Los personajes de HTTYD y BRAVE 2012 le pertenecen a sus respectivos autores y casas productoras, la autora de este fanfic no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfic.


Advertencia: Male!Merida, Fem!Hiccup


Capítulo I

"Cartas, Segunda parte"

La tribu vikinga Hooligan de la isla de Berk, situada en los gélidos y traicioneros mares del norte.

La historia de esta pequeña aldea es bastante interesante, ha estado en el lugar donde se erige durante siete generaciones, sin embargo todos los edificios son nuevos o seminuevos, todo depende de que tanto tarde un dragón en chocar contra ellos, y ¿Por qué menciono a los dragones? Bueno, resulta que por las siete generaciones que ha estado donde está, la aldea de la tribu Hooligan se ha enfrentado no solo al extremo clima de su posición geográfica (nieva nueve meses al año y graniza los otros tres), sino que también se ha enfrentado a la ira de dragones.

Pero eso ya es historia pasada.

Ahora los vikingos comparten techo, comida y vida con las creaturas que alguna vez creyeron sus enemigos y a decir verdad las creaturas, por muy amenazantes que sean por fuera, son tan solo un montón de adorables escupe fuego. Las creaturas son tan cariñosas como letales y eso a los vikingos les encanta! Y ¿A quién le debemos la maravillosa era de paz? A nada más y nada menos que a Hicca Horrendo Haddock III, anteriormente conocida como Hicca "la inútil" o Hicca "el accidente con patas" o "Ese hueso de pescado parlante", ahora conocida como Hicca "la susurradora de dragones" o el favorito de su padre, Hicca "la reina dragón", este último apodo siendo el que más incomoda a la chica.

La joven había escalado de cero a héroe de la manera difícil, y por si a la gente le queda alguna duda al respecto de eso solo tenían que bajar la mirada a su pierna izquierda, de la rodilla para abajo la chica tenía una prótesis de madrea y hierro. Y si eso no basta entonces también podías vértelas contra su dragón personal y mejor amigo, el vástago del rayo y la muerte mismos, su furia nocturna, Chimuelo… y si, así se llama el dragón.

El punto es que ahora que ya no se están perdiendo hombres contra los ataques de dragones el número de neonatos y niños a aumentado, lo cual significa que cuando estos crezcan se necesitara más espacio y por muy grande que sea la isla de Berk sigue siendo incierto si el archipiélago resistirá toda esa población y eso es lo que se está discutiendo hoy en el gran comedor donde se junta toda la aldea a discutir las cosas importantes.

- SILENCIO! – rugió Estoico el vasto, jefe de la tribu, mientras martillaba con su gran puño la enorme mesa de juntas.

Dragones y vikingos presentes por igual hicieron silencio.

- Mejor. – asintió Estoico, su ronca y autoritaria voz resonando la sala – Ahora, que decías Hicca? – le dio la palabra la delgada chica que estaba a su lado derecho.

Hicca se enderezo al lado de su padre, media poco más de 180 cm y apenas y todavía no llegaba ni a la barbilla de Estoico.

- Decía que al paso que la tribu se está expandiendo, dentro de los próximos cincuenta años es muy probable que nos quedemos sin espacio, debemos buscar nuevas tierras o las futuras generaciones estarán condenadas. – hablo claro y fuerte la joven, su voz suave pero aun así firme resonaba en la sala de la misma forma que lo había hacho la de su padre – Y antes de que empiecen a gritar de nuevo… – interrumpió rápidamente Hicca pues vio como algunos abrían la boca para volver al escándalo – No me refiero a subir a nuestros dragones e invadir cualquier sitio, si hiciésemos eso no seriamos mejores que una muerte roja. – este comentario hizo que varios presentes bajaran sus cabezas avergonzados.

- Entonces que sugieres, hija? – cuestiono Estoico a su única y amada hija.

- Una alianza… con los de las tierras altas. – concluyo su idea Hicca.

Los gritos no tardaron en renacer.

Hicca suspiro cansada mientras ponía los ojos en blanco, una cosa era ya estar acostumbrada a los gritos sin sentido pero eso no significa que le gustaran.

Estoico abrió su boca y toma aire para volver a callar a los miembros de su tribu pro Hicca se la adelanto, la joven coloco los dedos índice y pulgar de su mano derecha en su boca y dio un agudo y fuerte silbido que hizo que incluso los dragones que estaban hasta la entrada del gran comedor se cubrieran sus orejas y agujeros auditivos.

El silencio se hizo otra vez.

- Gracias. – comento Hicca dirigiéndose a nadie en particular – Sé que es una locura, pero es la mejor opción. Las tierras altas nos servirían como una puerta surtida a tierra firme, nuestro mercado ya no estaría limitado solo a Johann, tendríamos más comida y la posibilidad de ampliar nuestras fuerzas de batalla. – razono la futura jefa de la tribu, todos la estaban escuchando y con cada pro que la joven mencionaba la idea dejaba de parecerle una completa locura a los demás – Más vale diablo conocido que diablo por conocer. – concluyo Hicca su idea.

El silencio seguía dominando el gran comedor, varios de los presentes se rascaban las barbas en un ademan pensante, otro intercambiaban opiniones con respecto a lo dicho por su futura líder.

Hicca trago pesado, mientras por fuera estaba firme al lado de su padre por dentro estaba hecha un nudo de nervios.

Estoico miro por el rabillo del ojo a su hija y una sonrisa entre divertida y orgullosa se pintó en su barbón rostro, su niña había crecido tanto, antes Hicca jamás se hubiese atrevido a hablar ni ante cinco personas y si lo hacía acababa enredándose con sus propias palabras.

- Y quien llevaría a cabo la negociación?! – cuestiono una voz perdida en la multitud.

Hicca parpadeo dos veces sorprendida, no había pensado en eso todavía, aunque su padre ya lo tenía todo resuelto.

- La persona que se encargara de la negociación, por supuesto, será Hicca. – respondió Estoico mientras pasaba su brazo por el hombro de su hija y le daba un apretón.

- Eh? – Hicca volteo a ver a su padre como si su barba se hubiese puesto verde de repente.

La respuesta de Estoico dejo satisfechos a los presentes pues estos rápidamente vitorearon y aceptaron la idea de que fuese Hicca la encargada, después de todo fue su idea.


- Y como exactamente supones que haga esto? Te recuerdo lo que ocurre cuando intento hablar con alguien que no conozco? – cuestiono Hicca a su padre una vez estuvieron en la intimidad del hogar.

Chimuelo y Tornado estaba recostados cerca de la chimenea disfrutando del calor que las brasas despedían.

- Hicca. – empezó Estoico – Has hecho que estemos en paz con los dragones, exterminaste a la muerte roja, domaste los cielos, te enfrentaste a Alvin y a Dagur, no creo que negociar con un país nuevo vaya a ser un problema para ti, hija. –

Hicca le dedico una mirada de reproche a su padre.

- Eso fue eso, esto es esto. Alvin y Dagur eran vikingos, papá, sus raíces no eran muy diferentes de las mías, pude lidiar con ellos porque sabía más o menos de dónde venían, esto es todo un nuevo mundo, una sociedad diferente a la nuestra, con costumbres y pensamientos diferentes. – razono la castaña mientras tomaba asiento delante de su padre – Si esto sale mal habrá guerra y yo ya he visto suficiente sangre ser derramada, tanto de mi gente como de los dragones. –

Estoico miro a su hija con amor y entendimiento, pero si Hicca se iba a convertir en la jefa de la tribu debía empezar a tratar con los aliados y posibles aliados de la misma.

- Lo entiendo, hija, pero yo sé que puedes hacer esto, ¿Sabes cómo lo sé? –

Hicca miro a su padre con una ceja alzada, el sorpréndeme dicho con sus ojos.

- Lo sé porque eres la más lista e inventiva vikinga de todas las tribus. – dijo con cálida sinceridad Estoico mientras colocaba su enorme mano en el hombro de Hicca.

Las mejillas de la castaña se encendieron avergonzadas por lo dicho por su padre y desvió la mirada al suelo.

Estoico sonrio enternecido por la actitud de su hija.

- Sé que lo resolverás. – aseguro Estoico mientras se ponía en pie y se retiraba a su habitación.

Hicca alzo la mirada cuando se supo libre de los ojos de su padre y mientras se mordía el labio vio la espalda de su padre desaparecer tras la puerta de su dormitorio.

Muy bien Hicca, que tan difícil puede ser? Se dijo a sí misma en sus adentros la castaña con decisión, se puso de pie, tomo carbón y papel y comenzó el borrador de los que se convertiría en la primera carta que enviaría a las tierras altas ne espera de una alianza que salve a su pueblo.

La castaña paso horas y horas y horas escribiendo y tachando y haciendo bolas de papel de cada carta que no le gustaba hasta que el sol volvía a salir por el este, Chimuelo recostado a su lado y si ella necesitaba algo el dragón iba y lo conseguía, no fue sino hasta que su padre salio de su habitación para empezar el día que Hicca también se separó de su escritorio de trabajo, un sobre de cuero entre sus manos.

- Dormiste algo? – interrogo Estoico a su hija.

- Como treinta minutas entre las cartas 54 y 55. – respondió la joven.

- Ve y duerme un poco, yo enviare la carta. – instruyo el hombre – Deja que Astrid y Fishlegs se encarguen de la academia, Snotlout y los gemelos, tú y Chimuelo deben descansar. –

- Eso suena bien. – acepto Hicca mientras cubría con su mano su bostezante boca – Por cierto, envía esa carta con una paloma, los terribles terrores no son buenos con las largas distancias, además, solo los dioses saben cómo reaccionarias los pobladores de la tierras altas al ver a la criaturita. – comento Hicca mientras subía las escaleras seguida por Chimuelo.

- Entendido. – asintió Estoico que salía junto con Tornado de la casa.


Casi dos semanas han transcurrido desde que Hicca envió la carta pidiendo la posible negociación con las tierras altas, la castaña conociendo su suerte estaba casi segura de que la pobre paloma había muerto en medio de una tormenta, la carta nunca llegando a donde se suponía debía llegar.

- Otra vez estás pensando negativamente. – acuso Astrid, la mejor amiga humana y mano derecha de Hicca en la academia de dragones.

- Qué? No, claro que no. – mintió pobremente la castaña.

Astrid le miro acusadora con una de sus rubias cejas alzadas.

- Es solo que conociendo mi suerte, cual es la posibilidad de que la pobre paloma hubiese llegado a las tierras altas? Ya casi son dos semanas, Astrid. – concluyo Hicca en un suspiro.

- Umm, Hicca. – llamo Fishlegs – Gobber me dijo que la paloma volvió con una respuesta. – anuncio sorprendido el enorme rubio.

Hicca y Astrid se miraron la una a la otra, la castaña incrédula y Astrid con emoción, ambas salieron corriendo en dirección del gran comedor.

- SILENCIO! – estallo Estoico contra la multitud que estaba amontonada a su alrededor en el gran comedor – No leeremos la carta hasta que Hicca esté aquí. – señalo el jefe de la tribu.

- Aquí estoy, papá! – se alzó la voz de Hicca justo hasta atrás de la multitud, cerca de las puertas del gran comedor, una delgada mano se alzaba lo mejor que podía sobre las cabezas enfundadas en cascos con largos cuernos.

La multitud rápidamente se abrió y dejo pasar a su futura jefa hasta que estuvo al lado derecha de su padre, Astrid iba justo detrás de ella y se posiciono a la derecha de Hicca.

Estoico le extendió la carta a su hija, Hicca la tomo entre sus dedos, inhalo hondo y exhalo despacio, finalmente abrió el sobre, saco la carta y procedió a leerla en voz alta.

Por poco olvidamos por completo la existencia de los vikingos.

Leyó Hicca la primera línea con voz fuerte y clara, todos los presentes escuchándola perfectamente gracias al eco de la sala. La letra de la carta era clara y elegante, prolija y fácil de leer, la persona que escribió la carta debía ser alguien muy elegante.

No sabemos si decir que una grata o problemática sorpresa, en especial si tomamos en consideración la propuesta con la que su carta llego. Han de saber que una alianza entre nuestros pueblos es un asunto improbable y por lo mismo interesante de analizar, pero antes de indagar más a fondo en el asunto nos gustaría saber cómo van con su problemática plaga escupe fuego y acarreadora de caos, no nos gustaría que trajeran sus problemas a nosotros si eso es lo que intentan con esta alianza.

Atentamente, el reino de los cuatro clanes unidos de Dunbroch en las tierras altas.

- Hey, eso fue grosero. – se quejó Bucket que estaba junto a Mulch a unas dos filas de distancia de Hicca.

Varios estuvieron de acuerdo.

- Bueno, es común que quieran estar seguros de que esto no es una trampa. – comenzó Hicca – Además, solíamos ir a sus costas a destrozar sus casas y desollarlos vivos así que supongo que algo de hostilidad no debería sorprendernos. – varias cabezas asintieron en respuesta de las palabras de la castaña – Lo que si me asombra es que de hecho hayan enviado una respuesta. Lo mejor será no dejar pasar la oportunidad, escribiré otra carta y con algo de suerte también tendrá respuesta. – informo Hicca mientras una pequeña sonrisa decoraba su pecoso rostro.


Cuando la segunda carta de respuesta de las tierras altas llego todos volvieron a amontonarse en el gran comedor, nuevamente fue Hicca la vocera de los contenidos de la carta.

Lo que aseguran es algo de fuertes magnitudes y difícil de creer, ¿Cómo han logrado domar a las ¿bestias? ¿Se supone que debemos creer en su palabra? Sean nuestros invitados y demuestren que lo que dicen es cierto, si así lo es, tal vez, y solo tal vez, consideremos una alianza con ustedes.

Atentamente, el reino de los cuatro clanes unidos de Dunbroch en las tierras altas.

- Y eso que significa? – cuestiono Gobber.

- Significa que quieren una conferencia, que estemos frente a frente para realizar las negociaciones! – exclamo emocionada Hicca.

- Pues a que estamos esperando? Vamos! – alentó Estoico.

- No! – detuvo Hicca – Aun no podemos ir, no sin estar preparados. No sabemos mucho de ellos excepto por lo pocos recuerdos que tenemos de aquella tonta guerra en la que ni siquiera participamos debidamente, debemos encontrar a alguien que sepa un poco más. –

- Que tal Johann? El siempre anda por todos lados. – propuso Astrid.

- Buena idea, solo que no sabemos cuándo vaya a volver Johann. – desalentó Hicca.

Pero invocado como por los dioses para ayudar a Hicca en su angustia apareció Johann el mercader a las enormes puertas del gran comedor.

- Aah, es aquí donde estaban todos! – exclamo el mercader, todos inmediatamente volteando a verle – ¿Qué? –

- Johann. – llamo Hicca al hombre – Alguna vez has estado en el reino de los cuatro clanes unidos de Dunbroch en las tierras altas? –

- Dunbroch? Claro! Bonito lugar, bonito lugar, demasiado verde, pero bonito en verdad, ¿Por qué? – dijo Johann.

- Necesitamos que nos digas todo lo que sepas de Dunbroch, por favor. – pidió Hicca.

- Oh, claro, claro. Lo que sea por usted lady Hicca. – acepto feliz de ayudar a una de sus clientes favoritas el mercader.

Todos le dieron espacio al hombre para que avanzara y se situara justo frente a Hicca, la chica ya había sacado su libreta para tomar notas.

- Dunbroch está constituido por cuatro clanes, el de Dunbroch, que es el clan regente, el de Dingwall, el de Macintosh y el de McGuffin. Los Dingwall se dedican a la pesca y la región bajo su estandarte es una prospera ciudad pesquera, los Macintosh son mercaderes, no tan buenos como yo pero aun así buenos, y los McGuffin se dedican a la herrería, también son muy buenos soldados. – informo Johann.

- Que hay de los regentes? Los Dunbroch. – interrogo Hicca mientras daba vuelta a la hoja de su libreta para seguir escribiendo.

- Son el rey Fergus, le llaman el rey oso por su obsesión con ese animal, es un hombre aguerrido y fuerte, estoy seguro que de no haber nacido en las tierras altas hubiese nacido vikingo. – algunos de los presentes se rieron por lo dicho por Johann – Luego está la reina Elinor, es la mente detrás de la fuerza de Fergus, es una dama muy educada y elegante. – Hicca asentía mientras escribía, intentando anotar cada una de las cosas que Johann le decía.

- Qué más? – insistió Hicca.

- Después está el príncipe Meraud, es el príncipe heredero al trono, es un mortal arquero y luchador, el mejor de Dunbroch, y finalmente están los tres príncipes trillizos, Hamish, Hubert y Harris, chiquillos traviesos y muy inteligentes, o al menos eso he escuchado. – concluyo su clase Johann.

- Gracias Johann, nos has sido de gran ayuda, ahora dime ¿Traes algo interesante en tu barco? – comento Hicca sintiendo que estaba lista.


- Estas segura de esto, Hicca? – cuestiono Estoico a su hija mientras montaba a Chimuelo, el sol apenas saliendo por el horizonte.

A su lado Astrid también subía sobre Tormentula.

- Si papá. Solo iremos Astrid y yo, su fuésemos más es probable que lo tomen como un despliegue hostil y eso es precisamente lo que no queremos, recuerdas. – explico la castaña a su padre.

- Eso lo entiendo, pero para que los regalos? – interrogo Estoico mientras apuntaba a unas mochilas que tenían los dragones en sus lomos.

- Son ofrendas de paz, para mostrarles que de verdad queremos llevarnos bien. – respondió Hicca mientras ajustaba su prótesis.

Habían trabajado una semana entera en esos obsequios, incluso llevaban para los lores en caso de que estuviesen presentes cuando ellas llegaran.

- Como sea, llevas la carta donde se nos invita a sus tierras? – se aseguró Estoico de que Hicca no la olvidara.

La castaña palmo uno de los bolsillos con seguro de su pantalón.

- Sip. – asintió Hicca.

Astrid ya estaba preparada sobre Tormentula.

- Buen viaje. – despidió Estoico.

Las dos muchachas asintieron, Hicca se colocó su casco y Astrid acomodo su capucha, Chimuelo y Tormentula extendieron sus alas y alzaron vuelo.

Hicca tenía empotrado frente a ella una jaula donde iba la paloma que había fungido como mensajera entre los dos pueblos, la paloma cantaba la dirección que Chimuelo y Tormentula debían seguir para llegar a las tierras altas. Hay que mencionar que entre las pequeñas alas de la pobre paloma y las enormes alas de los dos dragones es más que obvio que un viaje de aproximadas dos semanas de ida se convertiría rápidamente en solo medio día si el clima era propicio y por lo visto Thor estaba más que complacido con la idea de una alianza entre las dos tierras ya que el cielo estaba despejado y los vientos a favor.

Cuando el sol se estaba ocultando es cuando divisaron una enorme masa de tierra pintada de verde a lo lejos, conforme se iban acercando la masa de tierra solo se hacía más grande.

- Eso es mucho verde. – comento casual Astrid mientras comenzaban a sobrevolar los bosques.

- Encontremos un lugar donde ocultar a Chimuelo y Tormentula. – indico Hicca.

- No los vamos a llevar con nosotras? Creí que ese era el punto de todo esto. – interrogo Astrid.

- Si llegamos con los dragones puede que los guardias se asusten y nos ataquen, lo mejor será llegar a pie y explicar la situacion, una vez tengamos convencidos a los reyes los traeremos a conocer a nuestros compañeros. – explico Hicca.

Las vikingas y sus dragones sobrevolaron la zona cercana al castillo y encontraron una cueva detrás de unas cataratas anchas, la cueva era lo suficientemente grande como para que entraran al menos tres nadder sin problema, fue ahí donde Chimuelo y Tormentula se esconderían hasta que fuera su momento de brillar. Astrid tomo las mochilas con regalos y se las colgó en el hombro, Hicca tomo la bolsa más ligera y también se la puso en el hombro.

- Muy bien, palomita. – comenzó Hicca mientras abría la jaula de la paloma – Guíanos al castillo. –

La avecilla salio volando disparada en la casi totalmente oscura noche, la luna llena brillaba fuera de la cueva.

- Pórtense bien. – instruyo Hicca a los dos dragones mientras ella y Astrid salía corriendo detrás de la paloma.

Cuando las luces del castillo se hicieron presentes la paloma dejo de volar y se posó en el hombro derecho de Astrid, cabe mencionar que la rubia aun cubría su rostro con su capucha y que Hicca aun usaba su casco.

- Crees que todavía nos tengan algo de miedo? – cuestiono casual Astrid a Hicca mientras se acercaban a paso lento a un soñoliento guardia del castillo que de no ser por que usaba su lanza como bastón se abrió caído dormido.

- Buenas noches. – saludo Hicca despertando de un susto al hombre – Tenemos una invitación para presentarnos en el castillo. – explicaba la castaña mientras mostraba la última carta de respuesta que le había llegado de Dunbroch.

El hombre tenía los ojos como platos y se puso pálido, comenzó a abrir y cerrar la boca y entonces…

- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! -

Salio gritando adentrándose al palacio, dejando la puerta sin guardia y totalmente abierta.

- Me atrevo a adivinar… que sí. – respondió Hicca a la pregunta de su amiga.

Las dos chicas al ver que no había nadie que les dijera nada con respecto a entrar y viendo las puertas abiertas de par en par entraron en los pasillos del castillo, siguiendo el sonido del grito del guardia.

Caminaban despacio, Hicca admirando el detalle de la construcción, los bellos tapices tejidos a manos con hilos multicolor que parecían contar historias lejanas, Astrid observaba las diferentes armas que estaban colgadas en las paredes, hachas, espadas, lanzas, observaba los trofeos de caza y las pieles de diferentes animales cubriendo las paredes y los pisos.

- Por qué tienen armas en perfecto estado y piel de calidad colgadas en la pared? Que desperdicio. – se quejó Astrid mientras negaba con la cabeza.

- Bueno, de acuerdo con lo que dijo Johann ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron en necesidad de pelear y aquí no hace tanto frio como en Berk. – intento razonar Hicca.

- Eso no es excusa para desperdiciar buen material. – señalo Astrid.

Poco más delante de ellas había otro guardia, el guardia que había salido gritando lo había pasado de largo y ahora este segundo guardia se preguntaba porque su compañero estaba gritando, cuando giro su cabeza en dirección de nuestras chicas sus ojos también se pusieron como platos, Hicca y Astrid hicieron un ademan con la mano a forma de saludo y el guardia salio corriendo en la misma dirección que el primer guardia.

- Apuesto a que así se sienten los gemelos cuando van a visitar a sus abuelos. – comentó divertida Astrid, una sonrisa autosuficiente se notaba por debajo de la capucha de piel.

- Déjame adivinar, nosotras somos los gemelos. – añadió Hicca, una sonrisa cómplice debajo de su casco.

Las chicas compartieron una risita mientras seguían avanzando, sin embargo todo rastro de risa fue borrado en seco en cuanto entraron a la sala en la que los dos guardias habían ido y se vieron rodeadas de miradas que iban desde la sorpresa y la curiosidad, al resentimiento y la desconfianza. Hicca paso su mirada por la callada multitud y dejo sus ojos descansar en las formas de quienes ella tenía entendido, gracias a Johann, eran los regentes de las tierras altas.

Un hombre, tan grande y ancho como Estoico, de corto y loco cabello color rojo fuego, tenía una bigote y barba corta, sus brillantes ojos azules miraban a Hicca y Astrid con sorpresa, usaba una camisa de tela ligera color azul oscuro y una especie de toga corta con diseño a cuadros, la mujer a su lado izquierdo era menuda y curvilínea, su largo cabello castaño amarrado en una elegante trenza caía por su hombro derecho y casi tocaba el suelo, usaba un hermoso vestido color rojo borgoña, al lado derecho del rey había tres pequeños con idéntico rostro y que compartían su cabello y ojos, y al lado izquierdo de la reina estaba un muchacho, alto y de apariencia fuerte, usaba una toga corta con el mismo diseño y color que su padre, la camisa del joven era de color verde oscura, su largo y locamente rizado cabello color de fuego amarrado en alguna especie de coleta.

- Bienvenidos! – saludo el rey mientras extendía sus brazos – Yo soy el rey Fergus y esta es mi adorable esposa Elinor! – Fergus abrazo por el hombro a su mujer – Mi hijo mayor Meraud! – el susodicho miro a su padre sorprendido, se enderezo en su asiento y dirigió su atención a los recién llegados y sonrio incómodamente – Y mis tres hijos menores! Hamish, Harris y Hubert! – cada uno de los trillizos saludo cuando su nombre fue mencionado.

- Gracias por invitarnos su majestad. – hablo Hicca con solemnidad mientras hacia una pequeña reverencia.

Astrid la imito en su actuar.

- Qué bueno que también trajimos regalos para los lores. – le susurro Astrid a la castaña mientras seguían en reverencia.

Cuando se enderezaron Hicca procedió a quitarse su casco y Astrid removió la capucha de su rostro, ahora la única duda de las dos muchachas era porque todos las veían como si fueran un zippleback.


REVIEWS TIME!

LADI JUPITER: Esta tambien la primera historia genderbend merricup que escribo, espero no hecharlo a perder.

Anlovi: Por supuesto que necesitan más amor! Por eso estoy haciendo esto!

: Yo tambien tengo conflicto, pero con la version femenina de Jack Frost, aun asi me encantan los diseños que hacen de ese personaje.

FallyBloody: Y lo mejor es que no es lo más raro que hay por ahi XD.