Mmm... ¿Recordáis que cuando subí el último capi comenté que había cierta tecla que fallaba en mi ordenador? Pues resulta que, el lunes por la noche, fue el ordenador el que hizo plof. Después de siete años la placa base de mi pequeño ha muerto (Ave Atque Vale).
Hacía tiempo que no funcionaba muy bien, por lo que no me sorprendió mucho y cogí el dinero que siempre guardo para emergencias y al día siguiente, en cuanto terminé en el hospital, me marché a comprarme uno.

Pese a lo mucho que me costó volver a reescribir un capítulo prácticamente acabado desde cero en un ordenador al que no estoy para nada acostumbrada (esta tecnología tan moderna a mí me pierde, soy un espíritu medieval) pude acabarlo para el miércoles por la noche. Podría subirlo un poco más tarde de lo normal, pero al menos no faltaría a mi promesa.

Y entonces fui a subir el capi y... me di cuenta de que no me acordaba de mi contraseña de fanfiction. Vale, no pasa nada, hago que me manden un mensaje al mail con una nueva y ya está... Pero tampoco me acordaba de mi contraseña del correo electrónico. No me acuerdo de mi contraseña de NADA (¿Memoria de pez? ¿Yo?)
No he podido subir el capi hasta hoy porque he tenido que esperar a que mi querida amiga SMJ acabase los exámenes para poder acercarse a mi casa y hacer esas cosas que solo ella sabe en el ordenador. Gracias a ella tengo un montón de programas nuevos super útiles y he recuperado la practica totalidad de mis contraseñas ¡Gracias S.!

Ejem, a lo que iba. Siento muchísimo mi retraso. Las maravillosas personas que ya me leéis desde hace un tiempo sabéis que odio solemnemente no subir los capis cuando digo (hay pocas cosas que odie más que faltar a una promesa), pero esta vez no ha sido algo que yo pudiese manejar a voluntad.
Lo siento muchísimo, de verdad ¡No me odiéis, yo os sigo adorando!

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.


— Está usted llamando al teléfono móvil de Alexander "Perfección" Lightwood. Yo, el siempre magnífico Magnus Bane, he requisado este aparato infernal para que no volváis a jodernos las vacaciones. Si eres la magnífica Isabelle: llama a mi móvil, tú solo llamas en casos importantes. Si eres cualquiera de los demás mocosos del demonio que siempre me interrumpen en mitad de un buen polv-

— ¿Magnus, qué haces?

— Personalizar tu contestador

— ¿Qué demoni-?

— Deje su mensaje después de la señal.

..

Esta vez hemos tenido más cuidado que en nuestro último viaje a Nueva York y hemos decidido ir por separado. Desde mi asiento privilegiado en primera clase soy incapaz de saber qué está haciendo, pero me imagino que mi adorable novio de ojos azules sigue enfurruñado conmigo. Debería darme las gracias, el muy cabezota.


Hacía ya media hora que manteníamos esta odiosa conversación.

— Creo que vais demasiado rápido— Soltó Jem justo cuando yo creí que todo se había acabado.

Miré con frustración a mi amigo, que me devolvía la mirada desde el asiento del copiloto. Habíamos decidido ir los dos juntos en dirección al aeropuerto para así ahorrar dinero en el taxi y poder pasar unas últimas horas juntos, pero cuando Sebastian se ofreció a llevarnos él mismo en su coche todo parecía perfecto…

— ¿Se puede saber a qué viene esta emboscada? — …Y obviamente todo lo que parece perfecto no lo es— Porque te recuerdo que Elizabeth y tú os conocisteis hará unos tres meses, y aun así te vas a ir durante todas tus vacaciones a Londres para estar con ella.

Sebastian soltó una risita y Jem abrió la boca para contestar, pero yo fui más rápido.

— Además, Seb: no sé qué haces tú opinando sobre las relaciones de los demás. Nunca te has interesado de manera romántica por nadie, que tú seas asexual no te excusa de algo tan mezquino.

Jem fijó su mirada en Sebastian, que parecía haberse vuelto más pálido de lo que ya de por sí era y apretaba el volante con más fuerza de la necesaria.

..

No hubo más conversaciones, ni siquiera hubo ningún tipo de despedida una vez que llegó el momento de separarnos; Jem simplemente me dirigió una última sonrisa triste antes de marcharse junto a Sebastian. Tomé mi propio camino intentando alejar la amargura reflejada en el rostro de mi amigo, pero mi estado de ánimo empeoró cuando divisé a mi novio discutiendo a voz de grito con una azafata.

— Y yo le digo que no me importa el coste adicional. Quiero llevar mis ocho maletas conmigo, ¿Tan complicado es de entender? — ¿Ocho maletas? Por el Ángel…

— Lo siento mucho, caballero, pero ya le hemos dicho que el avión ha alcanzado su capacidad máxima. Podemos enviar su equipaje restante en el próximo avión y-

— Ah, no, de eso nada. Mis preciosos bebés no van a viajar lejos de mí — Sonreí con diversión mientras me acercaba hasta él, ¿Y luego es él el que está celoso de Jaery? Yo sí que debería de estar celoso de lo mucho que quiere a su ropa. Y a sus complementos. Y a su maquillaje… Estoy empezando a sentirme algo raro…

— No podemos hacer otra cosa, caballero.

— Pues quiero cambiar de vuelo y viajar en uno que sí pueda llevar todo mi equipaje ¡Me da igual si tengo que esperar aquí catorce horas!

— ¿Perdón? — Preguntamos la azafata y yo al mismo tiempo.

Magnus se giró hacia mí y me sonrió con dulzura antes de que yo le estampase mi mochila en la cabeza.

— ¡Idiota!

..

En el fondo sé que me he pasado un poco y que estoy siendo muy melodramático, pero es que ha sido un día demasiado extraño y asfixiante. Entre el constante quebradero de cabeza que ha supuesto para mis hermanos y para mí tener a mis padres con nosotros esta última semana, las suplicas de Izzy para que no la dejase a solas con ellos, los nervios antes de saber las notas del trimestre, la tristeza que me ha invadido cuando Jaery se negaba a separarse de mí (al final Clary ha tenido que apresarlo con fuerza entre sus brazos, ganándose un buen número de picotazos)...

Miro hacia mi derecha para observar al horripilante hombre que ha estado sentado a mi lado todo el viaje, roncando. Magnus debe estar ahora comodísimo en su asiento extremadamente caro.

… Y a todo lo anterior hay que añadirle el extraño cabreo de Sebastian, el cambio de billetes que nos ha retenido durante tres horas más de lo previsto en el aeropuerto y, por descontado, cómo olvidar el hecho de que mi novio ha destrozado mi móvil estrellándolo contra el suelo con la excusa de "no quiero ningún tipo de molestias".

Está claro que el viaje no comienza bien.


Comienzo a desperezarme cuando la coqueta azafata que ha estado intentado ligar conmigo desde que subí al avión me avisa de que estamos a punto de tomar tierra. Saco de mi bolsillo lo que queda del móvil de Alexander y lo miro con tristeza. Tal vez debería haber sido más comprensivo con él.

Mientras un empleado se dedica a cargar mis maletas en el coche que mis tíos han mandado a recogernos, yo miro con impaciencia hacia la puerta de desembarque. Íbamos en el mismo vuelo, es completamente imposible que mi nephilim esté tardando tanto. Puede que se haya cansado de mí. Puede que no quiera volver a verme. Quizá simplemente ha ido a comprar un billete para el próximo vuelo de regreso.

Estoy a punto de ir a buscarlo justo cuando lo veo aparecer entre la gente llevando del brazo a lo que parece ser la miniatura de un ancianita. Ella comenta algo entre resoplidos, a lo que mi novio responde con una suave risa mientras la guía hacia el exterior.

Cuando por fin la pequeña señora se monta en un taxi y se despide de mi Alexander dándole un mínimo de cuatro besos en cada mejilla, me acerco a él y lo abrazo por la espalda.

— Eres el ser humano más amable que he conocido en mi vida— Mi nephilim se tensa por mi abrazo, por lo que deduzco que sigue enfadado conmigo. Estoy a punto de soltarle cuando él guía sus manos a las mías y las aprieta con cariño.

— Obviamente ¿Por qué otro motivo iba si no a seguir saliendo con alguien como tú? — Por fin se dio la vuelta y quedamos cara a cara. Sé que a él no le hacen gracia las muestras públicas de afecto, pero él también sabe que yo odio tener que mantener nuestra relación en secreto en ese estúpido pueblucho. Por lo que, cuando uno su boca a la mía, no hay ningún tipo de rechazo por su parte salvo ese leve rubor del que yo nunca podría cansarme.

..

La escena se me hace bastante familiar cuando el coche se detiene frente a mi lujoso apartamento y yo salgo a toda velocidad para poder abrazar a mi tía. Sin embargo hay algo muy diferente esta vez: mi tío Will está sonriendo. Mi tío nunca jamás de los jamases me ha sonreído de una manera que no fuese burlesca y/o irónica. Cuando por fin deshago el agarre con mi tía me doy cuenta de que esa sonrisa no iba dirigida a mí.

Alexander y Will están hablando animadamente mientras ambos sueltan risas divertidas cuando de vez en cuando miran en nuestra dirección.

— ¿No es maravilloso que se lleven tan bien?

— Sí… absolutamente fantástico…— Contesto mientras le lanzo mi mirada más asesina a mi tío, que acaba de revolver el pelo de mi nephilim como si se conociesen de toda la vida.

— Bueno, después de todas las conversaciones telefónicas que han tenido en los últimos meses no es de extrañar que se tengan tanta confianza…

¿Conversaciones telefónicas? ¿Los últimos meses? Tío William, querido, acabas de ocupar un lugar destacado en mi lista negra.

..

— ¿Por qué no me habías dicho que hablabas constantemente con mi tío? — Abordé a Alexander en cuanto pudimos estar a solas de nuevo.

Esta vez he tomado la decisión de que nos quedemos en el ático nosotros solos; apagar los malditos móviles no es la única medida que pienso tomar para evitar que nos molesten. Alexander gira la cabeza para echarme un rápido vistazo, pero en seguida vuelve su mirada al frente para seguir colocando en el armario las pocas cosas que ha traído en su destartalada mochila.

La primera vez que me fijé en que mi nephilim no usaba esa ropa negra e insustancial solo para clases, si no que siempre iba con ella a todas partes, intenté confabular con Isabelle para mejorarle el armario. Su magnífica hermana y yo estuvimos toda una tarde buscando de tienda en tienda ropa que pudiera quedarle bien sin llegar a ser demasiado llamativa, de modo que él pudiese sentirse a gusto. Fue una idea espantosa; prefiero ir por la calle con un Alexander horriblemente vestido a volver a ver cómo las personas se lo comen con los ojos.

— No lo consideré nada del otro mundo; él simplemente me llama para saber cómo estás. Dice que tú solo les cuentas lo bueno y que de ese modo preocupas a tu tía.

— Vamos, que mi novio es un espía de mi tío. Genial.

Él terminó con sus asuntos en el armario antes de por fin mirar a su alrededor, su mirada recorriendo mi segunda planta favorita de mi magnífico edificio. Todas las paredes exteriores del ático eran de cristal, lo que, sumado al hecho de que el edificio es bastante alto, nos daba unas vistas nocturnas perfectas de prácticamente toda Nueva York.

Por fin su rostro pareció relajarse un poco, la incertidumbre desapareciendo de sus hermosos ojos.

— Siento lo de hoy— Murmuró cuando me coloqué junto a él sin llegar siquiera a rozarle. Aparté mi mirada del exterior y la clavé en sus ojos, que me devolvían la mirada algo temerosos— Lo de la mochila, quiero decir. Y también siento haberte llamado idiota.

— A veces soy un poco idiota, no te preocupes— Intenté suavizar la conversación.

— Sí, la verdad es que sí— Me contestó él tras soltar una tímida risita— Pero no es demasiado justo que sea yo quien te lo recuerde. Ya sabes, podría herir de gravedad tu purpurinoso ego.

Miré a Alexander con estupefacción antes de comenzar a reír. Él no tardó mucho en unirse a mi carcajada antes de que yo lo atrajese en un fuerte abrazo.

..

— ¿Por qué has estado tan irritable todo el día, bebé? — Le pregunté mientras esperábamos a que mis tíos se presentasen en el restaurante donde habíamos quedado para cenar.

— Ha sido un día un poco confuso, nada más— Susurró mientras seguía dando vueltas con el tenedor al contenido de su copa— Siento mucho haber comenzado nuestras vacaciones de forma tan terrible.

— Ya has pedido disculpas antes, y yo también te las he pedido a ti. Punto— Contesté antes de arrebatarle el tenedor de la mano— Me estás poniendo nervioso con eso— Acto seguido tomé su mano y la llevé hasta mis labios, besándola con delicadeza— ¿Qué es lo que te ha puesto de tan mal humor?

—Mmm…Sebastian, creo— Dijo mientras sus ojos seguían fijos en la unión entre mis labios y sus nudillos. Tuve que usar todo mi autocontrol para no saltar sobre él en ese mismo instante.

— ¿Tu amigo el simpático? ¿Qué ha hecho esta vez?

— Creo que he dicho algo que le ha enfadado. Ya nos habíamos enfadado antes, pero… Él parecía tan decepcionado…— Definitivamente hablar sobre otro hombre en la primera noche de nuestro viaje romántico no es algo que me apasione, pero prefiero acabar ya con esto y tener el resto de días sin preocupaciones.

— ¿Y qué es lo que le has dicho? — ¿Qué es absurdamente irritante? ¿Qué tienes unas ganas enormes de que se lance por un puente?

— Tanto Jem como él había decidido echarme la típica charla sobre nuestra relación. Ya sabes: como hicieron Jace e Izzy hace unos meses— Asentí con la cabeza, poco dispuesto a interrumpirle— Yo me enfadé porque, bueno, ya estaba bastante estresado en aquel momento. Entonces no sé por qué pero se me pasó por la cabeza la brillante idea de echarle en cara a Seb su asexualidad. No sé, como si eso fuese algo malo— Alexander atrapó su labio inferior entre sus dientes para acto seguido esconder la cabeza entre sus manos— Por el Ángel, soy un amigo terrible.

Espera, ¿la asexualidad de Sebastian?

— ¿Quién te ha dicho que él es asexual, Alexander? — No es posible. Es completa y absolutamente imposible…

— Nadie. Es obvio, ¿No? Nunca se ha interesado por nadie, ni por hombre ni por mujeres. Él es atractivo. No tanto como tú, por supuesto— Se apresuró a añadir cuando vio mi expresión— Pero precisamente por ser así… bueno, se le han confesado bastantes veces, y él siempre los rechazaba.

— ¿Y eso significa que él es asexual? A lo mejor simplemente no le gustaba ninguna de esas personas, o quizás esté enamorado de alguien más. Alguien que siempre ha estado con él, quizás— Vamos, cielo, es una indirecta muy directa.

— Pero siempre que yo le preguntaba el porqué de esos rechazos él me decía que ya tenía todo lo que necesitaba. Así que yo supuse… — Ambos suspiramos de exasperación al mismo tiempo, aunque estoy seguro de que no por el mismo motivo. ¿De verdad nunca se ha dado cuenta?

— Alexander, Sebastian está enamorado de alguien. O por lo menos le gusta mucho esa persona.

— ¿En serio? — Preguntó él con la decepción y la tristeza empañando su rostro— ¿Y por qué nunca me lo dijo?

— Nephilim-

Pero no pudimos acabar nuestra conversación, porque mi queridísimo tío William apareció en ese momento con una estúpida sonrisa en el rostro. Me libro de un Herondale y me aparece otro… Maldita sea mi suerte. Si Dios existe está claro que me odia por nunca haber creído en él.

— ¿De qué hablabais, tortolitos?

— De cómo voy a meterte a Jaery por el pescuezo para acabar así con dos de mis principales enemigos.

Sentí un inmenso dolor en el pescuezo cuando sendas collejas fueron dadas sobre él; una por parte de mi tía y otra por parte de mi novio.

— ¡Magnus!


— Y bien, ¿Qué tal os ha ido el día? — Preguntó Tessa cuando el camarero se marchó con nuestra orden— ¿El viaje ha ido bien?

— Teniendo en cuenta que aquí el señor "no quiero que me pagues nada" ha decidido viajar por su cuenta…

— ¿Y quién ha tenido la culpa de eso? — Le contesté fulminándole con la mirada.

— ¿La azafata que se ha negado a facturar todas mis maletas?

— Eres imposible… —Murmuré al mismo tiempo que Will levantaba su mirada del móvil y soltaba una risita.

— ¿Maletas? ¿Para qué narices has traído maletas? — Pues supongo que para vestirse, digo yo. William debió ver la confusión en mi cara, porque en seguida añadió mientras me miraba— Tiene toda una planta del edificio como armario.

— ¿Qué? — Miré a mi novio, que de repente parecía muy interesado en observar las lámparas que colgaban sobre nuestras cabezas— ¿Tienes una planta entera llena de ropa y aun así hemos tenido que esperar otro avión?

— ¿Nunca te ha enseñado el resto de apartamentos? — Me preguntó Tessa con incredulidad— Creí que él te los mostraría, por eso no te lo ofrecí… Pero si quieres yo misma puedo hacerte un tour guiado.

— La verdad es que me encantar-

Mi novio cubrió mi boca con una de sus manos mientras le dedicaba una enorme sonrisa a su tía.

— No te ofendas, tía Tessa. Me alegro muchísimo de haber podido venir a Nueva York y de haber podido veros… Bueno, a ti no— Añadió señalando a Will— Pero el motivo principal de este viaje es poder estar a solas con él— Dijo antes de besarme en la mejilla, todavía sin dejar de cubrir mi boca— No pienso prestarlo, ni a ti ni a nadie.

Una agradable sensación de calidez se extendió por mi pecho. Adoraba cuando él era tan tierno de esa manera suya tan especial.

— Vamos, que han venido aquí de turismo sexual y no quieren que nadie les moleste. Estás en su camino, Tess; los pobres chavales solo quieren tener unos cuantos orgasmos en paz.

— Exactamente— Le apoyó mi desvergonzado novio.

Tessa abrió y cerró la boca varias veces, boqueando como un pez. Estoy prácticamente seguro de su intenso rubor solo podía ser comparable con el mío.

— No me puedo creer que estéis hablando tan tranquilos de este tema en un sitio público.

— Soy tu marido desde hace años, Tess; y el señor purpurina es tu sobrino… ¿Tan poco nos conoces?

— Creo que sigue teniendo la absurda esperanza de que cambiemos a mejor con el tiempo.

— ¿A mejor? ¿Tú me has visto? Es imposible mejorar algo que ya es perfecto.

..

El resto de la cena se desarrolló en medio de una intensa y absurda discusión sobre cuál de los dos era más perfecto y cuál era mejor en la cama. Tessa y yo no tardamos demasiado en pedir la cuenta y salir corriendo de allí.

Magnus entró por la puerta del ático unos veinte minutos después de que yo lo hiciera. Tenía el cabello y la ropa completamente empapados por el aguacero que caía en estos momentos y no parecía demasiado contento.

— ¿Me acabas de dejar tirado? ¿Tú, mi dulce y tierno Alexander? — Preguntó con una extraña mezcla de enfado real y enfado fingido.

— Esa ha sido la cena más vergonzosa que he pasado en mi vida. Y quiero recordarte que Jace e Isabelle, don y doña perversión, son mis hermanos.

— Oh, vamos, nephilim-

— ¡Estabais hablando de sexo oral mientras yo intentaba comerme mi lasaña!

— ¿Y qué tiene de malo? Tú te querías comer una lasaña y yo hablaba sobre lo mucho que me guste que te comas otras cosas.

Lancé un chillido indignado antes de enterrar mi cara en la almohada intentando ocultar de alguna manera mi vergüenza; algo que, desde que salgo con Magnus, se había convertido en un gesto habitual.

— Dime que no acabas de decir eso.

— Tranquilo: le he dejado bien claro a William lo absolutamente maravilloso que eres en eso, si te hace sentir mejor— ¿Mejor? ¿Si eso me hace sentir mejor? ¿En qué clase de mundo vive este hombre?

Magnus, que había entrado al cuarto de baño, apareció de nuevo frotando su cabello con una toalla. Obviamente no había tardado nada en quitarse toda la ropa mojada y se paseaba desnudo sin ningún tipo de pudor ¿Cómo puede tener tanta confianza? Aunque, pensándolo bien, si yo fuese solo una décima parte de lo atractivo que es él tampoco tendría ningún complejo.


Al parecer mi fantabuloso plan no había resultado tal y como yo deseaba. Alexander no podía apartar su mirada de mi cuerpo desnudo, pero no había deseo en sus ojos. En ellos se reflejaba algo más profundo, un anhelo que yo ya había podido vislumbrar antes en esas facciones.

— ¿En qué piensas, Algodón? — Por fin su mirada volvió a enfocarse y me miró a los ojos con una pequeña sonrisa en los labios.

— ¿Algodón? Ni de broma, Magnus.

— ¿Guisantito? — Él hizo una mueca de disgusto— ¿Turrón?

— Prefiero seguir con el "nephilim" de siempre, gracias.

— Tú siempre serás mi nephilim, Alexander— Le contesté mientras me acostaba su lado. Acaricié su mejilla de forma distraída, simplemente intentando estar en contacto con él de alguna forma— ¿En qué pensabas?

— En lo perfecto que eres— Vale: golpe bajo. Lo miré con atención, intentado encontrar algún signo de mentira en sus sinceros ojos. Él arqueó una ceja con diversión mientras yo seguía con mi escrutinio— ¿En qué piensas tú?

— En las ganas que tengo de escuchar tus gemidos— ¿En qué otra cosa podría pensar si estás tumbado en mi cama con solo unos slip míos cubriéndote y encima me miras como si yo fuese lo más hermoso que has visto nunca?

— ¿Tú solo tienes sexo en la cabeza o qué? Tu tío y mi hermano tienen razón: parecemos conejos en época de apareamiento. ¿Cuando estás conmigo solo piensas en sexo?

— Por supuesto que no, pero, créeme: si tú te vieras con mis ojos tampoco serías capaz de aguantar mucho tiempo sin intentar violarte— Sus mejillas se tornaron rosadas, pero su rostro no se ablandó en absoluto— Cuatro meses, Alexander, ¡Cuatro meses! Estuve esperando cuatro meses desde que te conocí para por fin poder hacerte mío, ¿Tienes idea de lo que eso supuso para mí?

— Lamento muchísimo la larguísima espera— Me respondió con ironía— Quizá deberías haberte acostado con otras personas para no tener que aguantar tanto por alguien como yo.

Miré con cariño su rostro enfadado y me incliné sobre él, besándolo con suavidad. Sus labios se mantuvieron quietos, sin responderme; pero no me importó. Seguí besándolo con toda la ternura de la que fui capaz hasta que por fin él se rindió a mi toque. Alexander enredó sus manos en mi cabello y yo me coloqué sobre él, separando al fin nuestras bocas. Él soltó un gemidito de protesta y me miró haciendo un puchero.

— Desde el primer momento en el que te vi he sido tuyo, nephilim. Nunca podría haber estado con otra persona sabiendo que tú estabas por ahí, en alguna parte— Él me siguió mirando con escepticismo— ¡Oh, vamos! ¿Qué tengo que hacer para que me creas?

— Un mes— Respondió él.

— ¿Qué?

— Un mes entero sin sexo. Si lo consigues te creeré, si no…

Espera, espera, espera. ¿Está de broma? Tiene que estar de broma…

— ¿No crees que puedas hacerlo? — Miré a mi precioso novio, que todavía estaba bajo mi cuerpo, y me di cuenta de que él realmente estaba inseguro sobre esto. Sobre esto y sobre todo, ¿Cómo puedo hacerte entender lo especial que eres para mí? ¿Cómo puedo hacer que dejes de dudar sobre mis sentimientos por ti?

— Esperaré lo que sea necesario, nephilim— Aunque tenga que volver a mi malsano pasatiempo de fantasear contigo todo el santo día.

Definitivamente mis vacaciones no empiezan bien.


—Tres días. Tres días. Tres días.

— ¿Magnus? — Pregunté mientras me asomaba a la sala de estar donde mi novio había estado toda la tarde— ¿Ocurre algo?

— Tres días— Volvió a murmurar sin alzar la mirada hacia mí— Ya solo quedan veintisiete. Veintisiete. Veintisiete.

..

Odio los bares. Odios los clubes, las discotecas, los boliches, los antros o cualquier otro sinónimo de "sitio oscuro y lleno de gente donde parece que no hay nadie que no esté borracho". A Magnus, sin embargo, le encantan; y por mi culpa él ha estado algo decaído desde que llegamos a Nueva York así que…

Mi absolutamente sexy novio llama la atención allá por donde va, y obviamente este sitio atestado de gente no iba a ser la excepción. No sé con cuantas personas le he visto bailar en la hora que llevamos aquí. Y con "bailar" me refiero a eso que hace la gente de hoy en día: restregarse unos contra otros como si estuvieran teniendo sexo sobre su ropa.

Al final me he dado cuenta de que seguir mirándole solo va a hacerme más daño, por lo que ahora estoy sentado en la barra de espaldas a la pista de baile. El chico que está atendiendo la barra no ha dejado de mirarme. Supongo que pensará algo como: ¿Qué clase de bicho raro va a un local como este solo para estar sentado bebiendo una coca cola?.

Vuelvo a dirigir la vista hacia el último lugar donde había visto a Magnus, pero lo que veo no hace más que acrecentar el dolor en mi pecho y esos estúpidos celos se hacen cada vez más fuertes. Cuando me resigno de una vez por todas a pasar la noche viendo a mi novio "disfrutar" con otros, me vuelvo a girar hacia la barra y me topo con dos grandes ojos marrones que me miran con curiosidad.

— ¡Por el Ángel! — Grito mientras mi vaso cae al suelo, haciéndose añicos. Menos mal que la música en este sitio es estridente, porque esto es completa y absolutamente vergonzoso.

Sin embargo el camarero de los enormes ojos color chocolate me hace un gesto como quitándole importancia y me dedica una gran sonrisa.

— No pasa nada, tranquilo— Me dice mientras yo miro con vergüenza los trozos de cristal esparcidos a mis pies— Ha sido culpa mía por asustarte, lo siento.

Alzo la mirada y por primera vez me fijo en lo absolutamente atractivo que es. No es como si desde que salgo con Magnus nunca me hubiese fijado en ningún otro chico y haya pensado que es guapo, pero con la oscuridad que reina en este sitio y mis estúpidos celos cegándome…

— Siento haberme acercado de improvisto— Prosigue cuando se da cuenta de que yo no voy a decir nada— Pero parecías tan triste… Tenía que saber si podía hacer algo por ti.

Siento un intenso calor propagarse por mi cara y sé a ciencia cierta que ahora mismo debo estar completamente rojo.

— Mmm… No— Su cara se pone seria de repente y noto cierta decepción en su expresión— Quiero decir: eres muy amable y te estoy muy agradecido por preocuparte, pero no puedes hacer nada por mí.

— ¿Mal de amores? — Yo asiento levemente con la cabeza ¿Tanto se me nota? — Sea quien sea: esa chica no te merece.

— Chico— Le corrijo automáticamente. Me costó mucho salir del armario en su momento, pero desde luego no tengo ninguna intención de volver a entrar en él.

— ¿Chico, eh? — Una amplia sonrisa se extendió por su rostro antes de que su mirada me escanease de arriba abajo— ¿Estás seguro de que no puedo ayudarte de ningún modo? — Negué con la cabeza, algo nervioso— Bueno, entonces al menos déjame invitarte a algo más fuerte que una coca cola. Ya sabes, para olvidar las penas.

Miré una última vez a Magnus, que estaba muy ocupado bailando con una chica preciosa. Una chica. Al menos con un chico yo podría competir…

— ¿Y por qué no?


Mi maldito teléfono volvió a vibrar una vez más, la quinta llamada consecutiva. Me despedí con un beso en la mejilla de Kitty, una vieja amiga, antes de dirigirme hacia los aseos para poder hablar con más tranquilidad.

— ¿Y ahora qué pasa? — Pregunté con exasperación al ver el identificador de llamadas.

— ¿Magnus?

— ¿Quién iba a ser si no, tía Tessa? Estás llamando a mi móvil.

— ¿Dónde estás? — Preguntó ella, ignorando deliberadamente mi mal humor.

— En algún club de Brooklyn, ni idea de cómo se llama— Murmuré intentado recordar el nombre del local. Nada, no hay manera. Maldito alcohol…

— ¿Y Alec?

¿Alec? Alexander… mi Alexander…

— ¡Mierda! ¡Joder! — Me he olvidado de él. Estaba tan ocupado divirtiéndome que me he olvidado de la persona a la que más amo en el mundo. Imbécil. Gilipollas— Él también está por aquí. No sé dónde exactamente, pero hemos venido juntos. Debe de estar en-

— Está aquí, Magnus.

— ¿"Aquí"? ¿Dónde es "aquí"?

— Ha llegado hará unos cinco minutos, Magnus. Han subido directamente al ático.

Eso es bueno. Ha salido de aquí porque no le gusta la música y se ha ido directamente a casa. Solo tengo que coger un taxi y estaré allí de inmediato. No puedo haberla cagado tanto, él me perdonará. Él siempre me perdona.

Han subido directamente al ático.

— ¿"Han"? — Casi grité con desesperación.

— ¿Qué has hecho ahora, pedazo de imbécil? — Me contestó la voz de mi tío William— ¿Cómo narices te las apañas para joder todo lo bueno que hay en tu vida?

..

Alexander nunca me sería infiel. Él no lo haría, es demasiado bueno para eso. Él nunca me haría daño de esta manera. No lo haría.

Pero las imágenes de mi inocente ángel siendo manoseado por alguien más no paran de acudir a mi mente.

No, por favor. Por favor, por favor.

..

Bajé del taxi a toda velocidad y ni siquiera me digné en tomar el ascensor; saber qué demonios estaba pasando ahí arriba era demasiado urgente. Llegué al ático en una exhalación, sin sentir cansancio alguno por la enorme cantidad de escalones que había tenido de subir. Seguramente cuando se me pasase la adrenalina mis piernas comenzarían a flaquear…

Entré tratando de ser lo más silencioso posible, pero en el último momento, antes de abrir la puerta del dormitorio principal, me detuve. ¿Qué haría si era verdad? ¿Cómo podría vivir sin Alexander?

Abrí la puerta con inseguridad solo para encontrar a mi hermoso nephilim durmiendo en la cama. Me acerqué a él lentamente, temiendo despertarle; Alexander seguía con la misma ropa que antes, pequeños ronquidos salían de su boca entreabierta. Está bien, está bien. Él no se ha acostado con nadie, ¿Ves? Sabía que él no haría algo así. Pero de todos modos registré el apartamento de arriba abajo dos veces, por si acaso…

Finalmente me dirigí a la cocina para tomar algo que me ayudase a despejar mi mente. ¿Me habían engañado mis tíos? Y fue entonces cuando vi el pequeño post-it pegado a la nevera.

Lamento que no hayamos tenido más tiempo para conocernos, pero la verdad es que me encantaría volver a saber de ti. Si ese imbécil vuelve a dejarte solo… bueno, ya sabes dónde trabajo. Esta vez me aseguraré de que no bebas tanto alcohol, palabra. Esperaré tu llamada, ojos azules.

Pues ya puedes esperar sentado, mocoso de mierda.

Regresé a la habitación y me senté en la cama, lo más cerca posible de mi tierno nephilim.

—Ni siquiera borracho y enfadado has podido serme infiel, ¿Verdad? — Susurré contra su cuello. Alexander soltó un suspiro, pero no se inmutó y siguió durmiendo— No sé qué es lo que he hecho para merecer a alguien como tú, bebé, pero te juro que esta es la última vez que voy a dejarte solo.

..

Cuando me desperté a la mañana siguiente y no encontré a Alexander a mi lado me dio un mini infarto. Oh, Dios, ¿Me ha abandonado? ¿Se ha ido? Entonces escuché un sonido de sobras conocido por mí y me dirigí corriendo hacia el cuarto de baño.

Alexander estaba apoyado contra el váter, y tenía toda la pinta de haber soltado hasta la primera papilla.

— Menos mal que solo estabas vomitando— Le dije con un tono quizá demasiado feliz teniendo en cuenta las circunstancias. Él alzó la vista y me dirigió una mirada llena de reproche antes de que una nueva arcada acudiese y tuviese que inclinarse de nuevo— ¿Es tu primera resaca?

Obviamente, Magnus. ¿Cómo narices se iba a emborrachar Alexander si solo bebe agua y refrescos?

..

— ¿Estás mejor? — Susurré contra su pelo.

Alexander soltó un ruidito ahogado y se recostó más sobre mi pecho. Yo me acomodé mejor en el sofá y lo abracé con fuerza. Estaba atardeciendo en Nueva York, el precioso tono anaranjado del cielo pronto sería sustituido por la luminosidad de las luces artificiales de la Gran Manzana.

— No deberías haber bebido tanto— Alguien podría haberte secuestrado, violado, sodomizado… Alexander no respondió nada, así que insistí— ¿Por qué bebiste tanto alcohol?

— Lo necesitaba— Contestó él mientras todo su cuerpo se tensaba. Mi nephilim hizo un amago de incorporarse, pero yo se lo impedí haciendo uso de las pocas fuerzas que me quedaban. Afortunadamente él estaba incluso más débil que yo.

— ¿Esto es porque te dejé solo? Lo siento mucho, nephilim. Sé que odias esos sitios y aun así te arrastré hacia allí y te dejé de lado— ¿Cómo narices se me ocurrió hacer algo así? — ¿Podrás perdonarme?

— No fue por eso— Murmuró él mientras escondía su cara en sus manos.

Ah, ¿No?

— ¿Y entonces qué fue? — Él simplemente se encogió de hombros. De eso nada, bebé— Alexander, ¿Qué hice que te hizo tanto daño?

Por fin él me dirigió una mirada llena de dolor.

— No fuiste tú, fui yo. Ayer termine de darme cuenta de la verdad— ¿La verdad? ¿De qué demonios habla? — No soy suficiente para ti, y nunca lo seré.

— Alexander-

—No, no: déjame terminar. Sé que ahora tú crees que sí, pero pronto te darás cuenta de que yo no soy especial y de que has estado perdiendo el tiempo. Sería mejor que nos separásemos, cuanto antes se acabe esto-

— No— Gruñí.

— ¿Q- Qué?

— ¡NO! Tú no vas a irte a ninguna parte, ¿Lo entiendes? —Alexander abrió los ojos con sorpresa. ¿Qué demonios esperaba? ¿Qué lo dejase ir por las buenas? — ¿Quién demonios te ha metido eso en la cabeza? ¿Tu amiguito el del bar?

—No…

— ¿Entonces quién, bebé? — Le pregunté mientras hacía que se girase, quedado de cara hacia mí— ¿Quién ha sido?

— Tú… Parecías tan feliz ayer, rodeado de toda esa gente. Me di cuenta de que ese eres tú de verdad. Yo simplemente he estado conteniéndote, cambiándote— Alexander inspiró con fuerza antes de continuar— Tú no eres feliz estando atado, ahora lo veo claro.

¿Ayer? ¿Rodeado de gente? Ayer lo único que hice fue beber un poco y bailar con algunas personas y-… Oh. Una sonrisa se extendió por mi rostro antes de atrapar sus labios. Alexander casi se cayó de mi regazo por la sorpresa, pero yo me apresuré a atraparlo por sus caderas.

— ¿Estabas celoso?

Alexander se sonrojó con fuerza antes de desviar su mirada y clavarla en un cenicero en forma de gato que yo había hecho en la guardería.

— ¿Entonces es verdad? — Reí con diversión — ¿Tú estabas celoso? —Mi nephilim clavó en mí sus hermosos ojos, disgustado— ¡Oh, vamos! Yo creí que no sentías celos en absoluto, empezaba a preocuparme.

— Yo siempre estoy celoso— Murmuró él mientras bajaba de nuevo la vista.

— ¿Qué? No. Tú nunca me has dicho nada.

— Lo odio. Odio cómo te mira la gente. Odio pensar en la cantidad de personas con las que has estado antes de mí. Odio que la boda de Jocelyn sacases a bailar a prácticamente todas las personas pero nunca te acercases a mí… Lo odio, lo odio, lo odio— Me quedé completamente paralizado.

— ¿Por qué nunca me dijiste nada? — ¿En la boda de Jocelyn? ¿Por eso se alejó de la fiesta? ¿Por eso dejó que ayer un desconocido lo emborrachara y lo trajese a casa?

— Porque no quiero ser una carga para ti. Estar celoso es un problema mío, no tuyo. Bastante has hecho por alguien tan trivial como yo, no puedo pedirte más.

¿Trivial?

— Alexander…— Susurré contra sus labios cuando atraje su cara hacia la mía—…Tú no eres trivial.

Mi nephilim terminó de unir nuestros labios y yo sonreí cuando por fin sentí cómo su cuerpo se relajaba contra el mío. No pienso dejar que vuelvas a sentirte así, Alexander. Tú eres mi vida. Esta noche pienso llevarte a una cena romántica, y luego iremos a dar un-

— Magnus…— Susurró él contra mi oído mientras su cuerpo se presionaba contra el mío. Solté un pequeño gemido cuando su rodilla rozó levemente cierta parte de mi anatomía— … no creo que pueda esperar todo un mes…

Aunque, la verdad, las cenas románticas están terriblemente sobrevaloradas.

— Mañana no vas a poder levantarte de la cama, Mejillas dulces.

Alexander simplemente se rio antes de levantarse y tirar de mí en dirección al dormitorio.


¡Por fiiiiiiiin he podido subir este capítulo! ¡Y por fin puedo volver a hacer capítulos de una longitud decente!
Os he echado de menos, pequeñas mías. De nuevo perdón por todo el retraso.
La semana que viene actualizaré el jueves (ya me toca volver al trabajo y la rutina...) Pero me gustaría hacer un mini capi antes que ese, algo así como una compensación por ese retraso. No sé si me dará tiempo, así que no prometo nada ¡Pero lo intentaré!

Obviamente no he podido contestar reviews, me pondré a ello en cuanto vuelva de la cena que le he prometido a S. por su ayuda, (me va a arruinar, esta chica come como un regimiento...). Pero que sepáis que los he estado leyendo todos mientras corregía esto (no he podido evitarlo, amo vuestro RR) y cada día os amo más a todas ¡Sois encantadoras!
Gracias de nuevo a todas por vuestra paciencia y por ser tan buenas, ¡Me marcho, que me están amenazando con un tenedor! ¡Os quiero!
Un abrazo gigante y super especial para Malec y Anairafuji, cuyos comentarios no puedo responder ahora mismo pero que responderé en el próximo capi ¡Múchísimas gracias a ambas!