Voy con el tiempo justo, así que esta vez no os voy a molestar mucho.
Quiero dedicar este capi a Airic-Been porque estoy enfadada con ella.
Y como estoy enfadada, le dedico un capi; yo soy así xD
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
-Anairafuji: tenía pensado castrar a Magnus, pero pensé que luego me mataríais así que... sí: voy a ver si en el siguiente capi hago a un Magnus super empalagoso en una cita romántica. A saber qué saldrá xDD ¡Gracias por comentaaar!
-LalalaD: ¿Te encantó el regreso de Jonathan? xD ¡Bien! ¡No soy la única rarita a la que le gusta este macabro y malvado personaje! jajaja
El sonido de los cubiertos contra la vajilla y el del tráfico neoyorkino es lo único que se escucha en el salón. Alexander, a mi lado, parece empequeñecerse en su silla conforme pasan los segundos. Will, frente a mi novio, no para de jugar con la comida que tiene en el plato mientras nos lanza una mirada de puro odio cada vez que alza la vista. Al parecer mi tía Tessa, que en estos momentos se encuentra con Bridget, nuestra cocinera, le echó ayer una bronca monumental por su "charla" con mi novio.
Le devuelvo la mirada a mi tío mientras sigo comiendo. He intentado sonsacarle a Alexander qué es lo que William le dijo para ponerle tan nervioso, pero no ha querido decir ni una palabra. Sé que es algo estúpido, pero no puedo sacarme de la cabeza la idea de que todo lo acontecido ayer fue culpa suya. La llamada de Isabelle resuena en mi mente y miro a mi tío con una renovada carga de furia. Él me la devuelve, hastiado. Alexander sigue intentando que la tierra se lo trague.
Cuando Tessa por fin aparece por la puerta Magnus y su tío parecen estar intentado matarse con la mirada. Ella me mira con los ojos repletos de comprensión antes de dar una fuerte palmada que hace que por fin los otros dos reaccionen. Ambos la miran durante unos segundos antes de comenzar a discutir atropelladamente.
Entre los gritos del uno y del otro apenas sí soy capaz de distinguir cuatro o cinco palabras sueltas. Tessa parece no sorprenderse en absoluto, lo que hace que me relaje un poco; si ella no está preocupada significa que esto suele pasar a menudo, por lo que no debo sentirme tan culpable… ¿Verdad…?
— ¡Basta! — Gritó al fin la pobre mujer, que parecía estar más aburrida que enfadada— Dejad las tonterías de inmediato, ninguno de vosotros es ya un crío.
— No, pero sí que hay algún que otro "crío" presente— Soltó William con chulería.
Mientras Tessa le pegaba una colleja a su marido Magnus me agarró la mano por debajo de la mesa. Mi novio llevaba toda la mañana muy raro, como ido. Me miraba sin verme y tenía que repetirle unas cuantas veces las cosas para que por fin entendiese lo que le estaba diciendo. Lo miré de reojo y vi una furia descontrolada emanar de él. Una furia que yo no había visto hasta ayer por la noche. Me estremecí.
—Magnus…
— Will— Dijo Tessa al mismo tiempo que yo, ahogando mis palabras— por favor, ya hablamos de esto. Sé que es difícil, pero Magnus se ha enamorado y-
— ¿Enamorado? ¿Magnus? — El pelinegro soltó una risita mientras me miraba con diversión— Pelo negro, ojos azules… ¡Vamos! Está claro que el muchacho tiene un enorme complejo de Edipo.
— Tú ni siquiera eres mi padre, anormal.
— ¡Tess! ¡Mira cómo me contesta tu sobrino! — Will finge indignación de forma teatral mientras se levanta de la mesa haciendo resonar toda la vajilla— Está claro que aquí no soy bien recibido, por lo que no os incordiaré más con mi maravillosa presencia.
Acto seguido salió con la cabeza bien alta por la puerta del salón dándose aires de rey. Tengo que investigar un poco para saber si este tipo y Stephen Herondale son familia; Will es demasiado parecido a Jace como para que el apellido sea pura coincidencia.
Tessa se desmoronó en la silla y enterró la cabeza entre las manos. Cuando pareció tranquilizarse me dirigió una mirada llena de arrepentimiento.
— Alexander, de verdad que lo siento. Te juro que está muy arrepentido por lo de ayer, pero es un cabezota y le cuesta hablar de lo que siente realmente— A mi lado Magnus bufó mientras clavaba el tenedor con fuerza en sus huevos revueltos. Su tía lo miró— Magnus, tú deberías comprenderlo. Estoy seguro de que no quiso decir nada de lo que dijo.
— Entonces que se hubiese callado la boca— Respondió Magnus de mala manera.
— Sé que no fue correcto, y no intento excusarle, pero te quiere Magnus. Ambos te queremos con locura. Nunca te haría daño a propósito. Cuando dijo que Alexander era solo un juguete sexual no pretendía-
Magnus dejó caer el cubierto sobre el plato y giró la cabeza hacia mí con la sorpresa y la furia reflejadas a partes iguales en su cara.
— Dime que no te dijo eso— Desvié mi mirada hacia otro lado, cohibido. Magnus miró a su tía con cara de indignación— Eso no es lo peor, ¿verdad? ¿Qué más le dijo?
— Magnus— Susurré por primera vez desde que salimos de su cuarto— Por favor.
Desde que soy pequeño los más cercanos a mí siempre me han dicho que tengo unos ojos muy expresivos. A mí siempre me había parecido una tontería, pero últimamente, desde que salgo con Magnus para ser más exactos, me he dado cuenta de que es cierto. Le bastó con mirarme a los ojos durante dos segundos para comprender que no quería seguir con esta conversación.
— ¿Y dime, Alec, qué haces para divertirte? ¿Cuál es tu hobby? — me preguntó Tessa de improviso.
— ¿Mi hobby? — La miré con gratitud. Estaba claro que ella también buscaba salir de aquella incómoda conversación.
— A Magnus, por ejemplo, le encantaba pasar todos los fines de semana en Alacante con sus amigos— Frunció el ceño con disgusto— La mayoría de las veces volvía a casa borracho como una cuba.
A mi lado, Magnus se removió, molesto.
— Oh, pues… Nadar, supongo. Sí, me gusta nadar. Aunque no puedo dedicarle todo el tiempo que me gustaría
— ¡Vaya! ¡Un deportista! A Magnus le cuesta incluso levantarse del sofá para cambiar la tele— El aludido miró a su tía haciendo una mueca de disgusto— Ahora me dirás que no es verdad…
— Me encanta cómo ensalzas mis maravillosas cualidades delante de mi novio.
— Oh, vamos, no seas bebé — Le contestó su tía con cariño. Solté una risita y Magnus me miró con cara de indignación.
— ¿Lo ves? ¡Lo has puesto en mi contra!
Tal y como me había imaginado antes de venir a Nueva York, Tessa resultó ser una maravillosa persona. Era dulce y amable, pero también poseía cierto aire malicioso que la hacía divertida. Se pasó gran parte de la mañana preguntándome acerca de mi vida mientras me contaba anécdotas divertidas sobre la vida de Magnus que hicieron que, por una vez, fuera éste quien se sonrojara.
Hablamos de casi todos los temas posibles y descubrí, maravillado, que teníamos la misma afición por los grandes clásicos de la literatura. Llegados a este punto mi novio estaba prácticamente durmiendo sobre el mantel, y solo reaccionó cuando su tía comenzó a contarme cierta historia que había acontecido en Perú. Magnus se incorporó con una rapidez sobrehumana y se excusó con su tía antes de agarrarme de la muñeca y guiarme hasta su habitación.
Cuando llegamos se recargó sobre la puerta, aliviado.
Alexander se sentó sobre la cama y llevó sus rodillas hasta su pecho, abrazándolas. Miró el reloj que había sobre mi cómoda y frunció el ceño. Miré la hora: la una y media del mediodía ¿En serio? ¿Cómo podía haberse pasado tan rápido el tiempo? La relación de mi tía con Alexander se desarrolló tal y como yo pensaba. Si bien mi novio parecía tímido en un principio, poco a poco fue soltándose y cogiendo confianza. Estaba seguro al cien por cien de que Tessa acabaría tan enamorada de él como lo estoy yo, y al ver su mirada cuando salimos del salón, supe que había estado en lo cierto. Por otro lado estaba Will, claro.
Cuando mis tíos se hicieron cargo de mí pude congeniar de inmediato con Tessa. Pero con su marido… Will tenía cierta predisposición a alejar a todo el mundo con insultos y ofensas. Con el paso de los años comprendí que no lo hacía con maldad, sino como un mecanismo de defensa, pero igualmente me costó bastante acostumbrarme.
Pero Alexander… Imágenes sueltas de la noche anterior acudieron a mi mente de forma confusa, creando en mi interior una vorágine de culpa y asco hacia mí mismo. Alcé el rostro y me fijé en mi nephilim, que se había recostado sobre la cama y tenía los ojos cerrados. Tan hermoso e inocente… Reprimí una arcada y me dirigí al cuarto de baño con rapidez mientras notaba la bilis subir por mi garganta ¿Qué demonios hice?
..
— ¿Magnus?
No sé cuánto tiempo llevaba en esa postura: sentado en el suelo con el cuerpo encorvado sobre la bañera mientras el agua fría caía sobre mi cabeza. Alexander asomó la cabeza por la puerta, dudoso; pero todo rastro de duda se esfumó de su rostro cuando me vio. Soltó un grito ahogado y se acercó a mí corriendo, agachándose a mi lado.
— Por el ángel, Mags, ¿estás bien? — ¿"Mags"? ¿Desde cuándo Alexander utilizaba apodos cariñosos para referirse a mí? Intenté sonreír, pero mi boca se negaba a hacerlo.
— Solo estaba un poco mareado, nada más— Le respondí mientras él cerraba el grifo y alcanzaba una toalla del armario.
— Llevas todo el día muy raro, ¿Estás seguro de que no tienes fiebre?
Sus manos se dedicaron a pasar la toalla por mi cabello, secándolo con delicadeza. Acto seguido secó mi cara y me colocó una mano en la frente.
Es curioso. Sus manos estaban ajadas, llenas de pequeños cortes y de callos a causa del trabajo; y sin embargo mis delicadas manos, que recibían más cuidados que el que la mayoría de la gente emplea en todo su cuerpo, nunca habían sido tan suaves. Supongo que es por él; porque todo en él es suave y tierno, y dulce. Y yo soy una mierda.
Aparté la mirada, inquieto ¿Cómo puedes siquiera soportar mirarme, Alexander? ¿No te das cuenta de lo que soy?
— No pareces tener fiebre— Me dijo mientras se sentaba en el suelo, junto a mí— ¿Quieres que vayamos al médico?
Le miré de soslayo; ojalá existiera un médico capaz de remediar lo que yo había hecho.
— Es algo anímico, Alexander. Estar en Nueva York me tiene un poco desquiciado— lo que no era del todo mentira.
Ambos nos quedamos en silencio. Pese a que mi mente intentaba prohibírmelo, repitiéndome una y otra vez que me alejase de él, mi cuerpo ansiaba tenerlo cerca, por lo que acabé reposando mi cabeza en su hombro. Alexander me acercó más a él y me abrazó con un solo brazo mientras me acariciaba el cabello todavía húmedo con la otra mano. Aspiré su aroma, embelesándome. Sé que no soy bueno para él, que se merece algo mejor. Pero mi tía Tessa tenía razón cuando decía que soy un niño mimado y egoísta. No puedo dejarlo ir, le necesito demasiado.
— Alexander, dime que me amas.
Él me miró con la confusión tiñendo sus hermosos ojos.
— Alexander… — le supliqué.
— Te amo, Magnus.
Me acerqué a su rostro con miedo, temiendo un rechazo que en el fondo sabía que nunca recibiría. Porque él me ama. No sé por qué, no puedo comprenderlo; pero es así.
Lo besé con delicadeza, intentando trasmitirle todo lo que la noche anterior no pude brindarle. Fue un beso lento, sin tiempo. Todo en Alexander era ternura mientras me trataba como si yo pudiese romperme en cualquier momento. Alexander había conseguido darme en solo unos meses lo que yo llevaba años buscando, algo que ni siquiera Tessa había conseguido brindarme.
Cuando nos separamos tardé un rato en abrir los ojos, tratando de conservar en mi memoria el momento con miedo a que fuera el último. Después de todo, ¿Cuánto más podía tardar mi nephilim en darse cuenta de que merece algo mejor? ¿Cuánto tardará en marcharse de mi lado?
— ¿Te sientes mejor?
Esta vez sí pude sonreírle, aunque el peso de la culpa en mi corazón seguía siendo tan intenso y lacerante como el acero.
— Mucho mejor.
..
Lo empujé sin miramientos contra la puerta, sujetando sus manos por encima de su cabeza con fuerza. Pasada la sorpresa inicial, mi precioso ángel empezó a retorcerse para librarse de mi agarre, pero yo era más fuerte que él.
—Por última vez, Alexander, ¿Vas a cooperar en esto? Porque te advierto desde ya que sucederá lo quieras tú o no.
— ¡Suéltame! – Me gritó mientras seguía forcejeando por liberarse.
Estampé mis labios contra los suyos de forma brusca mientras atrapaba completamente su cuerpo entre el mío y la pared.
Me desperté jadeando y empapado de sudor. No, no, no, ¿Qué demonios me pasa? Miro a Alexander acostado a mi lado y me estremezco. La culpa me persigue hasta en sueños, y él ya se ha comenzado a dar cuenta de que algo me pasa pero ¿Cómo puedo sacar el tema? Maldita sea, él parece evitarlo a toda costa, pero necesito pedirle perdón o no podré seguir adelante.
Soy incapaz de volver a dormirme, así que me dedico a contemplar a Alexander cuando duerme. Es tan hermoso… Incluso sus pequeños ronquidos, como los de un gatito, me parecen adorables. Cuando me quiero dar cuenta el sol ya entra a raudales por la ventana y Alexander comienza a abrir los ojos mientras se despereza. Se da cuenta de que lo estoy mirando y me sonríe con los ojos aun nublados por el sueño.
— Buenos días.
— Buenos días, nephilim— le digo mientras lo beso suavemente en la frente.
— ¿Has madrugado?
— ¿Tan raro te parece? — Él me miró con la ceja levantada — Bueno, vale: es raro. Simplemente no estaba muy cansado, eso es todo.
Mientras Alexander se levantaba y se dirigía al baño para su ducha matutina yo me dirigí a mi tocador. Mi reflejo en el espejo me devolvió una imagen espantosa. Iba a necesitar una buena dosis de maquillaje.
— ¿Qué te apetece hacer hoy? — Le pregunté a mi nephilim cuando lo escuché cerrar por fin el grifo y el agua cesó de caer.
Él apareció por la puerta con solo una toalla anudada a la cintura y tuve que desviar mi vista rápidamente. De reojo pude ver cómo Alexander hacía una mueca, pero no dijo nada. Mierda, necesitamos hablar de esto pero ya.
—Alexa-
— ¿Y por qué no vamos a Alacante?
Miré a Alexander, perplejo. Él enrojeció hasta las orejas y yo no pude evitar sonreír; hacía demasiado que no veía ese hermoso rubor cubrir su rostro.
— Bueno… Tessa dijo que… bueno…
— Alexander.
— Dijo que tú solías ir mucho a Alacante con tus amigos, así que pensé que quizá te apetecería…
"Amigos", ya. Al menos mi tía había sido más discreta en lo que concierne a temas más delicados y no había dicho algo como: Oh, a Magnus le encantaba ir a Alacante con sus ligues de una noche. Volvía tan borracho al día siguiente que no se acordaba ni de con quién se había acostado. No es que Alexander desconozca del todo mi pasado, pero no es algo que quiera compartir con la única persona (familia aparte) que me ha importado.
— No sabía que te gustaban esa clase de sitios.
Alexander se puso blanco como el papel.
— ¿Qué clase de sitio? ¿Qué es Alacante? — Por la cara que puso estoy prácticamente seguro de que pensaba que era un prostíbulo.
Sonreí mientras terminaba de aplicarme el corrector de ojeras. Miré mi reflejo con ojo crítico: necesitaría por lo menos dos capas más si no quería parecer un oso panda.
— Es un parque temático, Alexander. Ya sabes: disfraces, atracciones, globos, manzanas de caramelo…
El rostro de Alexander se iluminó de repente y sus ojos brillaron con fuerza.
— ¿Un parque de atracciones?
— Sí…
— ¿Podemos ir? — Me preguntó con una sonrisa enorme extendiéndose por su rostro. Estaba tan deslumbrante como un niño de seis años la mañana de navidad.
— Claro, me encantaría ir contigo— Alexander pegó un saltito de emoción y acto seguido se puso a rebuscar entre la ropa de su maleta. Nunca lo había visto siendo tan… espontáneo— ¿Tanta ilusión te hace?
— Siempre he querido ir a uno. Jace una vez me contó que se había montado en una montaña rusa tan fuerte que casi-
— Espera, espera, espera. Espera. ¿Nunca has ido a un parque de atracciones?
— Eh… No ¿Es muy raro?
Alacante era enorme. Lo miré desde fuera asombrado mientras Magnus se alejaba para comprar las entradas. Había una especie de ¿torres? de cristal rodeando todo el complejo iluminándolo de tal forma que le daba un aire mágico. No cesaba de entrar gente: niños con sus padres, grupos de amigos, parejitas… Parejitas. Se podría considerar que esta es mi primera cita auténtica con Magnus ¿no? Sentí cómo el rubor acudía a mi rostro.
Magnus apareció en ese momento mientras me miraba con una sonrisa en el rostro. Sin embargo había algo en su expresión… una tensión que llevaba allí desde la otra noche. No puedo evitar sentirme culpable por todo esto. Después de todo, si yo no hubiese huido como un niño de cinco años, nunca me hubiese encontrado con Jonathan y Magnus no estaría furioso conmigo.
Jonathan… intenté borrar su rostro de mi mente. Ahora estoy con Magnus. Ahora soy feliz y tengo a alguien a quien de verdad amo y que no es un auténtico imbécil ¿Entonces por qué no fui capaz de alejarme de Jonathan en el Pandemonium?
Mi novio me mira, expectante.
— ¿Qué?
— ¿No has escuchado nada de lo que he dicho?
— Estaba un poco ausente… — Le dije mientras sentía de nuevo ese estúpido rubor.
Magnus sonrió con cariño y me dio un casto beso en los labios.
— Te preguntaba si estás contento de estar aquí.
— Claro — le respondí con sinceridad mientras entrábamos en el parque. Desde aquí podía escuchar los gritos de la gente que iba en la montaña rusa ¡Genial!
Magnus siguió la dirección de mi mirada y me indicó cómo dirigirnos a la fila para montar en la atracción. No había mucha gente, y aquel monstruo de metal iba a toda velocidad, por lo que pronto fue nuestro turno. Jace tenía razón: esto es genial. La velocidad, la descarga de adrenalina… ¿Cómo he podido estar perdiéndome esto durante tantos años? Cuando bajamos estuve a punto de preguntarle a Magnus si quería volver a subir, pero éste estaba completamente pálido y no parecía encontrarse muy bien.
— ¿Por qué no me dijiste que no te gustaban las montañas rusas? — Le pregunté mientras nos sentábamos en un banco cercano.
— A ti te hacía ilusión subir y no te quería dejar solo en nuestra cita.
Lo miré con ternura mientras él parecía recobrarse de su mareo. A nuestras espaldas la gente seguía gritando mientras la atracción los trasladaba a toda velocidad y no pude evitar pensar que, en cierto modo, no hubiese sido lo mismo sin Magnus a mi lado oprimiéndome la mano.
— Me alegro de que mi primera vez haya sido contigo — Le dije mientras veía cómo una nueva tanda de personas salía de la atracción. Magnus hizo un ruidito ahogado y giré la cabeza en su dirección. Estaba mortalmente pálido y se apretaba la cabeza con las manos mientras se repetía para sí mismo una y otra vez "cabrón, cabrón, cabrón".
Será mejor que no nos volvamos a montar en nada tan fuerte…
..
El día ha ido genial. Hemos montado prácticamente a todas las atracciones pese a que no he dejado de insistirle a Magnus que no era necesario que se montase en aquellas que lo hicieran sentir mareado. Nuestra comida básicamente consistió en perritos calientes, algodón de azúcar en cantidades industriales para Magnus y todo tipo de dulces que él insistía en comprar incluso cuando ya estábamos a punto de reventar. Y, evidentemente, en cuanto bajamos de las tazas locas Magnus tuvo que ir a los servicios a echar hasta la primera papilla.
— ¿Te apetece montar de nuevo en los rápidos?
Miré a mi novio de reojo y le pegué una suave colleja, juguetón.
—Sí, claro. Vamos a ponerte a dar vueltas otra vez, que seguro que no pasa nada— Miré el reloj que Izzy me había regalado por navidad: las ocho y media de la tarde— Ya es tarde. Será mejor que nos vayamos a casa. A tu casa, quiero decir.
— No. Aún no. No he tenido tiempo de…— Su mirada parecía perdida ¿Qué te pasa, Magnus?
— ¿Magnus?
Él miró tras de mí y su cara se iluminó.
— Todavía no hemos montado en la noria, ¿verdad?
Alexander, sentado frente a mí, está embelesado mirando a través del cristal: desde aquí podemos ver todo el parque de atracciones e incluso, a lo lejos, se puede divisar gran parte de la ciudad de Nueva York. Él parece encantado y a mí me da por preguntarme qué es lo que pensaría si alguna vez visitamos el London Eye. Pienso en un futuro, donde quizá sí podamos hacerlo… pero puede que ni siquiera tengamos futuro.
— Alexander.
Él me mira con esos preciosos ojos azules y mi corazón se detiene durante un segundo.
— Creo que deberíamos halar de lo de la otra noche— Consigo decir al fin.
—Oh, eso— Alexander baja la mirada y veo el rubor cubriendo su rostro.
— Alexander yo-
— Lo siento, Magnus.
— Que… ¿lo sientes? — Es como si me hubiesen tirado un cubo de agua helada encima— ¿Me estás dejando?
Alexander alza la mirada con los ojos abiertos como platos.
— ¿Qué? No, no ¿Cómo puedes pensar eso? — Alexander me toma de las manos, rodeándolas con las suyas, y fija su mirada en mis ojos— Siento lo que hice, mi comportamiento con Jonathan. Fui un imbécil, Magnus. No sé qué me pasó, me quedé como paralizado y dejé que él… Te juro que no siento nada por él, Magnus. Te amo, te amo como pensé que solo llegaría a amar a mis hermanos y… por el Ángel, esto se me da fatal…
Alexander desvió la mirada hacia fuera; habíamos llegado a la cima de la noria y las vistas eran increíbles. Pero mis ojos solo podían centrarse en él. La primera vez que lo vi pensé que era un ángel, un hermoso ser que había caído del cielo para iluminar mi vida. Y quizá fuese cierto, porque un ser tan puro e inocente no podía tener cabida en este mundo. Por fin volvió de nuevo a mirarme y empezó a removerse en su sitio, inquieto.
— Comprendo que todavía estés enfadado, de verdad. Sé que no es fácil pero… nunca pretendí hacerte daño Magnus. Has estado raro desde que pasó y…— Tomó aire y se dispuso a continuar hablando, pero yo lo interrumpí.
— Alexander, por favor: cállate— Él me miró, asustado— ¿Cómo puedes siquiera pensar que estoy enfadado contigo?
Mi nephilim me miró sorprendido.
— ¿No lo estás?
Tomé su rostro entre mis manos y le acaricié los pómulos con lentitud. Él cerró los ojos, rindiéndose a las caricias que le proporcionaba. Sus largas pestañas brillaban bajo la luz de la luna mientras acercaba su rostro al mío y me besaba con dulzura.
— Alexander…— Susurré entre sus labios.
— ¿Mmm?
— ¿Por qué no me dijiste que eras virgen? — Alexander abrió los ojos con sorpresa y se alejó de mí, rompiendo el mágico momento.
— ¿Qué?
— ¿Por qué no me lo dijiste?
— Bueno, no sé. Pensé que ya lo sabías, al fin y al cabo nunca me preguntaste— Una leve sombra de temor cruzó su rostro— ¿Era eso? ¿Por eso estabas tan raro? El otro día, en el Pandemonium, ¿hice algo mal?
Lo miré con la boca abierta. No puede ser. Es imposible que sea tan inocente. Esto es…
Solté una risa histérica, completamente desquiciado. No, no, no ¿Qué si él había hecho algo mal? ¡¿Cómo podría él haber hecho algo mal?! Alexander me miró con pánico.
— Lo siento yo… creí que…— Sus ojos se humedecieron mientras sus manos comenzaban a temblar.
— ¿Que tú lo sientes? ¡Alexander! ¡Prácticamente te violé! Te traté como si tú no fueras más que… — Las palabras se atragantaron en mi garganta y recordé lo que mi tío le había dicho el día que llegamos: "no es más que un juguete"— ¿Cómo puedes siquiera mirarme a la cara?
Él me miró, totalmente perdido.
Alcé su rostro con delicadeza y uní nuestros labios suavemente, dándole pequeños besos de mariposa. Besé sus labios, su frente, sus párpados… Era tan hermoso… De nuevo una inmensa sensación de posesividad inundó mi ser, pero esta vez fue diferente. Lo amo tanto, quiero tenerlo a mi lado, verlo feliz todos y cada uno de los días de su vida. Mío. Mío, Mío. Mi hermoso nephilim.
— Alexander…— Susurré cuando volví a unir nuestros labios— Alexander, Alexander, Alexander.
Su nombre se repetía una y otra vez en mi cabeza y mis labios no eran capaces de pronunciar ninguna otra cosa mientras las lágrimas caían por mis mejillas. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que lloré. Puede que el día de la muerte de mis padres, no lo sé.
— Perdóname, Alexander.
Él solo me abrazó con fuerza contra su pecho mientras me acariciaba dulcemente la cabeza.
— Estoy aquí, Magnus. Siempre estaré aquí.
..
Cuando bajamos de la noria Alexander me acompañó hasta los servicios, donde pude retocarme el maquillaje.
— Se supone que este rímel es resistente al agua. Te cobran una cantidad desorbitada de dinero y luego ni funciona, estafadores…
Mi novio me miró con una sonrisa divertida mientras estiraba distraídamente de uno de los hilos sueltos de su deshilachado suéter.
— ¿Te apetece cenar algo? — Lo miré como si estuviese loco.
— ¿Tienes hambre? ¿En serio? — Sus mejillas se colorearon mientras asentía levemente con la cabeza — ¿Qué te apetece? Yo invito.
— Podrías dejarme pagar algo de vez en cuando, ¿no?
— ¿De qué me sirve ser rico si no puedo mimar a mi pareja?
Él rodó los ojos, pero no se opuso
— Podríamos cenar algo tranquilamente en tu casa; estoy un poco cansado de estar tanto tiempo fuera.
Cuando nos dirigíamos al coche, sin embargo, hubo un momento de distracción en el que perdí a Alexander. Di media vuelta y lo encontré un poco más atrás mirando con curiosidad uno de los típicos puestos de "tiro al blanco" que hay por todo el parque (de esos en los que si aciertas ganas un peluche). Mirando con más atención me fije que tenía algo diferente: en lugar de las típicas pistolas, el hombre que disparaba en ese momento estaba usando un arco.
— ¿Qué ocurre?
Alexander se sobresaltó, como si hubiese salido de un sueño.
— Nada. Solo estaba mirando— me dijo antes de caminar en la dirección por la que yo acababa de volver. Lo sujeté de la manga para retenerle.
— ¿Te gusta el tiro al arco?
Alexander me miró con cierta vergüenza.
— La verdad es que sí. Me encanta— Pareció reflexionar un poco antes de proseguir— antes lo practicaba. Cuando era pequeño mis padres solían dejarnos en campamentos de verano durante las vacaciones y allí hacíamos cosas como esta. A Jace nunca le gustó, pero a mí me apasionaba. Seguí practicando de forma profesional durante algunos años.
— ¿Y por qué lo dejaste?
— Hubo un… accidente. Desde entonces no he vuelto a lanzar — Agitó la cabeza como intentando eliminar una imagen de su mente— No quiero hablar de esto ahora.
Lo miré con el ceño fruncido. Hasta ahora Alexander nunca se había negado a contarme nada y nunca había evadido ninguna de mis preguntas. Él no tiene un pasado turbio como el mío, ¿entonces qué…?
— Juega una vez— Él me miró, inquisitivo— Solo una partida, por mí. Quiero verte.
— Es una tontería.
—Para mí nada que tenga que ver contigo es una tontería.
Alexander se sonrojó antes de ir hacia la zona con paso inseguro. Me acerqué a él hasta una distancia prudencial y me dispuse a observarlo. En ese momento sonó mi teléfono. Un mensaje de texto nuevo. Abrí el mensaje con rapidez mientras Alexander hablaba con el dependiente.
Magnus, soy Tessa.
Charlotte se ha puesto de parto y vamos hacia allí para estar con ella y con Henry. No volveremos hasta mañana, seguramente después del mediodía. Avísame cuando lleguéis a casa y asegúrate de activar todos los sistemas de seguridad, eres un desastre. Te queremos.
Levanté la vista en el momento justo. Alexander se había colocado perfectamente recto, con ambos pies separados. Su fino suéter dejaba ver cómo los trabajados músculos de su espalda y brazos se tensaban mientras preparaba el arco. La primera flecha salió disparada con un chasquido y se clavó a escasos centímetros del centro justo de la diana. Mi nephlim respiró hondo y volvió a prepararse. La segunda alcanzó el centro y vi cómo mi nephilim sonreía con satisfacción. La tercera acabó clavada entre las dos anteriores.
Cuando por fin fui capaz de salir de mi ensimismamiento noté la mirada de mi novio clavada en mí con cierta vergüenza. Me acerqué a él y lo besé con pasión. Cuando nos separamos Alexander estaba aún más sonrojado que antes y parecía completamente desubicado. El tendero nos miró con cierta molestia mientras Alexander se acercaba a devolverle el arco.
— Elige algo.
Sonreí con felicidad mientras miraba los típicos peluches que se exhibían en estos sitios. Al fondo, medio sepultado entre un Totoro gigante y un Bob Esponja, había un peluche de Haru Nanase*. Se lo señalé al dependiente mientras Alexander lo miraba con curiosidad. Cuando por fin lo tuve en mis brazos lo abracé con fuerza.
— Es como tener una versión portátil de ti para poder achucharte por las noches cuando volvamos a Idris.
Alexander alcanzó un tono de rojo tan elevado que parecía a punto de darle una insolación. Le besé en la frente antes de tomarlo de la mano y encaminarnos hacia la salida.
* Haru Nanase: personaje del anime Free! que es exactamente igual al Alec que yo tenía en la cabeza cuando empecé a leer la saga xD ¡Es igualito!
Bien, esta semana quería comentaros una cosita, queridas mías. Aisssssh, mañana me operan. Es algo completamente rutinario, pero voy a tener que estar en el hospital algunos días por la rehabilitación así que... no tengo ni idea de cuándo voy a poder actualizar. Prometí que iba a colgar un capítulo mínimo cada semana, y eso voy a cumplirlo; pero quizá la semana que viene el capi sea más corto o qué se yo, y en todo caso no sé cuándo lo subiré. En fin, solo era eso ¡perdonad!
PD: ya sé que he dicho que es algo rutinario, pero yo soy super pesimista y estoy aterrada. Así que... si me pasa algo, decidle a RokudoRinne que siempre la amaré. ¡Ay! ¡Cómo me gusta ser melodramática! jajajaja.
PD2: Nunca jamás se me había ocurrido acortar el nombre de Magnus como "Mags". Gracias a JaeryDeCarstairs por la idea. Cuando no me estás amenazando ni pegando bofetadas telepáticas (consentidas) eres muy simpática jajajaja
