¡Y aquí estoy otra vez! ¡Libre por fin!
Este capítulo es un poco especial porque ¡No estaba planeado en absoluto! Tengo todos y cada uno de los capis de este fic planeados y apuntados meticulosamente punto por punto para solo tener que escribirlos. Pero de repente me vino esto a la cabeza y tuve que hacerlo.
Es bastante más corto de lo normal, pero no quería comenzar a escribir el capi que sí que tenía planeado porque me iba a hacer un lío.
Así que, bueno, ¡A leer!

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

¡Os adoro!

-Malec-02: *-* ¡Tenemos una conexión mental! ¿Ves? Si ya sabía yo que no te podía adorar simplemente porque sí... ¡Seguro que somos hermanas separadas al nacer! Ok, no. ¡Pero ojalá! :D
Que me digas que estabas leyendo mi fic en medio de tus clases es super halagador para mí. Estoy como: ¡Mi fic es más interesante que una clase de informática! Bueno, todas sabemos que las clases de informática no son muy divertidas... ¡Pero igual! :D
Querida: yo tengo una hemorragia nasal solo con pensar en Alec vestido con su ropa normal y apolillada (Grr... sexy...xD), imagínate cuando me pongo a pensar en él medio desnudo y empapado...y... Ay, que me pongo a fantasear ¡No me provoques! jajajaja
¡Un besazo enorme! Y recuerda: sigue molestando a tu hermana, porque un día ella crecerá y te molestará a ti. Es venganza preventiva (?) xDD
PD: Yo lo leí en físico en inglés, pero sí que me han dicho que se puede conseguir en pdf en español ya. Si no lo encuentras dime tu correo y yo se lo pido a alguien para poder mandártelo ;)

-Anairafuji: Que sepas que no tenía pensado hacer que los Herondale se reencontrasen, pero me has metido la idea en la cabeza y ahora voy a tener que incluirla en el fic. jajajaja, ya veremos cómo me las apaño :D
El nuevo pato de Alec es tan, pero tan, tan, tan malvado que va a tener al pobre Magnus contra las cuerdas (?) jajajaja. Me alegro de que te gustase lo del pato, creí que quedaría raro ¡Pero a todas os encantó! :D
¡Muchas gracias por tu review! ¡Te mando un super abrazo de pato! (?)


—Nos está vigilando.

—Magnus, por el Ángel, otra vez no.

— ¡Míralo! ¿Acaso no lo ves?

Mi hermoso nephilim, prácticamente desnudo y sentado a horcajadas sobre mí, giró su rostro para poder mirar a su espalda. Justo frente a la puerta de mi dormitorio se encontraba Jaery, nuestra "simpática" nueva mascota.

— Está dormido, Magnus— contestó con pesadez. Sentí cómo su peso dejaba de recaer sobre mí cuando empezó a incorporarse. Lo sujeté de las caderas justo a tiempo evitar que se alejase demasiado de mi cuerpo— Si no te apetece no tienes por qué forzarte, Magnus. Es normal.

— Alexander, para. Es completamente imposible que cualquier persona, por muy heterosexual que fuese, no te intentase violar viéndote tal y como estás ahora— Dicho lo cual me abalancé sobre él. Alexander gimió de satisfacción y enredó sus manos en mi pelo para profundizar más nuestro apasionado beso. Y entonces se me ocurrió abrir los ojos— ¡Oh, venga ya!

Tomé uno de los cojines de mi cama y estuve a punto de lanzárselo al pervertido pato fisgón con todas mis fuerzas. Lamentablemente Alexander alcanzó mi muñeca y la sujetó para frustrar mi intento de paticidio.

— Magnus…

— ¡Ese maldito pato me odia! ¡Conspira contra mí!

— Por el Ángel, hablas igual que Jace…

— ¡Y con razón! Ahora comprendo a William… Malditas bestias sanguinarias y absolutamente morbosas…

— Es el estrés, Mags. Los exámenes finales, la planificación de la boda de Jocelyn… lo entiendo, ¿Sabes? Has llegado a tu límite— Miré a Alexander con estupefacción.

— ¿Crees que me lo estoy inventando?

— Pues…— contestó él con cara de pena. Oh, no. No, no, no.

— ¡Alexander! ¡Ya te enseñé lo que hizo en la pared de la cocina!

— Es imposible que Jaery hiciera eso. Y es todavía más improbable que sucediese tal y como tú lo cuentas.

Sentí mi boca abrirse hasta límites insospechados a causa de la sorpresa.

— ¡Se estaba riendo y de repente rompió un pedazo de pared y-! Alexander, ¿Qué haces?

— Llamar a Elizabeth para pedirle consejo. Creo que deliras, Mags.


Quinto día consecutivo de mi cautiverio. Quiero morir…

Trastorno por estrés agudo. O por Dios ¡Yo no había estado estresado en toda mi vida! Estoy seguro de que se trata de este estúpido pueblo de mala muerte. Si no fuera por mi Alexander hubiese salido corriendo de aquí hace meses. Mi Alexander… Adopto una postura fetal y me escondo bajo las sábanas para intentar evadirme del mundo.

Todavía quedan dos horas para que Alexander salga de trabajar. Tengo que aguantar, tengo que aguantar…


— ¡Amoooooooor! — Grita Magnus mientras se me echa encima. Intento no perder el equilibrio mientras él recarga todo su peso en mí.

— Hola, Mags— Le beso suavemente la frente y él se aferra a mí con más fuerza— ¿Estás mejor?

— Ahora que estás aquí, sí. Pero esto es mortalmente aburrido. Nada de salir de casa, nada de televisión, nada de ordenador… si no llegas a venir tú me hubiese vuelto loco. Estar así me estresa más, te lo digo yo.

Lo besé con cariño mientras él por fin se separaba de mí y se iba a sentar en uno de los sillones de su siempre cambiante cuarto de estar.

— ¿Qué quieres hoy para cenar?

— A ti.

— Magnus…

— Nada de sexo. Vale, captado. Voy a meter mi cabeza en el horno, ahora vengo— murmuró él con voz apagada.

Odio verle así. Despeinado, sin maquillaje… No es que esté horrible ni nada por el estilo (Magnus es demasiado perfecto como para verse horrible. Estaría sexy incluso en un vestido con estampado de leopardo), pero a él le encantan cuidar su imagen, y verlo tan descuidado…

— Hey — Me acerco hasta quedar en cuclillas frente a él y lo atraigo hacia mí en un abrazo. Él simplemente se deja hacer mientras emite sonidos de satisfacción parecidos a los de un gatito— Esta semana vas a descansar, Magnus. Y la semana que viene te tocará volver a clase solo para hacer y corregir los finales. Después está la boda… y luego tú y yo nos iremos a Nueva York durante las vacaciones, ¿vale?

Por fin alza la cabeza y por su rostro se extiende una enorme sonrisa.

— ¿Estás seguro? ¿Vas a volver a dejar a tus hermanos a solas?

— Mis padres van a venir para acudir a la boda. Jocelyn los habrá invitado por cortesía, supongo— Acaricio suavemente su cabello mientras él cierra sus hermosos y extraños ojos y suspira de felicidad— Ellos se quedarán con mis hermanos.

— ¿Y tú qué excusa vas a poner?

— Jem va a marcharse de Londres a ver a Ellie, les diré que me voy con él.

— Dos semanas ¿eh? — Me sonríe con malicia— ¿Sabes todo lo que pienso hacerte en dos semanas completas a solas? No vas a poder levantarte de la cama, nephilim.

Noto mis mejillas sonrojarse con fuerza y siento la tentación de desviar la mirada, pero no lo hago. Este Magnus es lo más parecido al Magnus del que me enamoré que he visto en varios días. Y si para que vuelva a ser él mismo tengo que aguantar que mi cara tenga la misma tonalidad que el cabello de Clary…

— Podrás hacerme todo lo que desees, lo juro por el Ángel— Su sonrisa se extiende todavía más y yo empiezo a arrepentirme de mis palabras. Después de todo un Magnus depresivo tampoco está tan mal…

— Voy a hacer que te arrepientas de ese juramento, mi nephilim.

Creo que ya me estoy arrepintiendo.


La cena estaba absolutamente deliciosa. Alexander tiene un don para la cocina que se está desaprovechando enormemente.

— Estoy pensando seriamente en contratarte de cocinero personal, ¿sabes?

Alexander sonríe con timidez mientras termina de fregar los platos y se acerca hasta donde yo estoy para sentarse a mi lado. Yo aprovecho para acurrucarme junto a él.

— Lo digo completamente en serio. Te pagaré el doble de lo que te paga Luke. O el triple— Con tal de tenerte aquí para poder verte cada día te daría mi fortuna entera, nephilim. Mierda, Magnus, ese ha sido un pensamiento cursi incluso para ti.

— No podría trabajar para ti.

— ¿Por qué no? Y como me vengas con la tontería de que porque eres mi novio y blablablá…

— Pero es que es precisamente por eso, Mags. Además: me encanta mi trabajo. Es fácil, con buena compañía y me pagan bien. Y te recuero que si no llega a ser por el Taki's tú y yo nunca nos hubiésemos conocido.

— ¿Me estás diciendo que quieres seguir trabajando ahí para conocer a otro tío? — Él me pega juguetonamente en la cabeza y yo lo beso suavemente en la mejilla— Yo te hubiese encontrado, Alexander. No importa dónde te hubieses escondido: te habría acabado encontrando. Estaba escrito.

Alexander me rodea con sus brazos y noto un pequeño escalofrío recorrer su cuerpo.

— Te amo Magnus.

..

Estaba empezando a dormirme sobre el pecho de mi hermoso nephilim cuando su móvil empezó sonar. Alexander se desperezó lentamente y contestó al teléfono.

— ¿Qué pasa ahora, Izz-? ¿Qué? — Oh, no, por favor. Lo único bueno de toda esta porquería de estar enfermo es que mi novio ha podido dormir en mi casa las últimas noches— Izzy, voy a matarte. No. Sí. Vale, voy para allá.

Alexander colgó el teléfono con tanta fuerza que temí por la seguridad de la pantalla táctil. Cuando comenzó a ponerse de nuevo sus converse empecé a mosquearme.

— Tú no te vas a ningún lado— Bien, Magnus, bien. Compórtate como un niñato inmaduro, que seguro que tu novio no sale corriendo asustado.

Sin embargo Alexander me miró con ternura y acarició dulcemente mi mejilla.

— Ponte un abrigo, dormimos en mi casa— Sonreí con cierta vergüenza ante sus cariñosas atenciones y subí corriendo a mi habitación para coger el primer abrigo que encontré sobre el suelo; se notaba en su voz que mi novio tenía prisa.

Antes de salir por la puerta pude ver mi reflejo en el enorme espejo que había colocado en la entrada dos semanas atrás. Estoy horriblemente espantoso, ¿Por qué Alexander no me ha dicho nada?

..

Noto claramente la tensión en su cuerpo: sus manos apretadas sobre el volante, sus hombros sobrecargados con tirantez… ¿Qué han hecho ahora estos estúpidos mocosos? ¿Y por qué yo tenía que enamorarme del que seguramente era el único adolescente responsable de todo este pueblucho?

Alexander aparca frente a su casa. Puedo ver la puerta de entrada abierta y a una Isabelle desarreglada sentada en los escalones. Incluso yo me asusto. Miro a mi novio con preocupación cuando sale del coche, pero él se acerca a mi lado con tranquilidad y me ayuda a salir con delicadeza. Una parte de mi cerebro quiere gritarle que no estoy enfermo terminal, sino con un cuadro de ansiedad. Luego está la parte ñoña y acaramelada, que solo quiere abrazarse a él y dejar que me lleve en volandas como a las princesas de los cuentos.

Isabelle se alza cuando nos acercamos y noto la preocupación en su rostro. Y también hay algo de… ¿culpabilidad?

— ¿Qué ha dicho el doctor?

— Ha sido una leve intoxicación, nada grave. Le ha dado a Max unos somníferos para que no lo pase mal, así que ya está en su cama.

— ¿Y Jace?

— En el salón. Alec yo-

— No ha sido culpa tuya, Izzy. Ve a descansar, yo me ocupo de Jace.

Isabelle asintió en silencio antes de desaparecer a toda prisa hacia el interior de la casa.

— ¿Alexander?

— Mi hermana ha hecho la cena de esta noche.

— ¿Estás de broma? ¿Intoxicación alimenticia?— Alexander me había comentado que Isabelle no era precisamente buena en la cocina, pero yo simplemente creía que exageraba.

Alexander cerró la puerta con llave tras nosotros y no me soltó la mano en ningún momento mientras nos acercábamos al sillón donde Jonathan estaba tumbado mirando al techo. Cuando al fin pareció percatarse de nuestra presencia se incorporó de golpe y miró con fijeza a Alexander antes de clavar su mirada en mí. Acto seguido se levantó de un salto y me apuntó con un paraguas que había sacado de vete tú a saber dónde.

— Suéltale, maldito brujo, o tu sangre manchará mi espada.

¿Eh?

— ¡Atrás, he dicho! ¡Suelta a mi parabatai, engendro del demonio!

— ¿parabiqué? —Preguntó un Alexander a todas luces divertido.

Parabatai, por supuesto ¿Acaso has olvidado nuestro juramento eterno? — Preguntó Jace con indignación. Con indignación REAL. Me prometí a mí mismo no acercarme nunca a algo preparado por Isabelle— A donde vayas, yo iré. Donde tú mueras, yo moriré; Y allí seré sepultado. El Ángel será mi testigo y-

— Eso me suena gay incluso a mí, ¿sabes? — La cara de Alexander mostraba una extraña mezcla entre diversión y preocupación— Magnus, ¿Por qué no subes a mi cuarto? En seguida voy.

..

Llevaba unos veinte minutos revisando un viejo álbum familiar que Alexander tenía encima del escritorio cuando por fin mi novio entró por la puerta. Supuse que todo con Jonathan había ido bien, porque tenía una enorme sonrisa en el rostro.

— ¿Qué haces? — Me preguntó mientras se sentaba en la cama con cansancio.

A veces se me olvida que además de tener que estudiar para sus exámenes finales Alexander también está entrenando natación más de lo normal y sigue trabajando todas las tardes. Y luego están sus irresponsables hermanos y su estúpido novio… ¿Cómo puede ser que no sea él el que está con ansiedad?

Me subí a la cama con el álbum todavía en las manos y me senté en su regazo. Él simplemente me acomodó con ternura mientras yo volvía a admirar las fotos.

— ¿Quién es el hombre de esta fotografía?

Alexander dejó de juguetear con los mechones desordenados de mi cabello y miró hacia donde yo le señalaba.

— ¡Ah! Ése era mi tío Gideon, el hermano de mi abuelo. A su lado está su mujer, Sophie.

— ¿Era? ¿En pasado?

— Ambos murieron unos años antes de que yo naciera. Nunca a llegué a conocerlos, pero mi madre se llevaba muy bien con ellos. De él viene mi segundo nombre.

Aparté mi vista del atractivo hombre de cabello rubio y clavé mis ojos en Alexander.

— ¿Tu segundo nombre?

— Claro. Alexander Gideon Lightwood, ¿No lo sabías?

— Nunca me lo habías dicho —Le contesté con cierta molestia en mi voz.

— Supuse que ya lo sabías— Me contestó él mientras pasaba a la siguiente página del álbum— Ya sabes, cuando empezamos a salir te dedicaste a investigar todo mi expediente así que…

Lo pensé con detenimiento y me di cuenta de que tenía razón. Desde el principio cualquier cosa que yo quería saber sobre él la había averiguado por mi cuenta o preguntándole a otros. Alexander nunca se había negado a responderme nada así que, ¿por qué nunca le preguntaba las cosas directamente a él? ¿Miedo, quizás?

— Alexander, juguemos al 20 preguntas.

— ¿Al qué? — me preguntó con confusión.

— Ya sabes, el 20 preguntas. Yo hago una pregunta y tú la tienes que contestar con sinceridad y viceversa.

— ¿Y si no queremos contestar?

— ¿Vas a negarte a contestar algo?

— Lo decía por ti, en realidad. Siempre sueles esquivar mis preguntas sobre tu pasado— Vale. Eso también era verdad.

— Nada de evitar preguntas. Tenemos que contestar a todo.

Alexander pareció pensárselo durante algunos segundos hasta que por fin me dio una respuesta afirmativa. Sonreí como un niño de cinco años con un juguete nuevo, dejé el álbum de fotos sobre su mesita de noche y me recosté sobre él. Alexander me besó con dulzura antes de empezar a preguntar.

— Empiezo yo: ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

— Tus ojos. Definitivamente. Podría perderme en ellos— Alexander me besó la parte superior de la cabeza con cariño— ¿Qué es lo que más te gusta a ti de mí?

— Que seas tan diferente a mí pero que de todas formas siempre encuentres la manera de hacerme feliz.

— Oh, mierda. Eso fue tremendamente dulce, ¿Puedo cambiar mi respuesta? — Alexander sonrió mientras negaba con su cabeza.

— ¿Te arrepientes de haber venido a Idris? — Su cuerpo tembló casi de forma imperceptible. Mierda, ¿En serio? ¿A estas alturas?

— Nunca me arrepentiré de haberte conocido, Alexander. Pase lo que pase. ¿Por qué el caballo de tu hermana se llama igual que el gato de James?

— Porque tienen el mismo carácter horrible y a una inmadura Izzy de diez años le pareció divertido. ¿Cuándo te enamoraste por primera vez?

—Hace casi medio año, en una cafetería de un estúpido pueblucho conocí a un nephilim estúpido.

— ¿Qué? Yo creía que tú-

— Una pregunta cada vez, Alexander. ¿Cuándo y de quién te enamoraste tú por primera vez?

— Amor, lo que se dice amor…

—Alexander.

— De Jace, cuando estaba en mi último año de la escuela primaria.

¿Qué demonios?

— ¿De Jace?

— Una pregunta cada vez, Magnus— se burló Alexander— ¿Con cuántas personas has estado?

Tocado y hundido.

— Algún número entre cien y ciento cincuenta— Alexander se puso blanco como el papel y me miró con horror— Pero te juro que nunca había tenido una relación seria, Alexander. Era solo diversión.

— No sé yo qué es peor… —Comentó él mientras dejaba de juguetear con mi cabello para comenzar a retorcer un mechón del suyo propio entre sus dedos. Desvía el tema, Magnus. Desvía…

— ¿A qué se refería Catarina con que eres el dueño de medio Idris?

Alexander me miró con sorpresa. Vale: evasión completada con éxito.

— ¿Eso te dijo?

— Sí.

Alexander se quedó pensando durante unos interminables segundos antes de contestar al fin.

— Herencias familiares, ya sabes. Los Lightwood somos una de las familias más antiguas de Idris. Además: las propiedades son de mis padres, no mías.

— Pero serán tuyas algún día.

— Sí, bueno. Como la fortuna de mi abuelo, supongo.

— ¿La fortuna de tu abuelo?

— Tú ya habías preguntado, me toca: Si hubieses sabido desde el principio mi edad… ¿crees que ahora estaríamos aquí?

Pensé en aquel primer día en el Taki's, en mi enfado con Hodge y Jonathan. Recordé la primera vez que había visto sus hermosos ojos y su tierno sonrojo.

— Creo que tarde o temprano hubiese acabado entrando en tu casa a la fuerza para hacerte mío. Te hubiese secuestrado si hubiese sido necesario. ¿La fortuna de tu abuelo…?

— Mi abuelo Gabriel no estaba muy contento con ninguno de sus hijos, así que me dejó a mi todo su patrimonio. En aquel entonces yo era su único nieto, así que…

Lo miré con asombro.

— ¿A cuánto asciende ese patrimonio? — Alexander me miró divertido.

— A la otra mitad de Idris, que ahora mismo administra la hermana de mi madre, y a una pequeña fortuna.

— ¿Eres rico?

— Supuestamente lo seré cuando cumpla los dieciocho. Aún no tengo acceso a nada.

— ¡Pero eres rico! Y… espera, ¿Cuándo tus padres mueran vas a ser el dueño de todo el pueblo?

— La herencia de mis padres está repartida entre todos sus hijos, no solo es para mí. Además, ¿eso qué más da?

— ¡Eso es genial! William siempre ha tenido miedo de que solo te interesases por mi dinero pero… ¿tienes idea de lo ideal que es esto? Cuando nos casemos nadie podrá decirnos nada y… ¿Alexander?

Alexander, que hasta hacía un momento me había estado mirando con una sonrisa en la boca, estaba completamente serio y me miraba con curiosidad.

— ¿Cuando nos casemos? — Oh, mierda.

— Sigamos con el juego, Alexander.

— Muy bien. Me toca a mí: ¿Tú quieres casarte conmigo?

Lo miré fijamente tratando de comprender por qué había dicho algo así. Solo lo había dicho de manera inconsciente, pero me di cuenta de que era lo que realmente deseaba.

— Sí. No ahora, por supuesto; es demasiado pronto y tenemos mucho tiempo por delante. Pero sí: algún día quiero casarme contigo.

Alexander me miró fijamente y vi lágrimas acudir a sus hermosos ojos.

— Mierda— murmuró mientras se las limpiaba— Eso fue… perfecto, Magnus.

Tomé su rostro entre mis manos antes de unir nuestros labios con delicadeza.

— Te amo, mi Alexander.

..

— Creí que solo eran veinte preguntas. Llevamos por lo menos cien.

Alexander estaba terriblemente cansado después de varias horas hablando. Sus ojos se iban cerrando poco a poco y cada vez se le hacía más difícil mantenerlos abiertos. Yo me reí levemente mientras acariciaba tiernamente su mano, entrelazada con la mía, con mi pulgar.

— Venga, vale. La última y te dejo descansar de una vez— Pensé en algo que quisiese saber, algo que todavía no le hubiese preguntado. Una idea vino a mi mente con claridad— ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que Jonathan había dejado a Max en coma?

Los ojos de Alexander se abrieron de forma desmesurada mientras se incorporaba con violencia y a mí casi me manda directo al suelo.

— ¿Qué?

— Yo…

— Magnus, ¡¿Qué has dicho?!

— Jonathan fue el que golpeó a Max y lo mandó al hospital, ¿No lo sabías?

Cuando vi su cara completamente transfigurada por el horror me di cuenta de que no: obviamente Alexander no sabía nada.


¡Estoy de vacaciones! Solo tengo una semana media, peeeeeeeeeeero ¡Vacaciones al fin y al cabo!
Quiero mandar todo mi apoyo a todas las que todavía tenéis exámenes ¡Vosotras podéis! y en cuanto a las personas que ya han acabado los exámenes... Bueno, ya sabéis, si necesitáis ayuda para quemar el coche de algún profesor me avisáis y acudiré volando. Jajajaja, era una broma... No, en realidad no. Soy medio pirómana xD

Actualizaré de nuevo el domingo, aunque no sé a qué hora porque estoy muuuuuy vaga (vagaciones, ya sabéis)
Si os ha gustado el capi extremadamente improvisado, o el fic en general... o el genial pato de Alec... darle a favoritos, seguir y blablablá. Siempre lo digo, ya lo sabéis. ¡Os quiero!

PD: Ya sabéis que me encanta coger frases de la saga y adaptarlas al fic, pero por respeto a las que todavía no habéis leído COHF no voy a hacer spoilers.
PD2: Ese maldito y sensual pato ha tenido un éxito insospechado... creo que lo voy a hacer protagonista del fic (?) xD