¡Hola!
Sé que ha pasado más tiempo del que normalmente os tengo acostumbradas, pero... ¡Ya soy oficialmente libre!
A partir de ahora no habrá más retrasos con los capis y podré trabajar tranquilamente en el final del fic (*Snif, snif*)

Como siempre me enrollo mucho he decidido que las explicaciones y tonterías varias a partir de ahora las pondré al final del capi y por aquí solo comunicaré las cosas importantes. Así, si no queréis, no tenéis que leer lo de abajo para enteraros de algo xD

La semana que viene actualizaré el martes. Iba a actualizar el miércoles (para que pasase justo una semana y eso), pero cierta señorita me ha pedido que suba un nuevo capi el día de su cumple así que... ¡Culpa suya! (?)

Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.

..

*Elistenia: Tenía miles de idea revoloteando en mi cabeza sobre cómo empezar el capi, pero en cuanto pensé en Magnus metido en un armario… Es una escena muy cliché, pero es que no pude evitarlo. Ahora Magnus vivirá por siempre en ese armario junto a las polillas (?) xDD
Ya había visto actuar a Kevin Zegers y me gusta mucho como actor, pero coincido contigo en que su aspecto no concuerda con la idea que yo tenía de Alec. No me malinterpretes, me parece un hombre guapísimo (*babas*) pero es demasiado adulto como para ser Alec, no sé si me entiendes xD
Quizá soy demasiado dura porque amo a Alec, no sé xD
De nuevo me disculpo por haber tardado tanto en actualizar, pero mi cansancio extremo ha sido superior a mí x.x
PD: Cada vez que me decís que os gusta el pato me da un ataque de alegría xD
Maldito y sensual pato que atrae a todos con su plumaje sexy (?)

*Anairafuji: OMG ¡Me alegro mucho de que te gustase el capi! A mí se me hizo super divertido escribirlo, no sé por qué ¡y eso que escribí menos tonterías que de costumbre! Jajaja
Ya lo he comentado en otras ocasiones, pero adoro que escribáis punto por punto las cosas que os han gustado del capi ¡Me hace mucha ilusión! (Tengo un serio problema con las listas. Hago listas de todo, y lo peor es que amo hacerlas xDD)
Siempre he amado la relación parabatai de Will y Jem, así que me hacía mucha ilusión que se conocieran en mi fic. La frase que Will le dice a Jem en "Princesa mecánica" (Si hay una vida después de esta; déjame encontrarte en ella, James Carstairs) me pareció preciosa y el reencuentro entre estos dos es una especie de tributo a tan hermosas palabras.
Will y Jem no tenían ningún tipo de relación antes de encontrarse en el restaurante, ya veremos si florece la amistad más adelante :D
He decidido poner el capi contado por Jaery entre el último capítulo y el epílogo. El epílogo me va a costar bastante escribirlo, por lo que me pareció correcto actualizar con ese capi y no estar dos semanas sin actualizar nada ¿Es buena idea?
Siento no haber podido actualizar antes, pero a partir de ahora ya podré volver a actualizar a un ritmo más normal (sin cambios ni atrasos por el puñetero trabajo e.e)
¡Nos leemos pronto! :D

*Genevieve: El regreso de Maryse significa que Alec será más libre, pero también significa que estará mucho más vigilado por su lado materno. Maryse ha aceptado la relación, pero no creo que le dé mucha libertad a su hijo para que esté con el Sr. Purpurina haciendo lo que quiera xD
Jonathan no tiene planes malvados. Es un pobre angelito que lo único que quiere es llenar el mundo de amor y amistad (?) A lo mejor lo que planea es hacer que todos viajen sobre un arcoíris recorriendo el mundo y…
Madre mía, qué loca estoy xD
Gracias por los ánimos :D
Todo salió muy bien, y a partir de septiembre trabajaré menos horas, por lo que podré ir menos apurada. Creí que entre los estudios y el trabajo no podría seguir escribiendo fics, pero ahora creo que podré seguir por aquí haciendo el tonto ¡eso me hace muy feliz! :D
Gracias por todo, querida ¡Un abrazo!

*Nekita:
D:
D:
¡¿Quién demonios eres y cómo diablos sabes que los helados son mi debilidad?! Jajajaja No, ahora en serio: si me das un helado de menta con trocitos te has ganado mi fidelidad para siempre. Soy como un buen perrito, me ganas por el estómago (?) Es bueno que a ti también te gusten los helados -inserte corazón-
Lamento haber tardado tanto en contestar (y en subir nuevo capi T_T) pero a partir de ahora eso no pasará ¡Actualizaré cada semana sí o sí! :D
Muchas gracias por leer mi fic y por tomarte la molestia de comentar. Me hace muy feliz conocer a gente nueva que lee mis tonterías así que... ¡Gracias!


Era domingo por la mañana y yo no tenía absolutamente nada que hacer. Ahora que mi madre había vuelto con nosotros y mis hermanos tenían prohibido salir de casa todo era muy... aburrido. Por no hablar de la charla que tuve ayer con mis dos guardaespaldas personales y que me prohibía terminantemente ir a ningún sitio sin escolta. Por el Ángel ¡Mi madre incluso se había negado a dejar que fuese con Jace a correr como hacía siempre los domingos! Miré a Magnus, que dormía a pierna suelta ocupando tres cuartas partes de mi ya de por si diminuta cama; parecía tan tranquilo y feliz… Quizá si soy lo suficientemente rápido…

Me levanté con cuidado y fui lo más silencioso posible cuando me vestí con lo primero que alcancé de mi armario. Lamentablemente mi torpeza natural fastidió todos mis planes cuando me tropecé con una de las botas fluorescentes de Magnus y volqué la pila de libros que había estado usando para estudiar toda la semana.

— ¿Alexander? —Preguntó Magnus con la voz adormilada mientras palmeaba el lado de la cama donde supuestamente debería estar acostado yo. Finalmente se rindió y abrió sus felinos ojos —¿Se puede saber dónde vas?

— Tengo que salir un momento. No tardaré, lo juro —Mi novio me miro con cara de cansancio y de un ágil movimiento se puso en pie y comenzó a ponerse los pantalones—Son las seis de la mañana, Magnus —Él pegó un respingo y miró al reloj de mi mesilla como si fuese un demonio horrible dispuesto a atacarle. Acto seguido desistió de intentar vestirse y se sentó en el borde de la cama —Puedes seguir durmiendo unas horas más, ya te he dicho que no tardaré.

Él me lanzó una mirada asesina que me hizo estremecer de pies a cabeza. Desde ayer por la noche tanto mi madre como él estaban en modo "perro guardián". Sentía tanta presión que incluso tenía miedo de respirar sin que ellos me dieran permiso.

— Voy al Taki's y vuelvo, Magnus. Media hora, cuarenta minutos como mucho.

— Hoy no trabajas, nephilim. Vuelve a la cama y déjame dormir un rato más.

— Solo necesito unos minutos para-…

— A la cama, Alexander. Ahora —Me negué a ceder, por lo que permanecí en mi puesto mirándole fijamente— ¿Quieres que llame a tu madre?

Tocado y hundido.

Me acerqué hasta la cama y me tiré sin ninguna delicadeza sobre el colchón. Magnus se recostó a mi lado, una sonrisa tranquila extendiéndose por su rostro mientras se abrazaba a mi cuerpo. Una de sus manos alcanzó la cadena de plata que colgaba de mi cuello y jugueteó enredándola entre sus largos dedos.

— No estés enfadado. Odio cuando te enfadas conmigo.

Solté un gruñido como respuesta y me giré para darle la espalda. ¿Y qué esperaba? Mi madre incluso se negaba a dejarme ir a la competición de natación de la semana que viene. Llevaba años deseando ir y, cuando por fin lo consigo, todo se va al traste por las mentes paranoicas de los que me rodean. Según lo que Jocelyn había estado hablando con Magnus ayer por la noche, Jonathan llevaba cerca de una semana en Idris. Si no se había acercado a mí en todo ese tiempo, ¿Por qué debería hacer algo ahora?

— Alexander —Magnus me abrazó gentilmente por la espalda, apoyando su cabeza sobre mi nuca y besando tiernamente la zona, haciendo que todo mi cuerpo se relajase al instante. Mierda. No es justo que me conozca tan bien —¿Por qué querías ir a Taki's ahora?

— Tengo que limpiar la barra a fondo.

— ¿Limpiar la barra? Todo este numerito para limpiar la barra. ¿Para qu-? —Magnus se quedó callado unos instantes antes de que sus dos únicas neuronas hiciesen contacto y comenzase a reírse escandalosamente —¿En serio? Oh, vamos ¿Pretendías limpiar los rastros de nuestro amor?

¿"Los rastros de nuestro amor"? Definitivamente este hombre no está bien de la cabeza ¿Dónde me he metido?

— Es un restaurante, Magnus; y lo que hicimos allí es completamente amoral y antihigiénico y-

— Muy placentero.

— Sí, también pero…¿Qué? ¡No! ¡Ni hablar! ¿A ti te gustaría que te sirviesen la comida donde dos tíos estuvieron follando la noche anterior?

—Uhh… "follando"… —Magnus se incorporó y comenzó a peinarse el pelo con sus propios dedos mientras me lanzaba una mirada indignada —Esa palabra es horrible y extremadamente vulgar. Yo no te "follo", Alexander: yo te hago el amor.

— Eso me reconforta en gran medida —Comentó mi madre como si tal cosa desde la puerta de mi habitación. Magnus la miró con la boca abierta intentando balbucear algo mientras yo trataba de no morirme de la vergüenza. Por el Ángel… —Si habéis terminado de hablar sobre vuestros…pasatiempos; ¿Podrías bajar a ayudarme? Nuestros invitados vendrán sobre las doce del mediodía y la casa debe estar impoluta.

Acto seguido mi madre se marchó cerrando la puerta tras de sí. Magnus seguía en estado de shock, por lo que yo mismo me dediqué a recoger toda su ropa esparcida por mi habitación.

— Vístete —Le ordené tendiéndole sus prendas.

— ¿Por qué no chirría ya tu puerta? —Preguntó ignorándome por completo —Eso al menos podría haberme avisado y así no habría quedado como un obseso sexual.

— Mi madre lleva toda una semana en casa, ¿Recuerdas? Creo que no trabajar en nada es realmente aburrido para ella, por lo que se pasa el día limpiando y dejando la casa como nueva —Lancé la ropa de Magnus sobre él mientras me dirigía a mi aseo para intentar arreglar mínimamente mi pelo (o para al menos intentar que no se me cayese cada dos por tres sobre los ojos) —Vístete, nos vamos en cinco minutos.

Magnus no respondió nada, por lo que supuse que me estaría haciendo caso. Pero, ¿Desde cuándo Magnus hace caso a lo que le digo? Sentí sus manos aferrándose con fuerza a mis caderas mientras acariciaba mi cuero cabelludo con su nariz. Últimamente había toma esa costumbre de olisquearme cuando estaba sumamente mimoso. Definitivamente un día de estos le lanzaré un ovillo de lana para ver si se pone a jugar con él, es lo único que me falta para estar cien por cien seguro que mi novio es medio gato.

— Magnus, tenemos que ir al Taki's antes de que abran, ¿Podrías hacer el favor de vestirte? —Le pregunté mientras me alejaba de su toque.

Él simplemente hizo un puchero antes de, con una agilidad sobrehumana, meter su mano en el bolsillo de mi pantalón y sacar mi nuevo teléfono móvil (que él mismo me había regalado para compensar la "ruptura accidental" del anterior). Magnus marcó con rapidez y se llevó el móvil a la oreja mientras volvía a atraerme hacia él con su brazo libre.

— ¿Clarissa? Buenos días, soy Magnus —Oh, mierda. No, no, no, no. —¿Hoy trabajas en el Taki's? ¿Sí? Perfecto —Intenté arrebatarle el teléfono de la mano, pero, aunque yo lo superaba con creces en fuerza, Magnus era infinidad de veces más ágil que yo. Es más: si no fuera porque él me sujetó en el último segundo me habría chocado de bruces contra el inodoro — ¿Podrías hacernos un pequeño favor?

..

— Sigo sin comprender por qué estás enfadado. Querías que la barra del bar estuviese limpia ¿No? Pues ahora ya lo está.

A veces me encantaría vivir en el mundo de luz y color que vive Magnus, de verdad que sí. Lamentablemente yo tengo algo de conciencia y algo llamado "vergüenza" que me impide hacer determinadas cosas. Como decirle a mi mejor amiga que limpie con pulcritud la mesada donde la noche anterior tuve sexo con mi novio, por ejemplo.

— No voy a poder volver a mirar a Clary a la cara —Gemí con frustración. Amo a Magnus, pero a veces parece él el adolescente alocado y descerebrado.

— No seas exagerado, nephilim —Me sonrió mientras me ayudaba a hacer el nudo en la corbata con el que llevaba peleándome al menos cinco minutos —Estoy seguro de que ella no dirá nada.

— No se trata de que ella diga nada, Magnus: se trata de lo que piense sobre nosotros. Hacerlo en mi lugar de trabajo… —Él terminó de arreglar mi corbata y clavó sus ojos en los míos con lujuria.

— ¿Intentas fingir que no te gustó? Porque tus gritos de placer me decían otra cosa —Noté cómo la sangre se acumulaba en mi rostro e imaginé que ahora mismo debería estar compitiendo en color con un tomate —¿O acaso no recuerdas cómo me suplicabas por más? —Susurró contra mi cuello, lamiéndolo con lentitud —¿No recuerdas cómo balanceabas tus caderas contra mí? Hacías que tu hermoso culito me engullese de forma tan deliciosamente apretada… ¿O no lo recuerdas?

Gemí de forma involuntaria ante sus palabras. Solo de recordar sus manos sobre mí, mi cuerpo ardía y lo anhelaba con ansia.

— ¿Por qué haces esto ahora?

— Porque me has prohibido tocarte mientras estemos en tu casa —Dijo mientras masajeaba mi entrepierna sobre la ropa —Y mañana te vas a marchar durante toda una semana… —Mis piernas debilitadas finalmente cedieron, haciendo que cayese sentado sobre la cama —Para cuando llegue esta noche vas a necesitarme tanto dentro de ti que tú mismo me suplicaras que te lo haga aunque la casa esté llena de gente.

Magnus sonrió con prepotencia antes de dirigirse hacia la puerta de mi habitación y salir sin mirar atrás, dejándome solo y completamente excitado. Cabrón.


En un principio me pareció una idea estupenda provocar a mi nephilim para que estuviese toda la noche deseándome, pero desgraciadamente no había caído en la cuenta de las caritas tan jodidamente sexys que hacía cuando está excitado. Masturbarle bajo la mesa era una táctica que yo, gracias a mis años de experiencia, podía practicar a la perfección sin ser descubierto, pero en mi intento de provocar a Alexander yo había caído en mi propia trampa; mi nephilim luchaba por mantener sus zafiros abiertos mientras apretaba una servilleta contra su boca con fuerza. Su carita estaba encantadoramente sonrojada mientras intentaba hacer todo lo posible para que no se notase lo que estaba pasando.

Gracias al cielo todos, incluso los insoportablemente inquietos hermanos de mi novio, estaban absortos escuchando las batallitas que contaban mis tíos y mi suegra sobre sus años mozos. Miré a Alexander una vez más y tuve que obligarme a mí mismo a apartar mi mano de su entrepierna; si Alexander volvía a mirarme de esa forma tan necesitada no iba a poder contenerme y lo tomaría sobre esta misma mesa con toda nuestra familia delante. ¡Jesús! Yo siempre he sido una bestia que se deja guiar por su apetito sexual, pero de ahí a las ideas que se me están pasando por la mente desde que estoy con Alexander… Creo que necesito ir a algún tipo de terapia que me ayude a controlar mi excitación cuando estoy cerca de él.

— ¿Y cómo supiste que estaban juntos? —Preguntó en ese momento mi tía Tessa. La pandilla de buitres carroñeros prestó todavía más atención a la conversación mientras Maryse sonreía.

— Hubo varias pistas demasiado evidentes como para ser pasadas por alto —¿Perdona? ¡Yo fui muy cuidadoso con todos los detalles! ¡Desde que empecé mi relación con Alexander siempre hemos tenido cuidado para que no nos pillen! Bueno, salvo esa vez que nos vio Jace. Y cuando se enteró Sebastian. Y lo de Catarina… eh… — Estaba, por ejemplo, ese peluche tan parecido a Alexander sobre la cama de Magnus.

— ¿El de Haru? Ese peluche podría significar que me gusta el anime y nada más —Bufé molesto. Me niego a admitir que soy rematadamente patético intentando ocultar algo.

— También estaba la piscina —Prosiguió Maryse —Magnus había comentado que no le gustaba mojarse porque tardaba horas en arreglarse. Que construyese una piscina que él no iba a usar me pareció bastante sospechoso.

— En eso debo intervenir —Interrumpió mi tío William —El mocoso está tan mimado y es tan derrochador que hubiese podido mandar construir una piscina solo por aburrimiento.

¿Gracias?

— En el cuarto de la colada vi un bañador azul celeste que yo misma le había regalado a mi hijo —Intentó atacar Maryse, poco dispuesta a dejarse vencer. Me gusta esta mujer.

— Ya había dicho que Alexander usaba la piscina para entrenar de vez en cuando. Simplemente podía haberlo dejado aquí para no tener que estar trayendo uno cada vez— La verdad es que mi nephilim ese bañador solo lo usaba cuando quería entrenar a solas. Cuando yo iba a observarle me aseguraba de convencerle de que nadase desnudo. Su perfecto cuerpo empapado de… ¡Stop! Magnus, por Dios, controla tus hormonas.

Miré a Alexander de reojo mientras continuaba la conversación. Mi nephilim parecía mucho más calmado, pero mantenía su mirada baja y se mordía inconscientemente el labio inferior.
Contente, contente, contente…

— Supuestamente Alexander estaba en Londres y tú en Nueva York. Los vuelos de regreso eran, obviamente, diferentes y tú dijiste que habías vuelto en taxi mientras que a Alexander lo recogió Jonathan.

— Jace —Corrigió el rubito a su… ¿madre?

— Jace —Repitió Maryse antes de proseguir —¿Qué hacía la mochila de mi hijo en tu habitación aquella noche? —Antes de que pudiese rebatirle algo, Maryse continuó — Por no hablar de tu llamativo coche aparcado frente a mi casa a altas horas de la noche el otro día — Uf, vale. Eso sí que fue estúpido —Y luego estaba lo más evidente de todo: las miradas.

— ¿Las miradas? —Pregunté con curiosidad.

— Yo también me di cuenta de inmediato —Sonrió mi tía Tessa con dulzura mientras Will y Jace rodaban los ojos.

— Cada vez que tú salías de la habitación para traer algo de la cena Alexander te seguía con la mirada inconscientemente. Ni siquiera él parecía darse cuenta de que lo hacía —¿De verdad hace eso? Miré a mi nephilim, que había vuelto a sonrojarse y me miraba encogiéndose de hombros. Así que ni siquiera él era consciente de ése hábito…

— Magnus hace lo mismo —Dijo Tessa con diversión —La primera vez que Magnus lo trajo a Nueva York —Glups. Maryse me miró dedicándome una mirada de "ya hablaremos tú y yo más tarde" aterradora — no paraba de interponerse entre Alec y los demás. Sobre todo el segundo día que estuvieron allí, después de la pelea, ¿recuerdas Magnus?

Nuestro segundo día en Nueva York… ese día estaba prácticamente al borde de un ataque de locura por la tremenda gilipollez que había hecho la noche anterior. Quizá las miradas que mi tía creía que eran de amor no eran más que miradas de culpabilidad por lo sucedido en el Pandemonium.

— Tanto amor me pone de los nervios —Murmuraron ambos Herondale al mismo tiempo.

Herondale.

Miré a Alexander, que parecía haberse dado cuenta al mismo tiempo que yo, ya que miraba a su hermano con horror. Mierda, mierda, mierda. Que nadie la cague, por favor. Bastante tenemos ya encima con el psicópata exnovio de Alexander acechándonos.

Ajenas a nuestros miedos, mi tía y la madre de Alexander continuaron charlando animadamente sobre nuestra relación. Vale, mientras hablasen de él y de mí no habría ningún peligro.

— ¿Y por qué se les ocurrió venir justamente ahora? —Preguntó Maryse —No es que me queje, ni muchísimo menos. Estoy gratamente satisfecha de saber que Magnus tiene a dos personas tan responsables como ustedes para cuidarle.

Sí, porque soy un bebé que no sabe ni cambiarse los pañales. Anda que…

—Hacía tiempo que queríamos conocer dónde vive nuestro pequeño —Creo que no hace falta decir que Will casi se atraganta con su flan cuando Tessa dijo "nuestro pequeño" — Y ahora que Alec se marcha a Londres nos pareció apropiado venir a pasar unos días. Seguramente Magnus se volverá loco sin él aquí.

Amén.

— Es un hermoso gesto, pero todavía no es seguro que Alexander se marche a ningún sitio.

— Mamá no- —Empezó Alexander. Sin embargo mi novio enmudeció inmediatamente cuando Isabelle le lanzó una mirada que yo no supe identificar pero que mi nephilim comprendió a la perfección. Y yo que creía que las conexiones telepáticas eran solo cosas de gemelos.

..

Nos habíamos trasladado a la "sala de juegos" donde normalmente pasábamos las tardes de los domingos viendo películas y jugando a videojuegos antes de que Maryse volviese a Idris. Me pregunto hasta qué punto cambiará ahora la vida de Jace, Isabelle y Max.

Alexander y su hermana parecían muy entretenidos jugando a algún juego en la wii. Yo por mi parte había tomado la buena decisión de alejarme de ellos lo máximo posible. La forma en la que esa camiseta se ceñía al cuerpo de mi novio cuando él hacía cualquier movimiento… pfff… Piensa en Jaery, Magnus; no hay nada menos erótico que ese pato pervertido.


Estaba siendo una tarde muy apacible. ¿Así se sentía tener una familia normal? Todos reunidos en la misma habitación, los adultos hablando de sus cosas, tus hermanos discutiendo sobre cualquier idiotez… Es hermoso.

—Eres hermoso —Susurró Magnus a mi oído. Yo por mi parte pegué un salto por el susto y estuve a punto de caerme sobre Jace, que estaba cambiando el juego de la wii —¿Me echabas de menos?

Había notado su mirada en mí durante todo el día. Sabía lo que él deseaba y, por el Ángel ¡yo también lo deseaba! Si seguía jugando a esto iba a volverme loco y dejaría que hiciese conmigo lo que quisiese. No. Mierda, debo contenerme. Que me rinda es justo lo que él quiere, y estoy harto de ser tan manejable.

Me aparté con brusquedad de su lado y tomé el mando que tenía Isabelle en su mano. Tanto ella como Jace me miraron con curiosidad mientras me ponía frente a la consola.

— Jace, pon el juego de tiro al arco.

— ¿Qué? No, ni de coña. Tú eres el mejor en eso, es injusto para los demás.

— Y aburrido —Apuntó Isabelle —Siempre ganas tú.

— Yo me apunto —Dijo Magnus. Mis hermanos le miraron con desconfianza mientras él cogía el mando de Jace —Alexander lleva semanas dándome clases y he mejorado mucho.

— Sí, en blancos fijos —Le piqué —No has sabido acertarle ni a una sola ardilla.

— A lo mejor no quería matar ardillitas inocentes —Replicó él —Según esto falta un tercer jugador como mínimo —Dijo mirando la pantalla— ¿Alguien se apunta?

La conversación de mi madre con Tessa y Will parecía haber acabado, porque el tío de Magnus se acercó hasta nosotros con total petulancia y cogió el mando que le tendía Max.

—Ahora veréis de lo que es capaz un Herondale, mocosos.

¿Tendré algún día una reunión familiar donde uno de los participantes no salga corriendo enfurecido?


— ¿El rubio? —Preguntó mi tío por cuarta vez.

— Sí.

— ¿Hijo de Stephen?

Resoplé con molestia y estuve a punto de soltarle una grosería cuando mi tía me detuvo.

— Ya te ha dicho que sí, Will. Relájate y asimila las cosas.

Maryse, que nos miraba atentamente sin decir absolutamente nada, parecía realmente inquieta. Por lo que yo sabía los Lightwood habían recibido la custodia de Jace porque éste no tenía más parientes vivos, ¿Tendría miedo de que le arrebataran ahora a su hijo? Porque era su hijo, estaba claro; Maryse amaba a Jace, Isabelle, Max y Alexander por igual.

— No te preocupes por nada —Le susurré en un pequeño intento de consolarla.

Al parecer funcionó, porque ella me dedicó una sonrisa agradecida y su ceño dejó de estar fruncido.

— Creí que yo era el último Herondale —Seguía murmurando mi tío para sí mismo.

Tessa y él no habían podido tener hijos y, pese a que sé a ciencia cierta que ocuparse de mí les hizo felices en esos momentos tan duros, también sé que echaban en falta a alguien de su sangre. Mi tía Tessa y mi madre habían sido huérfanas sin familia reconocida, por lo que, cuando mi padre perdió la cabeza, ella se quedó sola. Y mi tío Will… con la muerte del rarito de su primo Stephen todos pensamos que él también estaba solo.

— ¿Crees que… —Se dirigió a Maryse, indeciso — podría pasar más tiempo con él?

— Eso dependerá de lo que mi hijo decida —Dijo remarcando las palabras "mi hijo" con orgullo.

Tessa me miró con amor antes de sonreír abiertamente ante la contestación de Maryse. Supongo que, aunque ninguno de los dos seamos sus hijos biológicamente, Maryse ama a Jace del mismo modo que Tessa me ama a mí.

..

Cuando entré en el cuarto de Alexander mi novio estaba sentado en su escritorio prestando atención a algo que tenía en su regazo.

— ¿Jace está mejor? —Le pregunté con indecisión.

— Estable, más bien. O al menos ya ha dejado de intentar matarme por no haberle dicho nada.

Él alzó la vista y me sonrió antes de indicarme con su mano que me sentase en la cama. Obedecí sin rechistar y lo miré con atención mientras se ponía en pie y se dirigía hacia mí con un arco de estilo olímpico en las manos. ¿Eh? ¿Un arco?

—La primera vez que practicamos te dije que si mejorabas te lo regalaría, ¿Recuerdas? —Respondió a mi pregunta silenciosa —Estaba intentando ajustarlo a tu "especial" manera de tirar.

Era un arco precioso. O bueno, a mí me parecía precioso porque mi nephilim me lo estaba regalando.

— Es azul —Fue lo único que se me ocurrió decir. Bravo, cerebro. Bravo.

— Tú siempre dices que te gusta el azul — Dijo él con una mirada atemorizada en su rostro. Oh mierda, no —¿No te gusta? Puedo devolverlo, tengo la factura. Puede usar el dinero para comprarte ropa o lo que quieras.

— ¿Devolverlo? Creí que ibas a darme uno que tú ya no querías ¿Lo has comprado tú? — Alexander pareció entonces más asustado que antes. Me arrebató el arco de las manos y se apresuró a volver a su escritorio para guardarlo en una funda.

—Lo siento. Ha sido una idea estúpida —¿Estúpida?

— Alexander —Él giró su cabeza para mirarme con la vergüenza reflejada en su rostro— Ven aquí.

Él pareció dudar unos segundos antes de acercarse hasta mi posición con paso inseguro. Cuando estuvo a punto de sentarse a mi lado lo aferré de la muñeca y tiré de él hacia mí. Mi nephilim me miró sorprendido mientras yo lo apresaba con un fuerte abrazo.

— Me encanta tu regalo —Alexander me miró con confusión. ¿Podría ser más adorable?

— ¿De verdad? —Preguntó con la esperanza reflejada en sus hermosos ojos. Realmente amo el color azul.

— De verdad.


Magnus me atrajo hacia él y me besó con dulzura.

— Vamos a dormir, nephilim. Creo que ha sido un día muy largo para todos.

Miré con admiración cómo sus músculos se tensaban y relajaban mientras él iba desnudándose hasta quedarse en ropa interior. Magnus se acostó con pereza, el cansancio reflejado en su rostro. Sé que él no ha trabajado en su vida y que debe de ser muy estresante tener que ocuparse de todo el papeleo y los líos de final de curso en el instituto. Pero no se rinde, y eso me hace sentir tremendamente orgulloso.

Magnus apagó la luz de la mesilla, la única luz encendida, y yo tuve que conformarme con la escasa luz de luna que entraba por la ventana para conseguir desvestirme sin tropezarme y destruir medio Idris.

— ¿Vas a echarme de menos? —Pregunté de pronto. Era una estupidez, pero tenía miedo de estar tanto tiempo lejos de él ¿Y si se daba cuenta de que todo había sido un error?

— Sigo creyendo que no deberías ir, Alec —Fruncí el ceño con disgusto. Él no suele llamarme "Alec"; no en ocasiones normales, al menos.

— Es mi sueño —Escuché sus suspiro de exasperación mientras veía cómo su silueta se incorporaba en la cama hasta quedar sentado.

— Entonces deja que me vaya contigo —Sonreí por la ternura de sus palabras antes de recordar que seguramente lo hiciese por Jonathan. Mi madre, Magnus, y su maldita paranoia con Jonathan.

— Tienes trabajo —Le respondí mientras me sentaba a su lado.

— A la mierda el trabajo. Puedo dejarlo cuando quiera.

— Como tú dejes tu trabajo, yo te dejaré a ti —Magnus no dijo nada, por lo que supuse que se lo había tomado en serio. Creo que debería intentar aprender a hacer bromas, porque está claro que no son lo mío —¿Magnus?

— ¿Mmm?

— ¿Estás muy cansado?

— Muchísimo. Estoy tan agotado que dormiría una semana entera.

Por un segundo estuve a punto de echarme para atrás, pero luego decidí que ya era hora de que la gente dejase que yo también hiciese lo que me apetecía de vez en cuando.

— Pero… —Murmuré en su oído poniendo la voz más seductora que pude y rezándole al Ángel para no sonar ridículo — …no vamos a vernos en toda una semana...

Magnus soltó un gemido cuando me senté a horcajadas sobre él, frotando intencionadamente su entrepierna con mi culo.

— ¿No vas a echarme de menos? —Le pregunté mientras guiaba sus manos a mis caderas y comenzaba a repartir pequeños besos por su cuello.

Magnus tardó solo medio segundo en reaccionar antes de gruñir como un animal y lanzarse a devorar mi boca.


..


— ¿Un arco? Es algo muy extraño para regalar a tu pareja.

— A mí me parece el regalo perfecto.

— Bueno —Dijo Ragnor mientras apuraba su tercera taza de café. No me extraña que sea tan excéntrico; toma tazas de café como si fuesen vasos de agua. Su cerebro debió dejar de funcionar con normalidad hace años — a mí también me encantaría que mi pareja se gastase todo su sueldo en mí. Por muy raro que sea el regalo es un detalle bonito.

— ¿Todo su sueldo? ¿Cuánto cuestan estos trastos?

— Has dicho que es un arco olímpico, ¿no? —Asentí con la cabeza —Pffff… Entonces será más que un simple sueldo, porque no creo que en esa cafetería le paguen tanto... Un arco medianamente bueno de ese tipo costaría 750$, y eso simplemente el cuerpo. Si a eso le sumas las palas, las flechas, y todo el resto de accesorios… ¿Cuánto cobra tu novio?

— Desde luego no tanto como para pagarlo así por las buenas.

Alexander me habló una vez de los ahorros que había estado guardando con lo poco que le sobraba al mes después de pagar los gastos de sus hermanos. No sé si matarlo por gastarse tanto dinero en mí sabiendo que yo podría gastarme todo lo que quisiese sin pestañear o llenarle de besos precisamente por lo mismo. Ahora mismo me siento tan gorrón como sus hermanos.

— Y bueno, ¿Al final se va a Londres o no?

Lancé a Ragnor una mirada asesina que hizo que se quedase clavado donde estaba. Casi había logrado quitármelo de la cabeza. CASI. Estúpido Ragnor…

— Eso es un sí, supongo —Prosiguió con cautela —Estás preocupado por el Morgenstern.

— ¿Y si lo sigue hasta allí? ¿Y si le hace daño?

— ¿Cómo podéis estar tan seguros que va a intentar algo con él? —Había estado hablando con Ragnor de Jonatahan durante toda la semana anterior. Yo necesitaba desahogarme, y él era el único con quien podía contar por aquí. Bueno, también estaba Catarina; pero a ella le daría un ataque siquiera de pensar que Alexander podría estar en peligro y yo no necesito más presión.

— Porque es un psicópata, Ragnor. Ahora que yo he llamado su atención intentando detenerle… Mierda, él sabe lo que Alexander significa para mí; sabe cómo hacerme daño —No era la primera vez que me topaba con alguien como él. La mirada de Jonathan… es tan parecida a la de mi padre…— Y a eso súmale que ya tenía una obsesión malsana con Alexander sin que yo me metiese por medio.

— ¿Y la policía?

—Maryse lo intentó en su momento, y yo mismo lo intenté hace unos meses.

— Pues estáis jodidos.

— Gracias, Ragnor.

..

Cuando Sebastian Verlac me vio esperando frente a la puerta de la clase donde había tenido su último examen su rostro se transformó por completo de ser una máscara de puro aburrimiento y cansancio a un rostro de odio puro. Sí, bueno, no es mi culpa que no se decidiese a confesarse antes. Quizás entonces Alexander estaría con él y no conmigo y… No, vale, cambio de pensamientos; pensar en Alexander con otro me pone enfermo.

— ¡Sebastian! —Me apresuré a seguirle cuando él echó a andar a toda velocidad. Ignorándome completamente, el pelinegro siguió su camino hasta alcanzar las puertas principales del instituto —Escúchame —Le dije mientras lo alcanzaba por fin y lo agarraba con fuerza del brazo. Con más fuerza de la necesaria, tal vez, pero todavía no había olvidado que Alexander acabó en la enfermería por su culpa —Es por Alec.

Y así, pronunciando únicamente el nombre "Alec", el rebelde adolescente dejó de forcejear conmigo y se volvió manso como un pajarillo. ¡Oh, l'amour!

..

No me hacía gracia dejar tanto tiempo a solas a Alexander, pero esto era necesario. Si solo el mocoso de las narices se diese más prisa en procesar la información en su hueca cabeza… ¿Cómo narices había entrado Sebastian en La Clave?

— ¿Y de verdad crees que ahora va tras Alec?

— Ya te he explicado todo lo que pasó, todo lo que sé.

— ¿Y por qué él nunca me dijo nada? —Eh… Pues no tengo ni idea.

— Sabes cómo es Alexander. Sabes que no le gusta preocupar a los demás sin necesidad. Creíamos que todo esto estaba solucionado, quizá por eso estuviese esperando a un momento más oportuno para contártelo. No es que hayáis sido muy amigables entre vosotros últimamente, ¿No?

Sebastian se quedó pensativo. Otra vez. La madre que lo-

— ¿Y por qué me lo has contado tú? ¿Por qué ahora?

Suspiré con cansancio. Definitivamente la deducción no es lo suyo. Aunque, bueno, en eso coincide conmigo.

— Esta tarde sale vuestro avión a Londres.

— Y tienes miedo de que pueda pasarle algo mientras estamos allí —Terminó él.

Por primera vez miré a Sebastian a los ojos y sentí una conexión con él.

— Jamás permitiría que le hicieran daño, lo juro —Y, por raro que parezca, yo le creo —Aunque —Añadió con una sonrisa divertida — no creo que Alec necesite que nadie lo proteja; se basta y sobra él solito.


Cogí el teléfono al segundo toque rezando a todos los dioses posibles que no fuera él.

— ¿Diga?

— ¿Dónde narices te has metido? —Mierda.

— Ehhh…

— ¿Qué parte de "no salgas de tu casa" no entendiste exactamente, Alexander? —Oh, Ángel, otra vez no…— Dime dónde estás ¡Ahora!

—Quieres relajarte de una vez —Me puse yo también a la defensiva. Tanta sobreprotección me estaba poniendo enfermo —Estoy en tu casa, ¿Vale? He venido a recoger a Jaery y a Presidente para que Clary se ocupe de ellos esta semana.

— Si me lo hubieses dicho lo hubiese hecho yo mismo, ¡joder, Alec! ¿Crees que esto es una broma?

— Claro que sé que no es una broma, pero vuestras paranoias me están volviendo loco —Llevaba media hora persiguiendo al pequeño gato-hámster por toda la casa, pero el escurridizo bichejo no se dejaba atrapar.

— ¿Paranoias? ¿Paranoias? Alexander, coge al pato y al gato y métete en tu coche hasta que yo llegue.

— ¿Pero tú te estás escuchando?

Un movimiento a mi derecha me hizo girarme repentinamente. Ahora sí que no se me escaparía.

— Quizá deberías escucharle, Alec —La sangre se me heló en las venas cuando reconocí su pálida silueta sentada sobre el puff verde que yo mismo había elegido para el salón hacía unas semanas. Presidente Miau se debatía por escapar del férreo agarre que él tenía sobre el cuello del minino, asfixiándolo —Es peligroso salir de casa solo.

— ¿Alexander? —Me llegó la voz atemorizada de Magnus a través del teléfono. Pero no podía responderle. Era como una de esas pesadillas horribles donde están a punto de alcanzarte y tú intentas pedir auxilio y nada sale de tu boca mas que un sonido débil y estrangulado.

—Debiste elegirme a mí y nada te hubiese sucedido.

Como en una pesadilla él se levantó con lentitud, mirándome fijamente. Lanzó al pobre gato por los aires y éste se estrelló con fuerza en la pared, produciendo un ruido terrible. Por favor: que no le haya pasado nada. Por favor: que al menos él sobreviva. Por Magnus.

Jonathan se abalanzó sobre mí con rapidez.

Como en una pesadilla, yo solo pude hacer caso de lo que me mi instinto más básico.

«Corre»


No puedo pensar en nada. No después de escuchar su voz a través del teléfono. ¿Por qué no me hiciste caso, nephilim? ¿Por qué pareces tan empeñado en dejarme solo?

Estoya punto de salirme de la carretera en varias ocasiones, pero al fin llego al camino de entrada a mi casa.

No puedo pensar en nada. Mi mente está en blanco y solo veo esos preciosos ojos azules que me miraban con amor esta mañana al despertarme. Siento algo duro y pesado en mi mano.

La puerta está entreabierta, por lo que entro dándole un pequeño empujón. La mesa del salón está demasiado lejos de su emplazamiento habitual y hay varias sillas volcadas. Las esquivo todas mientras me dirijo hacia las puertas del jardín, abierta de par en par.

Como aquella vez que los Lightwood me visitaron, lo que me atrae es el chapoteo del agua. Corro por el jardín mientras mis brazos se tensan.

Cuando entro por la puerta y veo a Jonathan intentando ahogar a mi Alexander no siento nada. Mis brazos simplemente se alzan.

Alexander forcejea con él y logra dar una bocanada de aire antes de que el monstruo vuelva a sumergirle en el agua. Pero yo no siento nada.

— Es por eso que fallas tanto, Magnus —Se ríe él mientras vemos cómo mi quinceava flecha se clava sobre un árbol lejano, sin atinarle a su presa —Cuando se trate de un blanco en movimiento no puedes pararte a apuntar, porque entonces el momento pasará. Debes sentir la flecha, ser la flecha.

— Eso es una idiotez. Si no apunto no acertaré nunca.

— Quizás es porque no estás motivado. Vámonos a casa, lo intentaremos otra vez cuando vuelva de Londres.

Yo no apunto.

La flecha sale volando y rasga el aire con su sonido.


La última escena de este capi (la narrada desde el punto de vista de Magnus), la he escrito con cierta ayuda de mi prima.
Cuando ella y yo teníamos 8 y 10 años respectivamente, en mi urbanización vivía un hombre muy hijo de ...fruta que dejaba a su perro (un pastor alemán de muy mal carácter) suelto como si tal cosa. Hubo muchas denuncias y muchas quejas a la policía pero, como "no había pasado nada", no nos hicieron caso. Un día, mientras mi prima volvía sola de la piscina (yo había vuelto antes porque tenía que ir al baño), el perro salió de su casa y fue corriendo hacia mi prima. El animal la agarró de la pierna y tiró de ella durante un buen tramo de la calzada hasta que al fin los vecinos escucharon sus gritos y salieron a ayudarla. Sin embargo mi prima ya había encontrado un ladrillo suelto de uno de los escalones del vecino (vivo en una urbanización de bungalows).
¿A qué vine todo este rollo? Os preguntaréis. Mi prima, amante de los animales desde bien pequeñaja, mató al perro golpeándolo repetidamente en la cabeza para que le soltara la pierna. Estuvo durante meses sin hablar y casi sin comer por el trauma, ya que ella creía que era una asesina y una niña mala.
A día de hoy mi prima está estudiando segundo año de veterinaria y trabaja como voluntaria en una asociación de ayuda a los animales abandonados.

Quizá si el dueño no hubiese sido tan cabr*n ese pobre animal no hubiese sido así de agresivo; quizá si la policía hubiese actuado antes mi prima no tendría una cicatriz enorme recorriéndole la pierna y una cojera permanente. Fueron muchos hechos, pero las cosas son como son.

Cuando le pedí ayuda a mi prima para escribir cómo se sintió Magnus en ésa parte, ella me dijo que sólo recordaba blanco. Cuando el perro la atacó todo su entorno se desdibujó y solo veía al perro agarrándola y, en su momento, el ladrillo. Recuerda cómo golpeó al animal, pero dice que en ese momento no sintió nada; ni dolor, ni ira, ni miedo...
En fin. Sé que no lees este fic porque no compartimos gustos en casi nada (y porque no te gusta leer xD), pero este capi te lo dedico a ti, Alex.
Gracias por ser un ejemplo para mí (aunque tuviese que ser al contrario, ya que yo soy la mayor e.e)

Te quiero.