¡Hola hola! ¿Sabíais que este es el capi que más me ha costado escribir? Se me había olvidado completamente que había prometido subir un capi nuevo tan pronto y cuando me he acordado esta mañana casi me da un infarto. Soy muuuuy despistada... Menos mal que tengo todos los capítulos de este fic planeados, que si no... xD
En fin, ya estoy otra vez con mis anécdotas de abuelita...

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

¡Os adoro!

Pooooor cierto, quiero dedicarle este capi a Anairafuji por... bueno, luego le explicaré por qué se lo dedico xD


Me despierto a la mañana siguiente con una enorme sonrisa en el rostro. El sol entra a raudales por la ventana y, por primera vez en mi vida, eso no me molesta. Alexander siempre insiste en dormir con las ventanas abiertas y las cortinas corridas. Si el puñetero sol me ha despertado es porque mi Alexander ha dormido conmigo. Mi Alexander.

Por fin abro los ojos y me dispongo a mirar a mi perfecto novio… que no está. Frunzo el ceño mientras paso la mano sobre el lugar donde ha estado acostado; está caliente, por lo que no hace demasiado que se ha levantado. Me dirijo al cuarto de baño y miro adentro, buscándolo. Nada. Qué raro… Recojo del suelo una camiseta para taparme aunque sea mínimamente antes de salir de mi cuarto. Cuando estoy por el pasillo me doy cuenta de que es una de sus sudaderas y sonrío con satisfacción mientras llevo parte de la prenda a mi nariz para embriagarme con su olor.

Cuando me acerco al salón veo a mi tía Tessa parada frente a la mesa, que ya está repleta de la comida del desayuno aunque nadie parece haber tocado nada. Miro la hora en el viejo reloj familiar: las diez y media, ¿Desde cuándo mis tíos desayunan tan tarde? Me acerco a ella lentamente y, cuando al fin me ve, se lleva un dedo a los labios y me indica por gestos que me mantenga en silencio. Sorprendido, sigo con la mirada lo que ella estaba contemplando.

Alexander y mi tío Will están fuera, en nuestro magníficamente enorme balcón. Ambos están reposando sobre la barandilla de manera casual y parecen estar teniendo una conversación. Por un segundo me invade la rabia, ¿Qué más quieres hacer para arruinarme la vida, William?

— ¿Qué está haciendo? ¿Cómo se atreve?

Mi tía me mira con serenidad mientras apoya la mano con delicadeza sobre mi hombro, como cuando era pequeño y tenía una pataleta porque no podía comer demasiados dulces.

— Tu tío quiere aclarar las cosas con él.

— ¿Con "aclarar las cosas" quieres decir que va a hacer que mi novio se sienta aún más inseguro? ¿O directamente va a echarlo a los leones?

— Te juro que como vuelva a hacer algo así te permitiré matarlo con tus propias manos. No me enfadaré y no llamaré a la policía, lo prometo.

Me reí ante aquel comentario. Tessa amaba con toda su alma a Will, por lo que debía estar muy segura si decía algo así.

— Te amamos, Magnus — Me dijo mientras me abrazaba con fuerza— Ambos lo hacemos.

Yo sonreí mientras murmuraba un inaudible "lo sé".


— ¿Tan malo crees que soy?

— Creo que lo único que quieres es su dinero— respondió con total franqueza.

Toqueteé un mechón de mi cabello, distraído.

— Mis hermanos creen que él solo me quiere para jugar, un pasatiempo temporal— Por primera vez desde que habíamos comenzado la conversación Will me dirigió una mirada— Creí que tú también pensabas eso.

— En realidad solo quería herirte.

— Oh.

— Supuse que si no te molestaba que te lo dijera sería que yo estaba en lo cierto y que tú solo eres un cazafortunas— una sonrisa se extendió por su cara— En caso contrario, si de verdad te había dolido mi comentario, esperaba que me pegases un buen puñetazo. En ningún momento se me pasó por la cabeza que pudieras simplemente salir corriendo.

— Ya… no se me da muy bien afrontar los problemas.

— Supongo que en eso coincidimos.

Ambos nos quedamos callados y contemplamos en silencio la ciudad. Will metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta y suspiró.

— En realidad no creo que tú seas solo un juguete para él— Alcé la vista y clavé mis ojos en los suyos.

— A mí también me gustaría creerlo— Él me miró con sorpresa.

— ¿De verdad lo crees?

— No… bueno, no todo el tiempo, al menos. Pero cuando me pongo a pensar…— llevé una de mis manos a mi cabeza y me revolví el cabello con frustración— Simplemente no lo entiendo, ¿sabes? Me lo pregunto constantemente ¿Qué ha visto en mí?

Will se quedó callado, observándome con detenimiento. Me puse todavía más nervioso.

— Sé que me ama, eso no lo dudo. Pero, ¿cuánto le durará? ¿Cuánto tiempo tardará en encontrar a alguien mejor que yo?

La soledad. El vacío. Con solo pensar en Magnus dejándome me daban arcadas y sentía unas profundas ganas de meterme bajo las sábanas de mi cama y refugiarme allí el resto de la eternidad.

— No va a dejarte.

Miré a Will, que parecía haberse percatado de mi ataque de pánico y me miraba con compasión.

— ¿Qué?

— No va a dejarte — Por un momento su expresión mostró una vulnerabilidad apabullante. Me recordó tanto a Jace cuando sus estúpidas defensas caían… — Yo… tenía miedo. Cuando nos lo contó por teléfono creí que solo era una broma de mal gusto por su parte, pero al verte…

— No te causé muy buena impresión— Afirmé.

Él me miró con sorpresa.

— ¡No! Todo lo contrario. Eras… No eres como las personas con las que Magnus suele "salir". Es más, Magnus nunca había salido seriamente con nadie. Tuve miedo. Miedo de que le hicieras daño, de que jugaras con él— Will desvió la mirada hacia el interior de la casa y yo hice lo mismo: Tessa estaba abrazando a Magnus con fuerza mientras este reía— Siempre hemos sido nosotros: si Magnus lloraba, estábamos nosotros; si le detenían por estar borracho y armar un escándalo público, estábamos nosotros… Supongo que tenía miedo de que, contigo aquí, ya no le hiciésemos falta.

— Tenías miedo de dejar que otra persona se inmiscuyera en tu familia y la separase.

Will me miró con el ceño fruncido.

—Sí… ¿Cómo…?

— Podríamos decir que mis hermanos y yo prácticamente nos hemos criado solos. Cuando mi hermana Isabelle empezó a salir con Simon…— Reí a mi pesar al recordar lo mucho que me había opuesto a esa relación pese a que sabía que Simon era lo ideal para Isabelle— Estaba furioso, y a la vez contento; quería matarlo y al mismo tiempo darle la bienvenida a la familia. O algo así.

Empecé a reírme y pronto Will se unió a mí.

— Sí, eso es exactamente lo que me pasaba por la cabeza.


Cuando, poco tiempo después, mi novio y mi tío volvieron a entrar al interior de la casa compartieron una sonrisa cómplice. Los miré con estupefacción.

— ¿Se puede saber de qué estabais hablando vosotros dos?

— Cosas de hombres, tú no lo entenderías— Dijo William con total petulancia, a lo que Alexander respondió con una carcajada. Incluso mi tía Tessa se llevó una mano al rostro para esconder su sonrisa.

— ¡Tú, bastardo desleal! ¡Te has unido al enemigo! — Acusé a mi nephilim mientras le pegaba golpecitos en el pecho con mi dedo índice.

Aquello no hizo más que empeorar su ataque de risa y pequeñas lagrimitas se acumularon en sus ojos. Tan hermoso… Atraje a Alexander tomándolo de la nuca y uní nuestros labios con urgencia. Él soltó un gemidito de placer dentro de mi boca y yo sonreí con arrogancia cuando nos separamos. William estaba con la boca abierta mientras mi tía miraba hacia todas partes intentando hacer como que no había visto nada. Por su parte, las mejillas de mi novio habían adquirido una preciosa tonalidad rosada.

— Anonadado me hayo.

— Cállate, William, por el Ángel, y vamos a desayunar.

..

— Alexandeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer, por favoooooor— Le supliqué a mi novio mientras me arrodillaba ante él.

— Por el Ángel, Magnus, ¡Tus tíos están en casa!

— ¿Y eso qué más da? — Le pregunté haciendo un puchero— Mi habitación está completamente insonorizada, podrás gemir todo lo alto que quieras.

— Eres un depravado.

— ¡Oh, vamos! ¿Cómo puedes pedirme que no me abalance sobre ti después de lo de ayer? Soy humano, Alexander, y tu cuerpo es un pecado — Alexander soltó un gritito y escondió la cara bajo la almohada.

Después de un delicioso desayuno donde mi precioso novio por fin pudo estar a gusto con mi familia, Alexander y yo nos dirigimos a mi cuarto a descansar un poco antes de la comida. Mi nephilim estaba acostado en la cama mientras que yo estaba arrodillado al borde de la misma mirándole con ojitos de cachorro.

— No puedo creerme que hayas dicho eso— dijo mientras me miraba de reojo todavía con la cabeza medio escondida.

— No pretenderás que después de probar tu cuerpo me quede quieto, ¿verdad?

— Ya lo habíamos hecho antes Magnus, no dramatices ahora.

De repente perdí todo el buen humor que había estado sintiendo durante la mañana. Ráfagas de imágenes de lo ocurrido en el Pandemonium aparecieron en mi mente. Algo debió reflejar mi cara, porque Alexander se incorporó y me miró con seriedad.

— Hey, ¿Qué te ocurre?

Desvié la vista de sus magníficos ojos azules.

— ¿Magnus?

— ¿De verdad crees que fue lo mismo? — Le pregunté sin alzar la mirada— ¿Para ti fue lo mismo lo ocurrido en aquel antro que lo que hicimos ayer aquí?

Alexander respiró hondo y suspiró con frustración antes de quedarse callado.

De nuevo aquellas imágenes acudieron a mi mente. La cara de confusión de Alexander. Yo empujándolo dentro del cubículo. Yo deshaciéndome de su ropa con urgencia. Mi mano tapando su boca para acallar sus gemidos o, pensándolo bien, sus quejidos. ¡Joder! ¡Esa no debería haber sido su primera vez!

Alexander tomó mi rostro entre sus manos e hizo que nuestras miradas se encontraran.

— No te hagas esto, Magnus.

— ¿Cómo puedes no odiarme? — Alexander me miró pensativo antes de que una cálida sonrisa se extendiera por su rostro.

— Estoy demasiado ocupado amándote como para añadir a mi mente otro sentimiento más, supongo— Alexander terminó de sentarse al borde de la cama y rodeó mis hombros en un abrazo. Yo le correspondí abrazando su cintura y enterrando mi cara en su pecho.

— Tu primera vez no debería haber sido así, mi inocente nephilim— Susurré lo suficientemente alto como para que me oyera.

— Mi primera vez fue contigo, y eso es lo único que me importa— Alcé ligeramente la cabeza para poder mirarle a los ojos y él me devolvió una mirada tan llena de amor que mi corazón se detuvo— Si tú lo deseas, borraremos el pasado. Ayer fue mi primera vez, en esta cama, contigo.

Lo miré con fascinación mientras deshacía mi agarre en su cintura para poder acariciar su mejilla.

— No se puede borrar el pasado, Alexander.

— No. Pero podemos sustituir los recuerdos amargos con otros más dulces.

Miré su rostro con total adoración antes de unir nuestras bocas.

— Quiero poseerte, Alexander.

Sus hermosos zafiros nublados por el placer.

— Hazlo. Por favor, Magnus…

Sus rosados labios entreabiertos llenando de gemidos la habitación

— M- Magnus, ahí.

La calidez de su interior apretando mi miembro mientras movía las caderas inconscientemente.

— ¡Magnus!

Sonreí dentro del beso mientras lo recostaba sobre mi cama. Sí: definitivamente prefería los recuerdos más "dulces".

— Alexander… — Susurré contra sus labios antes de posar descaradamente mi mano sobre su entrepierna.

Mi nephilim pegó un bote y alejó mi mano de un manotazo. Lo miré extrañado y vi cómo trataba de tranquilizar su jadeante respiración.

— Siguen estando tus tíos fuera, inconsciente.

No pude hacer más que reírme ante su firme oposición.

— Podríamos ir a cualquiera de las otras plantas, si te sientes más cómodo— Susurré contra su cuello. Alexander se estremeció y yo sonreí por la victoria anticipada.

— ¿Otras plantas? — Me preguntó con confusión.

— Del edificio, Alexander— Su mirada seguía tanto o más perdida que antes mientras comencé a mordisquear la suave y nívea piel de su clavícula— No creerías que solo este piso era mío, ¿verdad? ¿No te parece raro que no nos hayamos cruzado con ningún vecino?

— ¿Me estás diciendo que el edificio entero es tuyo? — Me preguntó mientras enredaba sus manos en mi cabello.

Mi sonrisa se hizo más amplia mientras volvía a colocar la mano en su entrepierna. Alexander gimió, pero no hizo amago alguno de apartarme, por lo que comencé a acariciarle sobre la ropa. Mi nephilim cerró los ojos con fuerza mientras sus manos se aferraban a la colcha, a ambos lados de su cuerpo.

— Tenemos el edificio entero a nuestra disposición, cariño— Acerqué lentamente mi boca a su oreja, dejando un reglero de besos allí por donde pasaba— Y, ¿sabes qué? —Le susurré al oído—Pienso hacerte gritar de placer en todas y cada una de las habitaciones.

Ya estaba. Lo tenía. Mi nephilim gimió quedamente mientras sentí cómo su cuerpo se relajaba por completo.

— Magnus, querido— Sonó la petulante voz de mi tío cargada de retintín a través del intercomunicador que había situado en todas las habitaciones— la comida ya está en la mesa.

Me levanté de la cama con furia y miré hacia el dichoso aparato con ganas de reventarlo a puñetazos. Pero fue peor cuando desvié mi mirada hacia Alexander; mi nephilim seguía acostado, con la mitad de sus piernas colgando del borde de la cama, ligeramente abiertas. Su pecho subía y bajaba con dificultad mientras intentaba serenarse. Cuando me miró con esos ojos cargados de excitación estuve a punto de mandar a la mierda a mi tío, a mi tía, a Bridget y su comida… al mundo, vamos.

— Vamos, tortolitos, dejad de fornicar como conejos y salid de una vez, que tengo hambre.

Alexander por fin reaccionó y se levantó a toda velocidad. No me dio tiempo a decir ni media antes de que se encerrara en el baño.

Mi venganza será terrible, Will. Puedes estar seguro.


Observé a Magnus con curiosidad mientras él hacía nuestro pedido a la camarera que se había acercado a nosotros. Aquí estaba yo, en una cita con el que casi seguro era el joven más rico, tremendamente sexy y encantador de todo el continente. La camarera terminó de tomar nota y le guiñó un ojo a Magnus con picardía, a lo que este le contestó con una ensayada sonrisa seductora. Cuando por fin mi novio volvió a mirarme mi cara de enfado lo dijo todo.

— No he empezado muy bien la cita, ¿verdad? — Lo miré fijamente durante algunos segundos hasta que al fin me rendí ¿de qué me serviría estar enfadado? Solo era un coqueteo inofensivo, nada más.

— No, tranquilo. Todo está bien— Le contesté, intentando convencerme a mí mismo.

Magnus me miró con una sonrisa culpable y entrelazó nuestras manos sobre la mesa. Inmediatamente dirigí mi vista hacía nuestros dedos enredados. Esto se acababa; en cuanto volviésemos a Idris no podríamos hacer algo tan normal como tomarnos de las manos. Le di un ligero apretón y él me correspondió. Por la expresión nostálgica en su rostro pude adivinar que mi novio había estado pensando en lo mismo.

— Podríamos volver de nuevo, a Nueva York, en las próximas vacaciones. Y ésta vez todo iría bien desde el principio.

Bajé la vista y la clavé en una pequeña muesca que tenía la mesa, mirándola con ausente curiosidad. Las próximas vacaciones… Eso significaba que él de verdad creía que para entonces ambos seguiríamos juntos: tenía esperanzas en nuestra relación. La felicidad me inundó por unos instantes, pero Magnus pareció interpretar de forma equivocada mi silencio.

— O no, tampoco es necesario. Podríamos ir a Francia, a Italia…

— O a Perú— Comenté esperando su reacción.

Magnus se puso serio de golpe y me miró con cara de perro apaleado. La camarera apareció en ese momento y dejó nuestra comida en la mesa. Esta vez Magnus ni siquiera la miró, por lo que ella se marchó con la cabeza bien alta y contoneando de manera exagerada sus caderas.

— No. A Perú lamentablemente, no.

— ¿Qué ocurrió en Perú, Magnus? — Le pregunté con una sonrisa divertida, dando a entender que me lo tomaba como un juego.

— Oh, pues, verás…— De repente la cara de Magnus mudó y miró horrorizado a la puerta del restaurante. Yo me giré en mi asiento para poder ver lo que él veía.

Un hombre extremadamente guapo de profundos ojos verdes estaba entrando por la puerta.

— No te lo tomes a mal, pero el chico que acaba de entrar por la puerta es un ex. O algo así— Volví a mirar al hombre, que en ese momento giraba la cabeza y fijaba su mirada en Magnus— Gracias a Dios nuestra relación acabó amistosamente.

— ¡TÚ! — Gritó el susodicho mientras se acercaba a nosotros hecho una furia — ¡Eres una escoria!

— Ya empezamos… — Murmuró Magnus justo cuando su ex llegaba a la mesa.

Él hombre estaba tan enfadado que no supe si sentir celos o miedo. De repente se giró hacia mí y me apuntó con el dedo

— No te fíes de él. Te robará los mejores años de tu vida y después te dejará tirado.

Me estremecí. Así que era verdad, tal y como yo sospechaba; solo me quería como un entretenimiento. Y nada más. Magnus me miró antes de apretar mi mano, todavía entrelazada con la suya, con fuerza.

— Solo fue una noche, Richard. Nada más. Y ahora lárgate. YA.

El hombre, Richard, pareció amedrentarse momentáneamente. Entonces tomó la copa de vino de Magnus y se la tiró encima. Mi novio ni siquiera fue capaz de reaccionar, sorprendido como estaba. Richard se inclinó sobre mí y me susurró al oído:

— Todo será muy bonito hasta que consiga llevarte a la cama. Después: despídete.

Entonces se incorporó y se fue.

..

La camarera, cuyo nombre resultó ser Kaelie, nos avisó de que debíamos abandonar el local por armar un escena. Magnus lo aceptó con caballerosidad y diplomacia, pagando generosamente por los daños que hubiese podido ocasionar. Mientras lo esperaba fuera miré hacia las calles nevadas de Nueva York. De repente eché mortalmente de menos a mis hermanos. Y a Jem. Y a Sebastian. Y a Clary. ¿Qué estaba haciendo yo aquí?

Cuando Magnus salió ya se había cambiado la camisa mojada. Ahora llevaba una simple camisa blanca que supuse sería el repuesto de alguno de los camareros del local, que se la había prestado. Se enfundó en anorak y se quedó a mi lado, mirando con tranquilidad el mismo paisaje que yo contemplaba.

Estuvimos ahí un buen rato, apoyados en el frío vidrio de algún portal, viendo pasar a los transeúntes. Cuando por fin decidió hablar lo hizo con una voz extraña, agotada.

— No sé qué es lo que te ha dicho. No sé por qué estás tan callado. Pero quiero que comprendas algo, Alexander: eres único. Sea lo que sea que hice antes de conocerte no tiene importancia. Solo tiene importancia el presente y lo que nosotros somos, juntos.

Respiré profundamente y llené mis pulmones del frío aire invernal neoyorkino. ¿Acaso no era yo el que dijo que podíamos intentar sustituir el pasado? Entrelacé su mano con la mía y eché a andar, obligándolo a seguirme.

— Vamos, sigo teniendo hambre.


Alexander se detuvo frente a uno de los típicos puestos de comida rápida y pidió dos hamburguesas que acabó pagando él pese a mis quejas. Deambulamos por algunas calles mientras devorábamos nuestra comida (en especial él, que al parecer era verdad que se estaba muriendo de hambre) y acabamos llegando a Central Park.

Paseamos durante un rato en un silencio, simplemente agarrados de la mano. Alexander se lamentó de no haber podido traer su cámara para poder inmortalizar un lugar tan hermoso y yo no pude hacer más que reírme de él. Idris era un pueblo de montaña, rodeado por la naturaleza. Enormes árboles por aquí, hermosas flores silvestres por allá… ¿Y de verdad Central Park le parecía interesante?

— No sé, me recuerda a series como Gossip Girl o Friends— Lo miré con sorpresa y él sonrió con timidez— Alguna vez deberías apuntarte a algún maratón de series con mis hermanos. Las últimas vacaciones de primavera no nos separamos del televisor y vimos Star Trek al estuvo mal.

Sonreí ante la idea de que él quisiese que yo pasase más tiempo con su familia.

— Me encantaría.


— Erms…mmm… ¿Magnus?

— ¿Qué?

— ¿Qué se supone que estás haciendo? — Mi para nada normal novio se había acercado a una distancia en absoluto prudencial al río helado y andaba de un lado para otro persiguiendo a un pato de cabeza verde.

— ¡Venganza! — Gritó él alzando el puño de forma dramática.

— ¿Ese pato te ha hecho algo malo? — Me senté sobre la nieve y no pude reprimir un escalofrío cuando ésta hizo contacto con mis pantalones.

— No, ha sido Will — Magnus parecía tan absolutamente convencido de que su explicación era del todo satisfactoria que preferí no preguntar nada más.

Cuando por fin logró alcanzar al pato lo apresó entre sus brazos. El pobre animal se estuvo debatiendo y agitando las alas hasta que Magnus llegó hasta donde yo estaba.

— Maldito pajarraco…

— Anda, dame— Magnus parecía indeciso, pero finalmente me extendió al pequeño. En cuanto lo tuve entre mis brazos dejó de forcejear y simplemente se sentó en mi regazo. La boca de Magnus se abrió tanto que parecía un dibujo animado de los que le gustan a Max.

— ¿Cómo has hecho eso?

Yo me encogí de hombros y esbocé una tímida sonrisa.

— Siempre se me han dado bien los animales— Magnus sonrió mientras se quitaba su anorak y lo colocaba en el suelo para acto seguido sentarse sobre él. Lo miré con el ceño fruncido— Podrías haberme dado esa idea antes de que me sentase, ¿No? Tengo el culo helado.

Su risa sonó como música para mis oídos. Lo miré embelesado mientras él se dedicaba a formar vaho, fingiendo fumar. Cuando por fin giró su rostro y nuestros ojos se encontraron contuve la respiración. Mi pequeño amigo emplumado frotó su pico contra mi estómago y yo acaricié su pequeña cabecita.

— No puedo comprender por qué les tiene tanto miedo— Comenté de forma distraída mientras admiraba sus hermosos ojos, que resplandecían de forma mágica bajo la luz de la luna.

— ¡Yo tampoco! Quiero decir, ¡Son patos! Pero él no parece comprenderlo. Los odia desde siempre.

¿Eh?

— ¿De quién me estás hablando? — Le pregunté. Magnus me miró con extrañeza.

— De Will, claro. ¿De quién me estás hablando tú?

— De Jace— De repente recordé una pregunta que me había estado rondando por la cabeza desde el primer día en Nueva York — Magnus, ¿Te suena el nombre de "Stephen Herondale"?

— ¿Stephen? Sí, claro. Era el primo hermano de mi tío Will, ¿Por qué?

Me acerqué más a él y aproveché para colocarme yo también sobre su anorak. Mi trasero ya estaba completamente empapado, pero al menos me aislaría un poco del frío. Apoyé mi cabeza en su hombro y le besé suavemente en la mejilla. Magnus sonrío y se apretujó más contra mí.

— Era el padre de Jace. Qué pequeño es el mundo… Desde el principio sospeché que debían de estar emparentados de algún modo, aunque creí que solo era mi imaginación.


¿El padre de Jace?

— ¿Jace no es tu hermano? — Pregunté con incredulidad.

— Legalmente sí: ya es un Lightwood. Y también es mi hermano en mi corazón, siempre lo ha sido.

— Pero no biológicamente.

— No— Con ese simple monosílabo Alexander dio por zanjada la conversación. En cierta manera lo comprendí; no era su vida, sino la de su hermano. Stephen Herondale había sido un fanático religioso y se había visto involucrado en el suicidio colectivo de algún tipo de secta. Yo ni siquiera sabía que había tenido un hijo, ¿Lo sabría Will?

Alexander se entretuvo acariciando al pequeño animalito que tenía entre sus brazos. Miré al pato fijamente y juraría que él me devolvió la mirada con desdén.

— Alexander, me parece muy fuerte que en nuestra primera…No, espera… En nuestra segunda cita te dediques a abrazar a otros "individuos" de género masculino. Y encima delante de mis narices, ¡Qué descaro!

Alexander abrazó al suertudo pato contra su pecho y frotó su mejilla contra la cabeza del animal. Allí, rodeados por completo de nieve, la pálida belleza de Alexander destacaba sobremanera. Guié una de mis manos a sus rosados labios e hice presión en ellos con mi pulgar, obligándole a entreabrirlos.

— Si no fueras mi novio y no tuviera estos insanos sentimientos de posesividad hacia ti te obligaría a aceptar la oferta que te hizo aquella chica del metro— Alexander cerró los ojos y frotó su mejilla contra la palma de mi mano tal y como había hecho con el "regalo" de William— Tanta belleza debería poder compartirse con todo el mundo.

Él abrió los ojos y me miró con intensidad. Siempre me impresionaría lo mucho que podían transmitir con tan solo una mirada esos hermosos zafiros.

..

— Estoy prácticamente seguro de que llevarse un pato de Central Park es un delito— murmuró Alexander por quinta vez. El taxi nos dejó en la puerta del edificio justo cuando comenzaba a nevar. Ambos nos apresuramos a meternos en el portal.

— Si llega alguna multa la pagaré sin problemas, quédate tranquilo de una vez.

Subimos al ascensor y, justo cuando iba a pulsar el botón de subida, Alexander detuvo mi brazo. Lo miré intrigado.

— ¿Crees que… podrías enseñarme las otras plantas del edificio?

Abrí los ojos con sorpresa mientras él agachaba la cabeza y su desigual flequillo ocultaba sus ojos. Pese a ser incapaz de verlo estoy seguro de que un intenso color escarlata inunda su rostro.

— Aquí la verdadera pregunta es: ¿De verdad crees que podría negarme a eso? Llevo todo el camino en taxi pensando en cómo proponértelo sin parecer un adicto al sexo— Alexander levantó la mirada algo cohibido y mis sospechas sobre su rubor se confirmaron. Era adorable— Pero primero vamos a pasar un momento por el piso principal.

El ascensor se detuvo y entramos lo más silenciosamente posible para no despertar a mis tíos. Me saqué mi anorak empapado y se lo tendí a Alexander junto a mi móvil. Él me miró intrigado mientras yo le arrebataba al pato de entre los brazos.

—Deja ambos móviles en mi habitación. No pienso permitir que nadie vuelva a interrumpirnos— Besé sus labios suavemente antes de dirigirme a la última puerta del pasillo. Noté la mirada curiosa de Alexander clavada en mi espalda.

— Tío Wiiiiiilliaaaaam— Canturreé mientras entraba en la habitación de mis tíos— Adivina qué te he traído para jugaaaaar.

..

Aterrizamos en el aeropuerto la mañana del día antes del comienzo de las clases. El viaje en turista, cómo no, había sido agotador y todas mis extremidades estaban adoloridas. Alexander me miró con cara de culpabilidad, pero yo entendía a la perfección que él no quisiese que yo estuviera todo el día pagándole todo. Orgullo masculino, supongo.

Mi novio, en un alarde de generosidad, se ofreció a ir a recoger el equipaje de ambos. Lo miré con cierto pesar mientras se alejaba. Ya estábamos cerca de casa, por lo que era mejor que no nos viesen juntos, por si acaso. Saldríamos con cinco minutos de diferencia por la puerta del aeropuerto y cogeríamos taxis separados para llegar a Idris. Cinco horas en un taxi. A solas. Yupi.

Mi teléfono comenzó a sonar, asustándome. Por lo menos dio cinco toques hasta que por fin pude sacarlo del bolsillo de mis ajustados pantalones. No reconocí el número.

— Seas quien seas, este no es un buen momento. Puedes llamarme más tarde o, todavía mejor, puedes irte a la mier-

— Me alegro de saber que sigue usted como siempre, señor Bane.

Me quedé congelado en mi sitio. De lejos vi cómo Alexander intentaba por todos los medios recoger nuestras maletas tratando de no chocar con los demás pasajeros furiosos por los diversos retrasos y la rutina en general.

— Señor Starkweather, lamento la confusión— Maldito viejo de las narices, ¿Cómo y por qué tenía mi número? — ¿Necesitaba algo?

— Obviamente, ¿por qué si no iba a llamarle?

Respira hondo, Magnus, respira hondo y relájate. Porque si no te relajas vas a mandar a este pomposo hombre a… tomar viento fresco.

— Usted dirá.

— Sé que usted conoce de buena mano a los Lightwood— Me quedé paralizado. No, no, no. Ahora no, por favor. Si él sabe lo de Alexander…— Por el incidente con Jace, ya sabe.

Solté un enorme suspiro de alivio e intenté que mi voz no sonara demasiado emocionada cuando contesté.

— Sí, sí, por supuesto. Jonathan Lightwood está en una de mis clases y me he encontrado alguna que otra vez con Isabelle y Alexander ¿Por qué?

— Acabo de hablar por teléfono con Maryse, su madre; Alexander, que siempre ha tenido un promedio de matrículas de honor, ha suspendido una asignatura— Estuve a punto de perder la paciencia, ¡Pero si no fue culpa suya! — Ella asegura que ha tomado las medidas oportunas para que no vuelva a repetirse pero, igualmente, me ha pedido que busque un profesor particular para su hijo.

— ¿Y qué tengo yo que ver en todo esto?

— Usted es nuevo en Idris, señor Bane. Mientras que todos nosotros nos conocemos desde hace años, usted no tiene ningún tipo de vínculo profundo con nadie; no habrá favoritismos como podría suceder con otros profesores del centro— Si tú supieras…— Así que, pensé que podría ser usted.

— ¿Yo? — ¿Darle clases particulares a Alexander? Oh, por Dios, el mundo está confabulando a mi favor.

— Tendríamos que ajustar el horario al trabajo de Alexander, pero estoy seguro de que encontraremos una solución que nos beneficie a todos— Puedes asegurar que sí— Obviamente se le añadirá un cuantioso extra a su sueldo mensual — ¿Un extra mejor que tener a Alexander a mi merced todos los días? — ¿Qué me dice?

En ese momento mi nephilim comenzó a caminar hacia mí: ya había recuperado su mochila y mis cinco maletas y me miraba con una sonrisa en los labios.

— Para mí será un honor, director Starkweather.

— Espero un buen trabajo por su parte, señor Bane. Los Lightwood son muy generosos con nuestra escuela.

Y colgó.

..

Para cuando al fin llegué a Idris mi cuello me dolía a horrores. Había estado todo el camino pegando pequeñas cabezadas para despertar de forma brusca cuando el estúpido conductor tomaba alguna curva de forma violenta. Te has quedado sin propina, guapo.

Una resplandeciente Jocelyn me esperaba sentada en los escalones de mi casa. Pagué rápidamente al estúpido taxista y fui hacia ella. La abracé con fuerza y ella me devolvió el apretón algo azorada.

— ¿Me has echado de menos, Jocey?

— Por supuestísimo— dijo con una mezcla de ironía y sinceridad— Echaba de menos tus gritos melodramáticos y tus interminables charlas sobre las asombrosas cualidades de tu no-, quiero decir… de quien tú ya sabes.

— Ah, pero admites que "el que no debe ser nombrado" tiene unas cualidades excepcionales— le dije mientras le guiñaba un ojo.

— Prefiero no inmiscuirme más de lo necesario en ese tema. Y doy gracias a Dios por ignorar los detalles de lo que habréis hecho en Nueva York.

— Si quieres puedo contártelo con todo lujo de detalles— Le comenté mientras por fin encontraba mis llaves y abría la puerta.

— Eres un pervertido.

— En realidad la pervertida eres tú, Jocey; yo en ningún momento he dicho que Alexander y yo hayamos tenido relaciones sexuales. Tu mente sucia y depravada es la que se ha imaginado esas cosas.

Ella se quedó callada unos instantes. Uy, uy, uy. El silencio es malo. El silencio significa que alguien se ha muerto, o que alguna de mis empresas se ha ido a quiebre, o que ha habido un incendio enorme y mi ropa ha quedado completamente calcinada…

— Voy a casarme.

O que Presidente Miau ha decidido tener un romance con el gato diabólico del amigo de Alexander, o que… Espera, ¿Qué?

— Espera, ¿Qué?

— Voy a casarme— Me repitió ella con nerviosismo. Nunca había visto a Jocelyn tan nerviosa— A finales de marzo. Ya sabes, con Luke.

Por supuesto que con Luke. Jocelyn me lo había presentado semanas atrás en una cena formal en su casa. Lamentablemente esa cena fue antes de navidad, por lo que yo todavía no había limado asperezas con Clarissa. Pese a los intentos del buen hombre no fue una experiencia demasiado cómoda. Para ninguno.

— Oh, Jocey, ¡Eso es magnífico! — Repasé mentalmente lo que ella me había dicho mientras la abrazaba— Espera, ¿En marzo? ¡Queda poquísimo tiempo! ¿Cómo narices vamos a tenerlo todo listo para entonces?

Ella me miró con una enorme sonrisa.

— ¿De verdad quieres ayudarme a planearlo todo? ¿No te importa?

— ¡Por supuestísimo que no me importa! ¡Soy un planificador de bodas excelente! Bueno, no he planeado ninguna… ¡Per da lo mismo! ¡Será magnífico, ya lo verás!

Ambos nos sentamos a charlar tranquilamente en el sillón, comentando sobre telas, colores, flores… Lamentablemente mi asistente recibió una llamada. Y obviamente supuse que era algo relacionado conmigo, porque entonces se desató el infierno. Jocelyn comenzó a hablarme de números, cifras, cantidades, facturas, presupuestos, acciones… Después de una semana a solas con mi Alexander, la espantosa y diabólica rutina volvía a aparecer en mi vida. Estuve a punto de tirarme por la ventana.


Anairafuji: He vuelto a incumplir mi promesa, lo sé. Te prometí una cita romántica y he escrito justo lo contrario. ¡Pero te juro que tiene una explicación! En mi desquiciada mente se me ocurrió la idea de que, si tuviesen una cita perfecta en Nueva York, todo sería demasiado fácil. Me encanta la idea de que se las ingenien para poder tener una cita en Idris, donde nadie puede pillarlos y eso. No sé. soy rara xD
En todo caso, me disculpo contigo porque sé que me lo habías dicho expresamente y siempre me estás apoyando. Así que... ¡Te sigo debiendo esa cita! (Eso suena terriblemente mal...) ¡Muchas gracias por todo!

Malec- 02: Mientras leía tu review he estado todo el tiempo como *Da un saltito de felicidad. Vuelve a mirar el review. Sonríe como una idiota. Vuelve a mirar el review. Pega un gritito histérico* y así una y otra vez... Jajajaja, ¡Eres adorable! Me dan ganas de cogerte de los cachetes y apretarte al estilo abuelita. Es más: háztelo tú y te imaginas que soy yo (?) Muchas gracias por todos los "te amo" *vuelve a pegar un gritito de felicidad* y por todas las felicitaciones, y por tu comentario en general, vamos.
Quiero que tú me digas un nombre, porque de ese modo siento como que participas en el fic. Así que... ya sabes... si no quieres que algo terrible le ocurra a Jem y a su nueva aunnosequé más te vale decirme un nombre para ella. Muajajaja (Soy malvadaaaaaa (?))

Ya sé que dije que iba a actualizar el sábado, pero me temo que me va a ser imposible. Ahora resulta que tengo la comunión de una de mis primas pequeñas y yo sin enterarme xD
Actualizaré el domingo por la mañana o por la tarde temprano (Por la noche no. Nunca volveré a actualizar un domingo por la noche)

Si os ha gustado el fic, el capi, mis estupendos comentarios interminables (ejem, ejem) o yo qué sé... Si os ha gustado algo, por favor: darle a favoritos, seguir, dejadme un comentario o mandadme un mensaje telepático con vuestra opinión.
¡Os quiero!
PD: No me ha dado tiempo a corregir este capi apropiadamente, así que puede que esté más desastroso de lo normal ¡Disculpad las molestias!