Tengo por costumbre dedicar los capis a todas las maravillosas personas que me seguís semana a semana, pero esta semana quiero dedicárselo a alguien en especial.
Esta persona, de la que estoy locamente ciber-enamorada (?), me mandó un review tan tierno y hermoso hace unos días que me dejó sin palabras y en un estado de felicidad-cursi super típico de los mangas shojo.
Ni siquiera he podido contestarle, porque no sé cómo hacerlo sin parecer una psicópata acosadora.
RokudoRinne, querida, te amo.
Me gustaría dedicarte un capítulo más memorable, pero no ha podido ser.
Gracias por todo. Eres única.
PD: Que sepas que me hubiese quedado todo el día embelesada mirando tu comentario si no llega a ser porque mi hermano me dijo "Tata, pareces retrasada sonriéndole así al móvil" Asco de crío...
Me despierto por la mañana a causa del molesto sol que entra a raudales por la ventana. Me levanto algo mosqueado: esa costumbre de Alexander de no bajar nunca las persianas me pone de los nervios. Sin embargo, cuando lo veo salir del baño recién duchado y con el torso desnudo empapado de gotitas de agua, de repente el sol me parece lo más maravilloso del mundo.
..
El primer trimestre ha pasado volando y ahora recuerdo mi primer día en Idris con cierta nostalgia. Esas ganas de salir corriendo de Nueva York solo para poder probarle al resto del mundo que no soy simplemente un niño mimado, esas ganas locas de cumplir mi sueño… Mi sueño… Ahora ni siquiera es el mismo. Soñaba con ser un exitoso diseñador de moda que llevase el glamour y la purpurina por todos los rincones del mundo; ser reconocido, hacerme famoso por mis propios medios y no por la fama de mi apellido. Qué estupidez, cuán egocéntrico era.
En la sala de profesores hay tanto ruido que no puedo ni siquiera pensar. El último día del trimestre nos tiene atareados y emocionados por partes iguales, y eso se nota. Los que parecen no notarlo son Catarina y Ragnor, que siguen discutiendo como una parejita de adolescentes enamorados.
El bullicio de la sala ni siquiera se detiene cuando se abre la puerta del despacho de Hodge y éste sale por la puerta acompañado de una mujer hermosa pero de un rostro extremadamente severo. La miro una segunda vez y me parece estar viendo a Isabelle con unos cuantos años más. Pero hay algo distinto. ¿Qué…? Alexander sale por la puerta segundos más tarde y mira con incertidumbre a la mujer, que le devuelve una mirada fría y algo enfadada. Cuando Alexander me mira de reojo veo qué es lo que no me cuadraba de la mujer. Siempre me pregunté cómo serían los padres de Alexander, ya que en su casa no parecía haber fotos por ninguna parte. Ella es exactamente igual a Isabelle salvo por un detalle: unos magníficos ojos azules. Los Lightwood han vuelto a casa.
Cuando me desperté por la mañana un escalofrío recorrió mi cuerpo: algo no iba bien. Mis sospechas se vieron confirmadas cuando bajé a la planta inferior y vi a mis padres sentados en el salón hablando con Jace, que parecía tenso pese a intentar disimularlo. Mis padres ni siquiera venían por navidad, o por acción de gracias; por Dios, ni siquiera venían a vernos en nuestros cumpleaños. Simplemente se dedicaban a llamar para felicitarnos, un intercambio de palabras tensas que al final solo nos dejaba un mal sabor de boca.
Cuando terminamos de desayunar mi madre insiste en acompañarnos al instituto, y es entonces cuando comprendo el motivo por el que están aquí: Hodge. Supongo que nuestro querido director ha avisado a mis padres de mi suspenso. Mierda.
El transcurso hasta el St. Raziel transcurre en un silencio incluso más tenso que el acontecido durante el desayuno. Hasta Max, el único que aún se emociona con la presencia de mis padres, ha enmudecido. Dejamos a mi hermano pequeño en su escuela y poco después llegamos a la nuestra. Intercambio una mirada interrogativa con Jace e Isabelle y cada uno se empieza a dirigir a su respectiva clase.
— Alexander— Me llama la voz de mi madre desde mi espalda. Lo sabía.
Maryse Lightwood… No he tenido una primera impresión demasiado buena de mi suegra, a decir verdad. Odio ver a Alexander con esa expresión de desamparo, me pone enfermo. Había quedado con él en la clase de Ragnor nada más acabar las clases, pero se está retrasando. Hemos venido haciendo eso desde hace semanas: como Ragnor nunca tiene clase a última hora, cuando acaban las clases su aula siempre está desierta y es un lugar perfecto para reunirnos hasta que el instituto esté lo suficientemente vacío como para irnos juntos.
—Magnus.
Estoy tan ensimismado pensando en mis cosas que ni siquiera me he percatado de su entrada. Sigue preocupado, se nota en su expresión, pero de todos modos su rostro se ilumina como cada vez que está conmigo. Me acerco a él con lentitud y lo beso suavemente. Noto cómo sonríe mientras nuestros labios están unidos y mi corazón comienza a latir con fuerza.
— Te he echado de menos— le digo mientras lo abrazo contra mi pecho. Apenas es unos centímetros más bajo que yo y por lo menos el doble de ancho (mientras yo soy un palo, mi nephilim es puro músculo), pero aun así me gusta mimarlo como si fuese un diminuto cachorro.
— Nos vimos ayer por la noche— me dice mientras me devuelve el abrazo.
— Es demasiado tiempo… — Tomo su cara entre mis manos y le miro fijamente a los ojos. Hermoso…
Tanto alumnos como profesores se han marchado hace ya rato, así que no tengo miedo cuando Alexander y yo nos paseamos tranquilamente hasta llegar al aparcamiento, donde mi coche es el único que queda. Cuando me disponía a montar, Alexander me agarró de la manga para detenerme. Le miré, sorprendido.
— ¿Podemos ir a tu casa? — La preocupación volvía a reflejarse en su rostro.
— ¿A mi casa? ¿Y tu trabajo?
— Yo… No creo que vuelva a trabajar. Mi madre…— Siempre me había parecido tierno que fuese incapaz de expresarse cuando está nervioso. Y esta vez no fue la excepción.
— Sube al coche, Alexander, me lo contarás de camino.
Tal y como suponía, mientras íbamos hacia mi casa fue relajándose poco a poco hasta que pudo calmarse lo suficiente como para hablar.
— Mis padres han llegado esta mañana. Se han presentado sin avisar y ha sido un poco… chocante.
Sé que no espera que diga nada, así que simplemente espero hasta que se encuentre lo suficientemente cómodo como para continuar su relato.
— Mi madre se ha ofrecido a traernos hasta el instituto, así que yo ya sabía por dónde iban los tiros. No le ha hecho gracia que suspendiese, es más: estaba furiosa. Mi madre pocas veces pierde el control. Pero esta mañana en el despacho de Hodge…
» Me ha dicho que esto me pasa por no esforzarme lo suficiente, porque paso demasiado tiempo haciendo cosas que no debería. Pese a mis súplicas ella ha insistido en que hablará con Luke para que no vuelva a Taki's. Sé que no necesitamos el dinero que yo gano para subsistir, pero aun así…
Al ser profesor, automáticamente tengo acceso a las notas de todos los estudiantes del centro. En otras circunstancias eso me hubiese dado completamente igual, pero, teniendo un novio que estudia aquí, la curiosidad pudo conmigo. Alexander ha sacado matrícula de honor en todas sus asignaturas. Salvo en una, por supuesto: Ciencias Sociales y de Derecho, con la profesora Herondale. Y ni siquiera fue culpa suya.
Al parecer Alexander se toma mi silencio de la forma equivocada, porque cuando nota que no digo nada se apresura a disculparse.
— Sé que es una tontería, un problema de críos. No debería haberte dicho nada, perdona.
Y ahí estaba otra vez. Desde que habíamos empezado a salir Alexander tenía cierta tendencia a infravalorarse que yo no era capaz de comprender. Y casi siempre se disculpaba de ese modo: "son cosas de críos".
— No son cosas de críos, Alexander. Entiendo lo que me quieres decir. Lo que no comprendo es por qué solo es contigo.
— ¿Solo conmigo?
— Tu hermana, Isabelle, ha aprobado la mayoría de las asignaturas por los pelos. Es más, me atrevería a decir que algunos profesores la han aprobado porque le tienen cariño— Alexander puso una cara rara ante el comentario, pero no lo discutió— Y en cuanto a Jona-... Jace. ¿Cuántas asignaturas ha suspendido? ¿Cuatro?
— Cinco, en realidad.
— ¿Lo ves? ¿Y a él no le han dicho nada tus padres?
— No lo sé, puede que sí lo hayan hecho. Quizás en este momento le estén echando la bronca.
— He estado mirando vuestros expedientes— Alexander me miró escandalizado— Sí, sí, violación de vuestra intimidad y blablablá. Pero esa no es la cuestión. Cuando lo expulsaron de La Clave ¿Le dijeron algo?
Ese es un hecho que me había sorprendido, es cierto. Al parecer mi rubito "preferido" había sido seleccionado para pertenecer a La Clave nada más entrar al instituto, al igual que Alexander. No duró ni una semana. En el expediente se menciona un "incidente", sin entrar en ningún tipo de detalle sobre lo que pasó o lo que él hizo. La cosa es que volvió a las clases normales con el resto de los de su edad.
Alexander se quedó callado hasta que llegamos a mi casa, sumido en sus pensamientos.
Cuando entramos en la casa, Magnus se dirigió inmediatamente hacia la ducha, como solía hacer. Yo me quedé en la planta de abajo y me dispuse a cocinar algo que pudiéramos comer los tres (Jocelyn, como siempre, estaba encerrada en el despacho haciendo nosequé papeleo). Estoy tan distraído con todo el asunto de mis padres, que vuelco sin querer un bote de tomate sobre mi camiseta. Genial. Me deshice de la prenda manchada y me disponía a subir al vestidor de Magnus a coger algo que ponerme cuando sonó el timbre.
Dudé entre si abrir o no. Si fuese alguien que conocíamos podría resultar un desastre. Cuando sonó de nuevo me lo pensé mejor: Magnus es un profesor de mi escuela, ¿No? ¿Qué tiene de raro que vaya a su casa para pedirle algún consejo puntual?
Abrí la puerta, indeciso, y me encontré frente a Simon. El novio de mi hermana trabaja de repartiendo el correo los fines de semana y durante las vacaciones. Un chico muy trabajador y estudioso. Aunque no tuviésemos mucha relación, él era justo lo que necesitaba alguien tan desastroso como Isabelle, por lo que me caía bien. Le tenía incluso cierto cariño después de tantos años.
Él me miró, sorprendido, y yo me di cuenta demasiado tarde de que no llevaba camiseta. Doblemente genial. Si hubiese sido otra persona, ahora mismo estaría en un buen aprieto.
— Hey.
— Hey.
— Yo… traigo una carta certificada, para tu novio. Quiero decir… para Magnus.
Obviamente sabía que Simon estaba al tanto de mi relación con Magnus, ya que Izzy se lo cuenta todo, pero igualmente era una situación del todo embarazosa. Miré la carta, con indecisión.
— Puedes recogerla tú, solo tienes que firmar aquí— Me dijo tendiéndome un recibo.
Lo firmé sin pensar y me despedí de Simon antes de que todo se volviese más vergonzoso para ambos. Todo el papeleo de Magnus lo llevaba Jocelyn, así que simplemente me dirigí al despacho para llevárselo a ella. Ni siquiera la miré por curiosidad, simplemente mi vista se desvió durante unos segundos, pero fue suficiente para ver el nombre a quien iba dirigida.
Nunca se me había pasado por la cabeza interrogar a Magnus sobre su pasado. Sé que antes de venir a vivir aquí vivía con sus tíos, pero nada más. Nada. Miré la carta de nuevo y me di cuenta de lo idiota que soy ¿Cómo iba a pagarse un simple profesor de instituto todo el lujo con el que Magnus vivía?
Había escucho el apellido Bivane muchas veces, de fondo. En alguna conversación de trabajo de mis padres, en algún programa de cotilleo… Incluso aquí, en el fin del mundo, aquel nombre era conocido. El trágico heredero: Magnus Bivane. Soy un completo imbécil.
Magnus, que descendía en ese momento por la escalera, pegó un silbido.
— ¿Vamos a montar una fiesta, cariño? ¿O simplemente quieres jugar un rato? — Una sonrisa lasciva se comenzó a extender por su rostro mientras miraba mi pecho descubierto sin ningún tipo de disimulo— No deberías provocarme estando Jocey en casa, Alexander. He estado manteniendo las formas desde el incidente de la enfermería, pero no soy de hielo.
En cualquier otro momento la simple mención de lo ocurrido en la enfermería del instituto me hubiese hecho enrojecer y buscar algún lugar donde enterrar la cabeza por la vergüenza. Le tendí la carta mientras él se acercaba, extrañado. Cuando la miró, un rastro de temor cruzó por sus extraños ojos.
— ¿Tú eres ese Magnus?
Superada la sorpresa inicial intenté explicarle a Alexander de manera resumida la serie sucesos que me llevó hasta Idris. La muerte de mis padres, la adopción de mis tíos, la hipocresía, el dinero, la sensación de que yo no valía para nada… Él simplemente se quedó en silencio hasta que hube finalizado mi relato. Ahora ambos estábamos sentados en el sillón del salón, callados. No sé si Jocelyn estaba realmente ocupada o si simplemente se enteró de lo que pasaba y es muy discreta; la cuestión es que no salió en ningún momento, cosa de la que estoy tremendamente agradecido.
Alexander no parecía enfadado, ni siquiera parecía decepcionado porque yo le hubiese ocultado algo de tal calibre. Simplemente parecía resignado, como si fuese de los más normal que tu novio te oculte toda su vida porque sí; como si él se mereciese que la gente no lo tuviese en cuenta. Antes creía que ver a mi nephlim triste era lo más horrible del mundo. Me equivoqué.
— Alexander… Por favor, dime algo. Enfádate, grítame, pero no pongas esa cara— Él levantó sus ojos lentamente y me miró por primera vez desde que comencé con mi historia. La tristeza que vi reflejada en esos orbes azules que tanto amo casi hace que se me pare el corazón.
— ¿Por qué no me lo dijiste?
— Alexander, yo-
— ¿Solo era un juego? ¿Eso era yo para ti? — Su voz se rompe y una solitaria lágrima desciende por su mejilla— Una distracción, un juguete con el que divertirte mientras estás en este estúpido pueblo.
— ¿Qué? ¡No! ¡No, Alexander, escúchame!
Pero no lo hace, y yo solo puedo quedarme sentado mientras veo cómo él se marcha. Quiero seguirlo, es lo que más deseo, pero, como siempre, soy incapaz de reaccionar. De repente recuerdo las palabras que mi padre me dijo poco antes de acabar con la vida de mi madre y pegarse un tiro.
— Las personas como tú y como yo estamos a destinadas a estar solas, hijo mío. La gente nos rodeará, siempre, pero nunca podrás estar con ellas como te gustaría. Siempre estarás solo.
Y una mierda.
Me levantó con rapidez y me dirijo a la puerta, dispuesto a buscar a Alexander. Pero no hace falta, él no se ha movido del porche. Está apoyado en la barandilla, mirando hacia el cielo. Ha nevado y yo ni siquiera me he dado cuenta. Pequeños copos siguen cayendo desde lo más alto y Alexander extiende una mano, intentando atrapar uno. Me acercó a él y lo abrazo por la espalda con desesperación.
— Gracias al cielo que estás aquí— Y es cierto. Entierro mi cabeza en su cuello y aspiro su aroma.
Él no dice nada, pero echa su cabeza hacia atrás y la descansa levemente sobre mi hombro.
— Alexander, te amo.
— Lo sé. Perdóname, Magnus.
Lo abrazo con más fuerza, temiendo que sea un sueño.
— ¿Por qué te disculpas?
— He sacado las cosas de quicio. Estoy algo nervioso por lo de mis padres y no me he parado a pensar en ti o tus sentimientos, lo que debías sentir. Yo… Magnus, sabes que yo también te amo, ¿Verdad? Yo no soy como los demás. No pretendo utilizarte ni nada por el estilo, yo…
— Créeme, lo sé. Tú no eres para nada como los demás— mimo su cuello con cariño y por fin una sonrisa vuelve a aparecer en sus labios— Alexander…
— ¿Mmm?
— Sigues sin camisa, ¿no te estás congelando?
Los tres nos sentamos en la cocina a comer la pizza que Magnus ha encargado mientras Jocelyn y él hablan sobre cifras y más cifras. Solo entiendo fragmentos a medias: algo sobre una compañía telefónica, sobre una fusión, una lista de facturas con un importe desorbitado… Yo simplemente como en silencio hasta que mi móvil comienza a sonar. Pido disculpas y me levanto de la mesa para alejarme un poco antes de contestar.
Ni siquiera miro el identificador de llamadas, ya que solo seis personas tienen mi número: obviamente no es Magnus, Sebastian estará durmiendo la mona en este momento, Jace está en su entrenamiento de fútbol e Izzy y Max estarán con mis padres.
— James.
— Alexander — oigo su voz entrecortada a través del teléfono, así que comienzo a moverme buscando mejor cobertura. Me detengo en el salón, junto a la puerta que da al jardín— ¿Cómo ha ido todo?
— ¿Quién te lo ha contado? —Noto la mirada de Magnus clavada en mi espalada y me pongo nervioso. Le miro de reojo y veo que sigue hablando con Jocelyn. Imaginaciones mías.
— Sebastian, ¿Quién si no? No entiendo a tus padres, la verdad.
— Ni yo. Pero ahora eso no importa, Jem, ¿Qué tal por Inglaterra? ¿Contento de volver a tu segunda casa? — Me alegro al escuchar su risa suave. En realidad, todo en Jem parece suave. Es como una especie de bola de algodón blanca y esponjosa.
— ¿Estás evitando hablar del tema?
— ¿Y tú?
— Vale, dejaré de hacer preguntas si tú haces lo mismo — Hace una semana llamaron a sus padres para invitar a toda la familia a la celebración de una boda en Londres. Jem no se lleva muy bien con la novia, una tal Yasmine Lovelance o algo así. Una cría maleducada que alguna vez ha venido hasta aquí de vacaciones, completamente insoportable— Solo quería saber si estabas bien, tengo que colgar o esta llamada me saldrá carísima.
— Vale, vale. Te veré a la vuelta. No te diviertas demasiado sin mí, ¿quieres?
— ¿Me río yo de tu desgracia? — finge ofenderse mientras yo no puedo parar de reír.
— Eres demasiado gentil para eso. Cuelga ya, anda.
— Os veré en una semana, recuérdaselo a Seb. Y cuida bien de mi bebé— oigo ruido al otro lado del teléfono y su voz me llega lejana cuando se despide— Te echaré de menos.
— Y yo a ti— Le digo antes de que cuelgue.
Cuando me giro para dirigirme de nuevo a la cocina veo a Magnus mirándome atentamente desde el sillón. No hay rastro de Jocelyn por ninguna parte.
— ¿"y yo a ti" qué?
— ¿Estabas escuchando a escondidas?
— Estoy bastante a la vista, ¿No crees? —Me sonríe con picardía mientras se recuesta de forma sugerente y me hace señas para que me acerque a él. Mi corazón se acelera y recuerdo con todo lujo de detalles lo ocurrido en la enfermería hace semanas— ¿"y yo a ti" qué?
— ¿Estás celoso? — Intento parecer seguro de mí mismo mientras mi corazón intenta salirse de mi pecho.
— Más bien intrigado. Sigues sin contestarme, Alexander.
El teléfono fijo suena en ese momento y Magnus suspira con exasperación antes de estirar el brazo y darle al botón de manos libres.
— ¿Sí? — En aquel momento yo ya había llegado hasta su altura, así que me recuesto junto a él en el sillón. Magnus sonríe ante el gesto y me besa en la frente.
— ¿Magnus? Soy Tessa— Noto cómo su cara se ilumina y los celos se apoderan momentáneamente de mí. Luego recuerdo que Tessa es su tía y me avergüenzo de mí mismo— ¿Cómo ha ido todo? Hace semanas que no hablamos, me tenías preocupada. Bueno, y a tu tío también.
Escuché un ruido de fondo, algo así como una carcajada. Magnus torció el gesto.
— Lo siento, de verdad. He estado algo…ocupado— Magnus me mira mientras acaricia mi frente y yo cierro los ojos para disfrutar del contacto. Cuando los vuelvo a abrir encuentro en la mirada de Magnus algo que no había visto hasta ahora— Tía Tessa, estoy saliendo con alguien.
Mi cuerpo se congela mientras mi mente trata de procesar lo que acaba de decir. Bueno, no es algo malo. Magnus podría estar saliendo con cualquiera y ellos, que siguen en Nueva York, no se enterarían de nada.
— ¿Una relación? ¿Algo serio? — La voz de la mujer parece escéptica.
— Sí— Magnus me mira fijamente mientras sigue contestando a su tía— Estoy enamorado.
— ¡Oh Dios mío! ¡Magnus! ¡Eso es maravilloso! ¿Cómo es ella? ¿O es un él? — La mujer parecía al borde de un ataque de felicidad. Ni siquiera la conozco y ya me cae bien. Se nota que de verdad quiere a Magnus. — ¿Es alguien de tu escuela? ¿Un compañero de trabajo?
— Bueno, sí y no. Es alguien de mi escuela, pero no es ningún profesor— Magnus, ¿qué demonios estás haciendo? — Se llama Alexander, y es un alumno.
Al otro lado de la línea la mujer ha enmudecido mientras el ruido de antes vuelve a repetirse: ahora sí que estoy seguro de que es una carcajada. Hay una sucesión de ruidos al otro lado y poco después la voz de un hombre suena a través del aparato.
— Dime que estás de coña, Magnus— Magnus se mantiene en silencio mientras comienza a acariciarme la espalda lentamente, intentando que me relaje. Al otro lado, la voz del hombre (el tío de Magnus, supongo) parece a punto de estallar en risas— ¡Madre mía! ¡Sabía que la cagarías! ¡Lo sabía!
— ¡William!
— ¡Tess! Nuestro sobrino es un pedófilo ¿No es maravilloso? — Canturrea la mar de feliz.
— Dame eso, inconsciente— La voz de Tessa vuelve a sonar fuerte a través del audífono— Magnus, ¿es una broma?
— No, no lo es. Escucha, tía Tessa, no es tan malo como parece. Cuando le conocí no tenía ni idea de que era un alumno. Además, termina este año y…
— ¿Cuántos años tiene?
— ¿Alexander? Diecisiete.
— ¡Oh Dios, gracias!
— ¿Creías que me habría liado con un crío de once años?
— No lo sé, Magnus. Todo esto… Sé que nunca te han gustado las normas, pero…
— Esto no tiene nada que ver con un ataque de rebeldía, Tessa. Cuando supe que era un alumno de mi escuela intenté alejarme de él, lo juro. Pero no funcionó. Tessa, le amo.
Al otro lado de la línea, la risa de William por fin se había detenido y Tessa parecía estar pensando concienzudamente lo que iba a decir a continuación. Magnus me miró divertido, pero su sonrisa desapareció al ver mi cara de horror. Me besó suavemente mientras volvía a acariciar mi espalda con lentitud.
— Todo está bien— me susurró— No pasa nada malo.
Al cabo de lo que a mí me parecieron horas, la tía de Magnus por fin se dignó a contestar.
— ¿Crees que… podríamos conocerle? Podríais venir en navidad y pasar aquí las fiestas.
Magnus me miró, indeciso. Hacía días que habíamos planeado que él vendría a mi casa para pasar la navidad con mis hermanos y conmigo.
— En navidad no vamos a poder ¿Qué tal en nochevieja? Podemos quedarnos allí hasta que empiecen de nuevo las clases.
Mi corazón latió con fuerza ¿De verdad voy a salir de Idris? ¿Voy a conocer Nueva York? ¿A la familia de Magnus?
— Eso es… perfecto. Te llamaremos esta semana, para concretar la hora y todo lo demás.
La línea se cortó sin una sola despedida.
— No te preocupes, solo están un poco sorprendidos. Se les pasará, ya lo verás.
Al menos, gracias a todo este lío, he conseguido olvidarme de que mis padres siguen en casa.
Magnus vuelve a recostarse de forma cómoda y me abraza con fuerza contra su pecho. Últimamente había adoptado esa costumbre: abrazarme como si yo fuese a marcharme en cualquier momento. Como si pudiese alejarme de él…
— Esto es real, ¿no? Wow, este día ha sido de locos. Vienen mis padres, voy a conocer a la familia de mi novio secreto y ¡resulta que mi novio no es otro sino Magnus Bivane, el multimillonario! Como Jace se entere de esto va a… ¿Magnus?
La sonrisa cálida que había estado adornando su rostro desapareció para dar cabida a una expresión que fui incapaz de comprender.
— No me llames así, Alexander.
— ¿Llamarte cómo?
— ¿Recuerdas lo que me contaste sobre Clary? ¿Lo de que había decidido cambiar de apellido al cambiar de vida? Desde que te conocí soy Magnus Bane, y nada más. No quiero que me llames por el apellido de mi padre— Por primera vez desde que nos conocimos era Magnus el que parecía frágil e indefenso.
— No pienso hacerlo, tranquilo. Además, Magnus Bane suena mucho más… magnífico ¿No crees?
Magnus buscó mis labios y comenzó a besarme lentamente mientras la mano que hacía rato estaba situada en mi espalda se colaba bajo mi camiseta. Desde que Catarina había estado a punto de pillarnos en el instituto, Magnus había estado manteniendo las distancias; nada de caricias, ni de besos fogosos… nada. Entrelacé mis piernas con las suyas he hice gala del truco que él mismo me había mostrado meses atrás: froté suavemente mi rodilla contra su entrepierna. Magnus gimió dentro de mi boca y comenzó a besarme con más dureza. Y entonces el teléfono volvió a sonar.
Magnus se levantó de golpe, pegando un grito de indignación, y contestó al teléfono de malas maneras.
— ¿QUIÉN. DEMONIOS. ES?
Se quedó callado durante unos instantes y me miró con cara de resignación.
— Sí, lo entiendo. Gracias, Isabelle.
— ¿Qué ha ocurrido? ¿Ha pasado algo malo?
— No, simplemente tus padres quieren verte. Vamos, nephilim, no quiero que me acusen de secuestro.
Llevé a Alexander hasta el Taki's, donde ya estaba reunida toda su familia, y me despedí de él con un corto beso antes de que se marchara hacia el interior. Lo vi alejarse lentamente y al instante ya me sentía solo.
Nuestro tiempo juntos es maravilloso y no lo cambiaría por nada del mundo, pero básicamente se trata de encuentros furtivos entre clases, charlas superficiales en el Taki's mientras lo veo trabajar o encuentros en mi casa, con Jocelyn de por medio la mayoría de las veces. Inmediatamente recordé el viaje a Nueva York y sonreí para mis adentros. Una semana entera con él a solas. No puedo esperar.
Bueno, ¡Ahora sí!
Gracias a todas las que me dejasteis un comentario en el capi anterior ¡Estaba de los nervios con mi primer lime! Sois geniales, ¡Os adoro!
Que el ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la Suerte esté siempre de vuestra parte.
Esta vez no os voy a pedir que me mandéis mensajes mentales, sigo convaleciente por culpa de cierta "guardaespaldas"
lalala D: Jo, todo el mundo quería que Alec se recuperase... yo hubiese preferido que siguiese enfermo y Magnus le hiciese de enfermera sexy. Tendré que contener mi imaginación xD ¡Muchísimas gracias por pensar que mi fic es genial! Al final voy a acabar creyéndomelo y todo :D
Anairafuji: Cada vez que leo que os ha gustado "esa" parte pego un bote de felicidad. Estoy taaaaan feliz de que no me hayáis mandado a freír espárragos por ser tan desastrosa describiendo el lime... ¡Venga!¡Voy a animarme a hacer un lemon completo! A saber lo que sale... jajaja ¡Muchas gracias por tu comentario!
¡Nos leemos el próximo viernes!
