Un poco más tarde de lo que había planeado, ¡Pero aquí estoy!

Ando muuuuuuuy justa de tiempo por culpa de haber estado leyendo COHF, así que... ¡La semana que viene el doble de comentarios estúpidos! (?)

Que el ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

¡Os adoro!


Día: viernes trece de febrero. Hora: once y cuarto de la mañana. Ubicación: cafetería del St. Raziel. Compañía: Ragnor y Catarina. Ocupación: buscar a mi sexy novio entre todo el mar de alumnos. Resultados hasta el momento: insatisfactorios. Humor: malo y empeorando.

Aunque parezca mentira es la primera vez que visito la cafetería a estas horas. Normalmente la simple idea de venir aquí sabiendo que cientos de alumnos sudorosos y maleducados estarán hablando a voz de grito entre ellos me irrita. Pero claro, hoy tengo un buen incentivo para hacerlo y tengo que pasar por alto lo asqueroso que está este café y el olor a… humanidad que se respira en el ambiente.

Llevo toda la semana sin ver apenas a Alexander. Por culpa de unas malditas reuniones del instituto no he podido acudir al Taki's y él está tan ocupado con un asqueroso trabajo grupal que ni siquiera ha podido acudir a nuestras "clases particulares". Una semana entera de abstinencia. Ni un mísero beso. Esto es un infierno.

Catarina y Ragnor están discutiendo, para variar, por lo que no suponen una gran distracción; tras el primer mes de peleas constantes uno se acostumbra y deja de parecer gracioso para convertirse en algo rutinario. Odiosa rutina. Oigo una silla chirriar al ser arrastrada y giro la cabeza para ver cómo Ragnor se marcha por la puerta con gesto indignado. Eso sí que es raro, ya que normalmente es Catarina la que acaba desistiendo y abandonando la pelea. Y es entonces cuando distingo una cabeza rubia de cabello ensortijado. No es el Lightwood que buscaba, peeeero…

Sigo con la mirada al rubito hasta que lo veo sentarse en una de las mesas del fondo que ya está ocupada. La maravillosa Isabelle con su novio Samy, la pelirroja bajita con la que últimamente tengo mejor relación y dos chicas a las que no conozco pero que, por su actitud empalagosa la una de la otra, tienen pinta de estar saliendo. Ni rastro de unos preciosos ojos azules.

— ¿A quién buscas?

Catarina, espabilada como ella sola, ha seguido la dirección de mi mirada y me mira con escepticismo.

— A Alexander Lightwood. Esta semana no hemos tenido oportunidad de reunirnos y me temo que Hodge pueda tomar represalias— Eso en parte es verdad: lo último que deseo en este momento es que el director decida quitarme el privilegio de ver a Alexander diariamente fuera de clase— Quería concertar con él la próxima clase, ya sabes.

Ella me mira fijamente, pero no me contesta nada. Esto es malo, odio estar bajo presión.

— ¿Los conoces bien? A los Lightwood, quiero decir— Por supuesto que los conoce bien, idiota, en este pueblucho todo el mundo conoce a todo el mundo. Un sudor frío me recorre la espalda mientras Catarina asiente con gesto pensativo sin dejar de mirarme con atención.

— Por supuesto, ¿Quién no conocería a los dueños de medio Idris? — Claro, claro. Tal y como yo me imaginaba. No, espera: ¿Qué?

— ¿Eh?

— Oh, claro— Ella me miró con alegría contenida mientras daba vueltas lentamente a su café con una cucharilla— Que tú eres nuevo por aquí… ¿Tu "alumno" no te ha comentado nada?

— No— Sabe algo sobre nosotros, está claro. ¿Pero hasta dónde ha averiguado? ¿Y cómo?

— Qué curioso.

— Catarina…

— De camino a aquí he ido a devolver unos libros de consulta; él está en la biblioteca.

..

Caminé lo más aprisa posible. Cinco minutos hasta que empiece la siguiente clase. Mierda. Apreté el paso y abrí la puerta de la biblioteca con violencia. Ups.

— ¿Puedo ayudarle en algo? — Me preguntó el bibliotecario.

Todas las cabezas se habían girado hacia mí y me miraban con curiosidad. A mí me gusta llamar la atención, pero no así.

— Ehhh… Sí, sí— Piensa, Magnus. Vamos, piensa— Catarina Loss ha estado aquí hace unos minutos. Ella me ha pedido que recoja los libros que ha devuelto antes; al parecer había escondido un papel importante en uno de ellos. Mujeres, ya sabe.

Él hombre suspiró con cansancio, aunque estaba claro que parecía divertido.

— Voy a buscarlos, en seguida vuelvo.

Asentí con la cabeza mientras él desaparecía entre las interminables estanterías de la enorme sala. Volví la mirada de nuevo hacia las mesas repletas de estudiantes de último año. Ahora solo unos ojos me devolvían la mirada. Unos preciosos ojos azules.

De repente me sentí en paz. ¿Cómo consigues tener este poder sobre mí, Alexander? El timbre sonó y yo maldije por lo bajo mientras todos los alumnos recogían sus cosas y se ponían en pie, impidiéndome el contacto visual con él. Con todo el revuelo de gente no fui capaz de divisarlo hasta que mi nephilim se dirigió hacia la puerta seguido por dos estudiantes más. Reconocí a Sebastian, que me lanzó una mirada asesina antes de salir, pero era la primera vez que veía a James Carstairs.

Alexander desvió la mirada hacia mí una última vez mientras gesticulaba dos únicas palabras. Le sonreí antes de que James le rodeara un hombro con su brazo y desaparecieran por la puerta. Clase y Ragnor. Por fin.

— Aquí están todos los libros. ¿Va revisarlos aquí o quiere llevárselos?


Suspiré por tercera vez en cinco minutos. Sebastian, a mi derecha, dormitaba tranquilamente mientras el discurso de la profesora Imogen continuaba. Gracias al Ángel ella estaba tan distraída dibujando una gráfica de la pizarra que no se enteró de nada.

— ¿Te has vuelto a quedar hasta tarde trabajando, Seb? — Le pregunté. Él pareció espabilarse un poco, pero diez minutos después ya estaba completamente dormido apoyado sobre sus antebrazos.

Miré el reloj y vi que faltaban veinte minutos para la siguiente clase. Volví a suspirar. Miré a Jem, sentado a mi otro lado, en busca de distracción; él parecía completamente concentrado en tomar apuntes.

— Ni se te ocurra distraerme— murmuró en una voz tan baja que solo yo pude oírla.

Suspiré de nuevo mientras adoptaba la misma postura que Sebastian. Yo normalmente no soy así, lo juro. Me encantan mis clases, y me parece muy interesante aprender cosas nuevas. Pero prácticamente no he visto a Magnus en toda la semana y estoy desesperado. Él es como una droga, y yo soy completamente adicto.

..

Jem pareció apiadarse de nosotros, porque nos avisó unos minutos antes de que acabara la clase. Si Imogen se entera de que hemos estado durmiendo en su clase estoy seguro de que nos suspendería de por vida. Oh, por el Ángel, ¡Eso significaría una reprimenda para Magnus por no hacer bien su trabajo! Me prometí a mí mismo prestar más atención la próxima vez.

Tras dejar a Jem en la biblioteca Sebastian y yo nos dirigimos a los vestuarios. Lo bueno de este instituto es que, en clase de Educación Física, te dejan elegir el deporte que quieres practicar. Jem me contó que en su anterior instituto los obligaban a practicar deportes de forma rotatoria. Si a mí me pusieran una pelota de baloncesto en las manos estoy seguro de que mataría a alguien por accidente: tengo una total falta de coordinación fuera del agua.

Sebastian, yo, y otros cuatro alumnos que no pertenecían a La Clave, nos dirigimos a la piscina. Nuestra entrenadora, Cristina Rosales, nos miró con severidad.

— Cinco minutos tarde— Nos gritó— Eso equivale a cincuenta largos de castigo, ¡Vamos!

Oí las quejas de mis compañeros, pero ignoré todos los sonidos de mi alrededor y me lancé al agua el primero. Para mí nadar es un placer, no un castigo.

..

Sebastian silbaba de felicidad mientras nos dirigíamos hacia la biblioteca para encontrarnos con Jem. Por algún motivo nuestra profesora de Matemáticas no había acudido, por lo que teníamos una hora libre.

James estaba sentado en una de las mesas más alejadas de la puerta y parecía muy concentrado en mirar el interior de su mochila.

— Se nota a veinte kilómetros que estás mensajeando por el móvil, Carstairs— dijo Sebastian. Jem se incorporó de golpe y nos miró con sorpresa— ¿Otra vez Ellie? Empiezo a sentirme mal por ser el único soltero del grupo, ¿Sabéis? Me siento marginado.

— ¿Qué hacéis aquí? — Jem ignoró deliberadamente el comentario sobre Elizabeth, su novia londinense. Yo imité su ejemplo. Por algún motivo Sebastian aún no era capaz de aceptar a Magnus, y cada vez que salía el tema acabábamos peleando. Ahora que por fin había conseguido que Clary se lleve bien con él…

— Clase libre— le respondí mientras me sentaba a su lado. Sebastian escogió una silla frente a nosotros y sacó de su mochila la carpeta donde guardaba la información del trabajo grupal.

— Y al parecer no va a ser la única del día. Muchos profesores se están escaqueando y no vienen al instituto para no tener que aguantar las reuniones con Hodge a la salida— Sonreí para mis adentros. Estoy seguro de que si yo no estuviera aquí Magnus hubiese hecho lo mismo— Así que nosotros vamos a aprovechar el tiempo para terminar este estúpido trabajo y así yo tendré toda la tarde libre para dormir a pierna suelta.

..

Nos quedaba tan poco para terminar el trabajo que decidimos quedarnos durante la media hora del descanso para no tener que reunirnos por la tarde. Si todo va bien hoy por fin podría reunirme con Magnus.

— Lo estás haciendo otra vez— Levanté la vista del esquema que estaba terminando y vi el ceño fruncido de Sebastian mientras me miraba.

— ¿Hacer el qué?

— Poner cara de idiota enamorado mientras piensas en-

La puerta de la biblioteca se abrió de golpe y todos alzamos la mirada, asustados. Mi corazón dio un salto en mi pecho mientras veía a un avergonzado Magnus acercarse al escritorio del bibliotecario.

— Hablando del rey de Roma…— murmuró Jem.

Escuché el resoplido de Sebastian, pero no desvié mi vista de Magnus en ningún momento. Mis ojos se centraron inconscientemente en sus labios mientras él parloteaba.

— Me estás dando arcadas con esa mirada en tu cara— refunfuñó Sebastian. Acto seguido soltó un quejido e imaginé que Jem le había pegado una patada bajo la mesa.

El señor Blackthorn desapareció entre las estanterías y vi a Magnus buscar entre la gente con la mirada. Cuando nuestros ojos hicieron contacto él sonrió y yo me quedé sin respiración. Le echo tanto de menos… El timbre sonó y la gente comenzó a ponerse en pie, por lo que lo perdí de vista.

Sebastian ya había recogido incluso mis cosas, asi que no tardamos en dirigirnos hacia la salida. Miré a Magnus una última vez a mientras gesticulaba las palabras "clase" y "Ragnor". Habíamos terminado el trabajo: por fin podíamos volver a reunirnos. Tropecé con mi propio pie mientras pensaba en volver a sentir sus labios sobre los míos. Jem pasó su brazo por mis hombros para estabilizarme y me empujó con delicadeza hacia delante para que siguiese caminando.

..

Me despedí de mis amigos agitando la mano mientras ambos se montaban en el coche de Jem. Sebastian tenía razón: habían faltado varios profesores y teníamos la última hora libre. Vi al resto de mis compañeros dirigirse hacia la salida mientras yo volvía a entrar al edificio. Una hora hasta la hora acordada con Magnus… ¿Y ahora qué hago?

Cristina estaba sentada sobre el borde de la psicina. Tenía sus bronceados pies metidos bajo el agua y charlaba animadamente con Emma Carstairs, prima lejana de James y profesora de música del St. Raziel. Cerré la puerta con fuerza para hacerme notar y ambas giraron la cabeza para verme, extrañadas.

— Buenas tardes— Saludé.

— ¿Alexander? ¿Qué haces aquí a estas horas?

— Tenía una clase libre y he pensado en venir a entrenar.

— ¿No viene Sebastian contigo? Justo ahora estábamos hablando de vosotros.

— No, la mayoría de mis compañeros se han marchado— Le contesté mientras me acercaba. ¿Hablando de nosotros? — Yo tengo que esperar hasta que salgan mis hermanos.

— Oh, vaya. Bueno, supongo que puedo hablar primero contigo— Cristina me indicó que me acercara más mientras Emma me sonreía con cierta timidez. Solo la conocía de vista, ya que nunca había elegido su asignatura como optativa— He decidido mandaros a vosotros dos este año a competición.

— ¿Qu-? — Me sorprendí— Oh, por el Ángel, ¿En serio?

— Por supuesto— Me respondió con una sonrisa— Sois mis dos alumnos estrella, después de todo. He tenido que preguntar a la junta escolar, ya que debido a la situación económica de Sebastian él no podría financiar el viaje… Pero me han dado permiso para usar fondos del instituto y, bueno, ¡Enhorabuena!

—Gracias. Muchísimas gracias, señora Rosales— Ella hizo una mueca muy graciosa con sus labios.

— Te he dicho miles de veces que me llames Cristina, Alexander.

..

Mierda, mierda, ¡mierda! Cuando estoy en el agua me abstraigo completamente de la realidad y se me ha pasado la hora. Me cambio a toda velocidad en los vestuarios y salgo corriendo rezando para que Magnus no haya decidido marcharse.


Veinte minutos desde que había sonado el timbre que anunciaba la última hora y Alexander no ha aparecido. Puede que yo le entendiese mal, después de todo. Me dispongo a irme cuando la puerta se abre de golpe y por ella aparece mi nephilim. Él se dobla sobre sí mismo, apoyando sus manos sobre sus rodillas y jadea con fuerza. Lleva la ropa completamente desarreglada, sus mejillas están sonrojadas por la carrera que seguramente ha hecho hasta aquí y su pelo negro como la tinta, completamente empapado, se adhiere a su pálida frente. No he visto algo tan erótico en mi vida. O estoy muy desesperado por no haber podido tocarle durante días, que también puede ser.

— Menos mal que estás aquí, creí que te habías marchado— dice por fin.

Salgo de mis fantasías sexuales y me dirijo hacia él. Cruzo el aula en unas pocas zancadas y lo hago entrar completamente en la clase mientras con la otra mano cierro la puerta tras él. Nuestras bocas chocan con violencia mientras enredamos nuestras lenguas. Alexander se apoya contra la puerta y yo coloco las manos a ambos lados de su cabeza, acorralándolo.

Cuando el aire se hace completamente necesario separamos nuestras bocas y yo lo abrazo con fuerza contra mi pecho. Siento cómo su cabello empapado moja mi camisa, pero por una vez no me importa mi aspecto. Nos quedamos así, con nuestros brazos alrededor del otro, durante un buen rato.

..

— ¿Puedes llevarme hasta el Taki's? — Me pregunta Alexander mientras nos dirigimos hacia el aparcamiento. Para variar mi coche es el único que queda.

— El director Starkweather ha suspendido la reunión porque han faltado un montón de profesores. Voy a poder estar allí toda la tarde si es necesario. Y después te acercaré a casa de ese amiguito tuyo, si quieres— Los ojos de Alexander se iluminan mientras me mira con una sonrisa en los labios.

— No hará falta: ya hemos terminado el trabajo de Historia. Podemos estar juntos un rato, si quieres.

¿Cómo podría no querer?

..

Mientras espero sentado en mi coche, en la parte de atrás del restaurante, a que Alexander se cambie, veo a Clary salir e intercambiar un saludo con Maia, que está entrando. La pequeña pelirroja me ve y alza la mano para saludarme; yo le devuelvo el gesto con una gran sonrisa.

Clary Fray, Fairchild, Morgenstern o como diablos se apellide, ha resultado ser una gran alumna. Aplicada, atenta y muy responsable, siempre se sienta junto a Sheldon. El novio de Isabelle tampoco está nada mal, pero tiene cierta tendencia a distraerse constantemente.

Por fin mi novio sale por la puerta y mira en todas direcciones para asegurarse de que no hay nadie observando. Cuando al fin se queda tranquilo abre la puerta del copiloto y entra al coche.

— ¿Dónde quiere ir hoy, caballero? — Le pregunto.

Él solo sonríe mientras se encoge de hombros. A mi casa, pues.

..

— ¿Dónde está Jaery? —Preguntó Alexander mientras su mirada pasaba de un lugar a otro de mi salón, buscando.

— Arriba. He tenido que encerrarlo en el cuarto de baño de mi dormitorio porque…— No me había dado tiempo a terminar cuando él ya había salido a toda velocidad hacia las escaleras.

Jaery: nuestra nueva mascota plumífera.

La misma noche que volvimos desde Nueva York Alexander había aparecido en la puerta de mi casa con el pato entre los brazos. Al parecer a mi tía le daba pena volver a soltarlo porque parecía estar muy a gusto en cautividad, pero como no podía quedárselo por la fobia de William decidió mandárselo a mi novio. En avión privado. El puñetero pato llegó a Idris horas antes que nosotros.

Puesto que el hermano menor de Alexander, Jonathan, también les tenía cierto "respeto" a los pobres animalitos, mi novio había decidido traerlo aquí. No es como si me molestase que Alexander tuviese la suficiente confianza como para traer algo sin pedir permiso antes, pero ese animalejo parecía tener una obsesión malsana por mi novio. A mí, sin embargo, me odiaba. Tengo picotazos por toda la espalda porque anoche se subió a mi cama a traición.

Cuando entré en mi habitación le lancé una mirada asesina a la pequeña alimaña, que estaba en el regazo de mi novio. Alexander lo acariciaba con ternura mientras tenía la mirada perdida en algún punto de la ventana.

— ¿Sabes, Alexander?— comencé mientras me acercaba a él— estoy empezando a creer que has venido aquí porque echabas de menos al bicho y no a mí.

Él alzó la vista hacia mí y su rostro se iluminó con una sonrisa.

— Idiota.


Me miré frente al espejo de cuerpo entero una vez más. Vale, Alec, estás presentable. O por lo menos todo lo presentable que tú puedes estar. Izzy se había marchado por la mañana para pasar todo el día de San Valentín con Simon. Y yo… bueno. Jace tenía entrenamiento, así que no se podía quedar con Max. Además, Magnus estaba muy raro con nosequé de darme una sorpresa e insistió mucho en que no fuera a su casa hasta las siete de la tarde. Raro. MUY raro.

Bajé las escaleras y me encontré con mis dos hermanos viendo The Walking Dead en la televisión. Max puso el pause cuando me vio y miró a Jace con aire culpable.

—Jace, como Max no pueda dormir esta noche te juro que te vas a hacer cargo tú.

Él simplemente se encogió de hombros.

— Oh, vamos: Eso ya lo sabía. Izzy no va a volver a casa, "dormirá" con Simon, seguro. Y tú…— Me miró mientras alzaba la ceja con aire malicioso— ¿De verdad quieres que piense que tu novio va a dejar que te marches esta noche? Estás muy bien, por cierto. No desde el punto de vista gay, por supuesto, ya sabes que yo soy el tío más hetero del mundo; pero hoy no pareces un vagabundo.

— No pienso darte las gracias por absolutamente nada de lo que has dicho, maleducado.

— Vale, abuela ¿No te ibas?

Miré el reloj de mi muñeca y di un respingo: las siete menos diez.

— Nos vemos…eh… mañana— Jace se rio mientras yo me acercaba para besar en la frente a Max— Y por el Ángel, Jace: sé responsable por una vez en tu vida.

Él me alzó el pulgar en un gesto afirmativo mientras yo salía a la calle.

..

Cuando llegué a casa de Magnus lo primero que mi subconsciente hizo fue buscar con la mirada el coche de Jocelyn. No estaba, como era obvio. Ella también celebraría San Valentín con Luke, ¿No? Además, con la boda tan cerca… Pero aun así suspiré de alivio al saber que estaríamos solos. Con ella aquí ayer no habíamos podido hacer mucho… Oh, por el Ángel ¿Me estaré volviendo un adicto al sexo como Magnus?

Estaba a punto de sacar la llave que Magnus me había dado como regalo de navidad cuando la puerta se abrió de golpe y alguien me agarró del brazo y tiró de mí hacia adentro con fuerza. Sentí los labios de Magnus contra los míos y sonreí con deleite; al parecer yo no era el único que se había quedado un poco decepcionado ayer.

Cuando por fin nos separamos Magnus tenía una sonrisa deslumbrante. Casi tan deslumbrante como el salón.

— Por el Ángel, Magnus, ¿Qué has hecho?

— Redecorar para la ocasión ¿No te gusta?

— Mmm… sí, claro. Es tan… rosa— Y efectivamente todo era rosa. Y cursi. Parecía las páginas del diario de una niña de nueve años; lleno de corazoncitos, arcoíris, florecitas… Pensándolo bien sí que me gustaba, en cierta manera— Es como tú, raro y único.

Magnus soltó una risita encantada antes de volver a atraerme hacia sí y besarme con urgencia.

— Estás hermoso, nephilim. Quisiera comerte ahora mismo— Me sonrojé con fuerza y di las gracias mentalmente a Isabelle por comprar una ropa tan ajustada que yo ni hubiese considerado probarme.

— Tú estás-

Miré a mi novio por primera vez. Pestañeé varias veces intentado no parecer un idiota.

— Magnus, no es que no supiese que nos íbamos a acostar, pero son las siete de la tarde, ¿No es un poco pronto?

Él alzó una ceja con diversión mientras me guiñaba el ojo. Mi novio de escultural cuerpo llevaba una chaqueta lila de terciopelo y… su ropa interior. Nada más.

— Oh, vamos, nephilim: qué pervertido te has vuelto… Pensando en tener sexo desde tan temprano…


— Pero si has sido tú el primero en decir-

Sonreí con satisfacción al ver su hermoso rostro sonrojado. Ay, si solo pudiera violarlo aquí mismo… No, Magnus: céntrate. Primero la sorpresa. Luego ya si eso harás tuyo a ese hermoso ángel que te está mirando como si quisiera comerte y… Oh, Alexander, como sigas poniendo esa carita tan sexy no voy a poder contenerme mucho más…

Agarré su mano con fuerza, entrelazando nuestros dedos.

— Ven, Mejillas dulces, quiero enseñarte tu regalo.

Él se tensó por completo y creí adivinar el porqué.

— Dijiste que nada de regalos— murmuró con una carita llena de remordimiento— Yo no te he comprado nada, Magnus…

Oh, Dios… Contente, contente.

— Solo hay una cosa que yo deseo y que no puedo conseguir con mi fortuna, Alexander: tú. Ése es tu regalo— Él me miró con sorpresa, pero vi determinación en sus preciosos ojos. ¿Qué se está pasando por tu hermosa cabecita? — Y ahora sígueme antes de que vuelvas a poner algún tipo de expresión adorable y tenga que quitarte esa ropa a mordiscos.

Alexander solamente asintió con timidez mientras dejaba que lo guiase hasta la puerta del jardín, que abrí con la mano que tenía libre.

Ya no nevaba en Idris, pero el viento seguía soplando de forma fría y me estremecí ante su contacto con mi piel escasamente cubierta. Sentí la calidez de la mano de Alexander sosteniendo la mía y sonreí. Ni siquiera me hizo falta voltearme para saber que tenía la confusión marcada en su rostro.

— Magnus, ¿Qué es esto? Ayer juraría que no estaba aquí.

Decidí ignorarlo de forma deliberada y caminé directo a la nueva construcción en mi propiedad. Cuando llegamos a la puerta solté la mano de Alexander y saqué de mi bolsillo la llave. Abrí la puerta y le indiqué a mi nephilim que pasara primero para poder observar su reacción.

Alexander abrió la boca en una expresión de absoluta sorpresa.

— ¿Una piscina cubierta? ¿Has mandado construir una piscina cubierta solo para mí? — Me preguntó mientras se internaba más. Yo lancé una sonrisa triunfal antes de entrar yo también y cerrar la puerta con llave a mis espaldas— No puedo aceptar esto, Magnus. Es…

— Por supuesto que no es por ti, no seas tan egocéntrico— Alexander se giró hacia mí y me miró— Sé que te encanta nadar y siempre he deseado verte haciéndolo. Pero claro, no puedo ir a verte en el instituto porque eso sería muy poco disimulado por nuestra parte. Así que… en realidad la he construido para poder disfrutar de las vistas. Es para mi disfrute particular, obviamente.

Alexander sonrió con una expresión de pura felicidad antes de besarme con ternura.

— Gracias, Magnus

— ¿Sabes cómo puedes agradecérmelo? Ponte a nadar y déjame disfrutar un ratito.

Obviamente yo lo decía de broma, no tenía planeado que él estrenase hoy mi pequeño regalo. Pero cuando él comenzó a desvestirse y se quedó solo con unos ceñidos bóxer no pude apartar mi vista de él.

..

Había visto a mi nephilim tropezarse con sillas, mesas, piedras. E incluso alguna vez se había tropezado él mismo con sus propios pies. ¿Cómo podía ser tan ágil en el agua? Lo miré durante todo el rato que él estuvo disfrutando en la piscina sin cansarme ni un solo momento. Por Dios… ojalá tuviese ahora mismo una cámara fotográfica…

En determinado momento, pasada ya por lo menos media hora desde que se había zambullido, él se acercó hasta mí nadando.

— ¿Por qué no te bañas conmigo? — Yo me había sentado justo al borde de la piscina, en la zona menos profunda (que aun así le llegaba a mi nephilim por encima de la cintura) y estaba jugando con mis pies chapoteando en el agua.

— ¿Tienes idea del tiempo que me ha costado maquillarme? — Alexander terminó de llegar hasta mí y yo abrí mis piernas par que él se colocase entre ellas.

— Bueno, pues me alegro — Alexander se aferró con sus empapadas manos a mi cintura y un escalofrío recorrió mi cuerpo al ver a mi novio completamente empapado. Diminutas gotitas caían desde su pelo y mojaban sus largas pestañas antes de seguir su recorrido hacia abajo, perdiéndose en sus marcados pectorales— Hoy estás magnífico.

Alexander se acercó más a mí y por un segundo creí que me iba a besar. Sin embargo él enterró su cara en mi cuello y comenzó a besarlo con lentitud. Solté un jadeo involuntario y me aferré a sus anchos hombros. Sentí aflorar una sonrisa en sus labios mientras abandonaba mi cuello y dejaba un reglero de besos hasta llegar a mi pezón, que comenzó a mordisquear con dulzura.

— Alec…— ¿Alec? No, él no es Alec. Él es tu Alexander. Tu hermoso y tierno Al-

Mi nephilim siguió descendiendo con su boca pegada a mi cuerpo hasta que dio con mi ropa interior. Mi entrepierna, despierta hacía rato, se estremeció de placer cuando Alexander alzó sus hermosos ojos desde su posición y me miró con inocencia.

— ¿Puedo? — No sé si de mi boca salió alguna respuesta afirmativa o si él realmente no la esperaba, pero cuando sentí sus manos bajar mi prenda y noté cómo mi miembro quedaba libre gemí de placer. Dios, voy a correrme y él ni siquiera ha llegado a tocarme…

Alexander lamió con parsimonia el hueso de mi ingle, haciéndome estremecer. Su rosada lengua por fin llegó hasta su destino final y yo tuve que contener la respiración. Él volvió a alzar sus zafiros hacia mí y me susurró tiernamente, el cálido aire de su aliento rozando mi erección.

—Yo no sé hacer esto, vas a tener que enseñarme.

Y entonces me engulló por completo. Gemí con fuerza mientras soltaba sus hombros y llevaba mis manos hacia el suelo para tratar de no perder el equilibrio cuando todo mi cuerpo se arqueó hacia su boca.

— Oh, Alec…— Gemí. Sus hermosos labios apretaban mi miembro y yo me sentí morir mientras su cálida saliva se mezclaba con las frías gotitas que seguían cayendo desde su cabello. Él mantuvo un ritmo constante, tranquilo. Sus ojos nublados por el placer no dejaban de mirarme mientras yo no podía hacer otra cosa más que balancear mis caderas para clavarme más profundo en su garganta— Alec, Alec. Oh, Alec, para. Tienes que parar.

Él se alejó de mí, confundido.

— ¿He hecho algo mal?

— He estado a punto de correrme, nephilim estúpido— Entonces salté a la piscina y lo tomé de la cintura con fuerza. Él simplemente gimió en mi boca mientras yo lo besaba con dureza y mis manos tanteaban sus nalgas hasta conseguir deshacerme de sus slips. Alexander apoyó sus brazos sobre el borde de la piscina cuando yo lo aprisioné contra ella y alcé su trasero hasta tenerlo a la altura perfecta— No pienso correrme en otro lugar que no sea tu cálido interior.

Él me miro con lujuria y yo por primera vez me di cuenta de que quizás Alexander no fuera el ángel que yo creía. Quizás era un maldito íncubo que el diablo había mandado para terminar de corromperme. Pero cuando me enterré en su cuerpo y él gimió con fuerza mientras gritaba mi nombre me di cuenta de que me daba lo mismo lo que él fuera. Vendería mi alma al diablo con tal de poder estar así para siempre.


Y hasta aquí el lime raro de hoy. Eeeeeen finnnn...

Anairafuji: Tú siempre tan magnánima conmigo, mujer (?) Me alegro mucho de que te gustase el capi, en serio. Temí que me mandases patos asesinos por no hacer una "cita ideal". O peor aún: que me odiases *se va a llorar a un rincón dramáticamente*
Peeeero no. Eres demasiado buena conmigo... ¡Muchísimas gracias! :D
Por cierto, yo lo de un reencuentro entre Will y Jace no lo veo muy emotivo, ¿eh? Es más, veo ahí una batalla campal entre dos machos alfas super egocéntricos jajajaja Ya se verá... ¡Un beso y un abrazo enooooooormes!

Malec -02: Tu hermana es terriblemente parecida a mi hermano, en serio: él me habla exactamente así xDDD
Debes ser la quinta persona ya a la que se lo digo, pero gracias por pensar que el fic tiene momentos graciosos. Soy suuuuuper penosa para hacer reír a la gente, así que me emociona saber que lo consigo :D
Al final elegí Elizabeth por una simple razón: estaba viendo Piratas del Caribe. Soy muy primaria, lo sé xD Aun así me encantaron todos los nombres. El último nunca lo había oído, pero me lo apunto porque me gusta :D Muchas gracias por todo, y perdona por no escribirte más, pero voy con muuuuucha prisa ¡Un besazo y otro super achuchón!

La semana que viene también actualizaré dos veces y lo haré con más tranquilidad, aunque no sé muy bien qué días. Supongo que miércoles y domingo de nuevo.
¡Nos leemos la semana que viene! ¡Os quiero!

PD: de nuevo perdón por no tener tiempo de corregir esto con calma.

PD2: "¿Tiene nombre? Que genial" Lo siento, querida, no pude evitarlo xDD