Los personajes de HTTYD y BRAVE 2012 le pertenecen a sus respectivos autores y casas productoras, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfic.


Advertencia: Male!Merida, Fem!Hiccup


Capítulo I

"Cartas, primera parte"

El reino de Dunbroch, ubicado en las tierras altas de Escocia.

La historia de este reino, como la de muchos otros, está en sus inicios escrita con sangre. Constituido por cuatro clanes principales, Dunbroch, Macintosh, McGuffin y Dingwall, que durante años pelearon entre ellos hasta que se vieron amenazados por invasores que amenazaban con arrasar sus tierras, los clanes se unieron bajo la espada de Fergus del clan Dunbroch y lograron desterrar a los invasores. Los cuatro clanes se unieron y formaron el reino de Dunbroch y Fergus, por su gran tenacidad y liderazgo, fue nombrado rey del mismo. Después de muchos años el primogénito de Fergus y su esposa, la reina Elinor, debía desposar a una de las hijas de los líderes de los demás clanes, pero el príncipe Meraud, valiente y aguerrido, decidió que el misma pelearía por su propia mano en lugar de dejar su destino en manos de su madre y los lores de los clanes.

Luego de uno que otro mal entendido, de entre queriendo y no querer convertir a su madre en un enorme oso, de romper la maldición que no solo perseguía a su madre sino también al oso fantasma Mor´Du y de que por fin su madre le permitirá vivir la vida a su manera.

Han pasado alrededor de cuatro años desde entonces, los lores de los clanes han dejado ser a sus hijas, la hija de Lord Macintosh se había desposado con un mercader del sur y ahora el reino empezaba a gozar de aun amplia apertura comercial, la hija de Lord McGuffin se desposo con un general del ejército de su padre, un sujeto tan grande como ella, la hija de Lord Dingwall se deposo como un simpático pescador y ahora la región de Dingwall era una prospera ciudad pesquera que surtía a todo Dunbroch, y Meraud… bueno, el príncipe de Dunbroch aún no encontraba a su Dulcinea y su madre empezaba a impacientarse ¡Quería nietos por los dioses!

- Que voy a hacer con el Fergus! – comento exasperada la reina Elinor mientras caminaba de un lado a otro en la privacidad de sus aposentos, su marido sentado en la cama viéndola ir y venir, divertido por la actitud de su mujer – Ya tiene veinte años y no ha conseguido sentar cabeza! Entiendo que es un poco testarudo y lo que paso con los lores hace años me dejo en claro que por muy reyes o lores que seamos no debemos imponernos ante la felicidad de nuestros hijos pero... – continuo su discurso atareado la reina.

- Elinor. – llamo el rey Fergus a su amada esposa, esta se detuvo en seco y le dio su atención a su esposo, en el rostro de Fergus yacía una sonrisa conciliadora – Cálmate, amor. Meraud ya encontrara a alguien, ¡Es Meraud! Sabe lo que quiere y cuando lo vea no lo soltara, en eso se parece a ti. – tranquilizo el rey a su reina – Recuerdo como podías ser de celosa cuando otras damas se me acercaban antes de nuestro compromiso oficial. – molesto un poco Fergus.

Elinor sonrio divertida por aquellos recuerdos de su juventud y tomo asiento al lado de su marido.

- Si es así, entonces siento algo de lastima por la chica, deberá ser capaz de domar a la más peligrosa de las fieras si quiere mantener en su sitio a un Meraud celoso. – bromeo Elinor mientras pensaba en lo posesivo y protector que podía llegar a ser Meraud con las cosas que le importaban.

TOC-TOC. Alguien toco la puerta de los aposentos de los reyes.

- Adelante. – concedió Elinor.

A los aposentos de los reyes entro Maudie, la nana de los trillizos y confidente no oficial de Elinor, en sus manos cargaba una bandeja que tenía una carta delicadamente envuelta en un sobre de alguna especie de cuero, un sello de cera roja con el diseño un una especie de monstruo con cuernos fue todo lo que Elinor necesito para ver la carta como si fuese un arma de destrucción masiva.

- Maudie puedes irte. – despidió rápidamente Elinor a la mujer luego de tomar la carta entre sus manos.

Maudie asintió y se retiró volviendo a cerrar la puerta con ligereza.

Una vez Elinor estuvo segura de que ella y su marido estaban solos en el cuarto la reina abrió la carta con avidez y prosiguió a leer velozmente el contenido de la carta. Fergus observaba con preocupación a su mujer mientras esta avanzaba en su lectura.

- Qué ocurre? – logro interrogar Fergus cuando noto que su esposa había terminado su análisis de la carta.

Elinor despego sus castaños ojos del papel que iba en aquel curioso sobre de cuero y los fijo en los azules de su marido, Fergus noto la confusión por la que su esposa pasaba en esos instantes.

- Elinor? – llamo delicadamente Fergus a su reina intentado sacarla de su estupor.

- Los vikingos quieren hacer una alianza. – sin más Elinor, la confusión en sus ojos más obvia que antes.

- Ah? – fue la inteligente respuesta de Fergus mientras tomaba la carta de la manos de su esposa y el mismo le daba una leída.

Estimado pueblo de las tierras altas, ¿Cómo han estado?

Entendemos que debido a los pasados encuentros entre nuestra gente es posible que esta carta sea quemada antes de llegar a las manos de las personas que nos gustaría la leyeran, sin embargo en dado caso de que la carta llegara hasta el agarre de sus líderes nos gustaría hacerles una pequeña oferta.

En pos de que nuestros pueblos prosperen hacia un futuro brillante nos gustaría formar una alianza entre su gente y la nuestra.

Entendemos también que debido a nuestra historia pasada con su pueblo puede que ustedes rechacen dicha oferta, pero tengan en cuenta que nosotros nos retiramos mucho antes de que la guerra llegara a su fin conclusivo y que desde entonces no hemos vuelto a sus tierras.

Sin más que agregar nos despedimos, no sin antes pedirles que envíen una respuesta a nuestra petición, si es aceptada o no es su decisión, por favor piénsenlo.

Sinceramente suyos, la tribu Hooligan de la isla de Berk en los mares del norte.

- Pero si esto no parece que lo haya escrito un vikingo en lo absoluto! – exclamo Fergus mientras volvía a leer la carta, no creyendo en lo absoluto su contenido.

- Ya lo sé! Eso no se parece para nada a los garabatos casi indescifrables con los que solían amenazarnos! – concordó Elinor.

- Es cierto, los vikingos se retiraron mucho antes del final de la gran guerra, mi abuelo aún era el líder del clan cuando los vikingos desistieron. – recordó Fergus mientras volvía a repasar aquel párrafo de la carta.

- Por qué se retiraron los vikingos tan pronto? – interrogo Elinor a su marido, por lo general a ella no le interesaban las historias de las batallas, así que nunca pregunto por la tan repentina retirada de los moradores de los mares del norte.

- Tenían un problema de pestes, o al menos así fue como lo dijo mi abuelo. – respondió Fergus mientras volvía a repasar la carta.

- Como ratas y ese tipo de bichos? – intento adivinar Elinor.

- Peor… Dragones. – contesto Fergus.

- Dragones!? – grito Elinor sin creerlo.

- Oh sí. De no haber sido porque los vikingos se retiraron es muy posible que la guerra hubiese durado mucho más. – comento perdido en sus pensamientos Fergus, sopesando las opciones.

- Ese mo es mi punto! Me estás diciendo que estos individuos tienen unan plaga de dragones y quieren hacer un alianza!? Y tienen el descaro de decir que no quieren perjudicar a nuestra gente! – señalo Elinor molesta.

Entonces la reina se acercó a su mesa de trabajo, tomo papel y pluma, entinto la pluma y se puso a escribir.

- Y ahora qué haces? – cuestiono Fergus mientras se colocaba detrás de su mujer.

- Les estoy dando una respuesta! Si esperan hacer una alianza con nosotros deberán responder a muchas cosas! – respondió la reina – Mañana les enviaremos nuestra respuesta con la misma paloma con la que ellos enviaron su carta. – indico concluyente Elinor mientras colocaba su respuesta en el mismo sobre que los vikingos enviaron su propuesta, solo que la sello con su propio sello, en cera roja estaba la forma de tres osos persiguiéndose en un eterno ciclo.


Ha pasado casi un mes desde que Elinor y Fergus enviaron la respuesta a la propuesta de los vikingos. Ambos reyes habían decidido dejar las negociaciones, si es que así se le podía llamar a dos cartas, en secreto de sus hijos y los demás lores ya que no tenían nada seguro.

- Es que no piensan responder? – cuestiono Elinor al aire, nuevamente se encontraba caminando de una lado para el otro en la privacidad de sus aposentos, Fergus nuevamente sentado en la cama miraba a su mujer mientras iba y venía.

- Bueno, querida, no sabemos cuánto tuvo que volar la pobre paloma antes de llegar a nuestras tierras. – razono Fergus.

- Uhg, tienes razón… mírame, toda estresada por una tonteri…

TOC-TOC. Fue interrumpida Elinor en su lamento por alguien que tocaba la puerta de sus aposentos.

- Adelante. – concedió la reina.

Cuando Maudie entro a la habitación con su bandeja y el familiar sobre de cuero Elinor tomo la carta tan rápido como pudo.

- Gracias Maudie, puedes retirarte. – recito Elinor.

Maudie asintió y salio volviendo a cerrar la puerta detrás de ella.

En cuento la mujer cerró la puerta Fergus se puso en pie y se acercó a su mujer, la curiosidad tomando lo mejor de él, Elinor abrió el sobre y leyó con prisa.

- Que dice mujer! – exclamo impaciente el rey a su reina.

Elinor leyó en voz alta.

Estimado reino de Dunbroch en las tierras altas, nos alegra mucho haber recibido una respuesta tan pronta de su parte.

Sinceramente no esperábamos siquiera que se atrevieran a tocar el sobre.

Efectivamente tuvimos un fuerte problema con una "plaga" muy problemática, como usted bien lo ha descrito en su respuesta…

- Que pusiste en la carta? – cuestiono interesado Fergus notando el sarcasmo oculto en las adecuadas palabras de la carta.

- Nada importante. – abanico el problema Elinor con un ademan delicado y siguió leyendo.

Pero ese pequeño infortunio ya no es más un problema para nosotros, nos alegra informarles que hemos logrado la paz con los dragones…

- Qué?! – grito Fergus no creyendo lo que escuchaba.

Elinor tenía los ojos tan abiertos como platos repasando una y otra vez esa línea, Fergus le quito la carta de las manos.

Y eso nos hace pensar, si un montón de vikingos con problemas de necedad y orgullo pudieron hacer la paz con un montón de lagartijas sobre-desarrolladas escupe fuego y que además tienen muy serios problemas de actitud, ¿Por qué no podemos hacer la paz entre nuestros pueblos ya que todos somos personas?

Además, esta alianza significaría un reforzamiento en sus fuerzas militares, ¿No lo creen?

Esperamos su respuesta, que tengan un buen día.

Sinceramente suyos, la tribu Hooligan de la isla de Berk en los mares del norte.

Concluyo Fergus la lectura de la carta y este rápidamente busco a su mujer, él y Elinor se miraron con intensidad por un largo momento.


Esa noche la mesa de la familia real estaba callada, Meraud y sus hermanos podían sentir la ansiedad que sus padres destilaban.

- Niños. – llamo Elinor a sus trillizos – Ya tienen diez años y su padre y yo creemos que ya es momento de que empiecen a tomar parte en las discusiones familiares. – anuncio Elinor.

Hamish, Harris y Hubert sonrieron al unísono ante lo dicho por su madre, al fin los van a tomar en serio.

- Y que es tan importante, madre? – cuestiono Meraud a su progenitora, el sabia cuando sus padres tramaban algo.

Elinor y Fergus compartieron una mirada, luego la reina se dirigió a su hijo.

- Hemos llamado a los lores a una reunión. – comenzó Elinor, Meraud miro a su madre con los ojos como platos, Elinor noto esto – Pero no tiene nada que ver contigo, querido. – calmo de inmediato la mujer sabiendo la clase de pensamientos que iban por la cabeza de su hijo, el pelirrojo muchacho se relajó.

- Entonces de que se trata, mamá? – cuestiono uno de los trillizos.

- Bueno, Hamish. – Elinor siempre era capaz de diferenciar a sus trillizos – Su padre y yo hemos estado realizando negociando una alianza con… bueno…

- Vikingos! – exclamo emocionado Fergus cuando su mujer no pudo concluir.

- Vikingos! – exclamo incrédulo Meraud.

- Vikingos! – exclamaron los mellizos extasiados.

- Madre. – llamo con gravedad en la voz Meraud a Elinor.

- La invitación ya fue enviada, los lores llegaran aquí en una semana y les informaremos de la situacion, Meraud espero que mañana te muestres abierto de mente porque esta alianza con los vikingos podría marcar un nuevo futuro para el reino y me asegurare de que los lores lo comprendan. – indico severa la Reina.

- Pero son vikingos, madre! – exclamo Meraud.

- Con dragones! – volvió a exclamar Fergus emocionado.

- Dragones?! – cuestiono escandalizado Meraud.

- Dragones! – exclamaron en un salto los trillizos.

- Basta! – callo Elinor a todos.

Y el silencio se adueñó de los cinco entes masculinos en la sala.

- Recibiremos a los vikingos cuando llegue su momento, Meraud, como futuro rey de nuestro reino te sugiero empezar a sopesar tus acciones, las alianzas siempre son necesarias, estudia la historia de los vikingos y analiza los pros y contras de esta posible alianza. – instruyo la reina con autoridad.

- Si, madre. – acepto el enorme muchacho sin rechistar, su madre había entrado en modo oso y no era buena idea hacerla enojar cuando se ponía así.

Y fue así como se dio por terminada la reunión familiar.


Todos los lores estaban sentados en grandes mesas rectangulares, los miembros más importantes de sus respectivos clanes acompañándoles, en el estrado donde los tronos se erigían estaban los reyes y sus hijos, todos ansiosos y algo asustados por las reacciones de los lores sobre las noticias de la posible alianza con los vikingos.

Elinor suspiro, lista para tomar al toro por los cuernos, se puso de pie y…

- Sean bienvenidos clanes hermanos. – hablo con voz fuerte y clara la elegante dama – Los hemos llamado por un asunto de extrema importancia. –

- De que se trata mi lady? – cuestiono lord Dingwall con voz fuerte.

- Se le ha presentado al reino de Dunbroch una oportunidad un tanto… inusual. – inicio Elinor tanteando el terreno.

- Exactamente qué tan inusual mi lady? – cuestión esta vez lord Macintosh.

Elinor abrió su boca para responder a la pregunta cuando…

- SU MAJESTAD! –

Uno de los guardias del palacio entro corriendo a la sala de banquetes, todos los ojos rápidamente se fijaron sobre él.

- Qué ocurre?! – pregunto alarmado Fergus, los lores se pararon al mismo tiempo que el rey, todos listos para la batalla.

El guardia se paró un rato para tomar aire.

- Vikingos. – dijo ahogadamente el hombre antes de desmayarse.

Todos miraron al desmayado hombre, luego dirigieron su atención a Elinor, esperando una explicación.

- Oh vaya, por lo visto los invitados llegaron antes de los esperado. – rio nerviosamente la reina.

Los lores y sus hombres miraron a la reina como si hubiese perdido todo lo que la mantenía sana mentalmente.

- Vikingos?! – exclamo ofendido Lord McGuffin – Ha invitado a vikingos al Dunbroch?! –

- Esto es un ultraje! – acuso Lord Macintosh.

- Como pudo mi lady!? – reclamo Lord Dingwall.

Elinor miraba a todos lados intentando encontrar una forma de calmar los humos de los lores, viendo a su mujer tan angustiada fue Fergus el que callo a los lores.

- CALLENSE! – rugió el rey oso y todos obedecieron mirando atónitos a Fergus Esto es importante! Es que no lo ven?! Si hacemos una alianza con los vikingos tendremos en nuestras manos un poder inmensurable! Recuerden las viejas canciones! Es mejor tenerlos como aliados que como enemigos! – discurso Fergus ferviente.

Ahora sí que todos estaban atónitos.

- Su majestad! – llego otro guardia a la sala de banquetes – L-los vikingos! Ya vienen! – anuncio el hombre en un tartamudeo asustado.

Todos miraron las enormes puertas de la sala que estaban abiertas de par en par o agudizaron el oído, pasos resonaban por las paredes del pasillo, dos largas y enormes sombras se pintaban en las paredes por la luz de las antorchas, todos contuvieron la respiración y se pusieron tensos y observaron con horror a las figuras que entraban al gran salón.

Dos individuos, el más alto era delgado, usaba una especie de armadura de cuero, su trenza larga hasta su cintura envuelta en tela color verde oscuro caía por su espalda, su rostro era cubierto por un casco que cubría todo su rostro también aparentaba estar hecho de cuero, tres líneas de púas le daban una apariencia reptiliana, los ojos grandes ojos verdes que se alcanzaban a ver por las rendijas del casco miraban todo con cautela, analizando y midiendo el riesgo de la situacion. El otro era más más bajo, pero muy poco, y se veía más robusto y fuerte, usaba una piel que cubría la parte superior de su cuerpo, la piel formaba una especie de capucha así que la mitad de su rostro también era cubierta, aun así su trenza rubia podía notarse cayendo por su hombro izquierdo, también tenía piel amarrada en sus antebrazos. Un silencio incomodo lleno la sala de banquetes.

Silencio que Fergus decidió llenar.

- Bienvenidos! – saludo el rey mientras extendía sus brazos – Yo soy el rey Fergus y esta es mi adorable esposa Elinor! – Fergus abrazo por el hombro a su mujer – Mi hijo mayor Meraud! – el susodicho miro a su padre sorprendido, se enderezo en su asiento y dirigió su atención a los recién llegados y sonrio incómodamente – Y mis tres hijos menores! Hamish, Harris y Hubert! – cada uno de los trillizos saludo cuando su nombre fue mencionado, sus sonrisas de emoción por tener vikingos de verdad frente a ellos tan brillantes como el sol en verano.

- Gracias por invitarnos su majestad. – respondió el más alto mientras ambos hacían una respetuosa reverencia.

Pero fue la voz del vikingo lo que dejo a todos aún más sorprendidos, esa no era la voz de un varón, era demasiado suave, demasiado…

Los vikingos se enderezaron y procedieron a revelar sus identidades.

… Femenina.