Dos semanas... 14 días...
Madre mía, ¡Es demasiado tiempo sin actualizar! Juro solemnemente no volver a tardar tanto a no ser que sea un motivo de fuerza mayor.
Y aun así me esforzaré para que esto no vuelva a pasar ¡Os he echado terriblemente de menos!
En fin, que ya me estoy liando otra vez...
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
-Anairafuji: Alec es un pervertido e irá al infierno por ello. Seps… Yo no soy culpable de nada, son los personajes los que me susurran al oído lo que quieren que escriba (esa escena en concreto fue una insistencia de Magnus, yo no tuve nada que ver jajajaja).
Lamento haber tardado tanto en subir un nuevo capi ¡Odio dejar de escribir tanto tiempo! Espero que no vuelva a ocurrir en lo que queda de fic así que ¡Gracias por los ánimos! *-*
¡Nos leemos!
-Jaqui: Muchas, muchísimas, muchisísimas gracias, querida. Ya lo he comentado un montón de veces, pero estoy muy pero que muy insegura con todo este fic (es el primero, soy muy inexperta, etc). Cuando comenté que no sabía si seguir fue porque realmente estaba aterrada de que ese sentimiento de "decepción" (no sé cómo definirlo, dejémoslo así) que me entró al ver que fics que amaba ahora me aburrían… bueno, no quería que las personas que seguís mi fic lo sintieseis también.
Y… bueno. No sé. ¡Muchísimas gracias por todo! Un abrazo enorme, querida ;)
Jace aparcó frente a la casa de Magnus y esperó en el coche mientras yo ayudaba a mi novio a bajar todas las maletas. Y con ayudar me refiero, obviamente, a que él abrió la puerta de su casa mientras yo cargaba con todo el equipaje hasta su habitación.
— Acuérdate de recoger a Jaery— Le dije mientras bajaba al piso inferior. Magnus estaba al pie de la escalera, mirándome con una sonrisa en el rostro. Imágenes de lo ocurrido en el avió acudieron a mi mente y sentí mi rostro arder mientras desviaba la mirada hacia la salida— Te veré esta noche.
Intenté marcharme de inmediato, pero él se colocó frente a mí impidiéndome seguir mi camino.
— No tienes nada de qué avergonzarte, Alexander— Susurró mientras unía nuestras frentes.
— No me avergüenzo de nada— Refunfuñé haciendo un puchero. Magnus rió con ganas antes de besarme la punta de la nariz.
— ¿Y entonces por qué te niegas a mirarme? —Dejé de mirar la extraña y colorida alfombra nueva del salón y fijé mis ojos en los suyos— Eso es, amor. Sabes que odio-
— No ver mis ojos— Completé con una mueca— A veces creo que solo sigues soportándome por mis estúpidos ojos.
Magnus soltó una carcajada mientras me guiaba hacia el exterior.
— Tus preciosos ojos son un buen incentivo, pero no es lo único que amo de ti.
— Eso dices tú— Murmuré mientras abría la puerta del coche. El sonido estridente de la música que Jace estaba escuchando casi me dejó sordo— ¿Nos vemos esta noche?
Magnus dedicó una mueca de disgusto a mi hermano, que se la devolvió con aire de suficiencia.
— ¿Es necesario que éste también venga? —Abrí la boca para contestar algo, pero Jace se me adelantó, alzando la voz para que pudiésemos escucharle sobre la música.
— Resulta que "éste" forma parte de la familia, querido profesor. Y también resulta que "éste" conoce vuestro sucio secretito.
— Nuestro amor no tiene nada de sucio. Es puro y sincero como los cantos celestiales.
— Por el Ángel… Alec, hazme el favor de dejarme elegir a tu próxima pareja. Creo que ya has dejado bastante claro que no sabes escoger adecuadamente.
— Estúpidos Herondale…— Murmuró Magnus mientras cerraba mi puerta una vez que yo estuve acomodado— Te veo luego— Dijo cambiando su mirada a una más tierna mientras se inclinaba sobre mi ventanilla abierta para besarme— Te echaré de menos.
— Te amo.
..
— Conozco todo eso de la sinceridad con la pareja y esas cursilerías de no ocultarle nada a la persona con la que sales ¿Pero de verdad era necesario contarle lo de mi apellido?
— Creí que tu apellido era "Lightwood".
— Alec…
— En realidad fue cosa mía. No he querido decírtelo antes porque sé cuál será tu reacción.
— ¿Mi reacción respecto a qué?
— Magnus conoce a otro Herondale. Un pariente tuyo, al parecer.
Jace se quedó callado durante unos minutos, concentrado en la carretera. Debe de ser la primera vez que presta atención a las señalizaciones viales en toda su vida.
— ¿Sabías que yo te diría que no quiero volver a saber nada más del tema?
— Lo intuía, sí.
— Entonces perfecto— Inmediatamente su rostro, serio hace unos segundos, volvió a adquirir esa expresión maliciosa tan característica suya— ¿Qué tal las vacaciones? ¿Placenteras? No sé por qué tengo la sensación de que esas ojeras no se deben al avión.
— ¿Quieres que hablemos de lo que sucedió entre Clary y tú el día de la boda de su madre? — Punto para mí. Jace se quedó pálido y por un segundo perdió el control del coche, que se desvió de manera brusca hacia la izquierda— Jace, la carretera ¿Pretendes matarnos?
Mi hermano me miró de reojo un segundo antes de volver la vista al frente.
— Tu novio es un bocazas.
— Creía que estarías alardeando de ello como loco. ¿No es lo que llevas deseando desde que la conociste? — Después de tanto tiempo detrás de ella se me hacía tremendamente raro que no lo hubiese mencionado ni una vez.
— No es el momento de hablar de esto— Me contestó justo cuando entrábamos en el terreno de nuestra casa— Hablaremos de ello más tarde— Asentí con la cabeza mientras Jace aparcaba y ambos bajábamos del coche— Y Alec…
— ¿Mmm? — ¿Y mi mochila? No me digas que la he dejado en casa de Magnus…
— Si mamá pregunta dirás que has conducido tú hasta aquí, ¿Vale? Es mejor ahorrarle disgustos innecesarios— ¿Y ahora qué demonios hago si mi madre me pregunta por mi equipaje?
— Si de vez en cuando dejases de saltarte las normas a tu antojo nos evitaríamos esos "disgustos".
Jace sonrió con felicidad mientras abría la puerta y entraba en la casa.
— Eres taaaaaaaaaaaaan aburrido.
..
Toqué tres veces a la puerta antes de que por fin mi hermano me dijese que podía pasar.
Siempre me resultaba extraño entrar en el dormitorio de Max. Por una parte esta habitación me encantaba porque era un reflejo de la personalidad y los gustos de mi hermano pequeño, pero por el otro… cada vez que entraba parecía que Max se había comprado veinte cómics más, y la habitación estaba tan atestada de estanterías a rebosar de libros que era muy agobiante. Incluso el armario de Magnus era menos claustrofóbico que esta habitación.
Max estaba recostado al borde de la cama. Sus pequeñas piernas colgaban del colchón mientras él las balanceaba sin cesar. Apartó la mirada del manga que tenía en las manos y me miró con curiosidad.
— No te esperaba hasta mañana.
— Mamá y papá quieren hacer una cena para conocer a Magnus esta noche, por eso he vuelto antes de lo previsto— Max se incorporó y se sentó cruzando las piernas mientras yo intentaba estabilizar una pila enorme de cómics de "Naruto" que había sobre su mesilla de noche.
— Creía que no sabían que tú y Magnus erais novios.
— No lo saben— Aclaré mientras me sentaba junto a él y adoptaba su misma postura— Y no deben saberlo, ¿Comprendes?
Max ladeó la cabeza mientras me miraba fijamente antes de asentir enérgicamente.
— Me gusta Magnus. Desde que él está por aquí tú pareces feliz.
— Yo siempre he sido feliz cuando estaba con vosotros.
— Ya, pero no lo parecía. Él te hace bien— Miré a Max con curiosidad mientras él volvía a fijar su atención en la lectura— Aunque sigo sin comprender por qué debéis ocultarlo. Amar a otra persona no es nada malo, ¿verdad? Los adultos sois tan raros…
..
— Desde tu regreso has hablado con todos menos conmigo. Me siento terriblemente ignorada.
Me negué rotundamente a abrir los ojos. Necesitaba descansar, y las tonterías de mi hermana no iban a impedírmelo.
— Alec, te estoy hablando.
Escondí mi rostro bajo la almohada mientras tapaba mis orejas con mis manos. No estoy, no estoy, no estoy…
— ¡ALEXANDER GIDEON LIGHTWOOD!
Me incorporé mínimamente sobre mis codos mientras intentaba matar a Isabelle con la mirada. Mi hermana, escasamente cubierta por una sudadera con el mensaje "Made in Brooklyn" que obviamente no era suya, ignoró mi obvio mal humor y se lanzó sobre mí como si no fuese más que un tierno gatito. Lamentablemente este gatito pesa más de cincuenta kilos y casi me deja sin respiración.
— Izzy, quítate de encima, ¡Ahora! —Isabelle se movió lo suficiente como para quedarse tumbada a mi lado y me miró haciendo un puchero que a otro podría haberle parecido tierno, pero que a mí me resultaba exasperante— Solo quiero dormir, ¿Tan complicado es de entender?
— ¿Y tanto te cuesta a ti comprender que quiero saber tooooooodos los detalles del viaje? Ya sabes: los lugares que habéis visitado, qué habéis comido, en cuántas posturas lo habéis hecho…
— Por el Ángel, Isabelle…
— Te he echado de menos.
Una sonrisa se extendió por mi rostro mientras miraba a mi hermana.
— Papá y mamá no te han dejado salir de fiesta en toda la semana, ¿Verdad?
— Recuérdame que no vuelva a meterme con tu manera de llevar la casa nunca más.
..
— Es demasiado formal, Izzy. Después de todo solo es una cena.
—Sí, una cena. Una cena en la casa de tu sexy novio secreto— Isabelle terminó de recolocarme la camisa y se alejó unos pasos para poder observarme de cuerpo entero. Su mirada de decepción fue muy clara— Tienes razón, es demasiado formal. Probemos con la azul.
Mi alocada hermana se puso a rebuscar en mis cajones hasta sacar una camisa azul eléctrico que yo no siquiera recordaba haber visto antes. Acto seguido sacó unos pantalones negros que parecían ser unas tres tallas más pequeños que mis prendas habituales.
— Izzy —Comencé mientras trataba de meter mi pierna derecha por el estrecho hueco del pantalón— ¿Ha llamado Sebastian por casualidad?
— ¿Sebastian? —Inquirió mientras seguía rebuscando algo en mi armario— No, ¿Por qué?
— Por nada en especial— ¿Seguiría enfadado conmigo?
Cuando al fin fui capaz de abrocharme esas malditas prendas infernales recibí una auténtica sonrisa satisfecha de mi hermana.
— Definitivamente el azul es tu color. Magnus no podrá quitarte los ojos de encima— Dijo la mar de feliz— Si te vistieses así siempre no tendría que avergonzarme de que el resto de personas supiese que eres mi hermano.
¿Gracias?
El viaje en coche hasta casa de Jocelyn se me hace terriblemente corto. Tengo muchísimas ganas de ver a mi gato, pero desde luego preferiría mantener aquí al maldito pato unos días más. O para siempre. El único motivo por el que todavía no he desplumado a ese bichejo es porque sé que Alexander jamás me perdonaría.
Cuando Clarissa abrió la puerta y me vio allí plantado juro que lloró de felicidad.
— ¿Vienes a por el pato endemoniado? —Me preguntó emocionada.
Nuestra querida mascota hace amigos allá por donde pasa.
..
Cuando por fin llegué a mi casa y pude relajarme eran las doce del mediodía. Los Lightwood no llegarían hasta las nueve de la noche, por lo que tenía tiempo para poder echarme una pequeña siesta antes de ponerme a preparar todo.
En cuanto dejé a Presidente en el suelo inmediatamente se marchó corriendo y desapareció. Seguramente no volveré a verlo hasta dentro de una semana. Sin embargo aquí está mi plumoso archienemigo, mirándome descaradamente mientras me cambio de ropa.
—Sigo diciendo que eres un pato morboso y pervertido.
Cuando me disponía a acostarme simplemente con mi ropa interior me fijé en la presencia de la desastrosa mochila de Alexander junto a mis maletas. Rebusqué en su interior hasta que encontré una de sus sosas y adorables sudaderas. Me puse la prenda y me acosté en la cama, llevando las mangas a mi nariz para poder oler su aroma y fingir que está conmigo. Dios… odiaré terriblemente tener que volver a dormir separado de él.
El estúpido pato pegó un salto, se subió a la cama y se acercó hasta mí con mi peluche de Haru en el pico. Una vez que dejó el peluche a mi lado, él mismo se acurrucó y cerró los ojos.
Después de todo no es tan terrible.
..
O sí.
— Pato de las narices… Pienso hacer sopa contigo para dársela de cenar a tus abuelos— Jaery me picoteó con más ahínco mientras sus graznidos se hacían más fuertes.
Finalmente desistí de volver a dormir y me incorporé en la cama mientras intentaba agarrar al animal para estrangularlo. Alexander me ama, seguro que me perdonará…algún día.
Por pura costumbre miré el reloj de reojo antes de comenzar a desperezarme. Volví a mirarlo mientras pestañeaba repetidas veces. No puede ser. Las nueve menos veinte.
— ¡Mierda! —Bajé de la cama de un salto y me dirigí a toda velocidad a mi vestidor con Jaery pisándome los talones—Pato del demonio, ¿Por qué no me has avisado antes?
Jaery me miró con enfado antes de darme un fuerte picotazo en el pie izquierdo y marcharse con andares indignados. He visto a personas mucho menos humanas que ese pato.
Me metí en el baño a toda velocidad y me pegué la ducha más rápida de mi historia antes de vestirme en un tiempo récord. Intenté arreglar lo máximo posible mi habitación (que gracias al cielo Jocelyn se había ocupado de mantener limpia) y bajé a la planta inferior justo cuando mi adorada asistente entraba por la puerta.
— Jocey, dime que me has traído la cena— Prácticamente lloriqueé.
Ella sonrió, divertida, mientras alzaba las bandejas tapadas que llevaba en los brazos.
— Quedan más en el coche, haz el favor de ayudarme.
..
Me asomé a la ventana y vi las luces de los coches mientras aparcaban en la entrada. Vale, Magnus, tranquilo. Solo son tus suegros. Los estrictos y ausentes padres de tu novio ocho años menor que tú. No pasa nada, no pasa nada…
El timbre sonó repetidamente y escuché cómo Maryse regañaba al rubiales por ello. Me miré en el espejo de la entrada una última vez y comprobé, para mi total desagrado, que hoy no estaba tan deslumbrante como de costumbre. Malditas prisas…
Abrí la puerta intentando forzar una sonrisa que se convirtió en una sonrisa auténtica cuando mi vista se desvió del rubito, que pasó por mi lado sin dirigirme la palabra y entró en mi casa, y me encontré con los hermosos zafiros de mi novio. Luego mi vista se enfocó en el resto de su cuerpo y la sonrisa desapareció.
Isabelle, que estaba justo detrás de su hermano, abrazó a Alexander por la cintura mientras me miraba con una expresión deslumbrante. Isabelle, querida, amo tu forma de hacer que mi nephilim deje de parecer un vagabundo; pero no sé cómo demonios pretendes que controle mis ganas de violarlo si se ve tan absolutamente delicioso.
Vi aparecer tras ellos a Robert y Maryse e inmediatamente intenté volver a encauzar mis pensamientos. Aunque, sin poder evitarlo, mi mirada se centró en su perfectamente bien formado trasero cuando pasó junto a mí y mi mano lo acarició con disimulo, ganándome un hermoso sonrojo y una mirada avergonzada de su parte.
..
Pese a mis primeras impresiones sobre ella, poco a poco pude ir comprobando complacido cómo Maryse Lightwood resultó ser una excelente persona. Demasiado estricta, quizá; pero no el monstruo que yo había creído en un principio. Era capaz de prestar atención a los comentarios que yo le hacía mientras le enseñaba la casa y, al mismo tiempo, estar pendiente de sus hijos en todo momento. Viéndola tan apegada a ellos me pregunto qué tan difícil debió ser para ella dejarlos atrás por su trabajo.
En cuanto a mi suegro… Digamos que no despegó los ojos de la pantalla de su teléfono en ningún momento. Tengo el presentimiento de que este hombre es de esos que solo sabe criticar cuando habla, así que por mí puede seguir jugando (o lo que sea que esté haciendo) con su Smartphone toda la noche.
— ¿Dónde están los chicos? —Preguntó Maryse cuando bajamos las escaleras tras haberles enseñado mi asombroso dormitorio.
Los hijos Lightwood, que como ya conocían la casa se habían quedado hablando en el salón, habían desaparecido sin dejar rastro.
— Deben de estar en el jardín— O también podrían haberse volatilizado, qué sé yo.
Maryse asintió distraída mientras me seguía hacia el exterior de la casa. La puerta de la piscina cubierta estaba entornada, por lo que tampoco había que ser un genio para saber dónde estaban. Y, de todas formas, el grito de Jace y el sonido de una gran salpicadura fueron bastante esclarecedores.
Cuando entramos en el recinto Jace estaba saliendo de la piscina con la ropa completamente empapada y miraba a mi novio como si su único objetivo en la vida fuese matarlo. ¿Qué demonios ha pasado aquí?
— ¿Se puede saber qué estáis haciendo? —Preguntó Maryse.
Los cuatro Lightwood miraron hacia nosotros con expresión culpable antes de que Alexander e Isabelle dijeran al mismo tiempo:
— Jace se ha caído a la piscina.
Max los miró a ambos con curiosidad.
— Pero si le ha empujado Al- —Mi novio tapó la boca de su hermano pequeño mientras Isabelle se dedicaba a empujar a su madre para sacarla al exterior alegando que tenía que enseñarle los preciosos rosales.
— Te dejaré algo de ropa, Ricitos de oro—Le dije indicándole que me siguiera.
Alexander me dedicó una mirada culpable antes de, por fin, apartar la mano de las vías respiratorias de su hermanito. El pobre ya estaba casi azul.
Jace me siguió hasta mi habitación y, pese a que mi primera intención fue darle la ropa más colorida y llena de purpurina que encontrase, acabé por recapacitar y le tendí unos simples vaqueros que a mí me venían grandes y una camiseta tan absolutamente sosa que ni siquiera sé qué hacía en mi armario. Aish, estoy muy orgulloso de mí mismo. Voy madurando.
— ¿Por qué te ha lanzado Alexander a la piscina? —Le pregunté cuando salió del baño completamente cambiado y secándose el cabello con una de mis amadas toallas de nueva colección. No tendrá piojos, ¿Verdad?
— Al parecer le ha molestado que le pregunte qué clase de cosas ha tenido que hacerte o dejar que le hagas para conseguir que le regalases una piscina de semejantes dimensiones— Me imaginé la escena de mi cabeza y no pude evitar reírme al imaginarme a mi sonrojado novio empujando a su hermano al agua —Magnus…
— ¿Mmm?
Tecleé a toda velocidad un mensaje en mi móvil.
Desearía que ahora mismo estuviésemos solos tú y yo para poder besarte hasta dejarte sin aliento. Te amo.
— Isabelle me ha dicho que Alec le ha estado preguntando por Sebastian.
Levanté mi vista del teléfono y miré a Jace con atención.
— ¿Tú también lo sabes?
— Cualquier persona que conozca mínimamente a esos dos lo sabe. Excepto mi hermano, claro— Jace lanzó la toalla mojada hacia mí y se dispuso a retocarse el pelo frente al espejo— Alec no se daría cuenta de algo así ni en un millón de años— Una sonrisa maquiavélica se formó en su rostro mientras se volvía para mirarme— No quiero ni pensar en qué es lo que tuviste que hacer para que él se diese cuenta de que le gustabas.
Adularle, repetirle tres mil veces diarias lo hermosos que son sus ojos, pasarme toda la tarde en el lugar en el que trabaja lanzándole piropos cada vez que se acercaba a donde yo estaba, darle cien dólares de propina… y prácticamente violarlo en el almacén a la primera de cambio. En realidad no fue tan complicado…
..
Mientras todos nos acomodamos en la mesa del comedor sentí cómo mi Alexander oprimía mi mano con disimulo. Fijé mi vista en sus labios durante unos segundos. "Y yo a ti" articuló en silencio.
..
— Y dime, Magnus, ¿Cómo puedes permitirte semejante casa? Por no hablar de ese magnífico coche. ¿Tienes otro trabajo a parte de dar clases?
No, querido suegro: en realidad soy un multimillonario derrochador que solo sigue en este pueblo de mala muerte porque tu hijo menor de edad me tiene idiotizado con su belleza y ternura.
— Eso fue por una herencia. Recibí mucho dinero de un familiar… y, bueno… digamos que no he sido muy bueno administrándolo y he acabado derrochándolo— Lo que, técnicamente, es cierto.
— Ah, la juventud… Tan irresponsables…
Miré con anhelo a Alexander, que hablaba animadamente con sus hermanos sobre la pedida de mano que una tal "Aline" le había hecho a su novia estas vacaciones ¿Quién demonios es Aline? ¿Y por qué mi novio no me ayudaba a salir de esta incómoda conversación con su padre? En ese momento Alexander desvió su mirada hacia mí y comenzó a comentarle a su madre cómo yo había ayudado a mejorar las notas de Jace el último trimestre. Dios, cuanto lo amo… Si ahora mismo solo pudiera besar sus sonrosados labios mientras acaricio su provocativo cuerpo por encima de sus ropas… Si solo su familia no estuviera aquí… podría desnudarlo, empotrarlo contra la mesa y…
— ¿Entonces usted tiene pareja, señor Bane? No me lo esperaba. La juventud de hoy en día no aprecia el compromiso y la seriedad.
Miré a Robert con perplejidad antes de mirar a un Alexander al borde del ataque de nervios. ¿Cómo demonios se las ha apañado mi nephilim para desviar hasta ese punto la conversación?
— Erms… Sí, sí: estoy saliendo con alguien— Con tu primogénito, para ser más exactos.
— ¿Y quién es esa mujer? — Ahora todos los ojos de la mesa estaban clavados en mí. Jodeeeeerrrr… Esto es peor que esa vez que mi tía me pilló con dos chicas en su cama, ¿Cómo demonios salgo de esta?
— Catarina— Dijo Alexander. Catarina, claro, ¿Cómo no se me había ocurrido?
— ¿Catarina Loss? ¿La enfermera del instituto? — Preguntó una Maryse a todas luces sorprendida— Siempre creí que se quedaría soltera. Con esa obsesión malsana que tiene de prestar demasiada atención a su trabajo y dejar de lado todo lo demás…— Le dijo la sartén al cazo— Pero me alegro mucho, es una gran mujer. Hacéis muy buena pareja.
Alexander hizo un ruidito estrangulado y yo evité mirarle para no tener que ver el dolor en sus ojos. Últimamente me había empezado a dar cuenta de lo mucho que le afectaba cualquier cosa que tuviera que ver conmigo y mi posible relación con otra persona.
— Es una gran noticia, es cierto— Corroboró Robert— Con todo este despliegue de colorido y brillo… Lo cierto es que creía que usted compartía los anormales gustos sexuales de mi hijo.
Alexander se atragantó con la bebida que estaba ingiriendo en ese momento y volcó el contenido que quedaba en su copa, manchando mi asombrosamente caro mantel nuevo.
— Lo siento mucho— Murmuró todo sonrojado antes de levantarse de la mesa y desaparecer en el pasillo que conducía hacia el resto de habitaciones de la planta baja.
— ¡Robert! —Lo recriminó su mujer. Pero él simplemente hizo un gesto despectivo con la mano, quitándole importancia, antes de enfocarse de nuevo en mí.
— Disculpa a mi hijo, siempre ha sido muy torpe.
Isabelle y Jace le lanzaron una mirada de puro odio mientras Max miraba a todos lados intentado comprender lo que sucedía.
¿"Anormales gustos"? ¿"Torpe"?
— ¿Y cómo cojones sabes tú eso si nunca has estado a su lado? No hables como si le conocieras— ¿Cómo se atreve…? ¡¿Cómo se atreve a hablar así de Él?! Imité a Alexander y me levanté de la mesa— Si me disculpan.
Utilicé mis manos para echarme agua a la cara por tercera vez. Mierda, ¿Cómo puedo ser tan idiota? Salir corriendo de esa manera… ¿Tengo diecisiete años o tres? Le debo a Magnus una buena disculpa.
Me dispongo a salir del baño cuando la puerta se abre de golpe y casi me da de lleno en la cara. Un Magnus completamente atontado me mira durante unos segundos antes de adentrarse en el baño y cerrar la puerta tras él.
— ¿Estás bien? —Me pregunta mientras inspecciona mi cara, acariciando suavemente mis pómulos.
— Quiero decírselo, Magnus. Quiero contarles lo nuestro— Él me mira con el ceño fruncido y por primera vez empiezo a dudar de si decirlo es lo correcto— ¿Crees que es una mala idea?
— Totalmente. Es una idea terriblemente espantosa.
Me quedo un poco desconcertado, pero en seguida mi cerebro une todos los cabos y soy capaz de comprenderlo. Seré idiota…
— ¡Oh! Claro, perdona. Eso supondría tu despido y-… ¿De qué demonios te ríes?
Magnus se rió con ganas durante unos segundos antes de calmarse del todo y mirarme con diversión.
— ¿Mi trabajo? ¿De verdad crees que me importa ese maldito trabajo? Tengo dinero más que de sobra, Alexander— Dijo mientras yo me sentaba sobre el borde de la bañera y él aprovechaba para retocarse el maquillaje— El único motivo por el que sigo en ese estúpido trabajo es porque me proporciona la excusa perfecta para poder verte durante más horas al día.
Sonreí con felicidad antes de darme cuenta de que, si no le preocupaba su trabajo, ¿Significa que el que le preocupo soy yo? ¿Se avergüenza de nuestra relación?
— No me avergüenzo de lo que siento, Alexander.
Fruncí el ceño con escepticismo.
— ¿Ahora sabes leer la mente?
— No me hace falta, nephilim— Me sonrió de medio lado mientras seguía a lo suyo— Eres demasiado fácil de leer.
— ¿Y entonces por qué?
— Porque sé que todavía no estás preparado, porque sé que te arrepentirás. Quedan solo dos meses para que te gradúes, amor. Y apenas unos pocos meses más para que cumplas la mayoría de edad— Magnus se acercó hasta mí y acunó mi cara entre sus manos con dulzura— Espera hasta entonces y no tendrás que arrepentirte de nada.
Me miró con el amor reflejado en sus bellas y exóticas facciones durante unos segundos más antes de que su expresión adoptase una mueca la mar de graciosa.
— Alexander, creo que acabo de fastidiar mi relación con tu padre— Su cara era una mezcla tan extraña de orgullo y arrepentimiento que no tengo muy claro si debo felicitarle o darle palmaditas en la espalda para consolarle.
— ¿Qué ha pasado?
Magnus dejó de juguetear con las cuentas multicolores de su camiseta para fijar sus ojos en los míos.
— Nada demasiado grave— Dijo mientras se inclinaba sobre mí y tiraba de mi brazo para incorporarme. Acto seguido me abrazó con tanta fuerza que, por segunda vez en el día, estuve a punto de morir asfixiado— Debería haberle dicho lo imbécil que es por hablar así de ti. Pero me he comportado como todo un adulto responsable y he contenido mi lengua — Estaba a punto de contestarle cuando él colocó uno de sus dedos sobre mi boca, instándome a callarme— ¿Por qué no me habías dicho que tu padre era homófobo?
Abrí mi boca y mordisqueé su dedo juguetonamente mientras me encogía de hombros. No era algo realmente importante, al fin y al cabo. Mi padre no es la única persona que me ha despreciado porque me gusten los hombres y no las mujeres.
— Como se te ocurra decirme que no era algo importante pienso matar a tu estúpida mascota— Miré a Magnus para tratar de averiguar si realmente estaba enfadado, pero él me devolvía una mirada enormemente tierna— Te amo.
Atraje su rostro hacia el mío y lo besé levemente en la boca antes de que él me alejase de un empujón. Trastabillé hacia atrás y me tropecé con la alfombra de ducha, cayéndome al suelo de culo. Magnus pegó un grito y se agachó a mi lado.
— ¿Estás bien?
— ¿Y a ti qué demonios te pasa? —Le pregunté enfurruñado.
— No puedes besarme, Alexander. Ahora no— ¿Pero qué demonios? Magnus soltó un suspiro derrotado mientras me acariciaba la mejilla que me había herido por accidente el día anterior— Tu hermana es un auténtico demonio. Vestirte de esa manera sabiendo que tus padres iban a estar aquí… Si te pones cariñoso conmigo no voy a poder contenerme.
Sentí mi rostro arder con fuerza antes de bajar la mirada, tratando de ocultar el rostro tras mi flequillo. Idiota… ¿Cómo puede decir este tipo de cosas como si nada?
— Alexander— Murmuró él antes de sujetarme de la nuca y unir nuestros labios. El beso apenas duró unos segundos, pero fue más que suficiente para dejarme terriblemente desorientado.
— Creía que acababas de decir que nada de besos— Dije cuando al fin pude recuperarme.
Magnus colocó ambas manos en mi cintura, atrayéndome hacia él. Yo simplemente me dejé hacer mientras nuestras bocas volvían a juntarse cálidamente. Mi novio soltó un pequeño gemido cuando colé una de mis manos bajo su camiseta, acariciando su delgado torso ¿Cómo podía una persona tan delgada ser tan sumamente sexy y no parecer un esqueleto?
Me incliné sobre él, profundizando más el beso mientras mi novio se aferraba con tanta fuerza a mis caderas que estaba cien por cien seguro de que al día siguiente tendría moratones. Estaba a punto de subirme a su regazo cuando sentí un fuerte picotazo en la mano que tenía apoyada en el suelo. Con mucha reticencia separé mis labios de los de mi novio y miré a mi precioso bebé mirándome con desaprobación.
Jaery se dedicó a picotear el reloj en mi muñeca y a ir hasta la puerta del baño una y otra vez mientras seguía mirándome fijamente.
— Imposible…
Magnus soltó una exclamación triunfal antes de darme un último beso y levantarse, ayudándome a mí en el proceso.
— Te dije que conseguiría adiestrarlo para que fuese un pato-despertador ¡Soy un auténtico genio! — Acto seguido mi novio de veinticinco años se puso a danzar de forma aleatoria mientras se reía como el villano loco de "Phineas y Ferb".
..
— ¿Dónde está papá? —Pregunté cuando Magnus y yo volvimos a entrar en el salón-comedor.
Mis hermanos se habían puesto a jugar a la Xbox en la enorme pantalla plana mientras mi madre y mi hermana se dedicaban a ojear algunas de las revistas que Magnus tenía desperdigadas por la mesa.
— Decía tener asuntos más importantes que atender que estar con unos mocosos irrespetuosos— Comentó Jace con retintín mientras hacía un movimiento completamente exagerado en la dirección en la que había guiado a su personaje— ¿Sabes, profe? Creo que no le has caído muy bien.
Magnus ignoró completamente a mi hermano y se dirigió hacia mi madre.
— Lamento mucho toda la escena. No me arrepiento de lo que dije, pero sí que es cierto que podría haber expresado mi opinión de una manera más educada.
Mi madre miró a Magnus fijamente y, tras unos segundos de intenso escrutinio, le dedicó una pequeña sonrisa. Hace muchos años que no veo a mi madre sonreír a otro que no sea Max.
— Mi marido tiene una manera muy peculiar de ver el mundo y, lamentablemente, al igual que tú, él no sabe cuándo debe cerrar la boca para no meter la pata— Magnus se sonrojó con violencia y entonces comprendí por qué él dice que mi sonrojo es adorable: me dan ganas de achucharlo como si fuese un peluche— Y en cuanto a ti…— Dijo dirigiendo a mí su mirada y consiguiendo que volviese a ponerme tenso— Tu padre te quiere, Alexander. Pero debes comprender que nosotros fuimos educados de manera distinta, en una época distinta y… le resulta complicado.
— Lo sé.
Nunca he sentido ningún tipo de resentimiento hacia mi padre. No le odié por dejarnos solos siendo unos críos, no le odié cuando me rechazó por ser homosexual, y tampoco le odié cuando supe que nos había mentido sobre lo ocurrido con Sebastian. Mis padres, y él sobretodo, siempre han sido una figura lejana y ausente. Y no me importa.
— Creo que va siendo hora de que nos marchemos. Dejando de lado lo obvio, ha sido una velada muy agradable. Espero poder seguir contando con que será el profesor de mi hijo.
— Por supuesto, señora— Magnus iba a añadir algo más cuando se quedó mudo de repente y miró fijamente la escalera sonriendo con satisfacción— Mira, ya es la hora de acostarse. Absolutamente puntual. Perfecto.
Seguí la dirección de su mirada y vi a mi pequeño bebé bajando la escalera a pequeños saltitos. No, ahora en serio: ¿Cómo narices ha conseguido Magnus que mi pato le avise de la hora?
— Jace…— Dije tratando de no parecer ansioso. Mi hermano desvió la vista de la pantalla y me miró— A la puerta de salida. AHORA. Y no mires hacia la escalera.
Y, como no podía ser de otra manera, Jace miró a la escalera. Dicen que los animales huelen el miedo y por eso atacan. Viendo a Jaery puedo confirmar que eso es completamente cierto.
..
La habitación de Jace queda justo pared con pared con la mía, así que soy capaz de escuchar sus quejidos durante buena parte de la noche. Jaery se cebó pero bien picoteando la pierna de mi hermano y, lamentablemente para Jace, él reaccionó pegándole un puntapié a mi pato. Yo por mi parte reaccioné pegándole un puñetazo en su rubia cabeza antes de ir a socorrer a mi bebé.
Me acababa de acostar cuando la pantalla de mi teléfono móvil se iluminó y comenzó a vibrar. Un mensaje nuevo.
Gracias por las mejores vacaciones de mi vida. Te veré mañana.
Te amo, Mejillas dulces.
Una sonrisa de felicidad se extendió por mi rostro mientras apretaba en mi puño la cajita que Magnus me había dado disimuladamente cuando salíamos de su casa.
Supuestamente este es el capi 20... Aunque los primeros son tan cortitos que en realidad contarían como uno... ¡Bah! ¡Formalismos estúpidos! ¡20 capis ya!
¡Gracias por haberme apoyado hasta aquí, pequeñas mías! ¡Os adoro!
Si os ha gustado podéis darle favoritos, seguir, matar a mi jefa o dejarme un comentario. A ser posible me gustaría que mataseis a mi jefa.
Gracias.
Nah, ¡Es broma!... No. En realidad no.
¡Nos leemos el próximo jueves!
PD: Ella dice que no, pero hay cierta patosa egocéntrica que intenta matarme. Tengo miedo.
PD2: Quiero que sepáis que soy un Shampoo. No tiene nada que ver con el fic, pero es lo que soy y mola serlo (?)*-*
PD3: Para este fic ya es demasiado tarde, pero juro que en el próximo intentaré dejar de decir tantas tonterías en los comentarios xD
