En primerísimo lugar: ¡Perdón! Dije que actualizaría el domingo, pero me han surgido ciertos problemas familiares y no ha podido ser. De verdad que lo siento muchísimo. Os dejo mandarme ataques telepáticos por ser mala persona (?)

En segundo lugar: Este capi en un principio iba a ser más largo, pero, por los problemas que os acabo de mencionar, no ha podido ser. Lamento si parece un poco incompleto o algo por el estilo, pero quería subirlo hoy sin falta.

Y en tercer lugar... ¡Muchísimas gracias! Sé que en algunos capis anteriores he hecho alguna dedicatoria especial para determinada persona, pero la verdad es que estoy super feliz y super enamorada de todas y cada una de las personas que leéis este fic. Ya seáis esas encantadoras personas que me dejan un review, o aquellas que añaden mi historia a su lista de favoritos o seguir, o simplemente personas que leen mi fic pero que no tienen cuenta... ¡Muchas gracias!

¡Os adoro!

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.


— Estás perfecto, cielo— Alexander alzó sus ojos y los clavó en el espejo con aire crítico. El sencillo traje completamente negro hacía resaltar la palidez de su piel, y la corbata color celeste, sobre una camisa también negra, hacía juego con mi propio traje. Lástima que no me dejase ponerle purpurina también al suyo…

— Parezco un pingüino. O un pato mareado.

Jaery, que nos estaba mirando fijamente pese a los "Magnus, son imaginaciones tuyas" de mi nephilim, soltó un graznido enfadado y se dirigió hacia la puerta con andares de rey. Maldito pato egocéntrico y narcisista…

Alexander, sin embargo, salió corriendo a por él y lo cogió en brazos mientras lo mimaba como a un bebé.

— Lo siento, lo siento. Nunca más volveré a decir algo así, mi amor.

¿"Mi amor"? ¡¿"MI AMOR"?!

Jaery me miró con aire triunfal antes de que una histérica Isabelle llamase a gritos a Alexander y éste dejase a su mascota en el suelo y fuese a ayudar a su hermana. El maldito bichejo me miró con temor y yo sonreí cual asesino en serie que tiene arrinconada a su presa.


Cuando por fin Isabelle pareció relajarse al darse cuenta de que el collar que buscaba estaba en su cuello pude volver a la habitación de Magnus.

— ¿Magnus? — Pero evidentemente mi novio ya no estaba allí. Un sudor frío comenzó a descender por mi espalda y toda mi piel se puso de gallina; algo no iba bien— ¿Mags?

Volví a la planta de abajo y busqué con la mirada por el desordenado salón atestado de vestidos y zapatos de tacón. Aún ahora sigo sin comprender por qué Izzy está aquí. Sé que la relación con mis padres, que llegaron ayer por la mañana, no es precisamente buena. Y también sé que de alguna manera que ella esté aquí hace que mis padres no sospechen sobre mi ausencia. Pero… ¿Por qué diablos no se había ido a casa de Simon? ¿Y por qué Magnus le había tenido que comprar toda esa ropa? Maldita sea… como si no tuviese ya suficiente con una, ahora tenía dos divas nerviosas corriendo de un lado para otro probándose mil modelitos diferentes.

Cuando me asomé por la puerta de la cocina y vi a Magnus frente a los fogones mi malestar aumentó.

— ¿Qué haces? —Él pegó un bote a causa de la sorpresa y me miró con la misma cara con la que me mira Jace cada vez que encuentro uno de sus exámenes suspensos o una multa de tráfico— Magnus…

— Cocinar.

— Tú no cocinas. Nunca. Es más: estoy prácticamente seguro de que no sabes ni usar el microondas— Él estuvo a punto de rebatir mis palabras, pero pareció darse cuenta de que yo estaba en lo cierto, por lo que cerró la boca— ¿No estarás cubriendo a Izzy, verdad? ¿Ha vuelto a cocinar? Creí que le había dejado lo suficientemente claro que no la quería ver cerca de una cocina.

— Eh…Sí: es justamente eso. Y ahora ve a echarle el sermón a tu hermana, anda— Magnus se acercó a mí y comenzó a empujarme hacia el salón. Lamentablemente para él yo tenía mucha más fuerza; no pudo moverme ni un centímetro.

— ¿Qué estabas cocinando, Magnus?

— Sopa —Por fin desistió de intentar moverme y se dejó hacer cuando yo simplemente lo aparté a un lado y me acerqué para abrir la olla.

— ¡MAGNUS! ¡TE VOY A MATAR!

Mi hermana, alarmada por mi grito, apareció por la puerta con la curiosidad reflejada en sus facciones.

— ¿Qué hacéis?

— Sopa de pato.

— Voy a matarte, Magnus — Gruñí mientras sacaba a un empapado y aterrorizado Jaery de dentro su sentencia a muerte.

..

— Vamos, bebé: tienes que perdonarme— Solté un bufido enfadado y giré la cara para evitar sus ojos— No. No hagas eso, por favor. No me niegues tus ojos.

Magnus tomó mi cara entre sus manos y la acunó con delicadeza.

— Alexander… — Cuando unió sus labios con los míos intenté negarme con todas mis fuerzas, pero, para mi desgracia, cada vez que él me tocaba mi raciocinio se iba de vacaciones. Ahora mismo no recordaba ni por qué estaba enfadado. ¿Quién era Jaery? Magnus me recostó suavemente sobre su cama mientras se colocaba sobre mí— Estás tan perfecto con ese traje…

Atraje de nuevo su boca a la mía mientras él me acariciaba sutilmente sobre la ropa. Un extraño ruidito sonó desde la puerta de la habitación y ambos giramos la cabeza hacia allí. Isabelle, con Jaery envuelto en una toalla en una mano y el móvil apuntándonos en la otra, nos sonrió con picardía.

— Por favor, no os cortéis por mi presencia. El porno amateur está bastante de moda últimamente, y siendo vosotros dos los protagonistas…

— Oh, por el Ángel— Exclamé mientras apartaba la mano de Magnus de mi entrepierna. Miré a mi novio con preocupación: había estado demasiado tiempo callado. La cara de Magnus parecía tensa mientras que su ceja se arqueaba constantemente en un tic muy extraño— Izzy, ve a terminar de arreglarte, ¿Quieres? Al final vamos a llegar tarde a la boda.

— Vale, vale— Contestó ella sin dejar de sonreír— Aguafiestas.

Cuando Isabelle cerró la puerta tras ella me atreví a mirar a Magnus de nuevo. Tenía una cara tan absolutamente cómica que no pude evitar abrazarlo con fuerza. Él me lo devolvió mientras noté cómo su cuerpo comenzaba a relajarse.

— ¿Estás bien?

— Cuando te gradúes pienso secuestrarte. Esa desquiciada familia tuya no va a saber nada de ti en un año—Sonreí con cariño ante la idea. No estaría nada mal…

— ¿Y qué pasará con mis hermanos, genio?

— Sabía que sacarías ese estúpido tema…— Suspiró mientras me besaba tiernamente— el rubito e Isabelle ya están lo suficientemente creciditos y, sinceramente, estoy hasta las narices de tener que compartirte con ellos. Y Max…— susurró contra mi cuello. El aire cálido de su aliento me hizo estremecer de forma placentera— él podrá venirse a vivir aquí, con nosotros. Con su tendencia a evadirse de la realidad lo único que necesitaré serán grandes cantidades de cómics para tenerte para mí solito…

Tragué con dificultad ante la proposición encubierta que acababa de hacerme.

— ¿Quieres que me venga a vivir contigo?

— Por supuesto que sí— Dijo Magnus con ese exasperante tono de "no preguntes cosas que son obvias"— Viviremos juntos durante seis meses, luego me presentarás formalmente a tus padres y anunciaremos nuestro compromiso, nos casaremos al año siguiente y para ese momento Max ya tendrá edad de comenzar la secundaria, por lo que nos mudaremos a Nueva York y…

— ¿Y los niños para cuándo? —Magnus me miró, confundido— Como ya tienes planeado todo nuestro futuro…

— ¿Te estás burlando de mí?

— Un poquito— Le sonreí.

Él tardó algunos segundos, pero finalmente su ceño fruncido se convirtió en una sonrisa y me atrajo hasta él. Nuestras bocas se unieron con urgencia y Magnus no tardó mucho en volver a recorrer mi cuerpo con sus manos.

— ¡Magnus! — Oímos gritar a Isabelle desde la planta inferior— Jocelyn está al teléfono y quiere saber si puedes ir una hora antes para revisar la decoración.

Magnus se incorporó con lentitud, cualquier rastro de emoción eliminado de su rostro.

— Solo quedan tres meses— Intenté animarle.

— No creo que pueda contener mi instinto asesino tanto tiempo.


La ceremonia había sido sencilla, tal y como Jocey y Luke querían. Solo la familia y los amigos cercanos se habían reunido dentro de la pequeña capilla, pero ahora nos dirigiríamos al lugar donde se celebraría el banquete y, como no podía ser de otra manera, todo el pueblo estaba invitado.

Clary se reunió conmigo en una apartada esquina y siguió la dirección de mi mirada.

— ¿Cómo está Alec?

— He conseguido que Jon-… que Jace lo mantenga vigilado. Pero no puedo prometer nada.

— Ese hijo de puta tiene suerte de que no sea yo misma la que lo mate. Si hoy no fuera la boda de mi madre ya habría corrido la sangre.

En ese momento Jonathan Morgenstern se encontraba junto a Jocelyn y Luke, seguramente felicitándoles por su matrimonio. Su cara era fría, desprovista de cualquier signo de sentimiento… de vida…

— Ni siquiera parece humano.

— Eso es porque es un monstruo— me siguió la corriente Clary— Magnus, tenemos que irnos. Tú deberías estar allí antes de que mi hermano llegue, por Alec.

Le lancé una última mirada al maldito psicópata y me dirigí con Clary hacia uno de los coches.

— No es como si yo pudiese hacer mucho hoy, después de todo. Con todo el pueblo presente ni siquiera voy a poder estar cerca de él…

— Pero estarás ahí. Si Alec siente que tú estás protegiéndolo, aunque sea en la distancia, todo estará bien; tenemos que confiar en eso, Magnus.

Sonreí ante el magnífico cambio a mejor que había tomado mi relación con la pequeña pelirroja. Definitivamente tener a alguien como ella a mi lado para ayudarme a cuidar de mi nephilim era el mejor de los regalos.

..

El enorme jardín donde se celebraría el banquete y la fiesta de después estaba completamente abarrotado para cuando llegamos allí. Definitivamente no sería nada fácil encontrar a mi nephilim.

Reconocí a algunos de mis compañeros del St. Raziel, incluido cierto director con cara de pasa a quien tendría que esforzarme por evitar. Mierda. Puñeteras bodas de pueblo, ¿por qué tenía que haber tanta gente?

Clary, que iba agarrada de mi brazo mientras saludábamos a la gente, me apretó con fuerza y me indicó con la cabeza una dirección. Alcé la vista y vi a Isabelle, quien al final se había decidido por el deslumbrante vestido de pedrería. A su lado se encontraba Maryse, la mujer de aspecto frío que parecía ser una versión más adulta de su hija. No fue muy difícil adivinar quién era el hombre que estaba sujetando la mano de Max; Robert Lightwood podría haberse considerado un hombre atractivo si no fuera por esa mueca de desprecio y ese aire de superioridad que desprendía de manera automática. Me prometí a mí mismo dar las gracias a Dios más tarde por hacer que Alexander no se pareciese demasiado a ninguno de los dos.

— ¡Clary! —Llamó una voz a mis espaldas.

Noté a mi compañera tensarse mientras ambos nos girábamos para ver a Jace y Alexander acercarse hasta nosotros. Sonreí al darme cuenta de que el rubiales estaba agarrando con fuerza la muñeca de mi novio para que no se separase de él. Alexander, por otro lado, no parecía muy feliz.

— Estás borracho—Clary ni siquiera lo dijo como una pregunta. Miré detenidamente a Jace, pero no fui capaz de notar ningún tipo de diferencia: yo solo veía al mocoso maleducado de siempre.

— Desde hace más de una hora— suspiró Alexander— no sé cuánto tiempo más voy a poder mantenerlo alejado de mis padres.

— Se supone que eras tú el que tenía que vigilar a Alec, y no al revés. ¿Te das cuenta de lo irresponsable que eres? — No podría estar más de acuerdo contigo, Clary.

— Ese hijo de puta agredió a mi hermano pequeño, Clary. Si no estoy lo suficientemente borracho cuando venga aquí, en lugar de frenar a Alec lo que voy a hacer es ayudarle a torturarlo.

— A mí todo esto me sigue pareciendo demasiado exagerado, ¿Sabéis? No pienso hacerle nada. Es la boda de Jocelyn y voy a comportarme. Por lo menos hoy, ya cuando todo esto acabe pienso ir a Nueva York a castrarlo.

— Despellejarlo.

— Empalarlo.

— Pienso ponerme sus intestinos de sombrero.

— Yo me haré dos pendientes con sus ojos.

— Oh, por el Ángel— se quejó Clary— Estoy completamente a favor de sea lo que sea que vayáis a hacerle a mi hermano, pero no seáis tan gráficos.

Jace estaba a punto de replicar con lo que seguramente sería un comentario sarcástico al estilo Herondale (sigo sin comprender cómo no me di cuenta antes del parentesco), pero cerró la boca y adoptó un aire serio y formal. Alexander, a su lado, pareció tensarse aún más de lo que ya estaba.

— Ya está aquí.


Mientras cenábamos mi vista se desviaba una y otra vez hacia la mesa de los novios. Al lado derecho, junto a Luke, se encontraban Alaric y Gretel. En el lado de Jocelyn, sin embargo, estaban Clary y Jonathan. No sabía cuál de los dos hermanos me estaba poniendo más nervioso con sus miraditas: si Clary con su mirada de preocupación o Jonathan con su mirada penetrante que no se despegaba ni un segundo de mí. Jace volvió a pegarme un codazo nada disimulado.

— Auch.

— Disimula un poco, idiota. Al final Robert y Maryse van a darse cuenta de que lo sabemos— Me susurró entre dientes.

— Deberían habérnoslo dicho ellos mismos, y lo sabes.

— Ya, pero no lo hicieron. Y te recuerdo que nuestra hermana no sabe nada y es mejor que no lo sepa, así que…

— ¿Qué estáis tramando vosotros dos? — Nos preguntó mi madre con curiosidad mientras mi padre nos miraba de forma despectiva.

— Nada— dijimos Jace y yo al unísono.

..

Cuando la música comenzó a sonar y todo el mundo empezó a sacar a sus parejas a bailar mi humor empeoró más de lo que yo creí posible. Y cuando Magnus empezó a bailar con prácticamente cualquier persona que se encontraba ya no pude más. Aprovechando que Jace se había marchado al cuarto de baño y que Clary estaba completamente fuera de mi vista, me marché lo más aprisa posible.


La comida era deliciosa y el ambiente inmejorable. Definitivamente había hecho un excelente trabajo con esta boda ¡Y solo con dos meses! No quiero ni imaginar lo maravillosa que será la boda que tendremos Al-

Detuve mi baile con Isabelle y la miré fijamente.

— ¿Dónde está tu hermano?

Ella giró la cabeza hacia la mesa que la familia Lightwood había estado ocupando, pero allí solo estaban Sheldon y Max.

— Debe estar con Jace, tranquilo. Estarán en el baño o-

Algo no iba bien, estaba seguro.

Vi cómo Clary y Jace salían de la cabaña que habíamos habilitado para que hiciese la función de aseos. La ropa desordenada, las caras sonrojadas, la sonrisa radiante de Jace… olía a sexo a veinte kilómetros a la redonda. Y puede que eso me hubiese divertido en cualquier otro momento, pero no ahora.

— ¡Jace! ¡Clary! — Él me devolvió un saludo animado mientras yo iba a su encuentro; ella sin embargo parecía encontrar muy interesante las mangas vaporosas de su vestido verde— ¿Dónde está Alexander?

La cara de Jace se puso seria a la velocidad de la luz mientras Clary por fin se dignó a prestar atención.

— ¿Hace cuánto que no lo ves?

— No lo sé, estaba distraído. Se supone que eras tú quien debía estar con él.

— No soy su niñera, Bane.

— Chicos…

— No, por supuesto que no; pero él sí puede ser la vuestra, ¿verdad? Os pasáis todo el maldito día dándole quebraderos de cabeza, pero cuando es él quien os necesita es demasiado trabajo.

— Chicos…

— No te atrevas a opinar tan a la ligera sobre algo que desconoces. ¿Cuánto hace que sois novios? ¿Medio año? Llevo a su lado desde que éramos unos críos, no te voy a permitir que-

— ¡CHICOS!

Ambos nos giramos hacia Clary, que se había puesto roja como un tomate. Sus ojos parecían aguados y daba la impresión de estar a punto de tener un ataque de pánico.

— Tampoco veo a mi hermano por ninguna parte.


— ¿Me has echado de menos, Alec?

Cuando era pequeño mis padres solían traernos aquí los fines de semana. Corríamos a la orilla del lago, jugábamos al escondite entre los árboles cercanos… El Lago Lyn era parte de mi infancia, pero no había vuelto desde hacía muchos años ¿Por qué sería? Era un lugar hermoso, tranquilo… Quizás algún día deba traer a Magnus aquí. Tener una cita y esas cosas que hace la gente normal.

Jonathan se había acercado a mí por la espalda y apenas nos separaba unos cuantos pasos. Desvié mi vista del lago para fijarla en sus profundos ojos negros.

— ¿Quién podría echar de menos a alguien como tú?

Por un segundo su máscara de invulnerabilidad dejó entrever la sorpresa, pero duró tan poco que no estaba seguro de si habían sido imaginaciones mías.

— ¿Desde cuándo el gatito tiene zarpas?

Volví mi vista hacia el lago mientras comenzaba a acercarme más a su orilla. Tal y como esperaba: él me siguió.

— Vamos, Alec. Sé que nuestro reencuentro en el Pandemonium fue un poco extraño. Estabas nervioso por volver a verme, lo entiendo; pero llevo semanas buscándote ¿Sabes? Intenté contactar contigo el tiempo que estuviste en Nueva York, pero no hubo manera— Sonreí para mis adentros, complacido. Seguramente Magnus se había encargado de ocultarme de él— Por cierto, ¿Qué hacías tú en Nueva York? Creí que las grandes aglomeraciones de gente no eran lo tuyo.

— Estaba de vacaciones con mi novio— Le respondí con indiferencia.

Había llegado a la orilla del lago, el agua a escasos centímetros de mis pies. Me senté sobre los pequeños guijarros y comencé a lanzarlos al agua como si aquella fuese la cosa más entretenida del mundo.

— ¿Tu novio? Tú no tienes novio, Alec.

— ¿En serio? Qué cosas, yo creía que sí.

— Tú no puedes estar saliendo con ninguna persona que no sea yo ¿De verdad crees que alguien a parte de mí podría soportarte? Eres raro, huraño y malhumorado, tienes una belleza de lo más común que encima te empeñas en ocultar bajo todos esos estúpidos suéteres y ese horrible peinado. No tienes absolutamente nada que te haga único.

— Y tú sin embargo me has seguido hasta aquí.

— Porque eres mío, y yo no dejo que mis cosas vayan por libre, Alec: las ato en corto para poder manejarlas a mi voluntad.

— Un discurso precioso para enamorar a alguien. Si después de eso amenazas a su familia estoy seguro de que lo tendrás comiendo de la palma de tu mano. Aunque claro: ¿Para qué amenazar cuando puedes pasar a la acción directamente?

Jonathan, que se había adelantado para quedar frente a mí, me miró con fijeza. El agua empapaba sus zapatos y el bajo de sus pantalones, pero él parecía no darse cuenta de nada.

— ¿Sabes lo de Max?

— Eso parece.

Una macabra sonrisa se extendió por su rostro y recordé lo que Izzy me había dicho cuando él y yo cortamos.

— No es una buena persona, Alec. Tú no te das cuenta porque estás empeñado en ver lo mejor de cada uno, aunque esa parte sea ínfima. Jonathan está roto por dentro, Alec, y tú nunca podrías haber hecho nada para remediarlo; él nunca te hubiese querido como tú lo querías a él.

Supongo que saber que había atacado a mi hermano pequeño por fin me había hecho darme cuenta de la realidad. Aquel fatídico día volvió a mi memoria como si hubiese sido ayer.

— Necesito que te quedes con Max, Izzy. Me han cambiado la clase de tiro al arco y no puedo hacerme cargo yo.

— Tranquilo, no hay problema.

El sonido de flechas volando hacia las dianas y de las cuerdas al ser destensadas.

Mi móvil vibrando en el interior de mi casillero de los vestuarios.

Treinta y cinco llamadas perdidas, 15 mensajes de voz. Jace.

— ¡Alec, Alec! Son Izzy y Max. Por favor, Alec, contesta. Dime que tú estás bien.

El blanco inmaculado del hospital.

El rojo carmesí de la sangre manchando la camiseta de mi hermana.

— Ella está fuera de peligro, pero el pequeño…

Un abrazo fuerte, desesperado.

— ¡Oh, por el Ángel, Alec! No sé qué hubiese hecho si te hubiese pasado algo también a ti.

— Mamá y papá están de camino.

— Ha sido un robo, está claro. Seguramente no se esperaban que hubiese alguien en casa y tomaron medidas.

La casa pulcra, como siempre. No han robado nada.

— ¿Papá, estás seguro de que era por un robo?

— ¿Por qué otra cosa podría ser?

Las horas, los días, las semanas…

— Debéis haceros a la idea de que es posible que no vuelva a despertar.

Los llantos, las culpas.

— Fue mi culpa, Alec: yo estaba allí, yo debería haberlo protegido.

Y finalmente Max abrió los ojos.

— ¿Por qué lo hiciste, Jonathan?

— ¿Y por qué no?

Debería sentir rabia. Ahora mismo debería sentir un odio inmensamente profundo hacia él. Pero no siento nada. "¿Y por qué no?". Estuvo a punto de matar a mi hermano, ¿Solo para demostrar que podía hacerlo?

— ¿Qué clase de monstruo eres tú?

Otro tipo de sonrisa se extendió por su rostro. Ese tipo de sonrisa que hace unos años yo hubiese calificado como "amorosa". Tan vacía…

— Tú no tienes que preocuparte por nada, Alec—Susurró mientras acariciaba mi mejilla con su mano. Frío…—A ti nunca te haré daño.

— Pero yo sí que te lo haré a ti como no apartes tus sucias manos de él.

Abrí los ojos con sorpresa y clavé mi vista en Magnus, que se acercaba a nosotros con paso rápido y decidido. Detrás de él pude ver a mi hermano junto a Simon y dos hombres que no supe reconocer.

Jonathan se apartó lentamente de mí y miró a Magnus como quien mira a una cucaracha.

— ¿Y tú eres…?

— Su novio.

Jonathan volvió a mirarme justo cuando Magnus llegaba a mi altura y tiraba de mí para ponerme en pie. Sentí su brazo rodear mi cintura de forma protectora mientras me abrazaba contra su pecho.

Los dos hombres que venían con Magnus se detuvieron junto a Jonathan, que por fin pareció reaccionar y se fijó en ellos.

— ¿Quién os creéis que-? — Uno de los dos hombres, el más alto, había cogido su muñeca de forma brusca y le dobló el brazo hacia atrás de forma dura. El clic de las esposas sonó mientras Jonathan reía— ¿De verdad crees que esto va a servir de algo? Mañana mi padre volverá a soltarme y entonces— dijo mirándome fijamente— volveré a por ti.

Un escalofrío me recorrió por completo mientras Magnus me apretaba más fuerte contra su propio cuerpo.

— Tu padre tiene dinero, Jonathan, y también influencias— dijo mi novio— Pero nunca podrá superar el poder que tengo yo. No vas a volver a ver la luz del sol, Morgenstern.

..

Magnus dirigía el coche en completo silencio. Ni siquiera me había dirigido la palabra pese a mis intentos de entablar una conversación.

Cuando se llevaron a Jonathan, Magnus mandó a Simon de vuelta a la fiesta para avisar a Clary de lo que había pasado (aunque le hizo jurar y perjurar que no avisarían a Jocelyn, por lo menos hasta que ella y Luke volviesen de la luna de miel). Jace sin embargo había decidido irse a casa por su cuenta, pues decía que tenía cosas en las que pensar.

Cuando llegamos hasta su casa él abrió la puerta sin siquiera esperar a que yo terminase de salir del coche. Al entrar al interior todo estaba completamente a oscuras, pero pude distinguir una delgada figura sentada sobre uno de los sillones. Tenía la espalda encorvada, sus brazos reposando sobre sus piernas.

— Magnus— Susurré mientras cerraba la puerta a mis espaldas.


Lo noté acercarse hasta quedar de pie frente a mí.

— Magnus, háblame.

Apreté mis puños con fuerza, pero me negué a alzar la vista.

— Magnus, por favor.

Alexander se arrodilló frente a mí, quedando ambos al mismo nivel. Por fin clavé mis ojos en los suyos. Esos hermosos zafiros que incluso en medio de toda esta oscuridad brillaban con fuerza.

— Me lo prometiste, Alexander. ¡Maldita sea! ¡Lo prometiste! — Llevé mis manos hasta sus brazos, apretándolos de forma inconsciente mientras la rabia, el dolor y el miedo se apoderaban de mí— ¿Por qué tuviste que irte? ¡Te lo advertí! ¡Sabías perfectamente qué clase de persona era!

Alexander me miraba fijamente, sin apartar sus ojos de los míos. Ni una réplica, ni un intento de defensa. Un sollozo escapó de mi boca mientras las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas.

— ¿Qué hubiese hecho yo, Alexander? ¿Qué hubiese hecho yo si te hubiese pasado algo?

Lo abracé con fuerza, intentado cerciorarme de que él de verdad estaba aquí, conmigo. Alexander me devolvió el abrazo hasta que yo por fin pude calmarme y dejar de llorar.

— No vuelvas a alejarte de mí, por favor. No vuelvas a hacerlo.

Él simplemente acercó su rostro al mío y se dedicó a besar mis mejillas, recogiendo las lágrimas que habían quedado allí.

—Nunca más, mi amor, te lo juro.


Mmm... lo que yo decía, que me parece incompleto...
Pfff...
En fin, pequeñas mías. Ya sabéis: si os ha gustado debéis darle a favoritos, seguir, dejarme o un comentario o mandarme un mensaje telepático con vuestra opinión. Si no lo hacéis Jaery (el pato) os perseguirá y os llenará de picotazos. Yo os aviso...

Como este capi correspondía al domingo, no cuenta. El capi de esta semana intentaré subirlo el viernes por la noche o ya el domingo por la mañana. A ver si todo se tranquiliza por aquí x.x
Gracias por vuestra paciencia y, sobretodo, ¡Gracias por seguir apoyándome!

-Anairafuji: ... ... ... ¡Maldita sea! ¡Ahora me lo has metido en la cabeza y no puedo parar de pensar en ello!
Que sepas que pienso escribir la historia del pato (Por cierto, lo de: "Cómo conocí a Alexander" casi me mata de la risa xD). Seguramente la subiré como cap. extra cuando termine este fic, o puede que por separado. No sé, ¡Pero más te vale leerlo cuando lo cuelgue! ¡Es tu culpa! jajaja
Un abrazo enorme, querida ¡Gracias por todo!

-Malec-02: Te respondo de forma super rápida porque me acabo de dar cuenta de la hora que es y mañana tengo que madrugar mucho xD
Estoy muy triste por no poder saber más de ti por un tiempo, pero ni de lejos podría enfadarme por ello. Espero que cuando puedas volverte a poner al día con el fic me mandes algún comentario o algún mensaje privado para contarme lo que te ha parecido, ¡Me encanta lo efusiva que eres siempre en tus comentarios! Es super gracioso jajaja
Cuando termines COHF tenemos que hacer una charla sobre ello. Y cuando termines Free! también... (esos cuerpazos hay que comentarlos jujujuju)
Espero que todo te vaya bien y que disfrutes de tus vacaciones ¡Nos leemos a la vuelta, hermana!