Odio solemnemente actualizar los domingos por la noches. No pienso volver a hacerlo, ¡Nunca!

Después de este repentino ataque de ira hacia las noches de los domingos...

¡Muchísimas gracias!

Que no haya podido contestar todavía a los reviews (en cuanto cuelgue el capi los contesto, lo juro) no significa que no los haya leído. Chicas, os adoro, de verdad. Muchas gracias por vuestros apoyo y vuestro ánimo. Tengo una salud super delicada y cada vez que tengo que pisar un hospital/ centro de salud pienso: de aquí yo ya no salgo viva (lo sé, soy muuuuy pesimista xD) Pero bueno, habéis sido super tiernas conmigo y de verdad que me hicisteis llorar de la emoción cuando leí vuestro apoyo ¡Os quiero muchísimo!

Que el Ángel os proteja, La Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.


— Odio el metro.

Alexander suspiró con cansancio.

— Lo digo en serio; huele mal, es lento y hay demasiada gente rara. Deberíamos haber alquilado una limusina, como yo dije.

— No íbamos a ir a un parque de atracciones en limusina, Magnus.

— Aburrido…

Alexander dirigió la mirada sobre nuestros hombros por quinta vez desde que nos habíamos montado en este vehículo infernal. Cuando volvió la vista al frente tenía el ceño fruncido y su boca hacía una mueca de enfado de lo más adorable.

— ¿Ves cómo a ti tampoco te gusta? — Él me lanzó una mirada mordaz antes de desviar la vista de nuevo hacia atrás.

— Esa mujer no ha parado de mirarte desde que subimos. Al menos podría disimular un poco, digo yo.

Estuve a punto de dar un gritito de felicidad. Alexander estaba celoso. Por mí. Saqué mi móvil del bolsillo y comencé a mover la pantalla para poder ver a través del reflejo a la susodicha dama de forma disimulada. Evidentemente miraba hacia nosotros con total descaro, pero no me miraba a mí.

Cinco minutos después, cuando estábamos a punto de llegar a nuestra parada, la mujer por fin hizo un movimiento para acercarse a nosotros. Era una chica joven, graciosa a su modo, con unas trenzas decoradas con unos pasadores en forma de mariposa.

— Hola, buenas noches.

Alexander la miró con el ceño fruncido. Le pegué un ligero codazo.

— Buenas noches.

— Lo siento, pero no he podido evitar mirarte desde que entraste— Dijo mirando a Alec. La chica pasó olímpicamente de mí, como si yo no existiera— Eres precioso, como una muñeca. Con esos pómulos, ¡y esos ojos!

Alexander me lanzó una mirada aterrorizada, incapaz de articular ninguna palabra por sí mismo. Deslicé mi mano hacia su cintura y recargué mi cabeza en su hombro mientras le lanzaba una mirada a la chica que dejaba bastante claro que es mío.

Ella abrió los ojos con sorpresa, pero reaccionó con rapidez.

— No pretendía ofender, ni nada por el estilo. Trabajo para una agencia de talentos y al verte… ¿nunca has considerado trabajar de modelo? — La chica rebuscó en su bolso mientras la cara de Alec reflejaba la variedad más grande de expresiones de sorpresa y vergüenza que yo había visto en mi vida— Toma mi tarjeta y llámame si te interesa. Podrías ser una estrella.

..

Cuando entramos en el apartamento Alec seguía con la cabeza en las nubes.

— ¿Por qué sigues pensando en ello? ¿Lo estás considerando?

Él me miró con sorpresa mientras se deshacía de su abrigo y lo colgaba en el perchero de la entrada.

— ¿Ser modelo? ¿Estás de broma? — Una sonrisa divertida se extendió por su rostro— No, es solo que… ella ha pensado que yo podía serlo. Modelo, quiero decir. Es raro.

Lo miré como si fuera un extraterrestre recién llegado del espacio. ¿De verdad? Siempre, desde el primer día que lo vi en Taki's, me había dado cuenta de que Alec es muy inseguro y completamente ajeno a sí mismo. Pero después de estos meses juntos imaginé…

— ¿Tus tíos ya están acostados? — Su voz me sacó de mis pensamientos.

— ¿Qué?

— No hay luces, ni ruido.

De repente recordé el mensaje de texto de mi tía Tessa.

— No están. Charlotte, una vieja amiga de mi tía, se ha puesto de parto. Mis tíos querían estar con ella y su marido en un momento tan especial. Si no hubieras estado tú aquí seguramente yo también habría ido: son como parte de la familia

— Oh— Alexander me miró con esos preciosos ojos azules llenos de remordimientos— Lo siento.

El corazón me dio un vuelco cuando lo vi frente a mí con esa expresión de vulnerabilidad. Parecía un cachorrillo perdido, un niño que espera la regañina de su madre.

— Alexander, yo nunca he sido católico, nunca he creído en Dios. Pero debe haber algo ahí arriba, algo que me ha hecho encontrarte entre millones de personas. Y todos los días le agradezco a ese Dios, Buda, Alá o lo que sea que me diera la oportunidad de conocerte— Alexander contuvo el aliento mientras yo tomaba su rostro y lo acunaba entre mis manos— Nunca, jamás, vuelvas a pedirme perdón por estar aquí, Alexander. Eres todo lo que siempre he querido en la vida, aunque ni siquiera sabía que lo quería.

Mi maldito teléfono sonó cuando estaba a punto de unir nuestros labios y solté una maldición. Un día de estos compraré todas y cada una de las compañías telefónicas del país y les impediré llamarme mientras esté con mi nephilim. Miré la pantalla con curiosidad y reconocí el número.

— Alexander, ¿Por qué no vas al salón y utilizas el teléfono fijo para pedir algo de cena? Tengo que atender esta llamada.

— Claro.

Cuando Alexander desapareció por el pasillo contesté al teléfono.

— ¿Qué has averiguado?

—Jonathan Morgenstern se mudó a Nueva York hace dos años. Vive con su padre en Yorkville, en un antiguo piso familiar. Se ha graduado con honores en St. Jude's y su carta de admisión en Princeton fue la primera en ser enviada. Estudia-

— Vale, vale, vale, vale. A ver, ¿Hay algo realmente importante? Todo eso puedo leerlo en cuanto me mandes el informe.

— Al parecer no es oro todo lo que reluce. Me ha costado lo mío, pero he desenterrado muchas cosas sobre este chico. No es una buena pieza, jefe. Sin embargo su padre parece haber acallado cualquier cosa sobre él e incluso la policía parece estar comprada, nunca me había costado tanto hacerme con el expediente de alguien…

— Y serás gratamente recompensado por ello, ¿Qué tienes?

— Cargos por agresión, varias denuncias de acoso que no acabaron en nada, algunas órdenes de alejamiento que el juez desestimó… Valentine Morgenstern protege a este pequeño hijo de puta con ahínco.

— Me suponía algo así— Suspiré con cansancio mientras me restregaba los ojos. Tendré que mantener el ojo en Alexander en todo momento— Gracias por todo. Pásate por la oficina central y entrégales el informe, te abonarán lo acordado más un extra.

— Hay algo más, jefe.

— ¿Qué? ¿Viola ancianitas en sus ratos libres?

— Un intento de asesinato del que, obviamente, también salió indemne. El juez consideró que no había suficientes pruebas en su contra y que, en todo caso, el estado de ebriedad del muchacho lo eximía de culpa. Estuvo dos meses en un correccional y listo, como si no hubiese pasado nada. El niño contra el que arremetió estuvo en coma varios meses, pobre criatura.

— ¿Arremetió contra un niño?

— "Presuntamente" le estrelló un martillo en la cabeza. Después de eso sus padres se divorciaron y él acabó marchándose del pueblo en el que se había criado.

Un sudor frío me recorrió la espalda.

— ¿Cuál es el nombre del niño?

— No está especificado; quisieron mantenerlo en el anonimato, por no hacer escándalo, supongo. Bastante tendría la familia en aquel entonces…

— ¿Y el demandante? ¿Se sabe quién interpuso la demanda?

— Eso sí he podido sacarlo: Robert Lightwood, ¿por qué?

Lightwood. Robert Lightwood. Un niño. ¿Max?

..

Cuando entré en el salón mi novio estaba sentado en el sillón mientras miraba la televisión con aire ausente.

— ¿Has pedido algo para cenar?

Alexander pegó un respingo y me miró con confusión. Me acerqué hasta él y por fin pude ver lo que estaba viendo en la tele.

— ¿Estás viendo una película porno? — Le pregunté alzando una ceja. Alexander, al contrario de lo que yo me imaginaba, no se puso rojo; giró la cabeza en un ángulo extraño mientras miraba a la pantalla con interés. Una rubia de pechos más grandes que su cabeza parecía estar disfrutando de lo lindo mientras le hacían un "sandwich".

— Creo que ya sé qué contestarle a mi padre la próxima vez que me pregunte por qué no me gustan las mujeres.

Lo dijo en un tono tan extremadamente serio y profesional que no pude evitar reírme. Él me miró y por fin ese adorable rubor apareció en su rostro. Apagó la televisión a toda velocidad y desvió la mirada hacia la ventana.

— ¿Quién era?

— Nada importante— Alexander me miró con escepticismo— No más importante que tú, al menos.

— Eso es rematadamente cursi y es demasiado obvio que lo dices para desviar mi atención— Me dijo mientras yo me sentaba junto a él.

— ¿Por qué te cuesta tanto creer en lo que digo? Cuando esa chica te ha dicho que eres hermoso lo has considerado como si fuese algo nuevo, ¿Acaso no te he repetido las suficientes veces lo perfecto que eres para mí?

Por fin Alexander me miró a los ojos.

— Yo… creí que lo decías por decir, porque me amabas y eso es lo que se dice a la persona que amas, ¿No?

Mi boca se abrió desmesuradamente a causa de la sorpresa.

— ¿Estás de broma?

— Eh… ¿No?

Lo agarré de la muñeca con fuerza y lo guié hasta llegar a mi habitación. Una vez dentro lo hice colocarse frente al espejo de cuerpo entero que tengo junto al armario.

— ¿Ves esto, Alexander? Se llama espejo. Sé que no has visto nunca uno, o por lo menos no has querido prestarle la suficiente atención, pero ahora quiero que lo mires atentamente.

Alexander clavó los ojos en el espejo y frunció el ceño.

— ¿Qué ves, nephilim?

— A un joven atractivo. Alto, de piel aceitunada, ojos preciosos que… ¿Magnus? — Preguntó girando la cabeza para mirarme— ¿Tus ojos son reales?

— Sí, lo son— dije con pesadez— Alexander, por favor, mírate.

— Lo hago, Magnus.

— Entonces quizás deberías graduarte la vista, porque está claro que no vemos lo mismo— Coloqué mi mano en su cintura con indecisión y vi a través del espejo cómo Alexander contenía la respiración— Alexander…

Mi mano se movió por instinto bajo su suéter, acariciando sutilmente su trabajado pecho. Él recostó su cabeza en mi pecho mientras suspiros entrecortados salían de su boca.

— ¿Cómo puede ser que no seas consciente de lo que provocas en mí, Alexander? — Con mi otra mano lo agarré por la cintura y pegué su cuerpo al mío, haciendo que mi entrepierna ya despierta se frotara sobre la ropa contra su trasero. Alexander soltó un gemido y guió sus manos hacia atrás, aferrándose a mi cintura como punto de apoyo.

— Magnus…

Mecí mis caderas con suavidad, manteniendo el agarre sobre su cintura, sin dejar que su cuerpo se separase ni un ápice del mío. Miré hacia el espejo y lo que vi hizo que mi entrepierna diera un tirón: Alexander se había abandonado completamente, recargándose sobre mi cuerpo. Su boca entreabierta no dejaba de emitir pequeños gemiditos mientras sus ojos permanecían cerrados. Mi mano dejó de acariciar su pecho parea centrarse en uno de sus pezones. Mi nephilim comenzó a respirar más agitadamente mientras todo su cuerpo temblaba.

— Alexander, abre los ojos— Él obedeció, complaciente como siempre, y clavó sus ojos en el espejo— ¿Acaso no ves lo que yo veo?

— Magnus…

— Quiero poseerte, Alexander.

— Hazlo. Por favor, Magnus…


Tenía calor, mucho calor. Mi cuerpo entero ardía y mi mente estaba completamente nublada. Solo podía centrarme en una cosa: Magnus. Magnus guiándome hasta su cama. Magnus recostándome y situándose sobre mí. Magnus tomando mi cara entre sus manos. Magnus mirándome como si yo fuese lo más valioso del mundo.

— Esto debería haber sido así desde el principio— oí murmurar a Magnus.

¿Principio? ¿Qué principio? Sentí sus labios sobre los míos y cerré los ojos, rindiéndome por completo a la inconsciencia.

— Alexander— Susurró sobre mi boca— Alexander, abre los ojos— Sus dientes apresaron con delicadeza mi labio inferior y no pude evitar gemir de satisfacción. Magnus aprovechó y coló su lengua en mi boca, jugueteando— Déjame ver tus ojos…

Abrí los ojos y me encontré con la mirada fija de Magnus, que separó nuestras bocas y se incorporó ligeramente para mirarme. Solté un quejido mientras alzaba mis manos hasta su nuca, atrayendo de nuevo su boca a la mía. Él se mantuvo lo suficientemente alejado como para que nuestros labios se rozasen sin llegar a juntarse.

— Magnus…

Él se dedicó a lamer con lentitud mis labios para, acto seguido, seguir trazando un camino de besos y lamidas hasta mi cuello. Cuando llegó a cierta parte, cerca de mi oreja, mi cuerpo enteró se arqueó y solté un gemido gutural. Guié mis manos hasta mi boca, avergonzado.

Magnus volvió a separarse de mí y me miró con lujuria mientras alejaba mis manos y volvía a besar mis labios, esta vez con dureza. Sentí cómo sus manos se colaban dentro de mis pantalones y apretaban mis nalgas. Volví a gemir con fuerza, a lo que Magnus respondió separando nuestras bocas.

— Quiero oírte gemir, Alexander. Déjame oírte. Gime para mí.

Todo mi autocontrol se esfumó y no pude dejar de gemir mientras Magnus se deshacía de mis ropas y me dejaba completamente desnudo bajo su cuerpo. Su boca se desplazó hasta mis pezones, que comenzó a mimar con su lengua. Yo solo podía retorcerme y gemir y me avergoncé de mí mismo. Se supone que ambos debemos disfrutar, ¿No? Pero cada vez que se me pasaba por la cabeza intentar siquiera tocar a Magnus una nueva oleada de placer me embargaba y mi mente se quedaba en blanco.

De repente sentí frío y abrí los ojos, confuso. Magnus se había incorporado junto a la cama y estaba desvistiéndose mientras su mirada se paseaba sin ningún tipo de pudor sobre mi cuerpo.

— Abre las piernas, Alexander.

—¿Q-… Qué?

Magnus terminó de desvestirse y dejó caer su ropa interior al suelo. Solté un gemido involuntario al verlo completamente desnudo; mi novio era la perfección encarnada. Magnus sonrío y alargó su mano hasta el cajón de su mesilla, rebuscando. Cuando por fin sacó un bote de lubricante volvió a colocarse sobre mí.

— No cierres los ojos, Alexander.

¿Cerrar los o-?

Mi cuerpo volvió a arquearse y cerré los ojos con fuerza cuando Magnus frotó su miembro contra el mío. Sin embargo la sensación se fue tan repentinamente como había venido.

— Magnus, por favor— Mi voz sonaba como una súplica desesperada, y seguramente en cualquier otro momento me hubiese avergonzado de mí mismo.

— No cierres los ojos.

Volví a sentir el contacto y esta vez me concentré todo lo posible en mantener mis ojos abiertos mientras Magnus movía sus caderas manteniendo juntas nuestras erecciones. Gimoteé de placer cuando mi novio guió mi mano hasta nuestros miembros e hizo que rodease todo los posible ambos. Moví mi mano rítmicamente, arriba y abajo, arriba y abajo. Magnus suspiró de placer mientras vertía lubricante sobre sus dedos.

Recordaba con total claridad el dolor de la penetración en el Pandemonium, por lo que mi cuerpo entero se tensó cuando Magnus acercó su mano a mi entrada.

— Shhh, tranquilo— Magnus apoyó su otra mano junto a la mía y comenzó a masturbarnos a mayor velocidad. Sentí mi cuerpo relajarse por el placer y solo sentí una pequeña molestia cuando su primer dedo entró en mí.

Cuando sus tres dedos estaban ya en mi interior mis caderas se movían por sí mismas mientras Magnus repartía pequeños besos por mi mandíbula. Entonces sus dedos se retiraron de mi interior y sentí algo mucho más duro y grande presionar mi entrada. Dolor. Va a doler…

Contuve la respiración mientras sentí a Magnus comenzar a enterrarse en mi interior.

— No los cierres, Alexander.

Abrí mis ojos, que ni siquiera era consciente de haber cerrado, y miré a Magnus, que se había detenido.

— Quiero que me mires. No apartes tus ojos de los míos— Magnus terminó de penetrarme de golpe y sentí las lágrimas caer por mis mejillas mientras Magnus soltaba un gemido con toda la fuerza de su garganta. Esta vez fue él el que cerró los ojos— Mierda, Alexander, eres tan jodidamente estrecho.

Cuando volvió a abrir los ojos me miró a la cara y me sonrió con ternura.

— Ya está, nephilim— dijo limpiando mis lágrimas— Ahora todo irá a mejor.

Mientras él comenzaba a mover sus caderas con lentitud yo sentí cómo mi interior ardía. Sentía cómo me llenaba y estaba prácticamente seguro de que iba a partirme por la mitad. Y entonces Magnus alcanzó algo en mi interior. Mi boca se abrió en un grito silencioso mientras escuché cómo Magnus reía.

— M- Magnus, ahí— Él lamió mi mejilla mientras salía de mi cuerpo y volvía a enterrarse, golpeando ese punto con mucha más fuerza. Lágrimas, esta vez de placer, escaparon de mis ojos mientras todo mi cuerpo se convulsionaba— ¡Magnus!

— Eso es, bebé. Ya te tengo.

Magnus salía de mi cuerpo para volver a enterrarse con más fuerza, haciendo que todo mi cuerpo temblara por la fuerza de sus embestidas y por el goce.

— Magnus, no puedo más, creo que voy a explotar— Gimoteé como pude. Él unió nuestros labios mientras comenzaba a masturbarme y arremetía contra mi interior. No pude soportarlo más y me corrí, manchando la mano de Magnus. Unas cuantas embestidas más y sentí cómo me interior se llenaba con su semilla.

Ni siquiera entonces Magnus separó nuestras bocas. Sentí su miembro salir de mi interior y lo último que escuché antes de dormirme fue su voz.

— Te amo, nephilim estúpido.

..

Cuando me desperté a la mañana siguiente lo primero que vi fueron los ojos de Magnus clavados en mí. Sentí sus dedos acariciando mi mejilla y suspiré de felicidad.

— ¿Otra ronda? — Magnus me dedicó su sonrisa felina mientras su mirada se transformaba y me miraba con lujuria.

— ¿Tú nunca te cansas? — Le pregunté fingiendo molestia mientras hacía un puchero. Él me sonrió antes de lanzarse sobre mí y… mi teléfono comenzó a sonar.

Magnus se incorporó lentamente mientras un tic nervioso aparecía sobre su ojo izquierdo.

— Pienso comprarte un móvil nuevo. Uno al que solo yo pueda llamar y que nos evite pasar por estas interrupciones una y otra vez.

Lo besé de forma fugaz en los labios antes de contestar.

— ¿Diga?

— Empezaba a creer que no volvería a saber nunca de ti— La voz de Jem me llegó ligeramente empañada de resentimiento y no pude evitar sentirme terriblemente culpable. No había llamado a absolutamente nadie desde mi llegada a Nueva York ¿Qué clase de hermano y amigo era?

— Jem, lo siento muchísimo. Estoy de viaje y… eh…— Momento incómodo: con todo eso del viaje a Londres aún no había tenido oportunidad de hablar con él y, sabiendo que Sebastian estaba al tanto de Magnus, me temía lo peor.

— Seb me lo ha contado todo. ¿Un profesor, Alec, en serio? —… y mis temores se confirmaban. Tendré que tener una conversación con Sebastian sobre la lealtad y la obligación de mantener la boca cerrada.

— Ni siquiera es nuestro profesor, no nos imparte ninguna clase…

Magnus, que se había acurrucado en mi pecho, comenzó a acariciarme lentamente el estómago mientras me miraba con una sonrisa boba en los labios. Lo besé tiernamente en la nariz y él me abrazó con más fuerza mientras enterraba la cabeza en el hueco entre mi cuello y mi hombro.

— Recuérdame que le diga eso al juez cuando nos toque defenderlo por pedofilia— ¿Lo peor de Jem? Incluso a través del teléfono pude notar que la molestia en su voz era fingida. A veces me gustaría que se enfadara más conmigo. No sé, que se desahogara un poco.

— Tengo diecisiete, mamá, ya no soy un bebé— De pronto recordé lo mucho que odiaba Jem los aviones; hoy era el día de su vuelta, seguramente ya estaría en Idris. No, en serio ¿Qué clase de amigo soy? — ¿Cómo ha ido todo? ¿El viaje ha estado bien?

Jem permaneció callado durante unos instantes y, por un segundo, creí que habría colgado.

— Tengo que contarte algo. No quería hacerlo por teléfono, pero Seb ya lo sabe y seguramente te lo suelte nada más verte. Bueno, ya sabes, no quiero que te enteres por otros— Vale, James, indirecta captada— Creo que hay alguien.

— ¿Qué hay alguien dónde?

Jem suspiró con pesadez.

— Creo que me gusta alguien y voy a quedarme en Londres unos días más para saberlo a ciencia cierta.

Me quedé con la boca abierta. ¿Perdón? ¿Acaso no era James el que siempre decía tener miedo a enamorarse por su condición delicada?

— Sé lo que vas a decir, así que escúchame y cállate— Cerré la boca antes de articular ningún sonido— Tuve una de mis recaídas mientras estábamos en Londres. Fuimos inmediatamente al hospital y… Ella era la hija del doctor de guardia.

— Sigo patidifuso.

— Te caería bien, Alec, lo sé. Es…— Su voz era soñadora y no pude evitar imaginarme a mi amigo con la misma expresión de idiota enamorado que tenía mi novio en este momento— Es muy tierna, y dulce. Es hermosa de un modo tan natural, Alec. Tiene el cabello y los ojos castaños y su sonrisa es tan… quiere estudiar medicina, como su padre y… no sé ni lo que me pasa, Alec, yo no soy así.

— ¿Quieres que te sea sincero?

— Por supuesto.

— Es lo mejor que podía pasarte— Le contesté con total sinceridad mientras acariciaba el pelo de mi novio. Por muchos baches que tuviera nuestra relación nunca había sido tan feliz como desde que conocí a Magnus. El susodicho soltó un suspiro de satisfacción y me hizo cosquillas en la nuca. Tironeé de su cabello juguetonamente y él ronroneó como un gatito. Un gatito. Un destello de algo gris pasó por mi mente. Algo gris, peludo y con muy mala leche— Oh, por el Ángel ¡Iglesia!

— Sí, también llamaba por eso, gracias— dijo con ironía— Ya he hablado con Clary esta mañana.

— ¿Con Clary?

— Claro. Max fue lo suficientemente inteligente como para llevarse a mi bebé con él. Al menos uno de los cuatro ha salido considerado…

¿Max? ¿Con Clary?

— Jem, tengo que colgar. Mañana te llamo y me terminas de contar todo, te lo juro— Colgué sin esperar respuesta y busqué el número de la descerebrada de mi hermana en mi lista de contactos. Número apagado— ¡Mierda!

Magnus pegó un bote y me miró con sorpresa.

— ¿Qué ocurre?

— Al parecer Max está con Clary y a nadie se le ha ocurrido avisarme.

Magnus palideció y me miró a los ojos, asustado.

— Oh…

— ¿Oh?

— Isabelle te llamó el otro día. Tú estabas durmiendo y estabas tan hermoso…— lo miré con el ceño fruncido, instándole a no desviarse del tema— me dijo que Max estaba con Clary y a mí se me pasó completamente decírtelo. Lo siento.

Marqué el número de la casa de Clary mientras Magnus no paraba de pedirme disculpas. Contestaron al teléfono al tercer tono.

— ¿Diga?

— ¿Jocelyn? Buenas tardes, soy Alexander ¿Están Clary y Max por ahí?

— Oh, Alexander, cielo. Max sigue dormido, pero Clary sigue por aquí. Ahora mismo la llamo.

— Gracias— Suspiré con alivio. Bueno, al menos seguía con Clary y no con los inconscientes de mis hermanos. No explico por qué motivo se me ocurrió dejarle con ellos.

Magnus me miraba con una sonrisa en los labios.

— Pareces la típica madre histérica y sobreprotectora— le miré, furioso— Oh, vamos. No estropees un día que se presenta tan absolutamente tan maravilloso, anda.

— Debiste habérmelo dicho antes.

— Está con Clary y, por ende, con Jocey: está perfectamente.

— Creí que Clary no te caía bien.

— Error. Soy yo el que no le caigo bien a ella, ¿recuerdas? Y además-

Al otro lado de la línea por fin escuché la voz de mi amiga.

— ¿Alec?

— Gracias al Ángel. ¿Estáis bien?

Clary rezongó, molesta.

— Hemos cuidado de tu hermano durante unos días, Alec. Hemos estado en mi casa viendo películas y leyendo cómics ¿Por qué no íbamos a estar bien?

— Eso es exactamente lo que le he dicho yo— Repuso Magnus, que había pegado su oreja al auricular para escuchar la conversación.

— Cállate, Magnus— Le dije mientras tironeaba juguetonamente de un mechón suelto de su cabello. El sonrío y me besó rápidamente en la mejilla antes de marcharse hacia el baño— Solo estaba preocupado, Clary. Ya sabes cómo me pongo con Max.

— Lo sé. Y lo entiendo perfectamente— dijo suavizando la voz— pero yo no soy como tus hermanos. Es más: sigo sin saber por qué no lo dejaste conmigo en primer lugar.

— Yo me estaba preguntando exactamente lo mismo— Susurré más para mí mismo que para ella— Solo espero que la casa no esté ardiendo para cuando vuelva. Con Jace e Izzy a solas…

— Intentaré que Simon pase allí bastante tiempo para controlarlos.

— No sé si eso debería tranquilizarme o preocuparme más— Suspiré con cansancio antes de acordarme de Iglesia— Siento que además de mi hermano tengas que cuidar del gato de Jem, soy un desastre.

— ¿Te refieres a ese estúpido gato molesto y antipático? Me debes dos inventarios de almacén a cambio de su estancia en mi casa, que lo sepas.

— Gracias, Clary, te debo la vida— Suspiré con alivio.

En ese momento Magnus salió del cuarto de baño. Se había mojado el pelo, que le caía lacio sobre los hombros, y parecía haberse retocado el maquillaje ¿Quién se retoca el maquillaje nada más levantarse de la cama?

— ¿Qué me he perdido?

— Clary también está cuidando del gato de Jem.

El rostro de Magnus se desdibujó y se abalanzó hacia mí para quitarme el teléfono con urgencia; caí al suelo de culo y un intenso dolor se extendió por toda la zona baja de mi espalada. Miré a Magnus, enfurruñado, pero éste solo prestaba atención al teléfono.

Esta vez fue mi turno de dirigirme al baño para tratar de adecentarme un poco. Cuando cerré la puerta tras de mí me dirigí hacia el lavabo y abrí el grifo para llenar de agua helada la pila. Una vez llena, sumergí la cara en el agua y traté de quedarme así todo el tiempo posible; solo una semana de vacaciones y ya echaba tremendamente de menos la piscina. Cuando por fin la falta de oxígeno me obligó incorporarme tanteé con las manos hasta que conseguí alcanzar una toalla. Sentí unos brazos rodeando mi cintura y pegué un bote, levantando la vista.


Alexander me devolvió la mirada a través del espejo, sorprendido. Aferré su cintura con más fuerza y apoyé mi cabeza en su hombro.

— Eres tan hermoso… — Y lo era. El espejo reflejaba su perfecto rostro pálido enmarcado por su cabello negro azabache, y sus ojos tenían ese brillo especial que solo mostraba en contadas ocasiones. Tenía parte del cabello empapado, por lo que pequeñas gotas caían aleatoriamente y recorrían su cuello hasta desaparecer dentro de su camiseta. Quién fuera agua…

— ¿Otra vez con eso? — Preguntó haciendo un tierno puchero— Te he dicho miles de veces-

—…Que los hombres no son "tiernos" ni "hermosos"— Le sonreí con dulzura— Pero tú no eres un hombre: eres un nephilim. Y a los nephilim se les permite ser hermosos, tiernos y adorables.

— Si yo soy un nephilim, ¿tú qué eres? ¿Un sátiro?

— No. Yo soy el malvado brujo que se enamoró y secuestró al hijo de un ángel.

— Un hijo de un ángel y un hijo de un demonio, ¿eh? Parece ser que te gustan las historias cliché sobre amores imposibles.

— Alexander, querido, no hay historia de amor más cliché que la nuestra.

Nos miramos mutuamente a través del espejo y comenzamos a reír.

— ¿Por qué tanta prisa para hablar con Clary?

— ¡Me habías dicho que ese maldito gato estaba en su casa!

Alexander me miró sin comprender ni una palabra. Tendré que trabajar en nuestra comunicación mental…

— ¡Yo dejé a Presidente con Jocey! ¿Te imaginas lo que ese cruel y desalmado gato le podría haber hecho a mi pequeño?

Mi novio me miró con una sonrisa divertida extendiéndose por su rostro.

— ¿Y…?

— Oh, al parecer se llevan bien. O al menos el gato de Chucky no ha intentado comerse al mío.

Alexander me miró con malicia y me dijo haciendo una perfecta imitación de mi voz:

— Pareces la típica madre histérica y sobreprotectora. Está con Clary y, por ende, con Jocey: está perfectamente.

Hablaba en un tono tan solemne y tan serio que por un instante ambos nos quedamos en completo silencio. Yo fui el primero en romperlo, estallando en carcajadas. Él no tardó mucho en unirse a mí y por algún encantador motivo no pudimos dejar de hacerlo durante un buen rato.

Cuando por fin se nos pasó la tontería mi nephilim se aferró a mi pecho con ternura. Normalmente soy yo el que da pie a los actos de "ñoñerías y carantoñas", así que aproveché el momento y lo apreté con fuerza.

— Te amo, Magnus.

Desde la puerta de mi habitación, a espaldas de Alexander, mi tía nos miraba con una sonrisa en los labios.


- Malec- 02: ... ¡Quiero mi altar, y lo quiero ahora! Ok, no jajaja Para mí ha sido un placer cumplir con tu pequeño pedido. Jem se merece ser feliz, y si encima puedo hacer feliz a alguien que lee mi fic... ¡2x1! (?) Muuuuuchas gracias por unirte a esta, mi pequeña comunidad de gente que me soporta semana a semana. Para mí no cuentan la cantidad de reviews, si no lo que me transmitís con ellos. Muchas gracias, de verdad. Aish, que me emociono... (Por cierto, acabo de darme cuenta de que tenía el desvío de mensajes telepáticos activado, por eso no me llegaban tus mensajes ¡Ya está arreglado! (?)) Por cierto... ¿Podrías decirme algún nombre para la aunnosequé de Jem? Lo digo porque tendrá que nombrarla en algún momento, digo yo jajajaja.

-Anairafuji: Juro solemnemente que el próximo capi tendrán una cita "romántica". Quería ponerla en este capi, pero no me daba tiempo si quería subirlo hoy. Estoy en deuda contigo, querida, y yo siempre saldo mis deudas (?) No me hagas caso, creo que sigo sedada. Digo más idioteces de lo normal... ¡Gracias por estar ahí semana tras semana! :D

La semana que viene actualizaré dos veces: el martes o miércoles y el sábado. Os lo debo por tardar tanto con este capi.
Gracias de nuevo por todo, sin vosotras leyendo este fic no sería nada ¡Os quiero!
Si os ha gustado el fic, el capítulo u os aburrís mucho... Por favor, darle a favoritos, seguir, dejadme un comentario o mandadme vuestro apoyo telepático. Vosotras sois la que mantenéis vivo este fic :D

PD: Pido por favor que nadie me cuente ningún spoiler de COHF. Sé que algunas lo vais a leer antes y todo eso, pero yo estoy con exámenes y el único tiempo disponible que tengo se lo estoy dedicando a este fic. Ya he dejado de conectarme a facebook, tumblr, y demás para no spoilerame, no quisiera tener que dejar de escribir :(
Igualmente cuando yo lo lea no meteré ningún tipo de spoiler en el fic ni en mis kilométricos comentarios, lo juro.
PD2: ¿Alguien lee alguna vez todos estos comentarios que escribo? La mayoría de los fics que leo no dejan mensajes de autor tan grandes, me siento rara xD