Decir que voy con mucha prisa es decir poco, así que dejaré mis comentarios idiota para más abajito

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!

*bane—ligtwood: En realidad el capi iba a ser un poco más largo e iba a abarcar la conversación con Maryse. Lamentablemente el tiempo se me echó encima y no pudo ser. Bueno, ¡Aquí está!
Hay veces en las que, lamentablemente, no he podido actualizar cuando he dicho por motivos que escapaban a mi control. Pero la puntualidad es algo que me tomo muy en serio. Me he dado cuenta de que muchos de los fics que seguía me han aburrido porque actualizaban de mes en mes y al final nunca me acordaba de qué iba la trama ¡Y yo no quiero pasar por eso!
Igualmente agradezco mucho que te fijes en eso, porque hay veces, sobre todo últimamente, que tengo muchísimo trabajo y me cuesta muchas horas de sueño poder acabar un capi ¡Gracias!
Y muchísimas gracias por decir que te encanta mi fic *-*

*Genevive: El verdadero pago por el fic es que sigáis leyéndolo y siento tan absolutamente maravillosas conmigo *-*
Me he dado cuenta de que tengo cierta malsana obsesión por la palabra "gracias", ¡Pero es que no puedo evitarlo! ¡Muchas gracias por leer mi fic! Me ha encantado tu variopinto surtido de adjetivos para describirlo, de verdad ¡Es fantabuloso!
No sé cómo más agradecerte, así que te mando un abrazo de pato y un saludo enorme.
¡Nos leemos!
PD: El destino ha tardado, pero finalmente nos unió ¡Y a Dios pongo por testigo que jamás permitiré que nos separe! (?)

*Anairafuji: Mmmm… Yo ya sé lo que va a hacer Magnus, pero aun así no sé por qué esa idea de que salte por la ventana me resultó terriblemente atractiva xD

¿Te lo imaginas colgando de la cornisa en ropa interior? Y que en ese momento apareciese Jace por ahí xD
Mi cerebro está idiota, discúlpame jajaja
Por cierto, querida: he estado pensando en lo que me propusiste del capítulo de Jaery ¿Te parecería más lógico que lo colgase como un one-shot a parte como un capítulo extra de éste fic? Parece una tontería, pero llevo semanas dándole vueltas al tema en mi desquiciada cabeza.
En fin, ¡Nos leemos pronto! :D

*Elistenia: Aish, cuántos reviews de gente nueva últimamente ¡Eso me emociona muchísimo! *-*
Mi pobre jefa en realidad no es mala, es solo que yo soy muy perfeccionista y ella muy exigente (Aunque no lo parezca es una pésima combinación, Duh). Siempre acabo con el triple de trabajo porque yo solita me lo busco, wiiiiii...Soy idiota xD
Gracias por pensar que mi fic es magnífico *-*
Yo pienso que las personas que lo leéis sois magníficas y adorables, así que supongo que estamos en paz (?)
Un abrazoooooo enorme :D


Maryse volvió a tocar a la puerta. Uno. Dos. Tres golpes.

— ¿Alexander? ¿Estás ahí?

— Ehh… ¡Sí! Sí, mamá, estoy despierto.

— ¿Y puedo pasar?

Escuché la puerta abrirse sin que mi novio pudiese contestar, por lo que supuse que había sido una pregunta retórica. Mi suegra tenía una voz tan plana y monótona que era complicado apreciar los diferentes matices. Yo, por mi parte, agradecía mentalmente a ese Dios en el que no creía que mi novio tuviese tan poco vestuario mientras me apretujaba lo máximo posible contra el fondo del armario. Qué irónico; yo, que nunca había ocultado mi sexualidad ante nadie, estaba encerrado en el armario. Qué gracioso. Me hace tanta gracia como los picotazos mañaneros del pato de las narices.

— ¿Qué estabas haciendo?

— Estudiar —Alexander, si tartamudeas mientras hablas es muy complicado creerte. Aunque tenemos a favor que tu madre prácticamente no ha pasado tiempo contigo desde que eras un crío y a lo mejor cuelan tus estúpidas excusas.

— ¿Sin ningún libro ni ninguna clase de apuntes delante? —Maryse acaba de expresar ironía ¡y yo lo he captado! Punto para mí.

— Estaba memorizando — Aunque sigo sin comprender de dónde sale la expresión "estar encerrado en el armario". ¿Por qué en un armario? Estoy prácticamente seguro de que Tessa me explicó que tiene algo que ver con un esqueleto y los ingleses, pero nunca recuerdo la historia completa —¿Y tú por qué estás aquí, mamá?

Oí la puerta de la habitación cerrarse mientras el ruido de los tacones de Maryse quedaba prácticamente amortiguado por la moqueta. Por lo cerca de mi posición que se había detenido deduzco que mi suegra se ha sentado en la silla del escritorio de Alexander. O eso o se ha tirado por la ventana, porque el silencio es abrumador. Casi me pongo a silbar.

— Alexander, quiero que comprendas que ésta no es una decisión tomada con mucha calma y que tanto tu padre como yo somos completamente conscientes de lo que estamos haciendo. Llevábamos meses con la idea en la cabeza; pero entre unas cosas y otras hemos estado posponiéndolo y-

— ¿Os vais a divorciar? ¿Ahora?

— Alexander, sé que la noticia puede ser un poco difícil de digerir y que seguramente estés enfadado; pero quiero que sepas que te ayudaré en todo lo posible y hablaremos todo lo que quieras para que tú te quedes conforme.

— No, si a mí me da igual. Bueno, no, no me da igual —Rectificó. Me lo imaginé estrujando nerviosamente algún trozo de tela o de su propio cabello —Pero Jace va a estar hecho una furia.

— ¿Crees que le afectara mucho nuestra separación? —Sí, claro. Porque Jace os ama con locura. Por lo que tengo entendido su favorito de la familia es Robert y su asombroso sentido del humor. Anda que…

— No, pero había apostado con Isabelle a que vuestro matrimonio duraría por lo menos hasta que Max acabase la escuela primaria —Di que sí, cielo: las cosas es mejor decirlas con cero tacto y sin importar lo horribles que puedan sonar —Izzy va a estar insoportable.

Hubo otro silencio, por lo que supuse que la madre de mi nephilim estaba intentado asimilar que dos de sus hijos hicieran apuestas sobre su matrimonio. Quizá sí que debería darle clases particulares a Alexander: Clases de qué decir y qué no decir en determinados momentos. Maryse suspiró de forma sonora.

— ¿Y a ti qué te parece? ¿También lo veías venir?

— Yo no soy un experto en relaciones —Doy fe de ello —, por lo que nunca me había parado a pensar algo concreto sobre el tema. Pero sí que me gustaría saber por qué ahora, qué es lo que ha cambiado.

— Prefiero explicároslo a los tres mayores a la vez, para que así queden las cosas igual de claras para todos. Iré a avisarles; nos vemos en el salón en diez minutos.

— Ehh… Mamá…

Me imaginé su cara ruborizada llena de indecisión por no saber si traicionar a sus hermanos o mentir. Quizá las clases particulares deban ser de determinación.

— No están en casa, ¿verdad?

O de interpretación.

— No.

Volví a escuchar el ése ruido amortiguado de pasos hasta que fue sustituido por el chirrido de la puerta al abrirse. Mira que le tengo dicho que engrase las bisagras, pero él ni caso. "A mí me gusta el sonido, es hogareño" ¡Bah! Suena a mansión embrujada.

— Acuéstate ya, Alexander, yo esperaré a tus hermanos.

Descansad en paz, Isabelle y Jace Lightwood: nunca os olvidaré. Bueno, al rubito sí, y con mucho gusto.

— Y Alec —Creía que Alexander me había dicho que sus padres nunca le llamaban por su apodo —Dile al señor Bane que salga de dondequiera que esté escondido, le estaré esperando abajo para mantener una conversación con él.

Me quedé petrificado por completo. ¿Cómo había podido saberlo? Me había cerciorado de recoger toda mi ropa y mis accesorios para que nada quedase a la vista. ¿Y ahora qué haríamos? ¿Nos separaría? ¿Se llevaría a Alexander de mi lado? Alexander. Me incorporé como pude en mi estúpido escondrijo y busqué a tientas hasta conseguir abrir la puerta corredera.

— ¿Cielo? —Mi nephilim estaba sentado sobre el borde de la cama, mirando algún punto de la pared con inusitado interés —Mi amor, ¿Estás bien?

Alexander alzó la mirada hacia mí. Pese a que yo creía que se encontraría fuera de sí (Asustado, atemorizado o incluso enfadado), me encontré con la misma mirada cristalina de siempre y una tímida sonrisa.

— Siento mucho que tengas que pasar por todo esto, pero estoy seguro de que si tratase de acompañarte mi madre me mandaría de nuevo a mi cuarto— ¿Eh?

— ¿No tienes miedo?

— ¿De qué?

— De que nos separen —Alexander acarició mis pómulos suavemente y con ternura, como siempre suele hacerlo cuando está especialmente cariñoso.

— ¿Tú sí? —Me preguntó con una preciosa sonrisa iluminando su rostro.

¿Permitiría yo que me separasen de él?

— No —Le devolví la sonrisa— Por supuesto que no.

..

Cuando bajé al salón Maryse me esperaba sentada frente a la delicada mesita de té que normalmente el rubito usaba como reposapiés. Me acerqué a ella con cierta indecisión; mi mente racional me instaba a aclarar las cosas de una vez por todas, pero mi cuerpo iba por su propia cuenta y no cesaba de intentar salir corriendo lo más lejos posible de los problemas. Magnus Bane no es un cobarde, simplemente paga a otros para que se encarguen de las dificultades del día a día. No es mi culpa, es culpa del dinero.

— Señor Bane —Dijo ella a modo de saludo cuando al fin me senté en una butaca situado justo enfrente suyo.

— Señora Lightwood, verá-

— ¿Cuándo empezasteis con esta…eh… relación? —Parecía tranquila, algo que yo, con total sinceridad, no esperaba en absoluto. Incluso mi tía se lo tomó peor.

— Prácticamente desde que me mudé aquí —Con un significativo parón de un mes cuando me enteré de que el chico al que intentaba meter en mi cama era menor de edad y alumno de las escuela donde trabajo. Detallitos…

— Por lo que he de asumir que no es una relación pasajera o el típico "rollo" entre jóvenes —Otra palabreja que no entiendo. "Rollo". ¿A quién se le ocurrió que "enrollarse" con una persona podría sonar bien? Queda ridículo.

— No, señora. Alexander y yo mantenemos una relación completamente formal y nunca se me ocurriría hac-

— Aunque claro: es lógico —¿Pero va a dejarme hablar de una vez sin interrumpirme? —Alexander no es del tipo de persona que haría algo tan vulgar y desvergonzado; él siempre ha sido muy maduro para su edad.

Su perorata sobre lo perfecto que es Alexander continuó durante un largo periodo de tiempo, por lo que yo desconecté me cerebro mientras me recriminaba a mí mismo por haber estado temiendo ésta conversación. Jesús…qué aburrimiento… Además, ¿Qué podía contarme ella sobre mi novio que yo no supiese?

— …y por eso no puedo comprender por qué ahora ha decidido saltarse las norma de una forma tan descarada —Volví a centrarme en la conversación mientras Maryse jugueteaba con un mechón de su largo y azabache cabello; el mismo gesto que hace Alexander cuando está muy nervioso y no sabe cómo expresarse. Curioso…— Sabe usted que mi hijo es menor de edad, ¿Cierto?

— Alexander tiene diecisiete años y no tardará en cumplir los dieciocho —Y yo cuento las horas, los minutos y los segundos para ese momento con impaciencia. El dichoso temita de "es menor de edad" sale a relucir siempre que alguien se entera de lo nuestro; es agotador.

— Sé que legalmente no hay ningún problema, pero ocho años siguen siendo una diferencia abismal. Sobre todo para alguien como usted, ¿No? Con veinticinco años debe de ser frustrante estar con un crío —¿No era ella la que acababa de comentar que Alexander era muy maduro para su edad?

— Lo cierto es que normalmente es al revés: soy tan cabeza hueca que no sé por qué Alexander sigue aguantando mis niñerías.

Maryse se quedó callada durante unos minutos, inmersa en sus pensamientos, supongo. No puedo culparla de dudar de lo nuestro, y mucho menos juzgarla; pero tengo muy claro que la opinión que ella tenga sobre nosotros no me va a afectar de ningún modo. En el peor de los casos tendré que esperar tres meses para que Alexander sea mayor de edad y podremos largarnos juntos.

— ¿Y ya habéis tenido sexo? —Si hubiese tenido alguna bebida en la boca la hubiese escupido. Aunque la verdad es que me atraganté con mi propia saliva, que no sé yo qué es más vergonzoso.

—¿Perdón? —Ahora entiendo la reacción de Alexander a mis comentarios con William. Qué bochorno, por Dios.

— Que si habéis mantenido relaciones sexuales. No es algo demasiado complicado de responder, Magnus —Mira: justo ahora se aprende mi nombre. Qué simpática, mi suegra. Un amor.

—Sí —Creo que es el "sí" más complicado de pronunciar que he tenido en mi vida. Que algunos novios se queden en blanco en el altar ahora tiene sentido para mí.

— Habréis usado protección, quiero creer —Ay la leche…

— Eh…

— ¿No habéis usado condón? ¿Ni siquiera al empezar la relación? —Teniendo en cuenta cómo fue nuestra primera vez juntos… —No le habrás pegado nada a mi hijo, ¿verdad? —Por primera vez parecía enfadada de verdad. Daba auténtico miedo —Sé perfectamente la clase de vida sexual que llevabas antes de venir a Idris, Magnus Bivane —Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando pronunció mi nombre haciendo hincapié en el maldito apellido de mi padre —Como me entere de que mi hijo ha-

—Jamás haría nada voluntariamente si supiese que ello conllevaría hacer daño a mi nephilim de cualquier modo —Maryse hizo un gesto de curiosidad cuando llamé a Alexander por su apodo, pero la ignoré por completo —Alexander no es un niño, ni yo tampoco. Ambos sabemos qué, cómo y por qué hacemos lo que hacemos.

Una sonrisa afloró en los labios de mi suegra cuando yo terminé mi improvisado y maravillosamente breve discurso. Mi profesor de oratoria en universidad se equivocaba cuando decía que no tenía talento para esto, evidentemente.

—Estoy completamente de acuerdo en que ambos sois lo suficientemente adultos como para saber qué creéis querer —¿Creer? Yo estoy seguro de que amo a Alexander, no "creo" nada —Pero entonces sigo sin comprender por qué vuestra relación debe seguir siendo secreta. No es por tu trabajo, eso seguro; después de tantos meses mi hijo ya te habrá hablado de la herencia de Gabriel Lightwood, y sé a cuánto asciende tu patrimonio.

— ¿Y cómo sabe usted eso? ¿Cómo sabe quién soy?

— ¿Olvida cuál es mi trabajo? Soy… Era periodista en El Círculo, la cadena de noticias internacional más importante del mundo. La prensa rosa no era mi especialidad, siempre lo he considerado pura basura, pero cualquiera metido en el mundillo conoce su nombre aunque sea de oídas.

—El señor Lightwood no parecía saber nada cuando estuvieron cenando en mi casa.

—Robert tiene cierta tendencia a ignorar de forma deliberada aquello que podría resultarle molesto. Un buen mecanismo de defensa, sí; pero completamente inútil. Todos sabemos que la verdad siempre acaba saliendo a la luz —Alexander me comentó que su padre no se lo había tomado muy bien cuando le dijo que era homosexual. Algo completamente curioso, porque mi nephilim emana un aura de "fuera mujeres" perceptible incluso desde Nueva York. Sigo creyendo que eso es lo que me atrajo hasta este pueblucho… — Pero no me has contestado: ¿Por qué mantenerlo en secreto?

— Por Jonathan.

Maryse se puso tensa al instante. Todo su cuerpo se puso rígido mientras se encorvaba en su asiento y me miraba con atención. Por lo que ambos progenitores estaban al tanto de lo ocurrido con Max… ¿Y por qué, con todo el poder que tienen los Lightwood, no hicieron nada en su momento?

— Así que fuiste tú el que trató de encerrarlo…

— ¿Tratar? Me ocupé personalmente de que no volviese a respirar aire puro en lo que le queda de vida —Una sonrisa triste se extendió por su rostro mientras me miraba con lástima.

— Max es mi pequeño, mi bebé. Isabelle siempre ha tenido ese aire rebelde, Jace es independiente desde antes de estar con nosotros, y Alexander nunca ha sido muy niño. Pero Max… Es por él por el que he decidido volver, para no perderme lo que le queda de infancia como me pasó con los demás… — ¿Adónde quieres ir a parar, Maryse? —¿De verdad crees que si se pudiese hacer algo para encerrar de forma definitiva a ese monstruo yo no lo hubiese hecho ya? Jonathan lleva libre una semana.

¿Qué?

La puerta de entrada se abrió en ése momento con un gran estrépito y los intentos de susurros de Jace e Isabelle llegaron hasta nosotros a través del pasillo.

— Ya te he dicho que no tardo nada, deja de meterte con Simon de una vez.

— Como mínimo vas a tardar media hora en cambiarte de modelito, Izz, que nos conocemos. Si el estúpido mundano no fuera tan torpe como para tirarte el ponche encima…

— Te he dicho que dejes de llamarle mundano. Y deja de gritar que parece que la parejita feliz aún no se ha acostado.

— ¿Interrumpimos algoooooo? —Preguntó el idiota de mi alumno mientras se internaba en la sala con ambos ojos tapados con las manos —Dejad de hacer guarradas, que no quiero cegar mis preciosos ojos.

Isabelle, sin embargo, entró tan campante. La preciosa hermana de mi novio llevaba un magnífico y ajustadamente corto vestido blanco que estaba manchado a la altura del pecho con un líquido granate que también parecía manchar sus pálidos hombros; daba la impresión de que algún vampiro le hubiese estado mordiendo el cuello.

— ¡Mamá! —Gritó la morena completamente asustada.

Jace abrió los ojos y nos miró con horror.

— Ostia puta…


..


—Me va a resultar muy extraño tener a tu madre por aquí. Desde que somos amigos la habré visto ¿Cuánto? ¿Tres veces? —Entre el ajetreo de los exámenes y que mi peliblanco amigo había estado haciéndose pruebas en el hospital durante toda la semana no había tenido tiempo de contarle las últimas noticias hasta ahora.

—Cuatro. Mis padres vinieron para el octavo cumpleaños de Max, ¿recuerdas?

—Ah, pues sí. Cuatro veces, entonces.

Ambos nos quedamos callados mientras terminábamos de almorzar. Jem, como hacía siempre después de acabar uno de nuestros exámenes, aprovechó los momentos libres para revisar en sus libros y libretas si había hecho todo correctamente (algo completamente innecesario, ya que tiene una mente extraordinaria y pocas veces le he visto equivocarse). Normalmente yo ahora mismo estaría conversando sobre idioteces con Sebastian; o intentando que él no se quedase dormido sentado, una de dos. Normalmente.

—¿Qué sabes de Seb? —James apartó la vista de sus apuntes y me miró con una cara indescifrable.

—Que lleva evitándote toda la semana y mantiene el móvil apagado porque le avergüenza mirarte a la cara después de cómo se comportó —Eso sospechaba, pero todavía tenía la vaga esperanza de que hubiese cogido un repentino virus estomacal y no estuviese siempre encerrado en los baños solo para no verme.

—¿Has ido a verle? —Jem solía ayudar a Sebastian con sus estudios cuando éste estaba demasiado ocupado con su trabajo y, teniendo en cuenta que estamos a final de curso, no sería raro que ambos se hubiesen reunido.

—Estuve en su casa ayer por la tarde.

—¿Crees que podrías decirle que deje de ignorar mis llamadas para que podamos hablar? —Jem hizo una mueca de disgusto. A nadie le gusta ser mensajero entre dos amigos que no se hablan, supongo —O mejor: dile que se pase el sábado por la mañana por el Taki's. Maia me ha pedido que cubra su turno y sé que él no va a trabajar este fin de semana. Por favor, Jem, quiero arreglar las cosas de una vez.

James simplemente asintió mientras volvía a prestar atención a sus cosas.


Maldita y asquerosa semana del demonio. Ni siquiera Alexander se había acordado de avisarme de que el último curso se pasaba todo el mes de junio sin asistir a clases. Solo acudían a los exámenes ¡Solo a los malditos exámenes! Entre que él no viene a clase y que tiene que pasarse todo su tiempo libre estudiando ésta semana a penas nos hemos visto durante sus horas de trabajo. Algo nada agradable.

—Deja ya de poner esa cara de asco, que me estás poniendo nervioso —Ragnor estaba sentado sobre mi escritorio en la sala de profesores mientras jugueteaba lanzando de una mano a otra un tubo de ensayo de color lila fosforescente. Catarina había puesto el grito en el cielo al verle y acto seguido había salido corriendo, por lo que he de suponer que no el botecito no contiene nada demasiado seguro para la salud. Como esa cosa explote y me estropeé el pelo…—Pasado mañana vais a estar todo el día a solas, deja de quejarte de una vez.

—Le han pedido que cubra el turno de una compañera y va a tener que trabajar todo el día. Y encima su madre quiere que coma el domingo con ellos en familia y no vamos a poder estar a solas — Por no hablar de que la semana que viene se marcha a Londres a una estúpida competición de natación. Pensándolo bien que explote el frasquito y me mate de forma rápida no es demasiado malo comparado con esta tortura.

—Mmmm… ¿Magnus?

—¿Qué? —Debería haberme quedado la pistola que me regaló mi tío cuando cumplí los dieciocho. Ahora sería tan fácil simplemente pegarme un tiro en la sien… Me pregunto dónde demonios la escondió mi tía Tessa cuando se enteró. Quizás en el bote de las legumbres; ahí nunca nadie buscaría nada.

—¿No es tu novio el que está sentado en las escaleras traseras junto al asiático de pelo blanco? —Preguntó mientras se asomaba por la ventana que había justo a mi espalda. Efectivamente mi hermoso ángel estaba mirando con gesto aburrido lo que desde la distancia parecía ser un paquete de galletes —Un momento, ¿Por qué narices tiene alguien tan joven el pelo blanco? Qué modas tan absurdas hay hoy en día, ver para creer.

Ignoré por completo la ironía del asunto antes de salir corriendo hacia la puerta para poder ir a encontrarme con él. Pero, como no podía ser de otra manera en mi fantástico mundo de luz y color, el timbre sonó en ese momento anunciando el inicio de una nueva clase.

—Mierda de semana…


..


Los sábados normalmente me suelo despertar sobre las cuatro de la tarde. Me levanto, me hago una comida rápida (es decir: descongelo algún tipo de comida preparada del supermercado), me ducho, me arreglo y llamo a Alexander para que se acerque hasta mi casa y así pasar la tarde juntos. Cuando él trabaja en lugar de prepararme algo me acerco hasta el Taki's y me siento en mi preciosa mesa mientras lo observo ir y venir entre los clientes o atender la barra.

Y entonces, si mi rutina de vida es siempre igual, ¡¿Por qué narices el despertad-… digo… el pato no para de chillar como loco a las diez de la mañana?!

—Bicho infernal… Ahora que estamos a solas pienso meterte en la cazuela.

Un fuerte portazo procedente de la planta baja hizo que por fin mi cuerpo reaccionase. Me incorporé de golpe y miré cómo Jaery se volvía completamente loco picoteando la puerta de mi habitación con rabia. Alexander no es, eso seguro; a él siempre lo recibe piando alegremente como si fuese un adorable canario. Y con Jocelyn ni se inmuta. Estoy a punto de coger mi teléfono y llamar a la policía cuando mi puerta se abre de forma violenta y manda de un empujón al pato bajo el sofá.

—¡Magnus!

—¿Tía Tessa? —¿Acaso las visitas sorpresa de familiares no van a acabarse nunca?

—Me estás manchando mi sofá de diseño exclusivo con tus horribles zapatos, idiota.

Mi tío William, encaramado a mi sofá desde hacía más de media hora, estaba completamente pálido y miraba hacia todos lados como un ratón atrapado en su jaula. Su mujer, sin embargo, parecía la mar de entretenida revisando hasta el último rincón de mi casa.

—Tía Tessa, por favor ¿Podrías decirle al subnormal de tu marido que se baje de ahí?

—Cuando encierres a esa maldita bestia feroz y asesina bajaré.

Jaery, cruel como solo él puede serlo, miraba a su presa con cara de satisfacción.

—¿El pato se está riendo? —Preguntó Tessa mientras aparecía por mi espalda.

—¡Gracias a Dios! ¿Tú también lo has visto? —Cogí a mi plumífero despertador entre mis brazos y lo llevé hacia el estudio mientras éste seguía mirando fijamente a Will —Alexander se cree que me lo invento y ya estaba empezando a pensar que estoy mal de la cabeza.

—¿Y dónde está Alec? Tengo ganas de verle —¿A él sí y a mí ni me saluda? Estúpido William.


No puedo evitar lo que siento por ti del mismo modo que no puedo evitar ponerme furioso cuando te veo con él; pero prefiero mil veces verte feliz con otro a no verte en absoluto.

Noté cómo el calor subía hasta mi rostro cuando recordé la conversación que había mantenido con Sebastian durante la media hora de mi descanso. Cuando Magnus me lo dije no pude creerle al cien por cien porque, ¡Vamos! ¡Es Seb! Llevamos años conociéndonos y nunca ha mostrado ningún tipo de interés en mí. O al parecer sí que lo hacía, ya que he sido él último en enterarme.

Al menos ahora que todo está aclarado podremos volver poco a poco a la normalidad. O eso espero yo, pese a lo raro que me resultará al principio.

—¿Por qué no te quedas a comer?

—He quedado con Carstairs para seguir estudiando y esas cosas tremendamente divertidas que a mí me encanta hacer —Respondió con la voz cargada de ironía. Bueno, al menos él ya ha empezado a volver a la normalidad —Y de todas formas, ¿Él no va a venir?

—¿Magnus? Es sábado. Como muy pronto se levantará sobre las cuatro —Sebastian hizo un gesto burlón que preferí ignorar— Llama a Jem para que venga él también, anda. Algo así como una fiesta de despedida por nuestro viaje a Londres.

—¿No era que él también iba a venir para ver a su novia?

—Pues una comida normal, Seb; deja de ponerle pegas a todo y llámale.

Supuestamente Jem vendría a las dos, así que a Sebastian todavía le quedaba un cuarto de hora para seguir durmiendo tan tranquilamente sobre la barra mientras yo sigo a lo mío.

Cuando terminé de secar los platos y me disponía a hacer lo mismo con los vasos, un enorme grito hizo que incluso mi amigo, al que le cuesta despertarse inclusive con cinco despertadores diferentes puestos a la vez, alzase la cabeza:

—¡Alec, querido!

Me quedé sin palabras mientras Tessa entraba al local tan campante sin darse cuenta de que había llamado la atención de casi todo la clientela. Tengo que acordarme de decirle que esto es Idris, un pueblucho, y no la ruidosa Nueva York. Bueno, se lo diré justo después de preguntarle qué está haciendo aquí.

—Dijiste que él no vendría —Dijo Sebastian con enfada justo cuando la tía mi novio llegaba hasta nosotros. Seguí la dirección de su mirada hacia las puertas acristaladas y vi a Magnus intentando hablar con un William completamente absorto en algo que estaba fuera de mi vista —Mira, Alec: me alegro de que hayamos hablado y que ahora sepas todo para que, de ese modo, no me juzgues mal si me marcho ahora mismo. Ya te he dicho que quiero verte feliz, pero no soporto estar en el mismo lugar que él.


Tessa había bajado tan rápido del coche que ni siquiera me había dado tiempo a decirle nada. Bueno, al menos ella es responsable y sabe de qué va la cosa; William sin embargo es un pedazo de idiota que seguramente la cague nada más abrir su boquita de oro.

—Quieto ahí —Le dije mientras lo agarraba de la parte trasera de su cinturón y tiraba de él en mi dirección —Espero que recuerdes que la relación entre Alexander y yo es secreta y nadie debe saberlo por aquí.

—Si se tratase solo de ti está claro que ya habría planeado alguna buena jugarreta en mi magnífica mente. Pero tu novio me cae bien y no pienso hacer nada que le pueda perjudicar.

—Siempre es bueno recordar lo muchísimo que me quiere mi familia y lo agradecido-… ¿Will? —William parecía haberse quedado catatónico mirando fijamente por encima de mi hombro. Di media vuelta, asustado por lo que pudiera haber a mi espalda, solo para encontrarme con que James Carstairs le devolvía la misma mirada idiotizada a mi tío. Ehhh… ¿Vale? ¿Qué es esto? —¿William?

He visto demasiadas películas de zombies y de experimentos genéticos fallidos del gobierno como para no saber que lo mejor en estos casos es salir corriendo lo más lejos posible. Sebastian Verlac parecía pensar lo mismo que yo, ya que salió hecho una furia del restaurante y, sin dirigirnos siquiera una mirada a Will o a mí, agarró del brazo a James y lo arrastró hasta el coche. Incluso medio minuto después de que se hubiesen ido mi tío parecía sumido en su propio mundo.

—¿Quién era él? —Me preguntó cuando al fin reaccionó y nos dirigimos hacia adentro.

—Pues si no lo sabes tú, que te has quedado mirándole como si fuese lo más valioso del mundo a tus ojos… Tía Tessa se hubiese puesto celosa.


Magnus y su familia se habían acabado marchando sobre las cinco de la tarde, cuando Will insistió en que, ya que se habían tomado la enorme molestia de venir hasta aquí, no se iba a pasar todo el sábado encerrado en un restaurante. Tessa, que parecía entusiasmada con ver el resto del pueblo, se mostró más que encantada con la idea. Mi novio, sin embargo, me miraba con cara de cachorrito mientras sus tíos, cada uno de un brazo, lo sacaban por la puerta a la fuerza.

..

Lo único bueno de trabajar los sábados por la tarde es que hay tal cantidad de gente en el Taki's que no me da tiempo ni siquiera a pensar. Hoy por ejemplo casi no he pensado en lo mucho que echo de menos a Magnus ni en el espectáculo que me espera mañana cuando sus tíos se encuentren con mi madre en la comida que ésta ha preparado en nuestra casa. Lamentablemente la gente comenzó a vaciar el local sobre la una de la madrugada y los pensamientos volvieron a mi mente.

Si mi madre no estuviese en Idris, ahora mismo tendría que salir corriendo hacia mi casa para que mis desastrosos hermanos pudiesen marcharse a hacer locuras, a beber alcohol o a qué sé yo qué cosas. Lamentablemente para mis hermanos, que tienen terminantemente prohibido salir de casa después de las seis de la tarde salvo que se trata de algún tipo de actividad extraescolar previamente autorizada, mi madre ha vuelto a casa para quedarse. Yo todavía no tengo muy claro si es un alivio no tener tanta responsabilidad o es un agobio que me estén vigilando todo el día.

—¿Estás seguro de que no quieres que te ayude a terminar de recoger? —Preguntó Maia por tercera vez en el último minuto —Así luego Jordan podría acercarte a ti también a tu casa.

—Gracias, Maia, de verdad; pero lo que necesito es despejarme y pensar un rato a solas —Recalqué las palabras "a solas" con toda la intención del mundo. Por fin Maia pareció rendirse, pese a no parecer muy convencida —Te veré el lunes.

— OK —Respondió ella mientras se colocaba los auriculares y se despedía con la mano antes de salir al exterior y dejarme completamente a solas con mis pensamientos.

O eso creía yo, porque la puerta se abrió escasos minutos después.

—Creía que había sido lo suficientemente claro con que ahora mismo no quiero estar con nadie, Maia.

—Vale, en cuanto vea a Maia le daré tu recado —Magnus se aupó sobre una de las mesas y se quedó allí sentado mientras me miraba con una sonrisa —¿Yo entro dentro de la gente con la que no quieres estar?

—Por supuesto que no —Respondí quizás con más mala leche de lo habitual— Es solo que ha sido un día muy agotador y estoy cansado.

Magnus se quedó callado mientras yo terminaba de recoger las mesas y de colocar cada cosa en su sitio.

—¿Podrías parar de mirarme?

—Estoy dejando de hablar porque no quiero molestarte en tus cavilaciones, pero no puedes negarme también que contemple tu belleza ¿Quieres matarme? —Lo miré de reojo y me di cuenta de que se había cambiado de ropa. Cuando habían venido a comer parecía que se había vestido deprisa y corriendo, pero ahora ya llevaba ropa purpurinosa, maquillaje hasta en las cejas y ese gel que hace que su cabello se eleve de forma antinatural —¿Y ahora por qué frunces el ceño de ese modo?

—Me gusta cuando dejas limpio tu cabello y no te echas tanta cosa encima —Magnus me miró con sorpresa para inmediatamente pasar a mostrar una expresión terriblemente ofendida.

—Eso ha sido cruel —Me recriminó mientras pegaba un salto para bajar al suelo y se acercaba hasta mí con los brazos cruzados —Me he pasado una hora y media peinándome y arreglándome solo para venir verte porque te echaba muchísimo de menos y tú lo único que haces es refunfuñar e insultar mi magnífico pelo y encima-… ¿Alec? Cielo, ¿Por qué lloras?

—Yo no estoy llorando, imbécil —Intenté defender mi honor inútilmente. Magnus me abrazó con fuerza contra su pecho y yo simplemente me dejé hacer mientras él me acariciaba con ternura.

—¿Qué te pasa, bebé?

—Que yo no estoy llorando.

—¿Te sudan los ojos?

—Trabajo en un restaurante y he estado oliendo cebolla.

—Tú no cocinas, cielo.

—Pero sirvo los platos, y es lo mismo.

—¿Y el olor a cebolla te llega con efecto retardado? Hace por lo menos media hora que han cerrado la cocina.

—Vete a la mierda —Murmuré mientras lo miraba con rabia, todavía apoyado contra él.

—¿Por qué lloras, mi amor? —Susurró contra mi labibocaos. Su cálido aliento se coló entre mis labios entreabiertos y un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo.

—Te echaba de menos —Le contesté guiando mis manos a su cuello —Bésame.

—Tus cambios de humor me van a volver loco, nephilim.

Su boca era cálida y dulce; sus labios suaves y con sabor a frutas.

—Sabes a melocotón —Sonreí cuando se separó de mí —Prefiero el que sabe a uva.

Magnus refunfuñó antes de aflojar su agarre para que yo pudiese volver a mis tareas. Sólo me quedaba ver si cuadraba la caja y podríamos irnos.

—Primero te metes con mi pelo, luego con mi brillo de labios nuevo… ¿Hoy es el día oficial del "anti-romanticismo" o algo así? Porque que sepas que ese uniforme te queda fatal y no combina con tus ojos —Sonreí mientras él se acercó hasta mí por la espalda y me abrazaba por la cintura —¿Por qué llorabas?

—Estoy un poco estresado; con mi madre aquí, los exámenes, la competición de la semana que viene, tus tíos, Sebastian…

—Lo raro es que no te hayas tirado desde un quinto piso —Magnus pareció sopesar seriamente su comentario, porque enseguida añadió —No irás a suicidarte, ¿verdad?

Me negué a contestar tremenda idiotez y al fin terminé con lo que tenía entre manos. Echaría mucho de menos este sitio. Teniendo en cuenta que la semana que viene no podré venir porque estoy en Londres y que mi contrato acaba en junio, me quedan muy pocos días trabajando aquí.

—¿Recuerdas nuestro primer beso? —Le pregunté mientras cerraba la caja y me giraba para encararle.

—¿Cómo olvidarlo? Llevaba soñando con tu boca toda una semana. Bueno —Añadió colando su mano bajo la camisa del uniforme —Con tu boca y lo que no es tu boca.

—¡Magnus! —Le reñí mientras sujetaba su mano —Aquí no. Estamos en mi trabajo, ¿No te das cuenta?

Ignorándome por completo, Magnus se liberó de mi agarre y continuó acariciando de forma superficial mi pecho.

—¿Y? —Preguntó enterrando su cabeza en mi cuello y comenzando a mordisquearlo con fuerza —Me debes una; ¿Tienes idea de lo mal que lo paso cada vez que tengo que dar clase? Cada día te imagino desnudo sobre mí en mi silla, con esa carita llena de placer mientras gimes mi nombre y te penetras a ti mismo… Pero claro, si tú no quieres hacerlo en tu trabajo… —Sonrió con malicia mientras se apartaba de mí y comenzaba a alejarse con altanería —Yo no voy a obligarte a hacer nada.

Mierda, ¿De verdad iba a dejarme así?

—Magnus, por favor —Le supliqué.

Su sonrisa se hizo más amplía mientras volvía a acercarse a mí y lamía mis labios. Abrí mi boca gustoso e inmediatamente su húmeda lengua se coló en el interior mientras con sus manos desabrochaba el pantalón de mi uniforme con presteza. Cuando noté que estaba bajando mi ropa interior separé nuestras bocas y lo miré a los ojos.

—¿Por qué siempre consigues que haga lo que tú deseas?

—Porque —Respondió él mientras me tomaba de la cintura y me hacía girarme. Apoyé mi torso sobre el frío mostrador intentado no volcar el tarro de propinas con mis torpes manos —También es lo que tú deseas.


Alec gimió con esa vocecita tan hermosa cuando terminé de colocarlo en la posición idónea yo mismo. Ahora mi nephilim estaba completamente desnudo y expuesto para mí como un delicioso manjar.

—Separa las piernas —Alec obedeció y abrió más sus piernas, su peso ahora reposando prácticamente por completo sobre la encimera —Si vieses lo jodidamente caliente que te ves en este momento, bebé —Su cuerpo se estremeció bajo mi toque cuando comencé a masajear suavemente sus glúteos —Siempre te quejas de mí, pero al final el que acaba disfrutándolo más eres tú.

Alexander, cuya cabeza estaba girada para poder respirar, me dedicó un puchero extremadamente adorable mientras comenzaba a girar sus caderas para chocar su culo contra mi entrepierna. Algo que he aprendido en estos últimos meses es que con Alec hay que tener mucho autocontrol en el sexo. Cuando lamió de forma completamente inocente sus dedos y guió su mano a su entrada para comenzar a prepararse él mismo creí que moriría de excitación. Él siguió a lo suyo, disfrutando mientras se auto penetraba y soltaba pequeños gemidos de placer y su cuerpo se balanceaba sobre la superficie. Lo peor de todo es que ni siquiera es consciente de lo que provoca en mí, él simplemente se deja llevar por lo que desea su cuerpo en el momento. Me incliné sobre su cuerpo, desabrochando mi pantalón con una mano mientras con la otras apartaba su mano de su interior.

—¿Quién te ha dado permiso para hacer eso? —Me dejé caer hasta que mi pecho quedó completamente apoyado sobre su espalda y mi erección presionó dolorosamente su entrada sin llegar a penetrarle. Lo que yo decía: autocontrol —Sabes que solo yo puedo entrar en ese precioso agujerito.

Busqué a tientas hasta que mis manos encontraron las suyas y entrelacé nuestros dedos con fuerza. Alexander sonrío de forma inconsciente mientras me miraba con ternura.

—Te amo —Susurré en su oído mientras comenzaba a penetrarle con lentitud.

Obviamente eso de que él disfruta más que yo es mentira; nadie podría disfrutar más de lo que yo disfruto cuando lo tengo debajo de mi cuerpo.

..

Alexander se incorporó lentamente apoyándose en el mostrador con sus antebrazos. Un sonido de protesta salió de su boca y yo me apresuré a ayudarlo a ponerse en pie.

—¿Estás bien?

—Me duele en la cadera —Musitó mientras se examinaba la maldita herida causada por su pelea con Sebastian. Pese a que la gran mayoría de los arañazos en su pecho ya ni siquiera eran visibles, aquella herida tan grande aún tenía muy mala pinta y no acababa de cerrarse del todo.

—Debiste avisarme de que te estaba rozando, amor —Le dije mientras acariciaba la piel de alrededor, que se había enrojecido —¿Tenéis un botiquín en la sala de los empleados? Voy a por una gasa o algo.

Alexander dijo algo, pero no llegué a escucharlo porque ya me había marchado. "No hace falta", seguramente. Estúpido nephilim…

Cuando logré encontrar el maletín de primeros auxilios lo único mínimamente útil que encontré para nuestro problemilla fueron unas tiritas con dibujitos de lobos la mar de horteras que seguramente habría comprado Luke. Definitivamente la obsesión del jefe de mi novio con los lobos da miedo.

Cuando volví a por Alexander él ya se había colocado toda la ropa y parecía algo trastornado mientras se apartaba el teléfono de la oreja y lo guardaba en su bolsillo.

—¿Quién era? —Pregunté olvidándome por completo de las dichosas tiritas.

—Mi madre.

—¿Y…? —Lo animé a seguir hablando.

Por fin Alexander reaccionó y me echó un vistazo rápido antes de coger de alguno de los cajones las llaves del establecimiento e indicarme que me dirigiera hacia la puerta.

—No sé lo que pasa porque no ha querido decirme nada, está muy alterada. Simplemente me ha dicho que quiere que vaya a casa lo más rápido posible.

En un principio había tenido la esperanza de que no hubiese ningún tipo de repercusiones por mi culpa, pero obviamente la vida real no es como una de esas estúpidas novelas románticas donde todo sale bien, y mucho menos si metemos a un psicópata chalado de por medio.

—¿Sabes si tus hermanos están bien?

—Es lo primero que le he preguntado a mi madre. Están todos bien, en casa.

—Sube al coche, nephilim.

—¿Puedo saber qué demonios pasa? —Preguntó con la voz cargada de angustia.

No debe de ser agradable que todos te mantengan al margen de lo que ocurre mientras tú permaneces en la inopia, pero es que no sé cómo narices sacar el tema sin sonar yo mismo asustado.

—No voy a dejar que te pase nada, ¿Vale? Todo va a estar bien —Susurré tomando su rostro entre mis manos.

Alexander me miró fijamente durante unos segundos antes de soltar una risa vacía y sin humor. Cualquiera hubiese dicho que estaba como siempre, pero yo podía notar la repentina palidez en su piel y la histeria que trataba de esconder tras sus ojos azules.

—¿Jonathan está en Idris?


El sábado de la semana que viene tengo una reunión super importante para la que necesito estar muy preparada y que me va a quitar tiempo toda la semana.
¿Lo bueno? A partir de ése sábado tendré vacaciones hasta la mitad de agosto y podré terminar el fic con más tranquilidad.
¿Lo malo? Seguramente no pueda subir un nuevo cap hasta el domingo, y eso si me pongo a escribir como loca en cuanto termine con la reunión. Por una vez no os voy a dar una fecha concreta, sorry.

¡Os adoro, pequeñas mías!

PD: De nuevo pido perdón por las faltas. Entre que no sé cómo desactivar el autocorrector de este ordenador y me cambia las palabras cada dos por tres (en serio, es agotador) y que no tengo tiempo... Lo siento. Este capi en concreto lo he subido sin mirar. Madre de Dios lo que tiene que haber por ahí xD
PD2: Al igual que la semana pasada me pondré con los mensajes y reviews que me falten por responder en cuanto suba esta capi. Esta semana ha sido mortal y no he tenido tiempo ni para respirar, por lo que si veis que mañana por la noche no os he respondido a lo que me mandasteis ¿Podríais avisarme? Llevo un descontrol enorme y seguro que no he contestado porque se me ha pasado.
PD3: Una amiga mía me avisó de que había encontrado por Tumblr una imagen de Haru Nanase donde comentaban su parecido a Alec y que, al leer la descripción, la autora nos había mencionado a mí y a mi fic. No tengo ni idea de usar ésa página, así que, seas quien seas ¡Gracias! Me hizo mucha ilusión *-*