa? Quizá Clary tenía razón. A lo mejor lo único que quiere es jugar conmigo, como hizo Él.
— ¿Cariño?
— Sí, claro— Intenté alejar esos pensamientos de mi mente, sin éxito— ¿Dónde está tu móvil?
— Lo he dejado encima de la mesita que hay junto a la cama.
Cogí el iPhone con indecisión. Quizá debería marcharme ahora. Si me marchase en aquel momento no pasaría nada. Le evitaría como había hecho él conmigo, y al cabo de un tiempo acabaría cansándose. Total, por un simple capricho…
Mi subconsciente me traicionó y acabé grabando el número en el dichoso teléfono.
— ¿Con qué nombre lo guardo? ¿Alexander o Alec?
— Guárdalo con "Mejillas dulces".
— ¿"Mejillas dulces"?
— ¿No te gusta? — Me preguntó Magnus mientras salía del baño con solo una minúscula toalla anudada alrededor de la cintura. Sentí cómo mi cara se encendía. De nuevo. Tener un cuerpo tan perfecto no es legal, estoy seguro.
— No. O sea, no es que no me guste. Que tampoco. A ver… Arg, no sé ni lo que estoy diciendo.
Magnus me miró mientras arqueaba una ceja, divertido. Mientras tanto mis ojos se desviaban una y otra vez hacia su cuerpo semidesnudo, lo que me puso mucho más nervioso.
—No me gustan los apodos, eso es todo.
— ¿Que no te gustan los apodos? — Su mirada se tornó escéptica mientras se sentaba junto a mí en la cama— Y dime, ALEC, ¿por qué no te gustan los apodos?
— En realidad estoy tan acostumbrado a que me llamen "Alec", que lo que se me hace raro es que me llamen por mi nombre completo. Solo tú me llamas así. Bueno, y mis padres claro.
— ¿Cómo es vuestra relación? Con tus padres, quiero decir— Magnus comenzó a acariciarme lentamente el cuello. Contuve la respiración unos segundos y conseguí relajarme lo suficiente como para hablar.
— Es complicado. A veces los odio por habernos dejado cuando solo éramos unos críos. Jace, Izzy y yo ya teníamos cierta edad, pero Max era poco más que un bebé y… Magnus, ¿qué haces?
Había sustituido sus manos por sus labios y se estaba dedicando mordisquear tiernamente toda la zona hasta mi clavícula.
— Continúa, Alexander.
— O-otras veces…simplemente los entiend-o. Es normal que quieran ascend — Un pequeño gemido se escapó de mi garganta cuando Magnus alcanzó mi oreja y comenzó a lamer con parsimonia el lóbulo— Magnus…
Él sonrió mientras me daba un casto beso en los labios y acto seguido hacía presión sobre mi pecho para que me acostase en la cama. Cuando se recostó encima de mí y apoyó su cabeza en mi pecho yo me dediqué a acariciar su sedoso y húmedo pelo. Ya tendría tiempo de pensar en conspiraciones cuando llegase a mi casa.
— Me encanta tu pelo de este modo— Me dijo tras estar un rato acariciándolo.
— ¿De verdad? Está tan soso… ¡y sin volumen ni forma! — Sentí cómo su cuerpo vibraba cuando se rió y no puede evitar sonreír a la par.
— De este modo puedo enredar mis dedos en él. Hace unas semanas, en el almacén, me daba miedo incluso despeinarte.
— ¿Crees que no iba bien vestido? — Pregunté con la voz cargada de falsa indignación.
— Al contrario. Me parecía que ibas muy… tú. No sé si me explico.
— Soy muy yo. Entendido— Él volvió a reírse mientras bajaba su mano y la apoyaba en mi mejilla, acariciándola suavemente con sus dedos. Tan tierno…
— ¿Por qué "Mejillas dulces"?
— ¿Otra vez con eso?
— Siento curiosidad por muchas cosas que haces, ¿está mal si pregunto? — Parecía asustado de verdad. A veces se me olvidaba lo inseguro que es. Recordé con ternura los primeros días después de conocerle: en el restaurante, apenas podía decirme dos frases seguidas sin tartamudear.
—No, está bien. Pregunta lo que quieras, no me importa.
— ¿Por qué estás tan obsesionado con mi cuello?
Aquello me hizo reír a mí. Es verdad, ¿Por qué estoy tan obsesionado con su cuello?
— Creo que es por los sonidos que emites cuando te mimo en esa zona— Me quedé pensando unos segundos— Sí, definitivamente es eso. Amo tus gemidos.
Alec emitió un sonido estrangulado mientras se tapaba la cara con uno de los cojines que había esparcidos por toda la cama. Me removí en mi posición y coloqué una pierna a cada lado de su cintura, apoyándome en sus caderas. Intenté alejar el maldito cojín de su cara, pero él hacía fuerza para mantenerlo en su lugar.
—Oh, vamos, cariño. Déjame verte— Poco a poco fue retirando el objeto y dejando a la vista su precioso rostro cubierto de rubor— Eres tan adorable…
— No digas eso. Los hombres no deben ser adorables. Las chicas deben serlo. O los gatos. Pero que me digas adorable es ofensivo para mi hombría.
— Oh, disculpe, hombretón. No le diré nunca más lo adorable que es por muy adorable que sea.
Alec se rió con ganas y se incorporó apoyándose sobre sus codos. Mirándolo así, tan relajado y feliz, me sentí un completo idiota por haberme alejado de él las últimas semanas. Tanto tiempo perdido…
..
El lunes llegó de nuevo, pero, por primera vez desde que llegué a Idris, era algo que esperaba con ansías. Después de pasar todo el sábado con Alexander, no verlo durante el domingo fue una tortura. Pero claro, era comprensible que quisiera pasar su único día libre con su familia. O por lo menos era comprensible para él, porque si yo tuviera un solo día libre cada siete saldría de fiesta, no me quedaría en casa a jugar a las cartas con mis tíos, por mucho que los quiera.
Con Jace mirándome fijamente y con cara de querer clavarme en el ojo el boli con el que jugaba, las dos primeras horas se me hicieron eternas. Mi impaciencia por terminar la clase era tal, que acabé de dar la lección veinte minutos antes de que sonase el timbre.
— Bien, ya hemos terminado, podéis marcharos.
— Pero profesor Bane, el director nos tiene prohibido salir de clase antes de la hora.
— Si hay algún problema decidle que es cosa mía. Id a pasear un rato, anda.
No hizo falta que lo repitiera dos veces, en menos de veinte segundos solo quedábamos en la sala mi nuevo cuñado y yo.
— Jonathan, mira, sé que hemos comenzado con mal pie, pero debemos hablar de esto.
— Es Jace. Y no, no hace falta. Ayer ya estuve hablando con Alec y aclaramos todo lo que había que aclarar.
— Él no me dijo nada— Lo que era extraño, teniendo en cuenta que nos pasamos desde las diez hasta la una de la madrugada hablando por teléfono.
— Yo le pedí que no lo hiciera, es algo que quería hacer por mí mismo— Se acercó hasta mi mesa y se sentó en mi silla con aire de superioridad. Debo admitir que este mocoso posee un narcisismo mayor incluso que el mío— Mira, no me gustas. Puede que esté equivocado, pero a mí lo que me parece es que te has encaprichado de mi hermano. Dentro de unas semanas se te pasará y le romperás el corazón
Estaba a punto de rebatirle ese comentario cuando él me hizo señas para que me callara.
— Pero le haces feliz, y eso no es fácil ¿Sabes? Alec es… cerrado. Él es muy tímido e inseguro, y no se le da bien tratar con la gente. Apenas sí tiene amigos, y son todos algo raritos.
» Le debo todo, Magnus, y no quiero que vuelva a sufrir. Voy a creer en ti. Va a ser difícil, pero voy a intentarlo con todas mis fuerzas. Por él. Así que… ya sabes, tendrás que subirme las calificaciones si quieres ganar mi aprobación más rápidamente.
— Intentaré ser digno de su confianza, mi señor— le dije en tono de broma.
— Más te vale— Jace sonrío con la boca torcida y se encaminó hacia la puerta. Parece que recordó algo más, porque se giró hacia mí y me miró fijamente— Alec está enfermo, o por lo menos lo estaba esta mañana. El muy cabezota no ha querido quedarse en casa porque eso le impediría verte. Creí que debías saberlo.
Aquello me enterneció sobremanera ¿mi nephilim está enfermo y va a acudir a este instituto del demonio sólo con la esperanza de que nos crucemos por los pasillos? Ahora que ya sé que Jonathan nunca tuvo nada que ver con Alexander, el chico no me cae TAN mal. Sin embargo, cuando él está a punto de desaparecer por la puerta, recuerdo algo.
— ¡Jona…!¡Jace ¡ — Él se giró y me miró con cara de poco amigos.
— Creí que habías dicho que podíamos marcharnos. Me estás haciendo perder tiempo libre, Bane. Empezamos mal.
— El sábado por la mañana tú comentaste algo y… simplemente quiero saber lo que significa ¿A qué te referías con lo de que Alexander era más que tu hermano?
— ¿Estás celoso? — Aquella exasperante sonrisa volvió a aparecer en su rostro. Cuando estaba con Alexander todo lo que quería era verlo sonreír, con este mocoso en cambio…— Cuando tenía ocho años creí que todo mi mundo había acabado. Todo lo que yo creía cierto se desvaneció y me quedé solo; incluso la gente que siempre se había interesado por mí me dio la espalda. Pero él no. Ni siquiera me conocía, pero estuvo ahí incluso cuando yo lo insultaba y lo trataba con frialdad para intentar que se alejara.
— Eso es lo que debe hacer la familia, ¿No?
— Hasta que conocí a los Lightwood yo ni siquiera sabía lo que era una familia— Acto seguido se fue por la puerta despidiéndose con la mano.
Interesante…
..
— Catarina, querida.
— Ahora no tengo tiempo Magnus— No me dio tiempo a contestar y ella ya se había marchado.
— Déjala, es muy rarita— Ragnor estaba sentado en su silla con los pies sobre el escritorio mientras miraba a contraluz lo que a mi parecer era un tarro lleno de detergente lavaplatos. Seguramente sería algo peligroso, a juzgar por la cara que tenía Catarina.
— ¿Cómo te va, Ragnor? ¿Hora libre? — El timbre sonó en ese preciso momento y el lanzó un resoplido.
— Sí. Una hora libre que, lamentablemente, acaba de finalizar— Se levantó sin ninguna prisa y comenzó a hacer estiramientos de lo más cómicos. Al parecer se le había dormido la pierna— Odio dar clase al grupito de élite, me ponen muy nervioso. No estoy acostumbrado a que mis alumnos me hagan caso, normalmente suelen pasar bastante de mí. Pero claro, ellos son alumnos sobresalientes y deben ser perfectos ¡Arg!
Catarina me había hablado sobre ellos. La Clave: el grupo de estudiantes de élite en St. Raziel. Al parecer en La Clave no importaba la edad, podías ser de primero de secundaria o de último curso; lo importante era la inteligencia. Apenas eran pocos más de quince, y todos poseían un coeficiente intelectual bastante por encima de la media. Eran el orgullo del instituto, el orgullo del director Starkweather. Y ahora también el mío.
Alexander no solo trabajaba a media jornada, sino que además tenía un trabajo a tiempo completo ocupándose de los descerebrados de sus hermanos. Y aun así él pertenecía a aquel grupo de cerebritos. Mi tía Tessa estaría súper orgullosa si supiera lo trabajador y lo responsable que es mi novio, además de ser un bombón con potencial para ser modelo. Aunque claro, sería mejor que no se enterase de su edad. Y sería mucho mejor todavía si no supiese que es un alumno de mi escuela.
— ¿Ragnor?
— ¿Qué?
— ¿Me dejarías estar de espectador en tu clase? Ya sabes, para ir aprendiendo de los veteranos.
Su pecho se hinchó con orgullo y me indicó con gestos que lo siguiera mientras volvía a tararear a Madonna, "Hung up" esta vez. No podía esperar a ver la cara de Alexander cuando me viese.
"Mejillas dulces", es genial ¿Alguien más ha visto uno de los últimos adelantos de la maravillosa Cassandra Jean? Me pareció taaaaaan tiernoooo...
¡El capi más largo hasta el momento! Que tampoco es que sea muy largo, pero bueno xD
Si os ha gustado, por favor darle a favoritos, seguir, escribid un comentario o mandadme un mensaje telepático con vuestra opinión.
La semana que viene es fiesta en mi pueblo, así que actualizaré
un poco antes (o el martes o el miércoles) ¡Qué estrés!
